35846(23-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35846  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 60.   

Bogotá, D.C., veintitrés de febrero de dos  mil once.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUZ  STELLA MORENO  DÍAZ,  contra  la sentencia del 17 de agosto de 2010,  proferida  en  segunda  instancia por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bucaramanga, que resolvió revocar la absolutoria dictada el 30 de noviembre  de  2006  por el Juzgado Promiscuo del Circuito de San Vicente de Chucurí y, en  su  lugar, condenó a la procesada a la pena principal de veintiséis (26) años  de  prisión  y  la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de la libertad;  y,  le  impuso  la  obligación de cancelar los perjuicios morales y materiales,  por  haberla declarado coautora penalmente responsable de las conductas punibles  de   homicidio   agravado,  hurto  calificado agravado y  lesiones  personales.  A la  sentenciada  se  le  negaron  los  sustitutos  de  suspensión condicional de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron relatados por el Tribunal Superior de Bucaramanga en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“El 22 de enero  de  2005  –luego que Jorge  Moreno  Díaz,  Jhon  Jairo Aguilar Cárdenas, Carlos Aleiser Aguilar Cárdenas,  Luz  Stella  Moreno  Díaz  y Adriana Martínez Martínez se marcharon  del  lugar   porque   habían  estado  ingiriendo  licor  desde  la  tarde  del  día  anterior– se encontraban  Rosalbina  Toloza  y  José  Joaquín  Argüello  en  la  tienda de su propiedad  –donde    también  residían– ubicada en el  sitio  conocido  como  Puerta  Rojas de la vereda Dos Bocas del municipio de San  Vicente      (sic)1  de  Chucurí,  y  entrada la  madrugada  sufrieron  golpes  con  arma  corto  contundente  en sus cuerpos, los  cuales  les  causaron  diez  días  de  incapacidad  a la primera y la muerte al  segundo,   a   más  de  hurtarles  $3’000.000    y   víveres   que   surtían   la   tienda.”    

Con   fundamento   en   la  investigación  adelantada     contra     Jhon    Jairo    Aguilar  Cárdenas  y  Jorge  Moreno  Díaz2,  a  quienes  se les definió la situación jurídica con medida de  aseguramiento  sin beneficio de libertad provisional3, se les acusó por los delitos  de    homicidio    agravado,    lesiones    personales    y   hurto   calificado  agravado4,  y  condenados  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de  Barrancabermeja,  la  Fiscalía  Seccional de San Vicente de Chucurí dispuso la  apertura  de  instrucción  contra  LUZ STELLA MORENO  DÍAZ,  Adriana  Martínez  Martínez  y  Carlos Aleiser  Aguilar                   Cárdenas5.   

Carlos Aleiser Aguilar Cárdenas6; LUZ     STELLA     MORENO     DÍAZ7  y  Adriana      Martínez      Martínez8 fueron   vinculados  a  la  investigación  mediante  diligencia  de  indagatoria,  resolviéndoseles  la  situación  jurídica  el  19 de octubre de  2005,  oportunidad  en  la  que  fueron afectados con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  sin beneficio de libertad provisional por los delitos de  homicidio  agravado, lesiones personales y hurto calificado agravado9. La decisión  no fue recurrida.   

El 23 de febrero de 2006, se declaró cerrada  la                   investigación10  y se calificó su mérito el  18      de      abril     del     mismo     año11,  profiriendo resolución de  acusación     contra;     LUZ    STELLA    MORENO  DÍAZ,  Adriana  Martínez  Martínez  y  Carlos Aleiser  Aguilar  Cárdenas  por  los  delitos  de homicidio     agravado,    lesiones   personales   y   hurto  calificado agravado, de acuerdo con  las  descripciones  típicas  consagradas  en  los artículos 103 y 104, numeral  2°;  111  y  112;  y,  239,  240,  inciso  1°,  y  241, numerales 10° y 11°.   

El  llamamiento  a  juicio  fue recurrido en  apelación  por  el  defensor  de  Adriana  Martínez  Martínez,   quien  posteriormente  desistió  de  la  impugnación12.   

