34734(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34734  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                          Aprobado         acta         Nº225   

Bogotá D.C., seis  (6) de julio de dos mil once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Sala acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Fernando   Raúl  Cárdenas  Schenemann,  contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Popayán, el 12 de  abril  de  2010,  mediante la cual confirmó la proferida por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad, el 23 de enero de 2009,  que  lo condenó como coautor de las conductas punibles de secuestro extorsivo y  homicidio agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  fallador de primer grado de la siguiente manera:   

“Hacia las 11:50 de la noche del fatídico  26  de  octubre  de  2002, los varios partícipes de una comparsa que se habían  reunido  para departir con su anfitrión Fernando Raúl Cárdenas Schenemann, en  el  inmueble “Rancho Caldas” de la cra. 3 con calle 17, barrio Cali Canto de  esta  ciudad  (Popayán),  fueron sorprendidos por un grupo de aproximadamente 8  individuos  vestidos  a  la  usanza  militar  que  luego  de someter a los allí  presentes  con  fusiles  Galil  y  AK  47,  raptando  a  Gilberto Villa Acevedo,  Fernando   Raúl   Cárdenas   Schenemann   y   Everth   Barragán,  procediendo  seguidamente  a  trasladarlos  por  la  vía  carreteable  que conduce a Sotará  –   Cauca,  en  sendos  vehículos,  uno  de  marca CHEVROLET BLAZER y distinguido con las placas CEK se  hallaba   parqueado   en   la   heredad   y   pertenecía   al  primero  de  los  mencionados.   

Alrededor  de  las 2:02 de la madrugada del  día   siguiente,  Fernando  Raúl  Cárdenas  Schenemann  que  viajaba  en  una  camioneta  TOYOTA,  blanca  y de doble cabina, usada por los secuestradores para  llegar  hasta  el  lugar  del  plagio,  fue liberado por sus aparentes captores,  creando  al  mismo  tiempo,  la  pasmosa  reacción violenta de Everth Barragán  cuando  quiso  escabullirse  de  sus  cuidadores,  no  obstante,  fracasó en su  intento  al recibir un disparo de fusil que lo imposibilitó de todo movimiento.  Dos  días  después  a su secuestro, su cadáver fue hallado a una distancia de  800  metros  de  la  escuela pública existente en el sector. En ese mismo sitio  fueron  encontrados  un  teléfono  celular,  una  grabadora,  un  envase  y una  pañoleta  y  ese  mismo  día,  en  la  vereda  Río  Claro,  Corregimiento del  Municipio  de  Paletará, fue recobrada por  tropas del Batallón Numancia,  la camioneta BLAZER que había sido hurtada.   

En  el informe de Policía Judicial No. 557  del  27  de  octubre  de  2002,  visible a folios 1 y 2 del cuaderno original 1,  suscrito   por   el  Sargento  Segundo  José  Andrés  López  Marín,  aparece  relacionado  el  secuestro  de los señores Fernando Raúl Cárdenas Schenemann,  Everth  Barragán  Dueñas  y  Gilberto  Enrique  Villa  Acevedo.  Con el que se  adjunta,  dentro  de  una bolsa de plástico transparente, una cuerda de las que  utilizaron  los plagiarios para atar o amarrar a las personas que se encontraban  al   interior   del  Rancho  Caldas,  la  noche  del  26  de  octubre  del  año  2002”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  21  de  febrero de 2005, profirió resolución de  acusación  contra Fernando Raúl Cárdenas Schenemann  por  las  conductas  punibles de secuestro extorsivo,  homicidio agravado y hurto calificado agravado.   

Contra  la  anterior decisión se interpuso  recurso   de   apelación,   la   cual   fue  confirmada  el  29  de  septiembre  siguiente.   

3.  El  expediente pasó al Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado de Popayán, autoridad que el 27 de enero de  2009,  dictó sentencia de primera instancia en la que condenó a  Fernando  Raúl  Cárdenas Schenemann a la pena principal de 446 meses de prisión y multa  equivalente  a  16250  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de 10 años, como coautor de los delitos de secuestro  extorsivo y homicidio agravado.   

Es claro que el juzgador de instancia no se  pronunció  con  relación  al  punible  de  hurto,  razón  por la cual la Sala  adoptará la decisión a que haya lugar.   

4.  Apelado  el  fallo  por  la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Popayán,  el  12  de  abril de 2010, lo confirmó en su  integridad.   

