34466(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  382.     

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de octubre de  dos mil doce (2012).   

D    E    C    I   S   I   Ó   N   

Resuelve  la Sala el recurso de casación,  interpuesto por el defensor de  JULIÁN  ADOLFO RUIZ MORALES,  contra   el   fallo   proferido  por  la  Sala  Única  del  Tribunal  Superior  de  Santa      Rosa     de     Viterbo     (Boyacá)1,  el  cual  revocó  la       sentencia       adoptada  por  el Juzgado Segundo Penal del  Circuito     de     Duitama,    que       había       absuelto  al enjuiciado por los delitos de  concusión   y    falsedad    ideológica    en   documento   público,  motivo  por  el  cual,  lo condenó a 48  meses  de  prisión y lo inhabilitó para el ejercicio  de derechos y funciones públicas.   

H    E    C    H   O   S   

El  15  de  marzo  de  2005,  Gustavo  Garzón  Tuta,  conducía  por el  centro  de  la  ciudad de Duitama (Boyacá), el vehículo Renault 4 de placa JID  403   de  propiedad  de  su  patrón  Hernando  Espejo  Fonseca,  cuando  en  la  calle  15 con carrera 17, se  cruzó  el  semáforo  en  rojo;  por  tal infracción, el policía de movilidad  Carlos  Valderrama  Peñalosa  generó    en    su    contra   orden   de   comparendo   número   152380005865.   

Esa    misma    tarde,    Gustavo  Garzón  Tuta, se hizo presente en  las  instalaciones  de  la  Inspección  de Tránsito, donde fue atendido por la  secretaria   Martha  Isabel  Muñoz  Reyes,   que   al   ver   el   documento   le   expresó  “que    me   lo   habían   hundido   hasta   los   ojos”;  sin  embargo,  lo citó para el otro día, momento en el cual,  le   entregó   la   suma   de   $200.000 de los $250.000 que le dijo debía llevar.   

El 17 del mismo mes y año, en la mencionada  oficina   pública,   a   las   3:10   p.m.,   Garzón  Tuta,     logró     hablar     con    Martha   Isabel  Muñoz  Reyes,  quien  le  entregó      la     Resolución     No.  152380005865,  que  lo  eximía  de responsabilidad contravencional con base en sus descargos y  en   dos   declaraciones   de  Javier  Naranjo  Pérez  y     Orlando    Parra  Salcedo,  las  que  según su inquebrantable denuncia,  jamás se practicaron.   

La decisión de inocencia fue signada por el  Inspector   JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES2, como el mismo  acriminado   lo   aceptó   y  según  lo  narró  el  denunciante  Gustavo  Garzón  Tuta,  al  exponer que Martha  Isabel  Muñoz  Reyes, “me  atendió    me   hizo   firmar   la   resolución,   la   firmó   [ella]  y  el  Inspector  de  Tránsito y  luego  me  dijo  que  pasara  a  la ventanilla 3 con esa resolución”,  donde  fue  atendido por la  Profesional  Universitaria  de la nombrada oficina, Marinelsa  Báez  de  Rico,  con el fin de  reclamar  el  paz  y  salvo;  funcionaria que se percató de lo siguiente:    

PREGUNTADO  POR  LA  DEFENSA:  Cuando usted  recibió  la  resolución de manos del señor GUSTAVO GARZON TUTA (sic) por qué  se       quedó      mirándola      bastante.      CONTESTO:-      ‘Por  que (sic) ingresé el número de  comparendo  al sistema y me aparecía que había pagado una cuota, pero como era  una  resolución  exoneratoria  la  miré  detenidamente  por  que  (sic)  no me  coincidía  con nada con lo que el (sic) llevaba y la leí varias veces a ver si  había  errado  en  el número de comparendo en la inspección y como el número  del  recibo era reciente lo busqué y me dí (sic) cuenta que pertenecía a otro  comparendo,  por eso le pregunté al señor usted ya pagó y el (sic) me dijo si  y  por  eso  fue que me di cuenta que estaba mal y procedí a buscar el recibo y  encontré  que  no  correspondía  al comparendo de la resolución exhoneratoria  (sic)      sino      a      otro      comparendo3.   

Circunstancia por la cual,  Marinelsa  Báez  de  Rico, le comunicó lo  sucedido     a     la    doctora    Hilda    Camargo  González   por   su   condición   de   Secretaria  de  Tránsito  de  Duitama y la  entrevistó   con   Gustavo  Garzón  Tuta,  para  entre  ellos, poner en conocimiento de lo sucedido ante las  autoridades judiciales y disciplinarias.   

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L   

1.   El  29  de  diciembre  de  2006,  la  Fiscalía Octava Seccional de  Duitama,  calificó el mérito del sumario a favor del  encarto  con  resolución  de  preclusión,  por  los  punibles  de  cohecho  propio  y  falsedad  ideológica  en  documento   público,  puesto  que,  en  opinión  del  mentado    funcionario,   no   existía   medio   probatorio   alguno   que   lo  incriminara.   

2. El 29   de   febrero   de   2008,   la  Fiscalía   Primera   Delegada  ante  los  Tribunales  Superiores   de   Santa   Rosa  de  Viterbo  y  Yopal,  revocó   la   decisión  impugnada  por  la  Procuraduría Judicial Penal 166 de  Santa   Rosa   de   Viterbo,   en  su  lugar,  dictó  resolución  de  acusación  contra   JULIÁN   ADOLFO   RUIZ  MORALES,   por   los   delitos   de   concusión  y       falsedad  ideológica.   

3. El 7 de noviembre  siguiente,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de  Duitama,                  absolvió al inculpado.    

4. El 4 de marzo de  2010,   el   Tribunal   Superior  de  Santa  Rosa  de  Viterbo,  modificó  los  numerales  1°  y  2° de la  decisión  recurrida  por  la  Procuraduría  Judicial  Penal   165,   razón   por   la  cual,  condenó  al  inspector de tránsito, a la  pena de 48 meses de prisión;  como  sanción  accesoria,  lo  inhabilitó  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  un  lapso  de 5 años, por la consumación del delito  de  falsedad  ideológica en  documento  público, además, le concedió la prisión  domiciliaria.   

5.  A su turno, la  defensa  técnica,  con base en la impugnación realizada en sede extraordinaria  contra  el  fallo  de  segunda instancia, presentó el  libelo, el cual fue  admitido  por  el  Despacho  e  incorporado el concepto del Ministerio Público,  pasa la Sala a decidir lo que en derecho corresponda.   

D    E    M    A   N   D   A   

Bajo  la  égida  de  la  Ley  600  de 2004,  artículo  207, el profesional del derecho elevó nueve  ataques por vía de casación  discrecional   contra   el   fallo  expedido  por  el  Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo, los cuales se compendian del siguiente modo:   

Vía  excepcional:  indicó  el  recurrente  que  el  fallo  objeto  de controversia extraordinaria,  vulneró  garantías fundamentales como la presunción de inocencia por abandono  del  principio  de  in  dubio  pro  reo,  incluso, en su sentir, se violentó el  debido  proceso por una anacrónica valoración del plexo probatorio que hubiese  calificado  el  acto  antijurídico  elevado contra su mandante como de falsedad  material  en  documento  público  agotada  en  ejercicio de sus funciones, ello  genera  nulidad  de  lo actuado por vicios respecto a la calificación jurídica  en  oposición  con el punible de falsedad ideológica en documento público por  el que fue condenado su prohijado.   

Adujo que la jurisprudencia también se puede  beneficiar  con  su  tesis al no haber tenido la oportunidad de cavilar sobre la  llamada   falsedad  impropia  (material  en  documento  público)  frente  a  la  ideológica,  pues  la  decisión  del  Tribunal,  en  su  concepto, es confusa:  “estima  como  falsedad ideológica la elaboración  integral  y  total  de  un  documento, es decir, el que inventa y crea de manera  total,     por    carecer    del    ‘facto        fuente’  que  lo origine, cuando jurídicamente este hecho constituye más  bien     una     falsedad    material”4, por ello, se  hace indispensable un pronunciamiento sobre el particular.   

Cargo  principal:                Nulidad.  Se  afirmó  en  la  sentencia  recurrida  que  su  prohijado  signó  un documento público (providencia) sobre  hechos  procesalmente  no  ocurridos,  pues  jamás  se  realizó  la  audiencia  mencionada   para   fallar   la   contravención   administrativa:   ante  esto,  Martha  Isabel  Muñoz Reyes,  se  acogió  a  sentencia  anticipada  por  el  delito de falsedad documental en  calidad  de  autora,  motivo  por  el  cual,  en  opinión  del letrado, para el  Tribunal,  se creó en su integridad el manuscrito propio de la conducta punible  de  falsedad  material, como  así    lo    avala    un    tratadista   nacional5.   

En sentir del defensor, el Tribunal citó una  jurisprudencia6  para  acreditar  el punible por el que fue condenado su prohijado,  sin  que encaje perfectamente la falsedad ideológica porque se alteró un libro  de  minuta  de ingeniería de carácter público para los oficiales de la Armada  Nacional  –en el texto se  anotaron  hechos  falsos  de  entrada de combustible-, el cual, no se asimila al  caso objeto de análisis.    

Si el Juez Plural plasmó en su decisión que  la  audiencia  de  tránsito  fue  una ficción, en esas precisas circunstancias  “no   podía   existir   documento   objetivamente  apropiado  para  insertar  en él los hechos, manifestaciones, declaraciones, en  fin.  Por ello, sin la audiencia de sustento, se crearon el documento acta de la  audiencia     y     el     documento     Resolución     consecuente”7, por  esa   razón,   el  actuar  prohibido,  se  acopla  al  delito  de  falsedad  Material  en  Documento Público,  en  detrimento  de  una  garantía fundamental prevista en el artículo 29 de la  constitución  Nacional  y  su  consecuente yerro en la calificación jurídica.   

