36616(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  36616   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 382.   

Bogotá D.C., octubre veintiséis (26) de dos  mil once (2011).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  los  libelos  de  casación  presentados  por  el  defensor  de PAUL   ANDRÉS  DELGADO  MOSQUERA  y  el  representante  del  Ministerio  Público,  con el objeto de sustentar el recurso  extraordinario   de   casación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bogotá el 18 de marzo de la  anualidad  en  curso, a través de la cual revocó la de primer grado dictada el  27  de  agosto de 2010 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Conocimiento  de  la  misma  sede  que  absolvió  al  mencionado,  así  como  a Javier   Herrera   Lizcano,  del delito de tráfico, fabricación o  porte de  estupefacientes.             

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  hechos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,   fueron   declarados   por   el  Tribunal,  de  la  siguiente  manera:   

“Mediante   denuncia   anónima  de  la  ciudadanía  la  Policía  Nacional en coordinación con la Fiscalía, el día 5  de  agosto  de  2009  adelantó un operativo de allanamiento y registro sobre un  inmueble  ubicado  en  la  calle 9 No. 15-17 del barrio Voto Nacional en la zona  conocida  como  ‘la calle  del  Bronx’ con el objeto  de  verificar  la  información  suministrada  que  relacionaba el predio con un  lugar de expendio de alucinógenos.   

Efectivamente,   en   desarrollo   de  la  diligencia  los uniformados hallaron en el lugar al señor Javier Herney Barrera  Lizcano  debajo  de  las  escaleras,  sentado  sobre un paquete que contenía 10  bolsas  plásticas color negro contentivas 9 de ellas de 100 papeletas y una con  132  empaques de color morado, con sustancia de composición pulverulenta que al  someterse    al    examen    de    PIPH    arrojó   resultado   positivo   para  cocaína.   

Penetrando  en  los  aposentos del inmueble  encontraron  en  una de las habitaciones contiguas a otra persona de nombre PAUL  ANDRÉS  DELGADO  MOSQUERA al lado de un mesón de concreto donde se hallaban 87  bolsas  plásticas  transparentes  contentivas  cada  una  de  50  papeletas con  sustancia   pulverulenta,  una  bolsa  plástica  color  negro  con  266  bolsas  plásticas  más  pequeñas  y  otra  semejante con 274 papeletas contentivas de  igual  sustancia,  la  que  luego de someterse a las correspondientes pruebas de  laboratorio  resultó compatible con cocaína. Continuando con la pesquisa en la  habitación,  finalmente  lograron  la  incautación  de una bolsa plástica con  sustancia vegetal verdosa que resultó ser marihuana.   

La prueba de PIPH arrojó como resultado un  peso  neto  de  marihuana  de 2.919 gramos y un total de cocaína y derivados de  1.285.1             gramos”.     

Al   día  siguiente,  se  celebró audiencia preliminar ante el Juzgado 28 Penal Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  esta  ciudad, durante la cual se  formuló   imputación  en  contra  de  PAUL  ANDRÉS  DELGADO  MOSQUERA  y Javier  Herrera   Lizcano   por  los  delitos  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (art.  376,  inc.  3  del  C.P.)  y  destinación     ilícita     de     inmueble     (art.     377     ibídem),  por  los cuales se les impuso  medida  de aseguramiento privativa de la libertad en establecimiento carcelario.  Los imputados no se allanaron  a los cargos.   

El  4  de septiembre ulterior, la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  de  los  procesados por los mismos  delitos.  Posteriormente,  el 29 de enero de 2010, ante el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  Bogotá,  se  llevó  a  cabo  audiencia de  formulación  de acusación, durante la cual la fiscalía ratificó el cargo por  el  delito  de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes y retiró el de  destinación ilícita de inmueble.   

En el citado despacho judicial se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio  oral,  a  cuyo  término profirió  sentencia  de  primer  grado  el  27  de  agosto  subsiguiente, mediante el cual  absolvió a los implicados del cargo por el cual fueron acusados.   

Contra  esta decisión interpuso recurso de  apelación  la  representante  de  la  Fiscalía, del cual se ocupó el Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante providencia de marzo 18 del año en curso, en el  sentido  de  revocar  el  fallo absolutorio impugnado y, en su lugar, condenar a  los     procesados     PAUL     ANDRÉS    DELGADO  MOSQUERA  y Javier Herrera  Lizcano  a  las penas principales de cien (100) meses  de  prisión  y  multa  por  valor  equivalente  a 150 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  a  la  fecha  de los hechos y a la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por un lapso  igual  al  de la pena principal tras encontrarlos responsables del delito por el  cual  fueron acusados. En la misma decisión, les negó el subrogado penal de la  condena  de ejecución condicional y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

En  desacuerdo con la providencia anterior,  el   defensor  del  procesado  PAUL  ANDRÉS  DELGADO  MOSQUERA  y  el representante del Ministerio Público  interpusieron  recurso extraordinario de casación, por cuyo motivo las demandas  presentadas  con  el fin de sustentarlo se remitieron a esta Sala, aprestándose  al estudio sobre su admisibilidad.   

LAS  DEMANDAS   

         El  defensor  de  PAUL  ANDRÉS  DELGADO  MOSQUERA  invoca  la  causal tercera de casación por  “desconocimiento  de  las  reglas  de  ‘producción’    de   la   prueba”.  Por  su  parte, el representante del Ministerio Público formula  tres  cargos;  los  dos  primeros  con  sustento  en  la causal de nulidad y, el  último, por violación indirecta de la ley sustancial.   