Contra la anterior decisión el profesional  del  derecho que salvaguarda los intereses del sentenciado, interpuso recurso de  casación.   

L  A     D E M A N D A      

Basado  en  la  causal  primera  según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  600  de 2000, presenta un reproche contra el  fallo de segunda instancia, así:   

Único cargo  

Acusa   que   el   Tribunal  transgredió  indirectamente  la ley sustancial por error de hecho cometido en la apreciación  de  la  prueba,  yerro  que  condujo  a que se aplicaran indebidamente los   artículos  29,  103,  104  numeral  7°, 169 y 170 numeral 3° de la Ley 599 de  2000  por  aplicación  indebida,  y el 7° de la Ley 600 de 2000 por exclusión  evidente.   

Después    de   citar,   en   extenso,  jurisprudencia  de  la Corte sobre la infracción indirecta de la ley sustancial  y  la  prueba  de  indicios,  asevera  que  los  juzgadores  se  apoyaron en los  testimonios  de Julio César Salazar y Gilberto Villa,  en orden a proferir  fallo de condena contra el acusado.   

Con  relación  a  la  versión de Salazar,  comenta  que  en la tercera diligencia de indagatoria indicó que el número del  abonado   celular   310   407  83  80,  pertenece  a  Fernando  Raúl  Cárdenas  Schenemann.   

Anota que con esa información la Fiscalía  ordenó  la  captura  de  su  procurado y, posteriormente, dispuso la detención  preventiva.  Sin embargo, estima que la investigación únicamente dedujo que el  deponente faltó a la verdad.   

A  continuación,  luego  de  resaltar  un  fragmento  de  la  indagatoria  que  rindió  el citado testigo el 5 de marzo de  2003,  dice  que  se  está ante una confesión, en la medida en que éste adujo  que  se  le incautó cocaína, razón por la cual se debió expedir copias a fin  de  que  se  investigara  la  conducta  punible  reglada  en el articulo 376 del  Código Penal.   

Increpa  a  los Magistrados que no obstante  haber  reconocido  que  Salazar faltó a la verdad con relación a la tenencia y  uso  del  celular,  pasaron  por  alto que él se ratificó bajo la gravedad del  juramento  de esa “descomunal mentira”,  de  ahí que considere que igualmente debió ser investigado por  el  delito  de  falso  testimonio, conforme a lo preceptuado en el artículo 442  del Código Penal.   

Además,  no  se  explica  cómo  le  dan  credibilidad,  en  cuanto  a  que  Fernando Raúl Cárdenas Schenemann le tenía  envidia    al    señor    Barragán,    por    cuanto   éste   “nadaba  en  la  plata”,  que aquél se  entrevistó  con  los miembros de la guerrilla en tres oportunidades y Everth le  comentó  a  su  procurado  “yo  se…  que  voz me  entregaste”.   

Anota  que  los  Magistrados no hicieron un  estudio  minucioso  de  las  explicaciones  dadas  por el deponente, tal como lo  enseña la jurisprudencia de la Corte que se permite destacar.   

Califica   al   señor   Salazar   como  secuestrador,  homicida  y  cómplice del grupo insurgente UC ELN y no obstante,  se le otorgó crédito.   

Después  de  reiterar  lo  anteriormente  expuesto  y  de  resaltar  los  presupuestos  contenidos en el artículo 397 del  Código  de Procedimiento Penal, pasa a referirse a la personalidad del testigo,  su  espontaneidad, las circunstancias que rodearon la versión y las razones que  lo condujeron a faltar a la verdad.   

En  torno  al testimonio de Gilberto Villa,  dice  que  él  dedujo  que Fernando Raúl Cárdenas Schenemann era cómplice de  los  guerrilleros,  por  cuanto  en los días que estuvo en cautiverio, observó  que     el    comportamiento    de    éste    último    era    particularmente  extraño.   

Luego  de  reseñar  varios  apartes de las  versiones  de  Villa y del fallo recurrido, afirma que no comparte el indicio de  culpabilidad  que construyeron a partir de esa declaración, en tanto no se dijo  si   se   trataba   de   uno   de  carácter  necesario,  contingente,  grave  o  leve.   

Recuerda que el señor Villa manifestó que  la  fuga  de  Cárdenas Schenemann fue falsa, empero la providencia recurrida no  da  las  razones  por  las  cuales  considera  que  él  estaba  faltando  a  la  verdad.   