Así  mimo,  sostuvo que la secretaria de la  Inspección,  Martha  Isabel  Muñoz Reyes,  al  incluir  en  el acta de audiencia testigos falsos, asaltó la  buena  fe de su mandante, con el fin de lograr su rúbrica, lo cual, es un vicio  de   estructura  que  desencadena  en  el  de  garantía  técnica  y  material,  “por  la enorme confusión a la que fue sometido en  el  juicio”: todo esto, en su opinión, configura una  falsedad  impropia,  porque  ella  produjo  dos  documentos, acta de audiencia y  resolución,    sobre    un    acto    procesal   jamás   realizado8   

.  

La           trascendencia  para  el letrado está dada  por  las  precedentes  argumentaciones,  por  violación  al  debido proceso, al  derecho  de  defensa,  a  las  formas  propias  del  juicio,  a la finalidad del  procedimiento   con   prevalencia  de  lo  sustancial  que  exige  una  adecuada  calificación,  a tono con los artículos 29 de la Constitución Política, 6 de  la  Ley  599 de 2000 y 398 de la Ley 600 de 2000: error in procedendo acreditado  desde  la  resolución  de  acusación  y  avalado  por  el  fallador de segunda  instancia:       etapa       desde       la       cual,       peticionó      su  declaratoria.       

Cargos     subsidiarios.   

Primero:     falso     raciocinio.  El  Tribunal  sostuvo  que  su prohijado adujo en la injurada que  había  interrogado a dos testigos supuestamente citados por el infractor de las  normas  de  tránsito,  lo  cual  demuestra  que el aquí procesado, faltó a la  verdad porque la mentada audiencia no fue real.   

El punto de discusión procesal se concretó  en  saber si la audiencia se realizó o no, para lo cual, se trajo el testimonio  de  Luis Alexander León Daza,  quien  expuso  que  aguardó al enjuiciado en su oficina para que le ayudara con  algunos  temas  de  Derecho Romano porque aquél en su universidad era profesor,  motivo  por  el  cual, declaró que vio cuando varias personas lo esperaban para  la   realización   de  una  audiencia,  entre  ellas,  un  señor  de  apellido  Tuta,  del que no se acordó  cómo  era su fisionomía, pero si, de su nombre por las burlas que de él hizo.   

Como  el  Juez  Colegiado  descalificó esta  declaración,  sin  expresar  los  fundamentos  sobre  los  cuales  soportaba su  descrédito,  violó  el  artículo  238 de la obra citada al no puntualizar las  razones  de  su  negativa. Incluso, se refirió a los 8 meses entre los hechos y  la  declaración del mentado estudiante, sin embargo, dejó de lado, reseñar su  memoria  o  la  capacidad  de  percepción  del  deponente,  por  ello, el falso  raciocinio    requerido    se    ajusta   a   sus   pretensiones,   “porque   indica   que   recordó  un  apellido  por  su  sonoridad  o  por la posibilidad que ofrecía para hacer unas  bromas    jocosas    y    peyorativas,    por    la    expresión   ‘TUTA’     y    la    de    ‘HIJO      DE     TUTA”;   más   nunca  se  refirió  a  la  audiencia  “ni    tampoco    a    la   identificación   de   GUSTAVO   GARZÓN  TUTA”,  solo  expuso que el 17 de marzo de 2005, por  la  mañana,  se  encontraba  en  la  inspección  de  tránsito  una persona de  apellido Tuta.   

Motivo  por  el  cual,  el Tribunal erró al  analizar  el  testimonio referido, porque no tenía pretensión distinta sino la  señalada,   por  tal  razón,  le  era  imposible  desvirtuar  los  cargos  del  procesado,  en tanto, “la regla de la lógica indica  que  cuando  una  persona  percibe una cuestión muy singular o particular, vale  decir,  circunstancial,  no es lógico exigirle el conocimiento de lo general ni  del   hecho   completo”9,  pues  lo que se debe inferir  de  la  mencionada  prueba,  es  la  presencia de un hombre en la Inspección de  apellido  Tuta, que por virtud  del      “en     el     ejercicio     de     la  contradicción”,  no  estaba  en  otra  parte,  sino  allí,   por  lo  que  el  Juez  absolvió   a   su   prohijado;   y,  como  la  magistratura  “consideró  despejada la duda”, con esta  motivación   fincó   el   profesional  del  derecho  la  trascendencia  de  su  pretensión,  concretada  en  habérsele  negado a su mandante la presunción de  inocencia10.   

Segundo:  falso  juicio de existencia.   Concretado  en  la  declaración  del  agente  Carlos  Alberto  Valderrama  quien sostuvo  que   el   17   de   marzo  de  2005,  vio  a  Garzón  Tuta  en las instalaciones de la oficina de tránsito:  el  recuerdo es nítido para el uniformado porque cuando le impuso el comparendo  el  infractor fue agresivo con él y porque se enteró de un problema que había  por tales hechos en esa dependencia.   

          

El  Tribunal  le  otorgó  credibilidad  a  Garzón   Tuta  e  ignoró  totalmente    el   testimonio   de   Carlos   Alberto  Valderrama,  incurriendo  en  el  vicio  alegado  por  omisión:  este  medio  valorado  con  el del estudiante de derecho Luis  Alexander  León  Daza, corrobora el  hecho  –para  el letrado-  que,  de  verdad el infractor de las normas de tránsito, si se hizo presente el  día  de marras y no como lo quiso hacer ver el mismo, que estaba trabajando; de  ahí  la  trascendencia  que  le  imprimió  el  defensor al cargo y con ello se  violentó  el  artículo 29 de la Constitución Política, el 6 de la Ley 599 de  2000 y 238 del anterior estatuto instrumental.     

Tercero:  falso  juicio  de identidad.  El denunciante Garzón Tuta declaró  que  jamás se presentó en la Inspección de Tránsito el  17  de  marzo  para  rendir  versión  sobre  el  comparendo  en audiencia; para  demostrar  su afirmación, se apoyó en Graciano Espejo  Valderrama   y  Ascención  Fonseca  Infante, quienes informaron a la jurisdicción  disciplinaria  que  él  estuvo  con ellos trabajando ese día, sin embargo, los  testigos  referidos,  en  la presente actuación “no  recordaron nada”.   

En opinión del libelista, entonces, el Juez  Plural,  cercenó  una  fracción  importante del contenido de las declaraciones  practicadas  en la audiencia pública a Graciano Espejo  y   Ascención   Fonseca  y,  en  esa  línea,  dejó de valorar “la  parte  con la cual desvirtuaron la primera versión”,  del  proceso  disciplinario; pues una apreciación integral de  los  medios,  hubiesen  guiado a la instancia superior a avalar que Gustavo  Garzón  Tuta,  no  estuvo  en la  finca  del  hijo  de los declarantes esa mañana de 17 de marzo de 2005, sino en  la  Inspección: aspectos básicos que desde luego tuvo en cuenta el funcionario  de  conocimiento  para  eximir  por  duda  a  su prohijado, fundada en la escasa  credibilidad  de  los  testimonios  señalados,  los  que  a  su  vez,  en  nada  corroboraron  lo  versión  suministrada  por  Garzón  Tuta,  yerro  que  al  final afectó la presunción de  inocencia  de  su  mandante,  según  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política, el 6 del Código Penal y 238 de la Ley 600 de 2000.   

Cuarto:  Falso  raciocinio. Adujo el defensor que  el  Tribunal  le  otorgó  total credibilidad a Gustavo  Garzón   Tuta,  sin  tener  presente  las  siguientes  contradicciones detectadas por la primera instancia:   

a) La suma de dinero  entregada  a  la  ex  funcionaria  Martha Isabel Muñoz  Reyes,  obedeció  “a  un  arreglo,  a un acuerdo, a un pacto”, entre ellos, que  desvirtúa   su   desconocimiento   sobre   temas   de  tránsito;  b)   el   referido   infractor  registró  innumerables  comparendos,  motivo  por  el  cual,  tampoco  le  era indiferente  “ni   los   trámites   ni   las  multas,  ni  los  reglamentos”; c)  Garzón Tuta de  hecho  tenía  conocimiento  de  la resolución que lo exoneró de su compromiso  contravencional   entregada   a   él   como   parte   de   un   “arreglo”   cumplido  con  Martha  Isabel  Muñoz Reyes y d)   los   testimonios   aportados   por  Garzón    Tuta    nunca  ratificaron  que  él no hubiese estado en la Inspección el 17 de marzo, por el  contrario,  Carlos Valderrama  (policía  de  tránsito)  informó  que  lo  vio  esa  mañana allí y el joven  estudiante    de   derecho   Luis   Alexander   León  Daza,   recordó   haber   escuchado   el   apellido  Tuta.    

Si las reglas de la experiencia enseñan que  “el  señor  GARZÓN TUTA no era ajeno a un arreglo  con  la  Secretaria  de  la Inspección para que se le exonerara del pago de una  multa  mayor,  por  lo  que  puede inferirse que le colaboró a esa ex servidora  pública    para   obtener   la   resolución   tildada   de   falsa”11,   entonces,   el  Tribunal  incurrió  en falso raciocinio  al  valorar la declaración de Garzón Tuta  desconociendo la sana crítica, tanto más, si tales incoherencias  no  fueron  objeto  de estudio por la magistratura, vulnerando la presunción de  inocencia   de   su   representado  en  atención  a  los  preceptos  29  de  la  Constitución  Política,  el  6  del  Código Penal, 232 y 238 de la Ley 600 de  2000.   

Quinto:   Falso   juicio  de  existencia.  La  ex  secretaria  de  la  Inspección  Martha  Isabel Muñoz  Reyes  (quien se sometió a sentencia anticipada por el  delito  de  cohecho  propio  y  falsedad  documental),  quien  en  opinión  del  libelista,  acordó la ilicitud con Gustavo  Garzón  Tuta,  implicaron  a  su  prohijado en los hechos materia de juzgamiento, ante lo cual,  el Tribunal nada dijo.   

