35456(16-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 35.456  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 90  

Bogotá, D.C., dieciséis (16) de marzo de dos  mil once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala  si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   NÉSTOR   RUGELES   PINZÓN   contra   la  sentencia  dictada  el  18  de  agosto  de  2010  por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  San  Gil que confirmó la proferida el 11 de junio del mismo año,  Juzgado  Tercero  Pen al del Circuito del Socorro (Santander), por cuyo medio lo  condenó  en calidad de autor del delito de actos sexuales abusivos con menor de  catorce años, en concurso homogéneo y sucesivo.   

ANTECEDENTES  

1.  A eso de las 7:30 p.m. del 29 de julio de  2009,  en  la carrera 14 No. 13-51, apartamento 101 de la localidad del Socorro,  NÉSTOR  RUGELES  PINZÓN fue  sorprendido  por  NUBIA  CELMIRA FIGUEROA FIGUEROA en la habitación que ella le  arrendaba  en  su casa de habitación, mientras él, quien estaba recostado boca  arriba  en la cama sin pantalones y ropa interior, sostenía en las piernas a su  hija  S.M.G.F.1  de 6 años de edad -la cual se había alejado del lado de aquélla  para  ir  al  baño-, al tiempo que con su mano presionaba la cara de la infante  hacia su zona genital.   

Al obvio reclamo de la madre, el hombre de 78  años  reaccionó  afirmando  que no había pasado nada y que era la menor quien  lo acosaba.   

Por  su  parte, la niña le contó a su madre  que     en     ocasiones     anteriores,     RUGELES  PINZÓN  la  había  besado en la boca y acariciado en  sus partes íntimas.   

2.   Producida   la  captura  del  presunto  responsable,  el  30  de  julio  de  2009,  ante  el  Juzgado  Segundo Promiscuo  Municipal  con  Función  de  Control de Garantías del Socorro, se legalizó la  captura   de   NÉSTOR   RUGELES  PINZÓN  y la Fiscal Cuarta (e) Seccional del lugar le imputó el delito de  actos  sexuales  con  menor  de  14 años en concurso  homogéneo  y sucesivo previsto en el artículo 209 del  Código      Penal,     agravado     conforme   a  la  circunstancia  descrita  en  el  numeral  4º  del  artículo   211  ibídem.  En  la  misma  diligencia  se  le  impuso  medida  de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario2.   

3. Recurrida la decisión fue confirmada el 11  de   agosto   siguiente   por   el   Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  del  Socorro.3   

4.  El  28  de  agosto  del  mismo  año,  la  Fiscalía  presentó  el  escrito de acusación contra el imputado conforme a la  calificación   propuesta   en   la   imputación.4   

5. Ante el Juez Tercero Penal del Circuito de  la    misma   localidad   el   8   de   octubre   de   2009   se   formuló   la  acusación.5   

6.  A  instancia  del mismo juzgador, el 3 de  diciembre         de         ese         año6   y   el  10  de  febrero  de  20107, se surtió la audiencia preparatoria.   

7.  El  juicio  oral inició el 6 de abril de  2010    y    concluyó    al    día    siguiente8.    Al   cabo   de  esta  diligencia  el  funcionario  judicial  expresó  que  el  sentido  del fallo era  condenatorio.   

8.  Culminado  el  18  de  mayo  de  2010  el  incidente      de      reparación      integral9,  mediante sentencia del 11 de  junio  de  201010,  el  Juez  condenó  a  NÉSTOR  RUGELES  PINZÓN  como  autor  responsable  del delito de actos  sexuales  abusivos con menor de catorce años en concurso homogéneo y sucesivo,  a  la  pena  principal  de  12  años  y 6 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo lapso de la sanción privativa de la libertad.   

Además,  le negó la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

9.  Recurrido  el  fallo  por la defensa, fue  confirmado  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de San Gil en sentencia del  18        de        agosto       de       201011.   

10. La defensa técnica interpuso y sustentó  el  recurso  extraordinario de casación el 9 de noviembre siguiente12.   

11.  Por  auto  del  23 de noviembre del año  pasado,  la  magistrada Ponente ordenó enviar el proceso a la Sala de Casación  Penal   de   la   Corte   Suprema   de   Justicia.13   

12. El mismo día el expediente fue remitido a  la   Corte14.   

LA DEMANDA  

Cargo único.  

Con invocación de la causal 2ª del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, el defensor acusa el fallo de segunda instancia de  haber  sido dictado en un juicio viciado de nulidad.  Con tal fin, formuló  un   único   cargo   que  denominó  “nulidad  por  violación   al   derecho  de  defensa  técnica”  y  solicitó    su   declaración   desde   la   audiencia   de   formulación   de  acusación.   

Como fundamento de su pretensión afirmó que  no  obstante que el defensor que asistió a su prohijado en el juicio convocó a  declarar  a  ÁLVARO  PINILLO  MENDOZA,  EDUARDO  GAST PUYANA, LUZ STELLA PORRAS  MEDINA   y   LAURA   ROSA   PÉREZ   LAMUS   porque  consideró  “que  probatoriamente  tenía  herramientas  suficientes para dar la  batalla  jurídica en pro de la reafirmación de la presunción de inocencia del  señor RUGELES”, fue derrotado.   

Su  representado,  quien es una persona de 79  años  de  edad padece de demencia senil, la cual fue diagnosticada por médicos  de  la  EPS  COOMEVA  de  la  ciudad de Bucaramanga, tal como se desprende de la  “abundante  foliatura que hace parte de su historia  clínica”.   

