35736(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35736  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 78.  

Bogotá,  D.C.,  nueve  de  marzo de dos mil  once.   

V I S T O S  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por la defensora del procesado ARMANDO HERREÑO  BARBOSA,  en contra de la sentencia de segundo grado proferida por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de San Gil (Santander), el 30 de  septiembre  de  2010,  confirmatoria  del  fallo  emitido por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de Vélez (Santander), el 13  de  agosto  del  mismo  año,  por  medio  del  cual  se  condenó al mencionado  procesado,  como  autor  responsable  de  la  conducta  punible  de acceso  carnal violento agravado tentado, a  la  pena principal de 120 meses de prisión, y a la accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas  por  el  mismo  término.   

H E C H O S  

En  la  providencia  de  segundo  grado,  se  consignaron de la siguiente manera:   

“De conformidad  con  la prueba practicada en el juicio se extrae que los hechos ocurrieron el 24  de  diciembre de 2009 en el municipio de Barbosa alrededor de las seis (6) de la  tarde  cuando  Armando  Herrera Barbosa llegó de visita a la residencia ubicada  en    la    carrera    5    No.   14-31   tercer   piso,   barrio   ‘El          Prado’,  de  propiedad  de  su  amigo Wilmer  Hurtado  Torres  donde  fue  recibido  gracias a que era allegado de la familia,  lugar   en   el   que   se   hallaban  únicamente  los  menores  E.H.,  B.R.  y  J.N.H.C.1, este último de 9 años recién cumplidos.   

Pasados  unos  minutos  Herrera  Barbosa le  entregó  dinero  a  los  dos  menores inicialmente citados para que fueran a un  establecimiento  de  juego  de  video, mientras que él se quedaba a solas en el  apartamento  con  J.N.H.C. viendo televisión en el cuarto de su padre y a quien  le  ofreció  $20.000.oo  para mantener relaciones sexuales, petición que al no  ser  aceptada por el niño, hizo que Armando lo lanzara sobre la cama boca abajo  y  le  tapara  la  boca, para luego bajarle la pantaloneta e intentar penetrarlo  con  su  pene,  contra  la voluntad del menor, acción que no se logró debido a  que  José  Wilmer  Hurtado,  padre de la víctima, llegó en ese instante, y de  inmediato  recriminó  a su amigo por ese reprochable comportamiento, situación  que  originó su huída, y luego su captura varias cuadras adelante del lugar de  los    hechos,    por    parte   de   efectivos   de   la   policía”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Luego de la aprehensión de ARMANDO HERREÑO  BARBOSA,  en  audiencias preliminares llevadas a cabo el 25 de diciembre de 2009  ante  el  Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de  Vélez  (Santander),  se  legalizó  su  captura, se le formuló  imputación  por  el  delito  de acceso carnal violento  agravado  en la modalidad de tentativa, y se le aplicó  medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  de  reclusión.   

Apeladas  por  la  defensa las decisiones de  legalización  de captura e imposición de medida aseguratoria, el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Puente Nacional (Santander) las confirmó, en auto de segunda  instancia proferido el 5 de enero de 2010.   

Como  el  imputado  no  se  allanó al cargo  formulado,  la  Fiscalía  Quinta  Seccional  de  Vélez  presentó  escrito  de  acusación  el  22  de enero siguiente, en el cual reiteró que se procedía por  el   ilícito   de  acceso  carnal  violento  agravado  tentado,  tipificado  en los artículos 205, 211-2-4 y  27 del Código Penal.   

