41063(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta No. 124.  

Bogotá,  D.C., veinticuatro (24) de abril de  dos mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de casación presentadas por los defensores de los procesados  MIGUEL  GARCÍA  VITA  y  MIGUEL  ANTONIO  PABÓN BOHÓRQUEZ, contra el fallo de  segunda  instancia  que  profiriera el Tribunal Superior de Bucaramanga, fechado  el  10  de  septiembre  de 2012, mediante el cual confirmó la sentencia emitida  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito Adjunto de esa ciudad, en la cual se  les  condenó  a  la  pena  de  48  meses  de prisión y multa en cuantía de 20  salarios  mínimos  legales  mensuales,  en  calidad de autores, el primero, del  delito  de  interés  ilícito en la celebración de contratos, y el segundo, de  la   conducta   punible   de   violación   al   régimen   de  inhabilidades  e  incompatibilidades.   Además,   se   les   impuso   la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, por lapso  igual  al  de la pena de prisión y les fue negado a los procesados el subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena, aunque accedieron al  sustituto de prisión domiciliaria.   

Cabe  anotar  que  la  acusación contra los  procesados  incluyó  el delito de peculado por apropiación, atribuido a PABÓN  BOHÓRQUEZ,  y  peculado  por  apropiación  en  favor  de terceros, endilgado a  GARCÍA  VITA,  pero  respecto  de  ellos  al  primera  instancia  determinó la  prescripción   de   la   acción,   corroborada   en   el   fallo   de  segundo  grado.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“El  20 de marzo de 1997, el señor Miguel  García   Vita,   en   su   condición   de   alcalde  de  Matanza  –Santander-,  suscribió  el contrato de  obra  N°  001-97  con  la firma Traing –Co  Ltda. Representada por Miguel Antonio Pabón Bohórquez, para la  construcción  del  área  administrativa  de la escuela básica agropecuaria El  palmar, por un valor de $ 40.338.385.   

Para esa época, en la Alcaldía de Matanza,  el  señor Arlex Pabón Higuera se desempeñaba en la dependencia de Planeación  Municipal   a   través   de   contrato   de  prestación  de  servicios,  quien  participó   en  el proceso de licitación en el que fue escogido su padre,  Miguel  Antonio  Pabón  Bohórquez  para celebrar el reseñado contrato de obra  pública.   

La  comunidad  de  la  vereda  El Palmar del  municipio  de  Matanza  presentó  denuncia en que afirmó que el contrato no se  ejecutó  en  las  condiciones estipuladas y que varios aspectos de las obras no  fueron  concluidos,  faltante  que  ascendió  a  la  suma  de  $  3.729.000; no  obstante, el alcalde recibió la obra a satisfacción”.   

DECURSO PROCESAL  

Acorde  con lo denunciado por los vecinos de  la  vereda  El Palmar, municipio de Matanza, Santander, el 4 de mayo de 2002, se  dispuso por la Fiscalía la apertura de investigación previa.   

Luego  de  practicadas  algunas pruebas, con  fecha  del 17 de junio de 2002, la Fiscalía Cuarta Seccional de Administración  Pública   de  Bucaramanga,  abrió  formal  instrucción  disponiendo  vincular  mediante   indagatoria   a  MIGUEL  GARCÍA  VITA  y  ARLEX  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  diligencia  que se realizó, respecto de este último, el 18 de octubre de 2002;  y con el primero el 14 de marzo de 2003.   

El  20  de  abril  de  2005, fue resuelta la  situación  jurídica  de los vinculados, absteniéndose la Fiscalía de imponer  en su contra medida de aseguramiento.   

La investigación fue cerrada el 24 de junio  de  2006;  consecuentemente, el 1 de septiembre de 2006, se calificó el mérito  del  sumario.  Allí, fue proferida resolución de acusación en contra de   MIGUEL  GARCÍA  VITA, a título de autor de los delitos de interés ilícito en  la  celebración de contratos y peculado por apropiación a favor de terceros; y  MIGUEL  ANTONIO  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  en  calidad  de  autor  de  los delitos de  violación  al  régimen  legal de inhabilidades e incompatibilidades y peculado  por apropiación.   

Como  el  defensor  de  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  interpuso  y  sustentó  oportunamente recurso de apelación contra la decisión  acusatoria,  con  fecha del 22 de febrero de 2008, la Fiscalía delegada ante el  Tribunal  de  Bucaramanga,  confirmó  en  su  integridad  lo  decidido por el A  quo.   

Ejecutoriada la resolución de acusación el  asunto  le  fue repartido, para adelantar la etapa del juicio, al Juzgado Octavo  Penal  del  Circuito de Bucaramanga, aunque posteriormente, conforme resolución  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura, se adscribió competencia al Juzgado  Octavo Penal del Circuito Adjunto.   

La audiencia preparatoria fue realizada el 25  de septiembre de 2009.   

Devuelto  el  asunto al Juzgado Octavo Penal  del   Circuito,   esta  oficina  judicial  realizó  la  audiencia  pública  de  juzgamiento   los   días   21  de  abril,  26  de  julio  y  10  de  agosto  de  2010.   