Para  el  censor  quien  lo  antecedió en el  ejercicio   de   la   defensa,  actuó  “de  manera  deficiente” porque pese a que existían elementos de  juicio  que permitían establecer la necesidad de realizar una valoración de su  estado  de  salud  mental, “omitió practicar examen  psiquiátrico”        y        “solicitar    su    práctica    en   el   juicio   oral”    para    establecer   la   inimputabilidad   de   RUGELES PINZÓN.   

A  juicio  del  libelista,  al momento de los  hechos,  el  enjuiciado  no  tenía la capacidad de comprender la ilicitud de su  comportamiento  o  de  determinarse  conforme  a  esa  comprensión –artículo 33 del Código Penal-, luego  debió   ser   sujeto   de   una  medida  de  seguridad  y  no  de  la  pena  de  prisión.   

Cito  jurisprudencia  de la Sala de Casación  Penal  relativa  a  i)  las  consecuencias  jurídicas  de  la  declaración  de  inimputabilidad,  esto  es,  la  imposición  de  medida  de  seguridad,  ii) la  necesidad  de  alegar la nulidad por violación al debido proceso cuando existan  elementos  de  convicción que permitan suponer fundadamente dicha condición y,  iii)  la  obligación  de  la  defensa de adelantar actos de investigación para  recaudar    elementos    materiales    probatorios    o    evidencia    en   tal  sentido.   

Como   normas   infringidas   enunció  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política,  8  y  457  de  la  Ley 906 de  2004.   

El  defecto  es  trascendente porque de haber  contado  con  “defensa  real y material”  habría  “hecho valer en el juicio  oral,  prueba que demostrara su inimputabilidad, como quiera que padece demencia  senil”  y  en ese orden, no habría sido condenado a  doce   (12)   años  y  seis  (6)  meses  de  prisión  sino  a  una  medida  de  seguridad.   

Solicitó  casar  la  sentencia  impugnada  y  retrotraer  la  actuación  al  inicio  de  la  audiencia  de formulación de la  acusación   para   que  se  garantice  “de  manera  material,  concreta, sustancial e ininterrumpida la defensa técnica”.   

CONSIDERACIONES  

1.   Cuestión  previa.  Oportunidad  para  interponer  el  recurso  extraordinario  de  casación.  Principio  de confianza  legítima.   

Teniendo  en cuenta que el ordenamiento legal  ha  previsto  unos requisitos específicos de procedibilidad para que la Sala de  Casación   Penal   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia  conozca  del  recurso  extraordinario  de casación, antes de realizar el estudio técnico jurídico de  admisión  de  la demanda, corresponde verificar si el relativo a la oportunidad  está satisfecho en el caso concreto.   

Respecto  a la oportunidad para interponer el  recurso  de  casación  el  artículo 183 original de la Ley 906 de 2004 era del  siguiente tenor:   

“El  recurso se  interpondrá  ante  el  tribunal  dentro  de  un término común de sesenta (60)  días  siguientes  a  la última notificación de la sentencia, mediante demanda  que   de  manera  precisa  y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos.”   

Por  su parte, el artículo 98 de la Ley 1395  de  2010  que  por  virtud de su artículo 122 entró a regir el 12 de julio del  mismo año y modificó el aludido precepto dispuso:   

“El  recurso se  interpondrá  ante  el  Tribunal  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la  última  notificación  y  en  un  término posterior  común   de   treinta   (30)   días   se   presentará  la  demanda  que  de manera precisa y concisa señale las causales invocadas y  sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  la demanda dentro del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso     de     reposición.”     (Subrayas y negrillas fuera del texto original).   

En el asunto sometido a examen de admisión se  advierte  que la Sala Penal del Tribunal Superior de San Gil profirió sentencia  de  segundo  nivel el 18 de agosto de 2010, esto es, un (1) mes y seis (6) días  después  de  que el citado artículo 98 hubiera cobrado vigencia, circunstancia  que  obligaba  al casacionista a incoar la impugnación extraordinaria dentro de  los  cinco (5) días siguientes a la notificación de la providencia -la cual se  produjo  en  estrados  en  la  audiencia  de  lectura  del  fallo  de  la  misma  fecha15-;  sin  embargo,  el recurso se interpuso de forma extemporánea el  pasado         9         de         noviembre16,  cuando  el término había  vencido con suficiencia el 25 de agosto anterior.   

La  acreditada  falta  de  oportunidad  en el  ejercicio  del  recurso  de  casación, impediría a esta Corporación avocar el  estudio  de admisión de la demanda sino fuera porque verificada la sentencia de  segunda  instancia, se constata que el Tribunal Superior de San Gil incurrió en  el  craso error de “enterar a los sujetos procesales  que   contra   este   fallo   procede  el  recurso  de  casación,  que  debe  interponerse  dentro  del  término  común  de 60 días  contados  a partir de la notificación del mismo mediante la presentación de la  demanda  donde  de  manera  precisa  se  señalen las  causales   invocadas   y  sus  fundamentos.  (…)”.  (Subrayas ajenas al original).   

En  verdad, por regla general, de conformidad  con  el artículo 40 de la Ley 153 de 1887, las normas de carácter procesal son  de  aplicación  general  inmediata  y  rigen hacia el futuro, salvo lo previsto  para  los eventos en que los términos han empezado a correr y las actuaciones y  diligencias  ya  estuvieren  iniciadas,  caso  en  el  cual  se rigen por la ley  precedente17.   

