36545(13-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36545   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                      Aprobado    acta    Nº  327   

Bogotá,  D. C., trece (13) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LEONARDO   TÁMARA   FLÓREZ,  contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Cúcuta, el 2 de noviembre de  2010,  mediante  la cual confirmó la proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  Adjunto  de la misma ciudad, 8 de junio del mismo año,  que  lo  condenó  como  coautor  de  la conducta punible de secuestro extorsivo  agravado   y   fabricación,   tráfico   y   porte   de   armas   de   fuego  o  municiones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                 

1.  Los primeros  fueron    sintetizados    por    el    sentenciador   de  primer  grado  de  la  siguiente manera:   

“Ocurrieron el 8 de agosto de 2007, a las  diez  y  treinta de la mañana aproximadamente, en la carretera que conduce a la  mina  San  José,  vía  San  Faustino  kilómetro  6,  cuando  cinco individuos  armados,   interceptaron   el  rodante  conducido  por  Juan  Carlos  Bermúdez,  procediendo  a  retenerlo,  iniciándose las exigencias económicas por parte de  los secuestradores, lográndose una negociación.   

“El  28  de  septiembre  a  la 1:45 de la  mañana,  se  tuvo conocimiento que el sujeto encargado de cuidar al secuestrado  había  salido,  por  lo  que se montó un puesto de control, ubicándose a Ever  Antonio  Contreras  Navarro,  quien  había  sido  señalado  por el informante,  movilizándose  éste en un taxi, en el cual se hallaron dos armas de fuego y se  retuvieron a su ocupantes”.   

2.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  General  de la Nación, el 3  de  junio de 2008, profirió resolución de acusación  contra,     entre    otros,    Leonardo    Támara  Flórez   por         los        delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o municiones, según lo preceptuado en los  artículos   170,   numerales   2°,   3°,   6°   y  8°  y  365  del  Código  Penal.   

3. El expediente pasó al Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de Cúcuta, autoridad que el 8 de junio de 2010, dictó  sentencia  de  primera instancia, en la que condenó al citado acusado a la pena  principal  de  30 años de prisión y multa equivalente a 5000 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, como coautor de las conductas punibles de secuestro  agravado   y   fabricación,   tráfico   y   porte   de   armas   de   fuego  o  municiones.   

4.  Apelado  el  fallo  por  los  defensores,  el Tribunal Superior de  Cúcuta,  el  2  de noviembre siguiente, al resolver el recurso, lo confirmó en  su integridad.   

Contra   la   anterior   providencia,  el  profesional  del  derecho  que  vela por las garantías fundamentales de Támara  Florez, recurrió en casación.   

S   Í  N  T  E  S  I  S    D  E  L   L I B E L O   

Considera que a su defendido se le vulneraron  derechos  fundamentales,  situación que condujo a que se desconociera el debido  proceso.   

A  continuación  procede  a  relacionar los  hechos,   a   partir   de  los  cuales,  en  lo  que  denominó  “Aparte  N°  1”,  hace un recuento  del  acontecer fáctico, en el cual trata de exculpar de todo compromiso penal a  Támara  Florez,  destacando  que  hay  contradicciones  entre las explicaciones  dadas por éste con las de Carlos Eduardo Rodríguez.   

El  desarrollo  que  el casacionista da a la  censura  y  respecto  de  este  acápite,  consiste  en  presentar  una personal  opinión,  con  relación  al  mérito  probatorio  que se le debe otorgar a los  plurales elementos de juicio, incorporados al diligenciamiento.   

En otro capítulo que llamó “Valoración  errónea  del  Aparte  1”,  indica  que  los  miembros  del  Gaula,  quienes  realizaron  los  seguimientos,  certificaron  no  haber visto a Leonardo Támara en los distintos lugares en que  presuntamente    estuvieron    los    sujetos    involucrados    en   el   hecho  delictual.   

Igual   situación  acontece  con  lo  que  denominó   “Valoración   Errónea   del   Aparte  2”,  en tanto dice que éstos no dijeron nada acerca  de las armas de fuego, porque no las portaban.   

En  el  “Aparte  3”,   sostiene  que  la  Fiscalía  anotó  que  se  conocían,    habida    cuenta    que    tenían    el   número   de   un   celular.   

En   los   otros   capítulos   llamados  “Apartes  4,  5,  6 7, 8, 9 10, 11 y 12”,  el  casacionista  procede  nuevamente  a realizar una crítica  probatoria,  con  relación  a  la  postura  que asumió el Fiscal, en cuanto al  mérito   dado   a   las   probanzas   y    el   compromiso   penal  de  su  representado.   

Agrega  que  las personas que realizaron los  seguimientos   fueron   claras  en  advertir  que   el  señor  Támara  no  participó  en  los  hechos  por los cuales fue condenado, para lo cual vuelve a  presentar  su  personal  postura  respecto  del  grado  de  credibilidad  de los  elementos  de conocimiento incorporados validamente a la actuación, apoyándose  igualmente   en   las   resoluciones   proferidas  por  la  fiscalía  y  demás  funcionarios que conocieron del trámite.   

