36318(02-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 36318  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  390  

Bogotá,  D.  C., dos (2) de noviembre de dos  mil once (2011)   

Corresponde  a  la  Corte conceptuar sobre la  extradición    del    ciudadano   colombiano   Moshe  Benalcázar     Furman,  solicitada  por  el  Gobierno  de  la  República  del  Perú.     

ANTECEDENTES  

1.  Mediante  Nota  Verbal  5-8–M/332  del  22 de diciembre de 2010, el  Gobierno  del  Perú,  a  través  de  su  embajada  en  Colombia,  solicitó la  extradición  del  ciudadano colombiano Carlos Agustín  Urrego  Escudero  o  Moshe Benalcázar Furman, para ser  juzgado  por  el Primer Juzgado Penal Supraprovincial, Sala Penal Nacional de la  Corte  Suprema  de  la  República  del  Perú,  por  los  delitos  de  lavado  de  activos,  modalidad  agravada, en agravio del Estado  Peruano,  y  asociación  ilícita  para  delinquir. En  apoyo   de   su   solicitud,   aportó   copia   del   expediente   judicial  adelantado  contra  la  persona  reclamada  en  ese país, y de la actuación administrativa interna de solicitud  de extradición.     

2. A través de resolución del 25 de enero de  2011,  la  señora  Fiscal General de la Nación, en acatamiento de lo dispuesto  en  el  artículo  509  de  la  ley 906 de 2004, ordenó la captura con fines de  extradición  de  Carlos  Agustín  Urrego  Escudero o  Moshe  Benalcázar  Furman, la cual a la fecha no se ha  hecho efectiva.    

La  República  del Perú, por conducto de su  Embajada  en  Colombia,  con  Nota Verbal No. 5-8-M/139 del 13 de abril de 2011,  solicitó  la  extradición del nacional colombiano señalado y, para el efecto,  adjunta  la  documentación  correspondiente  al  expediente de extradición No.  567-08-0,  el  cual  contiene,  entre  otros  soportes,  la  solicitud formal de  extradición  formulada  por el Primer Juzgado Penal Supraprovincial de Lima, la  reseña  de  los  cargos  imputados,  los  hechos  objeto  de investigación, el  resumen   procesal  del  expediente,  los  criterios  que  establecen  la  causa  probable,  la  cita  de  las normas penales peruanas aplicables al caso, con sus  agravantes,  así  como  otros  documentos  encaminados a apoyar la petición de  extradición.   

3.  A  su  turno, el Ministerio de Relaciones  Exteriores  de Colombia, mediante oficio No. DIAJI.E No. 881 del 15 de abril del  año  en  curso,  informó que “de conformidad con lo  establecido  en  nuestra  legislación  procesal penal interna, los instrumentos  aplicables      al     presente     caso     son:     i)     el     ‘Acuerdo sobre extradición’,  suscrito  en Caracas el 18 de julio  de 19111   

;        ii)        ‘Acuerdo   entre  el  Gobierno  de  la  República  de  Colombia y el Gobierno de la República del Perú, modificatorio  del   Convenio   Bolivariano   de   Extradición  firmado  el  18  de  julio  de  1911’, suscrito en Lima el  22   de   octubre   de   2004;   iii)  la  ‘Convención  de  las  Naciones  Unidas  contra  el  Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes y  Sustancias  Sicotrópicas’,  signada en Viena el 20 de diciembre de 1988.   

El  Viceministro  Justicia  y del Derecho, en  oficio  OFI11-16049-DVJ-0300 del 18 del abril de 2011, advirtió que aún cuando  no  se  ha  obtenido la captura del ciudadano colombiano requerido, se considera  pertinente  que  se le dé curso al trámite de extradición, teniendo en cuenta  la   jurisprudencia   de  esta  Corporación.  En  consecuencia,  el  mencionado  funcionario  remitió  la  actuación con destino a la Corte Suprema de Justicia  para  que emitiera el correspondiente concepto con destino al Gobierno Nacional,  toda  vez que la documentación allegada por el gobierno extranjero se encuentra  debidamente  legalizada  y  se  reúnen los requisitos formales exigidos por los  convenios aplicables al caso.   

4.  La Corporación, a través de auto del 28  de   abril   del   presente   año,   le   designó  al  ciudadano  Moshe  Benalcázar  Furman una apoderada de  oficio  adscrita  a la Defensoría Pública de la Defensoría del Pueblo, con el  fin  de  garantizarle el derecho a la defensa dentro del presente trámite. Así  mismo,  corrió  el  traslado probatorio de que trata el artículo 500 de la Ley  906  de 2004, del cual hizo uso el agente del Ministerio Público y la defensora  del pedido en extradición.   

PERÍODO PROBATORIO  

A  través de auto del 6 de julio de 2011, la  Corte  negó  la  petición formulada por el Procurador Segundo Delegado para la  Casación  Penal  encaminada a verificar la existencia de actuaciones penales en  contra  del  nacional requerido, por los mismos hechos que motivan este trámite  de   extradición.   Así   mismo,   accedió  a  lo  solicitado  por  el  mismo  interviniente,  en  el sentido de verificar la identidad del nacional colombiano  Carlos    Agustín    Urrego    Escudero  o  Moshe  Benalcázar Furman.   

Como   consecuencia   de  lo  anterior,  el  Registrador  Delegado  para el Registro Civil y la Identificación dio respuesta  a  lo  requerido  por  esta  Colegiatura, a través de oficio del 25 de julio de  2011 y anexó el soporte documental correspondiente.   

Enseguida,  la Sala corrió el traslado a los  intervinientes para presentar sus respectivos alegatos.   

