35840(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 35840  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado Acta No.139  

Bogotá, D. C., dieciocho de abril de dos mil  doce.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisión de la  demanda  de  casación presentada por el apoderado del tercero incidental contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de Bogotá el 10 de septiembre de  2010,  mediante  la  cual  confirmó  la  emitida  por  el  Juzgado 39 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad el 19 de octubre de 2009, que condenó a JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  SARMIENTO por los  delitos   de   falsedad   material   en  documento  público,  estafa  y  fraude  procesal.   

Hechos  

En  atención a un aviso de prensa, publicado  el  18  de  junio de 2004, en el que se ofrecía en venta el inmueble ubicado en  la  diagonal  145  Nos.33/63/65/81/83  de  esta ciudad, el señor ALVARO GUZMÁN  HERNÁNDEZ,   actuando  en  representación  de  la  firma  “CONSTRUCCIONES  E  INVERSIONES  IBERIA  S.  en  C.  S.”,  entró  en  contacto  con  el  presunto  propietario  del  bien,  señor  JOSÉ ROBERTO SAAVEDRA  SARMIENTO,   con  quien  llegó  a un acuerdo de compraventa, que se materializó  en  la  escritura  pública  2185  de  16  de septiembre de 2004, otorgada en la  Notaría  43  del  Círculo  de  Bogotá.  Como  parte  del  precio acordado, el  comprador  entregó  a  SAAVEDRA SARMIENTO el  apartamento  102  del  edificio  PREUX  ubicado en la carrera 14  No.100-48      de      esta      ciudad     avaluado     en     $250’000.000,  y un lote en el Municipio de  Melgar   (Tol)   avaluado   en   $600’000.000,  bienes  que  fueron  objeto  de  entrega tan pronto fueron  registradas   las   escrituras   respectivas   en  la  Oficina  de  Instrumentos  Públicos.      

En  el  mes  de  diciembre,  cuando el señor  ALVARO  GUZMÁN  HERNÁNDEZ  adelantaba  obras para entrar en posesión del bien  adquirido,  fue  abordado  por sujetos armados, que le informaron que ese predio  pertenecía  al señor YESID RODRÍGUEZ BARRERO, quien se hallaba detenido en la  cárcel  nacional  modelo  de  Bogotá  desde  comienzos del año 2004, y que la  escritura  142,  de  19  de  abril  de  2004,  protocolizada supuestamente en la  Notaría  Única  de Tabio, en la que se hacía constar la compraventa celebrada  entre  la  empresa  “RODRÍGUEZ  ARCINIEGAS  Y  CÍA LTDA”, representada por  YESID  RODRÍGUEZ  BARRERO,  y  el señor JOSÉ ROBERTO  SAAVEDRA     SARMIENTO,  era  falsa,  como  también  lo  eran otros documentos  aportados para la firma del contrato.   

Ante  esta  situación, el comprador del bien  trató  de recuperar los inmuebles entregados como parte de pago, pero encontró  que  el  predio  ubicado  en  el  Municipio de Melgar se hallaba en posesión de  personas  armadas  y que el apartamento 102 del edificio PREUX de Bogotá había  sido  vendido  el  30 de septiembre siguiente por JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  SARMIENTO  al  señor  JOSÉ SANTOS  ROJAS  PATARROYO (quien actúa como tercero incidental  en  este  asunto),  mediante  escritura  pública 2321  otorgada  en  la Notaría 43 del Círculo de Bogotá, por un precio muy inferior  al  de  la  compra,  razón por la cual decidió presentar denuncia penal contra  SAAVEDRA  SARMIENTO,  quien  desapareció de la ciudad.   