El  asunto  le  fue  asignado  para fallo al  Juzgado   Segundo   Penal   del   Circuito,   pero  por  virtud  de  medidas  de  descongestión,  fue finalizado en la instancia por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Adjunto,  a  través  de  la emisión del fallo condenatorio del 10 de  mayo de 2012.   

Oportunamente   los   defensores   de  los  procesados  interpusieron  y  sustentaron  el  recurso  de  apelación,  que fue  resuelto  por el Tribunal de Bucaramanga a través de la sentencia confirmatoria  del 10 de septiembre de 2012.   

Por  ello,  los defensores de MIGUEL GARCÍA  VITA  y MIGUEL ANTONIO PABÓN BOHÓRQUEZ, interpusieron y sustentaron el recurso  extraordinario  de  casación,  en  escritos  que  ahora  analiza la Corte en su  debida fundamentación.   

LAS DEMANDAS  

     

a. A NOMBRE DE MIGUEL GARCÍA VITA     

    

1. CARGO PRIMERO     

Acorde  con  lo  estipulado  en  el  numeral  segundo  del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 (aunque el asunto se rigió por  lo  establecido en la Ley 600 de 2000), el demandante señala que se materializa  una  causal de nulidad del procedimiento “por errada  calificación  a  términos  del  art. 304 Num. 2 del C de P.P., Decreto 2700 de  1991”.   

Para soportar su tesis el impugnante advierte  que  a  su representado judicial se le acusó por el delito de interés ilícito  en  la  celebración  de  contratos, establecido en el artículo 145 del Código  Penal de 1980.   

Sin  embargo,  estima el casacionista que la  conducta  encaja  mejor en lo dispuesto por el artículo 144 ibídem, referido a  la  violación  del  régimen  de  inhabilidades  e incompatibilidades, pues, el  procesado,  en  su  calidad  de  alcalde  municipal  de  Matanzas, suscribió un  contrato  de  construcción  de  obra con MIGUEL ANTONIO PABÓN BOHÓRQUEZ, pero  además  firmó  un  contrato  de  prestación  de  servicios  con  Arlex Pabón  Higuera,  pasando por alto que este es hijo del anterior y por ello se incurría  en  la  inhabilidad  por parentesco consagrada en el literal g), del numeral 1°  del artículo 8° de la Ley 80 de 1993.   

Entiende   el   demandante  que  el  cargo  presentado   comporta  relevancia, en tanto, esa errada calificación viola  el  debido proceso y torna injusta la condena por un delito  ajeno a lo que  los hechos demuestran.   

En  consecuencia,  pide  que  se  case  la  sentencia  y  se  decrete  la  nulidad  de lo actuado desde la calificación del  mérito del sumario, inclusive.   

    

1. CARGO SEGUNDO     

Ahora  por  la vía indirecta y diciendo que  acude  a  la causal tercera dispuesta en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  el  demandante  pregona  la  existencia de un error de hecho por falso juicio de  existencia por suposición.   

Sobre  el particular, el recurrente sostiene  que  el  Tribunal supuso la prueba documental que demostraría la existencia del  parentesco  del  contratista  MIGUEL  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  con  el Secretario de  Planeación, Arlex Pabón Higuera.   

Entiende  el  demandante que para ese efecto  era  necesario  allegar  el Registro Civil de Nacimiento. Pero como el documento  no     fue     presentado,     el    Tribunal    supuso    la    relación    de  consanguinidad.   

Pide el impugnante, sin mayores precisiones,  que    “se   deje   sin   efectos   la   sentencia  impugnada”.   

    

1. CARGO TERCERO     

En  el  mismo sentido que el cargo anterior,  por  igual senda del falso juicio de existencia por suposición, el casacionista  advierte  que  no se allegó documento que certifique que para el momento de los  hechos  el  alcalde  municipal y el secretario de planeación, desempeñaban sus  funciones.   

El Ad quem, agrega el impugnante, supuso esa  prueba  y  ello  es trascendente, en tanto, no es posible estructurar la calidad  de   servidores   públicos   de   los   procesados,   ya   que  “por  esa  época  mi  defendido como el otro imputado, bien podían  encontrarse  en  vacaciones, en licencia remunerada o no remunerada o enfermos y  por  ende  incapacitados  e incluso porque (sic) no suspendidos o destituidos de  los cargos”.   

Pide el censor, conforme con lo anotado, que  se  case  el fallo y por ende se deje sin efectos la condena proferida en contra  de MIGUEL GARCÍA VITA.   

4. CARGO CUARTO  

En la fórmula de la violación indirecta por  falso  juicio de identidad, el demandante afirma que los juzgadores “atropellan  la  racionalidad  inductiva deductiva”.   

En   aras  de  sustentar  su  postura,  el  casacionista  advierte  que  los  silogismos  utilizados  por  el  Tribunal para  deducir  la  existencia  del  delito  de interés ilícito en la celebración de  contratos  a  partir  de la verificación de los celebrados  por el alcalde  MIGUEL  GARCÍA  VITA,  uno  de  obra  con  MIGUEL  ANTONIO  PABÓN  y  otro  de  prestación   de   servicios   con   Arlex  Pabón,  atropellan  “los        principios        de        la       lógica”.   