Dice que la carretera que conduce a Samanga  es  estrecha,  con curvas, subidas y bajadas, razón por la cual concluye que es  imposible  que  las  personas  pudieran  haber  observado  el  vehículo que iba  encabezando la caravana.   

También califica el libelista que el señor  Villa  incurrió en contradicciones con relación al tiempo que había entre uno  y otro automotor.   

En   orden   a  demostrar  las  presuntas  contradicciones  del  testigo,  el actor pasa a transcribir varios fragmentos de  las  distintas  intervenciones  procesales y las confronta con las explicaciones  dadas  por  Cárdenas  Schenemann,  enfatizando  que entre los guerrilleros y su  representado no existía relación criminal.   

Por  tanto,  en  su  criterio estima que la  declaración  de Villa confirma la del sentenciado, puesto que de la misma no se  advierte  que  entre  los  dos  vehículos había una distancia aproximada de 15  minutos.   

De  otro  lado, informa que el sentenciador  adujo  en  el fallo que la persona que tenía conocimiento sobre la holgura  económica  de  Barragán  era  Cárdenas  Schenemann, afirmación que no fue calificada como indicio necesario,  grave, contingente, leve o levísimo.   

Insiste  en que el juzgador incurrió en un  error de hecho por falso raciocinio.   

Respecto a las hipótesis según las cuales,  en  la finca donde hicieron presencia los guerrilleros su dueño estaba al tanto  de  los planes, no la comparte, habida cuenta que la construcción del silogismo  resulta ilógica.   

Sin  embargo,  reconoce que la información  salió  de  la  finca  pero no por Fernando Raúl Cárdenas Schenemann, sino por  Julio   Cesar   Salazar,   persona  que  utilizó  el  celular  de  número  310  4078380.   

Agrega  que las fincas no informan, son las  personas quienes lo hacen y en este asunto fue el señor Salazar.   

Anota  que  un  sujeto  por el hecho de ser  dueño  de  una  finca no lo hace partícipe de un delito, ni tampoco su tenedor  como es el caso de Cárdenas Schenemann.   

Con relación al indicio que tuvo origen en  la  envidia,  comenta  que  no  se  encuentra debidamente probado. Respecto a la  afirmación   del   sentenciador,   consistente   en   que  las  “dolosas  iniciativas”  nacieron  en su  representado,  las  califica como desatinadas, en la medida en que se le otorgó  mérito al dicho de Salazar.   

Considera   que   se  debe  demostrar  la  conclusión  probatoria,  en  torno  a  que resulta extraño que su procurado no  hubiese  escuchado  ningún  tipo  de  detonación,  estando  en  el  lugar  del  acontecer.   

Igual  situación ocurre con la afirmación  del     fallador     según    la    cual,    “El  Cucho” no era el objetivo y por ende, pudo huir sin  ningún tipo de obstáculo.   

Comenta  que  con relación a la deducción  probatoria,  consistente  en  que  se conocía la afición de Everth Salazar por  los  caballos,  tampoco  se encuentra demostrada, puesto que no hay probanza que  indique  que  entre  Cárdenas  Schenemann y el señor Yesid había un plan para  secuestrar  a  su amigo, situación que a la par enuncia como errada, puesto que  si  esa  era  su  intención,  no  habrían  invitado  a  los  familiares  de la  víctima.   

Tampoco   comparte   la   inferencia  del  sentenciador  en  torno  a  que  Cárdenas Schenemann le gritó a Salazar que se  había  agotado  el  licor,  motivo  por  el cual éste se retiró y procedió a  realizar  la  llamada  telefónica, por cuanto conforme a las circunstancias, no  era  necesario  efectuar esa maniobra, dado que se estaba en un terreno abierto,  de  ahí  que este indicio no podía sustentar el juicio de condena en contra de  aquél.   

A  continuación  pasa  a  referirse  a los  razonamientos  que  tuvo  el  Tribunal  en orden a confirmar el fallo de primera  instancia,  reseñando  de  manera individual la pluralidad de hipótesis en que  se basó la Corporación.   