El conocimiento en la etapa del juicio se le  asignó    al    Juzgado    Promiscuo   del   Circuito   de   San   Vicente   de  Chucurí13  que  celebró  la  audiencia  preparatoria  el 27 de septiembre de  200614   y   la   pública   el   siguiente   8  de  noviembre15.   

La   sentencia  de  primera  instancia  se  profirió    el    30   de   noviembre   de   200616,   de   cuya  naturaleza  y  contenido  se  hizo  mérito en el acápite inicial de esta providencia, la cual  fue  revocada  por el Tribunal Superior de Bucaramanga mediante la que es objeto  del recurso extraordinario.   

LA DEMANDA  

Un cargo dice formular el actor al amparo de  la  causal  primera  del  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal, por  violación   indirecta   de  la  ley  sustancial,  consistente  en  “…error  manifiesto  de  hecho, por falso juicio de raciocinio por desconocimiento de los  postulados  de  la  sana  crítica.  A  dicha  infracción  indirecta  de la ley  sustancial  se  arribó  al dar aplicación a los artículos 104, 112, 239 y 240  del   Código   Penal.”   

En desarrollo de la censura, sostiene que el  Tribunal  fundamentó  la  sentencia condenatoria en la declaración rendida por  la     testigo    presencial    Rosalbina    Toloza  Ríos,  quien  hizo  un  recuento de lo sucedido en el  establecimiento  de comercio de su propiedad entre las 3:00 p.m. del 21 de enero  de  2005  y  la 1:00 a.m. del día siguiente, es decir, el lapso durante el cual  permanecieron  en  el  sitio  los  procesados  ingiriendo  licor, hechos con los  cuales  se  muestra  de acuerdo el defensor, excepto porque asegura que en tales  eventos  no  tuvo  participación  LUZ  STELLA MORENO  DÍAZ,  puesto  que  en  su  poder  no  se encontraron  elementos  hurtados  ni  en  sus  prendas  de  vestir  de  hallaron  rastros  de  sangre.   

Ninguna      prueba     –continúa–  que comprometiera directamente en el  homicidio  de  José  Joaquín  Argüello,  se  adujo  contra  su defendida, porque en su sentir en este caso  únicamente   se   elaboraron   inferencias  a  partir  de  la  declaración  de  Edgar    Alberto   Argüello   Mantilla,  quien  informó  haber  encontrado  cerca  al  lugar donde fueron  capturados  los  sospechosos,  un trozo de alambre que arrancaron para suspender  el    fluido    eléctrico    de    la    tienda.   No   obstante   –agrega   el   libelista–  este  declarante  luego  dijo que el  cable  se  había hallado en una casa y semejante contradicción no fue valorada  por  el  Tribunal,  máxime  porque  el elemento no se sometió a exámenes para  constatar su procedencia.   

Considera  el  demandante  que si durante el  tiempo  que  compartieron  en  la  tienda estuvieron en completa armonía, todos  eran    conocidos   y   hasta   estuvieron   en   compañía   de   José  Joaquín  Argüello y Rosalbina  Toloza,  no tiene explicación  que de repente los agredieran para hurtarles.   

Advierte  el  actor  que  su defendida y los  demás  procesados  detallaron  las  actividades  que  realizaron el día de los  hechos  y  negaron  su  participación;  además,  LUZ  STELLA  MORENO DÍAZ no abandonó la región a pesar de  residir en Bucaramanga.   

“Las reglas de  la  experiencia  nos indican que todo aquél que comete un delito lo primero que  hace  es  ausentarse  del  lugar  para  evitar  su  compromiso y poder eludir la  acción de las autoridades.”   

De  acuerdo  con  el  impugnante,  por estos  mismos   hechos   ya  fueron  condenados  Jhon  Jairo  Cárdenas    y    Jorge  Moreno;  esa  sentencia ya está ejecutoriada, lo cual  “…quiere  decir  que  la justicia ya produjo los resultados esperados  conforme  a  las averiguaciones de la investigación criminal. Si ya se predicó  responsabilidad   respecto  de  los  mencionados  sentenciados,  nada  se  puede  predicar  de  mi  prohijada,  pues  en  las pesquisas adelantadas no hay pruebas  directas       o       indirectas      que      la      comprometan.”   

