36462(08-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 36462  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 193.  

Bogotá,  D.C.,  ocho  de  junio  de dos mil  once.   

V I S T O S  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  discrecional  por  cuyo medio el  defensor  de  OSCAR CRUZ CONTRERAS, dice sustentar el recurso extraordinario que  interpuso  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  por  la Sala de  Decisión  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pamplona (Norte  de  Santander),  el 16 de diciembre de 2010, mediante la cual confirmó el fallo  emitido  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de esa ciudad, el 1° de junio del  mismo  año, condenando al mencionado procesado, como responsable de los delitos  de  homicidio  y lesiones personales, ambos en la modalidad culposa, a las penas  principales  de  2  años  y  3 meses de prisión, multa por el equivalente a 20  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  privación  del  derecho a  conducir  vehículos  automotores  por  el término de 3 años y 3 meses; y a la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas    por   el   mismo   lapso   de   la   sanción   privativa   de   la  libertad.   

H E C H O S  

En el fallo de primer grado, fueron narrados  así:   

“Se  sabe que el 12 de febrero de 2004, a  eso  de las 6:20 de la tarde, en la vía que de Pamplona conduce a Cúcuta, más  exactamente  en la vereda Lobatica, sitio conocido como Palermo, kilómetro 103,  450  mts.  colisionaron  los  vehículos  campero  Willis,  servicio particular,  modelo  1959, de palcas ITJ-288 conducido por OSCAR CRUZ CONTRERAS, y el camión  Ford,  modelo  1959, de placas XKC-771 servicio público, afiliado a transportes  Domingo  Pérez  Ltda.,  conducido por RAFAEL DAVID HERNÁNDEZ VELÁSQUEZ, donde  perdió  la  vida  el  menor  MARLON  GÓMEZ  BARROSO y lesionados JORGE DELGADO  ÁLVAREZ, LEONORA ROSALINA DURÁN RANGEL y DORA LUCÍA MÉNDEZ”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por  los hechos anteriores, el 13 de febrero  de  2004 la Fiscalía Segunda Seccional de Pamplona (Norte de Santander) ordenó  la  apertura  del  proceso  y  la  vinculación de OSCAR CRUZ CONTRERAS y Rafael  David   Hernández  Velásquez,  quienes  fueron  escuchados  en  diligencia  de  indagatoria el 19 de los mimos mes y año.   

Clausurada  la  fase  instructiva  el  23 de  febrero  de  2006,  el  ente  instructor  calificó  su  mérito  el  11 de mayo  siguiente,  profiriendo  resolución  de acusación en contra de CRUZ CONTRERAS,  por   el  concurso  de  conductas  punibles  de  homicidio  culposo  y  lesiones  personales  culposas,  en  tanto  que,  por  los  mismos  ilícitos precluyó la  instrucción a favor de Hernández Velásquez.   

El proveído acusatorio fue confirmado por la  Fiscalía  delegada  ante  el Tribunal Superior de Cúcuta (Norte de Santander),  en decisión de segunda instancia del 4 de diciembre de 2008.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Pamplona,  despacho que luego de realizar las  audiencias  públicas  de preparación –el    10    de   marzo   de   2009-   y   juzgamiento   –el   18  de  mayo  de  2010-,  dictó  sentencia  el  1°  de  junio  de  esa  anualidad,  condenando al sindicado CRUZ  CONTRERAS,  como  autor  de los delitos contenidos en el pliego de cargos, a las  penas  principales y accesoria reseñadas en la parte inicial de este proveído.  De  igual modo, lo condenó al pago de perjuicios a favor de las víctimas, y le  otorgó  el beneficio sustitutivo de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

Apelado el fallo por el defensor del acusado,  la  Sala  Única  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pamplona lo  confirmó  íntegramente el 16 de diciembre siguiente, mediante la sentencia que  posteriormente    fue    recurrida    en   casación   por   el   mismo   sujeto  procesal.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Advirtiendo  que  la  casación discrecional  procede   para   “la  garantía  de  los  derechos  fundamentales”   del   sindicado,  a  quien  se  le  desconoció  el  debido  proceso  por “inaplicación  del  principio  de  la  duda”,  un  cargo postula el  defensor  de  OSCAR  CRUZ  CONTRERAS  en contra de la sentencia del Tribunal, el  cual rotula y desarrolla de la siguiente manera:   

Cargo único: error de hecho por falso juicio  de identidad.   