ALEGACIONES DE LOS INTERVINIENTES  

1.     El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la Casación Penal  solicita  a la Corte emitir concepto favorable a la solicitud de extradición de  Moshe Benalcázar Furman, por  considerar  que  se  reúnen  los  presupuestos  requeridos en la Ley 26 de 1913  (mediante  la  cual el Congreso de Colombia aprobó el Acuerdo Bolivariano sobre  extradición) y los consagrados en la Ley 906 de 2004.    

Así,  indica que las exigencias relacionadas  con  la  validez  formal  de  la  documentación,  la  demostración plena de la  identidad  del solicitado, el principio de doble incriminación, la equivalencia  de  la  providencia  proferida  en  el  extranjero,  y los requisitos especiales  previstos  en  el  Acuerdo  Bolivariano suscrito con la república del Perú, se  encuentran  acreditadas.  De  igual  forma,  solicita  a la Sala que, en caso de  emitir  concepto favorable a la extradición, requiera al Gobierno Nacional para  que  sugiera al gobierno extranjero que garantice los derechos fundamentales del  ciudadano  reclamado,  según  la  Constitución  Política  y  los instrumentos  internacionales de derecho humanos.   

2.  A  su  turno, la  apoderada  del  nacional pedido en extradición reclama  un  concepto  negativo  a  la  entrega  de  su  asistido,  toda  vez  que  de la  documentación  aportada se desprende que la actuación procesal que se sigue en  el  extranjero  solamente  cuenta  con auto de apertura de instrucción y no con  decisión  acusatoria  o  sentencia  condenatoria.  Requiere  que,  en  caso  de  concepto  favorable, se fijen condiciones o parámetros para que se respeten los  derechos fundamentales del ciudadano colombiano.   

CONCEPTO DE LA CORTE  

El  artículo  502  de  la  Ley  906 de 2004,  estatuto  procesal  penal  aplicable  al caso, dado que los hechos atribuidos al  ciudadano  colombiano requerido tuvieron lugar entre los años de 2002, hasta al  menos el 3 de junio de 2008, dice textualmente:   

“La Corte Suprema  de   Justicia,   fundamentará   su   concepto   en  la  validez  formal  de  la  documentación  presentada,  en  la  demostración  plena  de  la  identidad del  solicitado,  en  el  principio de la doble incriminación, en la equivalencia de  la  providencia  proferida  en  el  extranjero  y,  cuando  fuere el caso, en el  cumplimiento de lo previsto en los tratados públicos”.   

Ahora  bien,  comoquiera que el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  informó  que “de conformidad  con   lo  establecido  en  nuestra  legislación  procesal  penal  interna,  los  instrumentos   aplicables   al   presente   caso   son:   i)   el   ‘Acuerdo sobre extradición’,  suscrito  en Caracas el 18 de julio  de  1911;  ii)  el ‘Acuerdo  entre  el  Gobierno  de la República de Colombia y el Gobierno de la República  del  Perú, modificatorio del Convenio Bolivariano de Extradición firmado el 18  de   julio   de   1911’,  suscrito   en   Lima   el   22   de   octubre  de  2004;  iii)  la  ‘Convención  de  las  Naciones  Unidas  contra    el    Tráfico    Ilícito    de    Estupefacientes    y    Sustancias  Sicotrópicas’, signada en  Viena  el  20  de  diciembre de 1988”, entonces será  sobre  la concurrencia de los requisitos señalados en dichos instrumentos sobre  los cuales la Corte emitirá su concepto.   

Al  efecto,  seguirá  el siguiente orden: 1)  documentación  anexa  y  validez  formal  de  la  misma; 2) acreditación de la  identidad  plena de la persona solicitada en extradición; 3) principio de doble  incriminación;  4)  equivalencia  de la providencia dictada en el extranjero, y  5) inexistencia de causas de improcedencia.     

1.  Documentación  anexa y validez formal   

El artículo VI del Acuerdo Bolivariano sobre  Extradición  suscrito  el  18  de julio de 1911 por las repúblicas de Ecuador,  Bolivia,     Perú,    Colombia    y    Venezuela2, establece que la solicitud de  extradición  debe  hacerse por vía diplomática. Y el artículo VIII del mismo  instrumento,  exige  que  esté  acompañada de la sentencia condenatoria, si el  prófugo  ha sido condenado o, en su defecto, del auto  de  detención, con indicación del delito, la fecha de  los  hechos,  las  pruebas  que  sustentan la decisión y el texto de las normas  aplicables  al  caso,  documentos  que  deben  aportarse por vía diplomática y  debidamente autenticados.   

Con el objeto de cumplir estas exigencias, las  autoridades    peruanas    adjuntaron   copia   de   los   siguientes   soportes  documentales:   

a)   Solicitud   de   asistencia   judicial  internacional,  emitida  por  el  Primer  Juzgado  Supraprovincial  –  Sala  Penal  Nacional  de  la  Corte  Suprema de la República del Perú.   

b) Auto apertorio de  instrucción de fecha 3 de junio de 2008, proferido en  contra  de  Carlos Agustín Urrego Escudero  y otros, providencia que fue ampliada por medio de decisión del 2  de  noviembre de 2010, la cual precisó que el nacional colombiano solicitado se  identifica   con   el   nombre  de  Moshe  Benalcázar  Furman.   

c)  Informe  de  Consulta  Afis,  Dirección  Nacional  de  Identificación  de  la  Registraduría Nacional del Estado Civil,  correspondiente  a Moshe Benalcázar Furman,   identificado   con   cédula   de  ciudadanía  No.  79.928.745.   

