35671(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 35671  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 188.   

Bogotá, D. C., primero (1º) de junio de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad   de   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  procesado  ALEXI      ALVEAR      VALDELAMAR     contra  la  sentencia  del  19 de agosto de 2010 mediante la cual la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá confirmó el fallo proferido el 30  de  junio  de  2009 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Descongestión,  que  condenó  al  recurrente,  así  como  a Alejandro  Ramos  Fernández,  Manuel  Salvador  González  Ibarra,  Juan Manuel Hernández  Gómez   y   Azael  Moreno  Rojas  a las penas principales de 38 meses de prisión  y  $10.000  de  multa,  al  igual  que a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo término, como autores  responsables del delito de estafa agravada.   

HECHOS  

          El Tribunal los resumió en los siguientes términos:   

“Mediante  Decreto 036 de 1992 el Gobierno  Nacional    constituyó    el    Fondo    de    Pasivo    Social    –FONCOLPUERTOS-,   al   cual   le  fue  asignado  el  pago  de  las prestaciones sociales de los empleados y exempleados  pensionados  de la Empresa Puertos de Colombia. Contra esta entidad, a partir de  su  creación, se instauraron múltiples procesos laborales y acciones de tutela  por  parte  de  los exportuarios, demandando el pago de prestaciones laborales a  las  cuales  no tenían derecho por no haberse causado o porque les habían sido  debidamente  liquidadas  y  canceladas  al  momento  de  su  retiro, o por haber  obtenido reconocimiento de pensión.   

Así,   entre   otros,   ALEJANDRO   RAMOS  FERNÁNDEZ,  MANUEL  SALVADOR  GONZÁLEZ IBARRA, JUAN MANUEL HERNÁNDEZ GÓMEZ y  AZAEL  MORENO  ROJAS  instauraron  acción  de tutela por intermedio del abogado  ALEXI  ALVEAR  VALDELAMAR,  reclamando  la protección de derechos fundamentales  entre  ellos  el de igualdad y pago oportuno, toda vez que, según manifestaron,  no  les  habían  cancelado la reliquidación de las prestaciones sociales a las  que  tenían  derecho  por  la  no  inclusión de algunos factores salariales al  momento  de  su  retiro  de la entidad como: compensados, cena, descansos, horas  extras,  domingos,  feriados,  prima  sobre prima (sic) y la prima legal, amparo  que  les  fue  concedido  a través de la sentencia proferida el 28 de agosto de  1996  por  el  Juzgado  Noveno  Civil  del  Circuito de Barranquilla, la cual en  principio  Foncolpuertos,  el 10 de septiembre de esa anualidad, a través de la  resolución  1883  se negó a cumplir aduciendo que la liquidación final de los  extrabajadores  se  encontraba  ajustada  a  lo  causado  en  el último año de  servicios,  ordenando  la revisión de las primas semestrales para establecer si  cumplían  las  disposiciones  convencionales,  no  obstante  y  por  virtud del  incidente  de  desacato promovido por aquellos ante el juez de tutela, a través  de  la  resolución  No.  2332  del  6  de  diciembre  de  1996,  se  dispuso el  cumplimiento  de  la  sentencia,  cancelando la diferencia de primas semestrales  con  los  correspondientes  salarios moratorios, por valor de $1.533.484.307 con  el  consiguiente  reajuste de las pensiones de los trabajadores beneficiados con  ese acto administrativo.   

El  10  de  noviembre  de  1997,  mediante  sentencia  T-575 de 1997 la Corte Constitucional, al haber encontrado que varios  demandantes  de  la  tutela  referida figuraban en otras acciones solicitando el  reconocimiento  y  pago de prebendas laborales ilegales bajo los mismos hechos y  derechos,  dispuso  compulsar  copias y ordenó investigar la posible existencia  de infracciones a la ley penal”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          La  Fiscalía  General de la Nación inició la investigación penal  el  30  de  junio de1998, en cuyo desarrollo vinculó a la actuación al abogado  ALEXI ALVEAR VALDELAMAR, así  como,  entre  otros,  a  Alejandro  Ramos  Fernández,  Manuel  Salvador  González  Ibarra,  Juan Manuel Hernández Gómez y Azael Moreno Rojas.   

          Clausurada  la instrucción, el 8 de septiembre de 2004 la Fiscalía  calificó  el  mérito del sumario, profiriendo resolución de acusación contra  los  antes  mencionados  por  el  delito  de  estafa  agravada.  Adicionalmente,  atribuyó    a    ALVEAR   VALDELAMAR   el  ilícito de falsedad material en documento público agravado. En  la  misma  decisión,  declaró  la  prescripción  por  el  punible  de  fraude  procesal.   

          El  18  de  abril  de  2007  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior   de   Bogotá  desató  la  apelación  interpuesta  por  uno  de  los  vinculados,  sin  efectuar  modificación  alguna  a  la  providencia de primera  instancia frente a los aquí procesados.   

          En  firme  el pliego acusatorio, asumió el conocimiento del proceso  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Descongestión, funcionario que tras  surtir  las  fases  previas  del  juicio,  puso  fin  a la instancia mediante la  sentencia  del 30 de junio de 2009, en la cual, entre otras decisiones, condenó  a  ALEXI  ALVEAR  VALDELAMAR,  Alejandro  Ramos Fernández, Manuel Salvador González  Ibarra,  Juan  Manuel  Hernández Gómez y Azael  Moreno Rojas por el delito de estafa  agravada.   En   la  misma  providencia  declaró  la  prescripción en relación con el punible de falsedad  material  en  documento  público agravada, objeto de imputación a ALVEAR VALDELAMAR.   

Contra  esa  determinación  interpusieron  recurso  de  apelación  los  defensores de los mencionados procesados, por cuya  vía  el Tribunal Superior de Bogotá le impartió confirmación en el fallo del  19  de  agosto  de  2010, ante lo cual el acusado ALEXI  ALVEAR  VALDELAMAR acudió al recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula tres cargos contra la sentencia del Tribunal,  el  primero  y  el último al amparo de la causal tercera de casación de la Ley  600  de 2000 y el segundo con apoyo en el cuerpo segundo de la causal primera de  la mencionada disposición legal.   

En  el primer cargo  sostiene  que  la  sentencia  se  emitió en un juicio  viciado  de  nulidad por falta de competencia de los funcionarios judiciales que  conocieron   en  primera  y  segunda  instancia,  pues  fueron  instituidos  con  posterioridad  a  la fecha de ocurrencia de los hechos objeto de juzgamiento, lo  cual  condujo  a  la  vulneración  del principio de juez natural previsto en el  artículo  11  del Decreto 100 de 1980 y, como consecuencia de ello, del derecho  al debido proceso   

El  actor  evoca, como apoyo de su criterio,  decisiones  de  la  Corte  Constitucional relacionadas con el principio del juez  natural  y  sostiene  que  la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la  Judicatura,   en  los  acuerdos  en  los  cuales  creó  dichos  jueces,  no  se  extralimitó  en sus funciones, ni éstos están desprovistos de “capacidad  y  funcionalidad  para colaborar con los jueces naturales  en  su  tarea  de  administrar  y  aplicar justicia”,  sólo   que   apenas  pueden  actuar  en  los  casos  ocurridos  “coetáneamente   o   con   posterioridad  a  la  ejecución  de  los  delitos…”.   

De la misma forma, luego de traer a colación  el  artículo 8º de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en el cual  se  establecen  las  garantías judiciales aplicables a toda persona, destacando  entre  ellas  la  relativa  al  derecho  a  ser  juzgado  por un juez o tribunal  establecidos  con anterioridad por la ley, refiere que en cuanto los acuerdos de  la  Sala  Administrativa  continúan  vigentes  en  punto a la implementación y  funcionalidad   de   los  jueces  a  quo  y       ad      quem      intervinientes   en   este  caso,  es  necesario  aplicar  aquí  la  excepción  de  inconstitucionalidad  consagrada  en  el  artículo  4º  de  la  Constitución  Política para, como consecuencia de ello, declarar la nulidad de  lo actuado por dichos juzgadores.   

Considera   trascendente   la   falta   de  competencia,  pues  con  ello no sólo se causó evidente detrimento patrimonial  al  procesado,  al  tener  que  soportar y padecer un juicio penal a más de mil  kilómetros  del  lugar  de  su  residencia,  cuando  el  proceso  debió quedar  radicado  en  la  cabecera  del  circuito  judicial de Barranquilla, sino que se  desconocieron  los  artículos 29 y 93 de la Carta Política, 1º, 2º, 5º y 11  del  Decreto 100 de 1980 y 1º, 2º, 6º, 10º, 22, 66, 70, 72 y 404 del Decreto  2700 de 1991.   

De  esa   manera, solicitó declarar la  nulidad    de    los    fallos    de    primera   y   segunda   instancia,   por  incompetencia.   

          En    el   segundo   cargo   denuncia  la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

          Sustenta  el  reproche citando apartes del fallo impugnado, a partir  de  lo  cual señala que el yerro surge de la forma como los jueces de instancia  valoraron  las  versiones  de los exportuarios y la documentación obrante en el  proceso,  pues  lo  cierto  es que en el mismo no existe prueba demostrativa del  provecho  obtenido  ni  del  actuar  mancomunado  entre  la abogada Mireya  Polo  y  el procesado ALVEAR VALDELAMAR.   

          Además,  en  su  concepto,  a  la  luz de los principios de la sana  crítica  no  resulta  creíble la versión según la cual fungió como autor de  la  estafa  por  el simple hecho de instaurar la acción de tutela, cuando está  claro  que  inmediatamente  después  sustituyó  el  poder  a  la letrada antes  mencionada,  sin  participar  en  el  cobro  de  los  dineros  reconocidos en la  sentencia.   

          A  este  respecto,  señala  que  fueron  los  propios  exportuarios  quienes  anidaron  en  su mente la idea criminosa, otorgando los poderes con esa  torcida  finalidad,  limitándose  el togado procesado a actuar en ejercicio del  derecho de postulación.   

          De  todas  maneras,  en su criterio, quien permite que otra caiga en  error  incurre  en  realidad en un aprovechamiento de error ajeno, aun cuando en  el  presente  caso  su  conducta  a  lo sumo podría encuadrarse solamente en el  punible de estafa agravada en la modalidad tentada.   

          Finalmente,  luego  de  citar  aparte  jurisprudencial  de  la Corte  referente  al  alcance del error de hecho por falso raciocinio, argumenta que se  “atropella  la  inferencia  lógica  cuando entre lo  fenomenológico  y lo esencial, o entre lo fenomenológico probado y la conducta  humana  investigada,  como la contemplada en el sub-lite, no existe relación de  vínculo  indisoluble,  es  decir,  cuando no existe relación de todo a parte o  parte  a  todo  (sic),  y no  obstante  tal  evidencia, el juzgador judicial, con atropello de las vías de la  sana  reflexión y raciocinio, transitando ora por absurdos conclusivos, ora por  irracionalidades,  o  desconociendo  o apartándose de principios lógicos, o de  las  reglas  de  la  experiencia o de postulados de ley, o de ejercicios de sana  crítica,  le  fabrique  abruptamente  nexos  objetivamente  inexistentes  o, si  existieron,  decaen  en  contingencia  como los preanotados y comentados en este  libelo  respecto  de  la  actuación  del  suscrito  la  cual  se  limitó  a la  presentación  de  la  tutela  sin  intervenir  en  los  sucesos posteriores que  conllevaron a los hechos investigados”.   

          En    el    tercer   cargo   reclama  la  nulidad  de la actuación desde la providencia mediante  la  cual  se  le  definió  la  situación  jurídica,  por violación al debido  proceso devenida del desconocimiento del derecho de defensa.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura sostiene que la circunstancia de  tramitarse  el  proceso  lejos  de  su  lugar  de residencia le exigía tanto al  instructor  como  al  juzgador  notificarle  debidamente  todas  las  decisiones  proferidas  en  el  curso  del mismo, pero esa obligación no fue cumplida en el  presente  caso,  pues  luego de definida la situación jurídica tan sólo se le  vino  a  dar a conocer la sentencia de primera instancia, y ello no obstante que  en  la  indagatoria  aportó  su  dirección,  aspecto  en  el  cual también se  incurrió  en  error,  pues  las notificaciones se le venían haciendo a través  del   C.T.I.   de   Santa   Marta,   cuando   su  residencia  está  ubicada  en  Barranquilla.   

          Según  señala,  no  es  dable  pretextar  que  las  notificaciones  efectuadas  a  su  defensor  reemplazaron  las que debían hacerse al procesado,  pues éste tenía derecho a conocer el estado de la actuación.   

          Sobre   la   trascendencia  de  los  cargos  formulados,  cita  como  vulnerada  copiosa  normatividad sustancial y procesal, cuyo quebranto conlleva,  en  su  criterio,  al  desquiciamiento  de  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad  de  la sentencia impugnada. Además, sostiene que de haberse valorado  el  recaudo  probatorio  con  sujeción a los principios de la sana crítica, el  fallo  hubiese  sido  de carácter absolutorio o se habría decretado la nulidad  de   la  actuación,  o  juzgado  por  el  delito  de  estafa  en  la  modalidad  tentada.   

          Para  finalizar aportó como soporte del tercer cargo  despacho  comisorio  No.  033  del 10 de septiembre de 2004  y oficio No. 0501 del 23  de junio de 2009.   

          De  esa  manera,  solicitó  casar  la  sentencia  para  decretar la  nulidad o, en su defecto, proferir fallo absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         Acorde  con lo establecido en el artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, bajo cuyo imperio se ritúa el  presente  asunto,  corresponde a la Corte calificar la demanda de casación para  determinar  si  reúne  o  no los requisitos contemplados en la ley. Uno de esos  presupuestos  está  establecido  en  el  numeral 3º del artículo 212 ibídem,  conforme  al  cual  en  el libelo se debe enunciar la causal y formular el cargo  con  indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos y de las normas que el  demandante estime infringidas.   

          Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  presupuesto  impone  al  actor la carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in   procedendo  o  in  iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

En  ese  sentido,  ha  dicho la Corte que el  actor  debe  postular  los cargos asegurándose de formular primero aquellos que  buscan  la  invalidación  de  la actuación y luego sí presentar los reproches  que  sólo  tienen  por objetivo quebrar la sentencia; además, si los reproches  se  orientan  a plantear la nulidad, es imperioso postular primero aquellos cuya  invalidación  tengan mayor cobertura. Tal metodología se conoce como principio  de  prioridad,  y  su fundamento estriba en que si prospera el inicial cargo, se  tornará  innecesario  entrar  a  estudiar las demás censuras denunciadas en la  demanda.   

En  el  presente  evento,  la  libelista  no  atiende  a  cabalidad  esa  carga argumentativa, pues si bien el primer cargo lo  postula  por  vía  de  la  nulidad,  en  el  segundo  incluye  el de violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  cuando  la  técnica  casacional le imponía  plantearlo  al final. Por lo demás, el último de ellos le competía formularlo  como  primero,  por  cuanto pretende allí la invalidación de la actuación con  posterioridad  a la providencia definitoria de la situación jurídica, en tanto  con  el inicial reproche apenas aspira a dejar sin valor los fallos de primera y  segunda instancia.   

La  anterior,  de  todas  maneras,  no es la  única  falencia  que  exhibe  la  demanda. En cuanto se refiere al primer  cargo,  se  observa adicionalmente  que  el  casacionista se limita a enunciar su propuesta, sin concretar de manera  adecuada   por   qué   considera  que  escapa  a  la  competencia  de  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura la adopción de políticas  de  gestión  judicial  como  las  que  son  objeto  de  cuestionamiento en este  cargo.   

