34915(10-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 106   

Bogotá, D. C., diez (10) de abril de dos mil  trece (2013).   

ASUNTO  

Decide  la  Sala  acerca de la posibilidad de  admitir  la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de MELBA LUCÍA  DÍAZ  DE  RESTREPO  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  proferido por el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Valle-dupar, en el cual confirmó la  pena  de  50  meses  de  prisión  y  de  cinco años de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas que le impuso a dicha persona el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de la aludida ciudad, por los delitos de  hurto   agravado   (por  la  confianza)   y   falsedad   material   en   documento  público.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Neila   Díaz   Cuello   falleció   el   21   de  marzo  de  2002.  Tenía  una  deuda  con su  hermana   MELBA   LUCÍA  DÍAZ  DE  RES-TREPO y Julio  Restrepo    que    ascendía   a   $230’000.000.    Rafael    Díaz  Daza,  el  padre  de ambas, acordó  con  los acreedores entregarles dos inmuebles ubicados  en   Valledupar,   avaluados   en   $126’000.000,   así  como  otros  bienes  muebles     valorados     en     $50’000.000,    quedando   un   saldo   de  $90.000.000.   

MELBA LUCÍA DÍAZ DE RESTREPO, sin embargo,  tomó  dos  automotores  de  propiedad  de  Rafael  Díaz  Daza  que    no   eran   parte   del  pago concertado. Falsificó,           además,  la firma de éste para el traspaso de  uno de ellos, lo vendió y escondió el otro vehículo.   

2. Por   ello,  la  Fiscalía  Delegada  ante  los  Jueces Penales de Valledupar ordenó la apertura  formal  del  proceso  y  vinculó  a  MELBA  LUCÍA  DÍAZ  DE RESTREPO mediante  indagatoria.   Una   vez  agotada  la  instrucción,  calificó  el  mérito  del  sumario el 29 de abril de  2008,  acusándola por las  conductas  punibles  de  hurto  agravado (por  la  confianza)  y falsedad material  en  documento  público,  según  lo  previsto en los  artículos  239,  241  numeral  2  y  287  de la Ley 599 de 2000, actual Código  Penal.   

3.           Ejecutoriado     el     pliego     de  cargos   el   13   de   mayo   de  2008,  la  etapa siguiente le correspondió al  Juzgado    Tercero    Penal    del    Circuito   de  Valledupar,  despacho  que  condenó  a  la  procesada,  como  autora  de los delitos objeto de imputación,  a  cincuenta  meses  de  prisión  y  cinco  años de  inhabilitación     para    el    ejerci-cio    de    derechos    y    funciones  públicas,   así   como   al  pago  de  los  daños  ocasionados    con    la    conducta.   Igualmente,  le  concedió  el mecanismo  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

4.  Apelada  la  decisión    por    la  defensa,   el   Tribunal  Superior      del     Distrito     Judicial     de  Valledupar  la confirmó en  lo    que    fue    objeto   del   debate,   y   la  aclaró  en  el  sentido  de  que,  en  la acción de  falsedad,    MELBA    LUCÍA   DÍAZ   DE   RESTREPO   actuó   a   título   de  determinadora.   

5.  Contra  el  fallo  de  segundo    grado,   interpuso   el   abogado  de    la    procesada  el   recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

1. Propuso     el     recurrente    dos  cargos:  el  primero, al amparo de la causal tercera  de  casación  (numeral  3  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000); y el  segundo,  con  base en la causal primera  cuerpo segundo (numeral 1 de la norma  en  cita). Los sustentó  de la siguiente manera:   

1.1. Nulidad   por   motivación   deficiente   de  la  resolución  de  acusación  y del fallo de  segunda  instancia. En el  llamado  a  juicio,  la Fiscalía Delegada se limitó a relatar cómo sucedieron  los  hechos.  Olvidó  que  toda  la  investigación  estuvo  dirigida  a  cuestionar  el comportamiento de Julio Restrepo y que MELBA  LUCÍA   DÍAZ  DE  RESTREPO  sólo  fue      asistida      por   un   abogado   cuando  rindió  la  indagatoria.  El  Tribunal,  por  su  parte,  hizo  un análisis precario de los  elementos  que  llevaron  al  juez  a  quo  a  adoptar  la decisión de condena,  situación   que  imposibilita  a  la  defensa  para  debatir su fallo en sede de casación.   