A  continuación, añade que “se  forza  (sic)  de esa manera la lógica, como también las leyes  de  la  experiencia  cuando  el  sentenciador  anota  que por estas reglas no es  viable    aceptar    en   mi   defendido   el   desconocimiento   del   vínculo  parental…”   

Luego  de  reiterar  que  la  decisión  del  Tribunal  atenta  contra  la  lógica,  en  general,  o  constituye “cacería   de   brujas”   o   riñe  “con  la hermenéutica”,  el impugnante pide que se deje sin efecto el fallo atacado.   

    

1. CARGO QUINTO     

En el escenario de la vulneración directa de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea,  el  impugnante  aborda  el  contenido  del  artículo  145  del  Decreto-  Ley  100 de 1980, vigente para el  momento  de  los  hechos,  que  contempla  el  delito de interés ilícito en la  celebración  de  contratos, para señalar que la actuación del implicado en el  mismo debe demostrarse dolosa.   

Añade el recurrente que la norma reclama un  interés  específico  de  obtener  provecho  indebido  en nombre propio o de un  tercero,  asunto  que  pasó  por  alto  el  Tribunal,  dado que advirtió en el  acusado  MIGUEL  GARCÍA  VITA,  la  existencia  de  interés  en  favorecer  al  contratista,  pero  no  detalla  de qué tipo es el mismo, hallándose claro que  este puede ser debido o indebido.   

Pide el casacionista, por lo anotado, que se  deje sin efectos el fallo atacado.   

    

1. CARGO SEXTO     

También  dentro  del marco de la violación  directa  de la ley sustancial, pero ahora por indebida aplicación del artículo  57    de   la   “Ley   80   de   1.997”,  el  recurrente  señala  que  el  Tribunal  erró  al  incluir  circunstancias  agravantes del delito de interés ilícito en la celebración de  contratos,  dado  que  ellas  no  fueron  referenciadas  por  la Fiscalía en la  resolución de acusación.   

En  concreto,  el  demandante  afirma que la  resolución  de  acusación  reseñó  como  norma  típica  para la conducta en  examen  el artículo 145 del Decreto Ley 100 de 1980, sin mencionar el artículo  57    de   la   “Ley   80   de   1.997”,  que elevó las penas para los artículos 144, 145 y 146 de ese  estatuto penal.   

Empero, añade el censor, el Tribunal agravó  la  pena  del  artículo  145  original, lo cual no sólo resultó trascendente,  sino  que  impidió  declarar  la  prescripción  de la acción penal en la fase  instructiva.   

    

1. CARGO SÉPTIMO     

Lo  reseña  el demandante como “FALTA  DE  CONGRUENCIA  ENTRE  LA RESOLUCIÓN DE ACUSACIÓN Y LA  SENTENCIA”   y lo desarrolla de la misma manera  que  el cargo anterior, pues, advierte que  la resolución de acusación no  contempló  el  incremento de pena que para el delito de interés ilícito en la  celebración  de contratos consagraba el artículo 57 de la Ley 80 de 1993, pese  a  lo  cual  ello  fue despejado en el fallo de primer grado y confirmado por el  Tribunal.   

Luego  de  citar  jurisprudencia  de  esta  Corporación  atinente  al  fenómeno  de la congruencia, el impugnante solicita  que  “se case la sentencia impugnada y en ese orden  dicte  la  sentencia  que  corresponde  acorde  con  el  pliego  de  cargos.  Se  solicita    adicionalmente  que  se decrete de oficio la prescripción  dado   el   tiempo   transcurrido  entre  la  resolución  de  acusación  y  la  fecha.”   

b)  A  NOMBRE  DE  MIGUEL  ANTONIO  PABÓN  BOHÓRQUEZ   

CARGO ÚNICO  

Acude  el  defensor  del procesado a la vía  indirecta  de los errores de hecho, para significar que el Tribunal incurrió en  falso raciocinio.   

A  fin  de  desarrollar  su  argumento  el  recurrente  parte  por  resumir  la  que  fue  sustentación  del Tribunal en el  tópico  del  tipo  de  vinculación  que  se  hizo  de  Arlex  Pabón  Higuera,  consanguíneo   de   MIGUEL   ANTONIO  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  como  Secretario  de  Planeación     municipal    y    las    funciones    que    le    correspondía  realizar.   

En  algunos  apartados de lo expuesto por el  Tribunal  el  recurrente  consigna sus particulares inferencias (extractadas del  interrogatorio  respondido  por  Arlex Pabón), contrarias a las del Ad quem, en  aras  de significar que Arlex Pabón no ejercía como Secretario de Planeación,  sino    que    apenas   realizaba   labores   de   interventoría   en   algunas  obras.   