Yerro por omisión probatoria para el jurista  trascendente  en  la  medida que si lo hubiese advertido el Juez Colegiado, otra  sería  –en la actualidad-  la  situación  jurídica de su mandante; por tanto, se violentó la presunción  de  inocencia  de  su  representado  en  atención  a  los  cánones  29  de  la  Constitución  Política,  el  6  del  Código Penal, 232 y 238 de la Ley 600 de  2000.   

Sexto:   Falso   juicio  de  existencia  sobre  un  testimonio.  Fue ignorada la declaración trasladada del proceso disciplinario  de  Hilda  Camargo González,  Secretaria   de   Gobierno   de   Duitama,  quien  manifestó  que  la  persona que realizaba las audiencias,  efectuaba  los  acuerdos  de  pago  y  cobraba  de manera ilegal los comparendos  mientras  su  jefe  estaba  ausente,  era Martha Isabel  Muñoz  Reyes.  Ante  tal información de oídas, o de  rumores,   la  doctora  Hilda  Camargo,  inquirió al procesado y este a su turno  le  aseguró que él era el único funcionario que tenía el absoluto control de  la   Inspección   de   Tránsito,   pero   ella   sabía   que   esto   no  era  cierto.   

Si  hubiese  tenido  presente los contenidos  probatorios  del anterior medio, habría concluido la judicatura que su mandante  era  totalmente  ajeno a los desmanes delictivos de su ex secretaria, que abusó  de  su  buena  fe,  por tanto, debe aplicársele a su mandante la presunción de  inocencia.   

Séptimo:  Falso  juicio  de  existencia  de  una  inspección  judicial.  En  la  aludida  diligencia se  verificó   que  el  inculpado  y  su  dependiente  tenían  asignadas  oficinas  divididas    por    “un   muro”,   por       ello,       “deduce   que  el  Inspector  no  podía  enterarse   de  las  actividades  y  comportamientos  que  pudiera  realizar  la  secretaria”12;  siendo  ello así, la instancia inferior consideró primordial la  prueba  indicada,  respaldada  por otros medios, de donde se puede constatar, en  opinión   del   libelista,   los  numerosos  arreglos  ilegales  que  celebraba  Martha     Isabel     Muñoz     Reyes, “sin  que  el  inspector  de Tránsito necesariamente se enterara de  ello”  o  quizás  “pudo  ser  ajeno  a  lo  sucedido”,  en  especial  con los  testigos  “utilizados  en  la  audiencia de GARZÓN  TUTA  o con la elaboración de los documentos que de buena fe firmó”.     

Al  ser  omitida en la valoración por parte  del  Tribunal  la prueba mencionada, se incurrió en el yerro denunciado, motivo  suficiente    para    tener    como    absoluta   responsable   a   Martha  Isabel  Muñoz Reyes, sobre la base  de   una   verdadera   presunción   de   inocencia   a  favor  de  su  asistido  jurídico.    

Octavo:  Falso  raciocinio. El recurrente una vez  expuso  su criterio concerniente a lo que debe ser una legal apreciación de las  pruebas,    adujo    que    si    la   audiencia   fue   ficticia   –como  lo expuso el Tribunal-, entonces  el  procesado  no  pudo  interrogar  a los testigos, por tal motivo, cree que la  judicatura  descartó  el  testimonio de Luis Alexander  león  Daza  (estudiante de derecho) y la declaración  de  Garzón  Tuta le mereció  total  credibilidad,  lo  cual,  no  se  compadece  con  la actuación porque el  infractor   de   tránsito   estuvo   “involucrado  ilícitamente  con  un  cohecho para dar u ofrecer, pactando un arreglo indebido  con  una servidora pública, que por esto ella misma aceptó que se le condenara  por   el   delito   de  cohecho  propio”13.   

No  es  lógico,  recalca el jurista, que se  condene  a  una  persona  sobre la base de un testimonio como el de Garzón      Tuta      “con     tantos     defectos    en    su    credibilidad”,  corroborado  por dos “ancianos que  se  contradijeron”,  con  ocasión al día en que se  celebró  la  audiencia en la Inspección y frente a las otras declaraciones que  allí lo ubican.   

También   contradice   “la  ciencia  del  juicioso  raciocinio”,  una  decisión  de  condena  que desecha la aceptación de responsabilidad penal  por  los delitos de cohecho y falsedad aceptada por la ex secretaria, que jamás  involucró  a  su  protegido  jurídico,  violándose  de  contera,  las  normas  constitucionales,     sustanciales    y    procesales    expuestas    en    cada  censura.   

Por  último, solicitó a la Sala, casar el  fallo  recurrido,  para  en su lugar, declarar la nulidad en los términos allí  anotados,  de  prosperar  el  primer cargo o, quizás, absolver a su mandante de  acreditarse los subsidiarios.     

M   I   N   I   S   T   E   R   I   O      P   Ú   B  L  I  C  O   

El   Procurador  Tercero  Delegado para la Casación Penal (e), después de realizar un resumen de los  hechos,  de  la  actuación procesal relevante, de la demanda y luego de exponer  sus  argumentos,  le sugirió a la Sala “no casar la  sentencia impugnada”.   

a)  Concepto del  representante  de  la  sociedad  en  punto  de  la censura principal.   Una  vez  aclaró  que  el  defecto  demandado  tenía  que  ser  argumentado  por  la  causal  primera  –más  no  por nulidad- porque el núcleo de la imputación no varió  y  la  denominación jurídica era menos perjudicial para el acriminado, indicó  que  fueron  superados  con la admisión, motivo por el cual, pasó a plasmar su  criterio sobre el particular.   

Después  de  puntualizar  apartes  de  la  actuación,  de las decisiones de instancia, de transcribir los tipos penales en  disputa  por  el  defensor  (falsedad ideológica versus falsedad material) y de  enlazarlos   a   la   actualidad   jurisprudencial14,  adujo  que con base en los  elementos  normativos y descriptivos de los delitos señalados, clarificaría si  se  presentó  en  el  desarrollo  de la actuación un yerro en la calificación  jurídica  de  la  conducta  imputada,  acorde,  como  es obvio, con el supuesto  fáctico.   

Como   el  aquí  condenado  JULIÁN    ADOLFO    RUIZ    MORALES   se  desempeñaba   como   Inspector   de   Tránsito   de  Duitama,   ostentaba   la   calidad  de  servidor  público,  para  el  momento  de  consumación  del  ilícito  por el que se le procesó, funcionario que celebró  en  esa  condición –según  lo   aceptó   en   su  injurada-  una  audiencia  en  atención  al  comparendo  15380005865,  la  cual,  ante  la  evidencia, “no se  llevó  a  cabo”; sin embargo, exoneró al infractor  Gustavo    Garzón   Tuta,   motivo   por  el  cual,  consignó      “una  falsedad”,  modalidad   punitiva  que  se  identifica con el delito de falsedad  ideológica.   

Siendo   ello   así,   el   acriminado  “certificó  con  su  firma  la  existencia  de una  audiencia    que    no    se    realizó    y   de   esa   manera   ‘extendió’  un  documento  público”,  para  beneficiar a una persona en perjuicio de la fe pública,  por  ello,  no  comparte  las  motivaciones  del  defensor  frente  al delito de  falsedad  material  impropia,  ante  el cual, trajo a colación una decisión de  esta   Sala,  con  el  objeto  de  ilustrar  sus  diferencias  con  la  falsedad  ideológica.    

El  documento  que  exoneró a Garzón      Tuta,     “en  su  origen  y  aspecto  formal es verdadero, toda vez que quien  afectó  su  contenido  material  fue  el autor legítimo del mismo, por ello…  resultó  ‘falso  en  su  autenticidad”,  en tanto, se certificó la práctica  de  una  audiencia  que  no  existió; todo esto, desde luego, es contrario a lo  expuesto  por el recurrente, porque aquí no hubo creación o fabricación total  del  instrumento  por  parte  de  una  persona  particular sino, justamente, del  implicado,  lo  cual,  excluye la falsedad material impropia, motivo suficiente,  para conceptuar que el cargo no tiene aptitud de éxito.    

Criterio  del Procurador frente a los ocho  cargos     subsidiarios     motivados     por     vía     indirecta.   

Primer   falso   raciocinio.  Una  vez transcribió una decisión de la Sala en atención a las  pautas  lógico  argumentativas  que deben guiar una arremetida de este talante,  se   refirió   a   la  declaración  del  estudiante  de  derecho  Luis  Alexander  León  Daza, a la que, la  instancia  superior,  le  restó  credibilidad porque la misma no desvirtuaba la  imputación    elevada    contra   el   procesado.        

Estuvo  de  acuerdo  con el Tribunal que el  testimonio  aludido  no era suficiente para acreditar el dicho del procesado, ni  despejaba   las   dudas  de  la  celebración  o  no  de  la  audiencia,  porque  exclusivamente  se  limitó  a  informar  que  el  17  de  marzo de 2005, por la  mañana,   en   la   Inspección   de   Tránsito  de  Duitama,   se   hallaba   una   persona  de  apellido  Tuta, según el deponente, se  acordó  de  tal  episodio,  porque  hizo  varias bromas sobre el mismo, más no  tiene idea cómo era su apariencia.   

Luego, advirtió el Procurador que, el cargo  no  tenía  vocación  de prosperidad, porque no violó ninguna regla de la sana  critica  en  la  apreciación  de  las pruebas realizadas por el Juez Colegiado,  pues  lo  relevante  era  determinar  –a  tono con el delito por el que se le condenó- si se realizó o no  audiencia,   más   no   determinar   la   presencia   del  señor  Garzón Tuta en el lugar.   