Después   de   explicar  el  método  de  apreciación  probatoria  de  la  sana critica, la carga de la prueba e in dubio  pro  reo, asevera que el fallador de segundo grado vulneró los artículos 29 de  la  Constitución  Política  y  6°,  7°,  232,  238  y  286  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

En  un  capitulo  que  llamó  otrosí, argumenta que de acuerdo con lo  reseñado  en  la providencia número 29221, habría presentado un segundo cargo  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  puesto  que  en su sentir la  participación  atribuida  a Cárdenas Schenemann no era de coautoría impropia,  situación que en últimas no lo hizo.   

Por lo expuesto depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y consecuentemente, reconocer que de las pruebas allegadas  al  proceso, emerge el grado de conocimiento de duda, motivo por el cual se debe  proferir fallo de carácter absolutorio.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

En el término del traslado el representante  de  la Procuraduría y el apoderado de la parte civil, allegaron sendos escritos  donde  solicitan  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada a nombre del  procesado   Fernando  Raúl  Cárdenas  Schenemann  por  cuanto  no  reúne  los  presupuestos de lógica y debida fundamentación.   

Así  mismo, advierte que el cargo no está  llamado  a  prosperar, puesto que los argumentos expuestos por el censor tienden  a  oponerse  al grado de estimación probatoria, sin que demuestre la existencia  y   trascendencia   de   un   error  en  la  valoración  de  los  elementos  de  juicio.   

   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

1.   La  casación  en  la  Ley  600  de  2000   

Recuérdese   que   dado   el  carácter  extraordinario  de  esta  impugnación, al libelista compete elaborar la demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley y decantados por la  jurisprudencia.   

Por  tanto, no basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se  cometió  un error de derecho o de  actividad,  porque  debe  demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De  acuerdo  con  la  jurisprudencia de la  Sala,  es  bien  sabido  que  el recurso de casación constituye el medio por el  cual  la  Corporación  revisa  la  legalidad  de la providencia. De ahí que el  libelo  exija  cumplir  todas las formalidades estatuidas en el artículo 212 de  la  Ley  600  de 2000, toda vez que se debe señalar, de manera clara y precisa,  la  causal  con  la cual pretende la infirmación del fallo y argumentando cómo  el vicio condujo a resquebrajar la decisión.   

No  resulta  atinado  denunciar  sólo  la  existencia  del  yerro  que se invoca, sino que el actor debe demostrar cómo el  mismo,  tiene  la  trascendencia  suficiente para romper la sentencia de segunda  instancia  y por ende, la Corte intervenir como Tribunal de Casación en procura  de  reparar, entre otros fines, los agravios sufridos a los intervinientes en el  proceso objeto de censura.   

2. La infracción  indirecta de la ley sustancial   

Respecto  a la infracción indirecta de la  ley  sustancial, como motivo de la causal primera de casación, se acepta que el  error   del    juzgador  ocurrió  de  manera  mediata,  es  decir,  en  la  elaboración  del  juicio  de hecho derivado de errores en la apreciación de la  prueba,  falencia  que  se  ve  reflejada  en  la aplicación del derecho.    

En  el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar  a  la  Corte  en qué consistió el error en la  actividad  probatoria,  es decir, si fue de hecho o de derecho y el falso juicio  que  lo  determinó, esto es, si de existencia, identidad, raciocinio, legalidad  o  convicción. Y por último, evidenciar cómo el mencionado vicio, incidió en  la  aplicación del derecho, en la medida en que se seleccionó una norma que no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí resolvía todos  los extremos de la relación jurídico procesal.   

3. Calificación  de la demanda   

El libelo de casación presentado a nombre  de  Fernando  Raúl  Cárdenas  Schenemann  se  inadmitirá  por  las siguientes  razones:   

3.1 Desconoce que cuando se trata de atacar  la  prueba  de  indicios  en sede de casación y ello incide en el proceso de la  inferencia  lógica que determina el hecho indicado, la censura se debe postular  por  la vía del error de hecho por falso raciocinio, enunciado que conduce a la  obligación  de  señalar  cuál  fue la ley de la lógica, de la ciencia y/o la  máxima  de  la  experiencia  quebrantada, de qué manera lo fue y su incidencia  con la parte dispositiva del fallo.   

Si  bien  es cierto, el cargo se encuentra  presentado  por  la  vía  del  falso raciocinio, también lo es que el discurso  argumentativo  no  lleva a inferir a cuál ley de la lógica se refería y cómo  se  avasalló  la  misma,  toda  vez  que  en  el  desarrollo muestra una simple  disconformidad   con   las   conclusiones   probatorias   elaboradas   por   los  sentenciadores,  a  partir  de  las cuales arribaron al conocimiento en grado de  certeza   acerca   de   la   existencia  del  hecho  y  la  responsabilidad  del  acusado.   

