36311(07-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n.º  36311   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº. 74-  

Bogotá,    D.C.,    siete    (7   ) de marzo de dos mil doce (2012)  

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  resuelve  el  recurso de casación  interpuesto  por el defensor de Iván Ricardo Palomino  Otero  y  las  apoderadas  de  Mafaldo Antonio Wilches  Díaz  y  Juan Ignacio Wilches Zarza, en su condición de parte civil, contra la  sentencia  condenatoria  dictada  por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Sincelejo  de fecha 23 de noviembre de 2010, mediante la  cual  confirmó  parcialmente  el  fallo  proferido el 6 de julio de 2010 por el  Juzgado Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  27 de enero de 2006 el señor Mafaldo  Antonio            Wilches           Díaz1,  puso  en conocimiento de las  autoridades,  el  procedimiento  por  medio  del  cual,  producto de actividades  ilícitas  llevadas  a  cabo  por  las  autodefensas  unidas  de  Colombia  AUC,  acantonadas  en  el  Departamento de Sucre, el bloque armado al mando de Rodrigo  Antonio  Mercado  Pelufo,  alias  “cadena”  o  el “patrón”, adquirieron  diferentes  predios  aledaños  a  la  finca “Nuevo Mundo” jurisdicción del  municipio  de  San  Onofre, para posteriormente englobarlos en uno solo conocido  como    “La    Setenta”    con   una   extensión   superior   a   las   234  hectáreas.   

Para apoderarse de esas grandes extensiones de  terreno,  miembros  de la organización armada, amenazaron a los propietarios de  los  pequeños  inmuebles, quienes entregaron los predios por sumas irrisorias y  para  dar  una  apariencia de legalidad a la negociación, levantaron escrituras  públicas,  frente a las cuales en muchos casos no existía uniprocedencia entre  la  firma  de los propietarios y los otorgantes de los títulos, irregularidades  que  se  llevaron  a  cabo  con  la  anuencia  del Notario Único de San Onofre,  Iván Ricardo Palomino Otero  y su secretaria Ana Miguelina Blanco Silgado.   

2. La Fiscalía 2 Delegada ante el Circuito,  inició  investigación  formal  por estos hechos y vinculó al proceso mediante  indagatoria  a  Rodrigo Antonio Mercado Pelufo, Nelson Stanp Berrío, Otoniel de  Jesús   Ocampo   Martínez,   Ana   Miguelina   Blanco   Sildago,  Iván  Ricardo  Palomino  Otero,  Ricardo  Ayala  Bertel,  Santander  Rojano  Altamiranda y José Blanco Gómez2.   

3.  El  21 de agosto de 2007, la Fiscalía 2  Delegada  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Sincelejo,  calificó  el  mérito  del sumario en la modalidad de resolución de acusación  en       contra       de       entre      otros3,   y  para  los  efectos  que  interesan  a  esta decisión, a Iván Ricardo Palomino  Otero,  como  autor  de  los delitos de concierto para  delinquir,   desplazamiento   forzado,   testaferrato  y  falsedad  material  en  documento                  público4.   

La  determinación  fue  recurrida y el 18 de octubre de 2007, la Fiscalía Primera Delegada ante el  Tribunal   Superior   de   Sincelejo,   la   confirmó  parcialmente5,   dejando  incólume  la acusación elevada en contra de Palomino  Otero.   

