36508(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36508  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                            Aprobado acta N° 331.   

Bogotá, D. C., catorce (14) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de  WILLIAM RUIZ SILVA contra  la  sentencia  del 6 de diciembre de 2010, mediante la cual el Tribunal Superior  de  Bogotá confirmó el fallo condenatorio proferido el 9 de abril anterior por  el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  descongestión  de  la misma sede,  modificándolo  en  el  sentido  de imponer al procesado la pena principal de 58  meses  y  15  días  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como autor  responsable  del  delito  de  actos  sexuales  con  menor de catorce (14) años,  agravado.   

HECHOS  

          Los  sentenciadores  de  instancia  declararon  probada la siguiente  situación fáctica:   

          En  diciembre  del  año  2002,  cuando  la menor Z.C.M.1 contaba con 12  años   de   edad,   WILLIAM  RUIZ  SILVA,  quien  convivía  con  la  mamá  de  la afectada en una vivienda  ubicada  en  esta  ciudad,  luego  de  hacerla  acostar  en la cama, le realizó  tocamientos  en  sus  partes  íntimas  tanto  con sus manos como con su miembro  viril.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de la Fiscalía Seccional de Bogotá, cuyo titular inicialmente adelantó  investigación  previa,  etapa  ordenada  mediante  resolución del 4 de mayo de  2004.  Culminada  la  misma, el funcionario judicial decretó en decisión del 8  de  noviembre  de  2006 la iniciación de instrucción penal, en cuyo desarrollo  escuchó  en declaración de indagatoria a WILLIAM RUIZ  SILVA.   

2. El 12 de junio de 2007 el fiscal delegado  decretó  el  cierre  de la investigación, profiriendo el 24 de julio siguiente  resolución  de  acusación  en  contra  de  RUIZ SILVA  por  el punible de actos sexuales con menor de catorce  años,  agravado de conformidad con el numeral 2º del artículo 211 del Código  Penal  (ostentar  posición que le daba particular autoridad sobre la víctima).  Por  apelación  de  la defensa, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de  Bogotá  confirmó  el pliego acusatorio, según proveído del 31 de octubre  del precitado año.   

3.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juzgado  Treinta  y siete Penal del Circuito de esta ciudad, en cuyo  desarrollo  llevó a cabo las audiencias preparatoria y pública de juzgamiento,  tras  lo cual el funcionario judicial remitió la actuación procesal al Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  Descongestión, cuyo titular puso término a la  instancia  mediante la sentencia del 9 de abril de 2010, condenando al acusado a  la  pena  de  60  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término.   

4.  Al desatar la apelación interpuesta  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  en  decisión  del 6 de  diciembre  postrero,  confirmó la condena, pero modificó las penas principal y  accesoria para fijarlas en 58 meses y 15 días.   

5. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación, el cual  sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  anuncia formular un único cargo contra la sentencia  del  Tribunal,  a  cuyo  amparo  acusa al Tribunal de violar directamente la ley  sustancial,   aun   cuando   a   renglón   seguido   le   atribuye  transgredir  indirectamente,  por  falta  de aplicación, los artículos 31, 209, 211.4 y 237  del  Código Penal, así como los artículos 232, 233, 237, 238, 277 y 284 a 287  del Código de Procedimiento Penal.   

          Más  adelante,  sin  embargo,  denuncia la violación de garantías  fundamentales,  para cuya demostración, según precisa, anuncia la postulación  de  un  cargo principal y tres cargos subsidiarios, todos al amparo de la causal  tercera del artículo 207 de la Ley 600 de 200.   

          En  seguida  el  actor  señala que los juzgadores se equivocaron al  apreciar  la  prueba,  incurriendo  en  falso juicio de existencia por omisión,  falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

          Al     emprender     la     demostración     del    “cargo”, atribuye al Tribunal incurrir en  falso  raciocinio  frente  al  testimonio de la menor y de su señora madre, los  cuales,  dice, son mentirosos y contrarios a lo realmente ocurrido. Al respecto,  denuncia   “una   violación   al   debido  proceso  constitucional  y  legal  por  falta  de  valoración  del  medio  de prueba que  determina el sentido del fallo”.   

          Según  el libelista, en este caso no concurren las pautas referidas  por  la  jurisprudencia  para llegar a la certeza del hecho y la responsabilidad  del      infractor,      esto      es,     existencia     de     “incredibilidad  derivada  de  un  resentimiento  por  las relaciones  agresor-agredido”,  “que  la  versión  de  la  víctima  tenga  confirmación  en  las circunstancias que  rodearon     el    acontecer”    y    “la persistencia en la incriminación”.   

