36594(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36594   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 331.  

Bogotá  D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Corresponde a esta Colegiatura verificar los  requisitos   de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  el  libelo  casacional   presentado  por  los  defensores  de  los  procesados  FLORENTINO  BARÓN  FONSECA y MARÍA  JOSEFINA  PATIÑO OSORIO, contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  16  de diciembre de 2010, confirmatoria de la dictada el 16 de julio de la misma  anualidad  por  el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de esta capital, por cuyo  medio  condenó  a  dichos  ciudadanos  como autores penalmente responsables del  delito de falso testimonio.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento    fueron    sintetizados    en    el   fallo   del   Tribunal,  así:   

“Desde tempranas  horas  del  3  de  mayo  de  2000,  Ramón  Enrique  Anastasio Rey y un grupo de  trabajadores,  ingresaron  al  predio  ‘La  Vega  II’,  ubicado      en     la     Vereda     de     San     Bernardino     –   Localidad   de  Bosa  –  propiedad del primero, y adelantaron  labores  de  cercamiento,  utilizando  76 postes de 3 metros cada uno, hasta las  8:30  de  la  noche,  cuando  se  retiraron  a  descansar  a  sus  casas, con el  propósito de terminar al día siguiente.   

“A las 9:30 de la  noche  del  mismo día, el señor Ramón Enrique Anastasio Rey fue informado por  un  vigilante  de  los  predios  aledaños al lote de su propiedad, que Hernando  Ramírez  Vanegas,  FLORENTINO  BARÓN  FONSECA,  MARÍA  JOSEFA PATIÑO y otras  personas  más,  habían  irrumpido  al  predio,  onde  arrancaron los postes de  cercamiento,  que  arrojaron  al río Tunjuelito, colindante con el terreno, por  lo  que,  Anastasio  Rey,  previo aviso a la autoridad policiva, se trasladó al  lugar  acompañado por varios trabajadores y cuando reclamó a Hernando Ramírez  Vanegas  por lo acontecido, éste le causó lesiones con una garlancha y un arma  blanca  que  le  ameritaron  incapacidad  médico  legal de doce (12) días, sin  secuelas.   

“Por estos hechos,  el  15  de  mayo  de  2000,  el señor Anastasio Rey formuló denuncia, habiendo  correspondido  su  conocimiento  al  Juzgado  Ochenta Penal Municipal; autoridad  judicial,  ante quien FLORENTINO BARÓN FONSECA y MARÍA JOSEFINA PATIÑO OSORIO  bajo  juramento  rindieron  declaraciones  el  día  5  y  12 de abril de 2002 y  afirmaron  que  Hernando  Ramírez  Vanegas, jamás había lesionado a Anastasio  Rey, como tampoco causado daños en el lote de la Vega II.   

“El 24 de abril de  2002,  el  Juzgado  80 Penal Municipal profirió fallo condenatorio en contra de  Hernando  Ramírez  Vanegas,  por  las  conductas  punibles contravencionales de  lesiones  personales y daño en bien ajeno, y en consideración a que no prestó  credibilidad   a   los   dichos   de   FLORENTINO  BARÓN  FONSECA  y  MARÍA  JOSEFINA PATIÑO OSORIO, dentro  del  acápite  ‘de  otras  terminaciones’  ordenó  compulsar  copias  en  su  contra,  como  presuntos  autores del delito de falso  testimonio”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró  abierta  la instrucción, en desarrollo de la cual vinculó mediante indagatoria  a  FLORENTINO BARÓN FONSECA y  MARÍA    JOSEFINA    PATIÑO    OSORIO,  absteniéndose  de  imponerles medida de aseguramiento al momento  de definir su situación jurídica.   

Culminada  la  instrucción,  el mérito del  sumario  fue  calificado  el 21 de abril con resolución de acusación en contra  de  los  procesados  como  presuntos  autores  del  delito  de falso testimonio,  decisión  que al ser impugnada por la defensa de aquellos fue confirmada por la  Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá mediante proveído del  13 de marzo de 2007.   

El  juicio  correspondió  adelantarlo  al  Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido el  rito  pertinente  profirió  fallo  el  16  de julio de 2010, a través del cual  condenó  a  los  acusados  a la pena principal de cuarenta y ocho (48) meses de  prisión,  y  a  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como autores penalmente responsables  del delito de falso testimonio.   

          En  la  misma  decisión  les  concedió  el  subrogado  penal de la  condena de ejecución condicional.   

Impugnada la sentencia por los defensores de  FLORENTINO    BARÓN   y  MARÍA  JOSEFINA  PATIÑO, el  Tribunal  Superior de Bogotá la confirmó mediante fallo del 16 de diciembre de  2010,  contra  el  cual  los  mismos sujetos procesales interpusieron recurso de  casación y allegaron oportunamente los respectivos libelos.   