Aduce que Rosalbina  Toloza  Ríos, la única testigo presencial, no dijo en  ningún    momento    que    LUZ    STELLA   MORENO  DÍAZ  hubiese  estado en su establecimiento comercial  indagando  por el dinero que fue objeto material del hurto. Tampoco se demostró  que su defendida tuviese un móvil para actuar.   

La  señora Toloza  Ríos   ni   siquiera   reconoció   a   LUZ  STELLA  MORENO  DÍAZ como autora de  los    delitos,    porque    admite   que   únicamente   vio   a   Jorge  Moreno y sólo un testigo de oídas  –Reinaldo   Argüello  Pineda–   declaró  que  había  escuchado  a  su  tío  decir  que  lo  más  probable  era  que quienes  cometieron  los  delitos fueran las personas que habían estado en la tienda, lo  que no pasa de ser una hipótesis.   

Sostiene  el  actor  que como los procesados  estuvieron  ingiriendo  bebidas  alcohólicas  durante  más de diez horas, debe  aceptarse  que  es cierto que Jorge Moreno  sí  se  quedó  dormido camino a su casa y esa fue la razón para  que todos se demoraran en llegar a sus residencias.   

“Eso ha ocurrido  y  ocurrirá  en  el  futuro,  es un cuadro que las reglas de la experiencia nos  enseña.  Los  expertos  sostienen  que  cuando  una persona está tomando en un  recinto  cerrado  y  sale  al  aire  libre  el  organismo reacciona perdiendo el  sentido  y  la  orientación,  eso  también  nos  lo  enseña  las reglas de la  experiencia.”   

A su juicio, los indicios de presencia en el  lugar  de  los  hechos  y  oportunidad  se  desvirtúan  fácilmente, porque los  atentados  contra  la  vida,  integridad  personal y patrimonio económico no se  cometieron  mientras  los  procesados  estuvieron  en  la tienda de José  Joaquín  Argüello y Rosalbina    Toloza,   sino   después.  “Las   reglas   de  la  experiencia    nos    enseña   (sic)   y      así     [ha]     ocurrido   y   ocurrirá   en  el  futuro  que  después  que  unos  contertulios  abandonan  el  establecimiento  entran unos atracadores y roban el  establecimiento.”   

Se refiere a la declaración de María  Emperatriz  Moreno  Galeano, quien  dijo  haber escuchado en un autobús a dos mujeres y un hombre desconocidos para  ella  conversando  sobre  lo sucedido, concretamente que su intención no había  sido     darle     muerte    a    José    Joaquín  Argüello,  que  todo  les  había  salido mal, porque  únicamente  querían robarle, pero que había corrido con mala suerte y por eso  murió.  Al  respecto  indica el censor que son varias las inconsistencias de la  testigo,  porque  LUZ STELLA MORENO DÍAZ  no  es desconocida, ya que es oriunda de la región; además, ella  no  fue  identificada  como  una  de  las personas que estuvo en el lugar de los  hechos;  y, darle credibilidad a esa versión atenta contra los principios de la  sana         crítica,         “La        (sic)       reglas  de  la  experiencia  nos  enseña  (sic)  que al más avezado delincuente al encontrarse  en  un  bus  lleno de familiares del interfecto por un mecanismo de defensa cree  que   lo   van   a   atacar,   lo   van   a   lastimar,   por  una  “venganza    de   sangre”  como  dijo MOISÉS 1.500 años A.C.  Génesis  9.6.”   

Considera   el   actor   que  “…al  valorar     el     testimonio     de    la    señora    BALBINA    (sic)  TOLOZA  RÍOS le hizo decir cosas  que  la  señora  no  había dicho por ejemplo que no vio sino a JORGE y a nadie  más,  sin  embargo  la  Sala  infiere  que  participaron  todos en el acontecer  delictivo.”   

