36253(20-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 51   

Bogotá, D. C., veinte (20) de febrero de dos  mil trece (2013).   

ASUNTO  

Decide  la  Sala  acerca de la posibilidad de  admitir  la  demanda  de casación presentada por la apoderada de MARTÍN EMILIO  SANABRIA  ROMERO  contra el fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bucaramanga, en el cual confirmó la pena de  quince  años  de  prisión y 3.050 salarios mínimos legales mensuales vigentes  de  multa  que  le  impuso  a  la  referida persona el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  dicha  ciudad, tras declararlo autor responsable de  los   delitos   de  extorsión  agravada  y   rebelión.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  A  raíz  de  la  entrega  a  las  autoridades  de Martín Leonardo  Atuesta   Jaimes,   perteneciente   al   Frente   XX   de  las  Fuerzas  Armadas  Revolucionarias  de  Colombia (FARC), fue iniciada una investigación contra los  militantes  de  esa  organización  que  operaban  en  el municipio de Sabana de  Torres  (Santan-der) y que, para el 2005, le exigían al ciudadano Pedro Bonilla  Díaz     la     suma     de     $5’000.000  a  cambio de no asesinarlo a él  ni  a  su  familia,  al  igual  que  no  quemarle  la  finca  ni  eliminarle  el  ganado.   

A  finales  de  2006, Pedro Bonilla Díaz le  entregó  $2’000.000  al  subversivo  MARTÍN  EMILIO  SANABRIA  ROMERO, también conocido con el alias de  ‘Maestro’.   Así  mismo,  este  último  fue  señalado  de realizar labores de inteligencia en el pueblo para indicar cuáles  comerciantes o ganaderos de la zona podían ser extorsionados.   

2. Por     lo     anterior,    la  Fiscalía  Quinta  Delegada ante los  Jueces  Penales  del  Circuito Especializados de Bucaramanga ordenó la apertura  del  proceso  penal  y  sindicó a varias personas, entre ellas a MARTÍN EMILIO  SANABRIA  ROMERO,  a  quien una vez finalizada la instrucción lo acusó por las  conductas    punibles    de    extorsión   agravada  y   rebelión,  conforme a lo dispuesto en los artículos 244, 245  numeral  3  (amenaza de muerte) y 467  de  la  Ley 599 de 2000, actual Código Penal, con las  modificaciones   que   a   los   dos  primeros  preceptos  introdujo la Ley 733 de 2002.   

Dicha  resolución  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bucaramanga el 15 de abril de  2008.   

3.  La  etapa del  juicio  la  adelantó  el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de la  referida  ciudad,  despacho que condenó al procesado por los delitos materia de  imputación  a  quince  años  de prisión, así como de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, y 3.050 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  de  multa.  Igualmente, le negó  cualquier   mecanismo   de   sustitución   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

4.  Apelada  la  decisión    por    la  defensa,   el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga  la  confirmó en los aspectos objeto del debate.   

5.  Contra  el  fallo  de  segundo   grado,   interpuso   la   apoderada  de   MARTÍN  EMILIO  SANABRIA  ROMERO  el   recurso  extraordi-nario de casación.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera cuerpo segundo  de  casación (numeral 1 del artículo 207 de la Ley 600 de 2000), propuso   la  recurrente  un único cargo,  consistente    en   la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  un   error  fáctico  “por  violación  a  la  sana  crítica”1,   debido   a  la  falta  de  aplicación  de  “las reglas de la experiencia y el  sentido    común”2  en  la   valoración  del  testimonio  de  Pedro  Bonilla  Chivatá (padre de Pedro Bonilla Díaz).   

Sostuvo   al   respecto  que  dejaron    de    ser   apreciadas   dos  declaraciones,   las   de   Onofre  Rojas    y    Pedro    Antonio    Orjuela,  cuando   aseguraron  que  MARTÍN  EMILIO  SANABRIA  ROME-RO no colaboraba con  las  FARC, lo que probaba  la    atipicidad   del   delito   de   extorsión.   

Agregó que en ninguna etapa del proceso se  demostraron   los   elementos  de  la  llamada  coautoría  impropia   (acuerdo   común,   división  de  tareas  e  importancia  del  aporte).   

Finalmente,  señaló  que  los  medios  de  conocimiento  valorados  en  conjunto  indican  que  todo obedeció a un plan de  Pedro   Bonilla   Díaz,  en  el  cual  utilizó  al  procesado   sin   tener    idea   de   ello,   para  sacarle  dinero  a  su  progenitor.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar  el   fallo   objeto  del  extraordinario  recurso  y  absolver  al  procesado  de  los  delitos         atribuidos    en    su    contra.   

CONSIDERACIONES  

1. La casación es un  recurso  extraordinario  que permite cuestionar, ante la máxima autoridad de la  justicia  ordinaria, la correspondencia de una sentencia de segundo grado con el  orden jurídico.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si  se  descubre   en  el  fallo  un  error  de  juicio  o  de  trámite  jurídicamente  trascendente,  ya  sea  propuesto por el recurrente o advertido de oficio por la  Corte.   

Una  decisión  ajustada  a  derecho,  por el  contrario,  es  aquella  que  logra  sobrevivir  racionalmente  a  la  crítica.   

La  crítica  será  irrelevante  si no logra  refutar  la  providencia,  es  decir,  si  no  demuestra,  bajo  los parámetros  jurisprudenciales,  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con  la Constitución  Política, la ley o los principios que las rigen.   

