36521(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36521  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  260  

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de julio de  dos mil once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Pedro  Antonio  Triviño  Herrera,  Jeiner  Duván  Viteri  Caicedo, Juan Carlos  Ramírez  Villamíl  y Jaidy  Méndez  Dussán  contra  la  sentencia dictada por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  22  de  febrero  de 2011, mediante la cual  confirmó  parcialmente  la  proferida  por  el  Juzgado  Veintiséis  Penal del  Circuito  con función de conocimiento de la misma ciudad, que los condenó como  coautores  de  los  delitos  de  captación masiva y habitual de dinero y estafa  agravada.   

HECHOS  

                                     

Fueron   sintetizados   de   la  siguiente  manera:   

“Los  hechos  acaecieron  entre el 12 de  diciembre  de  2007  y  el mes de febrero de 2008, durante el cual PEDRO ANTONIO  TRIVIÑO  HERRERA,  JEINER DUVÁN VITERI CAICEDO, JUAN CARLOS RAMÍREZ VILLAMÍL  y  JAIDY  MÉNDEZ  DUSSÁN,  a través de la firma CENTRAL DE INVERSIONES EN RED  PARA  EDUCACIÓN  LTDA.  (CINRED LTDA.), ubicada en la calle 19 No. 6-68 de esta  ciudad,  con  el  objeto  social de asesoría, compra y venta de bienes raíces,  compra,    construcción,    remodelación,    arrendamiento,   administración,  asesoría,  representación  de  pequeñas  y  grandes  inversiones, asesoría y  representación  en  importación  de  bienes  y servicios, comercialización de  productos  y  servicios  a  través  del  sistema  multinivel,  capacitación  y  orientación  para  el  desarrollo  de  soluciones financieras a nivel personal,  empresarial,  captaron  de  manera  masiva  y  habitual  dineros  del  público,  mediante  un  procedimiento  no  autorizado  por  la  ley, por medio del cual se  prometieron rendimientos insostenibles a largo plazo.   

“Fue  así  como,  de  acuerdo  con visita  efectuada  por  la  Superintendencia Financiera de Colombia, practicada el 21 de  noviembre  de  2008 a las instalaciones de la CENTRAL DE INVERSIONES EN RED PARA  EDUCACIÓN  LTDA.  (CINRED  LTDA.), se evidenció existencia de base de datos de  aproximadamente  24.000  registros,  que  contenían  datos  como nombres de las  personas vinculadas, su dirección, la fecha, sus teléfonos.   

“Se  definió  igualmente que los acusados  PEDRO  ANTONIO  TRIVIÑO  HERRERA,  JEINER  DUVÁN  VITERI  CAICEDO, JUAN CARLOS  RAMÍREZ  VILLAMÍL y JAIDY MÉNDEZ DUSSÁN, a través de CINRED LTDA., captaron  dineros,  prometiendo  a los inversionistas que allí acudían contraprestación  constituida  en  el  pago  de intereses y capital invertido en el término de un  mes,  mediante  la  modalidad que cada inversionista llevaba un millón de pesos  que  equivalía  a  un (1) cupo, de los cuales $150.000 pesos eran entregados en  las  instalaciones  de  la empresa, por los cuales se daba un recibo, y el saldo  por  valor  de $850.000 pesos por directrices de esa empresa, debía consignarlo  a  un  número de cuenta bancaria que la misma empresa le proporcionaba, la cual  correspondía  a  un inversionista que se encontraba en nivel superior a él, de  esta  manera  PEDRO ANTONIO TRIVIÑO HERRERA, JEINER DUVÁN VITERI CAICEDO, JUAN  CARLOS   RAMÍREZ   VILLAMÍL   y   JAIDY   MÉNDEZ  DUSSÁN  prometían  a  los  inversionistas  que  después  de realizados esos pasos y que cuatro personas en  un  mes  le  consignaran  dineros en su cuenta, recibiría la suma de $3.400.000  pesos,  lo  cual  le  permitió  a esa empresa llegar a tener entre diciembre de  2007   a   febrero   de   2008,   28.000   personas   vinculadas  a  ese  ilegal  sistema”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación   contra  Pedro  Antonio  Triviño  Herrera,  Jeiner  Duván Viteri Caicedo, Juan Carlos Ramírez  Villamíl  y  Jaidy  Méndez  Dussán   por  los  delitos  de  captación  masiva  y  habitual de dinero y estafa agravada.   