d)  Cuaderno  de extradición de Carlos   Agustín   Urrego   Escudero   o  Moshe  Benalcázar  Furman,  elaborado  por  el  Primer Juzgado Supraprovincial, el cual está conformado por  los siguientes documentos:   

i)  Solicitud  de  extradición;   ii)  Informe  007-2005-UIF-DPA/AMPLIACION;      iii)    Parte    No.    064-11-2007-DIRANDRO    PNP/EEIP;   iv) Denuncia No. 034-2003, formalizada por  el  Fiscal  Segundo  Provincial Especializado el 3 de junio de 2008 ante el Juez  Supraprovincial  de  turno; v)  auto  apertorio de  instrucción  del  3 de junio de 2008;  vi)  oficio  No.  567-08-1º  JPSP  del 20 de octubre de 2009, dirigido por el Juez Supraprovincial de Lima al  Director   Ejecutivo   de   la   OCN   –   INTERPOL   –   Lima;   vii)  copia  de  la  cédula de ciudadanía No. 79.928.745 y pasaporte a  nombre  de  Carlos Agustín Urrego Escudero  y  Moshe  Benalcázar Furman;  ix) oficios No.  3684  y  3837  2010  MP  FN  UCJIE de 23 y 30 de junio de 2010, dirigidos por la  Fiscal  Adjunta  Suprema  de  la Unidad de Cooperación Judicial Internacional y  Extradiciones  de la Fiscalía de la Nación al Primer Juzgado Supraprovincial y  Presidente  de  la  Sala Penal Nacional; x)  auto  del  22  de  noviembre de 2010, por medio del cual el Primer  Juzgado   Supraprovincial   solicita   el  arresto  provisorio  de  Carlos   Agustín   Urrego   Escudero   o  Moshe  Benalcázar  Furman,  vía   asistencia   judicial   internacional   a   las   autoridades  judiciales  colombianas;  xi) copia de las  normas  pertinentes del Código Penal del Perú y de la Convención de Viena del  19  de diciembre de 1988; xii)  texto  del Acuerdo sobre extradición suscrito en Caracas el 18 de julio de 1911  y   su   acuerdo   modificatorio;   xiii)  Auto  del 14 de enero de 2011, por medio del cual la Corte Suprema  de  Justicia  de  la República declara procedente requerir al Estado Colombiano  la    extradición    de   Carlos   Agustín   Urrego  Escudero  o Moshe Benalcázar  Furman.     

Todos  los folios que integran el cuaderno de  extradición  y la restante documentación se hallan suscritos por el secretario  judicial  del  Juzgado Suprapronvincial de Lima; la firma de la titular de dicho  despacho  judicial  aparece  avalada  por  el  Magistrado Coordinador de la Sala  Penal  Nacional  el  26 de noviembre de 2010. Así mismo, toda la documentación  referida  fue remitida al Cónsul General de Colombia en Lima el 21 de noviembre  de  2010  por  la  Fiscal  Adjunta  Suprema Titular de la Unidad de Cooperación  Judicial  Internacional  y  Extradiciones  de  la  Fiscalía de la Nación, cuya  rúbrica  fue  legalizada el 3 de diciembre de 2010 por la Dirección General de  Política   Consultar   del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  del  Perú.   

Los   hechos   que  motivan  el  pedido  en  extradición  son  los  siguientes,  según consta en la documentación allegada  por el gobierno reclamante:   

“Que  de  los  actuados   de   la   investigación   preliminar  y  del  auto  de  apertura  de  instrucción,  se  advierte  que  el ciudadano colombiano Jorge Enrique Jiménez  Urrego,  vinculado  a  las  empresas  colombianas  FINANCIERA  METRO DE COLOMBIA  –  FIMESA COLOMBIA S.A. y  MERCADOS     FINANCIEROS    S.A.    –  MERCAFIN,  habría  sido  detenido en el año dos mil uno, por las  autoridades  antidrogas  de  la  República  de  Panamá,  al ser sindicado como  integrante  de  una  organización  criminal  dedicada  al  tráfico ilícito de  drogas  a nivel internacional, siendo buscado por la policía antinarcóticos de  Alemania   y   por   la   INTERPOL   –  Colombia  por su vinculación con una red criminal a la cual se le  decomisaron  doscientos kilos de cocaína, ocultos en un cargamento de vísceras  de  ganado,  habiendo  sido puesto a disposición de las autoridades alemanas en  el mes de agosto del mismo año.   

Consecuentemente,  de  las  investigaciones  preliminares  se  ha  logrado  establecer  que  desde inicios del año 2002, una  compleja  y  bien  estructurada organización delictiva compuesta por ciudadanos  de  nacionalidad  colombiana,  peruana  y  chilena,  empezó a operar en nuestro  país  (Perú), la misma que estaba destinada al blanqueo de capitales ilícitos  originados  en Colombia, los mismos que provendrían directamente de actividades  relacionadas  al  tráfico  ilícito  internacional  de  drogas,  en  las que se  encontrarían  involucrados  ciudadanos  Colombianos,  Chilenos  y Peruanos, los  mismos  que  habrían  efectuado  remesas  de  dinero  habrían sido previamente  transportadas  hacia  Colombia desde Europa (euros) y Estados Unidos de América  (dólares),  como  producto del pago por la venta de considerables cantidades de  droga  enviadas desde Colombia hacia dichos destinos.  Es así que se optó  por  montar  una  compleja  organización  que  operaría  bajo  la  fachada del  supuesto      negocio      de      ‘arbitramento        internacional       de       divisas’,  la  misma  que  inicialmente operó  mediante    la    tipología    o    modalidad    conocida   como   ‘estructuración’,             ‘pitufeo’         o         ‘trabajo    de    hormiga’,   -identificada  por  el  Grupo  de  Acción  Financiera  de  Sudamérica  –  Gafisud  y  la  Federación Latinoamericana de Bancos –   Felaban   como  una  de  las  más  frecuentemente   utilizadas   para   el   blanqueo   de   capitales  ilícitos-,  efectuándose  inicialmente el transporte físico y personalizado de las divisas  (euros  y dólares) desde Colombia a Perú; así mismo, el dinero remesado desde  Colombia  era  ingresado  a  la Empresa AMASBAN S.A., bajo el rubro ‘préstamos  del  exterior’,  simulándose  luego  operaciones de  venta  de  moneda  (euros)  y  a través de su supuesto broker, la empresa chile  TURISMO  COSTA  BRAVA,  con  la finalidad de sustentar los múltiples envíos de  dinero  físico  efectuados  en  algunos casos de manera subrepticia hacia dicho  país y que sumarían varios millones de euros.   

