35293(07-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  35293   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No 318.  

Bogotá D.C., septiembre siete (7) de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Procede la Sala a decidir de fondo el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de los procesados  HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO   y  MARLON ANTONIO VÁSQUEZ CARO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  el  27 de agosto de 2010, confirmatoria de la  dictada  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Antioquia el  8  de  julio  de  2009,  por  cuyo  medio  condenó a los mencionados, junto con  Isnardo    de    Jesús   Valle   Lopera,   por   los   delitos   de   tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes agravado y cohecho por dar u ofrecer.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  17  de octubre de 2008, en inmediaciones  del  Alto  de  las  Tumbas  del  municipio  de  Peque (Antioquia), efectivos del  Ejército  Nacional observaron a varios sujetos cuando hacían entrega de cuatro  “costales       que       transportaban      en  semovientes”   a   otros  dos  individuos,  quienes  arribaron   al   sitio  en  motocicletas,  motivo  por  el  cual  procedieron  a  requisarlos,   pudiendo   constatar   que   se  trataba  de  una  sustancia  con  características  de pasta base de coca, circunstancia que determinó la captura  de  Ricardo  Antonio  David  Higuita,  MARLON  ANTONIO  VÁSQUEZ CARO y HERNÁN DARÍO HOLGUÍN GRACIANO.   

Posteriormente llegaron al lugar William    Girón    Graciano    e    Isnardo    de   Jesús   Valle  Lopera,    este   último  quien    entregó    al    Sargento    Eliseo  López  la  suma de cinco millones  setecientos  mil  pesos ($ 5.700.000.oo), con el fin de que dejara en libertad a  los  tres  aprehendidos,  por lo cual el uniformado procedió a capturar a estas  dos personas.   

El 18 de octubre de 2008, ante el Juzgado 22  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Medellín,  la  Fiscalía  formuló imputación en contra de los aprehendidos por los delitos de  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes agravado y cohecho por dar u  ofrecer,  los  cuales  aceptó  Ricardo  Antonio David  Higuita,  resquebrajándose, por tal motivo, la unidad  procesal.   

Luego,   los   incriminados   VÁSQUEZ   CARO,  HOLGUÍN  GRACIANO  y  Valle  Lopera  llegaron  a  un  preacuerdo  con  el  ente instructor, y por ello se  dispuso  la  ruptura  de la unidad procesal respecto de la actuación seguida en  contra de William Girón Graciano.   

Como quiera que al momento de verificarse el  preacuerdo  VÁSQUEZ  CARO,  HOLGUÍN GRACIANO y Valle  Lopera  se retractaron, la Fiscalía presentó escrito  de  acusación  en su contra el 2 de febrero de 2009 como presuntos coautores de  los  delitos de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes previsto en el  artículo  376  del  Código Penal, agravado, de acuerdo con el art. 384, num. 1  ibídem, y cohecho por dar u  ofrecer  sancionado  en el art. 407 ejusdem.   La respectiva audiencia de acusación se realizó el 1° de  abril  de  posterior ante el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  Antioquia.   

Ante ese mismo despacho judicial se surtieron  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, a cuyo término profirió fallo  el  8  de  julio  subsiguiente,  por  medio  de  la cual condenó a los acusados  HERNÁN    DARIO    HOLGUÍN    GRACIANO,  MARLON ANTONIO VÁSQUEZ CARO   e   Isnardo  de  Jesús  Valle  Lopera  a las penas principales de veintidós  (22) años  de  prisión,  multa  por  valor  equivalente  a 2.700 salarios mínimos legales  mensuales  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  lapso  de  veinte  (20)  años,  como  penalmente  responsables  de las  conductas   objeto  de  acusación.  En  la  misma  oportunidad,  les  negó  la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

         Impugnada        la        sentencia        por        defensores  y  procesados,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  la  confirmó  mediante fallo  del    27   de agosto de 2010.   

Contra   la  sentencia    del    ad  quem,    el  defensor  conjunto  de  HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO  y  MARLON     ANTONIO    VÁSQUEZ    CARO  interpuso recurso extraordinario de casación y allegó en tiempo  el     libelo     correspondiente,    el  cual  fue admitido mediante auto del  9   de   febrero   del   año  en  curso.   

LA DEMANDA  

Previamente  a  formular  el cargo contra el  fallo  impugnado,  el  censor  aclara  que aun cuando se procede por dos delitos  “la  impugnación  se  centrará  únicamente  en el  delito  más  grave,  esto  es,  en  el  de  tráfico,  fabricación  o porte de  estupefacientes,  respecto  del  cual  el delito de cohecho por dar u ofrecer se  halla  en  una relación de dependencia tal, que, rota la sentencia en relación  con  aquél,  la  subsistencia  de  éste  no puede afirmarse, ni siquiera en el  plano teórico”.   

Acto seguido, propone un único cargo contra  el  fallo  al  amparo de la causal segunda de casación prevista en el artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004 ante la presencia de un yerro tanto de estructura  como  de  garantía  que  socava el debido proceso, el cual, no obstante haberse  puesto   en   conocimiento   del  ad  quem,    “no   fue,   empero,   debidamente  justipreciado  por aquélla, dando lugar a que la sentencia de segunda instancia  expedida  por  la  prealudida  Corporación  -para  confirmar lo que había sido  objeto  del  recurso  de alzada- terminara desvertebrando por completo el debido  proceso  y  afectando, consecuencialmente, tanto su estructura como la garantía  debida  a  los  procesados  VÁSQUEZ  CARO  y  HOLGUÍN  GRACIANO,  a  la postre  condenados”.   

Para  sustentar  su  pretensión, señala el  recurrente  que  sus defendidos, en lo relacionado con el delito contra la Salud  Pública,  no  fueron  condenados  en  la sentencia de primera instancia por una  conducta  punible  concreta  “sino por un genérico y  abstracto  nomen  juris, a saber el de ‘tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes’…”.   

Recuerda  cómo  este tipo penal de conducta  alternativa   está   conformado   por   doce   verbos   rectores   “que  comportan  diferentes  vías  de  ataque  al  bien jurídico  tutelado  y  que,  por  tal motivo, resultan a menudo contradictorios entre sí,  razón   por   la   cual   no  pueden  coexistir  a  la  hora  de  concretar  un  cargo”.    

Para   corroborar  su  aserto,  transcribe  “párrafos  y  páginas  de  la  sentencia de primer  grado…  en los cuales se hace expresa referencia a los cargos, pero siempre en  forma   abstracta   y   genérica,  a  través  del  nomen  juris”.   

Luego  de  ello destaca cómo en el párrafo  segundo  de  la  página  18  de dicho fallo, “único  apartado  donde  no  se  emplea  el  nomen  juris, se anota textualmente que los  acusados  ‘realizaron  de  forma  culpable y sin ninguna justificación las conductas típicas descritas en  los  artículos  376  inciso  1°  y  384  numeral  3°  del  C.P…’  como  si  las  conductas en concreto  realizadas    hubieran    sido    todas   las   allí  vertidas,  que,  como  ya  se  dijo,  son  en  total  doce…”   (negrillas y subrayas tomadas del texto original).   

Esta   abstracción   e   inconcreción,  puntualiza,  no es fruto del azar o la casualidad, sino del incumplimiento de la  Fiscalía  General  de  la  Nación  de su deber de concretar en debida forma el  cargo,  al  incurrir  en  sustanciales  cambios  y  contradicciones  durante sus  diversas  intervenciones  procesales  desde la formulación de imputación hasta  el  alegato  de  conclusión  en  la  audiencia  del  juicio  oral  “con  el  agravante  de que, al inicio de esta última diligencia,  también  el  juzgado  de conocimiento incumplió con el referido deber, como en  su     momento     se    demostrará”.      

Empieza  así  por referir a lo dicho por el  ente  fiscal  durante la audiencia de formulación de imputación, para concluir  que  se  utilizó  indiscriminadamente  el  nomen juris  empleado   por   el   legislador  para  intitular  la  disposición contenida en el artículo 376 del C.P.   