Actuación procesal relevante  

1. La Fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos, vinculó al proceso mediante declaración de persona ausente  a   JOSÉ   ROBERTO   SAAVEDRA  SARMIENTO,  y  el 15 de junio de 2007 calificó el sumario con resolución de  acusación  en  su  contra por los delitos de fraude procesal, estafa y falsedad  material  de  documento  público.  Esta  decisión  causó  ejecutoria  el 4 de  septiembre            de            2007.1   

2. Rituado el juicio, el Juzgado 39 Penal del  Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia de 19 de octubre de 2009, condenó a  JOSÉ   ROBERTO   SAAVEDRA   SARMIENTO   a  la  pena  principal  de  74  meses  de prisión y la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,   por   los   delitos   imputados  en  la  acusación,  y  dispuso  la  cancelación,  entre otras escrituras, de la No.2321 de 30 de septiembre de 2004  otorgada  en  la Notaría 43 del Círculo de Bogotá, correspondiente a la venta  que  JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  SARMIENTO  le  hizo  a  JOSÉ  SANTOS  ROJAS  PATARROYO del apartamento 102 del  edificio  PREUX,   como  también la cancelación de las anotaciones en los  registros   de  matrícula  inmobiliaria,  y  dispuso  la  entrega  del  bien  a  SAAVEDRA             SARMIENTO.2       

3.  Apelado  este  fallo por el apoderado del  tercero  incidental,  para  pedir  la  revocatoria  de  la  orden de entrega del  apartamento  102  del edificio PREUX, y por el apoderado de la parte civil, para  solicitar  la  modificación  de los términos de la misma, el Tribunal Superior  de  Bogotá,  mediante  el  suyo  de  10  de  septiembre  de  2010, que ahora el  apoderado  del  tercero  incidental  recurre en casación, lo confirmó en todas  sus partes.3   

La demanda  

Con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  primero  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, cuerpo segundo,  plantea  un  cargo contra la sentencia impugnada, por violación indirecta de la  ley   sustancial,   debido  a  errores  de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas.   

Sostiene,   después   de   transcribir  el  testimonio  rendido  en  el  proceso  por  JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO, que los  juzgadores  de  instancia,  en  ninguno de los fallos, se ocuparon de analizar a  plenitud  esta  prueba,  de  la  que se infiere su condición de víctima, en un  plano  de  “absoluta  y honesta igualdad de sujetos pasivos”, aspecto que no  fue advertido por el tribunal.       

¿Cómo no creer, afirma, que ROJAS PATARROYO,  ha  actuado  con  “sincero  y correcto comportamiento procesal y se constituye  conjuntamente  con  el  agraviado  denunciante,  en  sujeto  pasivo del accionar  criminal  del  denominado  JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  SARMIENTO y que de la misma  forma,  se  precia,  quiérase  o  no,  sin  prueba al contrario, ni antecedente  judicial  alguno,  de  haber  sido  contratista  de  diversas  obras  y  con las  diferentes instituciones del Distrito Capital, Bogotá”?   

¿Cómo  no  darle credibilidad sobre que fue  víctima   “del   modus  operandi  criminal,  habilidoso  y  premeditado,  del  falsificador,   estafador  y  defraudador  de  la  justicia,  y  sus  verdaderos  cómplices,  que  conducen  hacia  su  condena,  en  la  cual  el  mismo tercero  incidentante  lo  manifiesta a su manera, dentro de su declaración, solicitando  de  igual  manera ante el despacho que vierte su testimonio que se haga justicia  a su favor”?   

¿Cómo  no aceptar “la persuasión idónea  que  le  produce  el aviso en los limitados del periódico de mayor circulación  en  el  país”  y cómo no admitir “que ROJAS PATARROYO llama al número del  teléfono  que  en  el aviso se registra, el día 24 de septiembre de 2004 y que  observando  detenidamente  es  el mismo, que fuera impuesto en el periódico, el  día  18  de junio del mismo año, cuando contesta como propietario del abonado,  el sujeto que dice llamarse JOSE ROBERTO SAAVEDRA SARMIENTO?   

¿Cómo no aceptar que este último, al entrar  en  contacto  con  ROJAS  PATARROYO, “personalmente le mostrara el apartamento  102  del  edificio  PREUX,  si  ya lo había recibido real y materialmente de su  anterior  propietario ALVARO GUZMÁN HERNÁNDEZ y que el anunciante oferente, no  fuera  desconocido  por  el  ocupante  arrendatario  GUSTAVO DÍAZ PEÑUELA y su  señora,  y  que  por  este  hecho  sencillamente  objetivo  y real, indujera al  ingeniero   ROJAS    PATARROYO  como  su  víctima  de  turno,  a  realizar  negociación de compraventa?    