Así   pues,  el  artículo 98 de la Ley 1395 de 2010 que modificó  el  183  de la Ley 906 de 2004 entró a regir con efecto general inmediato el 12  de   julio   de   2010;   norma   que   al    ser    insertada    en    el    Diario    Oficial   No.  47.768  de  la  misma fecha,  cumplió   con   el   presupuesto  de  publicidad  y  por  lo tanto, se  presume conocida por todos, con mayor  razón    por    los   profesionales   del   derecho   y   quienes   administran  justicia.   

No   obstante,  con  manifiesto  desconocimiento de la ley vigente al  tiempo    de   notificar   el   fallo   de   segunda  instancia  y  cuando habría transcurrido un período  más   que   razonable   desde   que   la  modificación  legislativa  entró  a  regir,    el  Tribunal  señaló  un  término  superior al legal –derogado-   para   interponer   el  recurso  de  casación.   

Dicho  defecto  procedimental               generó  una expectativa cierta para las  partes  e  intervinientes,  quienes  inducidos en error  por    el   contenido  equivocado  de  la  decisión judicial, se vieron habilitados para presentar  la  demanda  en  los  términos  establecidos  en el numeral segundo de la parte  resolutiva      del      fallo,     es     decir,     en     el     período      de      sesenta         (60)  días a  partir  de  la  notificación  del  mismo, cuando se  insiste,     aquél     solo     era     de    cinco    (5    días).   

El principio de  confianza  legítima  que  se  deriva de los            postulados        de     buena     fe     -artículo   83   Superior-   y  seguridad  jurídica,      garantiza     al  particular      el      derecho     a conservar  una    expectativa    razonable   sobre  el sentido  de    los    actos    y    decisiones    de    la    administración,  lo cual  lo   salvaguarda  de  ser  sorprendido  por  cambios  intempestivos    o  abruptos  respecto       a       la       misma       situación.   

La  protección de esta garantía se erige  como    pilar   fundamental   dentro   del   Estado  social  y  democrático  de derecho en la medida que  habilita  al administrado  para confiar en   que  la  respuesta  ofrecida  por  la  administración a sus  reclamos  será  equivalente  a  la que haya    adoptado   en   forma  precedente,  con  la obvia salvedad relativa al  cambio  de  legislación  respecto  de  la cual no cabe        invocar       el       aludido       axioma.   

Ahora,        los        actos  jurisdiccionales   no  están  exentos  de  generar  confianza  legítima  en  los  usuarios  del  servicio  de justicia y  ante  la  constatación   de   un  error  judicial    que    genere    una   expectativa   razonable  en  el  destinatario de la decisión,  la     Corte     Constitucional     ha   sido  constante  en  señalar  la  imposibilidad  de     trasladar     las     consecuencias    del  defecto,   así   como   en  predicar  la     necesidad    de    asumir    la  responsabilidad    de    los    actos   propios   de   la   administración   de  justicia18.   

Esta          postura, no  del  todo  pacífica  en el seno de la jurisdicción  ordinaria,  fue  acogida  en auto del 23 de marzo de  2010  de  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia, radicación 32.792,    oportunidad   en   la   que   se  precisó  la inviabilidad  de    atribuir    al   administrado   los  efectos  negativos  de los errores  cometidos      en     punto     de     notificaciones     judiciales. Dijo en esta ocasión:   

“Así, es claro  el  criterio  proteccionista asumido por la Corte Suprema de Justicia en su Sala  Penal  en el ejercicio constitucional del derecho de amparo, pues, acepta que un  error  cometido  dentro  del trámite de notificación no puede ser atribuible a  las  partes, más aún si se acogieron a lo dispuesto  por  la  Secretaría, razón por la cual si confiaron  en  lo  manifestado  por esta última, ellas no deben soportar la carga de dicho  error,  aún  cuando  el término se encuentre establecido en las normas, porque  lo  que  se  espera de los operadores y administradores de justicia es que sepan  aplicar  lo  dispuesto  en  la  ley,  por  lo  que  se  confía  en  su adecuado  criterio.   

Se decanta por parte de la Corte Suprema de  Justicia,  que  en  estos  casos  el  criterio  tenido  en  cuenta  por la Corte  Constitucional  en  su  jurisprudencia, es el que se debe mantener, siendo mucho  más  estrictos en cuanto a la protección de derechos fundamentales por errores  procedimentales  cometidos por funcionarios judiciales respecto de disposiciones  legales  de  orden  público que en los criterios tenidos en cuenta por vía del  recurso extraordinario de casación.   

(…)  

Es claro, entonces, que el criterio que debe  predominar  en  esta  clase  de  asuntos es aquel proteccionista de los derechos  constitucionales  de  los  sujetos  procesales,  como  lo ha considerado la Sala  Penal   en   sede   de   tutela,  pues,  los  errores  en  los  que  incurre  la  Administración  de  Justicia  dentro  de  su  marcha,  no deben y no pueden ser  soportados  por  aquéllos. Corolario de lo anterior, cuando un secretario de un  despacho  judicial comete un error en la contabilización de un término legal y  con   su  conducta  hace  que  las  partes  incurran  en  otro  yerro  en  dicha  contabilización   y  realicen  las  actuaciones  correspondientes  conforme  la  directriz  dada,  dicha  falla  debe ser asumida por aquél, pues estos últimos  confiaron  en  que  realizaría  su trabajo conforme se demanda de esta clase de  funcionarios  y  la  buena fe de dichos sujetos debe ser objeto de protección y  no  de  reproche  como  lo ha venido sosteniendo la Corte Suprema de Justicia en  casos concretos.”   

