36377(13-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36377   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº327  

Bogotá,  D. C., trece (13) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  DIEGO  ALBERTO  ÁVILA  ROBAYO,  contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Bogotá, el 29 de noviembre de  2010,  mediante  la  cual confirmó la proferida por el Juzgado Octavo Penal del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad, el 31 de diciembre de 2009, que lo  condenó   como   autor   del   delito   de   secuestro   simple   en  grado  de  tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                              

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador  de  segundo grado  de la siguiente manera:   

“En horas de la noche del 7 de septiembre  de  2004, Juan Carlos Mondragón Castillo denunció ante la URI de Usaquén, que  saliendo  del  Centro Comercial Atlantis Plaza, ubicado en la Calle 81 con 14 de  esta  ciudad, tomó taxi con destino a su residencia situada en la calle 140 con  carrera  9ª  , que al llegar y bajar del automóvil, dos hombres que accedieron  al  vehículo,  uno por cada costado, y con arma corto punzante lo intimidaron y  golpearon;  el  vehículo  inició la marcha, y cuadras adelante un motociclista  que  se  percató  de  lo  sucedido,  avisó  a  las autoridades del sector, que  persiguieron  al taxi, cuyo conductor aumentó la velocidad, intentando escapar,  y  uno  de  sus  ocupantes se lanzó del rodante, andando como para huir, siendo  capturado  junto  con  Diego Alberto Ávila Robayo y otro, cuando abandonaban el  auto para emprender la huida”.   

         2.   Por   los   anteriores  hechos,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  el 16   de  agosto  de  2005,  profirió  resolución  de  acusación,  entre  otros, contra Diego  Alberto Ávila Robayo por el delito de secuestro simple.   

         3.  Cumplidas  las    formalidades   del   juicio,   el   Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito  Especializado     de  Bogotá, el 31 de diciembre  de    2009,    dictó    fallo    en   el      que     condenó   al  citado  procesado  a la pena principal de 72 meses de prisión y multa equivalente a 300  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso de la privativa de la libertad, como coautor de la conducta punible  de secuestro simple en grado de tentativa.   

         4.    Apelado    el    fallo   por   el  defensor,   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,           mediante   el   suyo,  del  29  de noviembre de 2010, lo confirmó.   

         Contra   la   anterior   decisión,   la  profesional  del  derecho  que  salvaguarda  las  garantías  fundamentales  del  acusado,   recurre en casación.   

S  Í  N  T  E  S  I S    D E  L     L I B E L O   

          Con  apoyo en la causal primera reglada en el artículo 207, numeral  1°  de  la  Ley  600  de  2000, presenta un sólo reproche contra la sentencia,  así:   

          Único cargo   

          Denuncia  al  sentenciador  de  haber transgredido indirectamente la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad, en tanto  tergiversó  el contenido de las versiones de Diego Alberto Ávila Robayo, Jorge  Orlando  Mora  Morales, Juan Carlos Mondragón Castillo y Julián Darío Barreto  Pineda.   

          Estima  que  el  juzgador  incurrió  en el mencionado yerro, habida  cuenta  que  en el fallo concluyó que su procurado actuó ilícitamente, movido  por  las represalias que pudiera tomar Carlos contra su familia, afirmación que  no  comparte, pues en la indagatoria anotó que el plan era el de despojar de un  equipo  que  la  víctima  había  comprado  en  el  centro  comercial  y  no de  secuestrarlo.   

          Sostiene  que  el anterior acontecer fue reiterado por Jorge Orlando  Mora  Morales,  para  lo  cual  se  permite transcribir un breve fragmento de su  exposición.  Sin  embargo, critica la Corporación de segundo grado por haberla  distorsionado,  en  la  medida  en  que no está demostrado que el fin era el de  privar de la libertad, así éste haya aceptado cargos.   

          A  continuación pasa a referirse a las explicaciones dadas por Juan  Carlos  Mondragón,  quien  adujo  a  la  justicia  que la víctima, entre otras  cosas,  “pataleaba”,  y  que  al  aparecer  el  conductor del taxi, cuando oyeron las sirenas  y las  detonaciones  de  armas  de  fuego,  dijo que la subieran al automóvil, lo cual  aconteció, pero éste después se lanzó del vehículo.   

            De  tal  manera,  advierte que el Tribunal no puede suponer que la  finalidad de los procesados era la de privar de la libertad.   

          Luego  de  presentar  una personal opinión de lo ocurrido, sostiene  que   juzgador  de  segundo  grado,  “enunció  los  testimonios  de  los  señores  Diego  Alberto Ávila Robayo, Jorge Orlando Mora  Morales,  Juan Carlos Mondragón Castillo  y Julián Darío Barreto Pineda,  pero  no  los  estudió  de fondo, y como les cercenó apartes importantes y les  restó  de  contenido  lo  tergiversó,  lógicamente no pudo adecuar el aspecto  fáctico  a  una  correcta adecuación típica. No mencionó ninguna otra prueba  como  fundamento  para  condenar.  Y  de estas pruebas ya analizadas no se puede  configurar  hechos  que  se  adecuen  a  la  conducta  de secuestro simple en la  modalidad  de  tentativa,  lo  que  configura  un error notorio que se capta con  facilidad que trasciende negativamente en la sentencia”.   