1.2.  Errores de  hecho   (falso   juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio)   en   la   valoración  de  la  prueba.  No   fue  aplicado  el  principio  de  duda  a  favor  del  reo. Igualmente,  “se  violo [sic]  el  principio de investigación  integral”1  previsto en el inciso final  del  artículo 250 de la Constitución Política. Las  instancias  edificaron  la  condena por el delito de  hurto  en  dos medios de  prueba  (la  denuncia  de  Rafael  Díaz  Daza y el testi-monio de Carmen Celina  Cuello  de  Díaz),  que además de contradictorios no eran creíbles, así como  en  un indicio grave, que  no   fue  definido  ni  motivado  en  debida  forma.  En   cuanto   a   la   conducta   de   falsedad,  nunca  se  demostró quién  realizó la alteración del documento ni quién hizo uso del mismo.   

2. En  consecuencia, solicitó a la Corte,  en    relación    con   el   primer   cargo,   reconocer   la   “violación   de   una   norma  de  derecho  sustancial”2       para     “dictar     sentencia     de  reemplazo”3.         Y,  en lo atinente al segundo reproche,  pidió       proferir       “sentencia      de  reemplazo                absolutoria”4  o,  en su  defecto,  “entrar  a  aplicar  la  hermenéutica o  principio  de  derecho  ante  los  agravios  que  se  han denunciado”5.   

CONSIDERACIONES  

1. La casación es un  recurso  extraordinario  que permite cuestionar, ante la máxima autoridad de la  justicia  ordinaria, la correspondencia de una sentencia de segundo grado con el  orden jurídico.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si  se  descubre   en  el  fallo  un  error  de  juicio  o  de  trámite  jurídicamente  trascendente,  ya  sea  propuesto por el recurrente o advertido de oficio por la  Corte.   

Una  decisión  ajustada  a  derecho,  por el  contrario,  es  aquella  que  logra  sobrevivir  racionalmente a la crítica. La  crítica  será  irrelevante si no logra refutar la providencia, es decir, si no  demuestra,  bajo  los  parámetros  jurisprudenciales,  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con  la  Constitución  Política,  la ley o los principios que las  rigen.   

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213 de la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal aplicable para este  asunto)  exigen  una presentación lógica y adecuada a cada una de las causales  establecidas  en  el  artículo  207 de tal estatuto, así como el desarrollo de  los  cargos que por yerros de trámite o de juicio haya propuesto el recurrente,  con  la  demostración  de  su  importancia  para  los  efectos  de la decisión  adoptada.   

2.  En  el presente  asunto,  el defensor de MELBA LUCÍA DÍAZ DE RESTREPO, en los dos reproches por  él  aducidos,  jamás  propuso algún yerro susceptible de ser abordado en sede  de casación. En efecto:   

2.1.    Primer  cargo. Cuando al amparo de la  causal  tercera de casación el recurrente solicita la nulidad de lo actuado por  violación  de  las  garantías judiciales, le asiste la obligación de precisar  la  irregularidad aludida, así como la de especificar su clase (es decir, si se  trata  de  la afectación de los derechos del sujeto procesal o del menoscabo de  las  etapas  esenciales  de  la  instrucción  o  el  juicio),  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  que  la apoyan, el perjuicio ocasionado y el momento a  partir del cual debería decretarse la invalidación.   

En  el  presente  asunto,  el  demandante  no  cumplió  con esos parámetros. Por un lado, aseguró, sin mayor sustento que la  sola  afirmación,  que  tanto la resolución de acusación como la sentencia de  segunda  instancia  fueron motivadas de manera indebida. Esta situación, por lo  demás,  implicaba  anomalías  de  trámite  autónomas  o diferentes y, por lo  tanto, no podían ser reclamadas dentro del mismo reproche.   

Adicionalmente, en lugar de exponer de manera  clara  y  con-vincente  las  razones  por  las  cuales había deficiencias en la  fundamentación  de  los  aludidos  fallos, se refirió también, y de pasada, a  otros  yerros  que  en su sentir tuvieron incidencia en el proceso. Por ejemplo,  que  en  un  principio  la  instrucción  estuvo  orientada a indagar acerca del  comportamiento  de  una  persona distinta a la procesada (circunstancia que, sin  embar-go,  no  vulnera  la  actuación ni entraña alguna anormalidad), o que la  única  intervención  del  entonces defensor consistió en asistirla durante la  indagatoria  (situación  que,  de por sí, tam-poco es relevante para los fines  del  derecho de defensa y del debido proceso, en la medida en que una estrategia  pasiva  o  silente  es válida dentro del sistema de la Ley 600 de 2000, a menos  que   en   el   caso   concreto   se   haya   probado   la   necesidad   de   lo  contrario).   

Como si lo anterior fuese poco, los problemas  jurídicos   que  en  un  principio  sugirió  el  recurrente,  atinentes  a  la  deficiente  motivación  de  las  piezas  procesales en comento, ni siquiera son  reales.  Al  revisar  la  actuación,  la  Sala  encontró  que, por un lado, la  resolución  de  acusación  contiene,  en forma clara y detallada, (i)    una    imputación    fáctica  (“no  sólo  se  apropió  del  rodante  de  placas  BVC-184”6,     sino    que    además  “falsifico     [sic]  las  firmas para poder venderlo al señor Carlos José  Baena     Ariza”7),         (ii)    una    imputación   jurídica  (“artículo   239,  […]  241   numeral  2.  Y  […]  artículo    287   del   Código   Penal”8)      y      (iii)  la valoración de las pruebas que  sustentan   dichos  señalamien-tos  (“[d]el  acervo  probatorio  obrante en la investigación tene-mos que realmente se ha infringido  la   ley   penal,   puesto   que  […]”9).   

Por  otro lado, en la apelación del fallo de  primera   instancia,   el  recurrente  planteó  (i)  la  nulidad  del proceso porque no le fue notificada a  la  procesada la renuncia del anterior defensor, (ii)  la   absolución   porque   el   a   quo  no  valoró  correctamente  la  prueba aportada al proceso y (iii)  porque no se podía predicar la autoría de la acusada  en    el    delito    contra   la   fe   pública10.   

El Tribunal respondió de manera puntual tales  aseveraciones.   En  relación  con  la  nulidad,  sostuvo  que  “el  juzgado  sí  le  noti-ficó  [a MELBA  LUCÍA  DÍAZ  DE  RESTREPO] la renuncia presentada por  su  anterior  defensor  (folio  277-1)  y ésta conocía con anterioridad de tal  asunto,  al  extremo  que  otorgó  poder  a otro profesional del derecho veinte  días  antes  de  ser expedido el oficio”11. Acerca de  la  responsabilidad  penal  de  la  implicada,  el ad quem efectuó un análisis  detallado12  en  aras  de  concluir  que “la condena  impuesta  no  surgió  de  la  nada  ni  obedece  a  animadversión alguna de la  judicatura,  sino que encuentra sustento en los elementos de prueba recogidos en  el  curso  de  la causa”13.  Y,  frente  al  tema de la  autoría    en   el   delito   de   falsedad,   precisó   que   “afloran  serios  indicios  de  los cuales se puede colegir que MELBA  DÍAZ  instó  a  otra persona a falsificar las firmas de sus padres”14    y,    por   lo   tanto,  “la  responsabilidad penal es la del determinador de  la     conduc-ta”15.   

Es más, el profesional del derecho adujo que  las  deficiencias  en  la  motivación  del fallo impugnado eran tales que a él  “le  es  imposible  hacerle  un  debate  en  sede de  casación   a   la  senten-cia  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Valledupar”16. Sin embargo, un debate a la  sentencia  de  segunda instancia fue lo que precisamente propuso en el siguiente  reproche,  que  planteó sin haber observado lo dispuesto en el inciso final del  artículo  212  de la Ley 600 de 2000, es decir, sin haberlo formulado de manera  subsidiaria.   

El cargo, por consiguiente, no debe admitirse.   

2.2.  Segundo cargo.  La  Sala  ha  dicho  que  cuando se plantea en sede de  casación  la  violación indirecta de la ley sustancial derivada de un error de  hecho     en     la     valoración    de    la    prueba,    su    configuración     sólo     puede  obedecer   a   tres   clases,  a  saber:   

Falso  juicio  de  existencia.   Se   presenta  cuando  el  juez  o  cuerpo  colegiado, al proferir el fallo  objeto del extraordinario recurso, omite por completo valorar el  contenido  material de un medio de prueba  que  hace  parte  de  la  actuación  (y  que, por lo tanto, fue  debidamente   incorporado   al  proceso);   o  también  cuando  le  concede valor probatorio a uno que jamás fue recaudado y,  por consiguiente, supone su existencia.   

Falso   juicio  de  identidad.  Ocurre cuando el juzgador, al emitir  el   fallo   impugnado,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo que en realidad no dice,  bien   sea   porque   lee   de   manera  equivocada  su  texto, o  le  agrega  aspectos que no contiene,  u  omite  tener  en  cuenta  partes  relevantes  del  mismo.   

Falso raciocinio.  Se  constituye  cuando el  funcionario  valora  la  prueba  de manera íntegra,  pero   se   aleja   en   la   motivación   de   la  sentencia   de   los   postulados   de   la   sana  crítica,  es  decir, de una determinada  ley  científica,  principio  de  la  lógica o máxima de la experiencia.   

Cualquiera  de  estos yerros también debe  ser  trascendente.  Esto  significa  que  frente  a  la  valoración  en conjunto de la prueba     por     parte     del        Tribunal,    o  por   ambas   instancias   (según  sea  el  caso),  su exclusión conduciría  a    adoptar    una   decisión   distinta   a   la  impugnada.   

En la sustentación del escrito de demanda, el  recurrente,  sin  ir  más  allá  de simples y genéricas alusiones17,  no  se  refirió  a alguno de los yerros que hacen parte del llamado error de hecho. Por  el  contrario,  hizo  mención, también sin desarrollo alguno, a errores que ni  siquiera  son  de  juicio,  sino  de  mero  trámite,  como  la vulneración del  principio  de  investigación  integral.  Y,  dicho  sea  de  paso,  lo hizo con  fundamento  en  normas  constitucionales  ya derogadas, pues el inciso final del  artículo  250  de  la  Carta  Política  que  él  citó  fue modificado por el  artículo  2 del Acto Legislativo 3 de 2002, que introdujo el sistema acusatorio  ahora consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En este orden de ideas, lo único que advierte  la  Sala  es  la  inconformidad  del  apoderado  con  el fallo confirmatorio que  adoptó  la segunda instancia. Pero como a esta altura de la actuación procesal  dicha  providencia  ostenta  una  presunción  de  acierto, constitucionalidad y  legalidad,  deberá  prevalecer  lo  allí decidido por encima de cualquier otra  consideración  que,  como  las  de  este  escrito  de demanda, no conduzca a la  demostración   de   un   yerro   susceptible   de  ser  resuelto  en  sede  del  extraordinario  recurso.  En  consecuencia,  y  como  la  Sala  tampoco advierte  violación  alguna de las garantías judiciales de la procesada, no admitirá la  demanda contra la sentencia dictada por el juez plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTI-CIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por  el  apoderado   de   MELBA   LUCÍA  DÍAZ  DE  RESTREPO  contra       el  fallo  de  segunda  instancia  emitido  por  el  Tribunal Superior de  Valledupar.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   GUSTAVO ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 43 del cuaderno del Tribunal.   

2 Folio 36 ibídem.   

3  Ibídem.   

4  Folio 45 ibídem.   

5  Ibídem.   

6 Folio 259 del cuaderno de la Fiscalía.   

7  Ibídem.   

8  Ibídem.   

9  Ibídem. Cf., así mismo, folios 259-261 ibídem.   

10  Folio 8 del cuaderno del Tribunal.   

11 Folio 9 ibídem.   

12  Folios 9-11 ibídem.   

13  Folio 9 ibídem.   

14  Folio 11 ibídem.   

15  Ibídem.   

16  Folio 36 ibídem.   

17 Cf. folios 40 y 41 ibídem.     

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