          Considera,  de  otra  parte,  que  en  la  actuación  se  violó el  principio  de  investigación  integral,  al  no  observarse  integralmente  las  pruebas  incorporadas  o dejarse de practicar algunas. Se queja, posteriormente,  de  haberse  dado  únicamente  credibilidad a la menor y a su señora madre, lo  cual  es  violatorio del debido proceso. En ese sentido, estima que en los autos  surge  una  duda  insalvable, pues dichas pruebas no generan credibilidad, amén  de   que  el  dictamen  de  Medicina  Legal  descartó  el  abuso  sexual.    

          Después  de  recordar que el proceso penal se rige por el principio  de  libertad  probatoria y por el método de la libertad reglada en lo tocante a  la   apreciación  de  las  pruebas,  acusa  al  juzgador  de  no  cumplir  esos  parámetros legales.   

Sobre el particular, insiste en señalar que  los  hechos  denunciados no han ocurrido, pues la menor es como si fuera la hija  del  procesado  “y  así  la crió y siempre ha sido  cabeza  de  familia y a pesar de no ser su hija la ha tenido y dado cariño como  tal   y   jamás   ha   atentado   con  ningún  acto  en  contra  de  su  menor  hija…”.   

          Recalca  también  que  la única prueba en contra del acusado es la  declaración  de la menor, quien la rindió obligada por su señora madre. Así,  se  pregunta  por qué no se denunciaron los hechos una vez sucedieron y además  por  qué  los  puso en conocimiento una persona extraña a los mismos. En suma,  insiste,  no  se  puede  otorgar  credibilidad a ese testimonio, como tampoco al  examen  psicológico realizado a la niña. Por lo demás, es del criterio que la  responsabilidad  del  procesado  no  resulta  viable derivarla de sus respuestas  evasivas.   

          Haciendo  alusión  a  los  principios  de contradicción, defensa e  imparcialidad  y  citando  decisión  de  la  Corte  Constitucional acerca de la  aplicación   del   in  dubio  pro  reo  cuando  se  procede  por  delitos sexuales cometidos contra menores,  concluye  señalando  que si el sentenciador hubiese tomado en consideración la  causal  de  inculpabilidad concurrente, analizado a fondo la condición personal  del  procesado  y  advertido  que  los  testimonios  de  cargo  son acomodados y  mentirosos,    no    lo    habría    hallado   responsable   de   la   conducta  imputada.   

          De  esa  manera,  solicitó  casar  el  fallo  impugnado para, en su  lugar, absolver al acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         La  demanda  instaurada  por  el defensor del procesado WILLIAM  RUIZ  SILVA  será inadmitida, por  las siguientes razones:   

         

De  acuerdo   con lo previsto el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trata  de delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  la casación discrecional al demandante le  corresponde     exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista  se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido2.   

         En      el      caso     objeto    de    examen,   el  recurso  sólo  procedía  por  vía  discrecional o excepcional,  pues  el  delito  por  el cual se dictó la sentencia  tiene  señalada  pena  de prisión cuyo máximo no excede de ocho (8) años. En  efecto,  el  ilícito  de  actos sexuales con menor de  catorce  (14)  años está contemplado en el artículo  209  del Código Penal de 2000, norma que lo  sanciona  con  prisión de 3  a   5  años,   extremos   punitivos   que  se  incrementan  de una tercera parte a la mitad por concurrir  la  agravante prevista en el numeral 2º del artículo  211  ibídem,  para  quedar el mínimo en 4 años y el  máximo en 7 años y 6 meses.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía  excepcional.  Se  abstuvo  así  de  explicarle  a la Corte si pretende el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o si su aspiración es obtener la protección  de garantías fundamentales.   

         En  actor,  por tanto, no hizo  ningún  esfuerzo  para persuadir  a  la  Sala  sobre  la  necesidad  de admitir el libelo,  y  si  bien en algunos  de  los  apartes del mismo alude  al   desconocimiento  de  principios  tales  como  el  in        dubio       pro       reo,     la  investigación       integral,      contradicción,     defensa     e    imparcialidad,    lo   cierto   es   que   los  vincula  a  la       controversia      probatoria  planteada   en   la   demanda,   sin   acometer  la  tarea de acreditar la vulneración de esas garantías  fundamentales  y la incidencia de dicho quebranto frente a la decisión adoptada  por  los  falladores  y  sin que el ataque,  de otro lado, aluda a la existencia de  defectos   graves   de   motivación,   única   eventualidad   en   la   cual  resulta  dable  afirmar  la  vulneración   de  derechos  superiores  por   la   configuración   de   vicios  in  iudicando, como    reiteradamente    lo    ha    dicho   la   Sala3.   

          Más  aún,  los  cargos  en  concreto  formulados  no  se allanan a  cumplir  las  pautas  de  fundamentación  exigidas por la ley procesal y por la  jurisprudencia  de  la Sala, cuya satisfacción resulta insoslayable aún en los  casos  de  casación  discrecional,  como  está previsto en el inciso final del  artículo 205 arriba citado.   