4. El 6 de julio de 2010, el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Sincelejo  profirió  fallo  condenatorio en contra  de6:  Jhon  Mario  Torres  Marín,  a quien impuso una pena de ocho (8)  años    de    prisión    por    los   delitos   de   lavado   de   activos   y  testaferrato7;  Rodrigo Antonio Mercado Pelufo, sancionado con pena de trece (13)  años  y  tres  (3)  meses  de  prisión, como autor de concierto para delinquir  agravado      y      lavado      de      activos8;  Ana Miguelina Blanco Silgado  e    Iván   Ricardo   Palomino   Otero,  los condenó a siete (7) años y cuatro (4) meses de prisión como  coautores   de  concierto  para  delinquir  agravado  y  falsedad  en  documento  público9;  a  Nelson Stanp Berrio le impuso diez (10) años y tres (3) meses  de    prisión    como    autor    del   delito   de   lavado   de   activos   y  testaferrato10;  a  José Blanco Gómez y Santander Riojano Altamiranda les impuso  seis   (6)  años  de  prisión  como  coautores  de  concierto  para  delinquir  agravado11;  a  Otoniel  de  Jesús Ocampo le impuso pena de seis (6) años de  prisión   como   autor   de   lavado   de  activos12  y  a  Edward  Ricardo Ayala  Bertel  le  impuso  una  sanción  de  diez  (10)  años de prisión13  como autor  de   los   delitos   de   lavado  de  activos,  testaferrato  y  concierto  para  delinquir.   

En  la  misma decisión los absolvió por las  demás   conductas  punibles  por  las  que  habían  sido  acusados14.   

4.  La  determinación fue recurrida por los  defensores    de    los    procesados   Jhon  Mario  Torres  Marín, Nelson Stanp Berrío, Otoniel de Jesús  Ocampo,   Iván  Ricardo  Palomino  Otero,  Ricardo  Ayala  Bertel,  así como por las apoderadas de la parte  civil,  y  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá, en fallo del 23 de  noviembre   de   2010,  la  confirmó  parcialmente,  por  cuanto  absolvió  de  responsabilidad    a    Iván    Ricardo   Palomino  Otero  y Ana Miguelina Blanco Silgado por el delito de  falsedad  material  en  documento público. En esas condiciones, redosificó sus  penas  tasándolas  en  72 meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  por el mismo tiempo, en su condición de  coautores del delito de concierto para delinquir agravado.   

En   la  misma  decisión  se  abstuvo  de  pronunciarse  sobre  los recursos de apelación planteados por las apoderadas de  la  parte  civil,  tras  advertir  que  no obra en el proceso la prueba sobre la  admisión  de  las  demandas  y  el reconocimiento de personería jurídica para  actuar.   

Luego  fueron  presentadas  las  demandas  de  casación.   

LAS DEMANDAS  

         

1.  A  cargo  del defensor de Iván Ricardo  Palomino Otero.   

El    defensor    formula   cinco   cargos  contra  la  sentencia  de  segundo grado y así los desarrolla:   

Primer   cargo   (principal):    violación   indirecta   de   la   ley   sustancial por falso juicio de existencia.   

Empieza  el  abogado  por  señalar  que  los  testigos  Samir  Otero  de  la  Ossa  y  Juan  Carlos  Revollo  Paternina, nunca  afirmaron     que     Iván    Ricardo    Palomino  Otero  hiciera  parte de la organización paramilitar,  luego,   al   concluir   el   Ad  quem  que  su  representando  era  miembro  de  un  grupo  armado  ilegal,  incurrió  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia por suposición  de la prueba, vulnerando el artículo 340 del Código Penal.   

No hace ninguna solicitud.  

Primer  cargo  (subsidiario):  violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de hecho en  la estimación probatoria   

Tras citar apartes de las declaraciones de Ana  Miguelina  Blanco,  Otoniel  Ocampo  Martínez  y Geoffrey Augusto Campo Acosta,  sostiene  que  de  haber sido valoradas en debida forma sus declaraciones, se le  imponía   al   Tribunal   la   aplicación   del   principio  del  in  dubio  pro  reo y por tanto, el fallo  habría sido absolutorio.   

En  el  mismo cargo señala que existen otros  medios  probatorios  que  no fueron apreciados por el sentenciador, como son los  testimonios  de  Samir  Otero  de  la  Ossa,  Geoffrey  Augusto            Campo            Acosta15,  y  Juan Carlos Revollo; si  estos  medios  de  conocimiento  hubieran  sido apreciados correctamente por los  falladores,  habrían  aumentado  las  razones  para  hacer prevalecer la duda a  favor  de  su  representado  y para que se dictara fallo absolutorio. Como norma  violentada  cita  el  artículo  340  de  la  Ley 599 de 2000, lo que lo lleva a  invocar,  se  case la sentencia para que en su lugar, se dicte una de remplazo y  se absuelva al procesado.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por falso juicio de  identidad   

Principia  su  disertación  indicando que se  vulneró el artículo 340 del Código Penal.   