Al  respecto,  el  censor  soslaya cualquier  referencia  a  las  especiales  condiciones  laborales que generó el cúmulo de  procesos  arribados  a las instancias judiciales con ocasión de hechos como los  ventilados   en  este  proceso,  temática  esencialmente  vinculada  al  motivo  invalidatorio  propuesto, si se considera que su aspiración era la de demostrar  que  las  actuaciones  de  la  Sala  Administrativa  en  verdad  comportaron  un  desbordamiento de sus competencias funcionales.   

Tampoco  expone  por  qué  motivo  aquellos  Juzgados  y la Sala de Decisión del Tribunal Superior de Bogotá que desató la  apelación  pueden  ser  asimilados  a  células  “ad  hoc”,  ajenas  a  la  estructura judicial, omitiendo  toda  referencia  a  la  categoría  de dichos funcionarios, correlativa a la de  jueces  penales  del  circuito  y  su  natural superior funcional y jerárquico,  máxime  en  este  último  caso,  cuya  labor  le  correspondió  a una Sala de  Decisión  integrada  por  Magistrados pertenecientes con carácter permanente a  la citada Corporación.   

En el desarrollo de este cargo se aprecia la  presentación  de  argumentos  puramente  formales,  con  los  cuales  se  busca  reivindicar  la  importancia  del  principio  del  juez natural, tema que en sí  mismo  considerado  no admite discusión, pero sin lograr el impugnante conectar  ese  marco  conceptual  con la situación que tilda de irregular, olvidando así  que  la corrección de los reproches en esta sede, propia de un momento procesal  en  el  cual  se  han  superado las etapas ordinarias de la actuación, requiere  fundamentalmente  de  propuestas  dotadas  de  sustancial contenido y, por ende,  aptas  para  que la Sala advierta al menos como posible que la doble presunción  de  legalidad y acierto del fallo impugnado se encuentra seriamente cuestionada,  condición indispensable para que el cargo sea admitido.   

Sobre  el particular, el actor sólo atina a  aducir  que  la asignación de este proceso a los referidos juzgadores le causó  evidente  detrimento  patrimonial,  al  tener  que  soportar y padecer un juicio  penal  a  más  de  mil  kilómetros  del  lugar de su residencia, sin acreditar  correlativamente  cómo  esa  situación  le  impidió  ejercer  debidamente sus  garantías fundamentales.   

Aparte  de lo expuesto, se tiene que el tema  sometido  a  consideración  de  la Sala como motivo para pretender la admisión  del   reproche,   ya   ha   sido   abordado   de   manera  amplia,  pacífica  y  reiterada.   

En  efecto,  sobre el particular en diversas  decisiones1,  la  Sala  ha  tenido la oportunidad de pronunciarse en torno a la  legalidad  de  los  Acuerdos 1799 del 14 de mayo de 2003 y 2573 del 25 de agosto  del             año            siguiente2,  cuya vigencia fue prorrogada  a  través de sucesivos Acuerdos, entre ellos el 2562 del 10 de agosto de 2004 y  el   2740   del  21  de  diciembre  del  mismo  año,  proferidos  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura, a través de los cuales  se  adoptaron  medidas  de  descongestión  respecto  de  los  procesos  penales  asociados  al  proceso  de  liquidación  de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia  COLPUERTOS  y  del  Fondo  de  Pasivo Social de esa misma entidad FONCOLPUERTOS,  bajo  el  entendido  que  dichos  actos  se  enmarcan  dentro  de  las funciones  asignadas a esa Corporación.   

La  referidas  competencias  funcionales  se  encuentran  expresamente  previstas  en los numerales 2º y 3º del artículo 25  de  la  Ley  270 de 1996, así como en el artículo 63 de la misma legislación,  preceptos  en  cuya  virtud  corresponde  a  la  Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  “crear,  con carácter  transitorio,  cargos  de  jueces  o  magistrados  sustanciadores  o de fallo, de  acuerdo con la ley de presupuesto”.   

El citado texto legal fue declarado exequible  por  la  Corte Constitucional mediante Sentencia C-037 del 5 de febrero de 1996,  en la cual precisó:   

“(…) constituye  una  interpretación  del  principio constitucional de que la administración de  justicia   debe   ser   pronta  y  eficaz.  Es  con  este  propósito, que la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de la Judicatura podrá redistribuir los asuntos pendientes para fallo  entre   los   distritos   tribunales   o   despachos   judiciales,  función  ésta  que se podrá llevar a cabo siempre y cuando no se  alteren  las  garantías  procesales  con  que  cuentan  los  asociados  para la  resolución    de    sus    conflictos” (subrayas fuera de texto).   

          Como   puede  observarse,  ninguna  de  las  anteriores  reflexiones  aparece  refutada  por  el  actor,  quien  no  aduce  argumentos adicionales que  permitan  visualizar  la  irregularidad  sustancial  denunciada  en  la demanda.   

          Es  necesario, finalmente, señalar que sobre la temática planteada  por  el  recurrente,  tuvo  esta  Sala  la  oportunidad  de  acotar  en ocasión  precedente:   

“La   Sala  administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura, con la expedición de los  citados  acuerdos  no  vulneró  el  principio  del  juez natural, puesto que no  varió  competencia  por  el  factor  objetivo  y  funcional  fijado  en  la ley  procesal.  Por  consiguiente, no le asiste razón al casacionista cuando asevera  que  en  este  evento  los funcionarios judiciales carecían de competencia para  juzgar   las  conductas  punibles  atribuidas  al  procesado  en  el  pliego  de  cargos”3.   

          Por  las  razones  anteriores  se  inadmitirá  el  cargo  objeto de  análisis.   

Por su parte, en lo referente al segundo  cargo,  en  el  cual el libelista  acusa  al  ad quem de incurrir  en  falso raciocinio, se tiene que, como lo tiene precisado la jurisprudencia de  la  Sala,  esa modalidad del error de hecho se estructura cuando el sentenciador  vulnera  los  principios  de  la  sana  crítica integrados por las reglas de la  experiencia,  los  postulados  lógicos  y  las  leyes  de  la  ciencia. Para su  demostración  se  debe expresar el principio o principios desatendidos, indicar  aquellos   que   se   debieron   aplicar  y  fundamentar  la  trascendencia  del  yerro.   

          Tales  requisitos  de  sustentación  tampoco los cumplió el actor,  pues  se  limitó  a controvertir las conclusiones probatorias con las cuales el  sentenciador  sustentó  la  condena,  sin  identificar los criterios de la sana  crítica  vulnerados por los falladores. Es así como sostuvo que en el plenario  no  obra  prueba  demostrativa del provecho obtenido ni del accionar mancomunado  entre  el  procesado  y la abogada a quien le sustituyó el poder para actuar en  el  trámite  de  la tutela y, en fin, que a la luz de los principios de la sana  crítica  no resulta creíble la versión según la cual el acusado fungió como  autor  de  la  estafa  por  el  simple  hecho de instaurar la acción de tutela.   

          Omitió,   se  insiste,  indicar  cuál  regla  de  la  experiencia,  postulado  lógico  o ley de la ciencia quebrantó el juzgador cuando sopesó el  conjunto  probatorio  y  cuáles,  contrariamente,  debió  éste  aplicar en el  asunto objeto de examen.   

          Su  inconformidad,  en  consecuencia, se redujo a un mero alegato de  instancia,  en  el cual pretendió hacer valer su particular apreciación de las  pruebas,  en  cuya  labor,  incluso, acudió a argumentos confusos como sostener  que  se “atropella la inferencia lógica cuando entre  lo  fenomenológico  y  lo  esencial,  o  entre  lo fenomenológico probado y la  conducta  humana  investigada,  como  la  contemplada  en el sub-lite, no existe  relación  de vínculo indisoluble…”, olvidando que  el  fallo impugnado llega a la Corte provisto de la doble presunción de acierto  y  legalidad,  por  cuya  razón  para  derruirlo  no  resultan  válidas  meras  discrepancias  probatorias,  sino  que  es  necesario acreditar la existencia de  errores   evidentes   y   trascendentes,  lo  cual  no  ha  acontecido  en  este  caso.   