Segundo   falso   raciocinio15.  Elevado  sobre    el    testimonio    de    Gustavo   Garzón  Tuta  al que el Tribunal le otorgó total credibilidad  a  pesar,  según  el  libelista, de sus variadas inconsistencias, como aquellas  manifestadas  por  el  Juez  de  conocimiento,  donde  infirió un acuerdo entre  infractor  y  secretaria,  lo cual demostraba, no un engaño como lo quiso hacer  ver  el  mismo  quejoso,  por  las  variadas  infracciones  de  tránsito  a él  impuestas;  así  mismo,  las  declaraciones  de Carlos  Valderrama   y   de   Luis  Alexander  León  Daza,  confirmaron  la  versión del  enjuiciado.   

     

Indicó el Procurador que el Juez Plural no  equivocó  su juicio valorativo, porque demostró que la audiencia de tránsito,  en  efecto,  nunca  se  celebró,  para  ello,  se  sirvió de las declaraciones  iniciales  de  Graciano Espejo Valderrama y     Ascención    Fonseca;   así   mismo,  por  el  disfraz  de  los  testigos  Javier   Naranjo   Pérez   y  Orlando  Parra  Salcedo,  de  quienes se  afirmó  en  la resolución fraudulenta concurrieron a la inspección, cuando de  verdad, ello no fue así.   

Entonces, aquellas circunstancias dudosas a  las  que  el  Tribunal  no se refirió, son para el Procurador, intrascendentes,  “pues  lo  relevante para ello fue constatar que el  Inspector  le  brindó  legitimidad  al  acta  y  la  resolución  con  su firma  certificando  un  acto  procesal  que  nunca  se  realizó y en el que no estuvo  presente”16;  motivo suficiente para que  se desestime su pretensión.     

Tercer   falso   raciocinio17.   Yerro  alegado   porque  la  sentencia  condenatoria  se  basó  en  dos  presupuestos:  a)   la   declaración  de  Luis  Alexander León Daza no  desvirtuó   la   imputación   elevada   contra  el  procesado  y  b)  le  concedió  total credibilidad a lo  narrado    por   Gustavo   Garzón   Tuta,  lo  cual,  en palabras del recurrente, choca con las reglas de la  lógica,  porque  realizó  un  pacto  ilegal  con  una  funcionaria, donde ella  aceptó  cargos  por  el delito de cohecho por dar u ofrecer, e incluso, por las  variadas   inconsistencias   advertidas   en   la   declaración  del  infractor  Garzón  Tuta,  cuando negó  haber  estado  en  la  Inspección la mañana del 17 de marzo de 2005, contra lo  depuesto  por  el  agente  tránsito Carlos  Valderrama quien  lo  vio  allí  y  por  el  estudiante  de derecho Luis  Alexander  León  Daza,  que solo recordó el apellido  Tuta, más no lo identificó.   

Le  asiste  razón  jurídica  al Tribunal,  indicó    el    Delegado,    al    otorgarle    credibilidad   a   Gustavo  Garzón  Tuta,  porque con él, se demostró la no realización  de  la  aludida  diligencia, la ausencia de testigos y el hecho de la secretaria  haber  extraído  de  un  archivador  la resolución de exoneración, para luego  firmarla  los tres: “estos argumentos no constituyen  un  atropello abierto a las reglas básicas de la sana crítica (sentido común,  lógica,  ciencia, experiencia) sino que comportan una valoración probatoria no  compartida   por   el   demandante   pero  no  por  ello  censurable”;  lo  precedente  fue  certificado con el documento espurio y la  falta   de  correspondencia  de  los  nombres  de  los  supuestos  testigos  del  comparendo  con  sus  cédulas, lo cual demuestra que su contenido es mentiroso,  pese a ello, lo signó el acriminado.   

Por otro lado, el Juez Colegiado, aunque no  se  refirió  textualmente  a  cada prueba, “ello no  significa  que  omitió  valorarlas,  pues  si  se  pronunció  sobre el tema de  pruebas   que  ellas  tratan;  simplemente,  resaltó  aquellas  que  consideró  determinantes   para   sustentar   su   decisión”,  otorgándole  mayor  credibilidad  a  unas  que otras, por tanto, la censura, no  debe prosperar.   

Cuarto: falso juicio de existencia18. Referido a  la   omisión   de   la   declaración  del  agente  de  tránsito  Carlos  Alberto Valderrama, funcionario que  le  impuso  a  Garzón Tuta el  comparendo  y  quien sostuvo que el 17 de marzo de 2005, en horas de la mañana,  lo  vio  en  la  Inspección,  de  lo  cual,  se  acuerda  porque  cuando aquél  infringió  las  normas  viales,  fue  muy  agresivo  y  quiso  hasta pelear con  él.   

Para  el Procurador no existe trascendencia  alguna,   porque   si   bien   el  testigo  dijo  que  observó  a  Garzón   Tuta  al  medio  día  y  si  la  audiencia  supuestamente  inició  a  las 8 de la mañana como consta en el acta  espuria,  coincide  con los hechos lo dicho por el infractor que arribó allí a  las  dos  de la tarde. Además, “tampoco es acertado  afirmar    que   el   Tribunal…   omitió   valorar   esa   prueba”,  pues el fundamento de la decisión cuestionada es que el aquí  inculpado  faltó a la verdad cuando sostuvo que había realizado una audiencia,  conclusión  a  la  que  arribó,  sobre  la  base de las pruebas allegadas a la  actuación:  por  lo  expresado,  consideró que la censura no podía prosperar.   

Quinto: falso juicio de existencia.  Consideró  el  recurrente  que las declaraciones de Martha  Isabel  Muñoz  Reyes  como  la de  Gustavo  Garzón Tuta,  fueron omitidas por el Juez Plural,  en  tanto,  ninguno de los dos involucró a su prohijado en los hechos objeto de  juzgamiento,  motivo  esencial  por  el  que  se  le  debe  aplicar la duda a su  favor.    

Contrario  a  lo sostenido por el defensor,  halló  el  Procurador  que  el  declarante  referido, de verdad inculpó de los  hechos  al  acriminado  cuando  él  relató  que el Inspector había signado la  resolución   espuria   a   petición   de   su   secretaria  y  “obra     como     prueba    de    su    conducta    el    documento  fraudulento”.   

Frente   al  testimonio  de  Martha   Isabel  Muñoz  Reyes,  adujo  el  representante  de  la  sociedad  que  ella aceptó la imputación elevada por la  Fiscalía  respecto  a  los  delitos  de cohecho propio en concurso con falsedad  ideológica,  “los cuales incluían la coautoría  de  los  procesados  en  el  delito  de  falsedad  ideológica”, condensados en el  acogimiento  a  sentencia  anticipada  en la cual el ente instructor incluyó la  participación  del procesado: por todo, se equivocó el demandante al decir que  los  testigos  mencionados  no  involucraron  en  los hechos al aquí condenado,  motivo por el cual la censura no puede tener éxito.   

Sexto: falso juicio de existencia.  En  atención  al  testimonio  de  Hilda  Camargo  González, secretaria  de  Transito de Duitama, funcionaria que le recibió la  queja  a  Garzón  Tuta y le  comunicó   a  la  justicia  todo  lo  que  había  escuchado  por  rumores  con  relación  a  la  secretaria  Martha  Isabel  Muñoz Reyes,  de   quien   se  dijo,  recibía  dinero  a  cambio  de  expedir  paz  y  salvos  contravencionales,  incluso,  que  manejaba la Inspección; por estas razones le  llamó la atención al inculpado y él negó todo.    

El  Procurador  no  comparte  la  tesis del  defensor,  en  la  medida  que si bien es cierto el Tribunal no se refirió a la  declaración  de  Hilda  Camargo González,  de  ella  nunca se puede extraer que el Inspector era ajeno a los  hechos  delictivos  o  quizás  la  duda le aplique a su actuar, en oposición a  ello,  aseveró, él tenía conocimiento del obrar ilegal de su subalterna sobre  los casos asignados en su oficina.   

Los declarantes, eso es cierto, nada dijeron  sobre  que aquél hubiere exigido o recibido parte del dinero que le entregó el  infractor  a  Martha  Isabel  Muñoz Reyes,  lo  cual, generó la absolución al aquí procesado por el delito  de  concusión;  pero esto, de ningún modo, interfiere en el reato contra la fe  pública   por   el  cual  fue  condenado;  máxime  si  se  tiene  presente  la  intrascendencia   del  ataque,  porque  a  la  testigo  de  oídas  Hilda   Camargo  González,  el  contenido  espurio    de    la    resolución,   le   fue   comunicado   por   Garzón   Tuta:  medio  valorado  por  la  instancia superior.   

Séptimo: falso juicio de existencia.  Consideró  el  defensor  que  se  omitió valorar la inspección  judicial  realizada  el 20 de agosto de 2008, en la Secretaría de Tránsito, en  la  que  se  verificó  que el funcionario y su secretaria laboraban en oficinas  diferentes,  con  lo  cual,  concluyó  que  a  su  prohijado  le era difícil o  imposible  darse  cuenta  de  los  actos  delictivos consumados por Martha  Isabel Muñoz Reyes, concretados en  los     “acuerdos”  efectuados con los contraventores.   

Uno de los yerros del libelista es creer que  con  este  medio  se  absolvió a su protegido jurídico del punible de falsedad  ideológica,  lo cual es del todo desacertado, porque lo fue exclusivamente para  el  reato  de  concusión;  inane, entonces, para el primer acto ilegal, pues el  mismo  se  demostró,  justamente, con la resolución signada por el inculpado y  reconocida  como  suya,  en  la  que  avaló  la  celebración  de una audiencia  simulada;  así  mismo, se acreditó la responsabilidad penal del acusado con la  declaración  de  Garzón Tuta  quien negó que la aludida diligencia se hubiese realizado.   

Octavo:  falso juicio de identidad.   Denunciado   porque  la  magistratura  valoró  lo  narrado  por  Graciano Espejo y    Ascención    Fonseca   del   proceso  disciplinario,  dejando  a un lado, lo testificado por ellos en el juicio penal,  en  el  sentido  que  aquél  el  17  de  marzo de 2005, se encontraba con ellos  trabajando,  luego no podía haber estado por la mañana en la Inspección, todo  lo  cual,  frente a la nueva versión de ellos en audiencia, donde expresaron no  acordarse   qué   habían   afirmado  en  la  actuación  administrativa.    