         Con  el  objeto  de precaver repeticiones innecesarias, la Sala, en  el   siguiente   acápite   considerativo,   metodológicamente  comenzará  por  sintetizar  el  contenido de cada una de las censuras formuladas contra el fallo  y,  de  inmediato, procederá a exponer su criterio en punto de los presupuestos  de    admisibilidad,    respetando    el   orden   de   presentación   de   los  libelos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Demanda presentada por el defensor  de  PAUL  ANDRÉS DELGADO MOSQUERA “desconocimiento  de      las      reglas     de     ‘producción’  de     la    prueba”:     

         Empieza  por  señalar  que  el motivo invocado tiene relación con  “la  forma  como  (sic)  se    recaudo    (sic)  el medio de prueba en el proceso penal”  y,  en  este  caso  particular,  porque  el Tribunal “no  tuvo  en  cuenta, el valor de los testimonios que el juez de  primera  instancia le dio a los policiales fueron atacados como no valederos por  sus  contradicciones (sic) y  por  carecer  de su contenido en valor probatorio real y material”.  Además,  “ni  la  defensa  y mucho  menos  los  acusado  (sic),  tenían  acceso  directo  para  manipular el contenido de la declaración de los  policiales    que    fueron   contradictoria   (sic)  en  el  recinto sagrado de la justicia”.   

En  el  siguiente  apartado,  rotulado como  “Análisis   a   lo   resuelto  por  el  Honorable  Tribunal”,    señala    que    el   ad  quem “no analizo (sic) las  contradicciones  en  que  entran  o  caen  los  agentes en sus  declaraciones,  que  no  dicen  toda  la  verdad  tampoco  advierten debiéndose  destacar  (sic) que como lo  dicen  los  policiales  si  fuéramos  más de dos los que intervinieron, porque  (sic)  no  se arrimaron la  versión  de  todos  (sic) o  por lo menos la mayoría de ellos”.   

De  lo  anterior  infiere  que “resulta  doloso  y  porque  no  decirlo  sospechosa (sic)  el  proceder  los  agentes  en el  acopio  de  las  pruebas, que no son más que sus dos testimonios lo que permite  sostener    la    postura   del   juez   de   primera   instancia”.   

Tampoco confrontó, agrega, su dicho con el  de    los   testimonios   recibidos   en   el   juicio   oral   y   “tampoco  está  teniendo  en  cuenta  el  testimonio  de  Javier  Barrera   Lizcano”,   como  igual  ocurre  con  la  “prueba     directa    indiciaria”,   de   la   cual   emana   la   condición   de  consumidores  de  estupefacientes de los implicados.   

Luego   controvierte   aspectos   de   la  declaraciones  de  los  uniformados  Andrés  Morales  Sabogal  y Cristián Moreno  y  del  dicho  de  Javier  Barrera   Lizcano   aduciendo,    frente  a  la  conclusión  del  ad quem en  el  sentido  de que son antagónicas, “claro que son  antagónicas  porque  una  es  verdad y la otra no- la sala le da credibilidad a  las  declaraciones  de los agentes que son contradictorias entre sí y desestima  y  diluye  la  declaración  de  Javier hasta desaparecerla sin darle valor como  testigo único que es”.   

En  un nuevo apartado se ocupa “de  los  indicios”, destacando, para  empezar,  que  están  “llamados a desaparecer en la  ley   906   de   2004”  y,  acto  seguido,  que  el  sentenciador  incurre  en  “afirmaciones y negativas  fantasiosas  y  gaseosas”,  como  que  “no  todos  los  drogadictos  por  el hecho de consumir tiene que  conocerse     y     tratarse     (sic)”  y frente a la explicación dada por  el    coprocesado    Barrera    Lizcano,      porque     “divaga     sobre  supuestos”,    al   agrandar   el   volumen   del  estupefaciente.   

Después  se  ocupa  de  los  indicios  de  capacidad  para  delinquir, oportunidad para delinquir, interés exclusivo en la  ejecución  de  los actos ilícitos y mala justificación, para, posteriormente,  abrir  un  nuevo  capítulo “sobre la evaluación de  las  razones”,  en donde reitera que el juzgador le  otorgó   credibilidad  a  los  testimonios  de  los  uniformados  y  no  al  de  Javier        Barrera       Lizcano.   

En seguida, alude a los indicios de conducta  anterior  y  posterior  a  la  conducta  procesal,  advirtiendo que “Ahora  bien  Honorables  Magistrados  Supremos,  La (sic)  condición de consumidores aclara  la  presencia  en cercanías al sitio al encontrarse en su poder la sustancia es  el  hecho (sic) que no está  claro  por  las  contradicciones  de  los  señores agentes Moreno Castiblanco y  Morales  Sabogal  que  dicen que las sustancias se encontraban en un mesón y la  declaración  del  señor  Javier Barrera dice que al señor DELGADO MOSQUERA lo  entraron  de la calle al inmueble lo que nos conduce a analizar que PAUL ANDRÉS  DELGADO   MOSQUERA   no   podía   tener   droga   en   su  poder”.   

En  cuanto  a  la  regla  de la experiencia  referida  por  el  Tribunal  en  el  sentido  de  que  es  inadmisible  que  los  propietarios  del  alcaloide  dejen  semejante cantidad abandonada, advierte que  ello  no es así pues el inmueble tiene muchas habitaciones y un local. A la par  encuentra  muchas deficiencias en el operativo desarrollado en el inmueble, a lo  que  se  suma que el representante de la Fiscalía indujo al agente Moreno en el interrogatorio.   

Concluye    así    que    “hubo  desconocimiento de la regla de producción del testimonio,  no  por  la forma como se incorporo (sic) al  juicio,  porque  ello está legalmente introducido, sino que es  respecto    a    la    forma   como   el   tribunal   lo   valoro   (sic)  por  el  cual  hago  el siguiente  análisis  mediato  de  las  pruebas  para  el  sustento  jurídico  que  hoy se  ataca”.      Con     ello,     “se  estaría violando el derecho fundamental de la libertad y al  debido  proceso, y el derecho de defensa que le asiste a mi defendido, porque si  esto    no    se    repara,    Honorables   Magistrado   Supremos   (sic)  quedaría  anulada  la vida de mi  defendido”.   

