36405(18-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta N° 391  

Bogotá,  D. C., dieciocho (18) de octubre de  dos mil doce (2012)   

V I S T O S  

La Sala de Casación Penal, integrada en esta  oportunidad  por seis Conjueces y tres Magistrados titulares, se pronuncia sobre  los  requisitos  de  admisibilidad  de la demanda de revisión presentada por la  apoderada  de  Lázaro Sepúlveda Ropero, contra  la  sentencia proferida el 17 de junio de 2009, por medio de  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó la condena impartida en  primera  instancia  en  contra  del  mencionado,  por  el  delito  de extorsión  agravada, en grado de tentativa.   

HECHOS  

El   23   de  abril  de 2008, a las  12:10 horas, frente a la entrada principal de la   

Clínica  Juan N. Corpas, ubicada en la Calle  111  No.  157-45  de  Bogotá,  fue capturado Fredy Vargas Ortiz, luego de haber  recibido  un  paquete que simulaba contener la suma de $80.000.000, cuya entrega  previamente  había  acordado  con  la víctima María de la Candelaria Bautista  Daza,  quien  había  recibido  amenazas contra su integridad y la de su familia  por un individuo que decía pertenecer a las autodefensas.   

Por información que suministró el capturado  se  estableció  que  también  tuvo  participación en los hechos, entre otros,  Lázaro  Sepúlveda  Ropero,  quien  administraba  uno  de  los  parqueaderos  de  propiedad de la ofendida y,  además,  gozaba  de  su  plena  confianza,  gracias  a lo cual pudo conocer las  rentas y bienes que aquella poseía, así como sus desplazamientos.   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.   El  Juzgado  1º  Penal  del  Circuito  Especializado  con  función  de  conocimiento  de  Bogotá, a través del fallo  fechado  el  12  de  marzo  de 2009, condenó a Lázaro  Sepúlveda  Ropero  y  Eliécer Hernández Maldonado a  las  penas  principales de 204 meses mas un día de prisión y multa equivalente  a  5.532,24 salarios mínimos legales mensuales vigentes, y a  la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  privativa de la libertad, como coautores de la conducta  punible de extorsión agravada, en grado de tentativa.   

Apelada    la    anterior   determinación  por  la defensa de los encausados, fue   

confirmada  en  lo  referente   a   la  situación  de  Sepúlveda  Ropero  y revocada respecto de Hernández Maldonado, a través  de  sentencia  del  17  de  junio  de  2009, emitida por el Tribunal Superior de  Bogotá.   

2.  La  Sala  de  Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  mediante auto del 15 de septiembre de 2010, inadmitió   las   demandas  de  casación  formuladas  por la víctima y el defensor de Sepúlveda  Ropero contra la decisión del Tribunal y, además, se  abstuvo  de  hacer  uso  de  la facultad oficiosa de que trata el artículo 184,  inciso tercero, de la Ley 906 de 2004.   

LA      DEMANDA      DE   REVISIÓN   

Con  fundamento  en la causal de que trata el  numeral  6º del artículo 192 de la Ley 906 de 2004, la accionante alega que el  fallo  de  segunda  instancia  confirmó  la  condena  en contra de Lázaro  Sepúlveda  Ropero, tras apreciar  una prueba testimonial falsa.   

Tras reseñar apartes de la sentencia sobre la  apreciación  del  testimonio  de  cargo  de  Fredy  Vargas  Ortiz, la libelista  critica  que  el  Tribunal  hubiese  apreciado que este último realizó toda la  actividad  delictiva  y,  al  mismo  tiempo,  integrara una jerarquía criminal,  dentro  de  la  cual  nunca se estableció la función que cumplía Lázaro     Sepúlveda     Ropero.    

Sostiene     que     el   sentenciador    elaboró   unas   conjeturas   a    partir   de  los   

saludos que efectuaba Fredy Sepúlveda cuando  se  comunicaba  telefónicamente  con  su padre Lázaro  Sepúlveda  Ropero;  así mismo, estima no creíble la  afirmación  del  mencionado  testigo  cuando  asevera que conoció al procesado  cuatro  años  atrás  y  que,  por  tal  antecedente,  reconoce  su  voz en las  conversaciones que sostiene con él.   

