35510(16-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35510  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 90   

Bogotá  D.C.,  marzo dieciséis (16) de dos  mil once (2011).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no las demandas  de  casación presentadas por el defensor de los procesados CÉSAR AUGUSTO REYES  MANTILLA  y GUSTAVO FERNANDO MALAGÓN GAMBOA.  Se referirá igualmente a la  solicitud  de  prescripción  de  la acción penal que presentó el mismo sujeto  procesal ante esta Corporación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   MARÍA  TERESA  VARGAS CALLE fue seleccionada como Gerente del Hospital San Juan de Dios  de  Girón  (Santander)  por el alcalde municipal CÉSAR AUGUSTO REYES MANTILLA.  Se  posesionó  del  cargo  el  31  de  enero  de  2003  y  en la misma fecha el  burgomaestre  le exigió firmar una renuncia sin fecha, elaborada en la máquina  de escribir de su despacho.   

El  24  de  junio siguiente, enterada Vargas  Calle  de que renuncias así las prohibía la ley, le comunicó a REYES MANTILLA  por  escrito  que desistía de la suya pues tenía como intención permanecer en  el  empleo  durante  el respectivo período. Le pidió, asimismo, la devolución  del  documento  por  ella  firmado. El mismo, pese a los esfuerzos hechos por la  administradora  del   hospital para recuperarlo, apareció sólo hasta el 5  de  enero  de  2004.  Durante ese día y el 6 de enero GUSTAVO FERNANDO MALAGÓN  fue  encargado del gobierno municipal y mediante decreto 008 de ese año, pese a  conocer  la  intención  contraria  de la doctora María Teresa Vargas Calle, le  aceptó  la  renuncia  y  designó  en  su  reemplazo  a  Juan  Carlos Palomino.   

2.  Al proceso, que  se  inició el 13 de febrero de 2004, fueron vinculados a través de indagatoria  CÉSAR  AUGUSTO  REYES MANTILLA y GUSTAVO FERNANDO MALAGÓN GAMBOA. La Fiscalía  les  resolvió  la  situación  jurídica  el  17  de  agosto de 2004 y el 22 de  febrero  de  2005  acusó  al primero por los cargos de constreñimiento ilegal,  prevaricato  por  acción y falsedad en documento público; y al segundo por las  conductas   de   prevaricato  por  acción  y  falsedad  en  documento  privado.   

En  segunda  instancia,  por  auto del 11 de  octubre    de    2006,    se    impartió   confirmación   a   la   resolución  acusatoria.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  30  de  octubre  de  2009  el  Juzgado  8º  Penal  del Circuito de  Bucaramanga  condenó  a  REYES  MANTILLA  a  5  años  y  5  meses de prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  66  meses  y multa de 80 SMMLV, en calidad de autor de prevaricato  por  acción  (art. 413 del C.P.), determinador de falsedad en documento privado  (art.  289  del  C.P.) y autor de constreñimiento ilegal (art. 182 ibídem). No  se le concedió ningún mecanismo sustitutivo de la pena.   

A MALAGÓN GAMBOA lo condenó, a su turno, a  4  años  y 2 meses de prisión, inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el término de 66 meses y multa de 80 SMMLV, en calidad  de  autor  de  prevaricato  por  acción  y falsedad en documento privado. Se le  otorgó la prisión domiciliaria.   

No se les impuso el pago de perjuicios por no  demostrarse la causación de ninguno.   

4. El  defensor  de  los  procesados  apeló  ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  por  intermedio  de  la  sentencia  recurrida   en casación,  dictada    el    23    de    junio   de   2010,   le   impartió   confirmación  integral.   

LAS DEMANDAS:  

          Son  idénticas  y constan de dos cargos, los cuales se sintetizan a  continuación.   

1.  Cargo principal. Violación indirecta de  la   ley   sustancial  originada  en  errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia.   

De no haberse dejado de lado pruebas alusivas  a      una      hipótesis      fáctica      alternativa     o     “al  menos  tan  probable  como  aquella  acogida    en    las    sentencias    condenatorias   de   primera   y   segunda  instancias”, los procesados  habrían  sido  absueltos. Ya por certeza acerca de su inocencia o, “en      todo      caso”,   en desarrollo del principio de  in dubio pro reo.   

Dos “corrientes    probatorias”   se   conformaron   en   la   actuación:  una  indicativa  de  la  responsabilidad   penal   de  los  enjuiciados  y  la  segunda  de  “la      inexistencia     de     los  hechos”  imputados.  Las  pruebas  que acreditaban esto último, todas válidas, no las tomó en cuenta el  juzgador   y,   por   ende,   dejó  de  plasmar  frente  a  ellas  “las  razones  por  las  cuales  no  le  resultan    determinantes    como    medios   de   formación   de   su   propio  criterio”.   

Los medios de convicción ignorados fueron el  dictamen  pericial rendido por el técnico judicial Alberto Caballero Merchán y  los  testimonios  de  Emilda  Serrano Serrano, Luis Ortiz Díaz, María Victoria  Neira,  Luis Alberto Quintero González, Adriana Duarte González y José Miguel  Rodríguez   Medina.   “La  especial  atención  y  plena credibilidad que se da a los elementos probatorios  en  los  cuales  se  sustenta  la  sentencia  condenatoria  en ambas instancias,  contrasta  con  el  silencio  absoluto en relación con la existencia dentro del  mismo  proceso  de  estos  otros  elementos  de  prueba  igualmente  variados  y  unísonos  que,  en  el  criterio de otro fallador, perfectamente pudieran haber  sido    más    que    suficientes   para   proferir   fundadamente   un   fallo  absolutorio”.   

La mayoría de las pruebas relacionadas no se  mencionan    en    los   fallos.   Varios   de   esos   testigos,   “a  pesar de coincidir plenamente en los  aspectos     esenciales     a     los     cuales     se     refieren”,  cruciales  para  la  defensa  de los  implicados,   no   son   citados   y   “menos  aún puede existir una referencia a su mérito o demérito en  materia  probatoria:  en  esto  estriba  precisamente  la materialización de la  causal              invocada”.   

De  no  haberse incurrido en la omisión, se  habría  creído  en  los  dichos  de  CÉSAR  AUGUSTO  REYES MANTILLA y GUSTAVO  FERNANDO  MALAGÓN  GAMBOA.  Es  decir,  que  la  acusación  en  su  contra fue  inventada  por  enemigos políticos. Procede, pues, casar la sentencia impugnada  para en su lugar dictar absolución en su favor.   

2.   Cargo   subsidiario.   Nulidad   por  quebrantamiento del debido proceso.   

Dice  el  censor  que  la  formulación  del  presente  reproche  no  tiene como propósito que la Corte invalide la sentencia  de  segunda  instancia  sino para que realice las precisiones pertinentes acerca  de  lo  que  ha  debido  hacerse  en la actuación frente al desistimiento de la  acción  civil   y el trámite del recurso de apelación interpuesto contra  la  resolución  de  acusación por el apoderado de la parte perjudicada con los  delitos.   

La admisión del desistimiento, a juicio del  actor,  hacía  decaer  la impugnación al perder el recurrente la condición de  sujeto  procesal  que  ostentaba  cuando  la  interpuso  y  sustentó. Y como no  existió  declaración  en  ese  sentido  sino  que  se  resolvió el recurso en  segunda   instancia,   se   transgredieron   las   formas  propias  del  juicio.   

Aunque  la situación de los procesados tras  la  decisión  irregular  de la segunda instancia no sufrió ninguna variación,  ello  no  es  óbice  para  que  la  Sala  decida  la  casación  y reconozca la  transgresión  del  debido  proceso, respecto de las actuaciones ocurridas entre  el  23 de junio de 2005, cuando se aceptó el desistimiento de la acción civil,  y  el  10  de  noviembre  de  2006,  fecha en la cual se notificó por estado la  providencia  mediante  la cual el Fiscal 19 Delegado ante el Tribunal de Bogotá  confirmó el auto calificatorio.   

3.  Petición de prescripción.   

La presentó el casacionista ante la Corte el  7  de  marzo  de  2011,  advirtiendo  que  no  pretende  con  ella  “adicionar”  la  demanda de casación. Manifestó,  no  obstante,  su  aspiración  a  que la Corporación, al examinar del cargo de  nulidad,   se   ocupe  “de  analizar  el  proceso desde el punto de vista de la configuración del fenómeno  jurídico    de    la    prescripción    de    la   acción   penal”.        La        “imperiosa  declaración  de  la nulidad  impetrada”,   trae  como  consecuencia  proclamar  que  se  produjo  ese  fenómeno  jurídico  porque  la  invalidez  de  lo  actuado a partir de cuando se admitió el desistimiento de la  acción  civil traduce que en esa misma fecha, junio 23 de 2005, quedó en firme  la  resolución de acusación. Y como desde entonces se desbordó el término de  5  años,  en el cual prescriben los delitos objeto de la condena, procede cesar  el procedimiento a favor de los acusados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  inciso  1º del artículo 205 del Código de Procedimiento Penal  de  2000,  el cual rige el presente caso, establece como requisitos para acceder  a  la  casación  por vía ordinaria que la pena máxima fijada para la conducta  punible  objeto  del  proceso  sea  de  más  de  8  años  de prisión y que la  sentencia  la  haya dictado un Tribunal Superior de Distrito o el Tribunal Penal  Militar.   

Aunque  la  última  exigencia  se encuentra  concurrente  en  el  presente  caso,  es manifiesto que la primera no.  Los  delitos  imputados fueron prevaricato por acción, falsedad en documento privado  y  constreñimiento  ilegal,  contemplados  en los artículos 413, 289 y 182 del  Código  Penal de 2000 con penas de prisión de 3 a 8 años, 1 a 6 años y 1 a 2  años, respectivamente.     

Quedaba  la  posibilidad, no obstante, de la  casación  excepcional  y  el recurrente omitió cualquier referencia a ella. No  la  mencionó y mucho menos presentó los argumentos orientados a persuadir a la  Corte  de  que  el  caso  es necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o  para  la garantía de los derechos fundamentales, que son los motivos legales de  procedencia  de  esa  modalidad  de  casación,  en  concordancia con el último  inciso  del  artículo 205 citado. No presentó ninguno en escrito separado o en  un  capítulo  especial  de  la  demanda  y del contenido de la misma tampoco se  deriva la acreditación de alguna de esas circunstancias.   

2.   Los  dos  cargos  que  integran  el  libelo  ni  siquiera satisfacen el requisito legal de  claridad y precisión en su formulación.   

2.1. En el primero  el   recurrente  denunció  un  falso  juicio  de  existencia  que  en  realidad  corresponde  a  su inconformidad con el alcance dado a los medios de convicción  por  las  instancias.  Si  las  mismas  no  creyeron en las explicaciones de los  procesados  y  en  cambio le otorgaron crédito al relato de la denunciante, eso  significa  que  las  pruebas de la defensa aportadas en respaldo de las primeras  fueron desechadas.   

De  todas  maneras,  aunque  se admitiera la  omisión  probatoria  por  el hecho de la no mención expresa en la sentencia de  los  medios  de  convicción  relacionados  por  el  defensor,  es  claro que no  acreditó  la  trascendencia  de  la  irregularidad,  para  lo  cual  ha  debido  confrontar y desvirtuar los fundamentos del fallo.   

El reproche, en fin, ni es claro ni evidencia  la  necesidad  del  caso  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o para la  garantía de los derechos fundamentales.   

2.2. La conclusión  es  la  misma  de  cara  al  examen  formal  del  segundo  cargo,  en el cual el  casacionista  no  acreditó  ningún  perjuicio asociado a la anomalía procesal  denunciada.  Admitió,  por  el contrario, que no derivó ningún daño para sus  representados  del  auto  mediante  el  cual  la  Fiscalía resolvió en segunda  instancia  el  recurso de apelación contra la resolución acusatoria. Por ende,  así  se  le  otorgara  la  razón  al  demandante  en  que constituyó un error  continuar  con  el  trámite  de  la  alzada  interpuesta por el apoderado de la  perjudicada  con los delitos, tras desistir ella de la acción civil, no habría  cargo  susceptible de examen por la Corte debido a la manifiesta intrascendencia  de la irregularidad.   

Así las cosas, la petición de cesación de  procedimiento  por  prescripción  de la acción penal, presentada recientemente  por  la defensa, es absolutamente improcedente al encontrarse su éxito asociado  a  que  en  casación  la  Corte  deje  sin  eficacia  la resolución de segunda  instancia   del   11   de  octubre  de  2006,  mediante  la  cual  se  impartió  confirmación  a  las  determinaciones del Fiscal de primer grado impugnadas por  el representante de la parte civil.   

Esa  decisión  es  válida  y como con ella  quedó  en  firme  la  resolución  de  acusación,  es  desde  el  día  de  su  expedición  que  se  cuenta el término de prescripción en la fase del juicio.  Hasta  hoy,  en consecuencia, ni siquiera han transcurrido 5 años, que no es el  lapso  en  el  que se extingue la acción penal en el presente caso, al menos en  relación  con los delitos de prevaricato por acción y constreñimiento ilegal,  cuyo  término  de  prescripción  es  de  6  años  y  8  meses, por cometerlos  servidores públicos en ejercicio o con ocasión de sus funciones.   

Se advierte, conforme a lo ya señalado, que  la  petición de cesación de procedimiento es una complementación impertinente  de  la  demanda  de casación y en esa medida queda cubierta su respuesta con la  inadmisión  de  la  demanda, que es la decisión que adoptará la Corte, no sin  manifestar  que  no hay lugar a casar de oficio la sentencia en consideración a  que  una  vez  revisada  la actuación no se evidencia quebrantamiento alguno de  los derechos fundamentales de los sujetos procesales.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados CÉSAR AUGUSTO REYES MANTILLA y  GUSTAVO FERNANDO MALAGÓN GAMBOA.   

         Contra la presente decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ              FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                   ALFREDO                     GÓMEZ  QUINTERO          

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS              AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                     

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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