36353(11-05-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n°  36353   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 162.  

Bogotá,  D.C.,  once  de  mayo  de  dos  mil  once.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor de la procesada  ANA  CLARITZA  CORTÉS  DE  NIETO,   contra  el  fallo  de segunda instancia que  profiriera  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  fechado  el 8 de septiembre de  2010,   mediante  el  cual confirmó integralmente la sentencia emitida por  el  Juzgado 55  Penal del Circuito Adjunto de esta ciudad el 31 de julio de  2009,  condenando  a  su representada legal a  la pena principal de treinta  meses  de  prisión  y  multa por la suma de $5.000, en calidad de autora de los  delitos  de  destrucción  de documento público y lesiones personales. Además,  se  impuso la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas,  por  un lapso  igual al de la sanción aflictiva de la libertad; Se dispuso  el  pago  de perjuicios materiales y morales, a favor de José Eugenio Ordoñez,  por  el  equivalente  a  dos  salarios  mínimos  legales  mensuales, y  45  salarios  mínimos legales mensuales, por los mismos conceptos, para el afectado  José  Heriberto  Sanabria Guzmán; y se otorgó a la acusada el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, por un lapso de tres  años.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“La  policía  nacional  capturó y puso a  disposición  de la Fiscalía a ANA CLARIZA CORTÉS DE NIETO, en razón a que el  día  treinta  de  marzo  de  2001,  hacia  las nueve y media de la noche, en la  carrera  12  B  N°.  18-99  Sur,  debido  a  que la colisión de dos vehículos  produjo  entre  sus  ocupantes un altercado, se hizo presente una patrulla de la  policía  para  conocer  del  asunto;  la  sindicada hizo su aparición luego de  ocurrido  el  accidente, quien bajo los efectos de bebidas embriagantes agredió  verbal  y  físicamente  a  los  agentes de la policía JOSÉ SAANBRIA GUZMÁN y  JOSÉ  EUGENIO  ORDOÑEZ causándoles lesiones en el rostro por las que Medicina  Legal  les  fijó  una  incapacidad de 14 y 9 días respectivamente. Además, la  sindicada  en  el  momento  de legalizar su captura y cuando le fue entregada el  acta   de   derechos   del   capturado  para  su  firma,  procedió  a  romperla  destruyéndola parcialmente.”   

DECURSO PROCESAL  

Capturada en flagrancia ANA CLARITZA CORTÉS  DE  NIETO,  de  inmediato  se  le dejó a disposición de la Unidad de Reacción  Inmediata,  Fiscalía Seccional 303 de Bogotá, oficina judicial que ordenó, el  31 de marzo de 2001, la apertura de la instrucción.   

Ese mismo día fue recabada la indagatoria de  la  sindicada,  decretándose su libertad. Las diligencias se repartieron, el 10  de abril de 2001, a la Fiscalía Seccional 192 de Bogotá.   

El  22  de  junio  de  2001, fue resuelta la  situación  jurídica  de la procesada, en contra de la cual se profirió medida  de   aseguramiento   de   detención   preventiva,  con  beneficio  de  libertad  provisional,  en  calidad  de  autora  del  delito  de violencia contra servidor  público.   

Como quiera que la defensa interpuso recurso  de  apelación  contra el auto en cuestión, a través de resolución emitida el  28  de  noviembre de 2002, la Fiscalía 23 Delegada ante el Tribunal de Bogotá,  revocó  la  medida  de aseguramiento impuesta, disponiéndose así mismo que se  indagatoriase   a  la  procesada  por  los  delitos  de  lesiones  personales  y  destrucción de documento público.   

El  17  de  octubre  de 2002, fue cerrada la  instrucción.  Consecuentemente,  el  29  de  diciembre de 2002, se calificó el  mérito  de  la misma, profiriéndose resolución de acusación en contra de ANA  CLARITZA  CORTÉS,  en  calidad  de  autora  del delito de violencia contra  servidor  público.  Allí mismo se dispuso compulsar copias para continuar  por  cuerda  separada  la  investigación por las conductas punibles de lesiones  personales   y   falsedad  en  documento  público,  también  atribuidas  a  la  acusada.   