          En  efecto,  desde cuando el censor empieza a fundamentar la demanda  genera  perplejidad  acerca  del  número de cargos formulados y de las causales  sobre  las  cuales  apoya  los  mismos.  Es  así  como  inicialmente anuncia la  presentación  de un único cargo, pero más adelante sostiene que postulará un  cargo  principal y tres subsidiarios por violación de garantías fundamentales.   

De igual manera, primero acusa al Tribunal de  violar  directamente  la  ley  sustancial, para inmediatamente después señalar  que  tal  violación  proviene  de  la  trasgresión  indirecta,  por  falta  de  aplicación  de  algunas  normas  legales,  entre las cuales, dicho sea de paso,  menciona  los  artículos 31 y 237 del Código Penal, que prevén el concurso de  hechos  punibles  y  el  delito  de incesto, ataque por completo incomprensible,  pues  esas  figuras delictivas no sólo no fueron consideradas en el fallo, sino  que  la  pretensión  del  libelista comportaría desfavorecer la situación del  procesado, frente a lo cual no le asiste interés jurídico.   

La  confusión  es mayor en torno al segundo  tema  antes  tratado,  porque  posteriormente  el  actor  advierte  que el cargo  principal  y los tres subsidiarios los formulará al amparo de la causal tercera  de casación.   

Aun  cuando  las  violaciones  directa  e  indirecta  están  contempladas  en  la causal primera de casación, se trata de  motivos  de  impugnación  extraordinaria distintos, pues mientras en la primera  al  demandante  le corresponde proponer una discusión netamente jurídica, para  lo  cual  está  obligado a aceptar los hechos tal como los declaró probados el  fallador,  sin que pueda controvertir el mérito asignado por éste a los medios  de  convicción,  en la violación indirecta, en cambio, el ataque sí comprende  la valoración persuasiva de las pruebas realizada por el juzgador.   

          Pero,  como  se  dijo,  el  actor no sólo alude a la causal primera  sino  también  a  la  tercera,  la  cual  contempla como motivo de casación la  existencia   de   nulidad   procesal,  que  reviste  naturaleza  diversa  a  las  violaciones directa e indirecta.   

          De   todas   formas,  observa  la  Sala  que  el  libelista  tampoco  estructuró  adecuadamente  ninguno  de  los  motivos  casacionales  anunciados,  porque  si  bien,  luego  de  dar tumbos sobre el número de cargos y causales a  invocar,  acusó  al  Tribunal  de  incurrir  en  falso juicio de existencia por  omisión,  falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio, al desarrollar la  postulación  solamente hizo mención al último de esos errores, aun cuando sin  indicar  los  principios  de  la  sana  crítica,  es  decir,  las  reglas de la  experiencia,  los  postulados  lógicos  o las leyes de la ciencia, desconocidas  por  el  fallador, ni explicar la trascendencia del yerro, carga argumentativa a  cumplir cuando se acude a esa modalidad del error de hecho.   

          Contrariamente,  el  censor  se dedica a presentar su propia visión  sobre  el  poder persuasivo del acervo probatorio, señalando que las pruebas de  cargo  no  ofrecen  credibilidad,  pretendiendo  de  la Corte acepte su punto de  vista  y  deseche  el  del  juzgador,  con  lo  cual  olvida  que  ese  tipo  de  controversias  de  naturaleza  probatoria  están  vedadas en sede de casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad de que está revestida la  sentencia impugnada.   

          Más  aún,  en  la  fundamentación  del  reproche  incurre  en  la  desatención   de   algunos   de   los   principios  que  gobiernan  el  recurso  extraordinario,  como  el lógico de no contradicción y el de autonomía de las  causales,  el primero porque para sustentar el falso raciocinio predica la falta  de  valoración de los medios de prueba, negando con esto último el presupuesto  del  cual  partió,  es  decir,  que  sí  se  valoraron,  aun  cuando de manera  indebida.   

          Y  el  segundo,  por cuanto adujo simultáneamente la violación del  principio  de investigación integral, mezclando en el ataque argumentos propios  de  otro  motivo  de casación (nulidad), olvidando que el sustento del reproche  se debe corresponder con la causal invocada.   

          Los  defectos  de fundamentación advertidos en la demanda conducen,  en suma, a su inadmisión y en ese sentido se pronunciará la Sala.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  WILLIAM RUIZ SILVA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

                      

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   Como   esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el nombre de las menores afectadas, de conformidad con lo  establecido  en  el  numeral  8º  del  artículo  47  de la Ley 1098 de 2006 ó  Código de la Infancia y Adolescencia.   

2 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

3 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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