Concluye   el  demandante  que  “Si  el juzgador de la segunda instancia, hubiese observado con  detención  y  analizado  con  criterio  de  la  sana  crítica,  la  prueba que  erróneamente  valora  en  buscar  que  efectivamente  el  señor  ARLEX  PABÓN  HIGUERA,  hijo  de  mi  prodigado,  se desempeñaba como profesional técnico de  planeación  municipal  con  las funciones descritas en el manual de funciones y  de  acuerdo con las orientaciones impartidas pro el alcalde municipal. Y no como  Secretario   de  Planeación,  circunstancia que no se encuentra probada en  las  pruebas  allegadas  al  sumario  y así poder enrostrar el delito que se le  imputo  (sic)  y  sustentar  la responsabilidad penalmente a la misma, por ende,  violar la ley sustancial”.   

Pide  el  casacionista,  por último, que se  case  la sentencia impugnada y en su lugar sea emitido fallo absolutorio a favor  de MIGUEL ANTONIO PABÓN BOHÓRQUEZ.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

         La  demanda  de  Casación,  como  ya amplia y reiteradamente lo ha  venido  significando  esta  Corporación,  no  representa  un  simple alegato de  instancia  ni  tiene  como  finalidad  ofrecer una nueva oportunidad para que se  contrapongan   los   argumentos   de   las   partes   a   efectos   de   obtener  satisfacción  a sus pretensiones.   

         Precisamente  por  su  connotación de mecanismo extraordinario, el  recurso   de   casación  implica  para  el  demandante  la  carga  procesal  de  fundamentar  adecuadamente  su  postulación,  dentro de precisos requisitos que  obedecen  a  principios lógicos y jurídicos universales, en el entendido que a  esta  sede  arriba  el  fallo  prevalido  de  un  doble  carácter  de acierto y  legalidad,  solo  destronable a partir de la definición precisa y objetivamente  fundamentada,  de  que  la  sentencia  comporta un yerro de tal magnitud, que su  manifestación  en  el  proceso  asoma  ostensible  y  tiene  por  sí  misma la  virtualidad  de  obligar  la  revocatoria  de  lo  decidido  o, cuando menos, su  modificación trascendente.   

         No   se   trata,  entonces,  de  que  la  parte  vencida  en  ambas  instancias,  o  en  la segunda, busque de nuevo traer a colación los argumentos  allí  planteados  de  forma  infructuosa, con la esperanza que ahora sí tengan  eco  ellos,  sólo  porque  se  contraponen  a  la decisión más autorizada del  fallador.   

         Precisamente  esa  connotación  extraordinaria del recurso implica  que  las  más  de  las  veces  no  exista posibilidad de acudir al mismo, en el  entendido  que  el  exabrupto ha de ser de tal manera notorio y trascendente que  lo  normal  es  que  no se presente, dentro de un rango general de la actuación  judicial.   

         Por  ello,  si  ya la existencia de un solo error pasible de atacar  en  sede  de  casación  aparece  inusual, constituye un verdadero exabrupto que  puedan  sucederse  siete,  como  lo  plantea en su demanda el defensor de MIGUEL  GARCÍA  VITA, sin siquiera preocuparse por establecer  un      orden     o     detallar     alguno     como     subsidiario.   

         Esa  presentación  desbordada  de  cargos  apenas  informa  de  la  fragilidad  de  los  argumentos  del casacionista, en evidente afán de minar la  esencia  del  fallo  a toda costa, como si la efectividad del recurso dependiera  de   la   cantidad   de   ataques   y   no   de   su  justeza.   

         Además,   la   simple   lectura   de   lo   planteado   por  ambos  demandantes  informa de su  completo  desconocimiento  de  la  naturaleza  y  efectos  de  las  causales  de  casación,  en  deshilvanada  sustentación  que en algunos cargos ni alegato de  instancia  puede entenderse dado que apenas buscan imponer su particular visión  de  los  hechos, normas o pruebas, sin siquiera preocuparse por controvertir las  razones    contrarias    aducidas    por las instancias.   

         Para  que  los  recurrentes conozcan con precisión cuáles son los  motivos  que  obligan  inadmitir sus escritos, la Sala abordará individualmente  cada demanda y cargos en ellas contenidos.   

     

a. DEMANDA A NOMBRE DE MIGUEL GARCÍA VITA     

    

1. CARGO PRIMERO     

         Cuando  se  discute  la  indebida calificación de los hechos en la  resolución  de  acusación y su efecto sobre el fallo, si bien, la consecuencia  puede  ser  la  nulidad  de  lo actuado, el desarrollo  argumental  reclama  acudir  a  la  vía  directa de violación de la ley o a la  indirecta  de  errores  de hecho o de derecho, pues, es menester demostrar que a  ello  se  llegó  por  el  camino  de inaplicar o aplicar indebidamente la norma  sustancial  que  rige  el  caso,  o  por  el  sendero  de  errar  en  el  examen  probatorio.    

         El  demandante  parece inclinarse por la primera de las opciones en  cita,  pues,  advierte  que  la  norma  aplicable al caso es el artículo144 del  Decreto  Ley  100  de  1980,  que  regula el delito de violación al régimen de  inhabilidades   e   incompatibilidades,  y  no  el  artículo  145  subsecuente,  definitorio   de  la  ilicitud  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos.   

         Empero,  si  la  escogida es la vía de la violación directa de la  ley,  al  recurrente  se  le  impone  la carga argumental de realizar un estudio  dogmático  profundo  de  las normas en conflicto, aceptando sin miramientos los  hechos  y  análisis  probatorio  estimados adecuados por el Tribunal, para así  determinar  que  el comportamiento atribuido al procesado se aviene mejor con un  delito y no con el otro.   

         En  ese  cometido,  sobra  anotar,  no  basta con que el impugnante  asuma  los hechos desde su particular óptica y sin más concluya que se avienen  con  un  específico  nomen  iuris,  distinto  al definido por el Ad quem, pues,  cuando  menos,  debe  referirse  a  los  argumentos  que  el Tribunal esbozó en  contrario, a fin de advertir el yerro en ellos contenido.   

         Porque,  se  repite,  el  mecanismo  extraordinario de casación no  faculta  que  el  afectado  con  una  decisión  busque  anteponer su interesado  criterio  al  de Tribunal, sino que demanda demostrar el vicio  concreto en  que   este   incurrió   al   momento  de  aplicar  la  norma  típica  al  caso  examinado.   

         Jamás  el  demandante en su desarrollo argumental explica por qué  los  hechos estimados ciertos no pueden corresponderse con el delito de interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos,  dado  que  ni siquiera aborda la  estructura típica de esta conducta.   

         Por  lo demás, verificado por el Ad quem que una de las razones de  la  apelación intentada por el defensor de GARCÍA VITA, en contra del fallo de  primer  grado,  estribaba precisamente en asumir propio del delito de violación  al  régimen  de  inhabilidades  e incompatibilidades la conducta atribuida a su  representado  legal,  desplegó amplio acápite a examinar el delito de interés  ilícito      en      la      celebración     de     contratos     –por  el  cual  se  le  acusó-,  para  concluir,  luego  de pertinentes citas jurisprudenciales y análisis probatorio,  que efectivamente este es el nomen iuris adecuado de lo ejecutado.   

         Dijo  el Tribunal, para rematar el tema1:   

“El  interés  indebido  e  ilícito  se  materializó  con  el  favorecimiento y adjudicación del contrato de obra a uno  de  los  proponentes  que  participó  en  la  licitación, la sociedad limitada  Traing  –Co. Representada  por  Miguel  Antonio  Pabón Bohórquez, pues a sabiendas que era el padre de su  Secretario  de  Planeación, inclinó la voluntad de la administración de forma  inescrupulosa  para  beneficiarlo  con  el  contrato  público, infringiendo los  principios  de  moralidad,  trasparencia y selección objetiva que imperan en la  materia,  así  como  los  fines  del Estado y la primacía del interés general  sobre  el particular.”           

         Nada  de lo dicho por el Tribunal fue refutado por el impugnante en  el  cargo,  razón  suficiente para inadmitirlo si a ello se agrega que también  obvió  realizar  un  estudio  dogmático  suficiente  e  integral de las normas  típicas estimadas en contraposición.   

    

1. CARGO SEGUNDO     

         Lo   sustentado  por  el  casacionista  en  este  cargo,  lejos  de  representar  el  falso  juicio  de  existencia  por suposición planteado, busca  habilitar  una  especie  de  tarifa  probatoria  en  el trámite agotado por las  instancias  ordinarias,  pasando  por alto que en nuestro sistema, caracterizado  por  el  principio  de  libertad  probatoria,  al  conocimiento  de  los  hechos  trascendentes  para  el objeto del proceso se puede llegar por variadas vías y,  en  consecuencia,  la  demostración  de que entre el contratista MIGUEL ANTONIO  PABÓN    BOHÓRQUEZ    y    el   Secretario   de   planeación,   Arlex   Pabón   Higuera,   existía  un  vínculo  de parentesco, primer grado de consanguinidad, no reclama ese elemento  documental hoy echado de menos.   

         Expresamente,  sobre  ese  específico  ítem  del  parentesco,  el  fallador     de     primer     grado     sostuvo2:   

“En primer lugar, está demostrado dentro  del  proceso,  que  tanto  ARLEX  PABÓN  como  Secretario  de  Planeación  del  Municipio   de   Matanza   y  MIGUEL  ANTONIO  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  representante  legal  de   TRAING CO LTDA, eran familiares en  primer  grado  de  consanguinidad  pues estos en sus  respectivas        indagatorias        así        lo        aceptan.”   

        Es  claro,  entonces, que lo discutido no apunta a que el Tribunal  hubiese  supuesto  la  prueba  de  la  calidad de consanguíneos de las personas  antes  citadas,  sino  que el medio probatorio al cual acudió para demostrar el  hecho  no  fue el documental sino el testimonial, aspecto que no solo desvía la  controversia  hacia  un  campo  ajeno  al  cargo  postulado  por el defensor del  acusado  MIGUEL  GARCÍA VITA, sino que verifica la completa carencia de soporte  fáctico  en  lo  aducido,  motivo sustancial que obliga inadmitirlo.   