Por     lo     tanto,    “existe  causal para la acción de casación”, “respecto a la  causal  de  procedibilidad del art. 181 numeral 3, y se dé el trámite respecto  según  (sic)  el contenido  del   art.   184   del  C.  P.  Penal”.    

Consideraciones:  

Dado el carácter  extraordinario      del      recurso     de     casación     y     al hecho de constituir un instrumento de  control  constitucional  y  legal  de los fallos, se ha dicho de forma reiterada  por     esta    Corporación    que    los  cargos  contenidos  en la  demanda  deben  exponerse  de manera  lógica      y      con      una     argumentación  suficiente  y,  a  más  de  ello,  en  el marco del  sistema      penal     acusatorio     implantado   con   la   Ley  906  de  2004,  han  de  evidenciar  la necesidad de proferir pronunciamiento de fondo con el  objeto  de  cumplir alguno o algunos de los fines para los cuales se ha previsto  el  recurso, como así se extrae de los artículos 183  y    184   de   ese   ordenamiento   procesal.    

Es evidente que el  único    cargo    contenido    en    el  libelo  presentado  por el  defensor  de  PAUL  ANDRÉS  DELGADO  MOSQUERA  no colma ninguno  de   esos   requisitos   y,   por  ello,  la  decisión  que  se  impone  es  su  inadmisión.   

Al  respecto,  empiécese  por destacar que  sus  notorios  defectos de  redacción,   sintaxis  y  ortografía  se  erigen  en  el  primer  e insalvable  obstáculo   para   su  cabal  comprensión  en  los  términos exigidos por la ley.   

Adicional a ello, en los dos escritos campea  la  confusión  total  a  partir de la inclusión de aspectos que corresponden a  diversas  causales  de  casación  para,  en  últimas,  no desarrollar el cargo  conforme  al  motivo invocado, ni a ninguno otro de los previstos para lograr el  decaimiento  de  la sentencia, al paso que se deja de ahondar sobre la necesidad  de  proferir  el  fallo  de  acuerdo  con  la  función  teleológica  del medio  extraordinario  de  impugnación,  reforzada con la entrada en vigor del sistema  acusatorio de enjuiciamiento criminal.       

En efecto, a pesar  de  que  en  la  censura  se  invoca  la  causal  tercera  de  casación por  el  “desconocimiento  de  las      reglas      de      producción     de     la     prueba”,   la   fundamentación   presentada   no   se   asimila   a  esa  pretensión.   

Ciertamente,    dicha    causal  corresponde  a la denominada violación indirecta de la ley  sustancial  derivada  de  errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la valoración  probatoria;  sin  embargo,  en  la  parte  final de su  argumentación,  luego  de debatir acerca del mérito  otorgado   a   las   pruebas,  refiere  al  presunto  desconocimiento  del debido  proceso   y   del   derecho  de  defensa.   

Es  claro  que este último supuesto encaja  eventualmente  en  la  causal  segunda  de  casación  por  nulidad, mientras el  primero  descansa  en  la  tercera  invocada  por violación indirecta de la ley  sustancial,   

Al  mezclarse  estos  supuestos en un mismo  cargo  se  infunde  confusión y contradicción a la censura, caso en el cual es  preciso,   con  el  objeto  de  preservar  coherencia,  instaurarlos  en  cargos  independientes.         

         No  haber  procedido  de esa forma erige desconocimiento abierto de  principios  regentes de la actividad casacional en procura de conseguir escritos  que   satisfagan   las   exigencias   argumentativas   propias   de  este  medio  extraordinario   de  impugnación  de  naturaleza  rogada,  tales  como  los  de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales, coherencia, no exclusión y no contradicción.   

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

De manera pues que cuando el censor combina  pretensiones  antagónicas,  como son la violación de la ley sustancial, porque  en  ese  caso se acepta la validez de la actuación procesal (yerro in  iudicando o de juicio), y la nulidad,  en   donde   precisamente   se   reniega  de  ese  aspecto  (yerro  in   procedendo   o  de  procedimiento),  evidente  deviene  la  violación  de  los  postulados vistos que diferencian la  casación  de  los  demás  medios  de  impugnación,  constituyendo tal actitud  motivo suficiente para inadmitir la censura.   

De   otra   parte,   se  señala  que  la  fundamentación  del  reproche  no  se  corresponde  con  los presupuestos de la  causal  invocada,  porque lejos de desarrollar errores de hecho o de derecho (el  primero  por  falsos  juicios de existencia, identidad o raciocinio y el segundo  por  falso  juicio  de  legalidad o convicción), lo que se persigue es imponer,  como  ya  se  había  dicho,  mediante una redacción ininteligible, su criterio  personal  valorativo  sobre  el  expuesto  por  el  juzgador  de  segundo grado.   

De cualquier forma, la actitud generalizada  tendiente  a  propiciar  un  debate probatorio a partir de su criterio personal,  que  es  lo  único  que  medianamente  se extrae del reparo, no consulta con el  carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación  por  no  ser una tercera  instancia  para  debatir abiertamente sobre la valoración de las probanzas, por  fuera  del  marco  de  los  errores señalados, únicos con la potestad, en esta  materia,  de  derruir  la doble presunción de acierto y legalidad que ampara al  fallo impugnado.   

Para colmo, no puede dejarse de señalar que  a  tal  punto  llega la imperfección del reproche que ni siquiera señala, como  le  era  mínimamente  exigible  acorde  con  la causal de casación pretextada,  norma  alguna de carácter sustancial que se haya transgredido a consecuencia de  los supuestos yerros de apreciación probatoria.   

El cúmulo de incorrecciones reseñadas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que  regula  este  medio extraordinario de impugnación, imponen la  inadmisión  de  este  libelo,  conforme  se  anunciara  en  el  exordio de este  acápite considerativo.   

