35992(23-07-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.270  

Bogotá  D.C.,  veintitrés (23) de julio de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado GEOVANIS MANUEL LIÑÁN  JIMÉNEZ,  contra  la sentencia de segundo grado de 13 de julio de 2010 mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Barraquilla  confirmó la proferida por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Soledad-Atlántico, por cuyo medio lo condenó  como  coautor  del  delito  de  homicidio  agravado, hurto calificado agravado y  porte   ilegal  de  armas  de  fuego  o  municiones.1   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“El  14 de octubre de 2007 a eso de las 2  a.m.  se  realizó  la diligencia de levantamiento del cadáver de quien en vida  respondía  al  nombre  de  José Barreto de la Hoz, fallecido a consecuencia de  heridas  causadas por proyectil de arma de fuego, en sucesos desarrollados en la  calle    49    con   carrera   10   frente   al   establecimiento   ‘Licores     la     49’  del  barrio Ciudadela Metropolitana  de  este municipio (Soledad), siendo el móvil del hecho el despojo del dinero y  demás  pertenencias  que  el  occiso  y la señora Ingrid María Centeno Pérez  portaban en esos instantes”.   

Una   vez   adelantadas   las  diligencias  preliminares  y  abierta  la  investigación  penal,  se  ordenó  la captura de  GEOVANIS  MANUEL LIÑÁN JIMÉNEZ y luego de escucharlo en indagatoria, mediante  proveído  de  30  de  mayo  de 2008 se le resolvió la situación jurídica con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio de la libertad  provisional,  como  probable  coautor  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado,   hurto   calificado   agravado   y   porte   de   armas  de  fuego  o  municiones.   

Clausurada  la  instrucción,  el  mérito  probatorio   del  sumario  fue  calificado  el  9  de  septiembre  de  2008  con  resolución  de  acusación  por  los  mismos ilícitos, decisión que adquirió  firmeza  el  22  de  diciembre  siguiente ante su confirmación por la Unidad de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal.   

La  fase  del juicio la adelantó el Juzgado  Único  Penal  del  Circuito de Soledad-Atlántico, despacho que luego de surtir  el  acto  público  de  juzgamiento,  mediante  sentencia  de 8 de junio de 2009  condenó  a GEOVANIS MANUEL LIÑÁN JIMÉNEZ como coautor del concurso delictual  objeto  de  acusación,  a la pena principal de veintinueve (29) años, seis (6)  meses  de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el término de diez (10) años,  sin  concederle  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena o la  prisión domiciliaria.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor del enjuiciado, el Tribunal Superior de Barraquilla  a  través  de  proveído  de  13  de  julio  de 2010 confirmó íntegramente la  condena,   razón   por  la  cual  insiste  el  mismo  sujeto  procesal  con  la  impugnación  extraordinaria,  allegando  la respectiva demanda de casación, de  cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  prevista  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, postula un cargo por  violación  indirecta  de  la ley sustancial ante el error de hecho que llevó a  la   aplicación   indebida   de  los  artículos  103,  104  y  “340”            —sic—   del  Código  Penal  y  a  la  exclusión  evidente  de  los  artículos 29 de la Constitución Política, 7°,  233,  246,  247,  250,  285,  292,  302,  367,  368  y  369  de  la  Ley  600 de  2000.   

Pone de presente que la prueba incriminatoria  se  fundamentó  en  el  “lacónico  testimonio  de  oídas”  de  Jeimis  Patricia  Rodelo  Cardona quien  basó  su  dicho  en  supuestos e infundados rumores, sin alguna corroboración,  apegándose   los   juzgadores  a  una  declarante  mendaz  sin  considerar  las  contradicciones  y  falacias en que incurrió, lo amañado de su narración y su  parentesco  con  la  víctima,  además de su marcada animadversión para con el  acusado.   

Explica que no se sabe la fuente o referente  de  ese  dicho,  si  fue  tomado  de un comentario o rumor popular divulgado por  personas  desconocidas,  lo que sería tanto como admitir una prueba testimonial  anónima contraria al Estado social de derecho.   

Que también se infringió con ese testimonio  el  principio  de  contradicción  y  el  debido proceso, porque “fue  valorado  por  los falladores de instancia, muy a pesar de que  en  su  práctica  no  se observaron las condiciones necesarias para reconocerle  validez probatoria”.   

Y  que al ser desechado aquél testimonio de  oídas  y  sólo quedar la declaración de Ingrid María Centeno Pérez, por sí  sola  no  sirve  para  deducir  la  responsabilidad  penal del procesado, ya que  relata  características  morfológicas  que difieren a las referidas por Jeimis  Patricia.   

