35003(28-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No.436  

Bogotá D. C., veintiocho de noviembre de dos  mil doce.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisión de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   MELQUISEDEC  BUSTOS  GODOY  y VALENTÍN   MURILLO   ANDRADE   contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Antioquia el 17 de junio de 2010,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de ese Distrito Judicial el 2 de diciembre de 2009, que  condenó  a  los  procesados  por  el  delito  de tráfico de sustancias para el  procesamiento de narcóticos.   

Hechos  

El  17  de  enero  de 2009, integrantes de un  retén  militar  ubicado  en  la  vía  Medellín  Caucasia,  observaron  que un  automóvil  particular  se  detuvo  antes  de  llegar  al sitio de control y que  minutos  después  un  bus  de servicio público hizo lo mismo, de cuyo interior  bajaron   unas   canecas   plásticas.  Como  este  procedimiento  les  pareció  sospechoso,  los  abordaron, descubriendo que las pimpinas contenían sustancias  para  el  procesamiento de narcóticos (165 litros de acetona, 4 litros de cloro  y  34.5  kilogramos  de  soda  caustica).  Por  tal  razón,  inmovilizaron  los  vehículos  y  capturaron  a  MELQUISEDEC BUSTOS GODOY,  VALENTÍN     MURILLO     ANDRADE,     EDWARD   DE  JESÚS  HERNÁNDEZ  ROMERO  y  MANUEL EMILIO ATENCIO SANTOS,  los  dos  primeros  ocupantes  del  bus  y  los últimos ocupantes del vehículo  particular.   

Actuación procesal relevante  

1.  Realizadas las audiencias preliminares de  formulación  de  la imputación y de imposición de medida de aseguramiento, la  fiscalía,  mediante  escrito  de  16  de  febrero de 2009, presentó acusación  contra  MELQUISEDEC  BUSTOS  GODOY,  VALENTÍN MURILLO  ANDRADE,  EDWARD  DE  JESÚS  HERNÁNDEZ  ROMERO  y  MANUEL  EMILIO  ATENCIO SANTOS,  por el delito de tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos,  la  que formalizó en  audiencia celebrada el 15 de mayo siguiente.   

2.  Al  término  del  juicio  oral,  la juez  anunció   que   el   fallo  sería    absolutorio  para  EDWARD   DE  JESÚS  HERNÁNDEZ  ROMERO  y  MANUEL EMILIO ATENCIO SANTOS,  y   condenatorio   para   MELQUISEDEC   BUSTOS  GODOY  y    VALENTÍN   MURILLO  ANDRADE,  y  así  lo  plasmó en la sentencia de 2 de  diciembre  de  2009,  en la que condenó a los últimos a la pena principal de 8  años   de   prisión  y  multa  de  2.666,66  s.m.l.m.v.,  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término de la pena privativa de la libertad.   

3.  Apelada  la  decisión  de condena por el  defensor  de  los  procesados  MELQUISEDEC BUSTOS GODOY  y    VALENTÍN   MURILLO  ANDRADE,  el  Tribunal Superior de Antioquia, mediante  el  suyo  de  17  de junio de 2010, lo confirmó en todas sus partes. Inconforme  con esta decisión, la defensa recurre en casación.   

La demanda  

Plantea  un  cargo  contra  la  sentencia, al  amparo  de  la causal prevista en el numeral primero del artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  que  prevé  la  procedencia  del  recurso cuando las sentencias  afectan  garantías  fundamentales  por  falta  de  aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional o legal.   

Sostiene   que  en  el  presente  caso  los  juzgadores   “violaron   indirectamente”   la   normatividad  legal,  “por  interpretación  errónea  de  los  artículos  13,  23,  29 de la Constitución  Nacional,  el  in  dubio pro reo, el artículo 314 de la ley 906 y demás normas  vigentes  favorables  aplicables”,  y por desconocimiento de los principios de  la  sana  crítica  previstos  en  los  artículos  233, 257, 277, 282 y 287 del  estatuto procesal.   