Que,  respecto  al  procesado  Carlos   Agustín   Urrego   Escudero  o  Moshe  Benalcázar  Furma,  ciudadano  colombiano,  se  tiene  que  es  el  Gerente y Representante Legal de  Mercados     Financieros    S.A.    –  MERCAFIN  S.A.,  y  resultaría  ser  familiar  de  Jorge  Enrique  Jiménez  Urrego,  además  que  formaría  parte  de  la  Junta Directiva de la  mencionada  empresa,  la  cual  se  encuentra también integrada por la imputada  Blanca  Virginia  Jiménez  Urrego  (hermana  de Jorge Enrique Jiménez Urrego),  así  como  por el procesado Néstor Javier Pavón Gallego; así mismo, éste en  representación  de  la  citada  empresa  habría  remitido  catas de remesas de  dinero  dirigidas  al  Director  de Equipajes del Aeropuerto Jorge Chávez, todo  esto  según  información remitida por la SUNAT respecto al ingreso y salida de  dinero     a     través     del     Aeropuerto    Internacional    ‘Jorge        Chávez’   mediante   la   cual  se  puso  en  conocimiento  que  ciertas empresas colombianas remitían importantes cantidades  de  dinero  con  destino  a MONEY EXPRESS S.A. (vinculada directamente a AMASBAN  S.A.  por  ser  de propiedad del mismo ‘Grupo  Velit’),  siendo  que  dentro  de este grupo de empresas se ubicó también a las empresas  colombianas  MERCADOS FINANCIEROS S.A. –   MERCAFIN  y  a  FIMESA  DE  COLOMBIA  S.A.  (beneficiaria  de  la  transferencia  efectuada  por  GRUPO  FARICARL,  y  cuyo  representante  legal y  apoderado  serían  los  procesados  Álvaro  Bejarano  Alzate  y  Jorge Enrique  Jiménez  Urrego,  respectivamente),  firmando  las  cartas de remesas de dinero  dirigidas,  por  ésta  última empresa, al Director de Equipajes del Aeropuerto  ‘El  Dorado’     de     Bogotá    –   Colombia,  los  imputados  Álvaro  Bejarano Alzate y Juan Carlos Leyva Ramírez.   

Finalmente,  se  tiene  que  en  las  cartas  remitidas  a  la  Directora  de Equipajes de la Aduana peruana por el denunciado  Álvaro  Bejarano  Alzate  en su condición de Representante Legal de le empresa  colombiana  FIMESA  DE  COLOMBIA  S.A. –  FIMESA,  se  indica  que  la  entrega  de divisas en efectivo a la  empresa  AMASBAN  S.A. se efectúan por cuenta de la empresa TURISMO COSTA BRAVA  en       desarrollo      del      ‘contrato   de   arbitraje   internacional   de   monedas’,  el  contenido  de  estas  cartas  y  formato  de  éstas  son  casi  idénticas  a  las  que  han sido remitidas a la  Directora  de  Equipajes  de la Aduana peruana por el denunciado Carlos Agustín  Urrego  Escudero  en  Representación  Legal  de  la empresa colombiana MERCADOS  FINANCIEROS    S.A.   –  MERCAFIN;  esto  demuestra  la  triangulación  realizada  entre  ambas empresas  colombianas,  las  empresas  peruanas  AMASBAN  S.A.  y  MONEY EXPRESS S.S. y la  chilena  TURISMO  COSTA  BRAVA S.A., con la finalidad de legitimar los capitales  de  origen  ilícito remesados desde Colombia, aparentando supuestas actividades  de cambio de monedas.”   

En  las anotadas condiciones, se concluye que  los  requerimientos   relacionados con la presentación de la solicitud por  vía  diplomática,  la  aportación  de  la  documentación  que debe servir de  fundamento  a  ella  y  su formalización, exigidos por los artículos VI y VIII  del  Convenio,  se  cumplieron  a cabalidad por el país requirente, y que desde  esta  perspectiva,  los  documentos  aportados  con  tal  fin  se tornan aptos y  suficientes  para  ser considerados por la Corte en el estudio que debe preceder  su concepto.    

2. Identidad plena  de la persona reclamada   

El  Gobierno  de  la  República  del  Perú  solicita  la entrega de Carlos Agustín Urrego Escudero  o  Moshe  Benalcázar Furman, portador de la cédula de  ciudadanía  No.  79.928.745,  identidad  imprecisa  que  condujo  a  la  Corte a requerir a la Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil  que  aclarara  la  verdadera  identificación  del  ciudadano reclamado.   

Fue  así  como dicho organismo, a través de  comunicación  del  25  de julio del año en curso, señaló que el 25 de agosto  de  2005 el ciudadano colombiano Carlos Agustín Urrego  Escudero  se  acercó  a la Registraduría Auxiliar de  Los  Mártires  en  la ciudad de Bogotá para solicitar una rectificación de su  cédula  de  ciudadanía  por  razón del cambio de nombre.  El funcionario  precisó  que  la  persona  mencionada presentó como soporte de su petición el  Registro  Civil  de  Nacimiento  No.  33033241,  en  el  cual  se  encuentra  la  anotación  que  ante  la  Notaría  Tercera  del  Círculo  de  Bogotá, según  Escritura  Pública  No.  692  del  21  de  junio  de  2005, le permitió al hoy  solicitado  en  extradición  Carlos  Agustín  Urrego  Escudero  tramitar  su  cambio  de  nombre  por  el de  Moshe       Benalcázar       Furman.   