    

1. Demanda presentada por el Ministerio  Público:     

     

1. Primer  cargo.  Causal  segunda,  violación del debido proceso y del derecho de defensa:     

     

1. Planteamiento:     

Para  el  representante  de  la sociedad la  situación  alegada  se  configura  porque  el  Tribunal  tuvo como sustento del  recurso  de  apelación  un  escrito  que,  además de haber incurrido en varias  imprecisiones  (como  el  número  de  identificación  del proceso –CUI-,  el  delito  por  el  cual  se  procede  y  atribuir  “porte  de  armas”  como objeto del operativo), estaba  mutilado  en  tanto  le  faltaba  el  folio  5,  importante  en la medida en que  correspondía a los argumentos expuestos por el recurrente.   

La  falta de ese folio, asegura, impidió a  los     condenados,    defensores    y    Ministerio    Público    “ejercer  plena  y  eficazmente el derecho de contradicción o de  refutación”,  cuya  materialización  es imposible  frente a lo que se desconoce.   

Así,  precisa, era imposible determinar si  los  argumentos  expuestos  en la página echada de menos eran contradictorios o  contrariaban  la  verdad  de  forma  tal  que  enervaran  su fuerza dialéctica,  máxime  cuando  es el mismo Tribunal quien reconoce la magnitud y trascendencia  de  esa  irregularidad,  según  transcripción de su contenido, ante lo cual le  era    imperativo    declarar    desierto    el    recurso,   por   “la  imposibilidad  de hacer un examen o ponderación integral de  los    razonamientos   en   que   se   fundamentaba   la   alzada”.   

Acto seguido, recuerda cómo si esta Sala ha  sido  insistente  en  exigir  la trascendencia de los errores de hecho por falso  juicio  de  identidad,  en  el  error  in  procedendo  que  denuncia  también es preciso puntualizar que la  pieza  procesal  mutilada  no  era  cualquiera “sino  precisamente  la  que  controvierte  la decisión absolutoria de primer grado”  y  el  fragmento  echado  de menos no correspondía a  datos  irrelevantes,  “sino  una  parte medular del  escrito  por contener los fundamentos y la ilación de las razones que en sentir  de    la    Fiscalía    ameritaban    la    revocatoria    de    la   sentencia  absolutoria”.   

De    otro    lado,   el   ad  quem  no  podía, agrega, suplir esa  deficiencia  argumentativa a partir del cercenamiento del escrito de apelación,  especialmente  tras  afirmar  que “se desconocen los  argumentos  allí  plasmados  lo  que  hace  imposible su estudio”,  violando  con ello el debido proceso y profiriendo una decisión  sin   fundamento   lógico   que   legitime   el   pronunciamiento   de  segundo  grado.   

La  solución a la irregularidad denotada,  señala,   “es  la  retrotracción  de  lo  actuado  mediante  la  declaratoria  de  nulidad  del  fallo de segundo grado, para en su  lugar     proferir     la     declaratoria     de     desierto    del    recurso  interpuesto”,  como  así  lo depreca, no sin antes  pregonar  que a esa irregularidad se suman “otras de  menor  entidad  que  al  actuar en conjunto comprometen en mayor grado el debido  proceso  y  el  derecho  de los absueltos en primer grado: la imprecisión en la  identificación  del  proceso, el afirmar que el delito a ellos endilgado era el  de    porte    ilegal    de   armas   de   fuego,   entre   otras”.   

     

1. Consideraciones:     

Para  que  la  propuesta  de nulidad tenga  arraigo  en  esta sede, como lo ha indicado la Sala en múltiples oportunidades,  es  preciso  que  el casacionista identifique claramente el motivo sobre el cual  gira  la  irregularidad,  la  causal de nulidad que procede como consecuencia de  ese  defecto, las normas que apoyan su pretensión, la trascendencia que genera,  bien  en  el  marco  de  la  estructura  del  proceso  o en el de las garantías  fundamentales  de  quien  la  invoca, y el momento procesal a partir del cual se  debe  invalidar  la  actuación,  así  como  la  autoridad  judicial  a la cual  corresponde su envío para que proceda a su enmienda.   

         Por  lo  mismo,  se  ha  establecido  que  dicha  pretensión está  necesariamente  vinculada  con  los  principios  que orientan su declaratoria, a  saber:  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación y residualidad.   

De modo que sólo ante la comprobación de  que  la  censura  reúne  los anteriores condicionamientos se podrá concluir el  cumplimiento  de  los  requisitos  previstos  en  los  artículos  183 y 184 del  estatuto procesal, para así admitirla.   

Lo  anterior,  se  insiste,  amén  de que  los  cargos de la demanda de casación se expongan de  manera  lógica y con un mínimo de argumentación, como emana de las exigencias  contenidas en las disposiciones referidas.   

Pues     bien,    no    obra  la menor duda en cuanto a que esta  censura  formulada  por  el representante de la sociedad determina claramente la  irregularidad   en   la   que   supuestamente  se  incurrió  por  el  Tribunal,  como     igual     ocurre     al     identificar la  causal    de    nulidad    que    procede,   el   sustento   normativo   de   su  pretensión,  el  momento  procesal   a  partir  del  cual  se  debe  invalidar  la  actuación  y  la autoridad judicial a quien corresponde su envío.   

No  obstante  lo  anterior,  para la Sala,  discrepando  de  su criterio, la propuesta no cumple con el principio regente en  esta  sede,  y  de la declaratoria de nulidades, atinente a la trascendencia del  vicio.   

Es verdad que el escrito presentado por la  Fiscalía  para  sustentar  el recurso de apelación interpuesto contra el fallo  absolutorio  a  favor de PAUL ANDRÉS DELGADO MOSQUERA  y  Javier  Herrera Lizcano  carece  de  un folio de su parte argumentativa y que,  ciertamente,  no  es  el  mejor  ejemplo  de cómo sustentar con suficiencia una  postura  jurídica,  pero  en  ese  contexto se debe entender la advertencia del  Tribunal cuando sintetizó su contenido en el sentido de que:   

“La  sala  debe  precisar que el escrito  contentivo  de  la  alzada  está  incompleto,  le falta el folio número 5 (fl.  18-19  del cuaderno 2), advertencia traída a colación por cuanto se desconocen  los  argumentos  allí  plasmados lo que hace imposible su estudio, procediendo  la Corporación a analizar el resto del documento para  lo  pertinente”  (subraya  fuera de texto).   