LAS DEMANDAS  

          1.        Libelo  presentado en nombre de FLORENTINO  BARÓN FONSECA   

El  recurrente  formula  un solo cargo en el  cual  acusa  el  fallo de “HABER VIOLADO EL ARTÍCULO  29  DE  LA  CONSTITUCIÓN POLÍTICA Y LA LEY PROCESAL EN CUANTO A LA NULIDAD POR  OMISIÓN   DE  PRUEBAS  EL  CUAL  VIOLA  EL  DERECHO  DE  DEFENSA  Y  EL  DEBIDO  PROCESO”.   

Añade   que  propone  la  “VIOLACIÓN     DIRECTA     DE     LA     LEY    PROCESAL”.   

Luego de trascribir apartes del artículo 29  de  la  Carta  Política,  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura  y  de la Corte  Constitucional,  así como preceptos del Pacto de Nueva York sobre la violación  del   debido  proceso,  el  recurrente  aduce  que  no  fueron  practicados  los  testimonios  solicitados  por  la  defensa  y  pese  a que la profesional que le  precedió,  solicitó  la  nulidad de lo actuado, en la instancia se rechazó su  petición por extemporánea.   

Advera que debió practicarse “un  peritazgo  con las mismas condiciones ambientales, es decir, sin  luz     y     solamente,     como     dice     el    denunciante    ‘con    la    luz    de    la    luna  llena’”.   

También  dice  que su representado declaró  haberse  retirado del lugar de los hechos por temor a que lo golpearan, amén de  que  las  autoridades  de policía que intervinieron han debido conducir a todas  las  personas  a  la  Unidad  de  Reacción  Inmediata, dado que no contaban con  elementos ni facultad para dirimir la disputa.   

De  lo anterior concluye que “si   el   juzgador   de   segunda   instancia   hubiese   tomado  en  consideración  la  causal  de  nulidad  de  todo  lo actuado, dentro de la sana  crítica,  se  hubiese  percatado  que  todo el proceso estaba basado en pruebas  contaminadas  del  proceso  inicial,  ya que el juez estaba en la obligación de  recopilar  sus  propias pruebas, aun aquella prueba que debía ser recopilada en  el  lugar de los hechos a la hora de los mismos, esto es, a las 9:30 de la noche  y  solamente con la luz de la luna”, de manera que se  incurrió   en   “exclusión  evidente  de  pruebas  sustanciales  en  la  presente investigación, configurándose así la causal de  casación invocada”.   

          Entonces,  depreca  a  la  Sala casar la sentencia, para en su lugar  dictar  fallo  absolutorio  a  favor de su asistido en aplicación del principio  in dubio pro reo.   

2.             Demanda   presentada   en   nombre  de  MARÍA JOSEFINA PATIÑO OSORIO   

          El  recurrente  formula  tres  cargos  que propone y sustenta en los  siguientes términos:   

          2.1.                      Primer  cargo (Principal): Violación del debido  proceso y el derecho de defensa.   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de casación reglada en el  artículo   207   de   la   Ley  600  de  2000,  “en  concordancia  con  el  artículo  181  No.  2  de la Ley 906 de 2004”,  el  censor aduce que el Estado duró cerca de treinta y cuatro  meses  para  vincular  a  su  procurada,  de  manera  que no se le garantizó el  derecho  de  contradicción  de  las  pruebas y por ello se violó su derecho de  defensa,  así  como  las  formas  propias del juicio que corresponden al debido  proceso.   

          En  apoyo  de  su  planteamiento  cita  el  artículo 29 de la Carta  Política,  las Leyes 12 de 1972 y 74 de 1968, amén de los artículos 6º, 8º,  9º  y  13  de la Ley 600 de 2000, y 3º, 6º, 8º, 12, 15 y 26 de la Ley 906 de  2004.   

          2.2.                      Segundo cargo (Principal): Violación del debido  proceso por dilaciones injustificadas   

          Advera    el    recurrente    que   la   instrucción   se   dilató  injustificadamente  en  contra  de  lo  dispuesto en el Pacto de Nueva York y la  Convención  de  San  José  de  Costa  Rica, la Ley 600 de 2000 y la Ley 906 de  2004.   

          En  el  mismo  reproche  destaca  que  su  asistida es la compañera  sentimental  de  Hernando  Ramírez Vargas,  de  cuya  unión nació el menor Andrés  David,   pese   a   lo   cual,   cuando  MARÍA  JOSEFA  PATIÑO rindió testimonio  en   el   proceso   seguido   contra   aquél,  no  fue  advertida  del  derecho  constitucional que le asistía a no declarar contra su compañero.   