Con  fundamento  en  el  numeral  1°  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el casacionista acusa a la providencia del  ad  quem  de  haber violado  indirectamente  la  ley  sustancial, por falta de aplicación del inciso 2° del  artículo  7°  de  esa normatividad, el cual consagra el principio procesal del  in  dubio  pro reo, dimanado  del derecho fundamental al debido proceso.   

En  concreto, señala que se incurrió en un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  producto  de la equivocada  valoración  de  la  prueba, especialmente del testimonio de Fairi Lorena Jaimes  Lindarte,  a  quien se le dio plena credibilidad, no obstante ser contradictorio  y  haber  realizado  manifestaciones  “fincadas  en  simples  lucubraciones  o  suposiciones”, respecto a  las    circunstancias    que    rodearon    el   hecho,   las   cuales   refiere  brevemente.   

A  renglón  seguido, el demandante menciona  que   también  son  contradictorias  “las  propias  versiones  de  los  ocupantes del camión”, y asegura  que    el    informe   de   física   forense   fue   fraccionado   “parcial  pero  equivocadamente”  por  los  juzgadores,  para  fincar  en ese elemento la condena. Para sustentar dicho  aserto,  se  refiere  a la parte que considera indebidamente apreciada, a partir  de  la  cual  concluye  que  quien  invadió  el  carril,  causando  el trágico  accidente, fue Rafael David Hernández Velásquez.   

Sumado   a   lo   anterior,   señala   el  memorialista,  la inspección judicial tenida en cuenta por el Tribunal, solo da  cuenta   de   “fenómenos  visuales”,   pero  no  permite  inferir  lógica  y  racionalmente  sobre  la  ocurrencia   de   los   hechos.   Contrario   a   ello,   añade,   “la  prueba  testimonial  de descargo”  corrobora  lo afirmado por el procesado en su injurada, en el sentido de que fue  el  otro  conductor el invasor del carril; y, se pasó por alto el contenido del  croquis  del  tránsito,  en  el  cual  se  consiga una primera hipótesis de lo  acaecido.   

Acto seguido, el impugnante consiga su propia  percepción    de    los    referidos    elementos    de   prueba   –sin  concretar  a  qué declarantes se  refiere,  con  excepción  de  Jaimes  Lindarte-,  con el fin de aseverar que la  conclusión  de la judicatura debió ser la de ausencia de responsabilidad penal  en  cabeza  de  CRUZ  CONTRERAS,  al  no haber sido el causante de la colisión;  aunque,  agrega,  de  no  ser aceptado ello, “cuando  menos  ha debido aflorar y aplicarse el principio procesal del In ubio (sic) Pro  Reo”.   

Insiste,  entonces,  en  que  se  vulneró  flagrantemente   el   derecho   fundamental   al  debido  proceso,  “al  sentenciarse a una persona, sin si debida aplicación; en el  presente,  respecto  de la valoración de la prueba”,  la  que,  de  haber sido apreciada objetiva e integralmente, habría arrojado un  resultado diferente.   

Así,  tras  citar  las  normas  que  estima  infringidas,  el  recurrente solicita que se case el fallo impugnado, para en su  lugar absolver a su representado de los cargos formulados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuestión previa.  

Aunque  el  libelista  anunció  acatar  las  directrices  de  fundamentación  para la casación discrecional, nunca cumplió  con  ello,  pues,  supuso  que  era suficiente con manifestar que propendía por  “la      garantía      de     los     derechos  fundamentales”,  advirtiendo  genéricamente  que en  este   evento   se  desconoció  el  debido  proceso,  por  cuanto  la  indebida  valoración  de  la  prueba  condujo  a  que  no  se  aplicara  el principio del  in        dubio       pro       reo.   

Por  ello, una vez más reitera la Sala, que  frente  a  la  casación  excepcional,  a más de las exigencias propias de este  mecanismo,  se  precisa  de  los  mismos  requisitos  de  procedibilidad  de  la  casación  común  u ordinaria, pues, conforme a lo establecido en el inciso 3º  del  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, dicho medio impugnativo  solamente  puede  proponerse  en  relación  con  los  fallos  de  segundo grado  proferidos  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar  en  procesos  adelantados  por delitos que tengan señalada pena  privativa  de la libertad cuyo máximo no exceda de ocho (8) años, o contra los  fallos  de  la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito  sin  importar en estos eventos el quantum punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún aspecto- o para la garantía de los derechos fundamentales, caso  este  en el cual ha de especificarse el derecho fundamental objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  pues,      como      lo     dijo     la     Sala1:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte   