Es   decir   que  esta  afirmación  del  ad  quem se presenta por el  actor  de  forma  tergiversada  para soportar su prédica, pues se debe entender  respecto  del  contenido  estricto del folio faltante y no de todo el documento,  como   así   lo   explica  ampliamente  el  ad  quem  en    la    parte    considerativa    del    fallo  impugnado1,  al  señalar  que el análisis de la integralidad del escrito de  apelación  permite  colegir  el  cumplimiento  de  los  requisitos  mínimos de  fundamentación,  argumento  que,  por  lo demás, esta Sala encuentra acertado.   

Dicho  de otro modo: si bien el escrito de  apelación  presentado por la Fiscalía evidencia los problemas referidos, tales  no  son óbice ni para inferir que incumplía el rigor mínimo que debe ostentar  una  sustentación,  ni  mucho  menos,  como lo señala el censor, que tenía el  alcance   de   vulnerar   los   derechos   de   las   partes   e  intervinientes  procesales.       

Por  lo  expuesto, se puede colegir que la  propuesta  del representante del Ministerio Público carece de trascendencia por  doble  vía.  Por  un  lado, en cuanto a la sustancialidad de su argumentación,  pues  la  situación  que plantea está despojada de la incidencia que le otorga  y,  por  otro,  concerniente  a  su  solidez  y  suficiencia,  al  no  tener  en  consideración  los planteamientos expuestos por el Tribunal en orden a explicar  por  qué  el  escrito  de apelación contenía una sustentación que aun cuando  mínima era suficiente.   

La  consecuencia  que  sobreviene  a tales  falencias es la de inadmitir el reparo.   

     

1. Segundo  cargo. Causal segunda,  violación del debido proceso y del derecho de defensa:     

     

1. Planteamiento:     

A  juicio del actor se estructura el yerro  por  la  pretermisión del trámite establecido en el artículo 447 del estatuto  procesal   penal  y  por  imponer  la  misma  pena  a  los  dos  procesados  sin  consideración  de los factores y circunstancias singularizantes de la conducta,  así  como  la personalidad de cada uno de ellos, lo cual constituye un vicio de  motivación.   

Sobre la primera circunstancia señala que  en  el  esquema  procesal mixto con tendencia acusatoria fincado en el respeto a  la  dignidad  humana  “la  pena debe fijarse previa  convocatoria  y  participación  de las partes y del Ministerio Público, habida  consideración  del  claro  compromiso de derechos fundamentales en el ejercicio  de individualización de la pena”.   

El  desconocimiento  de  esa  dialéctica  procesal,  considera,  vulnera  el  debido proceso mediante vicios de estructura  por    tratarse   de   una   etapa   de   obligatorio   cumplimiento   para   la  individualización   de  la  pena  y  de  trascendental  repercusión  para  los  condenados  “sin  tener en cuenta que se trataba de  dos  personas  diferentes,  las  que, de conformidad con la tesis que pregona el  fallo,  habrían  sido  halladas  con  diferentes  sustancias  y  en  diferentes  cantidades,   ubicados   en  lugares  distintos  del  inmueble  allanado  y  con  circunstancias   personales,   familiares   y  sociales  diversas”.   

Al  respecto,  aclara  que  no  discute la  imposición  de  la misma pena para los dos condenados en este caso “lo  que  echa  de  menos  es  el  que  a tal conclusión se haya  llegado  pretermitiendo  la  consideración  de  diferentes factores personales,  familiares  y  sociales y de las circunstancias modales, espaciales y temporales  que  enmarcaron  la  comisión  de  la  conducta  por  parte  de cada uno de los  procesados…lo  cual también constituye irregularidad sustancial que afecta el  debido      proceso      y      el     derecho     de     defensa”.   

Al margen de lo anterior, añade, también  erige  irregularidad  la  referida  falta  de motivación de la pena, por lo que  “la  invalidación  del  fallo  de segundo grado se  torna    imperiosa    como   petición   subsidiaria   del   vicio   previamente  denunciada”.   

Por razón de lo expuesto, depreca se case  la  sentencia  objeto  de  impugnación para decretar la nulidad y retrotraer lo  actuado  al  Tribunal para que adelante el trámite de rigor y, a la vez, motive  la determinación de la pena para cada uno de los condenados.   

2.2.2.    Consideraciones:   

       Es    evidente   que   esta   censura  satisface  a cabalidad los presupuestos de lógica y  adecuada  argumentación  previstos legalmente, motivo por el cual se dispondrá  su  admisión,  además  porque  responde  a  los  fines  para los cuales se ha instituido el recurso en  el    artículo    180   del   estatuto   procesal,  particularmente  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes y el  desarrollo   de   la   jurisprudencia  de  la  Sala.  Consecuentemente,  una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia,  se  fijará  fecha  para  la  realización de la respectiva audiencia de sustentación oral.   

     

1. Tercer  cargo.  Causal tercera,  violación indirecta de la ley sustancial:     

     

1. Planteamiento:     

Estima  el  censor  que  en  el  fallo  se  incurrió  en  errores  de hecho por falsos juicios de raciocinio y de identidad  en  la apreciación de pruebas “trascendentales para  el  establecimiento  de  la  verdad  procesal”, los  cuales  condujeron  a  la  aplicación  indebida  del artículo 376 del estatuto  penal     y    a    la    falta    de    aplicación    del    7    ibídem   referido   al   in dubio pro reo.   