En  cuanto a la imputación fáctica, afirma  que   a   sus  defendidos  “no  se  les  endilga  la  ejecución  de  conducta alguna. A la única persona a la cual se le atribuye la  realización  de  algún  comportamiento,  es  al  señor  Ricardo Antonio David  Higuita,   de   quien  se  dice  que  ‘llevaba   en   compañía   de  otras  dos  personas  una  sustancia  estupefaciente’  y  que  ‘se los estaba entregando  a  MARLON  ANTONIO  y  HERNÁN  DARÍO’.     Obviamente,   ‘llevar        en        compañía        de        otro’         y         ‘entregar’  no  son verbos tenidos en cuenta por  el  legislador  en  el  artículo  376  del  Código Penal para denotar conducta  típica alguna”.   

Y  no obstante que el juez requirió al ente  acusador,  por  petición  de la defensa, para que precisara los cargos frente a  cada  uno de los indiciados y para ello se decretó un receso, al cabo del mismo  el  representante  del  ente acusador expuso que “los  he  venido  manifestando,  transportar,  llevar  consigno  para  la  venta, para  traficar cocaína y sus derivados”.   

Considera el actor que la anterior respuesta  “en nada se compadece con lo previamente manifestado  por  aquél,  dentro  de  la  misma diligencia”. Ello  porque  previamente  había  manifestado que “Ricardo  Antonio   llevaba   en   compañía   de   otras   dos  personas  una  sustancia  estupefaciente  que resultó positiva para cocaína y sus derivados, con un peso  de  117  kilos  y  que  se  los  estaba  entregando  a  MARLON ANTONIO y HERNÁN  DARIO”.   

En  relación  con lo anterior, advierte que  “transportar”  y  “llevar  consigo”, verbos rectores por los cuales opta  el  fiscal  ante  el  apremio judicial, denotan conductas típicas completamente  distintas  y, en alguna medida, contradictorias, como así incluso lo reconoció  el Tribunal en el fallo objeto del recurso.   

A  continuación, se ocupa de lo plasmado en  el  escrito  de  acusación  presentado el 2 de febrero de 2009, advirtiendo que  evidencia   mayor  incumplimiento  del  deber  que  asiste  al  ente  fiscal  de  concretar, en forma inequívoca y coherente, los cargos.   

Es  así  como,  en  primer  lugar, entra en  abierta  contradicción  con  lo  plasmado  al  respecto  en  la formulación de  imputación,  por  señalar  que  Ricardo Antonio David  Higuita  se encontraba descargando cuatro costales que  le fueron entregados a sus prohijados.   

Así, añade, mientras en la formulación de  imputación  la entrega de la sustancia estupefaciente apenas estaba en proceso,  es  decir que se trataba de una acción iniciada, “en  el  escrito  de  acusación  (sin  que  los  elementos  de conocimiento hubieran  experimentado  modificación alguna), la misma entrega se presenta como un hecho  cumplido  (es  decir,  como  una  acción  acabada)”.   

Es  más,  prosigue, de la lectura atenta de  este  documento  se  infiere  que  a  sus  prohijados  tampoco  se  les endilgó  ejecución  de  ninguna  conducta  típica  o  atípica,  como  sí acontece con  Ricardo     Antonio    David    Higuita,  “a quien se le atribuyen expresamente  las  de  descargar y entregar, las cuales, no obstante recaer sobre un sustancia  estupefaciente,  no  corresponden,  sin  embargo, a ninguna de la doce conductas  típicas  vertidas por el legislador en la descripción plasmada en el artículo  376 del Código Penal”.   

De  ahí  que, a sus defendidos, insiste, se  los  condenó  por  un  genérico  y  abstracto  nomen  juris,  como  se infiere de la expresión contenida en  un párrafo interpolado en la página 7 de dicho escrito.   

Después,  hace referencia a la audiencia de  formulación  de acusación realizada el 1° de abril de 2009, en donde, indica,  la  Fiscalía  no hizo cosa distinta a ratificar, tanto en lo relacionado con el  fundamento  fáctico  como  en  su  aspecto jurídico, la postura del escrito de  acusación, según lo extrae de un aparte transcrito del acto.   

Por  lo  anterior,  expone  que  los reparos  realizados  al  escrito  de  acusación  también  son pertinentes frente a esta  modalidad,   en   tanto   las   conductas   consistentes  en  “descargar”  y  “entregar”  no  fueron  ejecutados  por  ellos,  sino por quienes estaban al  cuidado de los semovientes.   

A  continuación  refiere a la audiencia del  juicio  oral,  sin  embargo  encuentra  oportuno  detenerse  previamente  a  examinar  las  “declaraciones  iniciales” de sus representados durante dicha  diligencia,  al  ser  interrogados  sobre  cómo  se  declaraban  frente  a  los  cargos  “para  mostrar  cómo la distinguida titular  del  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Antioquia, en ninguna  de  sus  intervenciones  procesales  (incluida  la  sentencia apelada) atinó en  concretar   en   debida   forma   los  cargos  que  pesaban  en  contra  de  los  acusados”,    empleando    siempre   la   fórmula  correspondiente     al    nomen    juris.   

A  renglón  seguido,  se  enfoca  en  las  intervenciones  de la Fiscalía durante esta diligencia para de ahí colegir que  tanto  al  exponer  su  teoría  del  caso  como  en  su epílogo no existió la  anhelada    concreción,    pues    mientras    en   la   segunda   “se  limita  a  echar  nuevamente  mano del abstracto y vago nomen  juris”,     en     la     primera    “opta   por   utilizar   al   lado   de   un  verbo  (‘llevar       consigo’),   tres  sustantivos  (‘transporte’,             ‘tráfico’         y         ‘conservación’)”, en modo  alguno    idóneos    para    describir    conductas    típicas    “por  la  simple  y  elemental  razón  de  que  éstas  deben ser  denotadas a través de verbos”.   

Sobre este tópico, afirma que la situación,  en  vez de mejorar, empeora “porque aparte de que uno  de  ellos  (traficar)  no  corresponde  a ninguna de las doce conductas típicas  plasmadas  por  el  legislador  en  la  pluricitada disposición legal, los tres  restantes  (transportar,  conservar  y llevar consigo) describen comportamientos  tan  disímiles  -e  incluso  antagónicos-  entre sí, que no pueden ejecutarse  simultáneamente,  por  más  que, de la mano de interpretaciones en modo alguno  garantistas,      pretenda      aseverarse      lo      contrario”.   

En  su  alegato  de  conclusión,  señala  después  de  transcribir  apartes  de  esa intervención, la Fiscalía vuelve a  utilizar   el   abstracto   nomen   juris.   Es  más,  indica,  en  el segundo aparte que transcribe se  atribuye   a   sus   defendidos  “un  comportamiento  absolutamente  inédito y exótico, en cuanto no mencionó antes en ninguna otra  de  sus  intervenciones,  ni  susceptible de encuadramiento dentro de ninguna de  las   doce   conductas  típicas  descritas  en  el  texto  legal”.   

Ello,  en  cuanto  allí  pregona  que  los  procesados    arribaron    al    sitio    no   para   transportar   “sino  tal  vez para prestar seguridad a un cargamento tan costoso  económicamente hablando”.   

Por   lo   expuesto  el  censor  encuentra  demostrado  que  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  incumplió flagrante y  reiteradamente  su  deber  legal  contenido  en  el artículo 443-1 del estatuto  procesal    penal    de    “tipificar   en   forma  circunstanciada  la  conducta  por  la  cual  ha  presentado  la  acusación”,  establecido  con el propósito de precaver  “acusaciones  etéreas, inasibles, gaseosas, abstractas, vagas o  contradictorias  y  lesivas,  por  ello  mismo -en forma grave- tanto del debido  proceso, como del derecho de defensa”.   

Tal   circunstancia  derivó  en  que  los  juzgadores  tampoco  atinaran a concretar en debida forma los cargos que pesaban  en  contra  de  los  acusados,  motivo  por  el  cual  se  optó por utilizar la  genérica   y   abstracta   fórmula   del  nomen  juris de la conducta.   

Posteriormente   ahonda   acerca   de   la  “incidencia  del  yerro  denunciado  en la sentencia  impugnada”  argumentando que  aun cuando previno  al  Tribunal  sobre  la  situación, éste “optó por  intentar  enmendar  o  corregir,  a  deshora,  las  inocultables  falencias  que  afectaban  (hasta  el  extremo de invalidar) tanto  a la acusación como al  fallo de primer grado”.   