Por  lo  tanto,  se  tiene  que  el ciudadano  colombiano  antes  identificado  como  Carlos Agustín  Urrego  Escudero es hoy Moshe  Benalcázar  Furman, quien se identifica con la cédula  de  ciudadanía  colombiana  No. 79.928.745 de Bogotá, nacido en esta ciudad el  19  de  febrero  de 1976.  De allí que sea posible afirmar que el nacional  colombiano  cuya  extradición  requiere  el  Gobierno del Perú a través de la  nota  verbal  No.  5-8-M/139 del 13 de abril de 2011 no es otro que Moshe Benalcázar Furman.   

Por    lo    tanto,   el   requisito   se  satisface   

3.  Principio de la  doble incriminación   

Este postulado impone verificar: (i)    que   la  conducta  delictiva  imputada  a  la persona reclamada se halla también tipificada como delito en la  legislación  colombiana, (ii)  que  el  máximo  de  la  pena  privativa  de la libertad prevista para el mismo  exceda     de     6     meses     en     ambos     Estados,    y    (iii)  que  el  delito se halle dentro del  listado  de  conductas que permiten la extradición (Artículos II, V y VIII del  Tratado).    

Moshe    Benalcázar   Furman  es  solicitado  en extradición para ser investigado y juzgado por  los   delitos   denominados  actos  de  conversión  y  transferencia,  acto  de  ocultamiento  y  tenencia  y  asociación  ilícita  para  delinquir,  conductas  tipificadas  en  el  Perú  en  la  Ley  Penal  de  Lavado de Activos No. 27765,  modificada  por  la  Ley  28355.  Así  aparecen  descritas  en  la normatividad  foránea:   

“Artículo 1º.-  Actos de Conversión y Transferencia   

El que convierte o transfiere dinero, bienes  efectos  o  ganancias  cuya origen ilícito conoce o puede presumir, y dificulta  la  identificación  de  su  origen, su incautación o decomiso; será reprimido  con  pena  privativa  de la libertad no menor de ocho ni mayor de quince años y  con ciento veinte a trescientos cincuenta días de multa.   

Artículo  2º.-  Actos  de  Ocultamiento y  tenencia   

El  que adquiere, utiliza, custodia, recibe,  oculta,  administra  o  transporta  dentro  del  territorio  de  la República o  introduce  o  retira  del mismo o mantiene en su poder dinero, bienes, efectos o  ganancias,  cuyo  origen  ilícito  conoce  o  puede  presumir,  y  dificulta la  identificación  de  su  origen, su incautación o decomiso, será reprimido con  pena  privativa  de  la libertad no menor de ocho ni mayor de quince años y con  ciento veinte a trescientos cincuenta días de multa.   

Circunstancia   agravante,   Artículo 3º (Ley No. 27765)   

La  pena  será  privativa de la libertad no  menor  de veinticinco años cuando los actos de conversión y transferencia o de  ocultamiento  y  tenencia  se relacionan con dinero, bienes, efectos o ganancias  provenientes   del   Tráfico   Ilícito   de   Drogas,  Terrorismo,  Secuestro,  Extorsión,  Trata  de Personas o delitos contra el Patrimonio Cultural previsto  en el artículo 228º y 230º del Código Penal.”   

Artículo  317.-  Asociación ilícita para  delinquir   

El  que  forma parte de una organización de  dos  o  más  personas  destinada  a cometer delitos será reprimido por el solo  hecho  de ser miembro de la misma, con pena privativa de la libertad no menor de  tres ni mayor de seis años.   

Cuando  la  organización  esté destinada a  cometer  delitos  previstos  en los artículos 152º al 153º-A, 200º, 273º al  279º-D,  296º al 298º, 315º, 317º, 318º-A, 319º, 325º al 333º, 346º al  350º  o  la  Ley  No. 27265 (Ley penal contra el Lavado de Activos), la pena no  será  menor  de  ocho ni mayor de quince años, de ciento ochenta a trescientos  sesenta  y  cinco  días  –  multa   e  inhabilitación  conforme  al  artículo  36º  incisos  1,  2  y  4,  imponiéndose  además,  de  ser  el  caso,  las  consecuencias  accesorias  del  artículo  105º  numerales  2)  y 4), debiéndose dictar las medidas cautelares  que correspondan para garantizar dicho fin.”   

Estas  descripciones legales encuentran cabal  correspondencia  con  los  tipos  penales  de lavado de activos y concierto para  delinquir  agravado  previstos  en  los  artículos 323 y 340 del Código Penal,  así:   

Artículo  323  de  la  Ley  599  de  2000,  modificado  por  los  artículos  8º   de la Ley 747 de 2002, 7º  el  artículo 7 de la Ley 1121 de 2006 y 42 de la Ley 1453 de 2011   

“El que adquiera,  resguarde,  invierta,  transporte,  transforme,  almacene,  conserve, custodie o  administre  bienes  que  tengan  su origen mediato o inmediato en actividades de  tráfico  de migrantes, trata de personas, extorsión, enriquecimiento ilícito,  secuestro  extorsivo, rebelión, tráfico de armas, tráfico de menores de edad,  financiación  del  terrorismo  y  administración  de recursos relacionados con  actividades   terroristas,   tráfico  de  drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,  delitos contra el sistema financiero, delitos contra  la  administración pública, o vinculados con el producto de delitos ejecutados  bajo  concierto  para  delinquir,  o les dé a los bienes provenientes de dichas  actividades  apariencia  de  legalidad  o  los  legalice,  oculte  o  encubra la  verdadera  naturaleza,  origen,  ubicación, destino, movimiento o derecho sobre  tales  bienes  o  realice  cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen  ilícito,  incurrirá  por esa sola conducta, en prisión de diez (10) a treinta  (30)  años  y  multa  de  seiscientos  cincuenta (650) a cincuenta mil (50.000)  salarios mínimos legales vigentes.”   