    

1. CARGO TERCERO     

        En  la  misma  línea  del  absurdo referida en el cargo anterior,  ahora  el  demandante  sostiene que también debió certificarse documentalmente  que  para  el momento de ejecutarse la conducta atribuida a MIGUEL GARCÍA  VITA,  éste  desempeñaba  el  cargo  de  alcalde municipal y a su vez, Arlex Pabón Higuera fungía en calidad  de Secretario de Planeación municipal.   

        No  discute  el  recurrente  que  se  nombrase al alcalde o que el  Secretario de Planeación  firmase  el  contrato  que  lo habilitaba    a    efectos   de   desempeñar   esas   funciones,  o que en el momento de sucederse el  hecho  tuviesen vigencia  nombramiento  y  contrato,  sino  que  demanda  una  improbable  certificación  de  que  el  día de los hechos ellos se hallaban al  frente de sus cargos.   

        La  manifestación de que pudo haberse  presentado  para  esa  fecha  una  situación  administrativa  de  suspensión o  licencia,  no  deja  de sorprender por lo pueril, en tanto, el procesado y Arlex  Pabón   Higuera,   han  aceptado  sin  ambages  que,  en  efecto,  participaron  directamente,  conforme  la  calidad que ofrecían el nombramiento y el contrato  de  prestación  de  servicios,  en  las  actividades  soporte de la acusación.   

        Es  apenas natural que del nombramiento y la vigencia del contrato  se  deduzca  la efectiva  realización  de las tareas asignadas a ambos servidores y sólo a través de la  presentación     de     prueba    en    contrario    puede    infirmarse    esa  conclusión.   

        Entonces,   en   lugar   de   acudir   a   mecanismos   retóricos  insustanciales,  al  demandante,  si  buscaba  demostrar  lo  contrario,  le era  obligatorio   presentar   elementos  de  juicio  que  determinaran ocurrida la excepcionalidad.   

        Desde         luego,   el  casacionista  no  ofreció  en  el  momento  procesal  adecuado  esos  elementos  de  juicio, simplemente porque no existen.   

        La  impropiedad de lo alegado por el impugnante reclama como justa  compensación la inadmisión del cargo.   

    

1. CARGO CUARTO     

        Como  se hace ostensible que el demandante desconoce la naturaleza  que  diferencia los distintos errores de hecho, la Corte estima pertinente traer  a  colación lo que reiterada y pacíficamente ha sostenido respecto de la forma  de     abordar     el    tema    en    casación3:   

“2. En efecto, la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  vía de ataque preferida por el libelista para censurar el  fallo  de  segundo  grado,  está  ligada  a  la  materialización  de vicios de  naturaleza   probatoria   de   dos   clases   distintas:   de   derecho   y   de  hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

        De  lo  antes  transcrito  surge evidente la impropiedad del cargo  rotulado  por  el  casacionista, en tanto, si lo propuesto es un falso juicio de  identidad,  de  ninguna  manera  puede  abordar  el  tema  sosteniendo que en la  valoración     probatoria     el    Tribunal  vulneró  las  leyes de la lógica o los principios de la  experiencia,    tópicos    propios    del   falso  raciocinio.   

        El  falso  juicio  de  identidad  implica  yerro  objetivo  que se  irradia  no  respecto  de  la  valoración  de  la  prueba,  sino en torno de su  contenido neutro objetivo, que puede leerse inadecuadamente.   

        Por   tal   virtud,   la  demostración  de  su  ocurrencia  asoma  elemental,  dado  que  solo basta contrastar lo que el testigo o prueba contiene  en  su  tenor  literal,  con  lo que de ello leyó el Tribunal, para advertir de  entrada  que  se agregó algo, fue cercenada su integralidad o se tergiversó lo  textual.   

        Sobra  significar  que  esta  no  fue  una tarea adelantada por el  recurrente,  en  tanto,  lo  alegado  dista  mucho  de compadecerse con el cargo  propuesto.   

        Pero,  si  se  superara  la  dicotomía  entre  lo  rotulado  y lo  argumentado,  para  efectos de señalar que en la práctica se busca soportar la  existencia  de un vicio por falso raciocinio, habría que concluir igualmente en  la  carencia de sustento del cargo, evidente como surge que en nada se plegó el  impugnante  a  los  mínimos  de  fundamentación establecidos para esa forma de  vulneración.   

        Ello,   por  cuanto,  lo  discutido  por  el  casacionista  apenas  representa  alegato  de instancia referido a su particular concepción de lo que  la  prueba arroja, sin que las meras alusiones a que se atentó contra las leyes  de  la  lógica  o  la  experiencia,  supere  los  mínimos de sustentación, en  cuanto,  era menester que precisara cuál fue el principio lógico o regla de la  experiencia  errados  utilizados  por  el  Tribunal, cuál es el adecuado, cómo  incide  ello  en  el análisis de un determinado medio probatorio y, finalmente,  cuál  es la trascendencia el error, para cuyo efecto debió abordar de nuevo el  conjunto     de    la    prueba    –ya  expurgado  el  vicio-  y  verificar  que sin el mismo ya no se  soporta la decisión de condena.   