De esa forma, expresa su disentimiento con lo  plasmado  en dicha decisión en las páginas 21 y 22, cuyo contenido transcribe,  fundamentalmente   porque   si  bien  el  Tribunal  acepta  las  irregularidades  denunciadas,  en  vez  de  decretar  la  nulidad,  como  único remedio procesal  idóneo  para  subsanarlas,  y  tras  minimizar  su  trascendencia, “optó  por señalar de forma apodíctica e inapelable, cuál era,  a  su  juicio  (entre  las  doce  que  comprenden la compleja descripción legal  plasmada  en  el  artículo  376  del  Código  Penal),  la conducta por la cual  habían  -o  debían  haber-   sido  acusados  y,  por ende, condenados los  procesados   MARLAN   ANTONIO   VÁSQUEZ   CARO   y   HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN  GRACIANO”.   

En tales condiciones califica como increíble  que  esa Corporación, despojándose de su condición de Tribunal de apelación,  “asumió  la  investidura  de  juez  del fallador de  primer  grado  (pretermitiendo  así  por  completo  la primera instancia), sino  –lo  que  es  más  grave  aún-  en  el  contexto  del  principio  acusatorio  inspirado de nuestro actual  modelo  de  enjuiciamiento-,  también, el rol de fiscal, en cuanto a titular de  la   acción   penal,   y   con   ella,  la  potestad  de  acusar”.   

          Tal   actitud,   puntualiza,  se  aparta  de  una  larga  tradición  jurisprudencial    colombiana,   “acerca   de   la  transparencia,  claridad  y precisión que deben caracterizar a la acusación en  el  contexto  de  un Estado de Derecho”, para lo cual  cita    fragmentos   de   algunos   de   estos   proveídos   que   “aun   cuando  inspirados  en  regímenes  procesales  anteriores,  conservan  toda  su  vigencia dentro del actual esquema de juzgamiento penal, en  cuanto  centrado -como todos sus predecesores- en el papel a todas luces nuclear  atribuible  a la casación”.   

En   ese  sentido,  cita  apartes  de  las  sentencias  de 23 de enero de 1998, rad. 10892; 29 de julio de 1998, rad. 10827;  de  23  de marzo de 2000, sin citar radicación; de 11 de diciembre de 2003, sin  citar radicación y de 17 de junio de 2004, rad. 14562.   

Enseguida,   advera   que   el   vicio  es  trascendente,  por  cuanto  “se compadece a cabalidad  con  sus  deletéreos  efectos  tanto  sobre la actuación procesal en sí misma  considerada,  como  sobre  el  fallo  de  segundo grado dictado para epilogar la  misma”. Y, por lo mismo anuncia que, a la luz de los  principios  reguladores  de las nulidades, es viable proveer la invalidación de  lo  actuado  “a partir, inclusive, de la audiencia de  formulación  de acusación de fecha primero de abril de 2009, con fundamento en  la  causal  de  nulidad plasmada en el primer inciso del artículo 457 de la Ley  906 de 2004”.   

Además,  precisa,  porque  es procedente su  decreto  conforme  a  los  principios  que rigen la declaración judicial de las  nulidades,     esto     es,     especificidad,    legalidad    o    taxatividad;  trascendencia; convalidación  o  saneamiento;  protección;  naturaleza residual e instrumentalización de las  formas o de finalidad cumplida.   

Reitera  que  la invalidez debe decretarse a  partir  de  la  audiencia de formulación de acusación de 1° de abril de 2009,  “pues  fue  a  partir  de  su  intervención  en  la  realización  del  referido acto procesal, que la Fiscalía General ratificó su  voluntad   (previamente   exteriorizada  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación)  de  incumplir  con su deber de concretar en forma clara, precisa e  inequívoca,  sin  ambigüedades  ni  contradicciones, los cargos por los cuales  debían   responder,  ante  el  correspondiente  juzgado  de  conocimiento,  los  procesados  MARLON  ANTONIO  VÁSQUEZ  CARO  y HERNÁN DARÍO HOLGUÍN GRACIANO,  cuyos  derechos  de  contradicción  o  de  defensa  (y tras ellos todo el plexo  garantístico  del  debido  proceso) comenzaron a ser conculcados, justamente, a  partir      de      ese     momento”.             

Corolario  de lo expuesto, manifiesta que el  expediente  debe ser remitido al Tribunal de origen, para que éste, a su turno,  lo  remita  al  juzgado  de  primera  instancia, cuyo titular deberá proceder a  rehacer el trámite del juicio, a partir del momento señalado.   

Para terminar, advierte cómo, en este caso,  es   necesario   remover   el   fallo   impugnado   para   cumplir  “no  con  una, sino con varias de las finalidades que expresamente  se  asignan al presente medio de impugnación extraordinaria el artículo 180 de  la  Ley  906  de  2004”, tales como la garantía del  debido  proceso  y,  con  la  reposición  del  trámite,  la reparación de los  agravios inferidos.   

A  partir  de  lo  anterior,  el  recurrente  solicita  a  la  Sala  casar  la sentencia atacada “y  proceder,  acto  seguido,  a declarar la nulidad de lo actuado, en los términos  señalados”.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.           Intervención del demandante   

Fundamentalmente  reitera  los  argumentos  plasmados  en el libelo casacional, haciendo énfasis en que a sus defendidos se  los     terminó    condenando    por    un    nomen  juris   carente  de concreción, pues era preciso  elegir  una  de  las doce modalidades de verbos rectores alternativos contenidos  en el tipo penal.   

Igualmente insiste en que el Tribunal, pese  a  advertir la irregularidad, no tomó la medida correctiva, sino que pretendió  corregir  el  yerro  con  su  propia interpretación de los hechos para terminar  señalando  que  la conducta era la de “transportar”, la cual, además de no  coincidir  con lo expuesto por el fiscal durante la audiencia de formulación de  acusación,  en  tanto  éste  fue  claro  en señalar que no era tal sino la de  prestar  seguridad  a la mercancía, desconoce la segunda instancia y constituye  suplantación del rol que le corresponde al fiscal.   

     

Para finalizar, esboza que como la anomalía  puesta  de  manifiesto  transgrede  el debido proceso y el derecho de defensa en  los  términos  explicados  en  el  libelo, persiste en su solicitud de casar el  fallo  con  el  fin de que se decrete la nulidad de la actuación a partir de la  audiencia de formulación de acusación.   

2.           Intervención del Fiscal Delegado ante la  Corte   

Expresa  su desacuerdo con la postura de la  defensa  tras  advertir  que la Fiscalía fue clara tanto al exponer los hechos,  cuya  realización  se  puede  dividir  en  dos  momentos,  como  al  definir la  modalidad   comportamental,   en   cuanto   siempre  hizo  referencia  al  verbo  “transportar”.     

Ello, incluso cuando el fiscal refirió que  los  procesados  custodiaban  el  objeto  material  del delito, toda vez que tal  conducta  se  entiende constitutiva del transporte, por lo que se le ha otorgado  una trascendencia exagerada a la situación.   

De  otro  lado, añade, no es cierto que el  Tribunal  hubiera corregido el yerro, sino que simplemente realizó un análisis  global  de  los  sucesos para colegir que hubo transporte. Además, en este caso  no  se  justifica  el  decreto de nulidad de la actuación cuando los hechos son  claros y las evidencias son concluyentes.      

Sobre  este  último punto, advera que tres  principios  regentes  del  decreto  de  las  nulidades  conspiran para acudir al  mecanismo extremo.           

En primer lugar, el de trascendencia porque  otros  capturados  en  razón  de estos hechos, respecto de quienes procedió la  ruptura  de la unidad procesal, fueron sentenciados con fundamento en los mismos  cargos.   

Refiere  a Ricardo  Antonio    David    Higuita,    quien   aceptó   su  responsabilidad  con  la misma imputación, y a William  Girón  Graciano en cuya contra se surtió el juicio de  forma  independiente  siendo absuelto de los cargos. Se pregunta entonces si sus  actuaciones  también  estarían viciadas, en cuyo caso se los habría condenado  y   absuelto,   respectivamente,   con   fundamento   en  cargos  incompletos  y  viciados.   

En  segundo  término, el de convalidación  porque  el  defensor de los acusados en desarrollo de la audiencia preparatoria,  oportunidad  legal  prevista  para  plantear nulidades, nada dijo en torno a las  supuestas  irregularidades  de  los  cargos,  lo  cual  impide  que  pueda ahora  invocarlas.   