Agrega el demandante que el Tribunal también  concluyó  que la tardanza para llegar a sus hogares se debió a que durante ese  lapso  cometieron  los  delitos,  sin tener en cuenta las explicaciones sobre la  demora  para llegar a sus casas. Pero, “Según  las reglas de la experiencia esa demora es probable por los  factores      de      la      embriaguez     y     el     trasnocho.”   

Solicita  de  la  Corte  que  “…CASE la  sentencia  recurrida y dé cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 217 de la  misma obra instrumental.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La Sala pasa a estudiar el cargo postulado en  la    demanda   presentada   por   el   apoderado   especial   de   LUZ  STELLA  MORENO  DÍAZ, para constatar  si  reúne  los requisitos mínimos de lógica y adecuada argumentación, con el  fin  de  asegurar  que  el  recurso  de  casación no se tome como una instancia  adicional   a   las   ya   superadas  y,  de  esa  forma,  pierda  su  carácter  extraordinario,  lo cual supone el respeto por los principios que gobiernan este  medio  de  impugnación, así como el cumplimiento de determinados requisitos de  forma y contenido de acuerdo con la causal seleccionada.   

El defensor propone la existencia de un error  de  hecho  por falso raciocinio en relación con la prueba de cargo, defecto que  supone  la violación de las reglas de la sana crítica, concretamente porque en  la  valoración  del  elemento de convicción examinado, el Juez desconoció los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las máximas de la  experiencia.   

El  falso  raciocinio  difiere de los falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia  en  que  el  medio  de  prueba existe  legalmente  y  su  tenor o expresión fáctica es aprehendida por el funcionario  con  total  fidelidad,  sin  embargo, al valorarla le asigna un poder persuasivo  que  contraviene  los postulados de la sana crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate  de  errores  de hecho o de derecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo dislate.   

Ahora  bien,  en lo que concierne al tema de  las  máximas  de  la  experiencia,  presupuesto  del  cargo  presentado  por el  defensor   de  LUZ  STELLA  MORENO  DÍAZ,  para  la  Sala  es  claro  que los razonamientos del Ad  quem  en los que soporta la decisión  condenatoria,  no  pueden  controvertirse  a partir de la simple negación de su  validez  o proponiendo axiomas que no constituyen reglas de la experiencia, sino  afirmaciones  ficticias  del  recurrente,  fundadas  no  en  lo  que normalmente  ocurre,  sino  en  su concepción de cómo deben interpretarse las declaraciones  que no favorecen a su defendida.   

En otras palabras, cuando el demandante trata  de  anteponer  su  criterio  a  los juicios valorativos de la segunda instancia,  partiendo  de  simples conjeturas como que todo aquél que comete un delito huye  para  eludir  la  acción de las autoridades; o cuando una persona ingiere licor  en  un  recinto  cerrado,  al  salir  al  aire  libre  pierde  el  sentido  y la  orientación;  o  después  de  que  los  clientes  abandonan un establecimiento  llegan  otros  a  hurtar;  o,  que  los  delincuentes  avezados sienten temor al  encontrarse   en   un   bus   lleno  de  familiares  del  interfecto,  no  está  relacionando,  así  lo  diga,  reglas  de  la  experiencia,  sino  tratando  de  introducir  presuntas  fórmulas  con  el  ánimo  de  negar  los argumentos del  Tribunal.   

El  recurrente ni siquiera dice en dónde se  hallan   insertas   esas   normas   o   cómo  operan  para  el  caso  concreto,  constituyéndose  sus afirmaciones en meras peticiones de principio, carentes de  soporte fáctico, jurídico o probatorio.   