¿Cómo  no  observar,  “en  la  crítica  probatoria  que debía realizar el cuerpo colegiado de segunda instancia, que en  esta  situación  el  vendedor  criminal  JOSÉ  ROBERTO SAAVEDRA SARMIENTO, con  escritura  en  mano,  en  que  constaba  su propiedad, luego de transferir en la  misma  notaría  el  nuevo  título a favor de JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO y al  perfeccionar  el  pago  por parte de éste con los bienes rodantes ya descritos,  no  le  entregara realmente la posesión del inmueble materia de la negociación  a  su  adquirente,  así  fuera  a  través  del  tenedor  arrendatario,  que de  inmediato reconocen al nuevo propietario”?   

¿Cómo  pasar  desapercibido  que éstos, al  saber  de  la  transferencia  que  le  efectuara  GUZMÁN  HERNÁNDEZ  a SAVEDRA  SARMIENTO  y  que  éste  hiciera entrega real a ROJAS PATARROYO, reconocieran y  presentaran  al  nuevo  propietario, inclusive a la junta de socios del edificio  de propiedad horizontal?.   

¿Cómo  no deducir sobre esta prueba, “que  si  el  inquilino  GUSTAVO  DÍAZ  PEÑUELA  no  hubiera  reconocido  como nuevo  propietario  al señor ingeniero JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO, siendo el primero  contador  de  profesión  según  los  datos,  le hubiera firmado a este último  contrato  de  arrendamiento  en  relación a la tenencia del apartamento 102 del  edificio  PREUX con canon de arrendamiento y fechas precisas de cumplimiento?”  ¿Cómo  el  arrendatario  en vista de que no podía entregar el inmueble, firma  posteriormente  un  nuevo  convenio  elaborado en manuscrito, para desocuparlo y  entregarlo  al  nuevo  propietario  reconocido  ROJAS  PATARROYO  el  día 20 de  febrero de 2005?      

¿Cómo   observar  en  forma  imparcial  y  absolutamente  lógica  “que  a la luz del testimonio vertido por JOSÉ SANTOS  ROJAS  PATARROYO, analizado e interpretado en sana crítica, no sólo el tercero  incidental  y  adquirente  del  bien  inmueble  bajo  el imperio de la buena fe,  jamás  recibió  la  posesión  del  señor  ALVARO  GUZMÁN  HERNÁNDEZ,  sino  también  inducido  al  tener  una  conciencia  plena, sana y lejos de cualquier  dolo,  civil  o  penal,  recibiera  del  hoy  condenado  JOSÉ  ROBERTO SAAVEDRA  SARMIENTO,  la  posesión real y material del apartamento 102 del edifico PREUX,  luego   de   haberse   corrido  la  escritura  2321  del  30  de  septiembre  de  2004?”   

¿Cómo  no  percibir  “el Honorable Cuerpo  Colegiado  que  produjo  el  fallo  de  segunda  instancia, que el señor ALVARO  GUZMÁN  HERNÁNDEZ  ya  se  había  desprendido  de  la posesión del ya citado  apartamento  102  del edificio PREUX, a favor del timador, SAAVEDRA SARMIENTO, y  que  éste  a  través  de  otra  negociación  transfirió  el mismo derecho de  posesión,   al   tercero   incidentante,  entregas  sucesivas  que  sí  fueron  observadas  por  el  mismo  inquilino,  con  el efecto de que en forma lógica y  racional,  éste  firmara  el  nuevo  contrato  y  convenios con el señor ROJAS  PATARROYO último propietario”?.   

Agrega  que  la posesión como atributo de la  propiedad,  a la luz del derecho civil, se puede ejercer a través de terceros y  en  este  caso  podía  por  tanto  hacerse  por  el  arrendatario,  pudiéndose  predicar,   aquí,  que  el  error  del  ad  quem  está  en  haber  desconocido  flagrantemente  esta  tradición  al  “ubicar  no  sólo la titularidad que ha  resultado  espuria,  sino  que  desprotege  el  derecho  a la posesión que debe  detentar  quien  adquirió  el  bien  bajo  el  impero  de la buena fe”.    

