36361(05-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36361   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 315.   

Bogotá D.C., septiembre cinco (5) de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con la  admisión  de la demanda de casación discrecional presentada por el defensor de  DIRK HENDRYK SEIFFERT contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Cartagena del 28 de septiembre de 2010, mediante la cual confirmó  la  dictada  el  27 de mayo anterior por el Juzgado Cuarto Penal Municipal de la  misma    ciudad    que    lo    condenó   por   el   delito   de   inasistencia  alimentaria.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  episodio  fáctico que dio origen a esta  actuación  fue  relatado  por  el  a quo, de la siguiente forma:   

“De la unión marital habida entre Carmen  Marena  Rodríguez y DIRK HENDRYK SEIFFERT, nació el menor O.E.S.R.1, quien en la  actualidad  cuenta  con  9  años  de edad, con quien convivió por espacio de 4  años.  Cuenta  la  querellante  que  el  padre  de  su hijo fue condenado en el  Juzgado  Primero  de  Familia de Cartagena a pagar alimentos a favor de su menor  hijo  en  cuantía  de $ 803.000, teniendo en cuenta que fue un ofrecimiento que  hizo  ante  la  Comisaría de Familia, cuota que incumplió, sólo hizo un abono  de  $  740.000 durante 4 meses. Finaliza manifestando que no puede demostrar sus  ingresos  porque  (él) tiene  sus  cuentas  en  otros  países,  que actualmente vive con sus padres ya que el  apartamento  donde  vivía  con  su  hijo  le hicieron lanzamiento porque él se  comprometió  a pagar el canon de arriendo y no lo hizo, teniendo que salir a la  calle  con  su  hijo,  que  perdió  todo lo que tenía por las enfermedades que  aquejaban  a  su  hijo  y  actualmente no cuenta con los medios económicos para  solventar  las  necesidades  básicas  de  su  hijo”.   

Con  base  en  los  hechos  denunciados,  se  dispuso  la  apertura  de instrucción, en cuyo marco fue vinculado DIRK    HENDRYK    SEIFFERT,   mediante  diligencia     de     indagatoria,    en  contra  de quien se profirió resolución de acusación el 27 de  mayo  de  2008  como  posible  autor  del  delito  de  inasistencia alimentaria.   

En  contra de la anterior determinación, la  defensa  del  acusado  interpuso  recurso  de  apelación,  respecto del cual un  Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal de Cartagena el 23 de septiembre de 2008 se  abstuvo       de      pronunciarse      por      haber      sido      sustentado  extemporáneamente.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cuarto Penal Municipal de la misma ciudad donde, una vez surtido el  correspondiente  rito  legal,  dictó sentencia el 27 de mayo de 2010, a través  de   la   cual   condenó  a  DIRK  HENDRYK  SEIFFERT  como autor penalmente responsable del mismo delito que  sustentó  la  acusación a las penas principales de doce (12) meses de prisión  y  multa por valor de quince (15) salarios mínimos legales mensuales vigentes y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas, por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad.   

Igualmente, lo condenó al pago de perjuicios  materiales  por  la  suma  de veintidós millones ochocientos cincuenta mil cien  pesos  ($  22.850.100), a la vez que le concedió el subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

El Juzgado Primero Penal del Circuito de esa  misma  ciudad, con ocasión del recurso de apelación interpuesto por la defensa  del  sindicado  contra  el anterior fallo, lo confirmó mediante providencia del  28 de septiembre ulterior.     

Inconforme con la sentencia del ad-quem,   el   mismo   sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demanda sobre cuya  admisibilidad se pronuncia ahora la Sala.      

LA DEMANDA  

          Postula  un único cargo contra el fallo impugnado con fundamento en  la  causal  primera  prevista  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  “por  incurrir  en  error  de  hecho  en la apreciación de las pruebas”.   

Previamente  a  exponer  el  sustento  del  reproche,  señala  que  “consideramos importante la  utilización  de  la figura de la casación discrecional para el estudio de esta  clase  de  violación  de  la  ley  sustancial  porque  se  hace  necesaria para  preservar  la  garantía  de los derechos fundamentales de mi apadrinado, ya que  fue  vulnerado  el  debido  proceso,  en  sus  componentes  de in dubio pro reo,  investigación  integral,  necesidad de la prueba, imparcialidad del funcionario  en   la  búsqueda  de  la  prueba  y  apreciación  racional  de  las  pruebas,  circunstancias     que     no     permitieron     analizar    la    ‘justa        causa’     de    la    actuación    del  procesado”.   