El  conocimiento  de la etapa del juicio fue  asumido  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  esa  ciudad,  despacho  que  luego  de  realizar las audiencias públicas de  formulación    de    acusación    –el   2   de   febrero   de   ese  año-,  preparatoria  –el  1 de marzo posterior-, juicio oral  –en  sesiones  del  23 de  marzo  y  26,  27 y 28 de abril de 2010-, e incidentales de reparación integral  –el 20 de mayo, 8 de junio  y  27  de  julio  siguientes-,  dictó  fallo condenatorio el 13 de agosto de la  referida  anualidad,  declarando  la responsabilidad penal del procesado ARMANDO  HERREÑO BARBOSA en el delito contenido en el escrito acusatorio.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A  quo  le  impuso las penas  principal  y  accesoria  reseñadas  en  la  parte inicial de este proveído, lo  condenó  a  pagar  el equivalente a 200 salarios mínimos legales mensuales por  concepto   de   perjuicios,  y  le  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   y   prisión  domiciliaria.   

Apelada dicha providencia por el enjuiciado y  su  defensora,  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de San Gil (Santander) la  confirmó  íntegramente,  mediante  sentencia  del 30 de septiembre de 2010, en  contra  de  la  cual  la  última  de  las  mencionadas  interpuso el recurso de  extraordinario de casación y presentó la correspondiente demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo único.  

Con  fundamento  en  el  numeral  1°  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, la defensora de ARMANDO HERREÑO BARBOSA  parte    por    señalar    que    el   Tribunal   incurrió   en   “un error en el juicio valorativo de la  prueba”,  puesto  que  su  sustento   “es  absolutamente  frágil,  engendra duda, aparece contradictorio y  da  un  resultado  endeble, del cual no se puede extraer un Criterio Jurídico y  moral   que   sustente   constitucionalmente  la  sentencia  emitida”.   

A juicio de la casacionista, se desconocieron  los  artículos  380  y  404  de  esa  codificación -criterios de valoración y  apreciación   del   testimonio-,   cuya  compaginación  permite  concluir  que  “las   pruebas   deben  analizarse  en  conjunto y extraer de ellas el máximo de precisión en cuanto a  la   ocurrencia   de   los   hechos   denunciados   como  delictivos”,  lo  que  no ocurrió en este evento  “desde  el  inicio  de la  actividad            judicial”.   

En  orden  a  fundamentar  su  censura,  se  refiere,  para  empezar,  a  las  circunstancias  que  rodearon  la  captura del  procesado,  con  el objeto de extractar una primera conclusión, según la cual,  no  se  dieron  las  circunstancias  fácticas  y  normativas para argumentar la  flagrancia,   “que  fue  aceptada  bajo  ligero  análisis  de  las  circunstancias  de  hecho, no siendo  posible      hacerlo      para      no     romper     la     equidad”.   

Cuestiona la demandante, en segundo término,  que  el  maltrato  padecido por el acusado -quien negó haber firmado el acta de  buen  trato,  y  fue  golpeado  y  obligado  a  someterse  a algunos exámenes-,  “no   fue  valorado  ni  analizado  probatoriamente”  en el fallo   

En  tercer lugar, alude a la prueba pericial  que  se  concreta  en  los  exámenes  sexológicos,  cuyos  contenidos  trae  a  colación,  con  el  fin  de  destacar  que fueron tenidos como suficientes para  deducir  la existencia del delito investigado, desconociendo otros factores como  la  declaración  contradictoria  del  menor ofendido y la falta de concordancia  con  lo  determinado  por  el  médico  legista  sobre  lo  que  constituye  una  escoriación, habida cuenta que el niño padece de hemorroides.   

De  lo  anterior, extrae la memorialista una  segunda  conclusión  que  apunta  a  desestimar lo contenido en los dictámenes  médicos,  dado  que,  “no  contienen  evidencia  de  acceso  carnal  cuando  por otra parte se dijo que las  escoriaciones  fueron  producidas  por  objeto  contundente,  que es un término  genérico  que  descartar  lo  particular  como  sería  el  miembro viril, y no  descarta  el  uso  de  las  uñas  que  tienen  concordancia  con la ausencia de  espermatozoides”.   

De igual modo, cita tres frases pronunciadas  por  diferentes  testigos,  simplemente  para  decir que la prueba testifical es  “totalmente  incoherente”.   