Y,  en tercer orden, el de instrumentalidad  de  las formas toda vez que se cumplió la finalidad del procedimiento, pues con  base  en  la  misma  imputación fáctica y jurídica se condenó a Ricardo   Antonio   David   Higuita  y  se  absolvió     a    William    Girón    Graciano,   por  lo  que  surgen  dudas  acerca  de  su  situación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Como referente de  estudio         inicial         resulta    pertinente    recordar    que  según  el artículo 448 de  la  Ley  906  de  2004  “el  acusado  no podrá ser  declarado  culpable  por  hechos que no consten en la acusación, ni por delitos  por  los  cuales  no se haya solicitado condena”, lo  cual  supone que en la acusación deben ser precisados  los  aspectos  fácticos  y jurídicos de la conducta  punible   por   la  que  se  procede,  señalando  su  respectiva  calificación  jurídica,                postulado    conocido  en  nuestro   medio   como   principio  de  congruencia,  también  denominado  como  de correlación1.   

El  desconocimiento de este apotegma, mucho  se   ha   dicho  por  esta  Sala,  aún  en  vigencia  de  estatutos  procesales  precedentes,  no  sólo comporta vulneración de la estructura del proceso, sino  que  además  afecta  el derecho a la defensa, por cuanto el sujeto pasivo de la  acción  penal  resulta  sorprendido  en la sentencia con imputaciones fácticas  y/o   jurídicas   respecto   de   las   cuales  no  ha  tenido  oportunidad  de  controversia.   

Por   consiguiente,   la   incongruencia,  entendida  desde  la  doble perspectiva de garantía y postulado estructural del  proceso,  implica  que  el  fallo  debe  guardar armonía con lo que el imputado  acepte  en  la  audiencia  de  formulación  de  la  imputación  o a través de  preacuerdos    y   negociaciones   celebrados   con   la   Fiscalía2, o ya con las  conductas  punibles  atribuidas  en  el  acto complejo de acusación3.    

         En  el  sistema acusatorio introducido con la ley 906 de 2004, dicha  imputación   es   mixta,   esto   es,   fáctica   y   jurídica,  “porque  sólo  de  esta manera podría garantizarse el derecho de  defensa  y  el  principio  acusatorio,  el  cual  tiene  entre  sus proyecciones  esenciales  la  comunicación  de  la  acusación  al procesado, la que no puede  quedar  reducida  a  la  simple  notificación sobre la existencia del pliego de  cargos  formulado en su contra, sino que es perentorio  informar  por  el  delegado  de  la  Fiscalía  sobre  la  denominación  de las  conductas  imputadas en forma precisa que se le permita  la  plena comprensión en rededor de sus alcances y consecuencias, garantía que  no  se  logra,  sino a través de la conexión entre las imputaciones fáctica y  jurídica”4 (subraya fuera de texto).   

La Sala ha puntualizado en cuanto al primer  concepto,  es  decir,  al  de  imputación  fáctica, que se contrae al deber de  precisar   los   hechos   constitutivos   de   la  conducta  típica  objeto  de  investigación,  valga aclarar, el conjunto de circunstancias espacio temporales  y  modales  que la configuran; mientras el de imputación jurídica se relaciona  con  la  determinación, también clara y concreta,  del delito cometido, o  especie     delictiva     que     se     endilga5.   

De otro lado, en cuanto a las eventualidades  procesales  que  pueden configurar vulneración del principio de congruencia, se  han  señalado  las  siguientes:  “por acción o por  omisión  cuando  se:  i)  condena  por  hechos  o  por  delitos distintos a los  contemplados  en  las  audiencias  de  formulación  de imputación (según  sea  el  caso)  o  de acusación,  ii)   condena  por un delito que no se mencionó  fáctica  ni  jurídicamente  en  el acto de formulación de imputación o de la  acusación,  iii) condena por el delito atribuido  en  la audiencia de formulación de imputación o en la acusación, pero deduce,  además,  circunstancia,  genérica  o  específica, de mayor punibilidad, y iv)  suprime  una circunstancia, genérica o específica, de menor punibilidad que se  haya  reconocido  en  las  audiencias  de formulación de la imputación o de la  acusación”6     (subraya    fuera    de  texto).   

         Sobre   esa  misma temática se ha indicado:   

“Esto equivale  a  decir  que  los  jueces  no  pueden  derivar  consecuencias  adversas para el  imputado  o  acusado,  según sea el caso, ni de los elementos que no se derivan  expresamente   de   los   hechos   planteados   por  la  Fiscalía  ni  de  los  aspectos  jurídicos  que  no hayan sido señalados de  manera  detallada  y  específica  por  el acusador so pena de incurrir en grave  irregularidad    que    deslegitima    e   ilegaliza   su   proceder;  dicho  en  forma  simple:  el  juez  solamente puede declarar la  responsabilidad  del  acusado atendiendo los limitados  y   precisos   términos   que   de   factum   y   de   iure   le   formula   la  Fiscalía,  con lo cual le queda vedado ir más allá  de    los    temas    sobre    los   cuales   gira   la   acusación.   

La congruencia se debe predicar, y exigir,  tanto   de   los  elementos  que  describen  los  hechos  como  de los  argumentos  y las citas normativas específicas. Esto implica (i) que el aspecto  fáctico  mencionado en la acusación sí y sólo sí es el que puede ser tenido  en  cuenta  por  el  juez al momento de dictar sentencia. Si la prueba demuestra  que  los  hechos no se presentaron como los relata la Fiscalía en el escrito de  acusación,  al  juez no le quedará otro camino que el de resolver el asunto de  manera   contraria   a   las  pretensiones  de  la  acusadora;  y,  así  mismo,  (ii)  la  acusación debe ser completa desde el punto  de  vista  jurídico  (la  que,  en  aras de la precisión, se extiende hasta el  alegato  final  en  el  juicio  oral), con lo cual se quiere significar que ella  debe  contener  de  manera expresa las normas que ameritan la comparecencia ante  la  justicia  de  una persona, bien en la audiencia de imputación o bien en los  momentos  de  la  acusación,  de  modo  que en tales momentos la Fiscalía debe  precisar  los  artículos  del  Código  Penal  en  los  que  encajan los hechos  narrados,  tarea  que  debe  hacerse  con  el  debido cuidado para que de manera  expresa   se   indiquen   el  o  los  delitos  cometidos  y  las  circunstancias  específicas   y   genéricas   que   inciden   en   la  punibilidad”7      (subrayas    fuera    de    texto).   

         También  ha  especificado  la    Sala   sobre   esta   temática  que:   

“No  obstante  tratarse  de  delitos  pertenecientes a un mismo capítulo, existir identidad en  el  bien  jurídico  tutelado  y  de  la  sanción punitiva, como quiera que los  argumentos  defensivos  se  encaminan  a  desvirtuar  los  presupuestos  que  la  descripción    típica    del    delito    imputado    contiene,   una  variación  en  torno  de  ella  que  suponga la existencia de  elementos  delictivos  diversos,  de  contenido jurídico, o extrajurídico y en  relación  con  los  cuales,  en  todo  caso,  no  se  habría  ocupado  de  ser  desvirtuados  a  través  de  las  pruebas  con dicho cometido solicitadas en el  juicio,  dado  que  no  hacían  parte  de  la  acusación, es incuestionable la  vulneración  del  derecho  de  defensa”8 (subraya fuera  de texto).   

A manera de conclusión, se ha expuesto más  recientemente  que  “en  el  trámite  ordinario  se  genera  la  imposibilidad  de  modificar  el  aspecto  fáctico consignado en la  formulación  de  acusación, sin perjuicio de que las pruebas practicadas en el  debate  oral  den lugar a una tipicidad que conserve equivalencia con el núcleo  básico  de la imputación y que, además, no implique deterioro de los derechos  de   las   partes   e   intervinientes”9.   

Ahora,  si bien el principio de congruencia  impide  al juez, cuando dicta el fallo, modificar completamente la denominación  jurídica  de  los  hechos, ello no es óbice para degradar la conducta en favor  del  procesado;  por  ejemplo,  tomando en cuenta circunstancias que redunden en  beneficio  del  procesado,  atenuantes  específicas  o  genéricas,  o  incluso  condene  por una ilicitud más leve, siempre y cuando no se afecten los derechos  de       los       demás       intervinientes10.   

