35394(16-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35394  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                 Magistrado Ponente:   

                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                         Aprobado acta N° 48   

Bogotá   D.   C.,  (16)  de  febrero  de  dos  mil  once  (2011)   

V I S T O S  

La  Corte  decide  de  plano el incidente de  impedimento  propuesto  por  los  Magistrados  de la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  doctores WILLIAM  ROMERO   SUÁREZ  Y  AUGUSTO  ENRIQUE   BRUNAL  OLARTE,  quienes  se  inhibieron  de  conocer  del  recurso  de  apelación interpuesto por el defensor de CIRO SÁENZ  GARAVIS  contra la sentencia de primera instancia emitida el 23 de julio de 2009  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Conocimiento Adjunto  de  descongestión  de  Cundinamarca  mediante  la cual se le condenó a la pena  principal  de  cuatro  (4)  años  de  prisión  por  el  delito  de tráfico de  sustancias para el procesamiento de narcóticos.   

HECHOS  

Dijo el fallo de primer grado que en horas de  la  noche  del  17  de  julio  de  2009  varios miembros de la Policía Judicial  encontraron  a  BENJAMIN  y  CIRO SÁENZ GARAVIS en una casa ubicada en la finca  “Las  Margaritas” del municipio  de  Tocaima  (Cundinamarca)  muy  cerca  (25  metros)  de un laboratorio para el  procesamiento  de  narcóticos,  donde se hallaron, entre otros elementos, siete  (7) kilogramos de permanganato de potasio.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Iniciada la  actuación  penal  bajo  una  sola  cuerda  procesal  en  contra  de  los SÁENZ  GARAVIS,   en  desarrollo  de  la audiencia de formulación de imputación,  CIRO  SAENZ  aceptó  los  cargos  relacionados  con  el  delito  de tráfico de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos  (artículo 382 del Código  Penal),    por    cuya    razón    el    Juzgado   Primero   Penal  del  Circuito  Especializado  Adjunto de descongestión de  Cundinamarca  lo  condenó  a  las  penas  principales  de  cuatro  (4) años de  prisión  y  multa  de  mil  trescientos treinta y tres mil punto treinta y tres  (1,333.33)  salarios  mínimos  mensuales legales vigentes. Este fallo proferido  el  23 julio de 2009 fue apelado por la defensa y  suscitó la declaratoria  de  impedimento  de  los  Magistrados  WILLIAM  ROMERO SUÁREZ y AUGUSTO ENRIQUE  BRUNAL OLARTE.    

2.  El trámite  continuó,  por  separado,  en contra de BENJAMÍN SÁENZ GARAVIS quien luego de  realizada  la  audiencia  de  juicio  oral  fue  condenado  por el mismo Juzgado  Especializado.  Impugnado el fallo y tramitado el recurso recibió confirmación  a  través  de  sentencia  ordinaria del 5 de noviembre de 2010 proferida por la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca integrada por los  magistrados  WILLIAM  EDUARDO  ROMERO  SUÁREZ  y AUGUSTO ENRIQUE BRUNAL OLARTE.   

3. La sustentación  escrita  del  recurso de apelación interpuesto contra la sentencia condenatoria  de   CIRO  SÁENZ  GARAVIS,  dictada  en  el  trámite  abreviado  debido  a  la  aceptación  unilateral  de la imputación, se circunscribió a la dosificación  punitiva.  En  la  petición  final  elevada  a  la  Sala  penal del Tribunal de  Cundinamarca, el recurrente manifestó:   

“Conforme con lo  anteriormente  expuesto  de  manera respetuosa solicito, Honorables Magistrados,  se  sirvan  modificar el fallo anticipado, objeto de alzada, en cuanto tiene que  ver  a la punición señalada, dando aplicación a la prevenida en el inciso 2º  del  art.  382  del  C.P.,  misma  que  una vez individualizada de acuerdo a los  derroteros  del  art.61  del  C.P.,  deberá  fijarse  en treinta y dos meses de  prisión  y  multa  de  6.66.5  S.M.L.M.V,  sustituida  esta última por trabajo  social  no  remunerado  (flo.  52 c.o. 1) pues estimó la defensa que la penas a  imponer   es   la   de   treinta   y  dos  meses  (32)  de  prisión”.    