Ante  este  cuestionamiento,  el Ministerio  Público,  sostuvo  que una cosa era desmentir un testimonio y otra muy distinta  ratificarlo,  pues  la declaración dada ante la jurisdicción disciplinaria fue  materializada  por  los dos deponentes, un mes después de los hechos, es decir,  el  4  de abril de 2005 y la audiencia desarrollada ante el Juez de conocimiento  se llevó a cabo el 27 de agosto de 2008, tres años después.   

Como el Tribunal, contrario a la instancia,  confirió   total   credibilidad   a  Graciano  Espejo  y       Ascención  Fonseca,  ello  en nada demuestra el yerro aducido por  el   libelista,  “al  suprimir  lo  dicho  por  los  testigos   en  la  audiencia  pública;  simplemente,  realizó  una  valoración  diversa  de  ellos  y concluyó que su dicho primero  merecía  toda credibilidad, apreciación de la prueba  que   también   resulta  correcta”,   así  no  concuerde  con  la  del  defensor  y  menos  con  la  del funcionario de primera  instancia.   

Por  tanto, concluyó el Procurador, que el  libelista  simplemente  confronta  su  criterio  con el de la segunda instancia,  cuestión  alejada  del recurso de casación, por tal razón, no tiene vocación  de éxito.   

C   O   N   S  I   D    E   R   A   C   I   O   N   E   S   

1.   La  Corte  advierte   que   al   haber   sido   admitida   la   demanda   de   casación  discrecional  en  lo atinente a  los  nueve cargos elevados, se  superaron  los  complejos defectos lógico argumentativos exhibidos en ella, con  el  exclusivo  propósito  de  analizar  a  fondo  los  ataques  expuestos o las  posibles  falencias  a  las  garantías   fundamentales   materializadas   en  las  instancias,  sin  que  lo  precedente  (casar  el  fallo  por ejemplo), irremediablemente desencadene en su  declaratoria,  máxime  si  se  constata  todo  lo  inverso; es decir, que no se  presentó  ninguna  afrenta  o  vulneración de entidad trascendente establecida  por la ley y desarrollada por la jurisprudencia.   

2.  La  sistemática  que utilizará la Sala  para  resolver  el  caso  objeto  de  estudio,  tendrá  el siguiente contenido:  primero, se compendiará cada  hipótesis     de     ataque,    segundo,  se  traerá a colación lo expresado por el Procurador Delegado y  lo   plasmado   por   el   Tribunal  en  el  fallo  cuestionado  y  tercero,  en  el  desarrollo  de ambos, la  Sala  expondrá  su  criterio  jurídico  sobre  las pretensiones incoadas en la  demanda.   

En igual forma, se abordará el estudio del  libelo  de  manera coherente con las cesuras seleccionadas por el jurista, a fin  de  explicarle  por  qué, para trascender lo actuado, la capacidad demostrativa  impresa  en los cargos, no alcanza a derrotar lo poco, pero esencial plasmado en  el  fallo  de segundo nivel, toda vez que sus premisas se oponen sustancialmente  a lo vertido por la judicatura.   

3.   Se   hace  imperioso  también  explicar  que,  en  atención  a  las censuras elevadas, la  crítica  probatoria  trajo  consigo,  disquisiciones subjetivas generadas desde  una  exclusiva  visión  del  asunto  y,  aunque  el  defensor  previó  algunos  presupuestos  lógicos  en  sus  razonamientos,  ellos  en  sí  mismos, generan  irremediablemente  un  caos argumentativo al imprimirle al proceso su preferente  entendimiento   sobre   las   apreciaciones   probatorias   cumplidas   por   la  magistratura:  motivo  suficiente  para replegar los razonamientos de la Sala en  un solo cuerpo, cuando ello sea necesario.   

4. El fundamento de  la   responsabilidad  penal  deducida      por      la     Sala     única   del  Tribunal   Superior   de   Santa   Rosa   de  Viterbo  (Boyacá)    contra    el   inculpado   JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES, al revocar  parcialmente  el  fallo  censurado  por la Fiscalía, en términos generales, se  verificó de la siguiente manera:   

4.1.  Decidió que el delito de concusión  por  el  que  fue vinculado el  Inspector,  en ninguna de sus modalidades comisivas, esto es, solicitar, inducir  o  constreñir,  se  acoplaban al actuar del funcionario, motivo suficiente para  absolverlo  por  duda,  porque  “ni GUSTAVO GARZÓN  TUTA  ni MARTHA ISABEL MUÑOZ, hacen referencia a que el procesado haya recibido  parte  de  los $200.000.oo pues el primero indica que el dinero se lo entregó a  MARTHA  ISABEL MUÑOZ, quien en la diligencia de aceptación de cargos corrobora  dicha    situación,    sin   hacer   referencia   a   la   participación   del  procesado”19.   

4.2. Una vez la magistratura transcribió el  tipo  penal  consagrado  en el artículo 286 de la Ley 599 de 2000, falsedad     ideológica     en    documento    público,     citó     una    jurisprudencia20  sobre  el  verbo  rector de  esta   infracción   penal,   luego,  aseveró  que  el  procesado  JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES, aceptó que  él   celebró   la   audiencia   pública   con   el   infractor   Garzón   Tuta   y   que  “interrogó  a  dos  testigos”, con ello,  infirió    la    judicatura,    que    la    diligencia   fue   “ficticia,  en  la  cual  se  simuló  que  habían  concurrido  los  testigos,  todo  lo  cual  se  consignó  en  una  resolución falsa que aparece  suscrita  por  el  implicado”, desde luego, soportado  “en     las    piezas    probatorias”.   

4.3. El testimonio del estudiante de derecho  Luis  Alexander  León  Daza,  fue  rechazado  por  el  Tribunal,  porque  no  se  relacionaba  con la conducta  atribuida  al  inculpado,  en  tanto,  ocho  meses  después  de  su  práctica,  exclusivamente  adujo  que  se  acordaba  que  el  17  de  marzo de 2005, por la  mañana,   escuchó   el   apellido   Tuta y bromeó sobre su similitud con otras palabras.   

4.4.   Como   el   inculpado   JULIÁN   ADOLFO   RUIZ   MORALES,  en  el  ejercicio   de   sus   funciones   tenía  el  deber  de  dirigir  la  audiencia  “asistencia del testigo, identificación del mismo,  amonestación  sobre  la  gravedad  del  juramento  y  sus consecuencias, siendo  evidente  en  este caso que el procesado infringió la ley penal al suscribir un  acta  de  audiencia ficticia”, aunado a una decisión  que  exoneró  de  responsabilidad  a  Gustavo Garzón  Tuta:  conducta  típica  del  delito  de falsedad     ideológica     en    documento    público,   toda   vez   que,   plasmó   una   mentira  en  la  resolución  administrativa.   

4.5. En igual sentido, adujo la magistratura  que   existía   duda   sobre  la  identidad  de  los  declarantes  Javier   Naranjo   Pérez   y  Orlando  Parra  Salcedo, “no  hay  prueba sobre sus testimonios” y  el  denunciante  Garzón Tuta,  dijo  no  conocerlos,  por  todo,  revocó  la  decisión absolutoria para en su  defecto   condenar   al  aquí  procesado  por  el  delito  objeto  de  estudio,  imponiéndole una pena de 48 meses de prisión.   

Reflexiones   de   la   Sala:   

1.     En     atención     al     cargo  principal:  si  bien  la  Corte  admitió  la  censura  elevada  por  nulidad,  no deja de ser cierto los innumerables defectos lógicos  argumentativos  que  presenta,  hasta  el  punto de confluir en ella, múltiples  sentidos  de  ataque,  aunados  a  los  desatinos  formales  que  visualizó  el  Delegado;  éstos  como  los  demás  yerros  que  acompañan la demanda, fueron  superados  con la inmediata finalidad de abordar el estudio de fondo del caso, a  fin  de  determinar si de verdad le asiste al jurista razón en su inconformidad  extraordinaria,  sin  embargo,  ello  no  es  óbice para ignorar, en principio,  algunos  aspectos  inherentes  a  la debida presentación y sustentación de una  propuesta como la exhibida por el togado.    

El  problema  jurídico preconcebido debió  ser  proyectado  por  la  vía  directa  de  violación  de la ley sustantiva en  sentido  de aplicación indebida del punible objeto de reproche y su correlativa  falta  de  aplicación  de  aquel que supone el libelista debió regir el debido  proceso  contra  su prohijado, esto es, la falsedad impropia, el cual, por estar  contenido  en  el  mismo título sustantivo, hubiese articulado su propuesta sin  violentar aquellos derechos de estructura y garantía denunciados.   

2.  En esencia la  propuesta  es  esa,  que  se  declare  la  nulidad  de  todo lo actuado a fin de  imputarle  a  su  prohijado  la infracción de falsedad  material  en  documento público, porque en su criterio  el  Inspector  de  Tránsito  creó  todo  el  documento,  no  una parte como se  entendería  en  la ideológica. Para demostrar su aserto, se sirvió de algunas  manifestaciones  de  la  magistratura  en las que se expuso que la audiencia fue  “ficticia”, con lo cual,  infiere  el  letrado, que la creación del documento fue integral, reubicándose  la tipología a otro reato de menor entidad represiva.   