Así mismo, destaca, por cuanto lo considera  necesario  para  “desarrollar, extender y desplegar  de   manera   amplia   y  objetiva  el  ingrediente  normativo  del  ingrediente  (sic)    ‘sin     justa     causa’…”,   en  razón  de  la  situación  económica  y  desempleo  por  la cual atraviesa el país que impide cumplir con  las   obligaciones   alimentarias  “lo  que  genera  congestión   carcelaria”,   solucionable   con  la  intervención de la Corte.   

Acto  seguido, pregona que los falladores de  las  dos instancias desconocieron los principios de investigación integral y el  de  investigar  tanto  lo favorable como lo desfavorable al procesado, en cuanto  “nunca indagaron sobre la situación económica del  enjuiciado,  hecho  que  originó  que  dentro  del  proceso  no haya una prueba  fehaciente  de  los reales ingresos del alimentante”.   

Los  falladores, por el contrario, enfocaron  su  examen  en  la  denuncia  de  la  madre del menor y en la declaración de la  señora   Teresa  Cassiani  “y  se  abstuvieron  de  analizar  otras  pruebas  que  obran en el expediente, como son la indagatoria y  las  constancias  por  pagos  periódicos que mi mandante ha ido efectuando para  con su menor hijo”.   

Tampoco  repararon  los  funcionarios  en el  estudio  de  otros  elementos  importantes  como  la personalidad del implicado,  “el  verdadero  cumplimiento de su obligación y si  había   o  no  ‘injusta  causa’    en    su  proceder”.   

Luego de rememorar los diversos elementos del  tipo  por  el  cual  se condenó a su defendido, conforme a la jurisprudencia de  esta  Sala  y  de  la  Corte Constitucional, haciendo énfasis en el ingrediente  “sin   justa   causa”,  puntualiza  que  en  el  caso  concreto  los funcionarios incurrieron en juicios  erróneos     “para    condenarlo    por    este  delito”.   

Así,   al  sostener  que  la  obligación  alimentaria  sólo  es  de  su  prohijado  dejando de considerar que también la  madre  concurre  a  ella y, por lo tanto, es de carácter solidario, máxime si,  como  aquí  está  demostrado,  a  través  de  la declaración de Teresa        Cassiani,    la    madre   cuenta   con   medios  productivos.   

Igualmente, no se tuvo en cuenta que obra una  certificación  de  la  empresa Lintec según la cual el procesado solo recibía  la  suma  de  $  600.000 como salario, que sirvió de fundamento para reducir el  monto  de  la  cuota  alimentaria,  tópico que no tuvo en cuenta el fallador de  primer  grado para quien lo importante es que el cumplimiento debe ser regular y  por    lo    tanto    no    lo    exime    de    responsabilidad,   “conclusión    un    tanto    cruel   e   injusta”.   

Pero,   añade,   no   sólo  obran  tales  constancias,  sino  la  misma  declaración de la progenitora de la menor, quien  reconoce  que el procesado sí cumple con su obligación aunque no como debiera.  Sobre  el  particular, señala, “lo que embarga más  de  tristeza  a  mi mandante, es que ni siquiera el señor fiscal tuvo en cuenta  la  efectiva  valoración  de  dichas  pruebas,  sino  que  se  limitó  a sacar  conclusiones  apresuradas sobre la responsabilidad del imputado, relacionando en  su  resolución  el  análisis  doctrinal del tipo penal, pero muy alejado de lo  que  realmente  le competía en dicho momento:  haber investigado si hubo o  no    sustracción    de    la    obligación,    si   esta   fue   ‘sin     justa    causa’ y si el obligado tenía la capacidad  alimentaria  para cumplir”.   

De  otro  lado,  argumenta, no se valoró en  forma  adecuada  la  declaración de la señora Teresa  Cassiani  Herrera,  amiga de la denunciante, quien por  ninguna  parte afirma que su defendido se hubiera sustraído a la obligación, a  más  de  que  describe  al menor como un niño sano y sin problemas de salud, a  diferencia  de  lo  expuesto  por  la  segunda. En el mismo sentido, tampoco fue  apreciada  adecuadamente la indagatoria de su defendido, pues solamente se tomó  de  ella  lo  que le perjudicaba, dejando de considerar que ha empeñado todo su  esfuerzo en cumplir con la obligación.   

Al igual, reprueba de la decisión que no se  hayan  tenido  en  cuenta  los  aportes  efectuados  por su representado para la  educación,  salud y vivienda del menor, “razón por  la  cual considero que se ha vulnerado el debido proceso, la legítima defensa y  la  presunción de inocencia, refiriendo que cada una de las pruebas que reposan  en  el  expediente  sustentan  las  exculpaciones  del  procesado”.   

Más  adelante  expresa  que su prohijado no  contó  con una adecuada defensa técnica “ya que la  profesional  inicial  que  lo acompañó en su injurada, brilló por su ausencia  en  las  peticiones  a  favor de su defendido y más aún, presentó renuncia en  pleno desarrollo de la investigación”.   

Con fundamento en lo anterior, solicita casar  el  fallo  impugnado  para,  en  su  lugar,  dictar  absolución  a  favor de su  defendido.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Empiécese  por  señalar  que  el  presente asunto sólo permite el  acceso  al  medio extraordinario de casación por la denominada vía excepcional  o  discrecional,  en virtud a que no es viable acudir a éste por la vía normal  o tradicional.   

          Ciertamente,  según  el  inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600  de  2000, el recurso extraordinario de casación es viable contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Sin embargo, cuando el fallo de segundo grado  no  es  proferido  por  los  mencionados  Tribunales,  o el delito por el que se  procede   tiene   pena   privativa  de  la  libertad  inferior  al  quantum   señalado   en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva de la libertad, el inciso 3º del mencionado artículo  faculta  a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente, y de manera excepcional,  las  demandas  de  casación  presentadas “cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio  se  advierte que ni el fallo de  segunda  instancia  fue  proferido  por  las  autoridades judiciales mencionadas  expresamente  en la preceptiva legal aludida, en tanto se trata de una sentencia  dictada  por  un  juzgado  de  circuito,  ni  se  cumple  con  el presupuesto de  procedibilidad  referido a la pena máxima establecida para el delito por el que  se procede.   

Sobre esto último repárese que al sindicado  DIRK  HENDRYK SEIFFERT se le  atribuye  la  conducta  delictiva  de  inasistencia  alimentaria  suscitada para  cuando  se encontraba vigente el artículo 233, inciso primero, de la Ley 599 de  20002,  que  lo  sancionaba  con  una  pena  máxima de tres (3) años de  prisión.   

Si  ello  es  así,  no  surge  conclusión  distinta  a  la  de  que  al  impugnante  sólo le quedaba como alternativa para  acudir  a  esta medio de impugnación la vía discrecional prevista en el inciso  tercero  de  la  última norma en cita, asumiendo, por tanto, las obligaciones y  exigencias       dispuestas       por       el      legislador      en      esta  materia.             

De tiempo atrás tiene señalado la Corte que  en  punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  demandante expresar  con  claridad  y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  sea para proveer un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o  en procura de proteger las garantías fundamentales de las partes o  intervinientes  procesales,  en  virtud de la naturaleza eminentemente rogada de  este medio de impugnación.   

          Si  de  lo  primero  se  trata,  deberá  demostrar  la necesidad de  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de un tema  jurídico  especial,  ya  sea  para unificar posturas conceptuales encontradas o  con  el  fin  de  actualizar  la  doctrina  o  para  abordar  un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir de guía a  la actividad judicial.   

Y  si  el  objetivo  trazado  es asegurar la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de demostrar la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento en el fallo recurrido, circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la sola referencia  descriptiva hecha en la sustentación.   

          Pues  bien,  no  obstante  que  el  actor  acude  a  los dos motivos  previstos  para  justificar  el  acceso  a la modalidad discrecional del recurso  extraordinario, ninguno de ellos tiene concreción.   

          En  relación  con  la  necesidad  de  ahondar  jurisprudencialmente  frente  al  tema de la sustracción con justa causa a la obligación alimentaria  como  razón  que  desvirtúa  la  configuración del delito imputado, porque se  trata  de  un punto suficientemente abordado y decantado por la Sala3.    Es  más,  la postura del censor sobre el particular resulta contradictoria, pues en  el  desarrollo  del  reparo  acude  a precedentes de esta Sala para sustentar la  conclusión     de     que     su     defendido    se    encontraba    en    tal  situación.       