4. Al corresponder  la  impugnación  a  los  mismos  Magistrados  que desataron la alzada del fallo  ordinario  condenatorio  de  BENJAMÍN  SÁENZ  GARAVIS  que hizo relación a la  responsabilidad  penal  del sentenciado, se inhibieron de asumir su conocimiento  al  considerar  que  en  ellos  concurre la causal de impedimento prevista en el  numeral  4°  del artículo 56 de la Ley 906 de 2004, esto es, haber manifestado  su  opinión  sobre  el  asunto materia del proceso, para lo cual expusieron los  siguientes argumentos:   

“(…) al conocer en segunda instancia del  recurso  de  apelación  incoado por la defensa técnica del procesado Benjamín  Sáenz  Garavis  contra el fallo condenatorio proferido por el Juzgado 1º Penal  del  Circuito  Especializado  Adjunto  de  Descongestión de Cundinamarca por el  delito  de tráfico de sustancias para el procesamiento de Narcóticos (radicado  25307  60  00 658 2009 00298 02), comprometimos nuestro criterio al vernos  precisados  a  valorar y dar alcance a los medios de prueba  practicados   en   el   juicio   oral   (resaltado  distinto del texto) adelantado  contra  el  referido ciudadano, el cual giró en torno de los mismos hechos y el  mismo    delito   frente   al   cual   Ciro   Sáenz  Garavis  se allanó, dando origen a la emisión de la  sentencia    anticipada    confutada”.  1   

Estimaron  que con los análisis probatorios  (cuyos        apartes        relevantes       transcribieron)       “comprometimos    nuestro   criterio  respecto  a  la  ilicitud  de  los hechos que son materia de debate y realizamos  valoraciones  que  guardan  estrecha  relación con aspectos frente a los cuales  gira  el  recurso  de  apelación  interpuesto por el  defensor       del       procesado”.2   

5. Para efectos del  trámite  previsto  en el art. 58 A de la Ley 906 de 2004 el asunto fue conocido  por  el  tercer magistrado integrante de la Sala, Doctor EDWAR ENRIQUE MARTÍNEZ  PÉREZ,  quien  mediante  auto del 10 de noviembre de 2010 rechazó la causal de  inhibición   invocada   y   remitió   la   actuación  a  ésta  Corporación.   

La  Corte  a  través  de  auto  del  24  de  noviembre   precisó   que   del   impedimento  manifestado  por  un  Magistrado  “conocen  los demás que  conforman   la  Sala   respectiva”.   Habiendo  verificado  que  dos  eran los Magistrados que expresaban estar impedidos, dicha  declaración  no  le  confería  competencia  al  restante para decidir el tema,  siendo  necesaria  la integración de la Sala al menos con la pluralidad mínima  (sorteo  de  conjueces).  En  consecuencia  determinó  abstenerse de decidir el  impedimento   y   dispuso  la  devolución  de  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

La  nueva  Sala  (constituida  legalmente)  determinó  rechazar  la  causal  de  impedimento  y  remitir  la carpeta a esta  Corporación para lo de su cargo.   

Las  razones  de  dicha  postura  fueron las  siguientes:   

“(…)  no  se  discute  que  los  procesos a los cuales se ha hecho referencia devienen de unos  mismos  supuestos  fácticos  e inclusive acusación por el mismo injusto penal,  no  obstante  lo  anterior, para el caso de Ciro Sáenz Garavis la decisión que  debe  adoptarse no guarda relación con los aspectos objeto de pronunciamiento y  sobre  los  cuales  erigen  la causal de impedimento invocada, pues es claro que  dada  la  naturaleza  ordinaria de la sentencia proferida en contra de Benjamín  Sáenz  Garavis los Magistrados aún cuando efectivamente realizaron valoración  probatoria,   su   pronunciamiento   de  fondo  giró  exclusivamente  sobre  la  responsabilidad  que  le  cabía o no al precitado procesado  respecto a la  conductas  punible  endilgada,  aspectos  éstos que no  comportan  objeto  de  pronunciamiento  para  el  caso  concreto  de Ciro Sáenz  Garavis,  dada  la  naturaleza excepcional-allanamiento, pues la decisión sobre  los  aspectos sustanciales ya vienen determinados por la voluntad de las partes,  en  consecuencia  mal  entonces  podría predicarse la  causal  de  impedimento  invocada,  máxime  cuando el  objeto  de apelación versa sobre el ámbito punitivo a imponer y normativamente  está  vedado  para  esta  clase  de procesos impugnar aspectos probatorios o de  responsabilidad    a    los    cuales   se   renuncia   expresamente”.3   

Adicionalmente,  con  apoyo  en  referentes  jurisprudenciales  de  la  Corte,  expuso  que  cuando  la  norma  relaciona  el  antecedente  “opinión  o  consejo”,  necesariamente  remite  a un tipo de actuación extraprocesal, ajena al estricto cumplimiento de  administrar justicia deferido al mismo por razón de su cargo.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  La Corte es  competente  para  decidir  lo relacionado con el impedimento manifestado por los  Magistrados   de   la   Sala   de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  según   lo  dispuesto  en los artículos 58A del Código de  Procedimiento  Penal adicionado por el art. 83 de la ley 1395 de 2010 y art. 341  de la Ley 906 de 2004.   