Este  criterio fue recientemente reiterado  en  auto  del  23  de  febrero  de  2011,  radicación 35.792 en la que además  se    puntualizó   la  diferencia   entre   la  aplicación  de dicho principio cuando se trata   de  las  notificaciones  personales    y   los  traslados  de  rigor  y,  la      imposibilidad      de      emplearlo  en  lo  relativo  a  meras  constancias  secretariales.  Así se expresó la  Corte:   

“Como  viene de  verse,   si  bien  se  presentaron  serias  irregularidades  en  el  proceso  de  notificación del fallo de  segunda    instancia    y   en   la   interposición   del   recurso19, lo cierto  es  que  tales  yerros  no  le  pueden  ser  atribuidos a las partes en estricto  acatamiento  a  las  garantías  constitucionales al debido proceso, acceso a la  administración  de  justicia  y  el  principio  de buena fe, los que han de ser  ponderados  en  cada  caso  por  el  funcionario judicial, sin que quepa en esta  apretada  tesis  lo referido a las meras constancias secretariales (distinción  necesaria) en la medida en  que  frente  a  estas  últimas  ha  sido  pacífica  la  postura  de la Sala en  desconocer           sus           efectos20   

:  

“…De antaño, la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema de justicia ha sostenido que las constancias que realizan  los  secretarios  de  los  despachos judiciales o algún funcionario judicial no  reemplazan  los  términos  establecidos  en  la ley, teniendo en cuenta que los  mismos  son  de  carácter  público  y,  en  consecuencia,  deben cumplirse sin  excepción  aún  cuando  haya  errado  en  la  contabilización de los mismos y  plasma  en una constancia algo distinto a lo establecido en la ley, así sea por  equivocación”21.   

La  diferencia  es  válida  –como  ya  se anotó- en la medida en  que  la  notificación,  tanto  por  estado  como  por edicto y los traslados de  rigor,  verbi  gratia  el  dispuesto  en el artículo 400 de la Ley 600 de 2000,  constituyen  un imperativo legal al secretario del despacho judicial, que no una  constancia secretarial puramente informativa.   

Y  es  que,  en lo que tiene que ver con la  notificación  residual  del  edicto, éste acto es una tarea infranqueable para  el  secretario  del  despacho  judicial,  no  equivale a una constancia ni a una  glosa   secretarial.    Es  un  comportamiento  obligatorio,  es  un  deber  funcional del secretario por expreso mandato de la ley procesal.   

Para la Corte, es significativo destacar la  diferencia,  en  la  medida en que, en lo relacionado con las tareas asignadas a  los  secretarios  de  los despachos judiciales y los errores en que estos puedan  incurrir  en  su  ejercicio,  de  antaño  se han presentado distintas posturas,  tanto  en  la jurisprudencia constitucional como en la de la Corte Suprema en su  Sala  de Casación Penal, las que han impedido mantener una línea definida; sin  embargo,  en  lo  que  tiene que ver con la función de notificar a cargo de los  secretarios,  se  han  venido  surtiendo  al  interior  de  la  Sala22  significativos  avances  que  se traducen en un pensamiento afín con la postura  de la Corte Constitucional.  En materia de tutela ha dicho:   

“…Bien  diferente es la situación que  se  presenta  cuando  la  ley  le manda al secretario que realice un determinado  acto  en  un  término  específico y él lo hace en oportunidad posterior, pues  los  sujetos procesales no podrán suponer existente lo que en la realidad no se  ha  producido.  Dicho  de otro modo, la notificación es un acto secretarial que  no  puede ser realizado, ni siquiera tácitamente supuesto, por las partes. Y si  la  ley  ordena,  además,  que  un  acto  de parte como la interposición de un  recurso  se realice dentro de los tres días siguientes a la notificación de la  providencia,  es  claro  que  ese  plazo  deba  empezarse  a  contar  cuando  la  notificación se produzca no cuando deba entenderse hecha.   

Nótese  cómo  el  enteramiento  a que se  contrae  este  asunto está expresamente regulado en el inciso 2° del artículo  180  del  Código  de  Procedimiento Penal, de la siguiente manera : “El   edicto  se  fijará  en  lugar visible de la secretaría por tres días y en él  anotará  el  secretario  las  fechas  y  horas  de  su fijación y desfijación  …”.   

Por  idéntica  razón,  el inciso 3° del  mismo  artículo  expresa  que  “La  notificación  se  entenderá  surtida al  vencimiento del término de fijación del edicto”.   

No  se  trata,  como  se ve, de una simple  constancia  secretarial,  que es a lo que la Corte se refirió en el antecedente  citado  por  el  accionado,  sino  de  un  requerimiento  legal  imperativamente  impuesto    al    Secretario,    para   que   obre   positivamente,   es   decir  haciendo23”.”   

Similar   razonamiento   al       que       mereció      la  protección   de   la  confianza      legítima     en     eventos          de        notificaciones       y  traslados          obligatorios,   cabe  edificar    en    el  caso     concreto  en  el sentido de aplicar  dicho axioma frente  al  indebido señalamiento del  término     para     incoar    la    impugnación   extraordinaria,  en  la  medida  que  fue  la  Magistrada  Ponente  investida  de su calidad de autoridad  judicial  la  que  expresamente  formó en las partes interesadas la convicción  legítima  y razonable         acerca   del   plazo   para   recurrir   en  casación.   