Así   mismo,   critica   el   grado   de  coparticipación  atribuido  a  Leonardo  Támara  inferido por el sentenciador,  puesto que en su sentir, el mismo no se estructura.   

Estima  que de las probanzas emerge el grado  de  conocimiento  de duda, en torno a la responsabilidad de su defendido, motivo  por  el  cual  concluye que su procurado fue condenado por simples suposiciones,  reclamando,   por   tanto,   “Justicia”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la Ley 600 de 2000  

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  del  recurso,  al libelista compete elaborar la demanda bajo los  estrictos   parámetros   contemplados   en   la   ley   y   decantados  por  la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no  basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso,  se  cometió un error de derecho o de  actividad,  porque  debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia,  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De  acuerdo con los lineamientos fijados por  la  Sala,  es  bien  sabido  que este recurso constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la  legalidad  de  la  providencia. De ahí que la demanda  exija  cumplir  con  todas las formalidades estatuidas en el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  como quiera que en ella se debe señalar, de manera clara y  precisa,  la causal con la cual pretende la infirmación del fallo, argumentando  cómo   el  vicio  de  derecho  o  de  actividad,  según  el  caso,  conduce  a  resquebrajar la decisión.   

Calificación de la demanda  

De acuerdo con el resumen del libelo, resulta  evidente    que    no    reúne    los    mínimos    presupuestos    para    su  admisibilidad.   

Conforme  al  artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  se  advierte  que  en  el  extenso escrito el actor sólo cumplió con la  carga  de reseñar los hechos e indicar, en otro documento, que se apoyaba en la  causal  primera  de  casación,  pero no hizo el menor intento por distinguir si  acudía   a   la   vía  de  la  infracción  directa  o  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

Tampoco   ofrece  las  razones  que  pueda  inferirse  la anterior situación, así como la enunciación de la censura y los  argumentos  correspondientes, en orden a demostrar la existencia de un vicio que  inexorablemente  lleve  a  la  Sala  a  quebrar  la  sentencia, en los términos  señalados   en   el  artículo  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000.   

La anterior deficiencia no puede ser suplida  por   la   Sala,   en   virtud   del   principio  de  limitación  que  rige  la  casación.   

Además,  recuérdese  que  cada  motivo  de  vulneración  de  la  norma, conduce a que el demandante lo haga con estrictez a  los presupuestos de lógica y debida fundamentación, a saber:   

a)  Cuando  la  censura  se  postula  por el  sendero  de  la  transgresión directa, el libelista acepta que los hechos y las  pruebas  valoradas  en la sentencia, fueron correctamente apreciadas, razón por  la  cual,  el debate se circunscribe a la aplicación del derecho, sin que tenga  opción   de  cuestionar  aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los  elementos de juicio y el acontecer fáctico.   

          La  labor  de  demostración  de la trascendencia del yerro, tendrá  que  estar  sustentada en evidenciar cómo el juzgador seleccionó una norma que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el asunto, omitió otra que sí resolvía los  extremos   de   la   relación   jurídico   procesal  o,  habiéndola  escogida  correctamente,  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del texto de  la ley.   

b)  Por  su  parte,  en  tratándose  de  la  violación  indirecta  de  la  norma,  el actor acepta que el error del juzgador  ocurrió  de  manera  mediata, es decir, en la elaboración del juicio de hecho,  derivado  de  vicios  en  la  apreciación  de  la  prueba,  falencia  que se ve  reflejada en la aplicación del derecho.    

En   el   plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar en qué consistió el vicio en la valoración de  los  medios  de  convicción,  es decir, si fue de hecho o de derecho y el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Y por último, evidenciar cómo la mencionada  equivocación  incidió  en  la  aplicación del derecho, en la medida en que se  seleccionó  una  norma  no llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que  sí    resolvía    todos    los    extremos    de    la   relación   jurídico  procesal.   

De tal manera, como se enunció, del confuso  escrito  no  se  puede inferir en qué consistió el presunto desatino que se le  atribuye  al  juzgador,  en  la  medida  en  que la fundamentación del reproche  derivó  en  unas  personales conclusiones probatorias, obviamente en contravía  de  lo  plasmado  en  la  providencia  impugnada, con relación a la manera como  ocurrió  el  hecho  delictual,  la  participación  del acusado en el mismo, la  ausencia de medios de conocimiento para condenar, etc.   

Por   tanto,   ante  esa  discrepancia  de  criterios,  vale  recordar  que  no  se  erige  en  motivo  para  acudir en sede  extraordinaria  de  casación,  en  tanto  el  juzgador  goza  de  libertad para  justipreciar  los  medios  de  convicción,  sólo  limitado  por las reglas que  informan  la sana crítica, cuyo desconocimiento sí se constituye en causal, en  orden  a  postular  el  reproche, a través de la violación directa de la norma  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  evento  que aquí no  acudió.   

          En  tales  condiciones,  deviene necesariamente la inadmisión de la  demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación, se hayan violado otros  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga  superar los defectos de la demanda, en orden a decidir de fondo, según  lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   por   el  defensor  de  Leonardo Támara Flórez.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                                  SIGIFREDO       ESPINOSA  PÉREZ                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS           

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                                                                   Secretaria   

    

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