2.    El  instituto  de  los  impedimentos  se  estatuyó  con  el  fin  de  garantizar al  conglomerado  social que el funcionario judicial llamado a resolver el conflicto  jurídico,  es  ajeno  a cualquier interés distinto al de administrar una recta  justicia  y,  en  consecuencia,  que  su  imparcialidad y ponderación no están  afectadas por circunstancias ajenas al proceso.   

Por   tal  motivo,  la  manifestación  de  impedimento  del  funcionario  judicial debe ser un acto unilateral, voluntario,  oficioso  y  obligatorio  ante la concurrencia de cualquiera de las causales  que de modo taxativo contempla la  ley,  para  negarse  a conocer de un determinado proceso, con lo cual se excluye  la analogía o la extensión en su aplicación.   

Igualmente,  dicha manifestación impeditiva  debe  estar soportada dentro de los cauces del postulado de la buena fe que rige  para  todos  los  sujetos  procesales  y para el funcionario judicial, pues este  instituto  no  debe  servir  para  entorpecer o dilatar el transcurso normal del  proceso   penal   o   para   sustraerse,  indebidamente,  a  la  obligación  de  decidir.   

2.  Así mismo, en  cuanto  a  las  exigencias  que  debe  contener la manifestación de impedimento  hecha  por  el  funcionario judicial, se hace necesario que la Corte recuerde lo  que la jurisprudencia ha dicho:   

“El impedimento  es  un  instrumento para conseguir la exclusión del funcionario de determinados  asuntos         a        él        asignados4,   por  la  concurrencia  de  ciertas  circunstancias taxativamente establecidas en la ley, que tienen aptitud  suficiente  para  influir  en  sus decisiones, con el objeto de conseguir una de  las  finalidades  pretendidas  por  el trámite procesal, esto es, una decisión  imparcial,  ecuánime, objetiva y recta, a partir de asegurar que los juzgadores  únicamente están sujetos a la Constitución y las leyes.   

La    declaración    de   impedimento      por     parte     del     funcionario   judicial   se  caracteriza por ser un acto unilateral, voluntario, oficioso  y  obligatorio  ante  la presencia de cualquiera de los supuestos de exclusión,  que  se encuentra regida por la taxatividad de las causales de impedimento y por  su debida fundamentación.   

Por  ser  taxativas, las causales invocadas  deben  estar previstas en la ley expresamente, sin que haya lugar a analogías o  a  pretendidos  afanes  protectores  de  esquemas  por  encima de las garantías  esenciales     de     carácter    constitucional5;  en  consecuencia,  no  todo  escrúpulo,   incomodidad   o  inquietud  espiritual  del  juzgador  basta  para  separarlo  del conocimiento de un determinado asunto6.   

En virtud de la fundamentación, es menester  que  el funcionario, además de invocar la causal en la cual basa su separación  del  proceso, exprese con precisión las razones por las cuales considera que se  halla  en  el  supuesto  de  hecho de la causal, con indicación de su alcance y  contenido,  capaz  de  alterar  su  capacidad objetiva y subjetiva para decidir,  pues  por tratarse de un estado interno de ánimo que otro funcionario habrá de  valorar,  sólo  puede  ser conocido a través de lo expresado por el sujeto que  lo   vivencia7;  sin  esto, o con un enunciado genérico o abstracto, se presenta  una  motivación insuficiente, que puede llevar al rechazo de la declaración de  impedimento8.   

“Además de lo  anterior,  es  necesario  que  la  causa del impedimento sea real, es decir, que  verdaderamente  exista,  pues  resulta  insuficiente  la  sola  afirmación  del  funcionario  que  se  declara  impedido,  para  apartarse  del  conocimiento del  asunto.9”(Negrillas    ajenas    al    texto).10   

3.   Análisis del Caso en Concreto   

En  el  evento  que ocupa la atención de la  Corte,  los  Magistrados  de la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Cundinamarca,  doctores  ROMERO SUÁREZ y BRUNAL OLARTE  invocaron  la  causal  prevista  en el numeral 4° del  artículo  56  de  la  Ley  906 de 2004 para inhibirse de tramitar la apelación  presentada   por  el  defensor  de  CIRO  SÁENZ  GARAVIS  contra  la  sentencia  condenatoria   emitida  el  23  de  julio  de  2010  en  un  trámite  abreviado  (allanamiento  a  la  imputación)  indicando que emitieron su opinión sobre el  asunto  materia  del  proceso  en  la  sentencia ordinaria del 5 de noviembre de  2010,  mediante  la cual confirmaron la condenatoria de primer grado que afectó  a BENJAMÍN SÁENZ GARAVIS   