El tribunal ha fijado su atención en detalles  y  puntos  secundarios del actuar del ingeniero ROJAS PATARROYO. Se le tacha por  no  haber  aportado  a  tiempo  los documentos que acreditan la propiedad de los  vehículos   que   entregó   en   pago   el   apartamento.   También  por  las  inconsistencias  en  el  precio del apartamento. Pero si se suman los valores de  los  automotores, equivalen al precio de lo pactado. ¿Cómo exigirle el ad quem  a  ROJAS  PATARROYO  tarjetas de propiedad de los vehículos después de un año  de  haber  efectuado la negociación, y cómo ignorar por parte del tribunal que  la  negociación  de  vehículos  se puede recibir con traspaso abierto, y   con  tarjeta  a  nombre  de  una  tercera  persona?  ¿Cómo imponerle malicia y  atribuir  conducta  dolosa  a  esta  transferencia por parte del ingeniero ROJAS  PATARROYO?      

¿Cómo no atribuirle error de apreciación al  tribunal   cuando   acusa  a  ROJAS  PATARROYO  de  imprimirle  celeridad  a  la  negociación,  sin  observar  que  el  16  de septiembre de 2004 se suscribieron  entre  SAAVEDRA  SARMIENTO y GUZMÁN HERNÁNDEZ dos o tres escrituras? Y ¿cómo  no  aceptar  que  un  negocio  que  debe  protocolizarse  ante  notario  y  debe  registrarse  en  breve  lapso,  no  se  pueda  perfeccionar  en  uno solo?    

Afirma  que  estos  son,  en  resumen,  los  flagrantes  errores  en que ha incurrido el tribunal, al analizar la conducta de  ROJAS  PATARROYO  como  tercero  incidental, a quien se le atribuyen todas estas  falencias  para  predicar  la  ausencia  de  buena  fe  en  la  negociación que  realizara  con JOSÉ ROBERTO SAAVEDRA SARMIENTO del apartamento 102 del edificio  PREUX,  no  obstante  haber sido también sujeto pasivo de los delitos cometidos  por éste, y tener derecho a ser considerado poseedor de buena fe.   

Argumenta  que  esta  deficiente apreciación  probatoria  viola  el  artículo  238 del estatuto procesal penal y el artículo  768 del código Civil, que define la buena fe.   

A   continuación   relaciona  las  pruebas  documentales  que  presentó  como  fundamento  de la pretensión de mantener el  statu  quo sobre la posesión del apartamento 102 del edificio PREUX, de las que  afirma,  fueron  “parcial  y  erróneamente  interpretadas” por el tribunal,  así,     

-La  promesa  de  compraventa del apartamento  suscrita  entre JOSÉ ROBERTO SAAVEDRA SARMIENTO y JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO,  en  la  que  se  fijó  como  precio  del  inmueble  120  millones de pesos y se  contempla  como  forma  de  pago  la  entrega  de  tres vehículos. El tribunal,  erróneamente,  critica  y  glosa  el  precio  acordado,  al  compararlo  con el  estipulado  en el traspaso anterior, realizado entre ALVARO GUZMÁN HERNÁNDEZ y  JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  SARMIENTO,  donde  se fijó en 250 millones. Pero este  precio  no  lo  estableció  ROJAS  PATARROYO,  sino  el  vendedor,  quien no le  enseñó  la  escritura  donde  se  registraban  los  250  millones.     

Este grave error de hecho en la observación y  examen   de   la  prueba  documental,  generó  una  conclusión  errada  en  la  fundamentación  de  la  sentencia  recurrida,  donde con base en el mismo se le  imputa  al  incidentante,  “la merma económica que sufrió el valor comercial  del  apartamento  en  un  lapso  de  nueve  días, y que no puede trasladarse al  ánimo  y a la conciencia sana del adquirente del apartamento JOSÉ SANTOS ROJAS  PATARROYO”.  Este  análisis,  equivocado,  agrede  el  precepto  adjetivo que  impone  al  funcionario referirse explícitamente y en forma razonada al mérito  que  la  asigna  a  cada  prueba  en  particular  y  a  las pruebas en conjunto.   