Si  de  verdad  esos  postulados  tuviesen  vocación  de  representar  reglas  de  la  experiencia, cuando menos habría de  explicar  el  libelista  en dónde residen sus características de generalidad y  universalidad,  a  partir  de  las  cuales deducir que, en efecto, en todos o en  casi  todos  los casos quien comete un delito huye para eludir la acción de las  autoridades;  o que en todos o en casi todos los casos quien ingiere licor en un  recinto  cerrado,  al salir al aire libre pierde el sentido y la orientación; o  que  en  todos  o en casi todos los casos después de que los clientes abandonan  un  establecimiento  llegan  otros a hurtar; o, que en todos o en casi todos los  casos  los delincuentes avezados sienten temor al encontrarse en un bus lleno de  familiares   del   interfecto,   para   desvirtuar  los  juicios  del  Tribunal.   

En   su  real  contenido  argumental,  las  manifestaciones  del  actor  apenas  constituyen  las aseveraciones que pretende  contraponer  a las inferencias de la segunda instancia, esto es, que el Tribunal  le  otorgó  valor  a  los  testimonios  de  Rosalbina  Toloza  Ríos, Edgar Alberto  Argüello  Mantilla, Reinaldo  Argüello  Pineda  y  María  Emperatriz  Moreno Galeano, así como a los indicios de  presencia  en  el lugar de los hechos y oportunidad, de los cuales pudo concluir  que  las  únicas  personas  que  se  encontraban  en  la  tienda, aparte de sus  propietarios,  eran  Jhon  Jairo  Aguilar,    Jorge   Moreno   Díaz,   Carlos  Eleiser  Aguilar,     Adriana    Martínez  y  LUZ  STELLA MORENO DÍAZ;    que    Jorge    Moreno     golpeó     a    José    Joaquín  Argüello    y    a    la    señora    Toloza  Ríos, quien después de auxiliar  a  su esposo se dejó caer sobre la cama para evitar que la siguieran atacando y  escuchó  que  varias personas conversaban dentro de la habitación y esculcaban  los    cajones    en    busca   del   dinero;   además,   porque   Jorge   Moreno  había  sido  sorprendido  momentos  antes  por  la  propietaria del establecimiento tratando de acceder al  lugar  en  donde  guardaban  el  efectivo, debiéndole llamar la atención; así  como  que  habiendo  abandonado  la  tienda  supuestamente  a  la 1:00 a.m., los  procesados  apenas  llegaron  a  sus  casas  pasadas  las  5:00 a.m., sin que la  distancia   entre  ambos  sitios  implicara  tal  demora;  sin  contar  con  que  Carlos   Eleiser   Aguilar  tenía   conocimiento,  y  así  lo  declaró,  de  que  la  intención  de  sus  compañeros  era  asaltar  el establecimiento de comercio; y, que todos actuaron  de  común  acuerdo  para  cometer los delitos, ocultar y asegurar los elementos  hurtados;  aspectos contra los que el impugnante argumenta que no corresponden a  la   realidad,  recurriendo  al  fácil  pretexto  de  introducir  apreciaciones  personales que denomina máximas de la experiencia.   

Por lo demás, en punto de la trascendencia,  si  en  gracia  de  discusión  se  dijera  que  las  afirmaciones  escuetamente  planteadas  constituyen  máximas  de  la  experiencia, bien poco hizo el censor  para  delimitar  el  alcance  del  presunto  yerro,  pues, obvió referirse a la  totalidad  de  elementos  de convicción allegados al expediente y a la forma en  que  esa  presunta  violación incide sobre el análisis probatorio conjunto, al  extremo de imponer la absolución de su asistida.   

En síntesis, la trascendencia en los falsos  juicios  (identidad, existencia y raciocinio), implica que el demandante haga un  análisis  objetivo de todo el conjunto probatorio con inclusión de las pruebas  en  relación con las que predica el error, para demostrar que si no se hubiesen  valorado   como   lo   hizo  el  Ad  quem, la decisión habría sido distinta.   

De  ninguna  manera se aprecia la existencia  del  falso  raciocinio  que  pregona  el  actor.  Lo que sí resulta claro es su  interés  por  extender a esta sede el debate sobre la inocencia de LUZ  STELLA MORENO DÍAZ, mismo que zanjó  el  Tribunal  al  asumir  la valoración de todos los medios de convicción para  revocar  el  fallo  de  primera  instancia  y  proferir  sentencia condenatoria,  conforme se expuso en precedencia.   

De  manera que la violación a las reglas de  la  sana  crítica  que  pretende  derivar el defensor a partir de su particular  apreciación, es infundada.   

Ahora  bien,  si  lo  que el censor pretende  cuando       afirma      que      “…al   valorar  el  testimonio  de  la  señora   BALBINA   (sic)  TOLOZA  RÍOS le hizo decir cosas que la señora no había dicho por ejemplo que  no  vio  sino  a  JORGE  y  a  nadie  más,  sin  embargo  la  Sala  infiere que  participaron      todos      en      el      acontecer     delictivo”,  es proponer la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  derivado  de  un falso juicio de  identidad  en  la  apreciación  de  ese  específico  medio  de persuasión, su  planteamiento  en  manera  alguna  se  encamina  a  acreditar  que la prueba fue  distorsionada en su expresión fáctica.   

Ciertamente,  cuando  se  acude al error de  hecho  por falso juicio de identidad, es deber del actor acreditar que uno es el  contenido  material del medio probatorio deformado y otro muy diferente el valor  que  el  juzgador  le  otorga,  al  extremo de hacerle decir a esa probanza algo  distinto  de lo que realmente informa, por lo cual el sentido de la decisión se  altera.   

Nada de esto propone el demandante, pues ni  siquiera  ilustra  a la Corte sobre el contenido integral de la prueba que aduce  distorsionada  y  menos  indica  cuál  fue  el análisis que sobre ella hizo el  juzgador,  limitando  su  inconformidad a una crítica al mérito persuasivo que  le  otorgó  el  Ad quem, al  que  pretende  oponer su criterio, según el cual no debe dársele crédito a la  declaración  de  Rosalbina  Toloza Ríos,  porque  ella declaró que únicamente había visto a Jorge  Moreno  oculto bajo una mesa luego  de  que  encontró  a  su  esposo  José Joaquín  Argüello                 tendido  en  el piso con una herida en la  cabeza.   

No  cumplió  el  demandante  con  la carga  argumentativa  que  le  correspondía, pues en el escrito presentado, que apenas  sí   reviste   la   apariencia  de  un  alegato  de  instancia,  presentó  una  argumentación  deficiente  y  carente de método; y, ni siquiera contrastó sus  conclusiones  con  los  fundamentos  del fallo atacado, para hacer manifiesta la  prosperidad de aquéllas frente a las deficiencias de éste.   

Ante  el  abandono de la demandante por las  exigencias  previstas  en  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000, en sus  atributos   de   forma,   lógica,  claridad  y  precisión,  la  demanda  será  inadmitida.   

DE LA CASACIÓN OFICIOSA  

Si  bien  la  Sala,  ante  las falencias de  fundamentación   inadmitirá   la   demanda   presentada  por  el  defensor  de  LUZ  STELLA  MORENO  DÍAZ,  ello  no implica que frente a su labor de velar por la protección de garantías  fundamentales,  deba  pasar  por  alto la evidente vulneración del principio de  legalidad  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  momento  de imponer la sanción  accesoria   de   inhabilitación   en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

En  efecto,  del  recuento  objetivo  de la  actuación   procesal   se  advierte  una  irregularidad  que  genera  la  clara  violación   de   las   garantías  fundamentales  de  la  señora  MORENO  DÍAZ y de los demás procesados,  cual  es la legalidad de la pena accesoria, circunstancia que faculta a la Corte  para actuar de forma oficiosa.   

Ello  porque  en  el  fallo  condenatorio  proferido  por  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga,  se  les  impuso  a los sentenciados la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso igual a la pena  privativa  de  la  libertad,  esto  es,  26  años,  lo cual desborda el límite  máximo previsto en la ley para esta sanción.   

La  norma aplicable en este evento, por ser  la  vigente  para el momento en que sucedieron los hechos objeto del proceso, es  el    artículo   51   del   Código   de   Procedimiento   Penal   –Ley    599    de   2000–,     cuyos     primeros    incisos  señalan:   

“La  inhabilitación  para el ejercicio de los derechos y funciones públicas tendrá  una  duración de cinco (5) a veinte (20) años, salvo en el caso del inciso 3º  del artículo 52.   