4. Ha sido reiterada  la  jurisprudencia  de la Corte en señalar que no toda opinión sobre el objeto  del  proceso  conlleva  la  solución del impedimento, sino sólo aquella que se  produce  extraprocesalmente.  Del  mismo modo ha destacado que la opinión capaz  de  tener  aptitud  para  soportar  la  declaratoria  de  impedimento debe tener  entidad,  ser  sustancial,  vinculante, de fondo, que constituya una barrera que  ate   el   juicio   del   juzgador  y  que  le  impida  actuar  con  libertad  e  imparcialidad.     11   

Respecto de lo que es materia de controversia  la  Sala  en  diversas  oportunidades  ha  expresado  que  el  instituto  de los  impedimentos  y las recusaciones tiene una clara fuente constitucional, pues, de  un  lado,  el artículo 228 de la Carta Política dispone que la administración  de  justicia es función pública y que sus decisiones son independientes, y, de  otro,  el  artículo  230  de la misma prevé que en sus providencias los jueces  sólo están sometidos al imperio de la ley.   

En    desarrollo    del    principio   de   imparcialidad  que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales, la legislación procesal ha previsto una  serie  de  causales  de  orden  objetivo y subjetivo por virtud de las cuales el  juez   debe  declararse  impedido  para  decidir,  garantizando  a  las  partes,  terceros,  demás  intervinientes  e  incluso  a  la  comunidad  en  general, la  transparencia y rigor que orienta la tarea de administrar justicia.   

Empero,  como  a  los  jueces  no  les está  permitido  separarse  por  su  propia voluntad de las funciones que les han sido  asignadas,  y  a  las partes no les está dado escoger libremente la persona del  juzgador,  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del conocimiento de un caso  determinado  a  un  juez  o magistrado no pueden deducirse por analogía, ni ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas con  carácter  de  orden  público,  fundadas en el convencimiento del legislador de  que  son  éstas  y  no  otras  las  circunstancias fácticas que impiden que un  funcionario   judicial  siga  conociendo  de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la  decisión compromete la independencia de la administración de  justicia  y quebranta el derecho fundamental de los asociados a obtener un fallo  proferido     por    un    tribunal    imparcial.12   

Son,  estos,  los  parámetros  que  han  de  gobernar  el  examen  de lo postulado por los funcionarios adscritos al Tribunal  de   Cundinamarca  conforme  los  hechos  que  sustentan  su  manifestación  de  impedimento  y  la  causal  que  se  aduce  para  separarse del conocimiento del  asunto.   

Cabe  relievar  que  para la separación del  conocimiento  del  asunto  es  menester  verificar en el caso concreto, cómo la  intervención  previa  del  funcionario  representa  un verdadero compromiso que  puede  ir  en desdoro de la imparcialidad suya o de la confianza de la comunidad  en su actuación.     

Esto  se anotó, sobre ese punto, en auto en  cuyos     apartes     pertinentes     se     dijo13:   

“Precisamente,  en  punto  del  impedimento  manifestado por el juez, no puede pasar por alto la  Corte,   dentro  de  las  funciones  pedagógicas  que  le  competen,  cómo  el  funcionario  no  sólo  reitera  una  cuestión  que  ya había sido planteada y  resuelta  previamente  por  el  Tribunal, sin que los hechos que dieron lugar al  pronunciamiento  hayan  cambiado  al  presente,  sino  que  lo hace a través de  manifestaciones  genéricas,  obviando  definir concretamente por qué en cabeza  suya  se  cubre  alguna de las causales taxativamente enunciadas en el artículo  56 del C. de P.P.      

No  es,  debe  relevarse,  a  través  de  enunciados  abstractos,  de  ninguna  manera  consagrados  en la ley como causal  específica  de  impedimento,  que  la cuestión puede ser planteada y resuelta,  dado  que,  en  ausencia  de  esa  expresa  delimitación  legal, corresponde al  funcionario,  en  sede  de  impedimento,  o  a  las partes, si de recusación se  trata,  establecer  cuáles  son  las circunstancias específicas que determinan  afectado  el  principio  de  imparcialidad  y  cómo  ello  incide  en  el  caso  concreto.   

Porque,  es  preciso  anotarlo, si se trata  apenas  de  significar que la causal se deriva inferida de que el Juez Penal del  Circuito  Especializado,  previo al adelantamiento de la actuación que ocupa la  atención    de   la   Sala,   emitió   sentencia   de   condena   –por  las  vías  extraordinaria,  del  allanamiento  a  cargos, y ordinaria-, en contra de otros de los involucrados en  los  hechos, ello por sí mismo no puede conducir, sin referente individual a un  tipo  de actuación precisa y a un compromiso concreto con la imparcialidad o el  adelantamiento   de  una  opinión  o  concepto,  a  significar  automática  la  existencia  de  una  circunstancia  de  separación del conocimiento del proceso  que,  se  repite,  ni  siquiera aparece taxativamente enunciada en la ley.    