Aunque  finalmente  todo  depende  de  la  discrecionalidad  reglada  de  la  Corte, lo cierto es que el peticionario ha de  exhibir  la  argumentación  autosuficiente  para  mostrar  la  necesidad  de un  desarrollo  jurisprudencial  o  de  la  protección  de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a partir del señalamiento concreto de  falencias  puede  el órgano decisor avanzar dialécticamente sobre temas que de  otra  manera  le  están  vedados  por  obra de la legalidad y el acierto que se  presumen      en      el      debate      de      las     instancias”.   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  censor  –a pesar de su  clara  mención  al momento de la interposición del recurso-, porque si bien la  impugnación  se  ejercitó  oportunamente  contra  sentencia  de  segundo grado  diferente  a las mencionadas,  es  lo  cierto  que la argumentación pertinente se halla huérfana de cualquier  planteamiento  serio  que le indique a la Corte la necesidad de su intervención  en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le impone una cualquiera de las  alternativas   posibles   que   tornan   viable  el  ejercicio  de  su  potestad  discrecional,   como   con   antelación  se  indicó,  y  del  mismo  modo,  la  acreditación  del  consecuente  agravio  que  para  el  procesado  contiene  la  sentencia cuestionada.   

Y  tampoco  se infiere del texto del escrito  impugnatorio,  patente la necesidad de desarrollar la jurisprudencia, citando el  aspecto problemático menesteroso de consideración en esta sede.   

En   suma,   el   enfoque  de  la  demanda  exclusivamente  se  dirigió  a  cuestionar  los razonamientos probatorios de la  sentencia,  pero sin desarrollo alguno y sin mención atendible de la forma como  esa situación incidió en las garantías del justiciable.   

En  este  sentido, adviértase, que como los  reparos  relacionados  con  la apreciación de las pruebas, de suyo no entrañan  una  afrenta  directa  a  derecho  fundamental  en  concreto, pues el agravio se  mediatiza  por  el  establecimiento  de los errores de juicio en su estimación,  los  mismos  no  pueden  tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación discrecional.   

Este medio de impugnación excepcional, tiene  dicho  la  Corte,  sólo se justifica por la urgencia de proteger las garantías  fundamentales  conculcadas,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con la sola  indicación  descriptiva  de  su  ocurrencia,  en  el  capítulo  de  la demanda  dedicado  a  la  fundamentación de la necesidad de que la Corte intervenga para  procurar   aquella   garantía,   cuestión   que   por   completo   olvidó  el  censor.   

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la  posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

Es   que,  en  tratándose  de  defectos de apreciación probatoria, fundamento de la solicitud  de  que la Corte ejercite en este evento la potestad discrecional que le asiste,  la  demanda no tiene ninguna  posibilidad   de   ser   admitida  en  los  términos  planteados  por  el  actor,  pues,  como  constantemente  lo  viene  sosteniendo la  Sala2:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan  con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a no ser  que  se  proponga  que sus deducciones son producto de una motivación aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en caso de que se demuestre y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.   

Es  claro que en este caso el casacionista         plantea  la invalidez de la sentencia por  yerros  en la valoración de los medios de convicción  allegados  a  la  actuación,  buscando  anteponer  su criterio al propio de las  instancias,  pasando  por  alto  que  ellas llegan a esta sede revestidas de una  doble condición de acierto y legalidad.   

Finalmente,  como  se  halla  claro  que el  demandante omitió  fundamentar  los  motivos  que  lo  llevan  a  invocar  el ejercicio de la discrecionalidad por la Corte,    se    impone    de   entrada   el   rechazo   de   su   libelo  impugnatorio.   

Sobre el cargo.  

Pero, incluso, si se pudiese pasar por alto  tan   ostensible   omisión,  es  necesario  advertir  que  ya  específicamente  delimitado  el  cargo propuesto en contra de la sentencia, este también adolece  de  crasos  yerros  en  su postulación, al punto de impedir conocer de la Corte  cuál  en  concreto es la violación trascendente que se reputa de los fallos de  instancia.   