          También  dice  que  “después  de  tres  años   de   sucedidos   los  hechos  y  de  no  (sic)  haberse  adelantado la investigación sin su presencia  en  el proceso” fue vinculada mediante indagatoria en  forma  tardía,  de modo que fueron “cercenados todos  sus  derechos  fundamentales a una pronta y cumplida justicia, al debido proceso  y  al  derecho  a la defensa”, según lo ha señalado  la  Corte  Constitucional,  máxime si el término máximo de instrucción es de  dieciocho meses.   

          Considera  que  se “ha debido decretar la  nulidad  de  lo  actuado  desde  cuando  se venció el término de instrucción,  ordenar  cerrar la investigación y proceder a calificar el mérito sumarial con  las  copias  compulsadas, por cuanto no había otros elementos de prueba y si se  hubiera  actuado  en  consecuencia,  hoy  la  acción  penal  estaría  más que  prescrita”.   

          A  partir  de  lo  expuesto  depreca  “la  declaratoria  de  nulidad  de  todo  lo  actuado  a  partir  del vencimiento del  término  de instrucción, con el fin de que se rehagan las diligencias, de modo  tal  que  se  proceda  a  una  reparación  de los derechos conculcados y de las  garantías  que  fueron  desconocidas  durante  la instrucción, y se aplique la  sanción    a    la    actuación    procesal   que   deviene   nula”.   

          3.        Tercer  cargo  (Principal):  Falso  juicio de legalidad.           

          Advera  el actor que el fallo se sustentó en el acta testimonial de  su  asistida,  pese  a que ella no fue informada sobre el derecho constitucional  que   le   asistía   de   no   declarar   contra   su  compañero  sentimental,  “no se le advirtió que el hecho de tener un amante,  o  un  concubino  o  un  compañero  sentimental no es motivo de vergüenza o de  temor para negar el parentesco (sic)”.   

          Considera  que  la  referida  anomalía  imponía  la exclusión del  testimonio     y     sin     él,    el    motivo    de    este    averiguatorio  desaparecería.   

          Con  base  en  lo anotado solicita a la Sala casar el fallo atacado,  para  en  su  lugar  proferir  sentencia  absolutoria  a  favor  de MARÍA JOSEFINA PATIÑO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  dicho  la Sala que en la constatación de las exigencias para  concurrir  a este mecanismo impugnaticio extraordinario le corresponde verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus reproches con sujeción a los requisitos de  lógica  y  adecuada  argumentación definidos por el legislador y desarrollados  por  la  jurisprudencia,  a  fin  de  obviar  que este recurso extraordinario se  convierta  en una instancia adicional a las ya surtidas. Tales requerimientos se  orientan  a  conseguir  libelos enmarcados dentro de unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la postulación y desarrollo de los cargos propuestos, de suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros, pues no corresponde a la  Colegiatura  en  su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, este medio impugnaticio extraordinario procede contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos  “por los  tribunales   superiores   de   distrito   judicial   y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto) o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso  3º del artículo 205 del estatuto procesal penal  faculta  a  esta  Sala  para  admitir discrecionalmente los libelos de casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a   asegurar   la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  el  deber  de  acreditar   la   violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como demostrar su  desconocimiento en el fallo recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

         En  el  caso  objeto  de  estudio advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues      se     procede     por     el     delito     de     falso        testimonio    establecido    en    el  artículo  442  de  la Ley 599 de 2000,  cuya  pena  máxima  privativa  de  la  libertad  no  supera  los  referidos ocho (8) años dispuestos para  acceder a la casación común.   

         No   obstante,   los  defensores  no  se  refieren  de  manera  alguna a las razones dispuestas por el legislador para que  proceda  la  intervención  excepcional  de  la Corte en el asunto. Así  pues, no identifican en concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento, no dicen si sobre el particular ya hay jurisprudencia y, de  ser  así,  cuáles  son  las  decisiones  que  se  ocupan  del  caso y cómo se  relacionan  con  el  caso objeto de estudio, omisión que a la postre les impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite,  como  para  la solución de casos similares, de modo que ab  initio se encuentran serias falencias  en la presentación de los libelos.   

          Puede   verificarse   que   el   libelo   presentado  en  nombre  de  FLORENTINO  BARÓN adolece de  graves  inconsistencias,  pues  en  forma  sincrónica  postula la nulidad de lo  actuado  por  violación  del  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso, sin  percatarse  que  uno  y  otro corresponden a ámbitos diversos y delimitados. El  primero,  la  vulneración  del  debido proceso, constituye por regla general un  vicio  de  estructura (falta de competencia, pretermisión de las formas propias  del  juicio,  etc.),  en  tanto  que  el  segundo,  el  quebranto del derecho de  defensa,   engendra  afectación  de  la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que  fuera  claro  sobre  el  particular  en  su  planteamiento,  evitando su impropia formulación simultánea.   