Debe  recordarse,  además,  que  sobre  el  tópico  específico  de  la  actuación  del  juez  de conocimiento en sede del  trámite  dispuesto  en  la  Ley 906 de 2004, respecto de eventualidades como la  tratada,  ya la Corte se pronunció, en decisión de la cual se resalta su plena  vigencia,       del       siguiente       tenor14:   

Frente  al  nuevo modelo de enjuiciamiento,  tales  exigencias  decantadas  por  la jurisprudencia para la configuración del  aludido  motivo  de  impedimento,  conservan  su alcance y validez, ya que en el  juicio,  oral,  público  y  concentrado los hechos son llevados al conocimiento  del  juez  por  las  partes  (acusador  –  imputado), a través de los medios de  prueba  previamente  descubiertos  y  aceptados,  y por lo tanto es el juicio el  escenario  en  el  que   las  partes  ejercen  su  derecho a controvertir y  participar  en  formación  de  las  pruebas,  teniéndose  en  consecuencia por  pruebas  en  las  que  se basará la sentencia únicamente aquellas producidas o  incorporadas  en  forma oral, concentrada y sujeta a contradicción ante el juez  de  conocimiento  (sólo  excepcionalmente  en los específicos casos señalados  por  la  ley  son válidas las recogidas ante el juez de control de garantías),  razones  por  las que resulta menos probable que el juzgador se vea afectado por  preconceptos  que  puedan  afectar  su  recto  criterio  en  la  decisión de un  caso”.   

Como  se  ve,  la  Corte  estimó  necesario  precisar  que en todos los casos debe hacerse una evaluación específica de los  hechos  y  la  intervención  concreta  del  funcionario  o  funcionarios,  para  establecer  si  efectivamente hubo o no concepto o análisis previo que ponga en  tela  de  juicio  la  independencia  o  imparcialidad  del  juez  unipersonal  o  colegiado,  retomando  el  criterio  que  hasta  la  expedición de la Sentencia  25.407, venía gobernando el examen de los impedimentos.   

Pero,  para  que  no  quepan  mayores dudas,  expresamente   la  Corte,  en  posterior  decisión15,  se  ocupó de lo expresado  el   21   de   marzo   de  2007  en  torno  al  tema,  haciendo  las  siguientes  precisiones:   

“Criticó  la  libelista  que  la  Juez  Once  Penal  del  Circuito  de Bogotá que aprobó los  preacuerdos  con  Marco Antonio Pérez (primer capturado) a cambio de excluir la  imputación  por secuestro y con John Jairo Pineda Corredor (escolta del furgón  y  segundo  coimputado)  a  cambio del 50% de descuento punitivo estaba impedida  para juzgar a su pupilo.   

Sin  embargo,  como  la Juez Once Penal del  Circuito  de  Bogotá  ya había aprobado los preacuerdos en el mes de diciembre  anterior,   y   en  virtud  de  ellos  sentenció  a  dos  de  los  partícipes,  “debió   declararse  impedida   para   tramitar  el  juicio”  en contra el imputado no allanado, porque al hacerlo “afectó    el   principio   de   la  imparcialidad  del  juez”,  sin    que    ello   quiera   decir   que   la   juez   sea   una   “mala        persona”16  (así  lo  precisó  en la  audiencia de sustentación del recurso de casación).   

Al apreciar la argumentación de la censura  y  las  alegaciones  que  sobre  ella  hicieron  tanto  el Fiscal como el señor  Procurador    Delegado,    la    Sala    encuentra    oportuno    precisar    lo  siguiente:   

i)  El conocimiento del precedente que  fundamenta  la incompatibilidad del juez para realizar juzgamientos sucesivos de  los  copartícipes  no  allanados  implica,  en  todo caso, que en esa actividad  sucesiva  se  vea  comprometido  de  alguna manera el  principio  de  imparcialidad  del  juez, que es lo que  realmente  “contamina al  funcionario”   y   por  consiguiente  afecta  la  independencia y la confiabilidad en la Administración  de justicia.   

Es   equivocado   entender   “como         regla”  que la imparcialidad del juez está  en  entredicho  siempre que tramita un proceso con múltiples vinculados y en el  desarrollo  del  mismo unos optan por preacordar los términos de la imputación  y  otros  no.    La  motivación  de la sentencia del radicado número  25407  del  21/03/2007  de ninguna manera se puede convertir en instrumento para  suponer  causales  de  impedimento  o  de  recusación donde no las hay, ni para  dilatar procesos penales injustificadamente.   

La  regla  del  pensamiento es la   habilitación  de  los  jueces  de  la  República  y  consiste en que no se puede poner en  entredicho  (por sí) la imparcialidad del juez que tramita un proceso penal con  múltiples  imputados  cuando en el curso de proceso hay preacuerdos;   no  siempre que un juez declara su validez y condena en el  trámite   de  un  preacuerdo  o  allanamiento  se  afecta la imparcialidad  (Suya)   en   relación   con   el   juzgamiento   de   los   copartícipes   no  allanados.   

El  problema  aquí  se contrae a que tanto  John  Jairo  Pineda  (el  escolta  del furgón de la empresa) como Marco Antonio  Pérez  Riaño  (el  primer  capturado)  el  14  de  diciembre de 2006 aceptaron  libremente  su  compromiso  con  la  conducta punible y, en los términos de los  artículos  350  y  351  del  C. de P.P. preacordaron su responsabilidad penal a  cambio     de     obtener     algún     descuento     punitivo,    más  el  compromiso  de comparecer como  testigos   delatores   en   el  juicio,  brindando  información  fidedigna  que  permitiría  la  judicialización  de otro u otros coautores comprometidos en el  mismo hecho punible.   

En  virtud  del  preacuerdo  los  dos  se  comprometieron,  de  ser  necesario,  a  sostener  su dicho bajo la gravedad del  juramento  rindiendo  testimonio en el eventual juicio oral.  (Cfr. Fls. 58  –    63;     72  –  77).  Por efecto  de  los  preacuerdos  se  rompió  la  unidad  procesal  para  sentenciar  a los  allanados.   

De  modo  que el 14 de diciembre de 2006 la  Fiscalía     presentó    escrito    de    acusación    contra    MARLON  PÉREZ, cuya audiencia de juicio  oral  y  público  se  celebró  el  12  de marzo de 2007 (fls. 153 – 157)   

Cuando  la  Juez  Once  Penal  del Circuito  aprobó   los   preacuerdos  y  sentenció  a  los  dos  primeros  copartícipes  tenía    la    prueba    para   condenar   a   los  allanados,  mas no sucedía lo mismo en relación con  PÉREZ ZABALETA quien optó  por  comparecer  al  juicio  con la expectativa (válida en todo caso) de que la  Fiscalía  no  tuviera  la  prueba  suficiente  para sacar avante su teoría del  hecho.   

Sin  embargo,  en virtud de los preacuerdos  con  Pérez  Riaño  y  con Pineda Corredor, la tesis de la Fiscalía contó con  mayores  elementos de convicción (el testimonio juramentado en audiencia de dos  coimputados,  testigos,  delatores)  que le ofrecieron al juez mayores elementos  persuasivos    en    relación    con   la   responsabilidad   de   MARLON   PÉREZ,   quien   –a   su  turno-  no  contaba  con  la  incriminación  de  sus  propios  compañeros de empresa delictiva, siendo dable  destacar   también   que    tales   imputaciones   (que  solo  vinieron  a  materializarse  en  el  futuro  juicio  oral) no formaban parte de los medios de  convicción  para  el  momento en que el juez dictó las sentencias anticipadas,  de  donde  se  colige  que  el  par  de  testimonios incriminantes (que nacieron  jurídicamente,  se  insiste,  en el juicio oral) solo pudieron conocerse por el  sentenciador   como  –si  así     pudiera     llamarse-     ‘prueba        nueva’   respecto   del   acervo  probatorio  obrante  respecto  del  hoy  recurrente en casación.   

La  teoría  del  caso  que  presentó  la  Fiscalía  en  el  juicio le permitió al Juez persuadirse de la responsabilidad  penal  del  acusado, más allá de toda duda (art. 7 en conc. Art. 381 del C. de  P.P.).   

Entonces: Lo que impide al juez sentenciar a  los   coimputados   no   allanados  es  haber  participado  dentro  del  proceso  “…con    entidad  suficiente   para  comprometer  su  imparcialidad y su criterio”17,        “(…)  bajo el presupuesto de que el juez  del  conocimiento  accedió  a  información amplia, probatoriamente refrendada,  sobre  el  problema  central en torno del que gira la controversia que se debate  en  el  expediente”,  es  decir,     la     responsabilidad    de    el    no  allanado:   

Lo que se debatía en la audiencia de juicio  oral  y  público  que se realizó el 12 de marzo de 2007 (fls. 153 –  157)  era  la  responsabilidad  de  MARLON PÉREZ, sobre la que  el  juez  Once  Penal  del  Circuito  no  tenía  el convencimiento “más  allá  de toda duda”  que comprometiera su imparcialidad,  objetividad  e independencia como juez de la República, simplemente porque para  ese  momento no tenía la información relevante que le permitiera (…) adoptar una postura ideológica con  respecto     del     mérito     de     la     responsabilidad     (…)      del      partícipe     no  allanado.   

Por     esa    razón    –reitera   la   Sala-   no  es  viable  asumir  de  entrada y sin crítica que, cuando unos  imputados  se  allanan  y  otros no, el juez que aprobó el primer acuerdo queda  impedido  para  conocer  de  la  responsabilidad penal de los demás.”   

Suficiente  lo  ampliamente  transcrito  en  precedencia,   para   fijar   el   sentido  que  para  la  Corte  tiene  hoy  la  manifestación  de impedimentos, su naturaleza y forma de demostración, pues si  tales  antecedentes  operan  frente  a  casos  en  los que se discute la posible  anticipación  de  criterio del juzgador respecto de la responsabilidad penal de  una  persona,  con  mayor  razón resultan valederos frente a hipótesis como la  que  es materia de estudio, en la cual lo que constituye materia de debate es si  la  dosificación  punitiva  realizada  en  sede de primera instancia está o no  ajustada  al  principio de legalidad de las penas, toda vez que la inconformidad  del   defensor   apelante   está  circunscrita  estrictamente  a  tal  aspecto.   

El  tema que analizaron los funcionarios que  manifestaron  su  impedimento, en la sentencia ordinaria de segunda instancia de  5  de  noviembre  de  2010  y sobre el cual hicieron pronunciamiento de fondo (u  opinión  si  se  quiere),  giró sobre el compromiso penal de BENJAMÍN SÁENZ,  actividad  que implicó valoración probatoria de los elementos recaudados en el  juicio  oral. El asunto que deben decidir los mismos servidores judiciales en la  actuación  dentro  de  la  cual  expresan  tener  comprometido  su  criterio es  sustancialmente  diferente a la materia reseñada anteriormente, en la medida en  que  CIRO  SÁENZ  de  manera  voluntaria  y asesorado por su defensor apelante,  admitió  sin  condicionamiento  alguno su responsabilidad penal  sobre los  hechos  materia de imputación.  En la impugnación del fallo condenatorio,  no  pretende  plantear  ningún asunto que implique retractación de lo aceptado  (en  principio  se  predica  la irretractabilidad  y no tendría interés y  legitimidad  para  recurrir)  sino  discutir los montos y cuantías de las penas  principales impuestas por el fallador de primera instancia.   

A pesar de existir unidad fáctica (tráfico  de  permanganato  de  potasio),  los  objetos  de  los pronunciamientos resultan  notoriamente  disímiles;  en  un  caso  los  magistrados, luego de un ejercicio  probatorio  concluyeron que  BENJAMÍN SÁENZ, más allá de cualquier duda  relevante,  había  ejecutado  una conducta punible. En el otro, luego de que el  acusado  CIRO  SÁENZ  admitiera  plenamente  su responsabilidad criminal, deben  limitarse  a  determinar  si  la  pena  impuesta por el a quo resulta acertada o  no.   

Tales  circunstancias  permiten advertir con  facilidad  que   en  los  magistrados  de  la  Sala  de Decisión Penal del  Tribunal  de  Cundinamarca  no  se  configura la causal de impedimento invocada,  razón  por  la  cual deben asumir con plena competencia el análisis del asunto  que  en segunda instancia, por impugnación del fallo condenatorio proferido por  el a quo, ha llegado a sus manos.   

No   puede  avizorarse  ningún  grado  de  afectación  de  la  imparcialidad  de  quienes  se declaran impedidos cuando se  demanda  de  ellos  una  decisión  sobre  la  cual no han hecho pronunciamiento  anterior fuera del proceso y tampoco dentro del mismo   

No constituye compromiso de la imparcialidad  que  el  colegiado al que le correspondió conocer la alzada contra la sentencia  condenatoria,  haya  realizado  una  evaluación  probatoria  porque  de ninguna  manera  esa  decisión  judicial puede siquiera por analogía definirse como una  “opinión”         o         “consejo”,   para   utilizar   los   términos  consignados  en  la  causal  4°  del  artículo 56 de la Ley 906 de 2004, si se  quiere  extender  el  problema  para detectar si aflora ostensible algún motivo  que justifique la separación del conocimiento.   

De manera reiterada la Corte ha explicado que  cuando   la  norma  relaciona  el  antecedente  previo  consistente  en  que  el  funcionario  haya  dado  opinión  o consejo, necesariamente remite a un tipo de  actuación  extraprocesal,  ajeno  al  estricto  cumplimiento  de  la  labor  de  administrar  justicia  deferido  al  mismo  por  razón  de  su  cargo, pues, se  reitera,  si lo manifestado se consigna formal y materialmente en una decisión,  ello  supera con mucho esa informalidad a la que remite la causal en cita y cuyo  fin  es precisamente evitar que lo expresado por fuera del proceso sea reiterado  en  este  poniendo  en  entredicho  la seriedad e imparcialidad de quien así ha  actuado.   

Reza el numeral 4° del artículo 56, tantas  veces citado:   

“Que   el  funcionario  judicial  haya sido apoderado o defensor de alguna de las partes, o  sea  o  haya  sido  contraparte  de  cualquiera  de ellos, o haya dado consejo o  manifestado   su  opinión  sobre  el  asunto  materia  del  proceso”.   

No  se  materializa,  entonces, en el asunto  examinado,  la  causal  de  impedimento  aducida  por los magistrados de la Sala  Penal  del  Tribunal  de  Cundinamarca,  ni  ninguna  otra,  para  separarse del  conocimiento   del   asunto  ahora  sometido  a  su  consideración  en  segunda  instancia.   

Como las causales de impedimento se advierten  expresas,  en  cuanto  excepción  a  la  competencia  legalmente deferida a los  funcionarios,    motivo   suficiente   para   que   no   quepan   analogías   o  interpretaciones  subjetivas,  debe  concluirse  carente  de  asidero  legal  la  manifestación de los magistrados en cuestión.   

Respecto  de  esa  manifestación  la  Corte  encuentra  discutible  la existencia de algún factor que ponga en entredicho la  imparcialidad  de  los  funcionarios  o afecte la credibilidad y confianza de la  comunidad   en   el   cometido   de   justicia   que   debe   animar   la  labor  judicial.   

En  síntesis,  carecen  de  fundamento  los  motivos  de  impedimento  expuestos  por  los  doctores  WILLIAM  EDUARDO  ROMERO  SUÁREZ  y  AUGUSTO  ENRIQUE  BRUNAL   OLARTE,   razón   por  la  cual  la  Corte  declarará  infundada  tal  inhibición.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

DECLARAR     INFUNDADO    el    impedimento    manifestado    por   los   doctores  WILLIAM ROMERO SUÁREZ y AUGUSTO ENRIQUE  BRUNAL   OLARTE,   Magistrados  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  para  conocer  del  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  de  CIRO  SÁENZ  GARAVIS  contra la sentencia condenatoria de primera  instancia.  En  consecuencia,  se  dispone  que  intervengan  en  su  trámite y  decisión.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                      FERNANDO ALBERTO. CASTRO CABALLERO     

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                                                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                        

             Cita medica   

MARIA    DEL    ROSARIO   GONZALEZ   DE  LEMOS                                          AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                                                    JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Página 18 cuaderno 2ª instancia.   

2  Página 17 cuaderno 2ª instancia.   

3 Folio  52 Cuaderno Segunda Instancia   

4 Corte  Suprema  de  Justicia.,  Sala  de  Casación  Penal.  Auto  de septiembre 1º de  1994.   

5 Corte  Suprema   de   Justicia.,   Sala   de  Casación  Penal.  Auto  de  julio  6  de  1999.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia.,  Sala  de  Casación  Penal.  Auto  de  noviembre  11 de  1994.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia.,  Sala  de  Casación  Penal. Auto de mayo 17 de 1999; en  sentido similar auto de septiembre 1º de 1994.   

8 Corte  Suprema  de  Justicia.,  Sala  de  Casación  Penal. Auto de mayo 20 de 1997; en  sentido  similar  auto  de  diciembre  2  de  1992  y  auto  de  febrero  22  de  1996.   

9 Corte  Constitucional.  Auto  022 de julio 22 de 1997. Magistrado ponente, doctor Jorge  Arango Mejía.   

10  Corte  Suprema de Justicia., Sala de Casación Penal. Rad. 16947, auto del 19 de  julio de 2000.   

11  Ver,  entre otros, Corte Suprema de Justicia., Sala de Casación Penal. Auto del  19 de julio de 2000.   

12  Corte  Suprema  de Justicia., Sala de Casación Penal.  Auto    de    19   de   octubre   de   2006,   Rad.  26.246.   

13  Corte  Suprema  de  Justicia.,  Sala  de  Casación Penal. Auto del 9 de mayo de  2007, radicado 27.308   

14  Corte  Suprema  de Justicia., Sala de Casación Penal. Auto del  7 de marzo  de 2007, radicado 26.853   

15  Sentencia del 20 de febrero de 2008, radicado 28.641   

16Este  dato   no   es   imperceptible,   no  es  intrascendente:  Pone  de  relieve  la  imparcialidad del juez, como lo precisará la Sala.   

17Cfr.  Auto del 19/10/2006, Rad. núm. 26243     

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