Artículo  340  de  la  Ley  599  de  2000,  modificado  por  los artículos 8 y 19 de las leyes 733 de 2002 y 1121 de 2006 y  artículo 14 de la Ley 890 de 2004   

“Cuando   varias   personas  se  concierten  con  el  fin de cometer delitos, cada una de ellas será penada, por  esa  sola  conducta,  con  prisión  de cuarenta y ocho (48) a ciento ocho (108)  meses.   

Cuando el concierto sea para cometer delitos  de   genocidio,  desaparición  forzada  de  personas,  tortura,  desplazamiento  forzado,  homicidio,  terrorismo, tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o  sustancias    sicotrópicas,   secuestro,   secuestro   extorsivo,   extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos  o  testaferrato  y  conexos,  o  Financiamiento  del  Terrorismo  y  administración de recursos relacionados con  actividades  terroristas, la pena será de prisión de ocho (8) a dieciocho (18)  años  y  multa de dos mil setecientos (2700) hasta treinta mil (30000) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.”   

   

Como puede verse, las conductas imputadas a la  persona  reclamada  se  hallan  tipificadas  como  delitos  en  la  legislación  colombiana  bajo  la  denominación  de  lavado  de  activos  y  concierto  para  delinquir  agravado,  conductas  que  se  sancionan  en  ambos  países con pena  privativa  de la libertad cuyo máximo supera ampliamente el límite de un año,  según  así  lo  establece el artículo 5, literal d, del Acuerdo Modificatorio  del  Convenio  Bolivariano  de  Extradición,  suscrito  entre  los gobiernos de  Colombia y Perú en Lima el 22 de octubre de 2004.   

El Acuerdo Bolivariano sobre Extradición, en  su  artículo  II,  no relaciona expresamente los delitos de lavado de activos y  concierto  para delinquir como aquellos que permiten la entrega en extradición;  no  obstante,  debe tenerse en cuenta que este precepto fue complementado por el  artículo  6°,  numeral  2°  de  la  Convención  de Naciones Unidas contra el  Tráfico  Ilícito  de Estupefacientes, incorporada a la legislación colombiana  por la ley 67 de 1993, que dice:   

“Cada uno de los  delitos  a  los  que  se  aplica  el presente artículo se considerará incluido  entre  los  delitos que den lugar a extradición en todo tratado de extradición  vigente  entre  las  Partes.  Las  Partes se comprometen a incluir tales delitos  como  casos de extradición en todo tratado de extradición que concierten entre  sí”.   

La  norma así reseñada tiene aplicación al  caso,  por  cuanto  en  la  documentación remitida por el Gobierno del Perú se  menciona  que  los  hechos  que  dan  origen  al  delito  de lavado de activos y  concierto   para   delinquir   tienen  origen  en  actividades  de  tráfico  de  estupefacientes.   

Así se indica en el cuaderno de extradición,  particularmente  en  el  oficio del 20 de octubre de 2009, a través del cual la  Juez  Primera  Supraprovincial solicita la ubicación y captura en el extranjero  de   Carlos   Agustín   Urrego  Escudero  o  Moshe  Benalcázar Furman  y  resume  los  hechos  que  se  le  atribuyen,  de  la  siguiente  manera:   

“… de las investigaciones preliminares se  ha  logrado  establecer  que  desde  inicio  del  año 2002, una compleja y bien  estructurada  organización delictiva compuesta principalmente por ciudadanos de  nacionalidad  colombiana,  peruana  y chilena, empezó a operar en nuestro país  (Perú),  la  misma  que  estaba  destinada  al  blanqueo de capitales ilícitos  originados   en   Colombia,   los   mismos  que  porovendrían  directamente  de  actividades  relacionadas  al  tráfico ilícito internacional de drogas, en las  que  se encontrarían involucrados los procesados ciudadanos colombianos: Carlos  Agustín Urrego Escudero…”   

Por    lo    tanto,   el   requisito   se  satisface   

4.   Providencia  proferida en el extranjero   

El  artículo  VIII  del  Acuerdo Bolivariano  impone  que  la solicitud de extradición debe estar acompañada “del  auto  de  detención dictado por el Tribunal competente, con la  designación  exacta  del  delito  o  crimen  que la motivaren, y de la fecha de  perpetración,  así  como de las declaraciones u otras pruebas en virtud de las  cuales  se  hubiere  dictado dicho auto, caso de que el fugitivo sólo estuviere  procesado”.   

También  se  cumple con esta exigencia, toda  vez  que,  dentro de los documentos allegados a la solicitud de extradición, se  incluye  el  mandato  de  detención  del  3  de junio de 2008, proferido por el  Primer   Juzgado   Supraprovincial  de  Lima,  en  contra  de  Carlos   Agustín   Urrego   Escudero   o  Moshe  Benalcázar Furman; en  dicha  providencia   se  precisó  el lugar y la fecha de ocurrencia de los  acontecimientos  delictivos,  al  igual que las normas penales infringidas, todo  lo  cual  no  deja  lugar  a  dudas de que dicha determinación se equipara a la  decisión  de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  privativa de libertad  (artículos 308 y 313 de la Ley 906 de 2004).   

Es  necesario  aclararle  a  la apoderada del  pedido    en    extradición    Moshe    Benalcázar  Furman  que,  al  contrario  de  lo que sugiere en sus  alegatos,  no  se  requiere  que  el  gobierno  del  Perú  allegue la decisión  acusatoria  o  la sentencia condenatoria, puesto que el instrumento que fija los  requisitos  para  la  concesión de la extradición es claro en cuanto que basta  el   denominado   mandato  de  detención.     