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213 de la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal aplicable para este  asunto)  exigen  una presentación lógica y adecuada a cada una de las causales  establecidas  en el artículo 207 ibídem, así como el desarrollo de los cargos  que  por  yerros  de  trámite  o de juicio haya propuesto el recurrente, con la  demostración    de    su    importancia    para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

2.  En  el presente  asunto,  la abogada de MARTÍN EMILIO SANABRIA ROMERO en ningún momento propuso  un  error  susceptible  de ser abordado en sede de casación. Tan solo presentó  un  discurso del cual lo único que se puede extraer es su inconformidad con los  fallos de primer y segundo grado. En efecto:   

2.1.  Cuando  el  demandante  propone  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  error de hecho en la valoración de  la   prueba,   la   Sala   ha   reiterado   que  su  configuración   sólo  puede  obedecer  a  tres  clases, a saber:   

Falso  juicio  de  existencia.   Se   presenta  cuando  el  juez  o  cuerpo  colegiado, al proferir el fallo  objeto del extraordinario recurso, omite por completo valorar el  contenido  material de un medio de prueba  que  hace  parte  de  la  actuación  (y  que, por lo tanto, fue  debidamente  incorporado  al  expediente)  o  también  cuando  le concede valor  probatorio  a  uno  que  jamás  fue  recaudado  y,  por consiguiente, supone su  existencia.   

Falso   juicio  de  identidad.  Ocurre cuando el juzgador, al emitir  el   fallo   impugnado,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo que en realidad no dice,  bien   sea   porque   lee   de   manera  equivocada  su  texto, o  le  agrega  aspectos que no contiene,  u  omite  tener  en  cuenta  partes  relevantes  del  mismo.   

Falso raciocinio.  Se  constituye  cuando el  funcionario  valora  la  prueba  de manera íntegra,  pero   se   aleja   en   la   motivación   de   la  sentencia   de   los   postulados   de   la   sana  crítica,  es  decir, de una determinada  ley  científica,  principio  de  la  lógica o máxima de la experiencia.   

Cualquiera  de  estos  yerros  debe  ser  relevante.  Esto  significa  que  frente  a  la  valoración  en  conjunto  de  la  prueba  efectuada por el  Tribunal,  o  por  ambas instancias (según sea el  caso),  su  exclusión  tendrá  que conducir a adoptar una decisión distinta a  la impugnada.   

2.2.   En   la  sustentación  del  escrito  de demanda, la defensora, en un principio, planteó  un  error  de  hecho,  al  parecer  por falso raciocinio en la valoración de la  prueba,  debido a la transgresión de ciertas “reglas  de  la  experiencia  y el sentido común”3. Pero jamás  explicó,  en  el  desarrollo  del  reproche,  a  qué  máximas o aserciones se  refería.  Por  el  contrario, aludió a una supuesta ausencia de valoración de  dos  testimonios  que,  en  su  criterio,  llevaban  a  concluir  acerca  de  la  atipicidad  de  la  conducta  de  extorsión agravada.  Esta   pretermisión,  sin  embargo,  debía  haberla  propuesto  a modo de un falso juicio de existencia por omisión, o bien un falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento  de un aspecto relevante de la prueba,  según  fuere  el  caso.  Y,  de cualquier manera, dicha afirmación parte de un  supuesto  que  riñe  con  la  realidad,  pues  el ad quem sí tuvo en cuenta el  contenido  de  las  declaraciones que apoyaban la versión del acusado, al menos  en  lo  que  al  testigo Onofre Rojas atañe, respecto del cual se sostuvo en el  fallo  impugnado  que  “no aporta información sobre  los     hechos     que     se    investigan    en    este    proceso”4.   

Como si lo anterior fuese poco, la recurrente  hizo  alusión a la figura de la coautoría, pero sin ir más allá de la simple  propo-sición,  así como a una hipótesis defensiva según la cual el procesado  fue  víctima  de  un  complot  para  defraudar  econó-camente  al  padre de la  víctima.  Estas  circunstancias,  sin embargo, también fueron contempladas por  el  Tribunal que, por un lado, arguyó que el aporte funcional de MARTÍN EMILIO  SANABRIA  ROMERO  para  la  perpetración  del plan criminal de grupo subversivo  consistió  en  “recoger  el  fruto de la extorsión  para    hacerlo    llegar    al    jefe   del   frente   guerrillero”5  y,  por  otro lado, concluyó  que   “el  expediente  no  cuenta  con  información  probatoria  creíble  que  permita  admitir  como  veraz que Pedro Bonilla Díaz  hubiese  concertado con el frente 20 de las FARC una auto-extorsión”6.   

En  este orden de ideas, salta a la vista que  la  apoderada  de  MARTÍN  EMILIO  SANABRIA  ROMERO no enunció reproche alguno  contra  el  fallo  proferido  por el Tribunal, ni expuso de manera coherente los  fundamentos  fácticos  o  jurídicos  que  apoyasen un reclamo atendible a esta  altura  del  proceso.  Simplemente,  presentó  una  disertación  incoherente y  desordenada, pero en armonía con los intereses de su protegido.   

En  consecuencia,  y  como  la  Sala  tampoco  advierte  violación  alguna  de  las  garantías  judiciales  del procesado, no  admitirá    la    demanda   contra   la   decisión   dictada   por   el   juez  plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTI-CIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada         por        la             apoderada      de     MARTÍN  EMILIO  SANABRIA ROMERO contra  el     fallo    de  segunda    instancia  proferido por el Tribunal  Superior de Bucaramanga.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO           JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

                     

      

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 26 del cuaderno del Tribunal.   

2  Ibídem.   

3 Ibídem.   

4 Folio 53 ibídem.   

5 Folio  52 ibídem.   

6 Folio 53 ibídem.     

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