-La  escritura  pública  2321  de  30  de  septiembre  de  2004,  otorgada  en  la Notaría 43 de Bogotá, mediante la cual  JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  SARMIENTO  vende el apartamento  102 del edificio  PREUX  a  JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO, en cuya cláusula sexta se afirma que se  hizo  “entrega  real del inmueble vendido al comprador en el estado actual”.  El  tribunal,  sin  embargo,  con  error de hecho, ha pretendido concluir que el  comprador  ROJAS  PATARROYO  nunca tuvo la posesión real de dicho inmueble “y  que  este  derecho  de  manifestación  del  dominio  no es respaldado por otros  medios  de  prueba”,  al  sostener  que  “resulta  ser  un  argumento  falaz  enarbolar  la  entrega  del  inmueble  alegando  su posesión pacífica si ROJAS  PATARROYO  describió que para el mes de abril de 2005 los anteriores inquilinos  ya se habían ido”.   

Replica que, precisamente, es ROJAS PATARROYO  quien  bajo juramento afirma haber visitado el inmueble con el vendedor SAAVEDRA  SARMIENTO,  donde  se entrevistaron con los arrendatarios GUSTAVO DÍAS PEÑUELA  y  su  esposa,  quienes  días  después  reconocieron  la titularidad del nuevo  propietario,  al  suscribir  con éste un nuevo contrato de arrendamiento. Luego  no  puede  haber  duda  de que el tercero incidentante es legítimo poseedor del  apartamento,   y  que  el  tribunal  superior analizó deficientemente esta  prueba.   

-Copia  de  la  querella  tramitada  en  la  Inspección  Primera  C  Distrital,  donde se desestimó el presunto derecho del  querellante  ALVARO  GUZMÁN  HERNÁNDEZ,  en  relación  con la cual se observa  ausencia  plena  de evaluación, pues solamente se alude a ella para afirmar que  no  prosperó por deficiencias en la formulación técnica, error que desembocó  en una mermada fundamentación de la sentencia.     

-De  igual  manera  y en forma deficiente, el  tribunal,   para  sustentar  la  sentencia,  se  refiere  al  documento  que  la  administración  del edificio PREUX le envió a ROJAS PATARROYO, para informarle  de  la  deuda  que  el  apartamento  tenía  pendiente con ellos, con el cual se  prueba  que  la  administración  reconoció  no sólo el derecho de propiedad y  posesión, sino que lo tuvo en cuenta en la formalidad del cobro.   

Sostiene  adicionalmente  que  el  tribunal  omitió  tener en cuenta la escritura pública 2182 de 16 de septiembre de 2004,  otorgada  en  la  Notaría  43  de  Bogotá, mediante la cual   ALVARO  GUZMÁN  HERNÁNDEZ  transfiere  a  JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA  la  propiedad  del  apartamento  102  del  edificio  PREUX,  en  la  que  en  su cláusula cuarta se  establece  como  precio  de  venta del bien la suma de 70 millones de pesos y en  cuya  cláusula  sexta  se afirma que la sociedad vendedora ya hizo entrega real  del inmueble al comprador.   

También  omitió  analizar el certificado de  tradición  actualizado del apartamento, de fecha 25 de junio de 2007, en el que  consta,  en  su  anotación  No.15,  que  la  firma CONSTRUCCIONES E INVERSIONES  IBERIA  S.  en  C. S., representada por ALVARO GUZMÁN HERNÁNDEZ, transfiere la  propiedad  del  apartamento  a  JOSÉ ROBERTO SAAVEDRA SARMIENTO, documento que,  junto  con  la  escritura,  fueron  determinantes para que el tercero incidental  entrara a pactar con este último.    

Tampoco  tuvo  en  cuenta  el  contrato  de  arrendamiento  del  referido  apartamento,  suscrito  entre  JOSÉ  SANTOS ROJAS  PATARROYO  como  nuevo  propietario  y  GUSTAVO  DÍAZ  PEÑUELA,  el día 16 de  diciembre  de  2004,  documento  que,  al  igual que los anteriores, sustenta el  reconocimiento de la propiedad en cabeza de ROJAS PATARROYO.   

Ante  esta  flagrante  omisión en el estudio  pleno  del  acervo  probatorio,  no  puede  más  que concluirse que el tribunal  incurrió  en error de hecho, y que la sentencia, por tanto “no tiene la plena  sustentación  evidencial  que  debiera  tener”,  lo  cual  vulnera el sistema  probatorio de carácter penal en sus artículos 170.4 y 238.   