Nótese   que   para   el  defensor  del  procesado  no  existía  ninguna razón fundada para  dudar     del     plazo     conferido     en    la  sentencia   pronunciada  oralmente    para    interponer   la   impugnación   extraordinaria;    por    el    contrario,    la    notificación   de    la   decisión   producida   en  estrados  sometió  a los  interesados  en  ella  a  las  determinaciones  allí tomadas, pues recuérdese   que   sobre     la    sentencia    recae  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad.   

Ahora,  a manera  de          conclusión,         resulta          trascendente        afirmar      que      el      término      de     ley,     lo     es     por  disposición del legislador y a él  nos debemos atener; no obstante, los eventos citados  y   analizados   permiten   afianzar   otra  óptica  que,   sin  derogar  o  desobedecer    el    ordenamiento    jurídico   penal,   permite   a  la  luz  de la Constitución Política ponderar el principio de  legalidad  frente  otros  principios  y  derechos  en  juego como el acceso a la  justicia,     la     buena     fe    –que   se   presume-,   la  lealtad  procesal,  la  prevalencia  del  derecho  sustancial  sobre  el  formal  y,  el  derecho   de   defensa   para  establecer  a  cuál  corresponde    ceder    en    el   caso   concreto.  Ello,  bajo  el marco y aplicación del principio de  confianza legítima.   

Lo anterior, no significa que los empleados  judiciales  no  deban  obrar con diligencia y cuidado en la notificación de las  decisiones  y  en  el control de los términos, pues  una     conducta     diversa     perfectamente    podría    constituir    falta  disciplinaria   imputable  al  funcionario  por  su  comportamiento omisivo.   

En suma, en cada  caso,     corresponde     al    operador    judicial    ponderar    esos    principios    y    derechos  como realización del derecho sustancial de especial  significación constitucional.   

Como   el  libelista  intentó la impugnación extraordinaria dentro del término conferido  por  el  cuerpo colegiado,  en  aras  de  garantizar  el  principio de confianza  legítima,   el  acceso  a  la  administración  de  justicia  y salvaguardar         el         proceso         debido, esta Sala  se  ocupará  de  elaborar  el  examen  de admisión  de  los fundamentos de la  demanda  correspondiente.   

2. Cargo único.  

La  demanda no reúne los requisitos mínimos  que  exige el artículo 184 del Código de Procedimiento Penal para su admisión  y,   por   lo   tanto,   no   puede   ser  seleccionada.  Las  razones  son  las  siguientes:   

Al  tenor de lo dispuesto en el artículo 180  de  la  Ley  906  de  2004  el  recurso  extraordinario  de casación tiene como  finalidad  “la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”.   

Con   tal  propósito,  el  inciso    2º   del   artículo   184  del  mismo estatuto fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se seleccionará  aquella  que i) carezca de  interés  para  acceder  al  recurso,  ii) no invoque  la  causal conforme a la  cual  se  edifica  el  reproche de las contempladas en el artículo 181 ibídem,  iii)  omita  desarrollar los cargos correspondientes  o,  iv)  fundadamente se  logre  establecer que no  se   requiere  de  la  sentencia  para  cumplir  las  finalidades  previstas  en el aludido artículo 180;  lo  anterior,  salvo que  el cumplimiento de alguno  de  esos  fines  permita  superar   los   defectos   técnicos   que   exhiba  el  libelo  y decidir de  fondo.   

La demanda que nos ocupa acata sólo    parcialmente   aquélla          previsión     normativa     porque  si  bien  enuncia  la  causal  conforme a la cual se  apoya       su      disenso      –segunda-   y  la  argumentación  del  único  cargo  propuesto  en  términos  generales  se  desarrolla conforme a la  misma,  quebrantó  el  principio  de  autonomía que  rige  el  recurso  de  casación  por  cuanto  al tiempo que postuló la nulidad  de la actuación producto  de  haber  condenado  al  procesado con desconocimiento     de         la        presunta     condición        de        inimputable,  cuestionó  la ausencia de  valoración  de  la historia clínica de NÉSTOR  RUGELES  PINZÓN, según   la   cual   padece  demencia  senil,  reproches que no  podían    ser   intentados   simultáneamente   en   tanto   las   pretensiones  que  uno  y otro disenso  contraen      son      incompatibles.   

En   efecto,  si  lo  pretendido  por  el  censor  era  elevar una  crítica  frente  a  la  falta de apreciación de la  historia  clínica  del  enjuiciado   en la que  supuestamente       se       diagnostica      la  enfermedad,               que  debió  proponer  con  arreglo  al  error de hecho por falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  es claro que  la    fundamentación    del    cargo     no     podía     converger  con  el  ataque  de  nulidad  pues  la prosperidad del  primero   tendría   como   consecuencia  jurídica  la  emisión  de  un  fallo de reemplazo,  mientras  que    el    segundo  obligaría  a retrotraer la actuación al momento en  que se habría producido la irregularidad de carácter sustancial.   

Además,  en  tanto los dos reparos fueron  condensados   en   uno  solo  y  tampoco   fueron   postulados   separadamente  estableciendo  la  prelación  de  uno  sobre  otro,  los    argumentos    que   soportan   los      dos     ataques  transgreden  el  principio  de  no  contradicción  por  cuanto  de         un        lado        –en   la   nulidad-   se     afirma    que    no  se  practicó la pericia necesaria  para  dictaminar  tal  patología  y  con  ello,  la  inimputabilidad   del  encausado  y  por  otro  que,  según   concepto   de  “galenos  de  la  EPS  COOMEVA  de  la  ciudad  de  Bucaramanga”  consignado  en  la  historia clínica del procesado,  ese  estado de perturbación mental está acreditado  y  sin  embargo,  ello  no  fue  considerado por las  instancias.   