Considera  el  casacionista  que  el Tribunal  cercenó el contenido de los  testimonios  de  Samir  Otero de la Ossa y Geoffrey Augusto Ocampo Paternina. Al  mutilar  estas  pruebas  los  funcionarios dedujeron la participación activa de  Palomino  Otero en el grupo  de  autodefensas,  cuando  ningún  medio  de conocimiento acredita el acuerdo o  concierto de su representado con la organización.   

Solicita  que  se  declare la prosperidad del  cargo  y  en  consecuencia  que se case la sentencia16.   

Tercer  cargo  (subsidiario):  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por falso juicio de  legalidad.   

Como normas violadas cita los artículos 29 de  la  Constitución  Nacional,  340  del  Código Penal, el artículo 8, inciso 2,  literal  f,  de  la  Convención Americana de Derechos Humanos, 29 de las Reglas  Mínimas   de   las  Naciones  Unidas  para  el  Procedimiento  Penal,  también  reconocidas como Reglas de Mallorca y 13 de la Ley 600 de 2000.   

En  sentir  del  casacionista,  el  Tribunal  incurrió  en  un  error  en  la  incorporación de las declaraciones de Edelvit  Gómez  Ayala  y Roger Gómez Ayala, referidas a “la  estimación    que    el    fallador    de    segundo    grado   hizo   de   los  testimonios…17”,  pues  en su práctica no se citó a la defensa y por tanto, no fue  posible contrainterrogarlos.   

Solicita se case la sentencia.  

Cuarto  cargo  (subsidiario):  afectación  sustancial de la estructura del proceso   

El  censor  acusa  el  fallo  por  afectar la  estructura   del   proceso,   al   haber   condenado   al   señor  Palomino  Otero por el delito de concierto  para  delinquir  agravado  cuando  aquel  no se encuentra en consonancia con los  cargos formulados en la resolución de acusación.   

En  apoyo  de  su tesis y luego de trascribir  apartes  de  la  sentencia  de segundo grado, concluye que no existe imputación  fáctica  ni  jurídica  que  soporte el juicio de responsabilidad en contra del  procesado.   

Solicita    por    tanto    “marginar”  del  delito  de  concierto  para delinquir agravado la  circunstancia  de  agravación,  dictando  sentencia sustitutiva en la que se le  condene  por  la  misma  conducta  pero  en  la modalidad de simple.   

2.  A  cargo  de la parte civil18.   

Las  señoras  apoderadas  de  la parte civil  reclaman  al  unísono  y  como  cargo único la nulidad por desconocimiento del  principio  de  la  doble  instancia,  por  cuanto el A  quo  omitió  remitir  al  Tribunal  el cuaderno de la  parte  civil,  circunstancia  que  les  impidió participar en el trámite de la  segunda instancia.   

En  efecto, al no contar el Tribunal con este  cuaderno,  desatendió  las  súplicas anunciadas en sus recursos de apelación,  optando  el  juez  plural  por una interpretación desfavorable, en perjuicio de  los derechos procesales de las víctimas.   

A  renglón seguido y sin ilación alguna con  la  senda escogida, advierten la vulneración del postulado de la sana crítica,  lo  que  llevó  al Ad quem a  incurrir  en  un falso raciocinio al absolver a los procesados por el punible de  desplazamiento  forzado,  con  abierto  desconocimiento  del  contexto en que se  desarrollaron  los hechos, posibilitando que en forma caprichosa se absolviera a  unos  y  se condenara a otros, cuando debió impartir fallo condenatorio a todos  los acusados.   

Como  normas violadas citan los artículos 1,  2,  5,  6,  9,  12, 13 y  17 del Código de Procedimiento Penal y todas las  demás  normas  constitucionales  y  legales  que regulan el debido proceso y el  derecho de defensa.   