Se  excluyen  de  esta  regla  las  penas  impuestas  a  servidores  públicos  condenados por delitos contra el patrimonio  del  Estado,  en  cuyo  caso  se aplicará el inciso 5º del artículo 122 de la  Constitución Política.”   

A su vez, el inciso 3º del artículo 52 de  la misma normatividad, preceptúa que:   

“En todo caso,  la  pena  de  prisión  conllevará  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por un tiempo igual al de la pena  a  que  accede y hasta por una tercera parte más, sin exceder el máximo fijado  en  la  ley,  sin  perjuicio  de  la  excepción  a  que alude el inciso 2º del  artículo 51”.   

Por  lo tanto, la excepción a que alude el  inciso  1º del artículo 51 hace referencia a los topes mínimo y máximo de la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas  cuando  se  imponga  como accesoria a la de prisión, en cuyo caso el mínimo no  puede  ser inferior a los cinco (5) años establecidos en el mismo precepto, por  estar  supeditada  al  tiempo  de duración de la pena privativa de la libertad,  evento  en  el  cual,  sin  embargo,  el  legislador autorizó imponer hasta una  tercera   parte   más,   recabándose  que  en  ningún  evento  puede  superar  “el máximo fijado en la  ley”,   es decir, 20 años.   

La  anterior  apreciación permite concluir  que,  indefectiblemente, la pena máxima para la inhabilitación en el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas cuando se impone como accesoria y no se le  inflige  a  un  servidor  público condenado por delito contra el patrimonio del  Estado   (inciso  2º  del  artículo  51),    será   de   20   años,  incluso  para aquellos eventos en que el inciso 3º del artículo  52  ídem  autoriza imponer  hasta   “…una  tercera  parte  más…” de la pena privativa de la libertad a  la  que  accede, ya que, en todo caso, deberá respetarse el límite establecido  por  el  inciso 1º, dada la especificidad y claridad en su definición, pues no  de  otra  forma  se explicaría la reiteración relativa a que no podrá exceder  el  límite  legal,  expresada  en el inciso final del artículo 52 que a su vez  autoriza  a imponerla por encima del lapso establecido para la restrictiva de la  libertad.   

A  esta  misma conclusión arribó la Corte  Constitucional   cuando  examinó  la  constitucionalidad  del  inciso  1º  del  artículo  51  del  Código Penal de 2000 frente a la legitimidad del legislador  para    restringir    el    derecho    a   ejercer   funciones   públicas,   al  señalar:   

“En el tercer  inciso,      el      mismo      artículo      dispone     que,     “en  todo  caso,  la  pena de prisión  conllevará  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas”  y  señala  que  su  duración  es la del mismo tiempo de la de la pena de prisión  impuesta  y  hasta  por una tercera parte más, sin exceder el máximo fijado en  la  ley,  -es  decir  20 años según el artículo 51  referido-  ,  sin  perjuicio  de  lo  dispuesto en el  último  inciso  del  artículo  122  de  la Constitución -es decir de aquellos  casos  en  que se trata de un delito contra el patrimonio del Estado, caso en el  cual   la   inhabilidad   para   el  desempeño  de  funciones  públicas  será  permanente.   

(…).  