          Efectuadas  las anteriores acotaciones, necesarias para delimitar la  cobertura  del  principio  de  congruencia,  se abordará el planteamiento de la  censura  para  lo  cual  se  elaborará  un  recuento de la actuación procesal,  similar  al realizado por el casacionista, con el propósito de establecer si en  verdad se verificó el yerro denunciado.   

Al  respecto,  empiécese  por señalar que  durante  la  audiencia  preliminar  de  formulación de imputación la Fiscalía  construyó  el  cargo  en  contra  de  los  procesados  HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO  y  MARLON  ANTONIO VÁSQUEZ CARO por el delito  contra  la  salud  pública,  en  los  siguientes apartes, algunos de los cuales  también cita el impugnante:   

“…los mencionados pueden ser los autores  o   partícipes   del   concurso   de   conductas   punibles   de   fabricación,  tráfico  o  porte de estupefacientes establecido en  el  artículo  376,  inciso  tercero,  agravado por el  numeral  tercero  del artículo 284 del Código Penal, en concurso con el delito  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer  establecido  en  el artículo 407 del Código  Penal”11(subraya fuera de texto).   

Luego, indicó:  

“…el Ejército Nacional, avisado de unos  movimientos  extraños  por  unas  mulas  y  unos  motocicletas  y  de personas,  decidieron  montar un operativo allí, que dio con la captura de ustedes, cuando  Ricardo  Antonio  llevaba  en  compañía  de  otras  dos personas una sustancia  estupefaciente  que resultó positiva para cocaína y sus derivados, con un peso  neto   de   117   kilos   y   que   se   los  estaba  entregando    a    MARLON    ANTONIO    y    HERNÁN  DARÍO”12 (subraya fuera de texto)   

Más adelante, reiteró:  

“…ustedes la  estaban                transportando13,   la   tenían   consigo,  indudablemente   que   es   para  la  venta,  es  para  el  tráfico,  esa  cantidad  de  droga  no  se  tiene para el consumo, ahí sí  están  desarrollando  esa  actividad  ilícita, esa parte de actividad ilícita  que se llama narcotráfico”   

En    el    mismo    sentido,    luego  destacó:   

“…les estoy comunicando que la Fiscalía  los  está  investigando  por  el concurso de conductas punibles de tráfico,  fabricación  y  porte de estupefacientes porque ustedes  transportaban,  tenían  consigo  para  la  venta,  para el tráfico,   droga   prohibida  por  la  ley,  como  es  la  cocaína  y  sus  derivados”.   

En  desarrollo de esta vista preliminar, el  defensor  solicitó  al  juez  de  garantías  requerir  al  representante de la  Fiscalía  para  que  precisara  los cargos, especialmente en cuanto al grado de  participación,    a    lo    cual    éste    accedió    en   los   siguientes  términos:                 

“teniéndose que la responsabilidad penal  es  personalísima,  esta  sede judicial dará traslado de los planteamientos de  la  defensa  a  la  Fiscalía,  a  fin de que se precise por parte del delegado,  precisamente  esa  modalidad y los cargos que se endilgan en concreto a cada uno  de            los            indiciados”14.   

Tras  el  receso  concedido con ese fin, el  titular  del  despacho  judicial conminó al fiscal para que concretara el grado  de  participación  y la modalidad de la conducta específica del punible contra  la Salud Pública, en los siguientes términos:   

“Bueno,  finalmente,  señor  fiscal,  ¿  entonces  los  verbos  rectores en este caso concreto  son   ?    usted  nos  dirá…”  (subraya fuera de texto).   

En respuesta, adujo el fiscal:  

“Sí   su   señoría,   los  he  venido  manifestando,  transportar, llevar consigo para la  venta,     para     traficar    cocaína    y    sus  derivados…”   

Ahora  bien,  a esta altura de la decisión  importa   recordar  que  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  imputación  jurídica  debe ser congruente entre el acto complejo de acusación  y  la  sentencia y no entre ésta y la audiencia de formulación de imputación,  en  virtud  del  “carácter  progresivo  del proceso  penal,  (dado que) resultaría  inconsistente  dentro de criterios de razón práctica exigir a la Fiscalía que  la  inicial  imputación  formulada  en la audiencia dispuesta para ello tuviera  carácter  inmutable,  inmodificable  y vinculante con carácter definitivo para  el  mismo  ente  acusador y el trámite, pues con una tal postura se olvidarían  las    etapas   de   conocimiento   por   las   cuales   transita   el   proceso  penal”15.   

Así mismo, porque  “la  formulación  de  la  imputación representa un  acto  comunicacional  en  el  cual  la Fiscalía da a conocer al imputado que lo  investiga  por  determinados  hechos, desde luego con la denominación jurídica  que  hasta  ese  momento se despeja, a efectos de permitirle adelantar su propia  investigación,  al  tanto  que  el  ente  oficial hace lo propio, de entrada se  verifica  cómo esos hechos apenas se hallan en agraz en lo correspondiente a su  definición  penal,  pues,  precisamente  esa  investigación de cada una de las  partes  se encamina a delimitar los correctos contornos de lo sucedido, al punto  que,  si  la  Fiscalía  observa inexistente el hecho, ajeno a la definición de  delito,   no   cometido   por  el  imputado  o  realizado  dentro  de  cualquier  circunstancia  de  ausencia  de  responsabilidad,  lo  propio  es que acuda a la  figura        de       la       preclusión”16.   

Por   esa  razón, esta Sala    ha  concluido:   

“Ninguna ligazón o efecto condicionante  de       congruencia       o       consonancia       jurídica      –  salvo desde luego que el marco de  referencia    fáctico    sea    naturalísticamente   el   mismo   –,  puede  existir  entre el acto de  formulación  de  la  imputación  y  la acusación o la sentencia, toda vez que  dicha  sujeción  sólo  puede  ser  comprendida  entre el pliego de cargos y el  fallo,  pues  el  acusado  no  puede  ser  declarado  culpable por hechos que no  consten  en  la  acusación, ni por delitos por los cuales no se haya solicitado  su   condena   (artículo   448   C.  de  P.P.)”17.   

Es  decir  que  aun  cuando  la imputación  jurídica     contenida  en  ese  acto  procesal no es vinculante  frente  a  los  ulteriores  estadios,  sí lo es la fáctica que debe respetarse  hasta  el  momento definitivo de la actuación. Sin embargo, se trae a colación  con  el  objeto de significar que en este caso la falta de definición del verbo  rector    de   la   conducta   tuvo   repercusiones   en   ambos   ámbitos   de  imputación.   

Retomando el recuento procesal, se tiene que  en  el escrito de acusación directo presentado por la Fiscalía el 2 de febrero  de 2009, en torno al delito en cuestión se consignó lo siguiente:   

“Tropas del Pelotón Brasil No. 2 al mando  del  sargento  Segundo  Eliseo López, cuando ejercían maniobras emboscada tipo  estrella,  vieron  llegar  a varios sujetos con dos ejemplares semovientes, tipo  mulas,  descargando cuatro (04) costales que le fueron  entregados   a   dos   de   estos   ciudadanos   que   se   movilizaban  en  dos  motocicletas”18    (subraya    fuera    de  texto).   

En la parte final del escrito, la Fiscalía  deprecó    la    condigna    sanción   penal   en   contra   de   HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO   y  MARLON   ANTONIO   VÁSQUEZ   CARO   “al  hallarlos  responsables  jurídica  y  penalmente hablando, con fundamento en lo normado en  los  artículos  29  y 31 del Código Penal, considerando entonces la existencia  de  un  concurso  de delitos o conductas punibles conforme a la ley penal, y por  el  cual  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  los  acusa como coautores, se  reitera,  a  HERNÁN  DARÍO  HOLGUÍN GRACIANO, MARLON ANTONIO VÁSQUEZ CARO…  por   las   conductas   punibles   de   tráfico,   fabricación   o   porte  de  estupefacientes,  condensado en el Libro Segundo (De Los Delitos en Particular),  Título   XIII   (de   los  delitos  contra  la  Salud  Pública)”19.   

Después,   durante   la   audiencia   de  formulación  de  acusación  celebrada  el 1° de abril de 2009 ante el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Antioquia, la Fiscalía, sobre el  mismo punto, acotó lo siguiente:   

“…cuando    estos    (los   militares)   ejercían  labores  de  patrullaje  y  vigilancia  observaron  llegar  al  sitio  varios sujetos con dos  ejemplares  semovientes  tipo  mula,  descargando  de  éstos  cuatro costales que les fueron entregados a dos  de  los  ciudadanos  que  se  movilizaban  en dos motocicletas…”20 (subraya            fuera           de           texto).                