Ahora,  si  nos  atenemos  al motivo     expreso     de   disenso   formulado  a   través   de  la  causal  segunda,  se  tiene que el supuesto  que  lo  determina  es  infundado  y  en  ese orden,  como no cumple ninguna de  las  finalidades  de  la  casación,  no  es posible  admitir el libelo a trámite.   

En  verdad,  se  tiene  que el censor aduce el quebrantamiento del derecho de defensa  como  consecuencia de que el letrado que asistió a su prohijado  en   las  instancias  no  acreditó        su        condición       de  inimputabilidad,  la cual  conducía    a    la  imposición   de   una   medida   de   seguridad   y   no   de   una   pena   de  prisión.   

Para el censor, la inactividad del defensor  se  concretó en no haber  realizado  “examen  psiquiátrico” a NÉSTOR RUGELES  PINZÓN  y  dejar  de  “solicitar su práctica en el  juicio  oral”, para  confirmar  la  hipótesis según la cual el procesado padecía  demencia  senil  al  momento  de  la  comisión  de  la  infracción.   

De  forma  decantada la jurisprudencia de la  Sala  de  Casación Penal se ha ocupado de sostener que atendiendo la naturaleza  adversarial  del  régimen  de  enjuiciamiento  penal  con  tendencia acusatoria  vigente,  en el que se erige como postulado fundante el principio de igualdad de  armas,  la  defensa  técnica  tiene  el  derecho-deber de recaudar en similares  condiciones   de   equivalencia   al   ente  fiscal,  los  elementos  materiales  probatorios   y   evidencia   física  que  le  permitan  sustentar  su  teoría  defensiva.   

Ahora    bien,    cuando   de   manera  fundada  existen  elementos  de  juicio que permiten  inferir  que  la  conducta  típica  y antijurídica  fue   cometida  por  el  encartado  mediando alguna de las circunstancias de ininputabilidad previstas en  el  artículo  33  del  Código  Penal, esto   es,  porque  no  era  capaz  de  comprender  la  ilicitud del comportamiento o de determinarse de acuerdo con esa  compresión  dada  su  inmadurez  psicológica,  la  presencia  de  trastorno  mental  o  circunstancias  de  diversidad  cultural  o  similares,  la  defensa  adquiere  la  relevante  obligación  de  obtener la  prueba  –esencialmente  pericial- que descarte o  acredite dicha condición.   

Con  tal  propósito,  la  parte final del  inciso  2º  del  artículo 344 de la Ley 906 de 2004 establece expresamente que  en    la   audiencia   de   formulación   de   la  acusación, “cuando   la  defensa  piense  hacer  uso  de  la  inimputabilidad  en  cualquiera de sus  variantes  entregará  a  la  fiscalía los exámenes periciales que le hubieren  sido practicados al acusado”.   

Lo anterior, significa que en principio, es  en  dicho  acto procesal donde la defensa debe hacer  manifiesta   la  intención  de  demostrar   la  condición    de    inimputable   del   sujeto   activo   de   la   conducta    y    su    incidencia    en    la    comisión   de   la   misma.   Así  lo  ha  precisado  la  Sala24:   

“La exigencia en  cuestión  tiene  una  doble  finalidad.  Primero, evitar que, como ocurre en el  régimen  de  la  Ley  600  de 2000, se utilice el tópico de la inimputabilidad  como  argumento común y generalizado –especialmente  en  los casos de homicidio en los cuales el ejecutor  se  halla bajo el influjo de bebidas embriagantes-, a falta de una mejor teoría  del  caso,  pero  sin  soporte  testimonial o científico, razón por la cual la  sistemática  acusatoria  reclama  de  la  defensa  anunciarlo  anteladamente  y  presentar los informes en que funda su alegación.   

Y segundo, facultar de la fiscalía, dentro  del  concepto  de  igualdad de armas, la adecuada contradicción de un tema que,  por  su  especialidad  científica,  requiere  adecuada  preparación  previa  y  contrastación.   

Esa  manifestación  que  se  obliga  de la  defensa,  como  se advierte de la sistemática acusatoria contemplada en la  Ley  906  de  2004, implicaría necesario que para el momento de la formulación  de  acusación  contase  ella  con  los  elementos  de  juicio  suficientes para  sustentar  su  teoría del caso encaminada a demostrar la inimputabilidad de los  procesados.   

Vale decir, como después de la formulación  de  imputación,  se  despliega  formal  y  materialmente la tarea investigativa  propia  de  la  fiscalía  y  la defensa, ambas en pro de soportar su particular  teoría  del  caso,  para  efectos  de  que,  llegada  la acusación, ya se haya  determinado  cómo  se  afrontará  el  juicio, es en ese espacio que la defensa  debe  acopiar  esos exámenes, simplemente, porque si de ellos se deduce que los  acusados  no  comportaban,  para  el  momento  de  los  hechos,  algún  tipo de  trastorno  que  les  impidiese  conocer la ilicitud de su actuar o gobernarse de  acuerdo  a  ese  conocimiento,  ningún  sentido  tiene  anunciar  al momento de  formularse   la   acusación,   que   la  teoría  del  caso  se  funda  en  una  inimputabilidad  carente  de sustento y, por ende, de imposible demostración en  el juicio.   