Sin  embargo, su discurso no pasa el cedazo  de  coherencia  y  claridad  en  la  medida  que,  acto seguido, coligió que si  no   hubo   materialmente  audiencia  contravencional,  tampoco  podía  existir  documento  público  para  insertar  las  narrativas  fictas,  ello  porque,  si  bien  es  cierto, con sus  argumentos  pretende  demostrar la sinrazón jurídica de la instancia superior;  no  obstante,  aquello  se muestra como un juicio que vilipendia el postulado de  la  lógica  de  no  contradicción, pues llega al punto de aceptar en una misma  línea  de  razonamiento,  premisas  excluyentes, es decir, en un primer momento  aceptó  que su poderdante debe ser condenado por falsedad material en reemplazo  de  la  ideológica  porque  sus  elementos  normativos  y  descriptivos así lo  informan  con  lo acopiado y, a renglón seguido, refuta su premisa anterior, al  decir  que  no  existió  audiencia  ni  documento  público:  con  lo  cual, su  arremetida colapsa en el absurdo.   

Lo  cierto  del caso es que se materializó  una  decisión contravencional, en donde se exoneró a un infractor de tránsito  con  base  en  el  axioma  de  in  dubio  pro  reo, mediante una audiencia y una  resolución   que   daban   fe,   que   él,   Garzón  Tuta,  con  dos  testigos, no se pasó el semáforo en  rojo  sino en verde o amarillo, ante lo cual, en todas sus salidas procesales el  denunciante  insistió que jamás estuvo en alguna diligencia, menos que hubiese  llevado      a      dos      testigos      para     que     corroboraran     los  hechos.              

Esta  fue  una  resolución que nació a la  vida  jurídica  administrativa, con entidad demostrativa, para generar de allí  su  uso  y ser expedido el correspondiente paz y salvo al ciudadano Gustavo    Garzón    Tuta;   luego,   la  afirmación  fehaciente  del  defensor  que  no existió, no pasa de ser sino un  alegato   de  libre  factura,  sofístico  por  demás  y  sin  ninguna  entidad  significativa para arrasar lo actuado en instancias.   

La continuación de la tesis del letrado, se  traduce  en el hecho de que si no hubo audiencia (supuesto en el que sustenta la  falsedad   material),  entonces,  infiere  que  el  documento  se  creó  en  su  integridad:  el  acta  contentiva  con  las  declaraciones de los testigos y los  descargos   del   contraventor   como   la   resolución   que  lo  exoneró  de  responsabilidad administrativa.   

En     el    radicado    23.069  de 15 de julio de 200521, la Corte en  punto   a  las  divergencias  existentes  entre  los  punibles  de  falsedad  ideológica  y  material en documento público, explicó:   

   

La  falsedad  ideológica en documentos es  por  definición un atentado al deber de veracidad. Se incurre en ella cuando el  servidor  público,  o  el particular, en ejercicio de la facultad certificadora  de  la  verdad,  hacen  afirmaciones  contrarias  a  ella,  o  la callan total o  parcialmente,  en  un  documento  que  puede  servir  de  prueba. Algunas de sus  principales  características  son,  por  tanto,  que es un atentado al deber de  decir  la  verdad,  y  que  las  afirmaciones  mentirosas deben ser directamente  realizadas   por  el  servidor  público,  o  por  el  particular   que   extiende   o  suscribe  el  documento.  En  eso  consiste  la  falsedad.   

Es  el  caso,  por ejemplo, de notario que  certifica   que   una  determinada  persona  asistió  al  otorgamiento  de  una  escritura,  no  siendo  ello cierto; o del juez que en  el  acta  de  una  diligencia deja constancia de la presencia en ella de alguien  que  no  concurrió;  o  del  jefe  de  personal  que  certifica  que  uno  de  sus  empleados  laboró  durante determinados días, no  siendo  ello  verdad;  o  del director de prisiones que certifica que un interno  laboró  durante  determinados  días,  no  habiéndolo hecho.      

La  falsedad  material,  en  cambio, es un  atentado  a  la  integridad  material  del  documento,  a  su genuinidad, que se  presenta  cuando  el  documento  es  creado totalmente, en cuyo caso se habla de  falsedad  material  impropia,  o  cuando  se altera el contenido material de uno  existente,   hipótesis   conocida  como  falsedad  material  propia.  Un  ejemplo  del  primer  caso sería el del sujeto que crea una  cédula  de  ciudadanía  o  un pasaporte falso, y del segundo el del sujeto que  altera  el  nombre  del comprador en una escritura pública de compraventa de un  bien inmueble, para hacer aparecer otro.   

En  una  propuesta  como la expuesta por el  defensor,  le  era  obligado  cotejar los elementos descriptivos y normativos de  ambos  reatos  y corroborarlos con el plexo probatorio para iniciar un verdadero  estudio  en  sede  extraordinaria,  desde  luego,  con base en su pretensión de  transición  típica: labor que ignoró totalmente por seguir el derrotero de la  nulidad,  sin  que  pueda evidenciarse –con  una  injustificada  prolongación sin causa del tiempo- ninguna  ventaja.   

El  delito  por  el  que  se  condenó  al  Inspector,  tal  y  como  lo  adujo  el  Juez Colegiado, se halla previsto en el  artículo 286 de la Ley 599 de 2000:   

Falsedad   ideológica   en   documento  público.  El  servidor  público que en ejercicio de  sus  funciones,  al  extender  documento  público  que  pueda servir de prueba,  consigne  una falsedad o calle parcialmente la verdad, incurrirá en prisión de  cuatro  (4)  a  ocho (8) años e inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  de  cinco  (5) a diez (10) años.   

En  consecuencia,  la  conducta alternativa  realizada  por  el  sujeto  activo  cualificado,  se concreta en “consignar”  una  falsedad,  la  cual se  identifica  con  declarar  circunstancias,  hechos  o  situaciones  –negativas  o  positivas- inexistentes;  en    la    misma    línea,   “callar”  una  verdad, es equivalente a abstenerse de plasmar aquello que  en  realidad  sucedió, pasó u ocurrió: todo esto, como es connatural al tipo,  debe   permearlo   el  quehacer  del  servidor  público,  que  siempre  tendrá  –por  la  excelsitud  del  cargo  que  desempeña-  el  compromiso  legal,  jurídico,  social y ético, de  extender  con  exactitud,  precisión  y  sinceridad  cualquier acto suscrito en  ejercicio de sus funciones.   

Por  otro  lado,  el  canon 287 del Código  Penal,  consagra  el  punible  de  falsedad material en  documento   público,  en  los  siguientes  términos:   

El  que  falsifique documento público que  pueda  servir  de  prueba,  incurrirá  en  prisión  de  tres  (3)  a  seis (6)  años.   

Si  la  conducta  fuere  realizada  por un  servidor  público  en ejercicio de sus funciones, la pena será de cuatro (4) a  ocho  (8)  años  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas de cinco (5) a diez (10) años.   

Aquí el documento ilegal debió ser forjado  in  integrum por el servidor  público,  en  dado  caso,  se  está ante una falsedad  material  impropia, porque el sujeto activo que ejecuta  la  acción prohibida no tiene la función jurídica instituida para tal efecto,  por  ende, la esencia del ataque tiene su fuente en la creación total o parcial  del  documento, para determinar si el punible es ideológico o material, lo cual  no  logró  desentrañar  el  defensor, en tanto, piensa que si el manuscrito de  entidad   pública   fue   elaborado  –en  lo  que puede entenderse- sin testigos ni infractor, la falsedad  fue integral.        

No se percató el jurista que una arremetida  en  las  circunstancias  argumentativas  por  él  señaladas, indefectiblemente  desemboca  en  el  mismo  reato objeto de cuestionamientos extraordinarios, bajo  las  cuales,  ignoró  el  recurrente otros elementos de juicio que le indicaban  todo  lo  opuesto,  como  el  reconocimiento  que hizo el Inspector de Tránsito  JULIÁN  ADOLFO RUIZ MORALES,  en   sus  diferentes  salidas  procesales,  de  su  firma  que  estampó  en  la  resolución  que  exculpó  al  infractor,  con  tal actuar certificó, o mejor,  autenticó  -en  el  ejercicio  de  sus  funciones-  un trámite contravencional  administrativo  contentivo  de  una  decisión y al reclamar como de su autoría  tal  hecho,  en  principio,  caracterizó el documento como público con base en  las funciones a él asignadas.   

En seguida, como es absolutamente obvio, se  comprende  que  no  todo el manuscrito tiene contenidos fictos como lo sustentó  el  defensor  para pretender la variación típica y, de paso, sin ningún asomo  a  la  dubitación,  se  adecua  el  acto ilegal a los contenidos descriptivos y  normativos  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  publicó,  pues  aquél  lo  extendió como  medio  de  prueba  para  obtener  un  paz  y  salvo  que en últimas dejaría la  conducta contravencional libre de responsabilidad pecuniaria.   

Por otro lado, tampoco entiende la Sala como  puede  hablarse  de  una  falsedad material como la propuesta por el letrado, al  exponer,  por  ejemplo: “cuando el documento se crea  totalmente de manera falsa  para  para  colocar  en él contenidos falsos, la falsedad no es ideológica, es  material”22,  si  aquí  jamás se creó  todo  el  documento,  una  parte  sí,  contentiva  de  las declaraciones de los  testigos,   los   supuestos   descargos   de   Garzón  Tuta,      valorados     someramente     en     la  resolución.      

La  creación integral del documento, no lo  es,  como  lo  pregona  el  jurista,  porque  si  bien  los dos actos públicos:  audiencia  y  decisión,  se  realizaron  en  un  mismo  tipo  de letra, ello no  significa  que  su  encabezado,  incluidos  los  demás  aspectos formales, sean  espurios,  desde  luego,  son  verdaderas y, de suyo, con los efectos jurídicos  del caso: en ellos se indicó:   

SECRETARIA  DE  TRANSITO  Y  TRANSPORTE DE  DUITAMA,  Inspección de Tránsito. Proceso No. 0243/05. En Duitama diez y siete  (17)  de  marzo  de  dos  mil  cinco  (2005)  siendo las 8:00 A.M., hora y fecha  señalada  se  hace  presente el señor GUSTAVO GARZON TUTA…por lo que procede  el  despacho  a  avocar  el  conocimiento de las presentes diligencias y declara  abierta  la  audiencia pública… AUTO: con el fin de precisar la ocurrencia de  los  hechos  recepcionese  la declaración juramentada por parte de los señores  JAVIER  NARANJO  PEREZ  y  ORLANDO  PARRA  SALCEDO.  El  presente se notifica en  estrados y proceden los recursos de ley CUMPLASE.     