2.  En  virtud  a  la aceptación de cargos  hecha  por  los  acusados  en  la  audiencia  de formulación de imputación, el  Juzgado Veintiséis Penal del Circuito con función de  conocimiento  de  Bogotá, el 17 agosto de  2010,  dictó  sentencia  de  primera  instancia  en  la  que  condenó  a Pedro  Antonio  Triviño Herrera, Jeiner Duván Viteri Caicedo, Juan  Carlos  Ramírez  Villamíl  y  Jaidy     Méndez    Dussán    a   las  penas  principales  de  96  meses de prisión y multa de 2120  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  privativa  de la libertad, como coautores de las conductas  punibles   de  captación  masiva  y  habitual  de  dinero  y  estafa  agravada.   

3.  Apelado el fallo por los defensores, el  Tribunal   Superior  de  Bogotá,  el  22  de  febrero  de  2011,  lo  modificó  parcialmente,  en  tanto   los condenó a la pena de prisión de 56 meses y  26  días  y multa de 1626,5 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria  antes  referenciada  por  el  mismo  lapso  de  la  privativa  de  la  libertad.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica de los sentenciados presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

Al  amparo de la causal primera de casación  presenta un  reproche, así:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley  sustancial,  al  “deducir concurso  material  con  estafa  cuando  ha  debido  absolverse  por  esta  infracción  y  refrendar los cargos por captación ilegal de ahorro”.   

Anota  que  los juzgadores se limitaron a un  trámite  formal,  dado  que  sólo constataron que la aceptación de cargos fue  libre  y  voluntaria,  pero  no establecieron la imposibilidad de concurso entre  captación  ilegal  de ahorro y estafa, vulnerándose la legalidad, la tipicidad  y el debido proceso.   

Aduce  que  no habían suficientes elementos  jurídicos  para sustentar el delito de estafa, “así  los     incriminados     hubiesen     aceptado     los     cargos    por    esta  infracción”.   

Sostiene  que  no propone una retractación,  toda  vez que sigue aceptando la coparticipación  en los hechos, pero dice  que  la  conducta  no constituye simultáneamente dos infracciones penales, pues  ello  sería  desconocer  el  principio  del non bis in  idem.   

Reitera que se debió absolver por el punible  de   estafa   y   manifiesta  que  los  juzgadores  incurrieron  “en  error  de  involucrar  a  Jeidy  Méndez  Dussán  en  todos los  acontecimientos  que  se  le  atribuyen  a  los demás indiciados a pesar de que  está  clarificado  que  no  estuvo  en  los  inicios  de la primera empresa, lo  indiscutible  es  que  los  imputados  aceptaron captación masiva y habitual de  dinero  del público con prolongación en el tiempo y pluralidad de operaciones.  Pero  con  el  consentimiento  de todos los ahorradores, porque no hay prueba de  que alguno de ellos haya sido inducido en error”.   

Recalca   que   jamás   los   procesados  desarrollaron  actividades  subjetivamente  dirigidas  a  engañar a nadie,  máxime  cuando éstos y los ahorradores actuaron bajo la creencia de un negocio  rentable, que tenía riesgo.   

Después  de  enunciar  a  un  tratadista  y  reseñar  jurisprudencia  de  la Corte Constitucional, comenta, entre otros, que  la  sola  noticia sobre la imposibilidad del engaño destruye la estafa, pues el  error  debe  ser totalmente generado por el ardid del otro, la víctima debe ser  trabajada  y  para que exista  este  delito  no  basta  cualquier  error,  sino  que debe ser capaz de mover su  consentimiento,  de  tal  suerte  que  sin  él,  ella  no  hubiese entregado la  cosa.   

Advierte que el juez debe valorar en conjunto  los  medios  de  prueba,  la  evidencia  física  y  la  información legalmente  obtenida.  Insiste  en  que para condenar se requiere conocimiento más allá de  toda duda, acerca del delito y la responsabilidad del acusado.   

Reitera  que  sólo era posible condenar por  captación  ilegal  e  imponer  absolución  por  estafa, error que vulneró los  artículos  31,  246 y 267, numeral 1°, por aplicación indebida, y 8°, 38, 68  del   Código   Penal   y   381   de   la   Ley   906  de  2004  por  exclusión  evidente.   

Por  lo  expuesto, solicita  a la Corte  casar    la    sentencia    impugnada    y,   en   su   lugar,   “revocar     la     condena     impuesta    por    estafa”.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En  el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar    los    correspondientes    cargos    y,   por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que, como lo tiene dicho la Sala, son los mismos del proceso penal,  lo  que  explica  que  las  causales  de  casación tengan un diseño dirigido a  lograr esos fines.   

De ahí que la Sala hubiese dicho que,   “el     recurso     extraordinario   de   casación  no  puede  ser interpretado sólo desde, por  y  para  las  causales,  sino también desde sus fines, con lo cual adquiere una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.  En  primer  lugar,  se  hace  necesario  establecer  si  la  defensa  de los procesados tiene interés para acudir a esta  sede, en tanto los acusados aceptaron la comisión de los hechos.   

Recuérdese que el  interés   para   recurrir  se  erige  en  un presupuesto para el legítimo ejercicio de la impugnación, al  concebirse  en  su acepción más reconocida como condición procesal del sujeto  habilitado  para  impugnar,  indispensable  en  el  propósito  de  controvertir  válidamente  una decisión  judicial,    en    las  oportunidades y por las razones previamente señaladas en la ley.   

Esta  conceptualización  del  interés  es  genéricamente  predicable,  tanto  de  los  recursos ordinarios como del extraordinario de casación, por lo  que    es    siempre    imperativo    observar    en    primer    término    su  concurrencia.     De     ahí     que   surge  necesario constatar, de una parte, que por su origen  y  presupuesto  sólo puede servir al cometido de reparar un perjuicio o agravio  que  se  le  haya  ocasionado  al  inconforme  y complementariamente, en algunos  casos,   que   el   objeto   del   reparo  no  esté  excluido  como  motivo  de  ataque.   

En  relación  con  este  último  aspecto y  concretamente   con   miras  a  dilucidar  la  legitimación  para  recurrir  en  casación,  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, tuvo a bien señalar que  están  legitimados  quienes tengan interés jurídico a efecto de propender por  lograr  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes  en  el  proceso  penal  y  la  consiguiente  reparación  de los  agravios que les hayan sido inferidos.   

Dicho interés, para poder acudir al recurso  extraordinario  de  casación  en  actuaciones  adelantadas con fundamento en el  sistema  procesal  acusatorio,  expresa un tratamiento diferenciador tratándose  de  aquéllas  hipótesis  en  que  el  indiciado  acepta  la  imputación y los  procesos  que  culminan  una  vez  agotado el trámite ordinario que prosigue al  juicio oral.   

En  el  caso,  cuando el indiciado acepta la  imputación,  la  propia  ley excluye la posibilidad de la retractación, acorde  con  lo  prevenido  por  el  artículo  293 de la Ley 906 en comento, cuyo tenor  señala:   

“Artículo 293.  Procedimiento   en   caso   de   aceptación   de   la  imputación.  Si  el  imputado,  por  iniciativa  propia  o  por  acuerdo con la  Fiscalía  acepta  la  imputación,  se  entenderá que lo actuado es suficiente  como acusación.   

“Examinado  por el juez de conocimiento el  acuerdo  para  determinar  que  es voluntario, libre y espontáneo, procederá a  aceptarlo  sin  que  a partir de entonces sea posible la retractación de alguno  de  los  intervinientes,  y convocará a audiencia para la individualización de  la pena y la sentencia”.   

En   forma   tal,  el  allanamiento  a  la  imputación,  en tanto medie la plena preservación de las garantías procesales  en  los términos indicados, no admite posibilidad alguna de su retractación y,  por  tanto,  una proposición semejante en orden a la incoación de recursos que  impliquen  dicho efecto, han de reputarse carentes de interés jurídico para su  postulación.   

3.  En el supuesto que ocupa la atención de  la  Sala,  resulta  fácil advertir que el censor carece de interés para acudir  en  sede  de casación, habida cuenta que con el único cargo que postula contra  la  sentencia  de  segunda instancia, pretende retractarse de la aceptación que  los  sentenciados, de manera libre, voluntaria y debidamente asistidos, hicieron  respecto  de  la  conducta  punible  de  estafa  agravada,  en  la  audiencia de  formulación de imputación.   

La Corte arriba a la anterior conclusión, en  la  medida  en  que  el  discurso  argumentativo  tiende a atacar los hechos, en  cuanto  a  que  los sentenciados no realizaron maniobras a fin de engañar a las  víctimas,  pues  las  operaciones  de  captación  de  dinero  las hicieron con  consentimiento   de   los   ahorradores,   para   seguidamente  concluir  en  la  inexistencia del punible de estafa.   

Es   decir,   amparado   en  una  presunta  infracción  directa  de  la  ley sustancial, desconoce la existencia del delito  citado,  avasallando,  como se advirtió,  el principio de no retractación  que rige el instituto de allanamiento a cargos.   

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los procesados  Pedro  Antonio  Triviño Herrera, Jeiner Duván Viteri  Caicedo,  Juan  Carlos Ramírez Villamíl y   Jaidy   Méndez   Dussán   procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Pedro  Antonio  Triviño Herrera, Jeiner Duván Viteri Caicedo, Juan  Carlos  Ramírez  Villamíl  y  Jaidy Méndez Dussán.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO            SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                           MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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