Más  adelante,  insistió  en una fórmula  similar    a    la    utilizada   en   la   formulación   de   imputación   al  indicar:   

“En el momento de practicarse las audiencias  preliminares  concentradas  se  les adjudicó la responsabilidad de llevar    consigo,    portar   y   transportar   tales   sustancias  ilícitas,   por  ser  de  aquellas  enlistadas  como  ilegales     y    que    producen    dependencia”21   

(subraya fuera de  texto).   

          Posteriormente,  en  el  minuto 21 con 28 segundos, el representante  de la Fiscalía aseveró:   

“…fue así como se procedió a la captura  de  las  5 personas ya mencionadas, quedando aprehendidos como infractores de la  Ley  penal,  en  tanto  que se encontraban incurriendo, todos al unísono, en el  concurso  de delitos de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes acorde  con  el  artículo  376,  inciso  primero,  del  Código  Penal, agravado por el  artículo    384,    numeral    tercero    del    mismo    estatuto”.   

          Finalmente, concluyó en dicha audiencia:   

“…de  esta  manera  entonces, teniendo en  cuenta  el contenido de las normas penales y procedimentales penales, ante todos  esos   elementos   materiales  probatorios,  evidencia  física  e  información  legalmente  obtenida  se  presentó  el escrito de acusación directo, porque el  concurso  de  las  conductas  delictivas  descritas  antes existió y porque los  imputados  en  este  asunto:  HERNÁN  DARÍO  OLGUÍN  GRACIANO, MARLON ANTONIO  VÁZQUEZ  CARO  e  Isnardo  de  Jesús  Valle  Lopera  son  coautores  de dichas  conductas  delictivas,  incurriéndose,  por  tanto,  en ese concurso de delitos  tantas     veces     enunciado,    tráfico,    fabricación    o    porte    de  estupefacientes”22   

.  

Durante la audiencia del juicio oral, por su  parte,  al plantear su teoría del caso, el representante de la Fiscalía, sobre  el   tema   que   concita   la  atención,  hizo  las  siguientes  afirmaciones:   

“…este caso se presentó en el municipio  de  Teque,  donde  se afecta, con esto, no sólo los bienes jurídicos que signa  el  legislador  penal  en el código penal, sino que, afecta el núcleo de   la  comunidad:  la  familia,  al hallarnos dentro del  típico  caso  de  transporte,  tráfico,  conservación  y  así como de llevar  consigo  una  sustancia  de estupefaciente que arrojó  como   resultado,   al   efectuarle  la  prueba  de  identificación  preliminar  homologada  y  el  peritazgo  definitivo,  positivo para cocaína”23  (subraya  fuera de texto).   

         “…culminando  con  la  captura  en  flagrancia,  reitero, de los  mencionados   personajes:   MARLON,  HERNÁN  DARÍO,  Isnardo,  William  Girón  Graciano  y  Ricardo  Antonio David Higuita, dedicados  para  entonces  al  transporte,  tráfico,  conservación o tenencia  de  sustancias  estupefacientes,  valiéndose  del  mimetizaje que  hacían  de esas sustancias en los semovientes tipo mula en las que se halló el  material                  ilícito”24         (subraya fuera de texto).   

          “…en   resumen,   haciendo   parte   del   andamiaje   para  que  el   transporte,  tenencia  y  conservación  de  la  sustancia   incautada,   a   los   tres  primeramente  mencionados  llegaban  al  sitio  donde estos se encontraban aprehendidos por el  Ejército                Nacional…”25   

(subraya fuera de texto).  

          Posteriormente,  en su alegación final, este interviniente procesal  sostuvo:   

“…MARLON ANTONIO, HERNÁN DARÍO, Isnardo  de  Jesús,  cuya responsabilidad penal está demostrada, con certeza de verdad,  en   tanto  que  incurrieron  en  esas  conductas  delictivas,  de  tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes   y   cohecho   por   dar  u  ofrecer”26         (subraya fuera de texto).   

Concluyó  su  teoría  del  caso  en  los  siguientes términos:          

“…HERNÁN  DARÍO,  MARLON  ANTONIO  e  Isnardo  por  último…  puesto  que  los  dos  primeros,  arribaron  al  sitio  no para transportar, seguramente, la mercancía letal  por  el volumen de esta, sino tal vez para prestar seguridad a un cargamento tan  costoso  económicamente  hablando. Y así mismo, como  última  estipulación,  sobre que la cadena de custodia se preservó en todo su  rigor.   

En  esas  condiciones,  como ya lo expresé  desde  la  presentación  de  la  teoría  del  caso, su señoría, los señores  MARLON  ANTONIO  VÁSQEUZ  CARO,  HERNÁN  DARÍO HOLGUÍN GRACIANO e Isnardo de  Jesús  Valle  Lopera  deben ser declarados responsables penalmente hablando del  concurso    de    delitos    de    tráfico,    fabricación    o    porte    de  estupefacientes”27   

(subraya fuera de  texto).   

Las  transcripciones  precedentes  de  las  diversas  intervenciones de la Fiscalía en el decurso de la actuación ponen de  manifiesto,  tal  como  lo advierte el casacionista, que desde los albores de la  actuación  procesal  hubo  imprecisión, falta de concreción, vaguedad y hasta  confusión  en  torno  a  la modalidad comportamental específica imputada a los  procesados    HERNÁN   DARÍO   HOLGUÍN   GRACIANO  y  MARLON  ANTONIO  VÁSQUEZ  CARO con miras a establecer por cuál o cuáles de las  doce  modalidades alternativas contenidas en el tipo penal descrito en el inciso  primero del artículo 376 del Código Penal debían responder.   

En  tal  caso,  de  conformidad  con  los  precedentes   jurisprudenciales   acopiados   al   inicio   de   este   acápite  considerativo,  resulta  indispensable  el  cumplimiento  de  las propiedades de  concreción   y  precisión,  tanto  desde  el  punto  de  vista  fáctico  como  jurídico.   Más  aún  bajo  la  consideración  de  que el tipo penal de  fabricación,  tráfico  o  porte  de  estupefacientes contiene doce modalidades  comportamentales  diversas  expresadas  en  igual número de verbos rectores -de  ahí  la  razón  para  que  el  legislador  haya  optado  por  su consagración  integral-    que,    incluso,    pueden   llegar   a   ser   contradictorias   o  excluyentes.   

Así  lo  señaló  la  Corte  en un asunto  sustancialmente  similar  al  sub exámine,   al  señalar  que  “aun  cuando  los  distintos  supuestos comportamientos aparecen recogidos por el artículo 376 del  código  penal  y  los sanciona con la misma pena, lo cierto es que corresponden   a   diversos   modalidades   de   ataque   del  bien  jurídico,  tanto  así  que cuando el porte excede en  una  proporción insignificante puede llegar a carecer de ofensividad (artículo  11        del        código        penal)”28.   

Pues  bien,  durante su intervención en la  audiencia  de  formulación  de imputación el representante de la Fiscalía fue  insistente   en   una   fórmula   que  combinaba  el  “transporte”  de  los  estupefacientes  incautados  con  la  modalidad  de  “llevar  consigo” y, en  ocasiones,  adicionaba  el  verbo “portar”, sin reparar que para transportar  el  alcaloide  no  es  preciso  llevarlo  consigo  o portarlo.  Es más, el  representante  del  organismo  acusador  persistió en esa impropia fórmula, no  obstante  haber sido requerido por el juez de control de garantías, a instancia  de   la   defensa,  para  que  especificara  el  verbo  rector  de  la  conducta  imputada.    

Dentro de esa misma audiencia, la Fiscalía  también  fue  enfática en señalar que MARLON ANTONIO  y  HERNÁN  DARÍO  fueron aprehendidos en momentos en  que   se   les   “estaba  entregando”  la  mercancía,  pero  ello  resulta  contradictorio, como bien lo  plantea  el  actor,   frente  a  lo  advertido  después  en  el escrito de  acusación,  en  donde  ya no se habla de una acción en curso e inacabada, sino  de  una  finiquitada en tanto dicho suceso habría ocurrido cuando ya les había  sido  entregado  el  estupefaciente,  para  luego  e  inexplicablemente,  en  la  audiencia  de  formulación  de acusación, retomar la primera expresión. Tales  indecisiones  dejan  entrever  la  falta  de  claridad del acusador frente a las  imputaciones fáctica y jurídica de esta conducta.   