Solicitan, se case la sentencia impugnada y en  su  lugar,  se profiera un nuevo fallo en el que se condene a todos los acusados  por    los    delitos    de    desplazamiento    forzado    y    “falsedad           particular19”.   

MINISTERIO PÚBLICO  

El   Procurador   Delegado   comparte   los  cuestionamientos  de  las  apoderadas de la parte civil en relación con la  vulneración  al  principio  de la doble instancia, toda vez que la sentencia se  profirió  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  pues  al  no  remitirse por el  A  quo  el  cuaderno  de la  parte  civil,  el  juez  de  segundo  grado,  se  abstuvo de dar respuesta a los  argumentos  expuestos  a  través  del  recurso  de apelación, por no encontrar  acreditada la legitimidad procesal de estos sujetos procesales.   

En  concepto del señor Agente del Ministerio  Público,  la  omisión  de  la segunda instancia, se constituye en una efectiva  vulneración  al  debido  proceso,  irregularidad que a la luz de los principios  que  orientan  las  nulidades,  solo  se  puede  corregir con la declaratoria de  nulidad  dado  que  no  existe  otro  mecanismo  procesal para subsanar el yerro  cometido.  Por  ello  se  debe  desatar  el  recurso de apelación, en el que se  tengan en cuenta los argumentos de la parte civil.   

Solicita  casar  la  sentencia  impugnada  y  declarar  la  nulidad  del  proceso  a  partir  del  fallo  de segunda instancia  inclusive.   

CONSIDERACIONES  

Conforme al principio de prioridad que rige el  recurso  extraordinario  de casación, se le impone a la Sala estudiar en primer  lugar,  el  único  cargo  de  la demanda que postula la parte civil, esto es la  nulidad  de  la  actuación por vulneración al principio de la doble instancia,  dada  su  naturaleza  y  consecuencias,  pues  en  la eventualidad de prosperar,  tornaría  inane  el examen de las censuras planteadas por el señor defensor de  Palomino Otero.   

La nulidad por vulneración al principio de  la doble instancia.   

El  instituto de la doble instancia frente a  decisiones  judiciales  tiene  su consagración constitucional en los artículos  29  y  31  de  la  Carta  Política,  con las excepciones consagradas en la ley,  siendo  por  ello  que  se  ha  convenido  en  señalar,  que su carácter no es  absoluto  en tanto el legislador está facultado para establecer excepciones, de  acuerdo con estándares internacionales.   

Sobre  el  alcance  del aludido principio la  Corte      Constitucional      ha      señalado20:   

“La   propia  Constitución  establece  junto  con el non bis in ídem y el derecho a impugnar  la  sentencia  condenatoria  (C.P.  art. 29), la garantía de la doble instancia  como  principio  general  (C.P.  art.  31).  (…)  Esa  etapa busca asegurar la  corrección  del  fallo,  de  manera  que  se  protejan  no  solo el derecho del  sindicado  a  un  juicio con todas las garantías, sino también los derechos de  las   víctimas  y  el  interés  de  la  sociedad  en  un  juicio  justo.    

(…)  

No  sobra  recordar, por otra parte, que la  garantía  de  la doble instancia tiene en nuestra Constitución el carácter de  regla  general  y  que  las  excepciones que el legislador puede introducir a la  misma  deben  estar  plenamente  justificadas.  Dicha  garantía  responde  a la  necesidad  de  establecer  instancias de control que aseguren la corrección del  juicio,  al  permitir  que  lo actuado en la primera instancia sea impugnado por  quien  se  considere  afectado  y, que, respetando el derecho de contradicción,  sea  objeto  de  nueva decisión en la que se plasme la respuesta definitiva del  ordenamiento jurídico.   

3.3.          A lo anterior se suma la consideración  de  que,  como  ha  sido  reiterado  por  la Corte, el  debido  proceso  se  predica  no solo respecto de los  derechos  del  acusado  sino  de  los  de   todos  los intervinientes en el  proceso  penal,  a  quienes,  junto  al   derecho  al  debido proceso, debe  garantizárseles  el  derecho también superior de la  eficacia  del  acceso  a  la  justicia (art. 229 C.P.)  21.   