3.2 Olvida que de acuerdo con el principio  que  rige  la  casación,  esto  es, que la impugnación extraordinaria no es un  debate  de instancia, sin un orden lógico, cuestiona las múltiples inferencias  hechas   por  los  sentenciadores,  basado  en  que  las  mismas  no  tienen  el  correspondiente soporte probatorio.   

De  manera  que  si  su  intención  era  cuestionar  la  pluralidad  de indicios inferidos por los juzgadores, apoyado en  que  en  el  diligenciamiento  no  hay  prueba  que sustente el hecho indicador,  entonces  debió  presentar el reproche por la vía del error de hecho por falso  juicio  de existencia, indicando cuál fue la prueba supuesta por el juzgador en  orden a elaborar la conclusión indiciaria.   

Es  decir,  al  demandante  correspondía  señalar  si  el  elemento  de  juicio  a  partir  del  cual  se dedujo el hecho  indicador,  fue  supuesto y a renglón seguido, demostrar cómo esto incidió de  manera  desfavorable  en los intereses del acusado, al punto que se arribó a la  responsabilidad  de  Fernando  Raúl  Cárdenas Schenemann en los hechos por los  cuales fue condenado.   

Es  claro que en uno de los reparos que se  hace  a  la  construcción  de  los  indicios,  manifiesta que se partió de las  explicaciones  dadas  por  dos  testigos, pero no dice nada frente a si el vicio  ocurrió  respecto  del  hecho indicador o la inferencia lógica, de todos modos  si  se  trató  de esta última, como se advirtió anteriormente, no puntualizó  la regla de la sana crítica desconocida.   

3.3 También el casacionista obvió que la  sentencia  llega  amparada  a  esta  sede  por la doble presunción de acierto y  legalidad,  es decir, los hechos y las pruebas fueron correctamente apreciadas y  el  derecho  estrictamente  aplicado,  presunción que únicamente se desvirtúa  demostrando  en  qué  consistió  el  yerro  en  el acto de apreciación de los  medios   de   convicción  y  su  incidencia  con  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia.   

3.4   Todo  lo  anterior  evidencia  una  inseguridad  del  demandante  en  torno  a  la  formulación del cargo contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  habida  cuenta  que el discurso demostrativo  sólo   muestra  cuestionamientos  con  relación  al  mérito  otorgado  a  las  probanzas,  discrepancia  de  criterios  que  no constituye vicio en orden a ser  postulado  en  sede  de casación, a menos que se demuestre una infracción a la  sana critica, evento que aquí no ocurrió.   

Por lo anterior, deviene necesariamente la  inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  de  la  providencia  impugnada  o  dentro  de  la actuación, se hayan  violado  derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos del libelo, en orden a decidir de  fondo, según lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

Otra decisión  

         La  Corte  avizora  que  los  sentenciadores  de  instancia  no  se  pronunciaron  respecto  al  delito  de  hurto  calificado  agravado  por  el que  igualmente fue acusado Fernando Raúl Cárdenas Schenemann.   

Conforme  a  la  reseña  de la actuación  procesal,  se  advierte  que  en  la  resolución de acusación dictada el 21 de  febrero  de  2005  y  confirmada  el  29  de septiembre de ese año, a Cárdenas  Schenemann  se  le  atribuyeron  las  conductas punibles de secuestro extorsivo,  homicidio  agravado  y  hurto  agravado  calificado,  pero  con  respecto a este  último,   no   hubo   definición  del  asunto  por  parte  de  los  operadores  judiciales.   

         En  tales  condiciones,  se  dispondrá la expedición de copias de  todo  lo  actuado  con  el  objeto  de  que  los  funcionarios  de  instancia se  pronuncien  de fondo en otro proceso y sólo por este punible, sobre el cargo de  hurto calificado agravado.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor de  Fernando   Raúl   Cárdenas  Schenemann.   

         2.  Por  Secretaria  de  la  Sala,  expídanse  las copias a que se  refiere la parte motiva de esta decisión.   

3.  Contra  esta  providencia  no  procede  ningún recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ                         

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                                                                                    SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                    MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                     JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                               NUBIA                                YOLANDA                                NOVA  GARCÍA                                                       

                                                                 Secretaria   

    

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