En proveído del 21 de noviembre de 2003, la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal, anuló todo lo actuado a partir del cierre  de  la investigación, inclusive, por estimar que la calificación parcial   atenta  contra  los  principios  de  investigación  integral y unidad procesal.   

Acorde  con  ello,  respecto  de  los  otros  delitos  ordenados investigar por la segunda instancia de la Fiscalía, el 18 de  agosto  de  2004  fue indagatoriada la procesada. El 8 de septiembre de 2004 fue  cerrada  la  investigación y el 18 de enero de 2005, se calificó el mérito de  la  instrucción  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  ANA CLARITZA  CORTÉS,  a  título  de  autora  de  los  delitos  de violencia contra servidor  público,  destrucción,  supresión  u  ocultamiento  de  documento  público y  lesiones personales.   

Interpuesto   oportunamente   recurso   de  apelación  por  la  defensa,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal, el 17 de  mayo de 2006, confirmó el llamamiento a juicio.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le fue repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado 55 penal  del circuito de Bogotá, el 5 de octubre de 2006.   

El  18  de  noviembre de 2006, tuvo lugar la  audiencia preparatoria   

El  13  de noviembre de 2007, se realizó la  audiencia pública de juzgamiento.   

Previo  a la emisión de la sentencia, el 27  de  julio  de  2009, se decretó la prescripción del delito de violencia contra  servidor público, ocurrida durante la fase instructiva.   

La  primera  instancia  profirió  fallo  de  condena  el 31 de julio de 2009, en decisión que fue impugnada y sustentada por  la procesada.   

Acorde con ello, el 8 de septiembre de 2010,  el  Tribunal  Superior de Bogotá desató la alzada confirmando en su integridad  lo   decidido  por  el  A  quo,  en  fallo  que  ahora  es  objeto  del  recurso  extraordinario  presentado  por  la  defensa,  que  se examina en su corrección  argumental y fundamentación lógica.   

LA DEMANDA  

El  casacionista, quien actúa como defensor  de  la  procesada   ANA CLARITZA CORTÉS,  comienza por significar una  sola  la  causal alegada, radicada en que supuestamente se dictó el fallo en un  juicio viciado de nulidad.   

En  sustento  de ello, aduce el casacionista  que  el  Tribunal  “IGNORO  (sic)  LA  EXISTENCIA DE  PRUEBAS  OBRANTES  EN  EL  PROCESO  COMO  MEDIOS DE CONVICION (sic) OMITIENDO SU  APRECIACIÓN,   A  LA  VEZ  OMITIO  (sic)  EL  DERECHO  A  LA  IGUALDAD  REAL  Y  EFECTIVA”.   

A ese efecto, significa el recurrente que al  momento  de fallar se ignoró un hecho probado, que remite a la lesión padecida  por  su  representada legal, lo que significa que “se  presentó   fue   una   trifulca   entre   personas   civiles   y   agentes  del  orden”,  y  ello  se  acredita  con  el  informe  de  Medicina  Legal,  en  el cual se determina para la acusada una incapacidad de 12  días.    

A   renglón   seguido,  parece  citar  el  demandante  lo  declarado  por tres testigos de los hechos, para advertir que si  bien  fueron  relacionados como obrantes al interior del proceso, no se realizó  respecto  de  ellos   un “análisis valorativo y  ponderado,    como    debió    ser,   para   concluir   si   merecían   o   no  credibilidad”,  pasando  por  alto  que “ninguno  de  ellos  menciona  directamente a mi defendida como la  persona  que  lesiono (sic) a los policiales, por el contrario son enfáticos en  afirmar  que  ellos  no  vieron quien lesiono (sic) a los policiales”.   

De otra parte, manifiesta el impugnante que a  su   defendida    se   le   violó   el   derecho  a  la  igualdad  real  y  efectiva.   

Para soportar su apreciación, copia el texto  de  los  artículos  13  de  la  Carta  Política,  y  el 7° del Código Penal,  derivando  de  allí  que  a  la  acusada se le vulneró ese derecho dado que se  “omitió la incapacidad dictamina (sic) por Medicina  Legal”,  de  lo  que  se  sigue  que “no  se valoraron las pruebas en conjunto. Al trasgresor de la ley lo  trata  en  igualdad  que a los no trasgresores; y al no trasgresor lo asimila en  su  tratamiento  con los que sí lo son. Como se puede observar no puede existir  ejemplo  más dramático de trato desigual, discriminatorio y negador de derecho  a la igualdad efectiva y real”.   

En punto de trascendencia del yerro alegado,  sostiene  el  casacionista: “…brota sin esfuerzo la  trascendencia  de  los  errores  y  vulneraciones  manifiestos  en la inferencia  lógica  en  la  decisión  tomada  por  el  Tribunal, en el entendido que si se  hubiera  aplicado  como  corresponde  los  postulados  de  la  lógica  y de las  máximas  de  la experiencia en el proceso intelectual u operación racional del  Tribunal,  fácil  hubiese  sido  advertir, por un lado, que si (sic) los hechos  indicadores  y  pruebas obtenidas para nada inciden en la responsabilidad de ANA  CLARITZA CORTÉS”.   

De  forma  contradictoria,  el  demandante  solicita  en  un  apartado  de su escrito que se anule lo actuado y se envíe el  expediente  al juzgado de primera instancia; y en otro, que se case la sentencia  para absolver a su representada legal.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término, debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que,  de  no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Y  se  advierte,  no  corresponden  las  exigencias  argumentativas  planteadas   en  la  ley  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  a  simples  reclamos  formales  o  de  estilo,  sino  a  la  perentoria necesidad de que el derrumbamiento de esa doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que  rodea  los fallos de las instancias,  discurra  por  caminos  adecuados  de  claridad,  lógica  y sindéresis sin los  cuales,  sobra  recordar,  la discusión deviene en el simple debate de posturas  contrarias  e  interesadas, ya agotado con el proferimiento del fallo de segundo  grado.   

         Y  es ello lo que ocurre precisamente en la demanda que se examina,  pues,   ostensible  aparece  el  interés  del  impugnante  por  contraponer  su  particular  visión  de  lo  que  la  prueba  arroja,  a  la más autorizada del  Tribunal,  utilizando  la  causal de casación aducida apenas como pretexto para  cubrir  la  exigencia  legal  de precisar el tipo de violación y su naturaleza,  pero  desviando  completamente la fundamentación, al extremo que, finalmente se  impide   conocer   de  la  Corte  cuál  en    concreto    es   el   motivo   de  inconformidad  del  casacionista, qué yerro específico se atribuye al Tribunal  o  cómo incide lógicamente  ello en la decisión final.   

         En  la  demanda  que  se  estudia,           el  recurrente,  por lo demás de manera  descontextualizada   y   equívoca,   con   absoluto  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  confunde la nulidad con los  errores  de  hecho  en  la apreciación o valoración probatoria e incluso alega  respecto  de  causales  entre  sí  incompatibles, sin  ocuparse de desarrollar adecuadamente ninguna.   

         Con   fines   eminentemente  pedagógicos,  para  que  el  defensor  de     la          procesada           entienda  por  qué habrá de ser inadmitida su  demanda,   la   Sala   reproducirá  la  reiterada  y  pacífica  jurisprudencia  establecida    acerca    de    la   forma   de   argumentar   adecuadamente   en  casación.   

         Atinente,   entonces,   a   la   violación   indirecta,   esto  se  dijo1   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

         Descendiendo   al   caso   concreto,  es  evidente  que si lo propuesto por el demandante es que  dejaron  de  considerarse pruebas allegadas de manera legal, regular y oportuna,  la  vía  de  ataque necesariamente remite al error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión,  así  lo  diga  propio  de  la nulidad por supuestas  vulneraciones a los principios de igualdad o acceso a la justicia.   

         Pero,  desde  luego,  para  evidenciar  que  efectivamente  se  han  violado  derechos  y ello resulta trascendente, al punto de obligar modificar la  decisión  de  condena,  tal  cual peticiona, no basta con transcribir de manera  caótica  y  deshilvanada apartados de lo que presuntamente dijeron los testigos  dejados  de  considerar por las instancias, o señalar  que  se  dejó de lado un dictamen médico legal, sino  que  debe  proceder a realizar la correspondiente verificación de cómo inciden  esas     manifestaciones    testificales    y    el  documento  en  el conjunto probatorio, al  punto  de  desvirtuar o desnaturalizar el contenido de incriminación consignado en las  efectivamente tomadas en consideración por el fallador.   

         Y,  claro,  la  simple  verificación de lo que la demanda consigna  como  relatado  por  los  testigos omitidos de consideración, hace ver evidente  que  la  propuesta casacional ningún efecto material  comporta,    como   así   termina   por    aceptarlo    el    recurrente    cuando   sostiene   que   esos  declarantes  simplemente  sostienen  no  haber  observado  quién  o  cómo  causó  las  lesiones  a  los  uniformados.   

        Pero,   si al expediente se allegaron, así lo consignan los  fallos  de ambas instancias, declaraciones, particularmente de las víctimas, en  las  cuales  de  forma  inequívoca  se sostiene  que  fue  la  acusada  la encargada, por propia mano, de  realizar  la  agresión  que  desembocó  en  el  lesionamiento  de  los agentes  captores,  nada  tiene  que  incidir  en  ello  que  algunos  de  los atestantes  manifiesten  no  haber  observado  el  hecho, pues, huelga resaltar, nunca dicen  ellos que los mismos no correspondan al actuar de la procesada.   

        Es  que,  incluso,  uno  de  los  testigos afirma, en uno  de  los  apartados          citados  en  la  demanda,  que  al  sargento  Sanabria    lo   atacó   “una   mona”,   que   “le  aruño  (sic)  la  cara”,  en  manifestación  expresa  que  lejos de  prohijar   la  tesis  defensiva,  termina  por  controvertirla,  ratificando  lo  afirmado  al  respecto por los afectados y la consecuente vinculación penal por  el delito de lesiones personales.   

        Nada  dentro  de  lo alegado por el casacionista advierte siquiera  de  manera  somera  que  existió  algún  yerro  suficiente  para  derrumbar la  sentencia  condenatoria o que de verdad existen pruebas, no consideradas por las  instancias,  que  demuestren  la  ausencia  de  responsabilidad de la acusada, o  cuando menos, siembre dudas al respecto.   

        Y  ya  el  alegato  se  torna  en  extremo  confuso,  cuando  para  sustentar  la  presunta violación de derechos, el demandante señala, sin mayor  argumentación,  que  lo  ocurrido  no es la omisión en considerar medios suasorios valiosos, sino que se  vulneró  el  principio  de  sana  crítica en sus vertientes  de lógica y  experiencia,  incursionando  ahora  en  el  campo  del  falso  raciocinio,  cuya  naturaleza  y  forma  de  sustentación  no  solo difiere del error de hecho por  falso  juicio  de existencia por omisión, sino que resulta contrario a ese tipo  de  fundamentación,  pues,  para decirlo en forma elemental, el que se haga una  inadecuada   valoración   de   la   prueba   supone   necesariamente  que  ella  efectivamente haya sido examinada.   

        Mayor  el desatino si de manera inconexa el impugnante pide que se  decrete  la  nulidad de lo actuado y, a la par, que se emita fallo absolutorio a  favor  de  su representada legal; o, argumenta que no  existe  prueba  de  la  intervención  de su prohijada en el lesionamiento, pero  nada  dice  del  delito  de  destrucción  de  documento  público,  por el cual  también  se  condenó  a  esta,  pese  a lo cual, la pretensión de absolución  abarca ambas ilicitudes.    

        No   son   necesarias  mayores  precisiones,  dada  la  ostensible  impropiedad     de    lo    expuesto    por    el    recurrente,    emergiendo    inconcusa  la  inadmisión  de  la  demanda  cuando,  a la par, también la  verificación  de  todo  lo  actuado  permite  advertir que no se materializaron  circunstancias  que  hagan  imperiosa la intervención  oficiosa de la Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

Página  contiene  parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Casación  N° 36.353  -Inadmite  demanda-  

R E S U E L V E  

          INADMITIR         la    demanda    de   casación   presentada   por   la         defensora    de  la  procesada  ANA    CLARITZA   CORTÉS   DE   NIETO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO   CASTRO  CABALLERO                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

      I  m  p  e  d  i  d  o   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

            C   i   t  a   M é d i c a   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597     

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