         Luego  de  transcribir  apartes  del  fallo  absolutorio de primera  instancia,  señala  que  el  primero de los yerros denunciados se configura por  error  de  hecho  derivado  de  falso raciocino en la declaración del procesado  Javier    Herney   Barrera   Lizcano   y  de  los  dos  policiales  que  ingresaron  al  inmueble donde se  incautó la sustancia estupefaciente.   

         En  cuanto  al  primero, quien se ofreció como testigo, porque fue  claro  en  manifestar  que en el lugar donde se produjo su captura estaban otras  personas  consumiendo  estupefacientes  que  no fueron capturadas, cuyo dicho no  mereció  credibilidad  por  el  Tribunal dado que dio explicaciones irreales al  hacer  alusión  a  la  presencia  de  otras  personas cuando los únicos que se  encontraban eran los implicados.   

Para el censor, al restarle credibilidad a  esta  declaración y otorgársela a la rendida por los uniformados se incurre en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio “pues está  apreciando  tales  dichos  con  desconocimiento  de   las reglas de la sana  crítica,  concretamente las de la experiencia, según las cuales se descarta la  presencia  de tan solo dos indigentes aturdidos muy seguramente por el efecto de  las  sustancias  sicotrópicas  consumidas”  en  un  inmueble  de  una  calle  concurrida  e insegura dedicado 24 horas al consumo de  estupefaciente  por  muchas  personas  adictas, además de estar en ruinas y sin  puertas  “con  la  droga  incautada en considerable  cantidad  supuestamente distribuida meticulosamente en papeletas y en centenares  de  bolsas  encima de un mesón de cemento, sin ninguna seguridad”.           

         Expone  que  según  una  regla de experiencia en el lugar donde se  almacenan,  conservan  o  distribuyen  sustancias  ilícitas se debe observar un  esquema  mínimo  de  seguridad  por personas en capacidad física y síquica de  prestarla  “máxime  si  se tiene en cuenta que ese  lugar  donde  supuestamente se hallaban los estupefacientes es un lugar dedicado  al  consumo  de  los mismos, ubicado en una calle tan concurrida e insegura como  la que aquí se menciona”.   

         Esa  labor  de  seguridad,  añade,  no  puede ser prestada por dos  personas  indigentes  y somnolientas, desarmadas y sin dinero como las descritas  por los dos policiales y en un sitio en ruinas abierto al público.   

         Acto  seguido, pregona que “de no haber  incurrido  en  esa  errónea  apreciación material de la prueba, el juzgador de  segundo  grado  habría  otorgado  credibilidad al dicho del aprehendido Barrera  Lizcano  a la vez que habría desacreditado la fuerza suasoria del testimonio de  los  dos  policiales que realizaron la aprehensión, señores Moreno Castiblanco  y  Morales Sabogal” en el sentido de que había más  personas  en  el interior del inmueble “a quienes no  se  les capturó sino que fueron conducidas por los policiales al interior de un  salón      mientras      se      realizaba     el     presunto     ‘operativo’…”.    

         Además  de este yerro, sostiene, también se incurrió en error de  hecho   por   falso   juicio   de   identidad  “por  cercenamiento  de la prueba” de los mismos medios de  convicción  señalados  en precedencia, al suprimirse un aparte de su contenido  según  el  cual  en  el  mismo lugar se encontraba un sujeto que se identificó  como  Luis Ernesto Zabaleta,  quien  les  manifestó frecuentar el lugar para comprar estupefacientes y que se  trataba  de  un  inmueble  allanado en múltiples oportunidades donde permanecen  indigentes  y  consumidores,  con lo cual habría concluido que lo dicho por los  procesados sobre su ajenidad a los hechos sí tenía credibilidad.   

         El  segundo  error  de hecho por falso juicio de identidad, agrega,  acaece  por  mutilación  del  testimonio  de  Javier  Barrera  Lizcano  en  cuanto  a  que  los uniformados  entraron  al  lugar  donde  se  encontraba con Andrés  Delgado   Mosquera   quien   es   un  consumidor  de  estupefacientes,  por  ende,  “de  haber  analizado  integralmente  el  referido  testimonio  habría  surgido  la duda acerca de las  circunstancias  de  tiempo,  modo y lugar en que se habría producido la captura  de  quienes  hoy  fungen como condenados”, duda ante  la   cual,   culmina,  se  imponía  su  absolución.   

           

En   un   acápite  final  que  denomina  “conclusión  y  trascendencia de los errores   demandados”   recalca   que   si  el  ad  quem  no  hubiera  incurrido  en los  errores  anotados  habría confirmado el fallo absolutorio de primera instancia,  porque   con   las  deficiencias  anotadas  del  dicho  de  los  uniformados  su  credibilidad  se  torna  deleznable  “y en cambio se  refuerza  la  versión  de  los  dos  aprehendidos”,  cuando  aquellos  son  “los únicos que dan fe de lo  ocurrido  en el inmueble supuestamente ‘allanado’ y  de  la  droga supuestamente incautada a los aprehendidos, son los dos policiales  y  los dos capturados. La duda es evidente, y de contera se tornaba imperiosa la  aplicación   del   universal   principio   in   dubio   pro  reo”.   

2.2.3.    Consideraciones:   

Como  quiera  que  la  propuesta del actor  está  encaminada  a  enrostrar al fallo errores de hecho por falso raciocinio y  por   falso   juicio  de  identidad,  viene  bien  evocar  sus  características  principales  así  como  el ejercicio argumentativo al que está compelido quien  los  invoca,  de acuerdo con las pautas fijadas de manera pacífica e inveterada  por esta Sala.   

    

Así, el error de hecho por falso juicio de  identidad  ocurre  cuando  el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona el contenido  objetivo  de  la prueba para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente.  También  se  ha  expuesto que en esa modalidad de desacierto en la apreciación  de  las  pruebas  igualmente  incurre  el  juzgador  cuando toma una parte de la  prueba  como si fuera el todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión  pues,  en  su  proceso  de  valoración  se  le  suprimen apartes trascendentes,  omitiendo de esa manera su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva, resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre  la  cual recae el supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

Por  su parte, el error de hecho por falso  raciocinio  se  configura cuando el sentenciador aprecia la prueba desconociendo  las   reglas   de   la  sana  crítica,  esto  es,  postulados  lógicos,  leyes  científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto  le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado.   