Se   cumple   también   el   principio  de  reciprocidad  en el fundamento probatorio,  el  cual está previsto en el artículo I del Acuerdo Bolivariano  sobre  Extradición,  de  la  siguiente manera: “para  que  la  extradición  se  efectúe es preciso que las pruebas de la infracción  sean  tales, que las leyes del lugar donde se encuentre el prófugo o enjuiciado  justificarían   su  detención  o  sometimiento  a  juicio,  si  la  comisión,  tentativa   o  frustración  del  crimen  o  delito  se  hubiese  verificado  en  él.”   

Frente  a tal precepto, a la Corte Suprema de  Justicia  colombiana  le  corresponde  analizar  objetivamente la documentación  allegada  con  el requerimiento, para verificar si las pruebas con que cuenta el  país  solicitante  justificarían,  a  la  luz  de  las  leyes  colombianas, la  detención   (medida   de  aseguramiento)      o      el      llamamiento      a      juicio     (acusación)       del      ciudadano  requerido.   

Sobre  ese  preciso  tópico,  la  Sala  de  Casación Penal expresó:   

“Este   artículo   [el  I  del  Acuerdo  Bolivariano  sobre  Extradición]  permite  a  la  autoridad del país requerido  verificar  con  arreglo a sus reglas internas, la fuerza probatoria en tanto sea  suficiente  para  detener  o  acusar  (juicio  de probabilidad). Sin embargo esa  cláusula  de  ninguna  manera autoriza convertir el trámite de extradición en  un   proceso   contradictorio   dentro   del   cual   sea  posible  controvertir  probatoriamente  las pruebas en las que se sustenta la actuación judicial en el  país  requirente.  La  controversia es de tipo jurídico y exclusivamente sobre  el  mérito  probatorio  que  puede  en  Colombia  asignársele  a las probanzas  utilizadas  en  el  país  requirente.  De  ninguna  manera  puede extenderse la  discusión  jurídica  a  otros extremos como los de formalidad de producción o  aporte  o  de validez. No debe pasarse por alto la naturaleza característica de  la  extradición  como  mecanismo de cooperación internacional con allegamiento  de  documentación por vía diplomática (Cfr. Auto extradición del 24 de julio  de  2001,  radicación  17685;  ratificado  en el Auto del 24 de agosto de 2003,  radicación                20795).”3   

Así,  se  tiene  que los elementos de juicio  enunciados  por  el  país  reclamante son suficientes para permitir, en nuestro  país  y  según  las normas vigentes, la imposición de medida de aseguramiento  de  detención  preventiva,  en  la  medida  en  que  se  conocen  las maniobras  atribuidas    a    Benalcázar    Furman  encaminadas  a  distraer el origen ilícito de dineros, las cuales  consistieron   en   la  triangulación  de  giros,  provenientes  de  una  firma  financiera  radicada  en  Colombia  de  la cual era su representante legal. Así  mismo,  se  sabe  que  dicho  cometido  se  materializó como consecuencia de su  concertación  con  numerosas  personas,  algunas  de ellas familiares suyos, de  diversas  nacionalidades,  que  conformaron  una  compleja  red  de  actividades  financieras  encaminada a perpetrar indeterminados comportamientos constitutivos  de lavado de activos.   

En   estas   condiciones,   los   elementos  probatorios  que  obran  en  la  actuación  procesal  foránea permiten inferir  razonablemente  que  el  nacional colombiano puede ser autor o partícipe de las  conductas  delictivas  que  se  le  atribuyen,  como  también  que la medida de  detención  preventiva es necesaria, en la medida en que el ciudadano colombiano  reclamado  probablemente no comparecerá voluntariamente al proceso.     

5.  Inexistencia de  causas de  improcedencia   

Los artículos IV y V del Convenio establecen  como  motivos  enervantes  de  la  concesión de la extradición los siguientes:  (i)  que  se  proceda por un  delito  político, (ii) que la  pena  máxima  prevista  para  el  delito  imputado  no  exceda  de  6  meses de  privación    de   la   libertad,   (iii)  que  la  acción  o  la  pena se hallen prescritas, y (iv)  que  la persona solicitada haya sido  juzgada  y dejada en libertad, cumplida la pena, o bien favorecida con amnistía  o  indulto.  Y  adicionalmente  a  estas  exigencias,  el  artículo  35  de  la  Constitución      Nacional      de     Colombia4,  prohíbe  la extradición de  nacionales  por  hechos  cometidos  con  anterioridad  al  17  de  diciembre  de  1997.   

Ninguno  de  estos  específicos  supuestos  concurre  en el caso en estudio, toda vez que los delitos de lavado de activos y  concierto  para delinquir relacionados con el tráfico de estupefacientes no son  de  naturaleza  política,  y  la  pena máxima privativa de la libertad a ellos  asignada excede ampliamente el año.   

La   acción   penal,  de  acuerdo  con  la  información  que  el  expediente  contiene,  prescribe en la Nación reclamante  “en un tiempo igual al máximo de la pena fijada por  la   ley   para   el   delito,   si  es  privativa  de  la  libertad”  (artículo  80  del  Código  Penal  peruano),  término que se  interrumpe   “por  las  actuaciones  del  Ministerio  Público  o  de  las  autoridades  judiciales,  quedando  sin  efecto  el tiempo  transcurrido.  Después  de  la  interrupción  comienza a correr un nuevo   plazo   de   prescripción,   a   partir   del  día  siguiente  de  la  última  diligencia.”   

Por lo tanto, si los delitos fueron cometidos  entre  el  2002  y  el 2008, la instrucción se inició en junio de este último  año  y  las  penas  máximas  previstas  para los delitos son de 6 (asociación  ilícita  para  delinquir)  y  25  años  de  prisión  (actos  de conversión y  transferencia),  surge  nítido  que ni en Perú ni en Colombia la acción penal  se halla prescrita.   