Aduce   que  el  Tribunal,  al  valorar  el  testimonio  de  Fredy  Vargas  Ortiz,  lo  tildó  de  prueba  falsa,  porque el  declarante  no  pudo  explicar  si las comunicaciones las sostenía con Eliécer  Hernández  Maldonado  o  con  Eriberto N.  y  que,  fundado  en esa inexactitud, absolvió al primero de los  nombrados,  cuando ha debido adoptar la misma decisión respecto de Sepúlveda  Ropero, pues, en su sentir, un  mismo  elemento  de  prueba  no  puede tenerse, al mismo tiempo, como creíble y  mendaz;  de esta manera, asegura, resultan vulnerados los artículos 13, 28 y 29  de  la  Carta  Magna,  referentes  al  debido  proceso, y normas pertinentes del  Código  de Procedimiento Penal, lo que obliga a disponer la absolución a favor  de su asistido.   

Junto a su escrito, la apoderada del condenado  allega   los  siguientes  documentos:  1)   copia   auténtica   del  poder  especial  otorgado  a  ella  por  Lázaro  Sepúlveda  Ropero,  para      adelantar      la      acción      de     revisión;     2)  copia  simple  de  la  sentencia  de  primera  instancia  proferida  el  12  de marzo de 2009 por el Juzgado 1° Penal  Especializado    de    Bogotá    y   3)  copia simple del fallo de segundo grado emitido del 17 de junio de  2009, por el Tribunal Superior de Bogotá   

FUNDAMENTOS     DE     LA     SENTENCIA  CONDENATORIA   

El Tribunal Superior de Bogotá indica que la  materialidad  de  las  conductas  punibles  y  la  responsabilidad del procesado  surgen  del testimonio de Fredy Vargas Ortiz, persona capturada en flagrancia al  momento  de  recibir  la exigencia extorsiva y que se acogió al mecanismo de la  sentencia  anticipada, así como de las atestaciones de la víctima María de la  Candelaria  Bautista  Daza, quien depuso que Sepúlveda  Ropero  era  su empleado de confianza y conocía todos  sus bienes y movimientos.   

Admitió  el  Tribunal,  eso sí, -y es allí  donde  la accionante funda el motivo de revisión- que durante el juicio oral el  juez   le   recordó  al  testigo  Vargas  Ortiz  que  con  anterioridad  había  manifestado    que    se    comunicaba    telefónicamente    con   ‘Lázaro    y    con    el    señor  Eliécer’,  cuando lo que  la   prueba  permite  evidenciar  es  que  aquél  expresó  haberse  contactado  ‘con   Lázaro  y  con  Eriberto’,  afirmación  esta  última en la cual el deponente más adelante volvió a insistir. De dicha  inconsistencia,  la  Corporación de segunda instancia apreció que el juez pudo  confundir   con   su  pregunta  al  testigo  Vargas  Ortiz,  o  bien  que  éste  mintió.    

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

La  Sala  de  Casación  Penal  anuncia  su  determinación,  en  el  sentido de inadmitir el escrito que sustenta la acción  de  revisión,  toda  vez  que  incumple  con  los  presupuestos  de  una debida  fundamentación.   En  particular,  la accionante no demuestra que el fallo  cuya  revocatoria  pretende  se encuentra debidamente ejecutoriado, como tampoco  la  existencia  de  una prueba falsa, en los términos en que lo ha decantado la  jurisprudencia de la Corte.   

1.  En  efecto,  la  libelista adjunta sendas  copias  simples  de  los  fallos  de instancia, sin constancia de ejecutoria. Lo  anterior  no  es  una omisión apenas formal, sino un verdadero impedimento para  tramitar  la  acción  de  revisión,  toda  vez que para darle curso la Sala de  Casación  Penal  debe  contar  con  la  certeza  de  que  se encuentra ante una  decisión  ejecutoriada,  esto  es,  que  ha  hecho  tránsito  a  cosa  juzgada  material,  en  contra  de  la  cual  no  caben  ya  los  recursos  ordinarios  o  extraordinarios,   exigencia   que   le   corresponde   cumplir  al  demandante.   

2. La omisión reseñada podría eventualmente  carecer  de  relevancia,  si  acaso  la  Sala  encontrara  que,  a través de su  discurso  y  los  elementos  de  juicio  allegados,  la defensora demostrara con  suficiencia  la  materialidad  de  la  causal  en  cual  funda  su  petición de  revisión,   en   este   caso   la   que  tiene  que  ver  con  la  prueba  falsa, sobre la que, según alega,  se  fundó  la  decisión  de condena (artículo 192, numeral 6 de la Ley 906 de  2004).   

La  Sala  ha  precisado  el  alcance  de  las  exigencias   requeridas   para  la  remoción  de  la  cosa  juzgada  del  fallo  ejecutoriado,    cuando    se    invoca   esta   causal,   en   los   siguientes  términos1:      

“No   obstante,  la  jurisprudencia  ha  reconocido  que la causal 6ª de la Ley 906 de 2004 equivale a la prevista en el  numeral  5º  de  la Ley 600 de 2000. Si bien el legislador de 2004 no consignó  que  para demostrar la falsedad de la prueba es necesaria una decisión judicial  que  así  lo  declare, es evidente que sólo así puede acreditarse su falta de  autenticidad,  en  cuanto  de  lo  que se trata en la acción de revisión es de  remover la cosa juzgada que pesa sobre una sentencia.   

En  efecto, la Sala ha sostenido que aunque  el   requisito   de  aportar  la  sentencia  ejecutoriada  no  fue  expresamente  contemplado   en   la   Ley  906  de  2004,  como  sí  ocurría  en  anteriores  codificaciones,   ello   no   significa   que  actualmente  no  deba  adjuntarse  porque:   

“La propia redacción del numeral 6º del  artículo  192  del  estatuto procesal penal de 2004 lleva a esa conclusión. En  efecto,   la   norma  establece:  “Cuando  se  demuestre…que  el  fallo…se  fundamentó,  en  todo  o en parte, en prueba falsa…”. Resulta claro que tal  situación  sólo  ocurrirá  en  el  momento en que hay una decisión en firme,  pues  mientras  tanto  no puede afirmarse que se ha demostrado la falsedad de la  prueba”2.     

De  lo anterior, surge nítido, entonces, que  la   condición   de   falsa  prueba  sobre  la  cual  se  edifica  el  fallo  debe  haber  sido  previamente  reconocida  a través de una  decisión  judicial  en  firme.  Dicha  exigencia no puede ser sustituida por la  personal  apreciación  del accionante sobre el poder suasorio del aludido medio  de  convicción;  menos  aún, como en este caso lo hace la censora a partir del  texto  mismo  de  la  providencia  cuya  revisión  pretende,  de cuyo contenido  concluye  que  el  sentenciador tildó de prueba falsa el testimonio rendido por  Fredy  Vargas  Ortiz.  Por  hallar  en él algunas inconsistencias irrelevantes.   

La afirmación de la togada no es exacta, pues  lo  que  hizo  el  Tribunal  fue  advertir  una  posible  inconsistencia  en las  atestaciones  del  deponente,  en  la  medida  en  que sus palabras pudieron ser  motivadas  por  una  confusión, o bien por una intención deliberada de mentir.  Aún  así,  dichas imprecisiones, en últimas, no le restaron a la declaración  el  poder  de  convicción  necesario  para  inferir  de  él,  así  como de su  contrastación  y  ponderación  con  otras  pruebas, la responsabilidad del hoy  sentenciado   Lázaro  Sepúlveda  Ropero  en  el  intento  de  extorsión  de  que fuera víctima la señora  Bautista  Daza.  Lo  cierto es que, insiste la Corte, el argumento de la abogada  en  el  sentido  ya  mencionado,  no satisface los presupuestos que ha fijado su  jurisprudencia para acreditar la causal de casación invocada.   

3.        En        conclusión,  el argumento de la defensora  no  es  más  que  su personal apreciación de los efectos que, en su sentir, el  juzgador  les  debió  asignar  a  las  inconsistencias  probatorias,  lo que de  ninguna  manera  equivale  a  la  demostración  de  la  calidad de falsa que le  atribuye  a  la  prueba  sobre  la  que se fundó la decisión cuya revisión se  reclama.   

Por todo lo anterior, la accionante no cumple  las   exigencias   de   debida   fundamentación   de  la  causal  de  revisión  seleccionada, motivo por el cual el escrito será inadmitido.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de   revisión   formulada   por   la   apoderada   del  condenado  Lázaro       Sepúlveda       Ropero,  contra  la sentencia que obra  en su   

contra por el delito de extorsión agravado,  en grado de tentativa.   

Contra  la anterior determinación procede el  recurso de reposición.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          LUIS                               GUILLERO                              SALAZAR  OTERO                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

                                       Magistrado                                                                                                                                         Magistrado   

MAURICIO   LUNA   BISBAL                                                                                                            WILLIAM MONROY VICTORIA   

              Conjuez                                                                                                                                          Conjuez   

RICARDO    POSADA   MAYA                                                                                                                 YESID REYES ALVARADO   

              Conjuez                                                                                                                                      Conjuez   

HUGO    QUINTERO    BERNATE                                                                                                              JULIO  ANDRÉS  SAMPEDRO ARRUBLA Conjuez                                                                                                                                                       Conjuez   

                                                                            

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia 6 de marzo de 2008,  radicado No. 26103.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, auto del 23 de septiembre de  2007, radicado 28119.     

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