Dada su diversa naturaleza y comprobación,  por  tanto,  es  del  todo antinómico proponerlos en un mismo cargo y contra la  misma  prueba  en general, salvo, como aquí bien lo aclara el libelista, cuando  los  vicios  concurran en relación con diversos sectores del contenido material  de  la  probanza.   De  esta  forma,  es  perfectamente  viable  que  en la  apreciación  de  una  parte  de  la prueba se incurra en desconocimiento de las  reglas  de  la sana crítica y que, a la par, otro segmento sea tergiversado por  agregación o supresión de su contenido.   

Ahora  bien, a pesar que desde el punto de  vista  conceptual  ningún  cuestionamiento  cabe  frente  a  la  propuesta  del  representante  de  la  sociedad, en la medida en que se atiene a las directrices  expuestas  alrededor  de  la  naturaleza de los yerros pretextados, al punto que  cuando  pregona la configuración del error de hecho por falso raciocinio indica  con  claridad  la  máxima  de  la  experiencia que a su juicio se desconoció y  cuando  alude  a  los errores de hecho por falso juicio de identidad precisa los  apartes  suprimidos de las pruebas sobre las cuales recae la crítica, no ocurre  lo  mismo  con  la carga argumentativa que le era inherente para demostrar tales  yerros,    de    acuerdo,    también,   con   los   derroteros   indicados   en  precedencia.   

En  efecto, quedó visto que en uno y otro  caso  le  es  imperativo  al  demandante  controvertir  la  prueba sobre la cual  descansa  el juicio de responsabilidad, en este evento amplia y copiosa, para lo  cual  no  basta con simplemente aducir que carece de la entidad para sostenerlo,  máxime  si,  como aquí sucede, se propende por la aplicación del in  dubio  pro  reo, en cuyo caso, según  lo  tiene  sentado  la Sala, es del resorte del censor, dada, entre otras cosas,  la  naturaleza  rogada  del recurso extraordinario de casación, demostrar que a  pesar  de  existir  prueba en contra del implicado también la hay favorable, en  tal  medida  concurrentes que resulta imposible resolver tal incertidumbre hacia  un  lado  en  particular, correspondiendo, por tanto, absolver con fundamento en  dicho  postulado, aspecto que, además, guarda relación con la trascendencia de  la censura.   

Ciertamente,   el   actor   contrae   el  cuestionamiento    a   las   atestaciones   de   los   policiales   Cristián          Moreno          Castiblanco         y  Andrés  Morales  Sabogal,  quienes  participaron  en  el  operativo  que  dio  lugar  a  la  aprehensión  de  los  procesados  y  a  la  incautación  del alcaloide, y a la  declaración  del  procesado  Javier  Herney  Barrera  Lizcano,   sustrayéndose   totalmente   a  realizar  comentario  alguno  en  relación  con la abundante prueba indiciaria construida  meticulosa  y  metodológicamente  por  el  fallador  de  segunda instancia para  evidenciar  que  los  procesados  custodiaban la gran cantidad de estupefaciente  decomisado.   

De  esa  forma,  nada  se  dice  por  el  demandante  en  torno  al  indicio de posesión de elementos relacionados con el  delito,  en  donde  se  advierte  que  ningún  asidero tienen las explicaciones  brindadas  para  justificar  la  tenencia  de  la  droga,  como  la ofrecida por  Barrera   Lizcano,  quien  refirió  encontrarse  durmiendo  cuando  arribaron  los  uniformados,  lo  cual  contrasta  con  el hecho de que el alucinógeno fue encontrado, como lo adujeron  los  aprehensores,  debajo  de su humanidad, resultando ello absurdo, pues, como  lo  indicó  el  Tribunal, amparado en una regla de la lógica y la experiencia,  “nadie   duerme  encima  de  una  bolsa  llena  de  alucinógenos  por  más  fatigado  que  esté,  menos  sobre  tres  kilos de la  sustancia  cuyo  volumen  obligaba  a  la  persona  a verificar el contenido por  causar   molestia  en  las  partes  del  cuerpo  para  el  reposo”2.   

Igualmente,  como  se  pregona respecto de  PAUL  ANDRÉS DELGADO quien  fue  encontrado  “de  pie,  de frente y a muy corta  distancia  del  mesón  de  concreto donde se encontraba la droga”3, amén de que  los   únicos  lugares  del  inmueble  donde  se  encontró  sustancia  ilícita  precisamente fueron aquellos ocupados por los procesados.   

El  actor  tampoco  refiere  al indicio de  capacidad   para   delinquir,   en  donde  se  enfatiza  que  en  este  caso  el  mantenimiento     y     conservación     de     estupefacientes    “no   es   absolutamente   incompatible   con  la  condición  de  consumidores   de   drogas,  por  el  contrario,  esa  adicción  que  no  está  simplemente  en  una fase inicial sino avanzada, hacen compatibles las conductas  que    se    les    encontró   (sic)   en  la  diligencia  de  allanamiento en relación con los casi tres  kilos  de  marihuana  y kilo y medio de cocaína”4,  además de que “la  situación económica de los procesados explica la posesión  de  esas  cantidades  de  drogas  para  el  comercio,  a  lo  que se suma que el  consumidor  no  envuelve las porciones”, indicio que  necesariamente  debió  confrontar  el censor cuando su postura apunta a que los  acusados eran simples consumidores.   

Igualmente, hizo caso omiso del indicio de  oportunidad  para delinquir derivado de que el inmueble donde se encontraban los  acusados  “aparece  a  la opinión delatado para el  consumo,   tráfico,   conservación,  fabricación  y  demás  actividades  con  materias     estimulantes,     que     les     daba    la    oportunidad    para  delinquir”5.   