Peor aún cuando la visión que anhela de la  Corte  es  la  de que se considere cómo la situación económica y de desempleo  por  la  cual  atraviesa  el  país  hace  imposible  cumplir con la obligación  alimentaria    y    ha    generado    “congestión  carcelaria”, cuyo análisis por vía jurisprudencial  no  puede abordar esta Corporación de forma general, sino frente a cada caso en  particular,  toda vez que las políticas globales para afrontar tales fenómenos  escapan a su órbita funcional.   

Y  en  cuanto respecta a la garantía de los  derechos   fundamentales,  porque  no  obstante  referir  indistintamente  a  la  transgresión  de  varias  garantías  de  su  prohijado,  tales  como el debido  proceso,  la violación al principio de investigación integral, el in  dubio  pro  reo, la imparcialidad del  funcionario  en  la  búsqueda  de la prueba y, en la parte final, la violación  del   derecho  de  defensa  técnica,  lo  cierto,  de  una  parte,  es  que  su  invocación,   salvo  en  lo  que  respecta  al  desconocimiento  del  principio  in  dubio  pro  reo,  no es  consecuente  con  la  causal  de casación que invoca como fundamento del único  cargo  que instaura contra el fallo impugnado por violación indirecta de la ley  sustancial  a  consecuencia  de  yerros  en  la  apreciación probatoria, según  indica,  por errores de hecho.     

De  otra parte, por cuanto en el fondo de la  censura  lo  que  subyace,  en  su mayor parte, es su disentimiento con la forma  como  fueron  valorados  los  medios  de  prueba  en los fallos de instancia, en  particular  sobre  la supuesta justa causa que condujo al procesado a sustraerse  de  la obligación alimentaria debido a su situación económica, desde su punto  de  vista plenamente acreditada en el proceso, controversia probatoria que, como  lo  tiene sentado la Corte, no guarda relación con la protección de garantías  fundamentales  salvo  aquellos  particulares eventos en que se advierta defectos  graves            de           motivación4,  punto  sobre el cual nada se  dice en la demanda.   

Ese errático propósito de considerar que la  apreciación  de las pruebas tomando distancia de su criterio, dicho sea de paso  sin  el  rigor que una propuesta casacional demanda a partir de la demostración  de  yerros  de  tal  índole  con la entidad de derruir el fallo (en el caso del  error  de  hecho  enunciado,  por  falsos  juicios  de  existencia,  identidad o  raciocinio),   se  evidencia  palmariamente  cuando  advierte  que  “considero  que  se  ha vulnerado el debido proceso, la legítima  defensa  y  la  presunción de inocencia, refiriendo que cada una de las pruebas  que    reposan    en    el    expediente   sustentan   las   exculpaciones   del  procesado”.   

Tampoco cumple con el presupuesto de avizorar  el  conculcamiento  de garantías de su defendido la escueta aseveración según  la  cual  viola su derecho de defensa la gestión deficiente de un antecesor, en  tanto  conduce  a  discutir acerca de la estrategia implementada, postura inane,  como  se  ha  precisado  en  forma  reiterativa  por  la  Sala, para denotar una  irregularidad de esa magnitud.   

          Así  las  cosas,  como  el  actor  no  demostró  adecuadamente los  motivos  por  los cuales debe admitirse excepcionalmente el recurso interpuesto,  la  conclusión que emana necesariamente es la de inadmitir la demanda, sin que,  por  consiguiente, resulte preciso revisar si el cargo formulado contra el fallo  de  segundo  grado  atacado  reúne  los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación, también exigidos para su admisión en esta sede.   

          La  anterior  solución a tenor de lo normado en el artículo 213 de  la  Ley  600  de  2000.  Además,  porque no se advierte que dentro del presente  trámite  o  en  la  sentencia  se hubiera incurrido en violación de garantías  fundamentales que fuera necesario conjurar oficiosamente.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  DIRK  HENDRYK SEIFFERT, por las razones expuestas en la  anterior motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  del  menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2  Previamente  a  la  entrada  en  vigor  de  la Ley 1181de 2007, a  través  de  la  cual,  fundamentalmente,  se  incrementó  la  punibilidad  del  delito.   

3 Así,  entre  otras,  decisiones  del  14 de abril y 20 de enero de 2010, rads. 33673 y  33242,  respectivamente;   de 4 de diciembre de 2008, rad. 28813 y de 23 de  marzo de 2006, rad. 21161.    

4 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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