Al  efecto,  mírese  como  al proponer  el  reproche  generado  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, el  memorialista  critica  de  manera genérica el valor otorgado por los falladores  al   testimonio   de   Fairi   Lorena  Jaimes  Lindarte,  las  declaraciones  de  “los   ocupantes   del  camión” (nunca  especifica  a  quiénes se refiere) y  el  informe  de  física  forense,  al  tiempo que cuestiona que no se haya dado  credibilidad   a   la   “prueba   testimonial   de  descargo”   (de   nuevo   sin   indicar  quién  o  quiénes    la    aportan),    con   la   cual   se   corrobora   lo  afirmado  por  el  sindicado  en  su  injurada.   

Pero,  además  de  la  falta de precisión  destacada,  el impugnante no  da  a  conocer  que  fue  lo  afirmado  por  aquella  declarante  y “los   ocupantes  del  camión”,  al  igual que lo informado por  el   procesado  en  su  indagatoria  y  la  “prueba  testimonial  de  descargo”  que  lo  confirma.   

Se   limita,   entonces,  a  consignar    su   propia   percepción  probatoria,  a  partir  de fragmentos que lejos están  de  ilustrar a la Sala sobre la forma en que la prueba  reseñada fue efectivamente valorada por las instancias.   

De    esta    manera,    el  recurrente  omitió  concretar cuál  fue  el  yerro  del  fallador, dejando el cargo en el  mero  enunciado,  pues,  nunca  desarrolla  el  falso  juicio  de  identidad  anunciado,  el cual obligaba un  análisis  diferente,  en  el que determinase cuál es  el  apartado  testimonial o  pericial      tergiversado,     cercenado  o  adicionado  por  el  juzgador, no  limitándose  a anteponer sus propias conclusiones, en típico alegato libre que  pasó  por  alto  certificar  cuál  es  la ostensible  equivocación    del  Ad  quem,  habida      cuenta      que     ni  siquiera  postula  adecuadamente si esta  proviene  de  tergiversar,  cercenar o adicionar el contenido de  las  pruebas             testifical   y   pericial,  desde luego, abordando uno por uno los medios probatorios, para  ver   de   significar   cuál   en  concreto  fueron  los  apartados  agregados,  cercenados     o  tergiversados.   

Ya  luego  de  esta  tarea  era  menester  definir,  con un nuevo análisis del acervo probatorio en su conjunto, cómo los  yerros  tuvieron  tal  trascendencia que la decisión, corregidos ellos, habría  de    mutar    favorable    para    los acusados.   

Además,  está  claro  que  lo    cuestionado   por   el   censor  es   la   apreciación  probatoria  del  Tribunal,  evento  en el cual debió  formular  el  ataque  a  través  del  error  de  hecho por falso raciocinio, el  cual   no  es  viable  desarrollar  en  el  entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada  manera los elementos  materiales  probatorios,  cuando  es  evidente  que para la estimación de tales  probanzas  nuestro  sistema probatorio predica la libre apreciación, dentro del  contexto de la sana crítica.   

De  esta  forma,  se  insiste, el libelista  apenas  enuncia  su  censura, aludiendo de manera genérica que el testimonio de  Jaimes   Lindarte   es   contradictorio   y  basado  en  suposiciones,  que  las  declaraciones     de     “los    ocupantes    del  camión”   también   se   contradicen,  o  que  la  inspección   judicial   es   insuficiente,   pero   sin  especificar  cómo  se  quebrantaron  las  reglas  de  la  sana  crítica,  identificando  cuál  es  el  principio  lógico  vulnerado o que normas de la experiencia o la ciencia fueron  desconocidas.   

Así  las  cosas,  el  actor  se  limita  a  consignar,  sin  mayores  análisis, una particular conclusión probatoria en la  que  pretende  anteponer  su  punto  de  vista,  desatendiendo  por completo los  parámetros  argumentales  y lógico-jurídicos previstos para la causal por él  invocada.   

Acorde      con      ello,   inexorable   se  presenta  el  rechazo   de  la  demanda  de  casación  presentada  en    nombre    del  sindicado  OSCAR CRUZ CONTRERAS.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

       INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional       presentada      por            el             defensor        del       procesado      OSCAR  CRUZ CONTRERAS, conforme con las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Página  continuación parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Casación  N° 36.462  -Inadmite  demanda-  

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                           JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO  CASTRO  CABALLERO                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Auto  del 25 de septiembre de 1997, Radicado N° 13.401.   

2  Auto   del  9  de  febrero  de  2006,  Radicado  N°  23.055.     

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