Actuó  de  la misma forma respecto de los  indicios  de  interés  exclusivo  en  la  ejecución  de  los  actos ilícitos,  estructurado  sobre  la  base  de que los implicados, conforme lo reseñaron sus  captores,  eran  las  únicas  personas que se encontraban  en el inmueble,  por  lo  tanto “participan los mismos del interés o  motivo  exclusivo  para  propulsar la venta de la droga que tenían dispuesta en  bolsas  individuales  con  cierre  artesanal  de  cosedora,  de  tres  tipos  de  estupefacientes            diferentes”6, y mala justificación frente  a   las   “explicaciones  mentirosas,  irreales  e  imaginativas,  con  lo  que se buscaba desorientar la investigación y confundir  el   criterio   de  los  operadores  judiciales”7  del  sindicado  Barrera Lizcano.   

E,  igualmente,  respecto  del  indicio de  conducta  anterior,  posterior y conducta procesal edificado por el ad   quem,  por  negar  que  les  fueron  impuestos  sus  derechos  al  momento  de la captura, cuando el contenido de las  actas  revela  lo  contrario,  sin  dejarse  anotación  alguna  en  el  sentido  pretextado    de    que    el    alucinógeno    les    fue   puesto   por   los  uniformados8.   

Además, tampoco se reparó en el hecho de  que  el  ad quem refutó la  regla  de  la  experiencia invocada por el Ministerio Público según la cual no  es  admisible  que  unos  débiles  consumidores  en  total  desarreglo personal  custodiaran  la  valiosa  mercancía,  “cuando  esa  condición  bien puede servir para manejar un bajo perfil y pasar desapercibidos  ante   los   numerosas   allanamientos  que  allí  se  practican”9.  Por  el  contrario,  esboza  que  precisamente tales máximas sugieren que es inadmisible  pensar  que  “semejante  cantidad de droga la dejen  tirada  los  dueños  en una edificación abandona”,  la  cual se opone justamente a la máxima referida en el reparo por el libelista  y  que  merecía,  en  consecuencia,  discutirse  o, cuando menos, confrontarse.   

Fluye  de  lo  expuesto,  entonces, que la  regla  de la experiencia traída a colación por el casacionista fue descartada,  mediante  la exposición de argumentos, planteamientos respecto de los cuales el  demandante  hizo  abstracción  total,  tornado  intrascendente,  por  tanto, su  postulación  en esta sede.  Empero, a ello se debe agregar por la Sala que  la  regla de experiencia alegada no se ofrece válida en el lugar donde tuvieron  ocurrencia   los  hechos,  en  donde  tales  condiciones  de  mantenimiento  del  estupefaciente,  esto  es,  en  un  inmueble  en  ruinas, sin puertas y en lugar  concurrido, es apenas normal.   

De la misma forma se ha de dejar consignado  que  no  se configura el pretextado error de hecho por falso juicio de identidad  referente  a  que se suprimió un aparte del contenido de las pruebas reseñadas  sobre   la  presencia  en  el  lugar  de  un  sujeto  que  se  identificó  como  Luis   Ernesto  Zabaleta,  tópico  que  fue  objeto  de ponderación en la página 21 del fallo impugnado.   

         Ahora,  al  margen  de  las falencias referidas con antelación, se  refuerza  la  conclusión  acerca  de  la  intrascendencia  de  la  censura tras  analizar  el segundo error de hecho por falso juicio de identidad sustentado por  el  actor  en  la mutilación del testimonio de Javier  Barrera  Lizcano  en  cuanto  a  que  los uniformados  entraron  al  lugar  donde  se  encontraba con Andrés  Delgado   Mosquera   de  quien  aquél  dijo  era  un  consumidor  de estupefacientes, pues, como ya se vio, tal circunstancia, para el  sentenciador  de  segundo  grado,  no  descarta su responsabilidad en el punible  atribuido.   

        Las  falencias  argumentales  y  de  trascendencia  de esta censura  conducen a su inadmisión.   

De  lo expuesto en precedencia, surge como  conclusión  razonable  la  inadmisión del libelo presentado por el defensor de  PAUL    ANDRÉS    DELGADO    MOSQUERA   y   de  los  cargos  primero  y  tercero  del  allegado  por  el  representante   del   Ministerio   Público.  De  otro  lado,  por  cumplir  los  presupuestos  exigidos legalmente, se admitirá el segundo cargo de este último  escrito.   

Ahora     bien,     habida    cuenta    que    contra   la  decisión  de  inadmitir  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto procesal, habrán de acatarse  las reglas fijadas por la  Sala10.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

       1.                     INADMITIR  la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de PAUL ANDRÉS DELGADO  MOSQUERA  y  los  cargos  primero  y  tercero  de  la  allegada  por  el  representante  del  Ministerio  Público,  de acuerdo con las  razones expuestas en la anterior motivación.   

        Según  lo  establecido en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es facultad del demandante elevar petición de insistencia.   

        2.                     ADMITIR    el  segundo  cargo del libelo  de  casación  presentada  por  el representante del  Ministerio  Público, en  punto     de     las  temáticas  delimitadas  en la parte  considerativa de esta providencia.   

       Una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado con el mecanismo de  insistencia,  se  fijará  fecha para la realización de la respectiva audiencia  de sustentación oral.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                   JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO            SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                      

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ                  MUÑOZ                  AUGUSTO                         J.                        IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO            JULIO  E.           SOCHA           SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  A  partir de la pág. 13 del fallo de segunda instancia.   

2 Pág.  28 del fallo de segunda instancia.   

3  Ibídem.   

4 Pág.  30 ib.   

5 Pág.  31 ib.   

6 Pág.  32 ib.   

7  Ibídem.   

8 Pág.  33 ib.   

9  Ibídem.   

10  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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