Por último, afirma la impugnante, apoyada en  jurisprudencia    constitucional,    (i)    que    la    libre    apreciación    probatoria    “no   puede  extenderse  para  agregar  aspectos      que     no     contiene     la     prueba     pericial”, (ii) que se  desconocieron  las garantías debidas a su patrocinado,  (iii)   que  las  dudas  que  presentó  el  elemento  probatorio  non fueron resueltas a favor del procesado,  y  (iv) que la Fiscalía no cumplió a plenitud con la  carga  de  la prueba, “más  allá       de       la       duda”.   

Así,  propendiendo por el reconocimiento de  los  principios  de presunción de inocencia e in dubio  pro  reo,  e  insistiendo  en  que  no se colmaron las  exigencias   probatorias   demandadas  por  el  artículo  381  del  Código  de  Procedimiento    Penal    de    2004,    pide   que   se   case   la   sentencia  censurada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

De  la sola lectura de la demanda presentada  por  la defensora del procesado ARMANDO HERREÑO BARBOSA, claramente se advierte  el  absoluto  desconocimiento de las normas y principios que gobiernan el ataque  casacional.   

Por  ello,  previo  a  examinar  el reproche  presentado  por élla en contra de la sentencia objeto de censura, debe reiterar  la    Corte2  cómo,  con  el  advenimiento de la Ley 906 de 2004, se ha buscado  resaltar   la   naturaleza   de   la   casación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por los Tribunales, cuando quiera  que   se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado por el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad.   El   recurso  pretende  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación   de   la   jurisprudencia”.   

En  la  sentencia  C-590  de  2005, la Corte  Constitucional  resaltó  la mayor amplitud que tiene la casación en el sistema  acusatorio,  en  cuanto  decididamente  se  prevé  como  medio protector de las  garantías fundamentales:   

“(…)   la  afectación  de derechos o garantías fundamentales se convierte en la razón de  ser  del  juicio  de  constitucionalidad y legalidad que, a la manera de recurso  extraordinario,  se  formula  contra  la sentencia. O lo que es lo mismo, lo que  legitima  la  interposición  de  una demanda de casación es la emisión de una  sentencia  penal  de  segunda  instancia  en  la que se han vulnerado derechos o  garantías  fundamentales.  Precisamente  por ello se ha presentado también una  reformulación   de  las  causales  de  casación,  pues  éstas,  en  la  nueva  normatividad,  sólo  constituyen supuestos específicos de afectación de tales  garantías       o      derechos…”.   

La  Ley  906  de 2004 especificó el ámbito  normativo  respecto  del  cual  se  ejerce  el  control de las sentencias de los  jueces,  incluyendo no sólo las infracciones a la ley, sino también a la Carta  y   a   las   normas   del   llamado  “bloque               de               constitucionalidad”.  En este punto, como lo advirtió la  Corte  Constitucional  en  el  citado  fallo  C-590  de  2005,  si bien no puede  afirmarse  que  ese  parámetro  de  control  no  se observara en los anteriores  regímenes  de la casación, es claro que la expresa configuración legal de ese  ámbito  normativo,  evidencia  el  propósito  que  ha  tenido el legislador de  adecuar  el  instituto  de manera más directa a referentes constitucionales, lo  cual    resulta    comprensible    en    la   dinámica   de   las   democracias  constitucionales.   

Y  es  evidente  que para el cumplimiento de  esos  fines  constitucionales,  el llamado sistema acusatorio oral de la Ley 906  de  2004,  dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de  una  serie  de  facultades  realmente  especiales,  como  lo  hizo  con  aquella  consagrada   en   el  artículo  184,  a  saber,  la  potestad  de  “superar  los  defectos  de  la demanda  para  decidir  de fondo” en  las  condiciones  indicadas  en  él,  esto  es,  atendiendo  a  los fines de la  casación,  fundamentación  de  los mismos, posición del impugnante dentro del  proceso   e  índole  de  la  controversia  planteada;  y  la  referida  en  el  artículo 191, para emitir un  “fallo  anticipado”  en        aquellos       eventos  en  que la Sala mayoritaria lo estime necesario por razones  de  interés  general,  anticipando  los  turnos para convocar a la audiencia de  sustentación y decisión.   