No  es  tampoco,  la  etapa  enjuiciatoria,  previo  a  la  realización  de la audiencia de juicio oral, el espacio procesal  adecuado  para allegar esos informes que ya deberían tenerse de antemano, entre  otras  razones,  porque  el  anuncio de que se empleará la inimputabilidad como  teoría  del  caso,  habrá  carecido  de  soporte  y  se  funda  en  la  simple  aleatoriedad,  con  la  posibilidad  de que se carezca de fundamentos defensivos  para  el  juicio,  si  el  informe  allegado  previo  a  su realización resulta  negativo para el trastorno anunciado.”   

Ahora,   no  obstante  que  por  las razones anotadas,    el  momento   idóneo   para   alegar  y  acreditar  la  circunstancia         de         inimputabilidad   es   la   audiencia   de   formulación   de  la  acusación,  la Corte también ha sostenido que ante  la   posibilidad   cierta  de  que  haya  concurrido  algún   tipo   de   trastorno   capaz  de  afectar  la capacidad del infractor de comprender la ilicitud  de   su  comportamiento,  la   defensa   técnica  estaría   obligada,  durante  la  fase  del  juicio, a ejercer    los    actos   de   contradicción       necesarios         para   lograr  la  incorporación  de  los informes periciales correspondientes.25   

Descendiendo   al   caso   concreto,  se  tiene que haciendo  uso  de la potestad prevista en el aludido inciso 2º del  artículo 344, durante la  audiencia  de  formulación  de  la  acusación,  la  defensa   anunció   la   realización  de  algunas  diligencias tendientes a  practicar  examen  psiquiátrico  para  acreditar la  inimputabilidad      de     su     representado26.   

Para  la  práctica  de  esta  pericia  la  defensa   acudió   a   un   profesional   de   la   psiquiatría   de  carácter  particular  cuyo  informe,  sin  embargo, nunca fue  aportado  a  la  actuación  pese  a  que  obran  varios  memoriales  del togado  mediante   los  cuales  procuraba  el  aplazamiento   de   la   audiencia  preparatoria  hasta tanto se  hubiera  emitido  el dictamen respectivo.   

En  la  audiencia  preparatoria la defensa  hizo  el  descubrimiento  del dictamen psiquiátrico que hasta ese momento no se  había  emitido,  elemento material probatorio que si  bien,  fue  admitido  por  la  juzgadora27  no  se  practicó    en    el    juicio    oral    porque    la   defensa   nunca     lo    aportó.   

Es así que lejos de proclamar en  el  juicio  oral la inimputabilidad  de  NÉSTOR RUGELES PINZÓN, el defensor solicitó su  absolución   con  fundamento  en  la  existencia        de        duda  probatoria.   

De  lo  anterior  se sigue que,   aunque   la   defensa   planteó  en  la  audiencia  de  formulación de la acusación  como  hipótesis  defensiva  la  concurrencia  de la  condición  de  inimputabilidad  para el  momento de la ocurrencia de los hechos, no cumplió con la carga  procesal de demostrarlo.   

Para    el    censor,    éste  es  el  defecto imputable al defensor que lo antecedió con  capacidad  de  quebrantar  el  debido  proceso  y el  derecho  de  defensa.  Sin  embargo, para la Sala la  reseña  elaborada enseña todo lo contrario, pues no  necesariamente  del simple  alegato  de inimputabilidad en términos de probable  teoría  defensiva,  esto  es,  sin  un  elemento de  juicio  razonable  que así lo indique, como  sucede  en este caso,  donde no se aportó ningún elemento  material    probatorio    que   pudiera   sugerir   tal   enfermedad,    se    desprende    como   verdad   irrefutable  que  alguna  patología  en    el    infractor   ha   incidido  en   la   realización   del   punible.   

Por el contrario, si en la causa no existe  siquiera  algún indicio  fundado  de  las  circunstancias  capaces  de  determinar la inimputabilidad del  sujeto  activo,  porque  como  en  este asunto,  -incluso  para  fines de  establecer  la  procedencia  de  otorgar  o  no  la  prisión  domiciliaria  por  enfermedad   grave-,  el  Instituto    de    Medicina    Legal    y    Ciencias   Forenses,   dictaminó         a  partir  de  la  información suministrada por el examinado y la  historia  clínica  por  él  aportada,  otra suerte  distinta   de   patologías   a   la  de  carácter  mental28,  no  puede  constituir   un   acto   violatorio  del  derecho  de  defensa  la  no  práctica en el juicio oral   de  la   prueba   pericial  respectiva  por  parte de  la  defensa  técnica,  ni  obliga  al  juez  de  conocimiento  a  intervenir  para  que  se practique tal  experticio.   

De  igual modo,  tampoco  es cierto que el  letrado   no   haya  perseguido  la  obtención  del  dictamen    médico,   pues   varias   fueron   las  citas   a  las  que  el  enjuiciado  concurrió con  tal  propósito, asunto del que enteró oportunamente  al   A-quo.   Distinto  es  que  como  estrategia  defensiva haya omitido        aportar   las  conclusiones  de  rigor,  contentivas   de   la  real  condición  mental  de     procesado.  Al respecto, partiendo de  que  en  principio,  la  intención  de  la  defensa  estuvo   orientada   a  acreditar   esa   condición  de  salud,  no  resultaría  comprensible que no  haya  obtenido  el  dictamen correspondiente, siendo que probó haber pagado por  él;  luego, si el informe  experto  hubiera  dictaminado  la demencia senil para  el     momento     de    la    comisión    de    los    hechos,    seguramente   la   teoría  del  caso  esgrimida  por  la  defensa  no  tendría  por  qué  haber  contemplado  la  duda  probatoria,    sino    la   circunstancia   de   inimputabilidad.   