Agrega  que  el  tribunal  omitió finalmente  tener  en cuenta el contrato de acuerdo mutuo de entrega del citado apartamento,  suscrito  el 25 de enero de 2005, mediante el cual el arrendatario GUSTAVO DÍAZ  PEÑUELA  se  comprometía  a  entregar el apartamento el día 20 de febrero del  mismo  año,  documento  que,  al igual que los otros, conducen a la afirmación  indiscutible  que  ROJAS  PATARROYO  era  el  propietario  y  poseedor  real del  inmueble,  y  que  lo  adquirió  a  través  de  actos  exentos  de dolo y mala  fe.    

     

¿Cómo  imputarle  al  incidentante  ROJAS  PATARROYO  que  ante el abandono del bien por parte del arrendatario, sin aviso,  situación  que  fue  informada  por  los  celadores  y  por la administración,  concurriera  al  inmueble y al enterarse de que no están las llaves en manos de  la  administración,  proceda,  autorizado  por  el derecho y la presencia de la  administración  y  de  los  celadores,  a  abrir  el  inmueble  con  cerrajeros  autorizados para el ingreso pacífico al edificio?   

¿Qué persona de bien, respetuosa de la ley,  al  ver  que  su arrendatario le ha abandonado la posesión y que lo deja “por  puertas”,  ante  testigos  revestidos  de autoridad o carácter administrativo  dentro  del  régimen  de  propiedad horizontal, no proceda a optar la posesión  ante el hecho clandestino del abandono de la propiedad?   

Concluye  diciendo  que  la  omisión de esta  prueba  creó  un vacío en los fundamentos de la sentencia y en la conciencia e  intelecto  del  juzgador,  y que ante su falta de análisis, no es dable afirmar  que  se  cumple  el  postulado  del  examen  conjunto  de las pruebas, ni que el  juzgador  se  refirió   razonadamente  el  mérito  de  la prueba, lo cual  produce un desequilibrado efecto al momento de dictarse el fallo.   

Sustentado en estas consideraciones solicita a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada  y  otorgar  la protección debida al  tercero  incidental, en su condición de lesionado con el accionar delictivo del  señor  JOSÉ ROBERTO SAAVEDRA SARMIENTO, y en plano igualitario, confiriéndole  el  statu  quo sobre el apartamento 102 del edificio PREUX de Bogotá,  que  adquirió de buena fe, como se ha demostrado.   

Alegaciones de los no recurrentes  

El  apoderado de la parte civil solicita a la  Corte  inadmitir la demanda, por estimar que no cumple los presupuestos mínimos  de  fundamentación  requeridos  por  la  normatividad  legal  para su trámite,  particularmente  los  previstos  en  el  artículo  212.3 de la Ley 600 de 2000.   

SE   CONSIDERA   

La  Corte  inadmitirá  la  demanda objeto de  estudio  por  no  concurrir  el presupuesto punitivo establecido en el artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000 para la procedencia de la casación común, que el  demandante   propone,   y  porque  no  cumple  los  requerimientos  mínimos  de  fundamentación  exigidos  para  su admisión a trámite por la vía alternativa  de la casación discrecional.   

Improcedencia    de    la    casación  común   

Este proceso se inició y tramitó con arreglo  a  las directrices de la Ley 600 de 2000, estatuto que en su artículo 205 exige  para  la procedencia del recurso de casación que el hecho punible por el que se  procede  tenga señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

La  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  venido  sosteniendo  en  forma  invariable,  desde  hace  ya  bastante  tiempo,  que  la  procedencia  de  la casación por el aspecto punitivo se determina por las penas  previstas en las normas vigentes cuando ocurrieron los hechos.   

Ninguno de los delitos por los que se juzga a  JOSÉ   ROBERTO   SAAVEDRA   SARMIENTO   se  halla  sancionado con pena privativa de la libertad mayor a ocho  (8)  años. La falsedad material en documento público tiene adscrita  pena  de  3 a 6 años de prisión (artículo 287 del Código  Penal);  el   fraude procesal pena de 4 a 8 años  (artículo   453   del   Código   Penal);   y   la   estafa,   pena   de   2   a   8   años  (artículo   246   del   Código   Penal).   