Para  el  censor,  utilizar el testimonio de  oídas  para reforzar la declaración de un testigo directo llevaría a concluir  “de  forma  absurda  que  cuando  alguien  comenta  delante  de  cien  personas  cómo  presenció unos hechos, las declaraciones de  quienes  oyeron  el  relato  serían  el  apoyo incondicional de lo dicho por el  testigo  directo”, dándole así una tarifa legal lo  cual    no    responde    al    sistema    de    libre   apreciación   racional  probatoria.   

Concluye que se debe considerar como de menor  categoría   el   testimonio   de   Jeimis   Rodelo   Cardona   o   que  “no  sirve  en  modo  alguno,  para soportar la versión del  testigo  directo”,  siendo  este  un “típico  caso  de  sospecha  que es la más falaz y gratuita de las  intuiciones  que pueda tener un ser humano”, pues los  juzgadores  sin  atender  los criterios de la sana crítica asumieron los hechos  de  acuerdo  con  el  relato  ofrecido  por  ella, como pariente de la víctima,  pasando  por  alto  las inconsistencias irreconciliables que impedían otorgarle  plena credibilidad.   

Aduce   que   obran  elementos  de  juicio  indicativos  de “la posibilidad de que el testimonio  de  Jeimis  Rodelo  Cardona  pueda  calificarse  como  sospechoso,  así  sea en  términos  de  conjetura  por  la existencia de un móvil que pudo incidir en la  voluntad  de  la  testigo de cargo para lanzar incriminaciones falaces contra el  hoy  procesado  por  tener  interés  de perjudicar al eventual victimario de su  pariente”.   

En  consecuencia, al estimar que se imponía  dar   aplicación   al   principio   in   dubio  pro  reo,  solicita  a  la  Corte casar el fallo y proferir  decisión de reemplazo de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Sala  advierte  que  si  bien  el censor  encamina  el  reparo  como un yerro de juicio mediado por errores de valoración  probatoria,  su  desarrollo dista del principio lógico de razón suficiente que  conlleva  la  explicación  metódica  del vicio judicial con una argumentación  que se baste a sí misma   

En  efecto,  de manera precaria repara en el  poder  de  persuasión  otorgado a dos declarantes en cuanto no precisa la forma  como  en  el  fallo  no  se  cumplió  con  el  sistema de apreciación racional  probatoria  por  no tener coherencia la conclusión judicial o mostrarse alejada  de  los  principios  aplicables  un  espacio  teórico  específico propio de la  observación  científica,  o  por  no estar  acorde con los juicios que se  forman  a partir de comportamientos sometidos a una identidad circunstancial que  arrojan las reglas de la experiencia.   

En este orden, se queda en simple oposición  defensiva  a  las  consideraciones  de  estimación probatoria empleadas por los  juzgadores,  postura  que,  como de tiempo atrás lo ha señalado la Sala, no es  suficiente  para  motivar  el  análisis de la legalidad del fallo, en cuanto el  embate  debe sujetarse a las técnicas establecidas para probar la existencia de  yerros   manifiestos   y   esenciales,  con  incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión.   

Además, en la proposición jurídica pese a  incluir  múltiples  normas  de  índole  adjetivo  a  través  de las cuales se  arribó  a  la infracción directa de la ley, como normas sustantivas sólo cita  los  preceptos  que definen los delitos de homicidio agravado, dejando por fuera  los  relacionados  con  el hurto calificado, agravado y el porte ilegal de armas  de  fuego, y citando impertinentemente el que define el concierto para delinquir  que en manera alguna fue atribuido a su asistido.   

Para   la   Corte,   es  evidente  que  el  casacionista   no  se  apega  a  lo  que  objetivamente  demuestra  el  proceso,  incumpliendo  el principio de lealtad procesal de ineludible observancia en esta  sede  en  cuanto  se  debe  guardar  estricto  apego a lo plasmado en sentencia,  porque  no es cierto que las manifestaciones de Jeimis  Patricia  Rodelo  Cardona correspondan a la figura del  testigo  de oídas, toda vez que los juzgadores concluyeron que, si bien ella no  estuvo  presente  en  el preciso momento en que fue ejecutada la víctima con el  arma  de  fuego “hechiza”  o  de  fabricación  artesanal,  sí  percibió  con  sus  sentidos los momentos  antecedentes  y  ulteriores,  al  punto que inicialmente observó cuando su tío  de  José  Barreto  de  la  Hoz, en compañía de Ingrid  Centeno  Pérez  se  dirigían  a  algunos  establecimientos,  luego escuchó un  disparó  para  seguidamente  ver  a  tres sujetos huir, reconociendo a GEOVANIS  LINÁN quien portaba un tubo en sus manos.   