Por  último,  no  se  tiene conocimiento que  Moshe     Benalcázar     Furman   haya  sido  juzgado,  dejado  en  libertad,  cumplido  la  pena  o  favorecido  por amnistía o indulto por los hechos y delitos que se atribuyen en  el  extranjero,  y  así mismo se tiene certeza que los comportamientos punibles  atribuidos   tuvieron   lugar   con   posterioridad   al   17  de  diciembre  de  1997.   

6.   Cuestión  final.   

La  Corte  previene al Gobierno Nacional para  que  en el evento de que acceda a la extradición, advierta al Estado requirente  que  el  señor  Moshe Benalcázar Furman no  puede  ser juzgado por infracciones distintas de las que motivan  la  extradición,  ni  entregado a un tercer país que lo reclame, ni sometido a  desaparición  forzada,  tortura,  tratos  crueles,  inhumanos o degradantes, ni  condenado  a  pena  de muerte, cadena perpetua, destierro o confiscación, y que  el  tiempo  de  privación  de  la  libertad que eventualmente pueda cumplir por  razón  de  la  solicitud  de  extradición  le  sea tenido en cuenta como parte  cumplida  de  la pena, en caso de ser condenado (artículos X y XI del Acuerdo y  11,  12  y  34  de  la  Constitución  Política de Colombia).      

Así   mismo,   al  Gobierno  Nacional  le  corresponde  condicionar  la entrega a que el país reclamante, de acuerdo a sus  políticas  internas  sobre  la  materia,  le ofrezca al requerido posibilidades  racionales  y  reales  para  que pueda tener contacto regular con sus familiares  más  cercanos,  considerando  que el artículo 42 de la Constitución Política  de  1991  reconoce  a la familia como núcleo esencial de la sociedad, garantiza  su  protección  y  reconoce  su honra, dignidad e intimidad, amparo fundamental  que  se  refuerza  con  la  protección  que  a ese núcleo también prodigan la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos  en  su  artículo  17  y el Pacto  Internacional de Derechos Civiles y Políticos en el 23.   

El  Gobierno  Nacional  debe  formular  las  exigencias  que estime convenientes en orden a que en el Estado reclamante se le  reconozcan  todos  los  derechos  y  garantías  inherentes  a  la  persona  del  solicitado,  en  especial  las  contenidas  en  la  Carta  Fundamental  y  en el  denominado  bloque  de  constitucionalidad,  es  decir,  en  aquellos  convenios  internacionales  ratificados  por  Colombia que consagran y desarrollan derechos  humanos  (artículo  93  de la Constitución, Declaración Universal de Derechos  Humanos,  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos),  en  virtud  del  deber de protección a esos  derechos  que  para  todas  las  autoridades  públicas  emana del artículo 2°  ibídem.   

Se recomienda igualmente al Gobierno Nacional,  encabezado  por  el  señor  Presidente  como  supremo  director de la política  exterior  y  de  las  relaciones  internacionales,  realizar  seguimiento  a los  condicionamientos  que  se  impongan  a  la  concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias  que se derivarán de su eventual incumplimiento,  en  virtud  de  lo  dispuesto  en  el  numeral  2°  del  artículo  189  de  la  Constitución Política.   

Así  mismo,  en  caso  de  que Moshe    Benalcázar   Furman    sea  absuelto,  sobreseído,  o  por cualquier otra vía legal, declarado no culpable  de  los cargos que dieron origen a su extradición y, en consecuencia, dejado en  libertad,  el Estado reclamante -en el evento en que el ciudadano colombiano hoy  requerido  en extradición desee regresar al país- deberá asumir los gastos de  transporte  y  manutención  del  extraditado  de acuerdo con su dignidad humana  (artículos 1° y 93 de la Constitución Política).   

7.  Conclusión   

La   Sala,   teniendo  en  cuenta  que  los  requerimientos   relacionados   con  la  validez  formal  de  la  documentación  presentada,  la demostración plena de la identidad del solicitado, el principio  de  la  doble incriminación y la equivalencia de la providencia proferida en el  extranjero,  concurren  en el caso analizado, y que no se está frente a ninguna  de  las  causas  de  improcedencia  previstas  en  el  Acuerdo Bolivariano sobre  Extradición  suscrito  en Caracas el 18 de julio de 1911, y en la Constitución  Política     de     Colombia,    EMITE    CONCEPTO  FAVORABLE  para  la  extradición  a la República del  Perú  del  ciudadano  colombiano  Moshe  Benalcázar  Furman,   identificado  con  cédula  de  ciudadanía  79.928.745,  según  solicitud  del gobierno de ese país formulada a través de  Nota Verbal No. 5-8-M/139 del 13 de abril de 2011.   

Por  la  Secretaría de la Sala, comuníquese  esta   determinación   a   la  defensora  del  nacional  colombiano  pedido  en  extradición,  al  representante  del Ministerio Público y al Fiscal General de  la Nación, para lo de su cargo.   

Devuélvase al expediente  al  Ministerio  del  Interior  y de Justicia para los trámites subsiguientes de  ley.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ     GUZMÁN                                        

LUIS     GUILLERMO     SALAZAR   OTERO               JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                                                                         

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Dicho  instrumento,  en   su  artículo  6°,  numeral  2°, dispone lo siguiente:  “Cada  uno  de  los  delitos a los que se aplica el  presente  artículo  se  considerará incluido entre los delitos que den lugar a  extradición  en  todo  tratado  de  extradición  vigente entre las partes. Las  partes  se  comprometen  a  incluir  tales delitos como casos de extradición en  todo   tratado   de   extradición   que   concierten  entre  sí…”   

2  Incorporado a la legislación colombiana mediante ley 26 de 1913.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  auto  de  extradición  del  1º  de  febrero  de  2007,  radicación No. 25169.   

4 Acto  Legislativo 01 de 1997.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *