35506(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 35506  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 078  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  María   Elena  García  Colmenares,  Pablo  César  Rey  Rodríguez  y Jhon Francisco Cruz Romero contra   la   sentencia   dictada   por   el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  el  24  de  septiembre  de  2010,  mediante  la cual confirmó la  proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Fusagasugá con función de  conocimiento,  el 22 de julio del mismo año, y los condenó, así: a la primera  a   la   pena   principal  de  165  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  privativa  de la libertad, como cómplice de las conductas  punibles  de  homicidio  y homicidio en grado de tentativa y, a los restantes, a  la   sanción   principal  de  330  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  20  años,  como coautores de los delitos de homicidio y homicidio en  grado de tentativa.   

HECHOS  

                                      

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“El  día  23  de  diciembre  de  2008  se  conoció  por parte de la  autoridad  Policiva  de  esta  ciudad  que  en  la Vereda Yayatá, sector de Las  Villas,  Municipio  de  Silvania,  Cundinamarca,  se  hallaba,  sobre una de las  vías,  el  cadáver  de  una  mujer. Así al realizar las labores tendientes al  esclarecimiento  de  los  hechos  se  tuvo  noticia,  por  parte  de la referida  autoridad,  que en el hospital San Rafael de esta ciudad se encontraba una joven  herida,  la  que  al  parecer  tendría  relación  con  la muerte de la fémina  hallada,  contactándose entonces a la lesionada Jaysuri Ramírez Álvarez quien  identificó  a  la occisa como Heidy Milena Martínez Torres, persona con la que  habían  sido  invitadas  a  una  Finca  en  esta ciudad, por los señores Pablo  César   Rey   Rodríguez  y  Jhon  Francisco  Cruz  Romero,  hombres  que  eran  acompañados   de   sus  esposas  María  Elena  García  Colmenares   y  María  Móníca  García  Bautista,  respectivamente,  dándose  a  conocer,  por  parte  de  la lesionada, que en el  paraje  inicialmente  indicado,  los hombres detuvieron el andar de los rodantes  aduciendo  que uno de esos tenía un desperfecto mecánico, circunstancia por la  que  hicieron  descender  a sus víctimas, procediendo a propinar sendas heridas  con  arma de fuego en la humanidad de aquéllas, las que, como se ve, terminaron  con  la  vida  de  una  y  provocaron  serias  heridas  en  la  otra”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación en contra de María Elena García Colmenares,  Pablo  César  Rey  Rodríguez  y  Jhon Francisco Cruz Romero por los delitos de  homicidio  agravado,  homicidio en grado de tentativa y fabricación, tráfico y  porte armas de fuego o municiones.   

2.  Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral,  el Juzgado Penal del Circuito de Fusagasugá con función de  conocimiento,  el  22  de  julio  de   2010,  dictó  sentencia  de primera  instancia, así:   

a) Condenó a María Elena García Colmenares  a   la  pena  principal  de  165  meses  de  prisión  y  a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  privativa  de la libertad, como cómplice de las conductas  punibles de homicidio y homicidio en grado de tentativa   

b)  Condenó a Pablo César Rey Rodríguez y  Jhon  Francisco  Cruz  Romero   a  la  sanción  principal  de 330 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el lapso de 20 años, como coautores de los delitos de  homicidio y homicidio en grado de tentativa.   

c)  Absolvió a los citados sentenciados por  el  punible  de  fabricación,  tráfico  y  porte  armas de fuego o municiones.   

3.  Apelado  el fallo por el defensor de los  acusados,  el Tribunal Superior de Cundinamarca, el 24 de septiembre de 2010, al  desatar el recurso, lo confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica de los procesados presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

El  defensor, al amparo de la causal primera  de casación presenta dos  cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa, la ley sustancial.   

Comenta que sus defendidos en el trámite de  las  audiencias  de  formulación  de  imputación, preparatoria y juicio oral y  público  no  manifestaron  su  interés  de  aceptar cargos. Todo lo contrario,  continua,  siempre  rechazaron los mismos que les atribuyó el representante del  Fiscal General de la Nación.   

Reconoce  que si bien la defensa técnica en  la  audiencia de formulación de imputación hizo referencia a que eventualmente  sus  representados  aceptarían  los  cargos  siempre  y  cuando  se retirara la  circunstancia  especifica  de  agravación  punitiva  consagrada en el artículo  104,  numeral  2°,  del  Código  Penal,  también  lo  es que se suscribió un  proyecto   de  preacuerdo  con  el  defensor  pero  que  sus  procurados  no  lo  ratificaron.   

Recuerda que una vez culminado el juicio oral  y  público,  el  juzgador  de  primera  instancia descartó la existencia de la  citada  circunstancia  de agravación punitiva, puesto que reconoció que había  duda  de  su  comisión  conforme  a  los  cargos  atribuidos  en  el escrito de  acusación.   

En  consecuencia,  el  juzgador  vulneró lo  consagrado  en   el  artículo  351  del Código de Procedimiento Penal, en  tanto  era  una  norma que favorecía a los procesados, instituto que debió ser  aplicado    y    reconocerse,    máxime    cuando    así    lo    aceptó   el  sentenciador.   