Por  su  parte, en esta misma audiencia, el  ente     acusador    introdujo    las    inflexiones    verbales    “conservación”    y    “tenencia”, no utilizados en los actos  previos y ni siquiera en el escrito de acusación.   

Pero lo que llena de mayor perplejidad sobre  esta  temática  es  la  afirmación  contenida  en  el  alegato  final  de este  interviniente,     en     el    sentido    de    señalar    que    “HERNÁN  DARÍO,  MARLON ANTONIO e Isnardo, “arribaron al sitio  no para transportar, seguramente, la mercancía letal  por  el volumen de esta, sino tal vez para prestar seguridad a un cargamento tan  costoso   económicamente   hablando”  (subrayas  fuera de texto), cuyos términos (“tal vez”) no sólo  dejan  al  descubierto  la incertidumbre del ente acusador, sino, lo más grave,  refiere  a  otra  modalidad  “prestar seguridad”, totalmente diferente a las  anteriores.   

Ahora  bien,  la  exigencia de concretar la  imputación  jurídica,  como bien lo indica el censor, no se suple en este caso  acudiendo  al  nomen juris de  la   conducta   descrita   en   el   artículo  376  del  C.P.  de  “tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes”,   en   tanto  no  recoge  todas  las  hipótesis  comportamentales  contenidas en los doce verbos rectores alternativos.   

La  vislumbrada  falta de concreción de la  Fiscalía  a que se ha venido haciendo referencia, proyectó sus nocivos efectos  en  el  fallo  de  primer  grado,  donde simplemente se refirió al nomen  juris,  previa  minimización de la  incidencia  de  esta  falencia, como lo precisó la titular de dicho despacho al  anunciar   el   sentido  del  fallo,  reduciendo  la  controversia  a  señalar:  “¿cuál  es  la trascendencia que tiene el hecho de  que  se  encontraban  cargando  o  descargando  las mercancías ?”29.   

Pero más infortunada resulta la postura del  ad  quem,  no sólo porque a  pesar  de consentir con la presencia de la irregularidad no adoptó el mecanismo  correctivo,  sino  en tanto pretendió enmendarla aduciendo que el ente acusador  siempre  fue  coherente  al  seleccionar  la  modalidad  de “transportar” el  estupefaciente    como    desarrollada    por    los   implicados   HOLGUÍN    GRACIANO    y   VÁSQUEZ  CARO, igual planteamiento expone  el  Fiscal  Delegado  ante  esta  Corporación  durante  su  intervención en la  audiencia  de  sustentación del recurso extraordinario de casación, dejando de  lado  con  ello  que precisamente el mismo representante del ente acusador, como  ya  se  advirtió, durante su alegación final en desarrollo de la audiencia del  juicio  oral,  descartó  expresamente esa modalidad, para introducir una novel,  consistente       en       “prestar       seguridad”      al      cargamento  ilícito.                      

Lo  expuesto, permite a la Sala colegir que  asiste  razón  al  defensor  de  HOLGUÍN  GRACIANO  y      VÁSQUEZ  CARO  al  deprecar  el  decreto  de  invalidez  de  la  actuación,  mas  ello  no como consecuencia de la vulneración del principio de  congruencia  invocado, lo cual supone que la acusación sea diáfana y concreta,  sino  por  violación del debido proceso precisamente porque este acto evidencia  indeterminación  y  ambigüedad  en  relación  con la conducta contra la salud  pública  imputada como consecuencia del desconocimiento de su deber, consagrado  en  el inciso primero del artículo 443 del estatuto procesal penal, consistente  en   exponer,   durante   su   intervención,   “los  argumentos    relativos    al    análisis    de    la    prueba,   tipificando  de  manera  circunstanciada la conducta por la cual ha  presentado     la     acusación”    (subraya fuera de texto).   

Tal  actitud,  a no dudarlo, resulta lesiva  del  proceso  como  es debido, del principio de tipicidad estricta y del derecho  de  defensa,  esto  último en la medida en que se le creó incertidumbre, amén  de  que se la sorprendió, pues dificultó el diseño de una estrategia clara en  orden a desvirtuar la imputación.   

          Para  corregir  el  yerro denunciado por la defensa y constatado por  la  Corte,  se  impone,  en  consecuencia,  invalidar  la  actuación en aras de  garantizar  que  dentro  de canales de validez y legitimidad los procesados y la  defensa estén en condiciones de ejercer sus derechos.   

          Sobre  este  punto, la Colegiatura también expresa su disentimiento  frente  a lo expuesto por el Fiscal Delegado ante la Corte en cuanto a que no es  viable  el  decreto  de  nulidad  por  la  inobservancia  de tres principios que  regulan  su  procedencia, a saber, los de trascendencia, instrumentalidad de las  formas y convalidación.   

          Respecto  de  los  dos primeros, cuya distinción no dimana diáfana  de   su  intervención,  dado  que  la  centra  en  la  situación  de  personas  desvinculadas  de  esta  actuación  procesal,  en  uno  de  los  casos,  el  de  Ricardo     Antonio    David    Higuita,  por  haberse  allanado  a  los  cargos desde la misma audiencia de formulación de imputación  y,   en   el  otro,  el  de  William  Girón  Graciano  por  haber sido absuelto tras evacuarse todo el juicio  de forma independiente.   

No   repara  este  interviniente  que  la  incidencia  del  decreto de invalidez de una actuación debe ser ponderada en su  interior,  sin  que asista competencia para elucubrar sobre los efectos que ella  pueda  contraer  frente  a  personas  contra  quienes  se  surtieron actuaciones  independientes.   

Atinente  al  principio  de  convalidación  porque,  según  dice, el defensor no planteó la nulidad, con fundamento en las  mismas  razones,  en  la  oportunidad  procesal  prevista  para  ello durante la  audiencia  preparatoria,  desconociendo  de  forma  flagrante  no  sólo  que la  situación,  como  se  demostró  con  el  recuento  de  la actuación procesal,  desmejoró  durante  el  juicio,  sino  que la convalidación no opera cuando se  materializa  violación  de  garantías  fundamentales,  como  en  este  caso se  verifica  por  transgresión  ostensible  del  debido  proceso  y del derecho de  defensa.      

          Ahora  bien, el decreto de la nulidad, a diferencia de lo pretendido  por   el  casacionista,  no  será  total  sino  parcial.  Ello,  en  cuanto  la  irregularidad  denotada  exclusivamente afecta lo tramitado por el delito contra  la   Salud   Pública   y   en  nada  lo  referente  a  la  conducta  contra  la  Administración  Pública  de  cohecho  por  dar  u ofrecer por la cual también  fueron condenados.   

Sobre ese punto bien está señalar que aun  cuando  se  trata de conductas concursales, son autónomas e independientes, sin  que  exista  entre  ellas relación íntima de medio a fin o de dependencia, que  imposibilite   adoptar   una   decisión  respecto  de  una  que  necesariamente  comprometa  la  otra,  como  de forma somera lo aduce el defensor, máxime si el  decreto  de nulidad aquí decretado, como ha quedado visto, se circunscribe a la  imputación  por  el  delito  contra  la  salud  pública. En virtud de ello, lo  procedente,  de  conformidad  con  lo previsto en el artículo 53, numeral 2 del  estatuto    procesal    penal,   es   decretar   la   ruptura   de   la   unidad  procesal.   

Tal  determinación  comporta  la  labor de  redosificar   la   pena   a   imponer  respecto  de  los  procesados   HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN  GRACIANO  y  MARLON  ANTONIO VÁSQUEZ CARO  por  el  delito  de  cohecho  por dar u ofrecer, para lo cual se respetarán los  parámetros   expuestos   por   el  a  quo,  no modificados  por el Tribunal, quien, sobre el particular, consignó:   

“En lo que respecta al punible de cohecho  por  dar  u  ofrecer, previsto en el artículo 407 del Código Penal, modificado  por  el  14  de  la  Ley  890  de 2004, esta judicatura se ubicará en el primer  cuarto,  en  razón  de  las mismas consideraciones adoptadas para la primera de  las  conductas  dosificadas,  dentro  del cual por considerar que este delito no  reviste  particulares  circunstancias  de  mayor  gravedad, se impondrá la pena  mínima  de  cuatro (4) años de prisión, multa de sesenta y seis con sesenta y  seis  (66,66)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas durante seis (6) años y  ocho          (8)         meses”.           

En  ese  orden  de  ideas, se condena a los  procesados    HERNÁN    DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO  y  MARLON  ANTONIO  VÁSQUEZ  CARO a las penas mínimas principales señaladas en la  ley  de  cuatro (4) años de prisión, multa de sesenta  y  seis  punto  sesenta  y  seis  (66,66)  salarios mínimos legales mensuales e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  seis (6) años y ocho (8) meses, como autores penalmente responsables  de      delito     de     cohecho     por     dar     u     ofrecer.            

Valga    aclarar    que   la   anterior  redosificación   no  configura  quebranto  del  principio  de  la  non  reformatio in pejus, pues en el evento  de  hallarse  responsables  a  HERNÁN  DARIO HOLGUÍN  GRACIANO  y  MARLON  ANTONIO  VÁSQUEZ   CARO   por   la   conducta   de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  por  la  cual se decreta la nulidad  parcial,  es  viable  acudir al instituto de la acumulación jurídica de penas,  en    los    términos    del   artículo   460   del   estatuto   procedimental  penal.   

De    otro    lado,    la  determinación  aquí  adoptada  no  altera  lo  resuelto  por  las  instancias  en  torno a lo decidido respecto del  subrogado  penal  de  la condena de ejecución condicional, pues no se satisface  el  factor objetivo contemplado en el numeral 1° del  artículo 63, para su concesión.   

Tampoco   afecta   lo  decidido  por  las  instancias  en relación con el sustitutivo de la prisión domiciliaria, pues si  bien  se  satisface  el  presupuesto  objetivo  contenido en el artículo 38 del  Código   Penal,   en  cuanto  el  beneficio  procede  para  conductas  punibles  “cuya  pena  mínima prevista en la ley sea de cinco  (5)  años  de  prisión  o  menos” y en este caso la  prevista  para  el  delito  de  cohecho por dar u ofrecer, como acertadamente lo  razonó  el  a  quo,  es  de  cuatro  (4)  años  de  prisión,  no  se cumplen los condicionamientos de orden  subjetivo  allí  previstos  que  imponen la necesidad de tratamiento intramural  para los mencionados.   

Ciertamente, de acuerdo con la preceptiva en  cita  se  concederá el sustitutivo si “el desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social del sentenciado permita al juez deducir  seria,  fundada y motivadamente que no colocará en peligro a la comunidad y que  no evadirá el cumplimiento de la pena”.   

Sin embargo, la información contenida en el  expediente,  da  cuenta  de que esta conducta contra la Administración Pública  por  la  cual  se  condena  a los procesados es de mayúscula gravedad, en tanto  elevó  significativamente  el  potencial  corruptor,  por ofrecerse una suma de  dinero  a  miembros  activos  del  Ejército  Nacional para que no cumplieran su  función  de  lucha  contra  la  delincuencia  organizada y, particularmente, en  orden  a  combatir  el  tráfico  de estupefacientes, cuyo alcance, como bien es  sabido,   ha   pervertido   y   desestabilizado   todos  los  estamentos  de  la  sociedad.   

          En  virtud  de  lo anterior, los procesados continuarán privados de  su libertad ejecutando esta pena.   

Los  demás  pronunciamientos del fallo, se  mantendrán incólumes.   

          Así  las  cosas,  se declarará la nulidad parcial de la actuación  en  cuanto  a  lo  tramitado  por el delito de fabricación, tráfico o porte de  estupefaciente   y   respecto  exclusivamente  de  los  procesados  HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO   y  MARLON ANTONIO VÁSQUEZ CARO,  a  partir de la presentación del escrito de acusación de fecha 2 de febrero de  2009,  con  el  objeto  de que la Fiscalía concrete la modalidad comportamental  del mencionado delito por la cual acusa a los prenombrados.   

          La  decisión  invalidante,  se  hace énfasis, no afecta la condena  contra   el   coprocesado   Isnardo  de  Jesús  Valle  Lopera  por  los  delitos  de tráfico, fabricación o  porte de estupefacientes agravado y cohecho por dar u ofrecer   

         Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.          CASAR           PARCIALMENTE   el   fallo  objeto de impugnación, por  razón  del  único  cargo   propuesto   en  la  demanda  presentada  por  el      defensor      conjunto            de            los            procesados  HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO  y     MARLON    ANTONIO    VÁSQUEZ  CARO.   

        2.         DECLARAR,    en    consecuencia,   la   nulidad  parcial  de  la actuación procesal en  cuanto  a lo tramitado por el delito de fabricación, tráfico  o     porte     de     estupefacientes  y  respecto,  exclusivamente,  de  los  procesados  HERNÁN   DARIO  HOLGUÍN  GRACIANO  y  MARLON    ANTONIO    VÁSQUEZ    CARO,  a  partir  de  la presentación del  escrito   de   acusación   de   fecha   2   de   febrero   de  2009.   

Por  razón de  lo  aquí  dispuesto, se decretará la ruptura de la  unidad procesal frente a  la  responsabilidad  de  los  mencionados  por  el  delito  de cohecho por dar u  ofrecer  y  la  declarada en contra del coprocesado  Isnardo  de  Jesús Valle  Lopera.   

3.   IMPONER  a  HERNÁN   DARIO   HOLGUÍN   GRACIANO   y  MARLON ANTONIO VÁSQUEZ CARO,  las  penas  principales de cuatro (4) años de prisión, multa de  sesenta  y seis punto sesenta y seis (66,66) salarios mínimos legales mensuales  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el  lapso  de  seis  (6)  años y ocho (8) meses, al encontrarlos autores penalmente  responsables       de       delito      de      cohecho      por      dar      u  ofrecer.            

4.  PRECISAR  que  esta  determinación  no  afecta lo resuelto por las instancias en relación con  el  subrogado  penal  de  la  condena de ejecución condicional ni en torno a la  prisión domiciliaria.          

         5.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                   JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ     DE     LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Así,  por  ejemplo,  recibe  esa  denominación  en  “Lecciones  de Derecho Procesal  Penal”,  Teresa  Armenta  Deu,  señalando que “la  sentencia  no puede condenar por un hecho punible distinto del que fue objeto de  acusación,  ni  a sujeto diferente de aquel a quien se imputó y posteriormente  se  acusó,  según  la delimitación formal de la acusación en los escritos de  calificación  o  acusación…”.  Ed. Marcial Pons,  Madrid, 2004, págs. 56-57.   

2  L.  906 de 2004, artículos 293 y 348 a 354.   

3  Artículo        337,        ibídem.   

4  Sentencia del 28 de febrero de 2007, rad. 26087.   

5  Sentencias  de 24 de abril y 29 de octubre de 2003, rads. 17346 y  19138, respectivamente.     

6  Sentencia del 6 de abril de 2006, rad. 24668.   

7  Sentencia del  25 de abril de 2007, rad. 26309   

8  Sentencia del  27 de julio de 2007, rad. 26488.   

9  Sentencia del 28 de noviembre de 2007, rad. 27518.   

10  Sentencia del 27 de julio de 2007, rad. 26468   

11  Récord  3’20’’  del  c.d.  contentivo  de  las  audiencias preliminares.    

12  Récord  3’57’’  ibídem.   

13 Se  refiere a los 5 individuos aprehendidos.   

14  Récord               19’13’’  ibídem.   

15  Sentencia de 4 de febrero de 2009, rad. 30043.   

16  Auto de 13 de septiembre de 2010, rad. 34493.   

17  Sentencia del 8 de octubre de 2008, rad. 29338.   

18  Fol. 35 del c.o.   

19  Fol. 39 del c.o.   

20  Récord               14’30’’ del  cd. contentivo de la audiencia de formulación de acusación.   

21  Récord               20’09’’  ibídem.   

22  Récord               26’36’’  ibídem.   

23  Récord  9’16’’   del  c.d.  contentivo  de  la  audiencia de juicio oral.   

24  Récord               14’21’’ibídem.   

25  Récord               21’27’’  ibídem.   

26  Récord      24’  11’’   ibídem.   

27  Récord    1h.    33’  54’’   ibídem.   

28  Sentencia del 20 de octubre de 2005, rad. 24026.   

29  Récord               10’10’’  de  la audiencia de lectura de fallo.     

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