        Esas  no fueron tareas adelantadas siquiera de forma somera por el  demandante,  dejando  huérfano  de demostración el  cargo, lo que impele a inadmitirlo.   

    

1. CARGO QUINTO     

        La  impropiedad  del  cargo surge de haber acudido a la vía de la  violación  directa  de  la ley sustancial, para aseverar que no se demostró el  elemento   subjetivo   específico   del  delito  de  interés  ilícito  en  la  celebración de contratos.   

        Se  recuerda,  si  el  camino  de  la vulneración directa implica  determinar  que  el  Tribunal  erró  en la determinación normativa atinente al  caso,  sea  porque  inaplicó  la  adecuada,  aplicó  la  que  no es correcta o  tergiversó  el  contenido  de  la  utilizada, lo que  compete  al  demandante  es  hacer  un estudio eminentemente jurídico del tema,  pues,  no  le  es  dado  controvertir los hechos estimados demostrados por el Ad  quem, o el análisis probatorio que condujo a ello.   

        Para  el  caso,  la  fortuna  del  cargo  implicaba  para  el  casacionista  demostrar  que  el  Tribunal, a pesar de considerar probado que no  hubo  interés,  o  este  no  fue  indebido, profirió condena, en contra de las  exigencias  y  contenido  de la norma típica, que en este caso fue tergiversada  en su contenido o indebidamente aplicada.   

        Pero,  si la discusión estriba en que el Tribunal dio por probado  ese  interés  indebido,  pero no argumentó al respecto o no posee prueba sobre  el  particular,  lo  propio  es  acudir  al mecanismo invalidante de la falta de  motivación  –eso sí,  examinado  como  un todo el fallo de segunda instancia con el de primera, ya que  forman  unidad  inescindible  por  ratificarse  bajo  los  mismos  criterios  la  condena-  o al de la vía indirecta que dice relación con la validez, lectura y  valoración de la prueba.   

        Por  lo demás, lo consignado como fundamento del cargo no obedece  a  la  realidad, como quiera que el Tribunal sí definió la naturaleza indebida  del           interés          –reiterando   lo   que   al  efecto  argumentó         el         A         quo4  con  cita  jurisprudencial  pertinente-,   precisamente   basado   en   que  el  procesado,  en  cuanto  alcalde  municipal  encargado  de adjudicar el contrato,  buscó  apenas  favorecer  al padre de su Secretario de Planeación, pasando por  alto   los   criterios   de  moralidad,    transparencia  y  selección  objetiva     que     gobiernan     la    gestión  pública5.   

        La  poca  fortuna  en  la selección de la causal y la ausencia de  soporte   fáctico   en   lo   argumentado,   conducen   a  la  inadmisión  del  cargo.   

    

1. CARGO SEXTO     

        Dejando  de  lado  la impropiedad   de   alegar   un  problema  de  incongruencia  por  el  camino  de  la violación directa de la ley sustancial,  mal  puede  el  demandante  aducir  que  se  aplicó  indebidamente  el  incremento punitivo dispuesto en la Ley 80 de 1993, cuando su  tesis se resiente de falta de soporte fáctico.   

        En   efecto,  no  es  cierto,  como  lo  sostiene  el  demandante,  que  en  la  resolución  de  acusación  el  Fiscal  encargado  del  caso hubiese omitido citar lo consignado en la Ley 80 de 1993, o  limitara  la  adecuación  típica  al  artículo  145  del  Decreto  Ley 100 de  1980.   

        Por   el   contrario,   en   el   acápite  rotulado  “CALIFICACIÓN         JURÍDICA         PROVISIONAL”,   para  definir  típicamente,  entro  otros,  el  delito  de  interés  indebido en la celebración de contratos, esto se anotó: “Las  conductas  por  las que se procede, están contempladas en  el  Código  Penal, Libro Segundo, Título XV (Delitos contra la administración  pública),  capítulo  4  (De  la  celebración indebida de contratos), art. 397  (Del  peculado), 408 (violación del régimen  legal o constitucional   de   inhabilidades   e  incompatibilidades)  y  409  (interés  indebido  en  la  celebración de contratos).”   

“El  art.  409  expresa: “El servidor  público  que se interese en provecho propio o de un tercero, en cualquier clase  de  contrato u operación en que deba intervenir por razón de su cargo o de sus  funciones, incurrirá…”.”   

        Es  evidente  que  la  normatividad utilizada en la resolución de  acusación  lo  fue,  no el Decreto Ley 100 de 1980, ni mucho menos el artículo  145  de  ese  estatuto, sino las adecuaciones típicas de la Ley 599 de 2000, en  cuanto  recogía,  para  el  delito  de  interés indebido en la celebración de  contratos,  la misma pena de prisión establecida en el incremento dispuesto por  la Ley 80 de 1993.   