Por  lo anteriormente expuesto, depreca a la  Corte   casar   la   sentencia   impugnada  y,  consecuentemente,  realizar  los  correspondientes descuentos punitivos conforme al artículo citado.   

Segundo    cargo       

Acusa al Tribunal de haber violado de manera  directa la ley sustancial.   

Manifiesta que la fiscalía, en la audiencia  de   imputación,   adujo   que  contaba  con  todos  los  elementos  de  juicio  correspondientes   para  atribuir  la  mentada circunstancia de agravación  punitiva del delito de homicidio.   

Sin  embargo,  insiste  en  que  el juzgador  aseveró  que  en el trámite del juicio oral y de la unidad probatoria emergía  el  grado  de  conocimiento  de  duda  frente  a la circunstancia de agravación  punitiva imputada en el escrito de acusación.   

De  manera  que  concluye que en el presente  asunto  el  juzgador  interpretó  equivocadamente el artículo 351, inciso 1°,  del  Código  de Procedimiento Penal, puesto que de no haberse incurrido en ella  los  acusados  se  habrían  beneficiado  de  lo reglado en el artículo 351 del  citado   estatuto,   para  lo  cual  procede  a  realizar  los  correspondientes  descuentos punitivos, desde su personal perspectiva.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En  el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar    los    correspondientes    cargos    y,   por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que, como lo tiene dicho la Sala, son los mismos del proceso penal,  lo  que  explica  que  las  causales  de  casación tengan un diseño dirigido a  lograr esos fines.   

De ahí que la Sala hubiese dicho que,   “el   recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de      la     casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido   que  el  libelista  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la  existencia  del vicio y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

No  sobra  recordar  que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad cometidos en la  construcción  de  la  sentencia  o  en  el  trámite  judicial.  De ahí que al  casacionista  le  compete  que  postule  el  yerro  a través de las causales de  casación   contempladas   para  ese  fin,  demostrando  cómo  el  mismo  logra  resquebrajar  el  fallo, al punto que se impone su quebrantamiento con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las  pruebas  declaradas  como  probadas en el fallo fueron  correctamente  incorporadas  y  apreciadas,  razón  por  la  cual  el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho  sin  que  tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

La labor de demostración de la trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la relación jurídico procesal o, que habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

En   lo   relativo   a   los  cargos  primero  y  segundo  que  el  libelista propone a fin de denunciar  una  infracción  directa  de  la ley sustancial por cuanto que, en su criterio,  constituye  un  desatino  del  juzgador  el  no haber aplicado la rebaja de pena  reglada  en  el artículo 351 del Código de Procedimiento Penal, situación que  condujo  que  a sus representados no se les hubiese degradado la sanción en los  plazos  fijados en la citada norma, quedó a mitad de camino en su postulación,  en  la  medida  en  que  no dio argumentos jurídicos que lleve a colegir que la  interpretación dada por el Tribunal a ese precepto fue desatinada.   

En  efecto,  en  la  labor  demostrativa  el  casacionista  no  evidencia  que  las rebajas punitivas regladas en el artículo  351  del  Código  de  Procedimiento Penal, el sentenciador debió reconocerlas,  toda  vez  que los acusados aceptaron los cargos en la audiencia de formulación  de imputación.   

Y,  era que no podía cumplir con esa carga,  habida  cuenta  que  como  lo  comenta  el  demandante  los  procesados en dicha  audiencia  no  aceptaron los cargos que les atribuyó la Fiscalía General de la  Nación, en cuanto a que uno de esos homicidios era agravado.   

De  tal  manera que cumplido con el anterior  presupuesto   procesal   el  fiscal  presentó  el  correspondiente  escrito  de  acusación  en  donde ratificó los cargos a los procesados, esto es, que uno de  los homicidios era agravado.   

Por tanto, carece de sentido que en esta sede  la  defensa  venga a pretender que se reconozca a los acusados la rebaja de pena  conforme  al  artículo 351 del Código de Procedimiento Penal, cuando éstos no  se acogieron al trámite consagrado en dicha norma.   

Ahora bien, que al momento de dictarse fallo  de  mérito  el  juzgador de primera instancia excluyó la mentada circunstancia  de   agravación  para  el  delito  de  homicidio,  tal  situación  no  conduce  fatalmente  a  concluir  que los acusados tenían derecho a la mentada rebaja de  pena,  puesto  que  los  cargos  formulados  por  la fiscalía no se hicieron de  manera  arbitraria  a  fin  de  impedir  que el trámite se clausurara de manera  anticipada,  máxime cuando la decisión de los sentenciadores frente al aspecto  que  se  cuestiona  obedeció  al  reconocimiento  del  grado de conocimiento de  duda   en  torno  a  su  existencia  y  conforme a la unidad probatoria que  derivó en el juicio oral, público y concentrado.   

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los procesados  Maria  Elena  García  Colmenares,  Pablo  César  Rey  Rodríguez  y Jhon Francisco  Cruz  Romero  procede  el  mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   María     Elena    García    Colmenares,    Pablo    César    Rey  Rodríguez  y Jhon Francisco  Cruz Romero.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                            ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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