Dentro de ese nuevo contexto normativo, ha de  aceptarse  que  la  inadmisión de una demanda de casación por parte de la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  debe basarse en tres  aspectos  esenciales:  en principio, cuando el demandante no tenga interés para  acceder   al  recurso;  en  segundo  lugar,  cuando  se  trate  de  una  demanda  infundada,  es  decir que su  fundamentación   no   evidencia   una   eventual   violación   de   garantías  fundamentales;  y,  por  último,  cuando  de  su inicial estudio se descarte la  posibilidad   de  desarrollar  en  la  sentencia  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

En  efecto, el artículo 184, inciso 2º, de  la  Ley  906  de  2004,  autoriza  a  la  Corte  para  no  seleccionar,  en auto  debidamente  motivado,  aquellas  demandas  de  casación  que  se encuentren en  cualquiera de los siguientes supuestos:   

“si el demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la causal, no desarrolla los cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se  precisa    del   fallo   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades   del  recurso”.   

De  allí  que  bajo  la óptica del sistema  acusatorio  penal,  el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de libre  elaboración,  en  cuanto  mediante su postulación el casacionista concita a la  Corte  a  la  revisión  del  fallo  de  segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b) La del numeral 2º consagra el tradicional  motivo     de     nulidad     por     errores     in  procedendo,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En  tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas3.   

Del  mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia4.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa de  la   denominada   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción5,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o   alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera    válida    al   proceso-   y   del   falso   raciocinio   –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La invocación de cualquiera de estos errores  exige  que  el  cargo se desarrolle conforme a las directrices que de antaño ha  desarrollado   la   Sala,  en  especial,  aquella  que  hace  relación  con  la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

2. El caso concreto.  

Establecidas   las  premisas  básicas  de  evaluación,  bien  poco  tiene que responder la Corte a la propuesta casacional  de  la  recurrente,  por  elemental  sustracción  de  materia,  pues, y en ello  estribó  la  razón para transcribir vastos apartados de su confuso alegato, no  se  indica  de  manera concreta la finalidad de la casación, tampoco especifica  causal  alguna,  se  deja de fundamentar la postura e incluso, se omite señalar  cuál  es el yerro en el que pudo incurrir el Tribunal o cómo lo solicitado por  el    la   libelista   encuentra   eco   en   los   hechos   evaluados   en   el  expediente.   

En suma, del inconexo escrito allegado por la  demandante  se  puede  adivinar,  con  bastante  esfuerzo,  que  no  comparte la  valoración  probatoria  de  las instancias, buscando con ello la absolución de  su representado.   

Así  lo  plantea  desde  el  comienzo de su  deshilvanado  y  abstracto discurso, en el que asevera que el Tribunal no contó  un   adecuado   sustento   probatorio  y  por  ello  incurrió  en  “un error en el juicio valorativo de la  prueba”; de igual manera,  sostiene  que  no  se  hizo  valoración conjunta de la prueba y a partir de sus  propias  impresiones  –por  demás  genéricas  y sin soporte argumentativo- aduce que la prueba testimonial  es  incoherente  y  que  las  dudas  advertidas  debieron  conducir a aplicar la  garantía    del   in   dubio   pro   reo.   

Adicionalmente,  la  censora  asevera que en  este  caso  no  se estructura la flagrancia y denuncia supuestas irregularidades  que  se perpetraron al momento de la captura de su prohijado, tópicos estos que  no  obstante  haber  sido  ampliamente  discutidos  y  superados en el curso del  proceso,  pretende  revivir  ahora,  pero  sin  indicar cuál en concreto fue el  yerro    en    que   incurrieron   los   jueces   de   garantías   –en  primera y segunda instancias- y de  conocimiento  –ante quien  debieron  ventilarse  las  supuestas  informalidades que ameritarían la extrema  sanción de nulidad- ni, mucho menos, la trascendencia de ello.   

Pero, a la hora de sustentar sus asertos, en  los  que  ni  siquiera  discrimina  qué tipo de error fue el perpetrado por los  juzgadores,  se limita a consignar su propio análisis de la prueba, a partir de  meros  enunciados  y afirmaciones genéricas, sin ningún tipo de argumentación  o  respaldo demostrativo, lo que es más que suficiente para desatender el cargo  propuesto,  en  cuanto,  no  cumple los mínimos presupuestos de fundamentación  exigidos  en  esta  sede, además de que nunca da a conocer cuál en concreto es  la    violación    trascendente    que    se    reputa   de   los   fallos   de  instancia.   

Para  ello,  no bastaba con que criticara de  manera  aislada  y  descontextualizada la apreciación probatoria que realizaron  los  falladores  sobre  las  pruebas  testimoniales y periciales, ni que dijera,  según   su   particular   percepción,   cómo  debió  valorarse  el  conjunto  probatorio.   

Esta  postura  obliga  a  hacer hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la   decisión   de   los   jueces  A  quo  y Ad quem, entre  otras  razones,  porque  a  esta sede arriba la decisión judicial con una doble  connotación de acierto y legalidad.   

Se   faculta,   por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a través de criterios claros, lógicos, coherentes y  fundados,  derivados  del  compromiso  de  demostrar  la  violación  en la cual  incurrió  el  fallador,  suficiente para derrumbar el contenido de verdad de la  sentencia,  en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra  hubiese  sido  la  decisión y precisamente así se ofrece trascendente recurrir  al mecanismo extraordinario de impugnación.   

Lejos de ello, en la demanda que se examina,  el  casacionista,  por  lo  demás  de  manera  absolutamente confusa, con total  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  denuncia  de  forma  genérica  violaciones  indirectas de la ley sustancial por  yerros  en  la  apreciación  probatoria,  pero  se  abstiene  de  concretar  el  error.   

Si  se  asume  que  la  crítica  casacional  demanda  de  criterios  objetivos a partir de los cuales se permita conocer a la  Sala  cuáles  en  concreto  son los yerros ostensibles que por su trascendencia  demandan   derribar   el   fallo,  lo  menos  que  puede  esperarse  es  que  la  demostración  asuma  en  concreto lo expresado por la prueba y el análisis que  de  ella  hicieron las instancias, para evitar, como evidentemente sucede aquí,  que  el  soporte de la controversia sean apenas las lucubraciones o conclusiones  meramente  subjetivas  de  la demandante, entre otras razones, porque si ello es  así,  se  trata  apenas  de  anteponer sus particulares inferencias, a las más  autorizadas  del  Ad quem, las  cuales,  se  repite,  llegan  a  la  sede  casacional  provistas  de  una  doble  connotación de acierto y legalidad.   

Para  ilustración  de la memorialista y con  criterios  pedagógicos,  la Corte estima tempestivo traer a colación lo que ya  de  manera uniforme ha reiterado en punto de la forma de argumentar lógicamente  respecto  de  la supuesta violación indirecta de la ley sustancial, por errores  en       la       apreciación       probatoria6:   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía  de  ataque  preferida  por el libelista para censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de derecho se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de convicción consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los  errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso juicio de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El falso juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso juicio de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente, el falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

Ninguno de los anteriores derroteros cumple  la  recurrente  en  la  fundamentación  del  cargo propuesto, pues, no concreta  yerro  alguno  de los anteriormente mencionados, denuncia de manera genérica la  violación  indirecta  de  la ley sustancial y simplemente pretende anteponer su  criterio  probatorio, al de los juzgadores de primer y segundo grados, dado que,  a  lo  largo  de  su  libelo  se limita a criticar sus razonamientos en torno al  valor  suasorio  de  los  medios  de  convicción  allegados,  y a consignar los  propios,  luego  de  lo  cual  concluye  que  en este evento debió aplicarse el  principio    del   In   Dubio   Pro   Reo.   

De  esa  manera,  la  presencia  de la duda  intenta  fundamentarla  con simples afirmaciones, sin preocuparse de abordar las  razones  que  tuvieron  en  cuenta el juzgado de conocimiento y el Tribunal para  arribar  a  la  certeza  y  condenar  a  su representado por el delito que se le  imputa, como es exigencia básica en estos casos.   

Al   efecto,   basta   reiterar   que  la  Corte7  ha  significado  que si al impugnante le ha interesado el tema del  In   Dubio  Pro  Reo,  debe  distinguir dos aspectos diversos:   

    

1. Si  afirma  que  el  juez  ha errado porque la sentencia reconoce la  existencia  de  duda  razonable  originada  en  el haz probatorio, pero dejó de  aplicar  el  precepto sustantivo que reconoce ese hecho, debe invocar violación  directa;.y     

    

1. Si  encuentra  que  el  juez  ignora  la  existencia  razonable  y  manifiesta  de la duda por errores en la valoración de las pruebas, debe acudir  a  la violación indirecta de la ley sustancial, especificando la naturaleza del  yerro cometido, esto es, si de hecho o derecho.     

Una  declaración  en  uno  u  otro sentido  brilla  por  su ausencia, pues, como se señaló con antelación, lo relacionado  por  la  censora  en  su  escrito, apenas puede entenderse alegato de instancia,  habida  cuenta que no sustenta su pretensión y mucho menos da a conocer qué es  lo  no  compartido  de  la  decisión  de  las  instancias, limitándose a hacer  afirmaciones genéricas.   

Por todo lo anterior, inexorable se torna el  rechazo  de  la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora de ARMANDO  HERREÑO  BARBOSA,  no  sin  antes manifestarse que revisada la actuación en lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a  la  Corte  superar  sus  defectos  para  decidir  de  fondo, de  conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

3.     Cuestión    final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el Art. 186 de la Ley 906 de 2004, impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se  aplique  el  referido  instituto  procesal,  la  Sala ha definido las reglas que  habrán    de   seguirse   para   su   aplicación8 como sigue:   

         a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación   trae  como  consecuencia  la  firmeza   de   la  sentencia de  segunda  instancia  contra   la    cual    se    formuló    el    recurso   de   

Página  contiene  parte resolutiva y firma de 3 Magistrados   

Casación  sistema  acusatorio  N° 35.736  –Inadmite  demanda-  

casación, salvo que la insistencia prospere  y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  ARMANDO  HERREÑO  BARBOSA,  en  seguimiento de las motivaciones plasmadas en el  cuerpo de este proveído.   

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad de la demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             FERNANDO    A.    CASTRO  CABALLERO   

Página  contiene  parte resolutiva y firma de 3 Magistrados   

Casación  sistema  acusatorio  N° 35.736  –Inadmite  demanda-  

Página  contiene  firma de 6 Magistrados   

Casación  sistema  acusatorio  N° 35.736  –Inadmite  demanda-  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                          AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En  atención  a las previsiones del Código de la Infancia y la Adolescencia, sólo  se   consignarán   las   iniciales   de   los  menores  involucrados  en  estos  hechos.   

2 Autos  del  13  de  junio  y  25  de  julio  de  2007, Radicados 27.537 y 27.810, entre  otros.   

3 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.323.   

4 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.530.   

5 Ib.  Rad. 24.530.   

6 Autos  del  10  de  octubre  de  2007 y 4 de agosto de 2010, Radicados 22.597 y 34.442,  respectivamente.   

7 Auto  del 2 de septiembre de 2008, Radicado 30.420.   

8  Providencias  del  12  de diciembre de 2005 y 6 de septiembre de 2007, Radicados  24.322 y 27.946, respectivamente.     

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