        Pero,  para  mayor  precisión,  en el  ítem    de    “ACLARACIÓN   PREVIA”  del  auto de calificación del mérito sumarial, expresamente  la  Fiscalía  anotó, para efectos de examinar el tópico de prescripción, que  “como  los  hechos  tuvieron ocurrencia en el año  1.997,  la legislación aplicable es la ley 100 de 1.980, en concordancia con la  ley  80  de  1993  y  ley  190  de  1995, donde se señalaba para el….interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos…pena de prisión de cuatro (4) a  doce (12) años…”.   

        Si  se verifica que el fallo de primer grado se movió en un rango  de  pena  que  oscila  entre  4  y  12 años de prisión, y multa entre 20 y 150  salarios  mínimos legales mensuales, atendiendo específicamente a “La  Ley  80  de  1993,  Art.  57-  que  modificó la ley 100 de  1980…”6,  evidente se aprecia que no  existe  ningún  tipo  de  desarmonía,  ni  que  se  hubiese    aplicado    indebidamente    la    norma   en   cuestión,  dado  que  se  siguió  sin  variaciones la adecuación típica  contemplada en el auto de llamamiento a juicio.   

        En  consecuencia,  disonante  el  cargo  con  lo  que  los  hechos  demuestran, será inadmitido el mismo.   

    

1. CARGO SÉPTIMO     

        Aunque  aquí  sí  utilizó  la  vía  adecuada  de  casación  el demandante, la inadmisión del cargo se impone, como  quiera  que  tiene el mismo fundamento fáctico del anterior, vale decir, que en  la     resolución    de    acusación    no    se    delimitó    típicamente  la  agravación dispuesta  para  el  delito  de  interés  indebido  en la celebración de contratos por el  artículo  57 de la Ley 80 de 1993, cuando es lo cierto, como antes se reseñó,  que ello sí se referenció de manera expresa.   

        2.     DEMANDA    A    NOMBRE    DE    MIGUEL    ANTONIO    PABÓN  BOHÓRQUEZ   

        CARGO ÚNICO   

        Cuando  se  refirió  la  Corte  al  cargo  cuarto  de  la demanda  presentada  a  nombre del otro procesado, fue detallada, a través de pertinente  cita  jurisprudencial,  la  forma  en  que  debe asumirse la fundamentación del  error de hecho por falso raciocinio.   

        Pues,  bien,  retomando esas precisas pautas la Corte apenas tiene  que  aseverar  cómo  lo  alegado  en  el  único  cargo  de la demanda allegada  por   el  defensor  de                    MIGUEL  ANTONIO  PABÓN  BOHÓRQUEZ,  se aparta ostensiblemente de  tan   claros  preceptos,  advirtiendo  que  lo  suyo  representa  típico alegato de instancia, ajeno a la  sede  casacional, que busca apenas entronizar la particular e interesada visión  que  de  lo  ocurrido tiene el profesional del derecho, sin que acierte jamás a  determinar  la  ocurrencia  de  algún  error trascendente en la valoración del  Tribunal, al extremo de obligar mutar la condena por absolución.   

        Es  que,  el  impugnante  ni  siquiera postula que lo valorado  por el Tribunal suponga vulneración de la sana crítica  en  cualquiera  de sus tres vertientes: ciencia, lógica o experiencia, sino que  limita  su  crítica  a  superponer  a  algunas  manifestaciones probatorias del  Tribunal,  su  concepción  contraria  que, incluso, apenas limita a transcribir  apartados  de lo dicho por  el  procesado  en  su  indagatoria, sin establecer conectores fácticos, probatorios o jurídicos.   

        De  esta  forma, apenas a título ejemplificativo, ninguna solidez  argumental   puede   tener   en   este   escenario,   referir  que  “La  afirmación  dada  por  el honorable tribunal, nos (sic) se  encuentra  probada  o aun más sustentada con alguna prueba legalmente validada,  son  simples apreciaciones sin sustento legal. Que respalde su tesis.”   

        De  igual  pobreza  argumentativa  se  ofrecen  las  otras  glosas  intentadas  por  el  demandante,  sin que de forma aislada o en su conjunto esas  críticas   perfilen   la   existencia   de   algún   vicio  propio  del  cargo  propuesto.   

        Ello  conduce  de  forma  indefectible  a  la  inadmisión  de  la  demanda, por elemental sustracción de materia.   

        En  suma,  serán inadmitidas ambas demandas de casación, sin que  la  Corte,  una  vez  observado  el  trámite  del  asunto, observe vulneración  trascendente   de   garantías   fundamentales   que  obligue  su  intervención  oficiosa.   

       En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR         las  demandas  de  casación  presentadas     por  los defensores   de  los          procesados  MIGUEL   GARCÍA  VITA  y  MIGUELA  ANTONIO  PABÓN  BOHÓRQUEZ.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Folio  24, párrafo tercero, del fallo de segundo grado   

2  Folios 17 y 18 del fallo de primer grado   

3 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

4  Folios 18, 19 y 20 de la sentencia de primer grado.   

5  Véase,  sobre  el particular, lo consignado en el párrafo tercero del folio 24  del fallo de segunda instancia.   

6  Párrafo segundo del folio 26 del fallo de primer grado     

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