Lo   anterior,  basta  para  inadmitir  la  demanda.   

Se  concluye  entonces  que,  como la Sala no  observa  flagrantes  violaciones de derechos fundamentales, causales de nulidad,  ni  motivos  que  conduzcan a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente  al  expediente en razón de las finalidades de la casación, la demanda debe ser  inadmitida.   

2.     Sobre     el     mecanismo    de  insistencia.   

Al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos29:   

(ii)   La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

(iii)  La  solicitud  de  insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

(iv) La solicitud respectiva puede tener dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la Sala  decidió  no  seleccionar  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad para  superar sus defectos y decidir de fondo.   

(v) Es potestativo del Magistrado disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia,  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no presentarlo para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario. Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia directamente ante la  Sala de manera oficiosa.   

(vi)  El  auto  a  través  del  cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004, esto es “mediante comunicación escrita dirigida por telegrama, correo  certificado,  facsímil,  correo electrónico o cualquier otro medio idóneo que  haya  sido  indicado  por  las partes”, se establecerá el término de cinco (5)  días  contados a partir de la fecha en que se produzca alguna de las anteriores  formas  de  notificación  al  demandante, como plazo para que éste solicite al  Ministerio  Público  o a alguno de los Magistrados integrantes de la Sala, si a  bien lo tiene, insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud de insistencia supone un estudio ponderado de la solicitud, de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual  no  se  seleccionó  y  de la actuación  respectiva,  se  otorgará  al Ministerio Público o al Magistrado respectivo un  término  de quince (15) días para el examen de la temática planteada, vencido  el  cual  podrán  someter  el  asunto  a  discusión  de  la Sala o informar al  peticionario    sobre    su    decisión    de    no    darle    curso    a   la  petición”.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   NÉSTOR   RUGELES   PINZÓN   contra   la  sentencia  dictada  el  18  de agosto de 2010 por la Sala de Decisión Penal del  Tribunal Superior de San Gil.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y bajo  los  términos  expuestos en la parte considerativa de esta providencia, procede  la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

            

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN  

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Se  reserva  la  identidad  de  la  menor  por virtud  del  numeral  8º  del artículo 47 del Código de la  Infancia y la Adolescencia.   

2 Cfr.  folios 5-8 de la carpeta 1.   

3  Cfr. folios 6-16 de la carpeta 5.   

4 Cfr.  folios 2-8 de la carpeta 4.   

5 Cfr.  folio 12-14 de la carpeta 7.   

6 Cfr.  folios 34-43 ibídem.   

7 Cfr.  folio 19 de la carpeta 9.   

8  Cfr. folios 44-47 ibídem.   

9  Cfr. folios 16 a 18 de la carpeta 10.   

10 Cfr.  folios 87-106 de la carpeta del juicio.   

11  Cfr. folios 74-112 de la carpeta del Tribunal.   

12  Cfr. folios 179-194 ibídem.   

13  Cfr. folio 212 ibídem.   

14  Cfr. folio 213 ibídem.   

15  Cfr. folio 113 de la carpeta del Tribunal.   

16  Cfr. folio 195 ibídem.   

17 En  este sentido ver sentencias C-619 de 2001 y C-200 de 2002.   

18  Sobre  el  particular  ver  entre  otras,  sentencias  T-538  de 1994 y T-744 de  2005.   

19  Se  acepta  en  gracia  de  discusión como válido  lo  afirmado  en  el  expediente,  en cuanto a que el memorial presentado por la  defensa se extravió.   

20 En  ese  sentido,  la  Sala  en  sede de casación: “…4.la Sala reitera, que las  constancias  secretariales  cumplen un objetivo exclusivamente informativo, toda  vez  que,  los  funcionarios que las elaboran y signan no están facultados para  modificar,  trasformar,  alterar,  sustituir  o  crear  disposiciones legales de  ninguna  índole,  sino  para  ejercer  un  control  formal  en  las actuaciones  procesales,  de  la  mano  de las normas que deben cumplir y respetar; de suerte  que  las  constancias  no revisten un carácter esencial, material ni vinculante  para  las  partes  y  menos aún para los mismos administradores de justicia”.   

21  Auto  de  única  instancia,  23  de  marzo de 2010,  radicación 32792.   

22  En  decisión  del  23 de marzo de 2010, radicado de  única  instancia  32792,  la  Sala dejó sentada la necesidad de acoger    la    tesis    que   resulta  más  protectora  a  los  principios  en juego, así dijo: “Es claro, entonces, que el criterio que debe  predominar  en  esta  clase  de  asuntos es aquel proteccionista de los derechos  constitucionales  de  los  sujetos  procesales,  como  lo ha considerado la Sala  Penal  en  sede de tutela,  pues,  los  errores  en los que incurre la Administración de Justicia dentro de  su marcha, no deben y no pueden ser soportados por aquéllos”.   

23  Corte   Suprema   de  Justicia,  Sala  de  Tutelas,  radicación   13726,   10   de   junio  de 2003.   

24  Cfr.  sentencia  del  23  de abril de 2008. Radicado  29.118.   

25  Ibídem.   

26  Cfr.   folio   12   de   la   carpeta   No.  7  del  expediente.   

27  Cfr.   folios   34-43   de   la   carpeta   7   del  expediente.   

28  Cfr. folios 60-62 de la carpeta 9 del expediente.   

29  Auto del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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