Así razonó el Tribunal:  

“Lo  anterior  impone que la Sala precise  que  la  señora Jeimis Rodelo Cardona no es una testigo de oídas, en lo que se  refiere  a  que percibió directamente —encontrándose   sentada  en  un  bordillo  del  arroyo—,  cuando  pasaron  primeramente  el  occiso  con  la  testigo  presencial en busca de las cervezas a las que alude la  otra  deponente  y como a  los quince minutos escucha un disparo, enseguida  observa  a  tres  sujetos  que  vienen  corriendo,  de  los  cuales reconoció a  Geovanis  viéndose  cara a cara con él, indicándole que éste llevaba un tubo  o      esqueleto     de     un     ‘chopo’ en la  mano,  luego  iba  otro sujeto que no logró identificar y después el individuo  conocido    con    el   alias   de   ‘niño  dios’,  dice   también   que   pudo   reconocerlos   porque  a  alias  el  ‘niño         dios’  tiene cuatro años de conocerlo y a  Geovanis un año”.   

Aunque  el  derecho  a  la  presunción  de  inocencia   tiene   su  realización  plena  en  la  aplicación  del  principio  in  dubio  pro reo, tener la  obligación   el  juzgador  de  resolver  las  dudas  probatorias  a  favor  del  enjuiciado,  en  este  caso el casacionista se queda en el  enunciado de la  pretermisión  del  principio  de  resolución  de duda en cuanto no realiza una  explicación  metódica  al  respecto, lo que corrobora que la censura carece de  la aptitud necesaria para su admisión.   

Así,   no   se   ocupa   de  derruir  las  consideraciones  judiciales  relativas  a   la  condición  personal de las  declarantes   y   su  vínculo  familiar  con  la  víctima,  la  intención  de  comparecencia  procesal  que  no  permitía advertir que tenían algún interés  deliberado  en  perjudicar al enjuiciado, pero principalmente, las posibilidades  de  percepción  y  su  ubicación  en  el teatro de los acontecimientos, lo que  unido  a  la  coherencia  y  armonía  que  guardaban  permitieron  acreditar el  compromiso penal de LINÁN JIMÉNEZ en los hechos investigados.   

Ciertamente,  la narración de Ingrid María  Centeno  Pérez,  quien fue víctima también del atraco ya que la despojaron de  $60.000,oo,  Y  pudo  observar  los  agresores  e  identificar al ejecutor de la  acción  homicida  cuando precisa que fue alias “niño dios” el que accionó  el     arma    —“un  chopo”—,   contra  su  acompañante  José  Barreto  de  la  Hoz  cuando éste se negó a entregarle el  teléfono  celular,  tenía  conexión,  dada  la  cercanía  del  lugar, con lo  narrado  por  Jeimis  Patricia  Rodelo  respecto  de  que  luego de escuchar una  detonación  vio  pasar  corriendo  a  tres  sujetos  uno  de los cuales portaba  “un  tubo  o  un  esqueleto  de  un  chopo  en  la  mano”.   

La primera ya había visto instantes previos  a  los tres sujetos, cuando les habían pedido dinero para comprar ron y como no  les  dieron  los  siguieron  hasta  el  “estanco  de  la  49”  donde  ya les  exhibieron  el  arma  de  fuego con las consecuencias conocidas, en tanto que la  segunda  deponente  conocía  a dos de los tres agresores; a uno de ellos por el  alias  “niño dios” a otro por su nombre GEOVANIS a quien distinguía hacía  más o menos un año.   

Bajo esta óptica, el censor busca de manera  sofística  sembrar  duda acerca de la participación directa de su asistido, lo  que  unido a las graves falencias que exhibe la demanda, las cuales no pueden en  modo  alguno  ser  enmendadas  oficiosamente,  pues  lo  impide  el principio de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  se  impone su no admisión de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

Finalmente, no se advierte violación alguna  de  los derechos fundamentales o garantías de los sujetos procesales, como para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa de  naturaleza    legal    que    le   asiste   a   esta   Corporación   sobre   el  particular.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor   

del   procesado  GEOVANIS  MANUEL  LIÑÁN  JIMÉNEZ, por las razones dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ         LUIS            GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                         

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Por  los   mismos  hechos  también  fue  condenado  Jean  Carlos  Aparicio  Andrade.     

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