RESOLUCION No. 152380005865. POR LA CUAL SE  PROFIERE  UNA  EXONERACION.  El  Inspector de Tránsito en uso de sus facultades  legales  y  especialmente las que le confiere el C.N.T. CONSIDERANDO… Por todo  lo  anterior  el  despacho: RESUELVE… Primero… Segundo… CUMPLASE, Sin otro  particular,  se  termina  la diligencia siendo las 9:30 A.M. y aprobada se firma  por           los           intervinientes23.   

El   documento   público   -audiencia  y  resolución-,  no  fue  producto  de una invención formal del inspector para su  falsificación  en  su  materialidad  total, pues bien sabe el recurrente que el  esqueleto  jurídico en donde se alojan las diligencias jurídicas (testimonios)  y  el  otro  que  las  resuelve  (decisión  jurídica), debe apegarse de manera  estricta  a  los  presupuestos  previstos en la Ley 769 de 2002, por la cual, se  expidió   el   Código   Nacional  de  Tránsito  Terrestre,  cuyo  ámbito  de  aplicación  esta dado para todo el país; en la obra citada, se consagró entre  otros  aspectos  procesales:  la  competencia,  la  jurisdicción,  los recursos  (reposición  y  apelación),  la  comparecencia  del  infractor  y  en un nuevo  capítulo,  se  introdujo  el  principio  de integración normativa:   

APLICACIONES   DE   OTROS   CÓDIGOS   Y  DISPOSICIONES  FINALES.  ARTÍCULO  162.  COMPATIBILIDAD Y ANALOGÍA.  Las  normas contenidas en el Código Contencioso Administrativo,  Código  Penal, Código de Procedimiento Penal y Código de Procedimiento Civil,  serán  aplicables  a  las  situaciones no reguladas por el presente código, en  cuanto  no  fueren  incompatibles  y  no  hubiere norma prevista para el caso en  análisis.   

Como  puede  observarse  tanto  el  acta de  audiencia   como   la   providencia   que   resolvió  exonerar  a  Gustavo  Garzón  Tuta de la infracción de  tránsito,  debían  guardar una línea jurídica formal en su elaboración, que  por  principio  general, está diseñado para todos los procesos, luego, no pudo  existir  una creación total del documento público como para predicar el delito  de  falsedad material, sino que en él, se plasmaron una serie de falacias y, de  la  mano de ellas, se falló en consecuencia, con efectos legales por el uso que  le  dio  el  infractor  en  la  búsqueda del paz y salvo; en otras palabras, la  falsedad  ideología  se consuma cuando el servidor público, en pleno ejercicio  de  sus  funciones,  extiende  un  documento, consignando en él una mentira que  sirva  de prueba, todo lo cual, es justamente lo que aquí aconteció, en tanto,  la  invención  es  exclusiva,  per  se,  no  abarca todo el manuscrito, pues el  Inspector   JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES  vertió  afirmaciones  contrarias  a  la verdad y bajo tal rubrica  exoneró al infractor.   

Obsérvese  como el defensor bajo supuestos  eminentemente   sofísticos   enmaraña  los  contenidos  judiciales  al  decir:   

Se  le  acusa  por producir totalmente dos  documentos  (acta  y resolución) sobre una audiencia jamás realizada, ficticia  la  llama  el Tribunal, lo cual constituye falsedad material (impropia), pero se  cambia  este  nómen  juris  (sic)  por el de falsedad ideológica, lo cual da a  entender  que  el  acto  fuente del documento (la audiencia) si existió, porque  esto  es la esencia típica de la falsedad ideológica, pero al mismo tiempo, se  le  condena  bajo  la  premisa  de que ese acto fuente no existió y en lugar de  condenarlo  por  falsedad  material, se le condena por falsedad ideológica, que  dar  por  supuesto que la audiencia sí se realizó y como tal hubiere originado  el  documento24.     

El  Tribunal  en  el apartado citado por el  recurrente sostuvo:   

El señor JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES  manifestó  en su indagatoria:  “estuve  presente  en la audiencia, puedo sí aseverar que se interrogó a dos  testigos,  a  solicitud  de  quien  se  identificó como infractor a la norma de  tránsito,  recuerdo  el  apellido Garzón Tuta”, mi  labor  se  concretó  a  interrogarlos”  (resaltado  fuera  de  texto).  En  tales  condiciones, es claro que el indagado faltó a la  verdad,  pues es evidente que se trató de una audiencia ficticia, en la cual se  simuló  que  habían  concurrido los testigos, todo lo cual se consignó en una  resolución   falsa   que   aparece   suscrita   por   el  implicado25.   

En primer término, el Juez Colegiado no se  refirió     a     “una     audiencia     jamás  realizada”,  por  el  contrario, cuestionó la labor  desempeñada  por  el  Inspector  de  interrogar  a  los testigos, lo cual nunca  aconteció;  por  otro  lado,  en  ese  contexto,  la expresión “audiencia  ficticia” bautizada así por  el    Tribunal,    estuvo   directamente   relacionada   con   la   no   concurrencia   de   los   testigos,  generándose  en  la  pluma  del  jurista,  un  falso  juicio  de  identidad por  tergiversación  de  los  contenidos  valorativos  forjados  por  la judicatura.   

Aún  más:  para la Sala es imprescindible  señalar  que tanto la audiencia como la resolución exoneratoria, nacieron a la  vida  jurídica  como  documentos públicos, los cuales fueron presentados (uso)  en  la  ventanilla  3  de esa Inspección de Tránsito para el consecuente paz y  salvo,  pero  gracias  a  la confusión o quizás a la agudeza de la funcionaria  Marinelsa  Báez  de Rico, el  acto antijurídico consumado por el inculpado, se dio a conocer.   

Con base en lo precedente, las afirmaciones  del  defensor  son  sofísticas,  porque  inician  desde  la  propia ambigüedad  probatoria  con  el  fin  de  desintegrar  el  tipo de falsedad ideológica, sin  ningún  fundamento  sólido,  pues  en  realidad  se constató que las falacias  incrustadas  en  los documentos contravencionales, no abarcaron en su integridad  el  documento  público,  sino una parte de él, sin que fuese en su generalidad  ficticio  como  lo  entendió  el  libelista,  desde  luego,  tergiversando  los  contenidos   suasorios  impresos  por  la  magistratura,  que  aunque  mínimos,  condensan  la  esencia  de los presupuestos necesarios para expedir la decisión  hoy cuestionada.   

Baste   lo  hasta  aquí  expuesto,  para  despachar  desfavorablemente  la pretensión de conmutación típica argumentada  por  el  libelista; sin embargo, la Corte no puede dejar pasar por alto, además  de     lo     expuesto,     la     ausencia     sistémica    de    trascendencia  del  ataque, por cuanto, el  recurso  extraordinario  de  casación  tiene  unos  fines  implícitos  que  lo  identifican  como  el  más alto guardián normativo del proceso debido en todas  sus  manifestaciones epistemológicas, a su cuenta, entonces, como en el caso de  la  especie,  debe impetrarse algún beneficio para el penado con tan exigente y  estricta  propuesta,  el  cual  no  se  advierte por ningún lado, en tanto, los  delitos  de  falsedad ideológica en documento público  y falsedad material realizada  por  servidor público, a tono con los artículos 286 y  287  de  la  Ley  599  de  2000,  tienen  asignada  una pena igual, es decir, de  cuatro  (4) a ocho (8) años;  luego,  no tiene sentido la sustitución punitiva, sin que ella entrañe, alguna  connotación   jurídica   en   favor   de  quien  representa.      

Sobre      los     ocho     cargos  subsidiarios.   

La  Sala  advierte  que  los ataques serán  contestados  en  bloque, por economía procesal, fusionando aquellos que guarden  identidad  conceptual,  a  fin  de  ir  dilucidando si el Inspector JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES, escuchó en  descargos     al     infractor    Gustavo    Garzón  Tuta  e  interrogó  o  no a los testigos Javier   Naranjo   Pérez   y   Orlando   Parra   Salcedo;  por  tal  motivo,  puntualizará  en los  siguientes ítems, los aspectos probatorios más relevantes.   

a) El Jefe Unidad  de   Servicios   Administrativos   del   Municipio   de   Duitama,  certificó      que      JULIÁN  ADOLFO  RUIZ MORALES, identificado  con  la  Cédula  de Ciudadanía Número 79´556.419 de Bogotá, fue nombrado en  provisionalidad,  en  el  cargo de Inspector de Tránsito, Código 410 Grado 09,  adscrito  a  la  Secretaría  de Tránsito y Transporte, desde el 29 de enero de  200426;  en  igual  forma,  el  aludido  inculpado  informó en su primera  salida                    procesal27,  que  se  desempeñó   como   Inspector  Segundo  Municipal  de  Policía  de  Duitama,  hasta  abril 30 de 2005, motivo por el cual,  en ese interregno fungió como servidor público.   

b)  El  acta  de  audiencia  contravencional como la resolución número 152380005865 que exoneró  de  responsabilidad administrativa al infractor Gustavo  Garzón   Tuta,   se   realizaron   el   17  de marzo de 2005, lo cual significa que  dichos  documentos gozan de fe pública al haber sido expedidos por la autoridad  correspondiente  (Inspector)  asignada  por  ley  para  tramitar y definir tales  comportamientos contra las normas de tránsito.   

c)     Los     aludidos     documentos     públicos     –condensados  en  uno-  fueron signados  por  el  Inspector,  su secretaria Martha Isabel Muñoz  Reyes  y  el  contraventor,  según lo explicaron a la  administración de justicia.   