          El   segundo   cargo,   por   tanto,   también   será  inadmitido.   

          El     tercer     cargo    también  presenta  deficiencias argumentativas. Allí el demandante  reclama  la  nulidad  de la actuación por violación al debido proceso devenida  del  desconocimiento  del  derecho  de  defensa,  aduciendo que la situación de  tramitarse  el  proceso  lejos  de  su  lugar  de residencia le exigía tanto al  instructor  como  al  juzgador  notificarle  debidamente  todas  las  decisiones  proferidas en el curso del mismo.   

          Se   advierte   en   esta   postulación   una   grave  incoherencia  argumentativa,  pues  el  censor  primero  denuncia  la  no notificación de las  providencias  emitidas  con posterioridad a aquella mediante la cual se definió  la  situación  jurídica,  para  luego  sostener  que  tal notificación sí se  presentó, pero a través del C.T.I. de Santa Marta.   

          Adicional  a  lo  anterior,  se  observa  cómo  el  libelista omite  identificar   las  providencias  respecto  de  las  cuales  no  se  realizó  la  notificación  que echa de menos, limitándose a señalar que se trató de todas  aquellas  emitidas con posterioridad a la definición de la situación jurídica  y  hasta  antes  de  la  sentencia, dejando de fundamentar consecuencialmente la  incidencia  concreta  de  la decisión en la situación del procesado y la forma  como  la  irregularidad  aducida redundó en el ejercicio adecuado de su derecho  de defensa.   

          De  esa  forma,  pasó por alto que el instituto de las nulidades no  opera  por  el  simple desconocimiento de las formas procesales sino únicamente  cuando,  como  lo  tiene  establecido el numeral 2º del artículo 310 de la Ley  600  de  2000, se afectan trascendentemente garantías de los sujetos procesales  o    se    desconocen   las   bases   fundamentales   de   la   instrucción   y  juzgamiento.   

          Más  aún,  el  actor  se  abstiene  de indicar la norma que impone  notificar  todas  las providencias emitidas durante el curso de la actuación al  procesado  que  no  reside  en  el  lugar  donde  se  adelanta aquélla, dejando  entonces  de  cumplir uno de los presupuestos indispensables para estructurar un  cargo  por  vía  de  la  nulidad,  como  lo  es  el  apoyo normativo base de la  propuesta casacional.    

          Son,  pues,  múltiples  las  falencias  que  presentan las censuras  formuladas  por  el  impugnante,  situación  que  impone  la  inadmisión de la  demanda,   debiendo   precisar   la   Corte  que  no  evidencia  aspecto  alguno  constitutivo  de  vulneración  de  garantías  fundamentales  que  le  impongan  intervenir oficiosamente, en orden a preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el procesado  ALEXI ALVEAR VALDELAMAR.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   187   del   estatuto   procesal   penal,  contra  esta  providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Autos  del  4  de  mayo  y  del  15  de  noviembre  de  2005. Rad. 24466 y 23550, entre  otros.   

2  La  Sala  Penal  de  Descongestión  creada  mediante  el  Acuerdo 2573 de 2004 fue,  finalmente,  reemplazada,  según Acuerdo 6094 de 2009, por un Magistrado creado  con   carácter   permanente,   a   quien   se  le  facultó  para  adoptar  las  determinaciones  en  los  casos  que  venía  tramitando  la  mencionada Sala de  Descongestión  mediante  una  Sala  de  Decisión  conformada  con  los  demás  Magistrados pertenecientes al Tribunal Superior de Bogotá.   

3  Sentencia del 27 de julio de 2006. Rad. 25615.     

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