En  particular la  Corte  Constitucional ha concluido que la Carta de 1991 reconoce a las víctimas  y  perjudicados  por un hecho punible unos derechos que desbordan el campo de la  reparación  económica, pues  incluyen también el derecho a la verdad y a  que         se         haga         justicia22.  En  ese contexto, si bien  la   impugnación   de  la  sentencia  condenatoria  es  un  derecho  consagrado  expresamente   a   favor  del  sindicado  en  la  Constitución  y  en  diversos  instrumentos  internacionales,  no  es menos cierto que la posibilidad de apelar  la  sentencia  absolutoria  es  expresión de derechos de similar entidad de las  víctimas  y  materialización  del  deber  de  las  autoridades  de asegurar la  vigencia    de    un   orden   justo”. (Subraya la Sala).   

Entonces,  si el deber ser del proceso penal  frente  a  la  sentencia,  es  conceder  a todas las partes, sin excepciones, el  derecho  a  la  doble  instancia,  bajo  el  plus  de  preservar  las garantías  judiciales,  deviene  trasgresor  de  lo  debido  que  se  impida  o  niegue  su  ejercicio,  pues  si la ley ofrece tal prerrogativa, se torna imperativo que esa  garantía  se  materialice, ya que responde a la necesidad de que exista un juez  de  mayor  jerarquía  que  revise  los  actos  del  inferior cuando los sujetos  procesales   lo  reclaman,  a  través  de  los  mecanismos  procesales  que  la  normatividad habilita, como son los recursos legales.   

Ahora,  su  consagración  legal  como norma  rectora,  deviene  del  artículo  18  de  la  Ley  600  de 2000, que establece:  “Las  sentencias  y  providencias  interlocutorias  podrán   ser   apeladas,   salvo  las  excepciones  que  consagre  la  ley.”,  postulado  con  el cual, se garantiza que la parte que  se  sienta  afectada  con  la  decisión  judicial  acceda  efectivamente  a  la  administración de justicia.   

Sobre   la   materia,  éste  ha  sido  el  pensamiento de la Sala:   

“…Y  es  que  si  bien  no  es  posible  discutir  que  el  constituyente  al normar la protección del derecho al debido  proceso,  atendiendo  las  previsiones  del  derecho  internacional, estableció  precisas  precauciones  que  blindaran  las garantías esenciales de todo aquél  que  fuera objeto de persecución penal, entregando al acusado en particular, la  posibilidad  de  recurrir  la  sentencia  que  le  sea desfavorable, también se  ocupó  en  disposición  aparte,  de  salvaguardar  el  principio  de  la doble  instancia,  el  cual  no  tiene un receptor específico sino que vincula a todos  los  sujetos  procesales  o intervinientes en una actuación, independientemente  del tipo de proceso de que se trate.   

Justamente, la eficacia de este principio de  raigambre  constitucional se manifiesta tanto en la oportunidad legal brindada a  toda  persona  con  legitimidad e interés para recurrir una decisión que no le  favorece,   de   impugnarla   oportunamente   ante  el  inmediato  superior  del  funcionario  judicial  que  la  emitió,  como  en  la  solución  dentro de los  términos  de  ley  del  recurso  respectivo  por  el juez o tribunal de segunda  instancia.   

Esta  garantía  efectiviza  al tiempo, los  derechos  al  acceso  a la administración de justicia, a la igualdad, al debido  proceso  y  en  el  ámbito  penal,  los  intereses igualmente relevantes, de la  víctima  o  sujeto  pasivo  del  delito o de los perjudicados con el mismo, del  ente  acusador  en  tanto  es  depositario  de la acción penal y del Ministerio  Público   como   garante   de   los  intereses  de  la  sociedad…23”.  (subraya fuera de texto)   

Por  este  motivo, la posibilidad de acudir a  los  recursos  judiciales,  es  una  facultad  de  todos  los sujetos procesales  que   se   explica  en  la  necesidad  de  dotar de las mayores garantías a las partes e intervinientes que  estando  debidamente  legitimados tienen derecho a obtener una segunda decisión  sobre  la  situación  planteada,  de  tal  forma  que  se presume el equilibrio  procesal.   