Así  las  cosas,  puede concluirse que el  legislador  ha  dispuesto  que:  i)  el juez penal está obligado a imponer como  pena  accesoria  la de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  siempre  que  se  imponga la pena de prisión; ii) la imposición de  ésta  sanción trae como consecuencia privar al penado de la facultad de elegir  y  ser  elegido,  del  ejercicio  de  cualquier otro derecho político, función  pública,  dignidades  y  honores que confieren las entidades oficiales, iii) la  duración  de  la pena podrá ser la misma de la de la pena de prisión impuesta  y  hasta  una  tercera  parte  más,  sin  exceder  el máximo fijado en la ley,  -es  decir  20  años- sin  perjuicio  de  lo  que  prevé  la  Constitución para el caso de la condena por  delitos  contra  el  patrimonio  del Estado. iv) la imposición de la pena exige  una   fundamentación   explícita   sobre  los  motivos  de  la  determinación  cualitativa  y  cuantitativa  de la misma, de conformidad con el artículo 59 de  la  Ley  599  de 2000, v) la persona condenada a la pena de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, como consecuencia de haber  recibido  pena de prisión, puede solicitar su rehabilitación para el ejercicio  de  dichos  derechos y funciones en los términos del artículo 92 de la Ley 599  de  2000.  vi)  de  acuerdo con el artículo 53 de la Ley 599 de 2000 la pena de  inhabilitación   para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  se  aplicará  y  ejecutará  simultáneamente  con  la pena de prisión”      (Subrayas      fuera     del  texto)17.   

Bajo  este  entendimiento,  es claro que el  Ad  quem  se  equivocó  al  condenar   a   los   acusados   LUZ   STELLA  MORENO  DÍAZ,  Adriana  Martínez  Martínez  y  Carlos Aleiser  Aguilar   Cárdenas   a   la  sanción  accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  “…por    igual    período    a    la    pena   principal…”,   es  decir,  por  el  términos de 26 años, pues, este tiempo supera el tope máximo  fijado  para  esta  pena  en  el  inciso  1º  del artículo 51 de la Ley 599 de  2000.   

Por  lo  tanto,  la Sala casará oficiosa y  parcialmente  el fallo de segundo grado y, en consecuencia, disminuirá a veinte  (20)  años la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  impuesta  a  LUZ STELLA MORENO  DÍAZ,  Adriana  Martínez  Martínez  y  Carlos Aleiser  Aguilar Cárdenas.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

Primero.   INADMITIR   la  demanda  de casación presentada por el defensor de la procesada  LUZ      STELLA      MORENO     DÍAZ.   

Segundo.  CASAR de oficio y parcialmente la sentencia de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Bucaramanga el 17 de agosto de  2010,  revocatoria  de  la  emitida por el Juzgado Promiscuo del Circuito de San  Vicente  de  Chucurí,  el 30 de noviembre de 2006, en el sentido de fijar en 20  años  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones    públicas    que   deben   purgar   los   procesados   LUZ  STELLA  MORENO  DÍAZ,  Adriana     Martínez    Martínez    y  Carlos    Aleiser   Aguilar   Cárdenas,   condenados   como   coautores   de  las  conductas  punibles  de  homicidio    agravado,  hurto  calificado agravado y  lesiones            personales.   

Tercero.  En    lo    demás    el    fallo    se    mantiene  incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Página continuación  parte resolutiva y firma de 7 Magistrados   

Casación   N°   35.846   –Inadmite demanda-  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             FERNANDO    A.    CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                            AUGUSTO J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

Página  contiene  firma de 2 Magistrados   

Casación   N°   35.846   –Inadmite demanda-  

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Los  hechos  ocurrieron  en  la  madrugada  del  sábado  22  de  enero  de  2005, en  jurisdicción del municipio de El Carmen de Chucurí.   

2 Las  indagatorias  se  les recibieron el 25 de enero de 2005. C. No. 1, fol. 12 al 15  y 16 al 19, respectivamente.   

3  C.  No. 1, fol. 29 al 37   

4  Ídem, fol. 145 al 158   

5  Ídem, fol. 220   

6  Ídem, fol. 237 al 242   

7  Ídem, fol. 243 al 248   

8  Ídem, fol. 249 al 255   

9  Ídem, fol. 259 al 276   

10 C.  No. 2, fol. 111   

11 C.  No. 2, fol. 140 al 159   

12  Ídem, fol. 189   

13  Ídem, fol. 198   

14  Ídem, fol. 214 y 215   

15  Ídem, fol. 248 al 271   

16  Ídem, fol. 272 al 301   

17  Sentencia C-329 del 29 de abril de 2003.     

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