En  las referidas condiciones, obligatorio es  concluir  que  el  presupuesto punitivo requerido por la normatividad legal para  la   procedencia   de   la   casación   por  la  vía  ordinaria  (que  el  delito por el que se procede tenga adscrita pena privativa  de   la   libertad   cuyo   máximo   exceda   de   ocho  (8)  años),  no  se cumple en el caso analizado, y  que  el  demandante se equivoca al pretender acceder a ella por esta vía.    

El artículo 208 de la Ley 600 de 2000 permite  acudir  directamente  a  la casación común, sin tener en cuenta el monto de la  pena  establecida  para  el delito por el cual se juzga, cuando el recurso tiene  por  objeto  exclusivamente  la  indemnización  de  perjuicios decretados en la  sentencia  condenatoria,  pero  este  no es el tema que se discute por parte del  demandante.     

Tampoco  es pertinente invocar la aplicación  de  la  Ley  906 de 2004 como fórmula para acceder directamente al recurso, por  no  ser éste el estatuto que regula el caso, y porque sus disposiciones en esta  materia  son mucho más exigentes que las de la Ley 600 de 2000, no siendo dable  apelar,    en    consecuencia,    para    tales   efectos,   al   principio   de  favorabilidad.4   

El casacionista contaba con la alternativa de  acudir  a  la  casación  discrecional,  de acuerdo con lo previsto en el inciso  tercero  del  articulo 205 del estatuto procesal, ajustando su fundamentación a  las  exigencias  de esta norma, pero no lo hace, y la demanda tampoco reúne los  presupuestos  mínimos de orden formal y sustancial requeridos para su admisión  por esta vía.   

Incumplimiento  de  los  requisitos  de  la  casación discrecional.   

La  procedencia  de esta modalidad casacional  presupone  el  concurso  de dos condiciones. Una, demostrar que la intervención  de  la   Corte  es  necesaria  para el desarrollo de la jurisprudencia o la  protección  de  las  garantías fundamentales. Y dos, presentar una demanda que  reúna   las   exigencias   mínimas   de   claridad,   concreción   y   debida  fundamentación, requeridas para su estudio de fondo.    

La  primera  condición no se cumple, pues el  demandante    plantea directamente un cargo contra el fallo impugnado,  sin  ocuparse de justificar, de manera expresa, la necesidad de intervención de  la  Corte para la realización de los fines de unificación de la jurisprudencia  o  la protección de garantías fundamentales. Y de su contenido no surge que el  recurso apunte en esa dirección.        

En  lo  que  tiene  que  ver  con  el  cargo  planteado,  basta  e  importa  precisar que cuando se plantea en casación penal  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  errores  de  hecho  en  la  apreciación  probatoria,  es  necesario,  para  la  correcta  formulación  del  reparo,  que  el  demandante  indique  la  clase  de  error  de hecho cometido y  demuestre    su   existencia   y   trascendencia   en   las   conclusiones   del  fallo.   

Los  errores  de  hecho  se  agrupan  en tres  categorías.  De  existencia,  que  se presentan cuando el juzgador, al resolver el caso, ignora una prueba que  hace   parte   del   proceso,   o   supone   una  inexistente.  De  identidad,  que  surge cuando el juzgador  al  apreciar  el  contenido de la prueba, lo cercena, lo adiciona o lo trasmuta,  haciendo    que    exprese    lo    que    no    dice.    Y    de   raciocinio,  que  se estructura cuando el  juzgador  desconoce  las  reglas  de  la  sana crítica en la valoración de las  pruebas        o        en        la       obtención       de       inferencias  lógicas.         

Cada  uno  de  estos  errores exige una forma  específica  de  mostración, acorde con su estructura lógica. El de existencia  impone  identificar la prueba omitida o supuesta y referenciar el hecho que ella  acredita.  El  de  identidad,  destacar  el  contenido  de  la  prueba  que  fue  adicionado,  cercenado  o  trasmutado. Y el de raciocinio, precisar el principio  de  la  lógica,  la  regla  de experiencia o el postulado de la ciencia que fue  desconocido por los juzgadores.      