Descendiendo  al  caso  concreto,  la  Sala  comparte  los  criterios  planteados  por el señor representante del Ministerio  Público  y  la  parte civil, al acreditarse la vulneración del principio de la  doble  instancia  por cuenta de la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Sincelejo, que omitió pronunciarse sobre el recurso de apelación  oportunamente  interpuesto, contra el fallo de primer grado, desatención que se  erige   en   un   error   in  procedendo  que comporta vicios de garantía y estructura como integrantes del  debido proceso.   

Nótese cómo, el derecho de impugnación en  materia  penal  comporta  para  el  sujeto  procesal  que  lo ejerce el deber de  sustentarlo  oportunamente  y  para el funcionario que compete resolverlo, el de  dar  respuesta;  luego,  en  tales  condiciones,  sustentado  en debida forma el  recurso,  se  genera  una  tensión  de  naturaleza  adversarial que sólo puede  asumirse   resuelta   si  el  funcionario  encargado  de  desatarla  ofrece  una  contestación   igualmente   ajustada  a  los  fundamentos  que  constituyen  su  objeto.   

Si esa labor no se cumple porque por ejemplo,  ningún  argumento  se presenta para rebatir las tesis o alegaciones presentadas  por  el  impugnante (defecto de ausencia de motivación), o porque lo que expone  el  fallador  es ajeno a los temas del recurso, o como en este evento, porque la  segunda  instancia  no  tuvo  acceso  al cuaderno de la parte civil, dado que el  Juzgado  de  primer  grado no envió el cuaderno que legitimaba a las apoderadas  para  actuar,  y  el  tribunal omitió investigar este aspecto, ha de concluirse  que el recurso de apelación no fue desatado en debida forma.   

En el caso que se estudia, las apelaciones de  la  sentencia  de  primera  instancia  por  parte  de las apoderadas de la parte  civil,  se  orientaron  a  demostrar:  en  el caso de  Mafaldo       Antonio       Wilches       Díaz24:        i)   la   falta  de  coherencia  en  las  argumentaciones  del  A  quo  para  concluir  la  ausencia  de  prueba  respecto  del delito de desplazamiento  forzado;   ii)  la  lectura  equivocada  del  delito  de  falsedad  material  en  documento  público  por no  requerirse   la   condición  de  servidor  público  para  su  estructuración.  En    relación    con    Juan    Ignacio   Wilches  Zarza25:    i)   la  obligatoria  aplicación  de  una circunstancia de mayor punibilidad frente a la  condena     impuesta     a    Jhon    Mario    Torres    Marín;    ii)   la   necesidad   de  readecuar  la  tasación  de  la pena en las condenas de Rodrigo Mercado Peluffo, Ana Miguelina  Blanco  Silgado,  Iván  Ricardo  Palomino y Nelson Stanp Berrío y iii) la existencia de la prueba requerida  para  revocar  la  sentencia  absolutoria que benefició a los procesados por el  delito de desplazamiento forzado.   

Revisada  la  decisión  del  Tribunal  se  establece,  sin embargo, que los argumentos presentados por aquellas no tuvieron  ningún  tipo  de  respuesta,  y  que  las  disquisiciones  se distrajeron en el  análisis   sobre  su  legitimidad  para  actuar,  como  así  lo  muestran  las  conclusiones  del  Ad quem en  la sentencia:   

“Ningún pronunciamiento merece de la Sala  en  este  caso, la intervención de la parte civil, por cuanto en el plenario no  aparece  el  cuaderno  que de cuenta de la acción civil, conforme lo exigen las  normas  del  capitulo II, del titulo I de la Ley 600 de 2000, para efectos de la  constitución  de  dicha  parte,  como  tampoco  la  providencia  en que se haya  admitido  la  demanda como lo ordena el artículo 49, previo cumplimiento de los  requisitos  del  artículo  49,  ambos  de dicho estatuto procesal, que gobierna  este asunto.   

Según las formalidades del articulo 54, la  acción  civil, dentro del proceso penal, se adelanta en cuaderno separado en el  que   se   allegaran  todas  las  pruebas  y  actuaciones  relacionadas  con  la  pretensión  patrimonial  y  se  regula  por  las  normas  en el citado capitulo  señaladas  y  las  de los códigos Civil o de Procedimiento Civil, en cuanto no  se opongan a la naturaleza del proceso penal.   

(…)  

Lo que se encuentra en el expediente son dos  memoriales  en  que  se  sustituyen poderes de los abogados que representan a la  parte civil, visibles a folios 62.8 y 241.9.   

Por  estas razones no se tendrán en cuenta  los  recursos  de  apelación interpuestos por quienes dicen apoderar a la parte  civil  dentro de este proceso, a más que en un caso se interviene como apelante  adhesivo,  por  lo  que  es  menester indicar, en gracia de discusión que dicha  figura  no  es  instituto  del proceso penal el cual goza de autonomía propia y  que  su aplicación es en el derecho procesal civil, conforme el articulo 353 de  aquella normatividad…”   

(…)  

Dadas   estas   circunstancias,   aflora  inobjetable  la  condición  de apelantes únicos de los procesados.26”   

La transcripción que viene de hacerse permite  concluir,  entonces,  que  el  Tribunal  no  se  pronunció  sobre  los recursos  interpuestos  por  las  representantes de las víctimas; sin embargo, al revisar  el  cuaderno de parte civil requerido por esta Corporación, previo a admitir el  recurso  de casación, se encontró que en efecto, los días 13 y 18 de junio de  2008  el  Juzgado  Penal  del  Circuito Especializado de Sincelejo, admitió las  demandas  de  constitución  de  parte  civil  de  los  señores Mafaldo Antonio  Wilches  Díaz  y Juan Ignacio Wilches Zarza, reconociendo personería jurídica  a  sus  apoderadas,  con lo cual no solo se prueba su legitimidad para recurrir,  sino  además  la  grave  omisión  acaecida, pues los recursos interpuestos por  aquellas aún no han sido desatados.   

La  Sala  comparte  la tesis expuesta por la  Delegada  y las censoras, en el sentido de que en este evento se ha vulnerado el  principio  de  la  doble  instancia, sin que exista otro mecanismo procesal para  subsanar  el  yerro  cometido que no sea la nulidad, razón por la cual el cargo  prospera  y por tanto, se anulará la sentencia de segunda instancia y ordenará  devolver  la  actuación a la Sala que conoció del asunto, para que emita nuevo  pronunciamiento  en  el  que  brinde  respuesta  a  los  recursos  oportunamente  interpuestos sobre los temas que constituyen el objeto del disenso.   

En  estas  condiciones  la  prosperidad  del  único  cargo  planteado  por las apoderadas de la parte civil, releva a la Sala  de  ocuparse  de  estudiar la demanda interpuesta por el defensor del procesado.   

Finalmente,  no  se  puede  pasar por alto la  dilación  injustificada  que ha generado el error de la Secretaría del Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Sincelejo  al  no  remitir  el cuaderno  original  de  la  parte  civil  y  la  abierta  desatención  del Tribunal al no  revisar27   si  las  actuaciones  le  fueron  allegadas  en  forma  completa.   

Por  tal  razón, la Sala eleva un respetuoso  llamado  de atención a los servidores judiciales que dieron lugar a este hecho,  a  fin de que en forma prevalente se le imprima celeridad al trámite y se evite  de  esta  manera la prescripción de la acción penal, situación que de ocurrir  podría    conllevar   a   la   expedición   de   copias   disciplinarias   y/o  penales.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  CASAR  el fallo  impugnado  respecto  de  la  demanda  interpuesta por las apoderadas de la parte  civil,  en el sentido de declarar la nulidad de la sentencia del 23 de noviembre  de  2010  proferida  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Sincelejo; por  tanto,  la  Corte  no se ocupa de estudiar la demanda presentada por el defensor  del procesado.   

2. En consecuencia,  DEVOLVER  el  proceso  al  Tribunal  de  origen  para  que  emita  sentencia  de segunda instancia en donde  brinde   respuesta  a  los  temas  contenidos  en  los  escritos  de  apelación  presentados  por las apoderadas de los sujetos procesales reconocidos como parte  civil dentro del proceso.   

Notifíquese y Cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                              LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                             JAVIER    DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

                                                                               Excusa  justificada   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Quien  fuera reconocido como víctima dentro de la presente actuación.   

2  Folios 18 y 19 cuaderno 1.   

3  El  pliego  calificatorio  cobijó  a  Rodrigo  Antonio Mercado Pelufo, Nelson Stanp  Berrío,  Otoniel de Jesús Ocampo Martínez, Ana Miguelina Blanco Silgado, Jhon  Mario  Torres  Marín, Edward Ricardo Ayala Bertel, Santander Rojano Altamiranda  y   José   Blanco   Gómez   por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  desplazamiento   forzado,   testaferrato   y   falsedad  material  en  documento  público.   

4 Folio  119 y ss cuaderno 5.   

5  Folios  1 a 47 cuaderno Fiscalía Delegada ante el Tribunal. A John Mario Torres  Marín,  le mantuvo la acusación por testaferrato y lavado de activos y por las  demás  hipótesis  delictivas  le  precluyó  la investigación, y a Otoniel de  Jesús  Ocampo  Martínez  solo  lo convocó a juicio por el delito de lavado de  activos.   

6  Folios 133 a 246 cuaderno 10.   

7  Lo  condenó  al  pago  de  666  salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes por  concepto de multa.   

8  Además  lo  condenó  al  pago  de  12.875  salarios mínimos legales mensuales  vigentes por multa.   

9 Por  concepto  de  multa los sanción o con 2.000 salarios mínimos mensuales legales  vigentes.   

10  Igualmente  le  impuso  pena de 666 salarios mínimos legales mensuales vigentes  por multa.   

11  Además    una    multa    de   2000   salarios   mínimos   mensuales   legales  vigentes.   

12  Adicional  a  ello  lo  sancionó  con  500  salarios mínimos legales mensuales  vigentes de multa.   

13  Multa de 1332 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

14 A  Iván  Ricardo  Palomino  Otero y Ana Miguelina Blanco Silgado los absolvió por  el  delito  de  desplazamiento forzado y testaferrato; a Rodrigo Antonio Mercado  Pelufo  lo absolvió de desplazamiento forzado, testaferrato y falsedad material  en  documento pública; a Santander Rojano Altamiranda lo absuelve de los delito  de  Lavado  de activos, desplazamiento forzado, testaferrato y falsedad material  en  documento  público;  finalmente a Edward Ricardo Ayala Bertel y  José  blanco  Gómez los absuelve por los delitos de desplazamiento forzado y falsedad  material.   

15 El  mismo     testimonio     que    previamente    acusó    como    equivocadamente  apreciado.   

16 No  dice en que sentido.   

17  Folio 318 cuaderno 10.   

18  Presentan una sola demanda.   

19  Folio 356 cuaderno 10. Así expresamente lo invocan.   

20  Corte  Constitucional, sentencia C-047 de 2006, en la que ejerció el control de  constitucionalidad  sobre  la  expresión  “absolutoria”  contenida  en  los  artículos  los  artículos  176, inciso 3º y 177, numeral 1º de la Ley 906 de  2004.   

21  Ver,  entre  otras,  las  Sentencias  C-648/01 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra y  C-154/04 M.P. Álvaro Tafur Galvis.   

22 Ver  sentencias  C-740 de 2001, C-1149 de 2001,  SU-1184 de 2001, T-1267 de 2001  y C-282 de 2002.   

23Sentencia del 25 de agosto de 2010, radicado 34433.   

24  Folio 205 y ss cuaderno 11   

25  Folio  208  y  ss,  sustentó  el  recurso alegando su de condición de apelante  adhesiva.   

26  Folio 77 cuaderno Tribunal.   

27  Atendiendo la entidad de los recursos interpuestos.     

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