          Insiste  en  que  de acuerdo con el acontecer fáctico, su procurado  no  podía “pensar” en un  secuestro,  puesto  que  de ser así, el taxista no había llevado a la víctima  al  destino  solicitado,  máxime  cuando  se  trataba  de  una  “persona del común”.   

          Reitera      que      el      Tribunal      hizo     “divagaciones”    para    adecuar   el  comportamiento  de  los procesados en la infracción de secuestro, basado en que  supuestamente  su  procurado  sabía que el equipo no era costoso, razón por la  cual  concluye  que esa conducta encaja en la descripción típica del delito de  hurto calificado agravado.   

          Así  las  cosas,  dice que el juzgador vulneró los artículos 27 y  168 del Código Penal.   

          A  continuación  pasa  a citar varias decisiones de la Corte y pide  la  casación  del  fallo, absolviéndose a su procurado por la conducta punible  por la que fue condenado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA   

La casación en la Ley 600 de 2000  

De  acuerdo con los lineamientos fijados por  la  Sala,  es  bien  sabido  que este recurso constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la  legalidad  de  la  providencia. De ahí que la demanda  exija  cumplir  con  todas las formalidades estatuidas en el artículo 212 de la  Ley  600  de 2000, como quiera que resulta imperioso señalar, de manera clara y  precisa,  la  causal  con  la  cual  se  pretende  la  infirmación  del  fallo,  argumentando  cómo  el vicio de derecho o de actividad, según el caso, conduce  a resquebrajar la decisión.   

No  resulta  atinado  denunciar  sólo  la  existencia  del  yerro  que se invoca, sino que el actor debe demostrar cómo el  mismo  tiene  la  trascendencia  suficiente  para romper la sentencia de segunda  instancia  y por ende, la Corte intervenir como Tribunal de Casación en procura  de  reparar, entre otros fines, los agravios sufridos a los intervinientes en el  proceso objeto de censura.   

         

          Presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación  de  la causal  primera, cuerpo segundo, según la Ley 600 de 2000   

La   infracción   indirecta   de  la  ley  sustancial   

Respecto a la infracción indirecta de la ley  sustancial,  como  motivo  de  la  causal primera de casación, se acepta que el  error  del juzgador ocurrió de manera mediata, es decir, en la elaboración del  juicio  de  hecho  derivado  de yerros en la apreciación de la prueba, falencia  que se ve reflejada en la aplicación del derecho.    

En   el   plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar en qué consistió el vicio en la valoración de  los  medios  de  convicción,  es decir, si fue de hecho o de derecho y el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Y  por  último, evidenciar cómo el mentado  vicio  incidió  en  la  aplicación  del  derecho,  en  la  medida  en  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó  otra   que   sí   resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal.   

          Calificación de la demanda   

De  entrada  advierte la Corporación que el  libelo  de casación no cumple con los presupuestos anteriormente enunciados, en  orden a su admisibilidad.   

1. En primer lugar, la fundamentación de la  censura  está diseñada en oponerse a la conclusión del sentenciador, respecto  a  que  el  comportamiento  del  acusado,  no  encaja  en el delito de secuestro  simple,  pero  de  esos argumentos no se puede avizorar en qué consistieron las  tergiversaciones  del  contenido  objetivo de las versiones enunciadas, al punto  que se declaró una verdad que no revela su texto.   

En  esa  labor,  inicialmente  critica  la  conclusión  plasmada en el fallo, con relación a que su defendido actuó en el  plan  criminal   movido  por  el  temor. Así mismo, en lo que atañe a las  otras  versiones,  anota  que  no  se infiere el mencionado delito de secuestro,  según  las  propias  explicaciones  dadas  por  los intervinientes en el actuar  delictual, y por el ciudadano que dio aviso a las autoridades.   

Así   las  cosas,  de  esas  particulares  apreciaciones  no  se puede colegir en qué consistieron las distorsiones de las  pruebas  tildadas  como  mal apreciadas, al postular personales opiniones frente  al    acontecer    fáctico    declarado    como   probado   en   la   decisión  recurrida.   

2. De igual manera, avasallando el principio  lógico  de  no  contradicción, pues inicialmente acepta que la conducta de los  acusados  se  adecua  al  punible  de  hurto  calificado  agravado, seguidamente  depreca a la Corte la absolución de Ávila Robayo.   

3. De tal forma, surge importante nuevamente  reiterar  que  la simple discrepancia de criterios respecto al mérito dado a la  unidad  probatoria,  no  constituye  yerro  para  postularlo en casación, en la  medida  en que fallador, de acuerdo con el método de valoración de las pruebas  de  la  sana crítica, goza de libertad para justipreciarlas, sólo limitado por  los  principios  de la ciencia, los postulados de la lógica y/o las máximas de  la experiencia.   

En  el  evento  en  que  se  desborden  esos  límites,  entonces  sí procedería esta impugnación, bajo la égida del error  de hecho por falso raciocinio, evento que aquí no aconteció.   

En consecuencia, todas las anotaciones hechas  en  torno  a  los  desatinos  cometidos  en  la elaboración del libelo, deviene  necesariamente en su inadmisión, conforme así se anunció.   

         

          Resta  señalar  que  no  se  observa  que  con  ocasión  del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación,  se  hayan  violado  otros  derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  de  la  demanda,  en orden a decidir de fondo, según lo  dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el  defensor de  Diego Alberto Ávila Robayo.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                      JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                               

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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