Adicionalmente, en cada uno de estos casos, el  casacionista  debe  demostrar  la  trascendencia  del  error que denuncia en las  conclusiones  del fallo, ejercicio que implica realizar una valoración objetiva  de  la  prueba  tenida  en  cuenta  por los juzgadores, con exclusión del error  cometido,  y  acreditar   que  de  no  haberse cometido el desacierto en la  apreciación  probatoria,  el  sentido  de  la  decisión  o  sus  implicaciones  habrían sido diferentes.   

Esta  carga demostrativa no es solventada por  el  libelista,  quien,  como se dejó visto, plantea la existencia de errores de  hecho  en la apreciación de las pruebas, pero en el desarrollo del cargo, donde  se   imponía   identificar   la   especie   de   error  cometido  (existencia,  identidad  o  raciocinio), no  lo  hace, ni demuestra su concurso en la forma que exige la lógica del recurso,  ni su trascendencia en las conclusiones del fallo.   

En  algunos  apartes sostiene que el tribunal  interpretó   “parcial   y  erróneamente”  algunas  pruebas,  con  lo  cual  pareciera  estar denunciando un error de identidad, o quizás uno de raciocinio,  y  en  otros,  que omitió tener en cuenta  algunos documentos, afirmación  que  se  aviene  con  el  concepto de error de existencia por omisión, pero sin  demostrar  ningún  error  en  concreto,  ni  acreditar  sus implicaciones en la  decisión criticada.     

Buena   parte  de  sus  argumentaciones  se  circunscriben  a  la  exposición de toda una serie de interrogantes dirigidos a  cuestionar  las  conclusiones  del  tribunal,  en  lo  que  tiene que ver con el  comportamiento  asumido  por  JOSÉ  SANTOS  ROJAS  PATARROYO en la negociación  realizada  con  el   procesado,  fundamentación que, de suyo, nada prueba,  distinto  de  una  inconformidad  personal  del  recurrente con el sentido de la  decisión.   

Aunque  esto sería suficiente para inadmitir  la  demanda, no puede dejar de precisarse que la decisión de ratificar la orden  de  cancelación  de  la  escritura  pública  2321 de 30 de septiembre de 2004,  mediante  la  cual  JOSÉ  ROBERTO  SAAVEDRA SARMIENTO  vendió el apartamento a JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO,  y  de  ordenar  la  entrega del  bien al propietario inicial ALVARO GUZMÁN  HERNÁNDEZ,  se  sustentó  no sólo en el hecho de haber hallado los juzgadores  inconsistencias  en el proceder de ROJAS PATARROYO, que ponían en entredicho su  buena  fe  en  el  negocio, sino en la consideración de que la adquisición del  apartamento  por  parte  de SAAVEDRA SARMIENTO tuvo por causa la comisión de un  delito,  y  que el delito, en ningún caso, podía ser fuente de derechos.    

De  suerte  que,  si el demandante pretendía  acreditar  que  la  decisión  cuestionada  violaba  el  ordenamiento jurídico,  debía  probar  no sólo que las conclusiones de los juzgadores, referidas a que  el  tercero incidentante actuó de mala fe en la negociación, eran equivocadas,  sino  también,  que las atinentes a que el bien provenía de la comisión de un  delito,     también     lo     eran,     demostración    que    ni    siquiera  intenta.        

Dado,  entonces, que no concurre el requisito  punitivo  para  la  procedencia  de  la  casación  común,  y que la demanda no  satisface  las  exigencias mínimas de orden formal y sustancial requeridas para  su  estudio  de  fondo  por  la  vía  discrecional, se la inadmitirá y se  ordenará  devolver  el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no advirtiéndose  violaciones  a las garantías fundamentales que la Corte esté en la obligación  de proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por  el  apoderado  de  JOSÉ SANTOS ROJAS PATARROYO, tercero incidental en este  asunto.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

                                                                                                                       Impedido   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                  MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                                          

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                 

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA  ORTIZ                           

      

                                                          Nubia Yolanda Nova García   

Secretaria  

    

1  Folios 64, 102-110, 172-175 y 175 vuelto del cuaderno original 2.   

2  Folios 261-295 del cuaderno original 3.   

3  Folios 22-36 del cuaderno del Tribunal.   

4  C.S.J.,  Casación  25499,  auto  de  29  de  junio  de  2006;  Casación 25550,  sentencia  de  26  de  marzo  de  2008; Casación 33527, auto de 10 de agosto de  2010.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *