35698(02-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35698  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                Magistrado Ponente:   

                                                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                Aprobado Acta No. 28   

Bogotá,   D.C.,  dos (2) de febrero de dos mil once (2011)   

VISTOS:  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación formulada por el apoderado de la parte civil contra  la  sentencia de septiembre 7 de 2010, por medio de la cual el Tribunal Superior  de  Ibagué  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Sexto Penal del Circuito  Adjunto  de  dicha ciudad el 29 de mayo de 2009 absolviendo al procesado Antenor  Gómez   Carrillo   del   cargo   que  le  fuera  formulado  por  el  delito  de  estafa.   

ANTECEDENTES:  

1.  Según  el  ad quem los hechos objeto de  este   juicio  “tuvieron  ocurrencia  en  la  ciudad de Ibagué entre finales de 2003 y comienzos de 2004,  época  en  la  que  existió  una  relación  comercial  entre  Mariela Mendoza  Ramírez  y  Antenor  Gómez Carrillo; la primera le hizo préstamos de dinero a  Gómez   Carrillo,   propietario  del  establecimiento  Centro  de  Lubricación  Nacional,  pactando  por mutuo consentimiento el 10% de interés sobre las sumas  de    $51.400.000,oo,    $10.500.000,oo,    $7.500.000,oo,    $1.000.000,oo    y  $1.900.000,oo.  Como  garantía  de  pago  Gómez  Carrillo giró varios cheques  post-fechados  de  la  cuenta corriente No. 236012498 del antiguo Banco Ganadero  perteneciente  a  su  esposa  Alenid  Murillo Ramírez, autorizados por Edelmira  Peralta  Espitia,  secretaria de los mismos; dichos cheques fueron impagados por  fondos           insuficientes”.   

2.  Denunciados  dichos  acontecimientos  e  iniciada  por  los  mismos  en  octubre  31  de 2005 investigación en contra de  Antenor  Gómez  Carrillo, Alenid Murillo Ramírez y Edelmira Peralta Espitia, a  quienes  se  les  vinculó  mediante  diligencia  de  indagatoria, el mérito de  aquélla  fue  calificado  en  resolución  de  febrero 22 de 2006 acusándose a  Gómez  Carrillo  como probable autor del punible de estafa y precluyéndosele a  las otras dos sindicadas.   

3.  Ejecutoriada  la  anterior  decisión en  marzo  8  de 2006 el juicio correspondió adelantarlo al Juzgado Sexto Penal del  Circuito   de   Ibagué  dictándose  las  sentencias  de  fecha  y  sentido  ya  reseñados,  interponiendo  el  apoderado  de  la  parte  civil acá constituida  contra    la    de    segunda    instancia    el   recurso   extraordinario   de  casación.   

LA DEMANDA:  

Al  amparo de la causal primera de casación  denuncia  el  apoderado  la sentencia recurrida de infringir directamente la ley  sustancial  por  errónea  interpretación  del artículo 246 del Código Penal,  más  específicamente  por  haberse  dado un alcance equivocado al verbo rector  del delito imputado.   

Así,  luego  de transcribir la descripción  típica  de  dicho punible y alguna jurisprudencia de la Sala en torno al mismo,  sostiene  que  el  Tribunal llegó, no obstante lo anterior, a la conclusión de  que  entre  Mariela  Mendoza y el procesado existió fue una relación comercial  de  mutuo  a  plazos  sin  que  en  ella se vislumbrare la maquinación de actos  fraudulentos  que indujeren o mantuvieren en error a la prestamista, valga decir  -añade- que no concurrían los elementos constitutivos de estafa.   

Sin  embargo  -asevera-  el  comportamiento  desplegado   por   Antenor   Gómez   para  apoderarse  de  los  dineros  de  su  víctima   se  vio mediado por maniobras tendientes a ganar la confianza de  aquélla,  así  como por el concurso de otras personas, por eso Mariela Mendoza  declaró  que  en  relación con los primeros préstamos el deudor fue cumplido,  de  modo que en esas condiciones logró a través de diferentes argucias que los  mutuos  se  ampliaren  a altas sumas de dinero, girando a cambio cheques en cuyo  eventual    pago    Mariela   y   Edelmira   lograron   la   confianza   de   la  víctima.   

Además  -agrega  el  demandante- constituye  prueba   de   la  firme  intención  de  estafar  a  la  denunciante  la  prueba  grafológica  practicada  a  uno  de  los  títulos  valores  como  que allí se  concluye   la   ausencia  de  uniprocedencia  manuscritural,  al  igual  que  la  imposibilidad  de  practicarse  una  inspección  a  los  libros  contables  del  establecimiento por haber desaparecido.   

El Tribunal -afirma el censor- arguye a modo  de  justificación  que  la  víctima  conocía  la  situación  económica  del  procesado  y  que  en  consecuencia  ha  debido  tomar  las  medidas  de cautela  exigibles  dentro  del  negocio  jurídico, pero desconoce en dicho aserto el ad  quem  que  el  sujeto  activo  del delito ocultó esa circunstancia, valiéndose  además  de  su  esposa  y  de  su  secretaria  para  no  asumir directamente la  responsabilidad.   

Súmase  a lo anterior -dice el apoderado- y  contrariamente  a  lo  sostenido por el Tribunal que el hecho de que la denuncia  se  hubiere  formulado  después de dos años de ocurridos los hechos hace parte  de  la  argucia  desplegada  por  Gómez  Carrillo  para mantener engañada a la  ofendida con la falsa promesa de que le pagaría.   

No  entiende  por  tanto  el demandante qué  relación  puede guardar el hecho típico de estafa con la situación económica  del  procesado y la actividad de negociante y prestamista de la denunciante para  encontrar una justificación al actuar criminal del acusado.   

De   no  haber  ocurrido  esta  equivocada  apreciación  se  podía  haber concluido que hubo un acuerdo de voluntades para  defraudar  el  patrimonio  de  la quejosa, a más de que entre Gómez y Edelmira  Peralta  existía  una relación de dependencia económica que hacía sospechoso  su    testimonio,    lo    que    demandaba    una    valoración   mucho   más  rigurosa.   

“El desacertado  análisis   del   material   probatorio  -concluye  el  libelista-   incidió   directamente   en  la  parte  conclusiva  del fallo por cuanto los errores se tradujeron en forma causal en la  resolución   del   fallo  absolutorio…,  en  donde  imperó  el  recurso  de  la  mentira  y  el  engaño  …situaciones   que  en  ningún    momento    fueron    apreciadas    por   el   Tribunal   …  quien  por  el contrario a pesar de  pruebas  claras  y  contundentes  del  desarrollo  de las ilegales conductas, da  absoluta  credibilidad  al procesado…”.   

Solicita  en  consecuencia  se case el fallo  recurrido  y  en  su lugar se condene a Antenor Gómez Carrillo como responsable  del punible de estafa.   

CONSIDERACIONES:  

Examinadas  las  condiciones  en  que  fue  propuesto  el único cargo por violación directa de la ley sustancial y a pesar  de   precisarse   el   sentido   de   la   infracción   por  supuesta  errónea  interpretación  del  artículo 246 del Código Penal, es evidente que esa misma  claridad  no  se  advierte en la escogencia de la causal que sustenta el ataque,  ni  en  su  postulación  y desarrollo al punto que los requerimientos técnicos  que  informan  el recurso extraordinario por esa vía de ataque se omiten por el  censor,  lo que conduce a considerar ausentes los presupuestos de una demanda en  forma e ineludiblemente a su rechazo.   

Es  que  cuando  en  casación se postula la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, los argumentos relacionados con su  demostración  sólo  pueden  serlo  en  estricto sentido jurídico, sin que sea  admisible   discutir  los  hechos  declarados  en  el  fallo,  o  cuestionar  la  valoración  probatoria  efectuada  en  el  mismo  pues,  de  ser  así, la vía  adecuada sería la indirecta.   

Bajo ese supuesto de absoluto acatamiento de  los  hechos,  tal  como  fueron  declarados en el fallo y del mérito persuasivo  deferido  a  los  medios  de  convicción  que  sirvieron  de  fundamento  a  la  decisión,  concierne  al censor, por la vía directa, demostrar que el juzgador  erró  por  falta  de  aplicación  de  una  norma,  por aplicación indebida, o  interpretación  errónea de la misma, entendiéndose que la primera se presenta  cuando  el  juzgador  deja de aplicar al caso la disposición que lo regula; que  la  segunda  tiene  lugar  cuando  se  acude  a  una  norma  equivocada y que la  interpretación  errada se verifica por el desacierto en que incurre el juzgador  cuando,  seleccionado  adecuadamente  el  precepto  que  rige  el  asunto que se  examina,  le  confiere una equivocada comprensión porque sobrepasó, disminuyó  o  distorsionó su verdadero contenido o alcance, luego supone una equivocación  hermenéutica  que  parte  del  acierto  en  la  selección  y aplicación de la  disposición.   

Sobre  dichas  premisas  es  manifiesta  la  confusión  que  introduce  el  censor a su libelo toda vez que si el reparo por  violación  directa  de la ley supone una controversia en el plano estrictamente  jurídico  y  no  en el fáctico o probatorio, las alegaciones que cuestionan la  valoración  que  de los hechos y de los medios de convicción haya realizado el  juzgador  no  pueden en manera alguna sustentar técnicamente la senda de ataque  escogida  y  eso  es  precisamente  lo  que ha desconocido el demandante pues la  argumentación  que  exhibe  como  sustento  del  reproche  en  manera alguna se  refiere  a  aspectos  jurídicos,  sino  a  cuestionar  la  valoración  que  en  relación  con  la  manera  en  que  el  procesado obtuvo los préstamos hizo el  fallador,  pues  mientras  para  éste  dichos mutuos no se vieron incididos por  maniobras  engañosas  que  condujeren  a la denunciante a error, para el censor  sí  mediaron  tales circunstancias según las pruebas que él analizó a partir  de  su  propia  perspectiva,  de modo que si su pretensión era demostrar que el  juzgador  no  tuvo por penalmente ilícita una conducta en relación con la cual  el  proceso  demostraba  lo contrario, la vía apropiada para ello no podía ser  diferente  a  la indirecta, demostrando la concurrencia de errores de hecho o de  derecho  que  hubieren  conducido  al juzgador a tener por inexistente el delito  cuando los elementos de convicción acreditaban lo contrario.   

Y como no se aprecia la existencia de algún  motivo  que faculte su intervención oficiosa en términos del artículo 216 del  Código  de  Procedimiento  Penal, la Corte Suprema de  Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir  la demanda de casación formulada  por el apoderado de la parte civil reconocida en este proceso.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA    DEL    ROSARIO   GONZALEZ   DE  LEMOS                            AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                  Cita medica   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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