Además,  no  procede a explicar la forma en  que  se produjo la violación del debido proceso, esto es, de qué manera fueron  socavadas  las  bases  y estructura del trámite; tampoco señala de qué manera  fue  violado  el   derecho  de defensa de su procurado, dado que, en virtud  del  principio de trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso,  la  simple  ocurrencia  de  la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

          Encuentra  la  Sala  que  el defensor falta a su deber de claridad y  precisión  en  la formulación del reproche, pues postula la violación directa  de  la  ley  procesal,  sin  tener  en cuenta que la causal primera de casación  cuerpo  primero,  alude es a la violación directa de la ley sustancial, máxime  si  en  el  reparo  no atina a señalar si echa de menos la práctica de algunas  pruebas,  o  por  el  contrario,  cuestiona su ponderación, con mayor razón si  invoca  el  principio  in  dubio  pro  reo  pero  no se detiene a señalar de qué manera tendría aplicación  en el asunto analizado.   

          En  cuanto  a  la demanda presentada por el defensor de MARÍA  JOSEFINA  PATIÑO encuentra la Sala  que  invoca  la  Ley 906 de 2004, sin tener en cuenta que si bien dicho precepto  es  similar  al  contenido  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, de  conformidad  con  el  artículo  553  de  aquella  legislación  sólo rige para  “los  delitos cometidos con posterioridad al primero  de  enero  de  2005”  en los distritos judiciales de  Armenia,    Bogotá,   Manizales   y   Pereira   (artículo   530   ibídem),   salvo,   desde   luego,   las  situaciones  en  las  cuales  se  imponga  aplicar  la  nueva  ley en virtud del  principio de favorabilidad.   

Por  tanto, si la conducta aquí investigada  aconteció  el  12  de abril de 2002, sin que se advierta que la Ley 906 de 2004  brinde  a  su  representada un tratamiento más benéfico en comparación con la  Ley  600  de  2000 respecto del recurso interpuesto, es claro que el trámite de  este  diligenciamiento  se encuentra gobernado por el estatuto procesal del año  2000.   

          Igualmente  se  observa  que  el  mismo sujeto procesal propone tres  cargos,  todos  como  principales,  en  manifiesto  quebranto  del  principio de  prioridad,  según  el  cual,  las  censuras deben ser presentadas conforme a su  cobertura  en  caso  de  prosperar, de manera que la de mayor efecto invalidante  será  la  principal  y  las  demás  tendrán  la calidad de sucedáneas, desde  luego,  también entre ellas deberá establecerse un orden de prioridad, pues no  corresponde    a    esta    Corporación    ordenar   los   reproches   de   los  recurrentes.   

          Además,    al    igual    que    el    defensor   de   FLORENTINO  BARÓN, invoca simultáneamente  la  violación  del  derecho  de  defensa  y  el  debido proceso, sin atender su  ámbito de protección.   

          No  señala de qué manera las dilaciones resultaron injustificadas,  y  lo  más  importante, no explica por qué la solución es decretar la nulidad  para  rehacer  la  actuación, pues evidente resulta que tal proceder demoraría  aún más el diligenciamiento.   

          Tampoco  se  esfuerza por indicar en concreto cuál fue el perjuicio  de  su  procurada  al ser vinculada, según su decir, de manera tardía, pues es  claro  que tuvo la oportunidad de ejercer sus derechos en debida forma y sin tal  agravio la denuncia casacional se torna infundada.   

En  el  tercer  reparo  invoca  un  error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  el  cual  tiene  lugar  cuando  los  falladores  al  apreciar  alguna  prueba la asumieron equivocadamente como legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias señaladas por el legislador para tener  tal  condición, o la descartaron aduciendo de manera errada su ilegalidad, pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su  práctica  o  aducción,  en  tal  caso,  era de su resorte identificar el medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal en este expediente, indicar las disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar  la  efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado;  ora, comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada,  deberes  que en este asunto no emprendió el libelista, en cuanto no  suministró  las  razones  de  su  aserto,  es  decir,  no  hizo explícitos los  argumentos  por los cuales considera que en esta actuación, no en aquella donde  tuvo lugar el falso testimonio, se cometió el yerro señalado.   

Así   las  cosas,  encuentra   la   Sala   que   si  los            censores    no  sujetan   sus           demandas  conforme a  las  referidas  exigencias  dispuestas, de una parte,  para  acceder  a la casación discrecional y, de otra, para postular y demostrar  los  reproches  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquellas,  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000  se  impone  de  plano la inadmisión de  los  libelos  en  tales      condiciones      presentados.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,  violación  de  derechos  o  garantías de  los            acusados,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        las  demandas   de  casación  interpuestas     por  los  defensores         de        FLORENTINO  BARÓN FONSECA y MARÍA  JOSEFINA  PATIÑO OSORIO, por las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                      SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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