Afirma  que  el  error  se presentó porque a  pesar  de  estar involucradas en los hechos cuatro personas, todas bajo la misma  presunción  de  posesión  de  sustancias para el procesamiento de narcóticos,  los  juzgadores  decidieron  darle  un  trato  diferencial  a  los ocupantes del  vehículo particular.   

Precisa  que la investigación se soportó en  los   testimonios   del  Cabo  JHONATAN  ADRÍAN  CAÑON  NAVARRO,  militar  que  inmovilizó  los  vehículos  en  compañía de los Soldados JULIO PÉREZ y JOSE  CALAO  YEPES,  quienes  no  obstante  hallarse en el mismo lugar y en las mismas  condiciones,  presentan  contradicciones  en  sus dichos, pues mientras el   Cabo  CAÑON  dijo haber visto cuando bajaban del autobús las pimpinas, el Cabo  PÉREZ afirma no haber observado  nada.   

Argumenta  que  no  es  explicable  que  dos  personas,  desde  un  mismo  punto, no vean lo mismo, más tratándose de varios  elementos,  que exigían para ser descargados distintos viajes, y que el juez se  equivoca  al  justificar  esta contradicción aduciendo que lo común es que dos  personas  no  vean  lo  mismo,  porque no se trató de un hecho rápido, sino de  acto continuo y repetitivo.   

Agrega  que  los juzgadores absolvieron a los  ocupantes  del  vehículo  particular porque consideraron que no se probó si el  vehículo  estaba  varado  y si en realidad los insumos eran de ellos. Pero esto  fue  dilucidado por los testimonios del personal de la Sijin, que afirman que el  vehículo  lo  movilizaron  dos  Soldados acompañados de sus ocupantes, lo cual  desvirtúa  que  estuviera  varado.  Y si esto es así, ¿por qué no pensar que  las  sustancias  eran  transportadas  en  este  vehículo y no en el de servicio  público?   

Señala  que esta forma de apreciar la prueba  deja  mucho  que  desear,  porque  no  se  utilizó  el mismo raciocinio con sus  defendidos,  pues  los  juzgadores admitieron que existían dudas respecto de la  “materialidad  de la conducta” de los ocupantes del vehículo pequeño, pero  no  advirtieron  las  contradicciones  en relación con los ocupantes del bus, a  pesar de ser tan evidentes.   

Además de esto, el Cabo CAÑÓN afirmó en la  audiencia  que al revisar el automotor de servicio público no encontró nada en  su  interior,  lo  que  deja  en  claro  que los condenados no transportaban ese  material,  y  en el proceso nunca logró demostrarse que lo hicieran, puesto que  la  única  prueba que existe de esto es el testimonio del Cabo CAÑÓN, la cual  es desvirtuada por el Cabo PÉREZ.   

Ante  estas  dos premisas contradictorias, se  crea  una  duda  razonable,  que  no  fue  tenida  en cuenta por los juzgadores,  quienes  valoraron  la  prueba  en  forma parcializada. Por tanto, solicita a la  Corte  casar  parcialmente la sentencia impugnada y absolver a sus representados  de los cargos imputados en la acusación.       

SE CONSIDERA  

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  que  se  estudia   por  no  cumplir  el  requisito  referido  a  la  debida  sustentación  del  cargo  propuesto, ni satisfacer los presupuestos básicos de  idoneidad  sustancial  necesarios para la realización de los fines del recurso,  que  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004  exige  para  su  estudio de  fondo.    

El impugnante invoca como causal de casación  la  prevista en el numeral primero del artículo 180 de la Ley 906 de 2004, esto  es,  violación  directa  de  la ley sustancial, por interpretación errónea de  los  artículos  12,  23  y  29  de  la  Constitución  y 314 (sic) del estatuto  procesal penal.   

Siendo  este  el  enunciado del ataque, quien  recurre  debía probar que los juzgadores seleccionaron correctamente las normas  que  dice violadas, pero que al aplicarlas, lo hicieron otorgándoles un alcance  o  sentido distinto del que causan, demostración que debía cumplir en el marco  del   raciocinio  puramente  jurídico,  con  acatamiento  de  las  conclusiones  probatorias de los fallos de instancia.   

Estas  directrices básicas no son observadas  por  el  libelista,  pues  en  la  labor  de  sustentación  del  cargo  toda la  argumentación  se  circunscribe  al  cuestionamiento de la apreciación que los  juzgadores  hicieron  de  la prueba, por considerar que es equivocada, propuesta  que,  de  acuerdo  con  las  reglas del recurso, debió formular al amparo de la  causal tercera.       

Adicionalmente  a  esto, debía precisar qué  error  en  concreto  cometieron  los juzgadores: si de hecho por falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso raciocinio; o de derecho por  falso  juicio de legalidad o falso juicio de convicción. Y una vez identificada  su   naturaleza,  probar  su  existencia  y  demostrar  su  trascendencia.    

El error de existencia presupone acreditar que  el  juzgador  ignoró  o  supuso  un  medio  de  prueba.  El  de  identidad  que  distorsionó  su contenido fáctico. El de raciocinio que desconoció las reglas  de  la sana crítica en su valoración. El de legalidad que inobservó los ritos  de  incorporación  o  producción  del   medio.  Y  el  de convicción que  inaplicó las normas que tarifan su valor o eficacia probatoria.   

Y la acreditación de su trascendencia exige,  por  su  parte,    realizar  un análisis objetivo de los elementos de  prueba  en que se fundamentó la decisión, al margen del error que se denuncia,  y  demostrar, que de no haberse presentado éste, las conclusiones probatorias y  el      sentido      del      fallo      habrían      sido      sustancialmente  diferentes.      

Esta  carga demostrativa, como ya se indicó,  no  la cumple el impugnante, no obstante que toda la fundamentación la dedica a  cuestionar  la  valoración  probatoria  realizada  por  los juzgadores, pues en  parte  alguna  se  ocupa  de  identificar  la  clase  de  error  cometido, ni de  demostrar     su     existencia,     ni     mucho    menos    de    probar    su  trascendencia.      

Sus argumentaciones se reducen a una crítica  abierta  a  la  valoración  que  los  juzgadores  realizaron  de  los elementos  probatorios,  fundada en una apreciación personal e interesada de la misma, que  busca  hacer prevalecer sobre la de los fallos, pretensión que resulta inane en  esta  sede,  en  virtud  de  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que  acompaña el fallo de segundo grado.   

Visto, entonces, que la demanda no cumple las  condiciones  mínimas  de orden formal y sustancial exigidas por la normatividad  legal   para  su  selección  a  estudio,  se  la  inadmitirá  a  trámite,  en  aplicación  de  lo  dispuesto  en  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, y se  ordenará   devolver   el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo  violaciones  de  las  garantías fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

Insistencia  

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia  por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en el  artículo  184  inciso  segundo  ejusdem,  en  la oportunidad, forma y términos  precisados        por        la        Corte.1   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la  demanda de casación presentada por el defensor de  MELQUISEDEC  BUSTOS  GODOY  y  VALENTÍN       MURILLO       ANDRADE.       

Contra  esta decisión procede la insistencia  en  la  oportunidad y términos indicados en la parte considerativa.     

NOTIFÍQUESE    Y   CÚMPLASE.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                 FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ            GUSTAVO   ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ                                      

LUIS       GUILLERMO       SALAZAR  OTERO                    JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                

                                                            JAVIER ZAPATA  ORTIZ                           

                                                      Nubia Yolanda Nova García   

                                            Secretaria   

    

1  Cfr.Casación  24322,  auto de 12 de diciembre de 2005. Casación 33181, auto de  28  de  septiembre  de  2011.  Casación  34.946, auto de 17 de octubre de 2012,  entre otras decisiones.     

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