d)  En el acta de  audiencia  contravencional,  se  dejó  constancia  de  la participación de dos  testigos,     primero:  Javier   Naranjo   Pérez,  identificado    con    las    cédula    de   ciudanía   número   9.630.215,  quien  bajo  la  gravedad  del  juramento  realizado  por el inculpado, aseveró contar con 46 años, segundo de  bachillerato,  residente  en  la  vereda  de Chameza y desempleado; segundo: Orlando  Parra    Salcedo,    C.C.    No.    y   74´472.09,  con 41 años de edad, casado,  bachiller,  desempleado,  residente en Paipa; quienes afirmaron que Gustavo  Garzón  Tuta, no se había pasado  el semáforo en rojo.   

e) Por otro lado,  el   compareciente  Gustavo  Garzón  Tuta,  supuestamente expresó en la diligencia objeto de reproche penal:  “la  justa causa fue que yo pase (sic) el semáforo  en  verde  hombro  a  hombro  con  la  buseta  de  la Tundama y solicitó que me  exoneren   del   comparendo   pues   mis   testigos   dicen  la  verdad  eso  es  todo”.   

f)   La   ex  funcionaria  Martha  Isabel  Muñoz  Reyes,  condenada  mediante  el  trámite  de sentencia anticipada, en su  injurada  sostuvo:  “El  doctor Julián me dijo que  como  había  tiempo que le recibiéramos de una vez la declaración que además  como  el  señor traía ahí sus testigos se podía realizar toda la audiencia y  eso  fue lo que se hizo, primero se le recibió la queja al señor TUTA después  se  mandó seguir a los testigos uno por uno, sino estoy mal eran dos testigos y  se  les  recepcionó la declaración y el doctor procedió a dictar el fallo, la  declaración  de  los  testigos  la  hizo el inspector yo lo único que hice fue  tomar  los  generales  de  ley y transcribir lo que el doctor dictó”28.    

g)   El  1  de  noviembre  de  2005,  Gustavo Garzón Tuta, en ampliación de declaración, sostuvo:    

PREGUNTADO  POR  LA  DEFENSA.  El  doctor  JULIAN ADOLFO RUIZ MORALES (sic) que es el inspector  de  tránsito, ha manifestado en este proceso que el día 17 de marzo a las 8 de  la  mañana  le  solicitó  la señora MARTHA MUÑOZ REYES que ante la presencia  del  señor GUSTRAVO GARZON TUTA (sic) persona que había llevado a los señores  JAVIER  NARANJO  PEREZ  (sic)  y  ORLANDO PARRA SALCEDO, para agilizar un caso y  darle  trámite  oportuno  se recibieron esos testimonios, inclusive firman esas  personas  la  resolución  que es la misma que usted firmó al final, como (sic)  explica   tal   hecho.   CONTESTO.-   ‘Bueno  en  eso yo no asistí a las 8 de la mañana por que (sic) no  fui  llamado,  ni distingo a esas personas, yo firmé esa resolución a las 3:10  de  la  tarde  cuando  ella  llegó  (sic)  por  ingenuidad porque yo no la leí  pensando  de  que  eso  era  legal  y era de primer vez que me pasaba eso, a mí  nunca  me  habían  pasado comparendos y debido a eso me solicitaron testigos de  que  yo  a  las 8 de la mañana estaba trabajando en la granja avícola… ellos  vinieron            a            declarar29.   

h) El 17 de agosto  de  2005, el Inspector Segundo Municipal de Policía de  Duitama,  JULIÁN ADOLFO RUIZ  MORALES,  en  su  injurada afirmó:  1)         que         “las  resoluciones  que se profirieron  se   atienen   a   lo   que   ocurrió   en   el   devenir  procesal”,  2)  su  ex  secretaria  para  esa  época  tenía  ocho  procesos disciplinarios, sin que le  coste  algún  delito realizado por ella, 3)  estuvo  presente  en  la  audiencia  contravencional tantas veces  aquí     mencionada,     por    tanto,    la    suscribió    y    4)   él,   interrogó   a  los  testigos  Jairo       Naranjo      Pérez      y   Orlando   Parra   Salcedo.       

El  26  de  octubre  siguiente,  amplió la  injurada,  en  donde  –ente  otros   apartes-,   anunció   que  “la  diligencia  contravencional   de  tránsito  que  se  efectuó  y  que  motiva  la  presente  investigación  se hizo en presencia de qien (sic) dijo llamarse GUSTAVO GARZÓN  TUTA  (sic)…  persona  que compareció al despacho de la Inspección a primera  hora  de  la  mañana  en  presencia  de  dos  personas  que manifestó eran sus  testigos  de descargo, toda vez que transitaban en el automotor que el conducía  el  día  de la elaboración del comparendo, cuando yo arribe a mi oficina sobre  las 8 de la mañana”.   

Adujo,  a  renglón  seguido,  que  en esos  instantes     lo     abordó     un     agente    de  tránsito   de   quien   dijo   ser   “compañero   de   trabajo”,  de  nombre  Luis  Alexander  León  Daza,  estudiante  de  derecho,  a quien “le consta la  presentación   que  de  su  persona  hizo  el  señor  antes  mencionado  y  la  presentación    de    quienes    señaló    como    sus   testigos”30;  por  último, indicó, que  la  oficina  de  él  estaba  separada  de  la  de su secretaria y esta nunca le  ofreció  “arreglos  o coimas, dádivas”.   

i)  El  señor  Luis Alexander León Daza, en  noviembre  del  mismo  año,  allegó  un memorial en el que sostuvo que él era  testigo  que  la  audiencia de verdad se realizó; sin embargo, en diligencia de  declaración  jurada,  seis  días  después,  le  informó  a  la  Fiscalía lo  siguiente:  “me  causó  curiosidad con el apellido  del  señor  porque  empecé  a  hacerle  bromas  diciéndole  al  doctor que el  apellido  era hijuetuta (sic) por el primer apellido era Cuta algo así, el otro  apellido era como Garzón”.   

Acto seguido advirtió no tener ninguna idea  de  cuál  era  el físico de Garzón Tuta,  que  se  acordó  de  los  hechos  porque  perdió  un  parcial y,  finalmente  expuso  que,  no  sabía  si  se realizó o no la audiencia, pues se  retiró   de   la   Inspección;   interrogado  por  el  fiscal  sobre  variadas  inconsistencias  desveladas  entre  el  escrito  y  su declaración, manifestó:  “lo   que   escribí   es   cierto   y   no   veo  diferencia”.   

Falsos     raciocinios:   

Los  dos primeros fueron sustentados por el  descrédito  que  el  Tribunal  fijó frente a las declaraciones de Luis   Alexander  León  Daza  y  Gustavo  Garzón  Tuta,  el último, condensa diversas opiniones jurídicas del recurrente  de      cara     a     los     dos     cargos     precedentes.      

Aquí las falencias argumentativas también  desbordan  los  sentidos,  sin  embargo,  la Sala entra a explicar de plano, por  qué   las   tres   censuras   aludidas   no   tienen  ninguna  probabilidad  de  éxito.   

i)  Indicó  el  recurrente  que  el  Juez  Plural,  sin ningún fundamento, despreció la única  afirmación  suministrada por el testigo Luis Alexander  León  Daza, esto es, que el día 17 de marzo de 2005,  por   la   mañana,   se   encontraba   un   señor   de  apellido  Tuta  en la Inspección, con base en ella,  se  violentó  la  regla  de la lógica, la cual expresa que, cuando una persona  percibe  una  “cuestión”  muy  singular,  no  es  lógico exigirle mayores detalles del asunto, de ahí su  inferencia    sobre    la    presencia   de   Garzón  Tuta en el sitio de la diligencia.   

El  Procurador  expuso  que  no le asistía  ninguna  razón  al  togado,  porque  la declaración del estudiante de derecho,  objeto  de  este  primer  falso  raciocinio, no era suficiente para respaldar lo  sostenido  por  el  inculpado,  máxime si el fondo del asunto era determinar la  realización  de la audiencia mas no establecer la presencia del infractor en la  Inspección    Gustavo    Garzón   Tuta.   

Primero,   el  libelista  jamás  demostró que esa apreciación fuere una regla de la lógica,  que  acompañe  a  los postulados de no contradicción, tercero excluido, razón  suficiente  e  identidad,  por  abarcar éstos la fuente misma de la teoría del  conocimiento  o  Gnoseología,  por  tal  razón,  su  embestida,  no  alcanza a  demostrar  los  yerros confutados a la instancia superior, pues su inferencia es  frágil,  endeble  y  sin  ningún  soporte  sólido,  porque  si lo que debe de  colegirse   es   la   presencia   de  Gustavo  Garzón  Tuta  en  la  Inspección como lo pregona el defensor,  ello  jamás  demuestra  con  criterio  de verdad si el ex funcionario procesado  interrogó  a  los  testigos  en  la  audiencia  contravencional  de  tránsito,  simplemente  que  escuchó  un  nombre del que hizo bromas pesadas identificadas  por  el  recurrente  como  “hijo de tuta”;  sin  embargo,  el  declarante  señalado dijo: “me  causó  curiosidad con el apellido del señor por que empecé a  hacerle  bromas  diciéndole  al  doctor  que  el  apellido era hijuetuta (sic),  porque  el  primer  apellido  era  Cuta  algo  así,  el  otro apellido era como  Garzón”.   

Segundo: por otro  lado,  el  referido  deponente  no mencionó en realidad el segundo apellido del  infractor,  pues  “Cuta”  no   es   igual   o   lo  mismo  que  Tuta,  máxime,  si  a renglón seguido anunció que no se dio cuenta de  su  físico; pero el libelista aprovechó esta accesoria e ínfima circunstancia  para     hacerla     parecer     de    excelsa    trascendencia,    circunstancial      o     especialísima,  para  que  la  judicatura  deje  de  corroborar  su  narración  en conjunto e intrínsecamente, por tanto,  ello  no  es  acertado, incluso, con la supuesta regla de la lógica traída por  él,  la  cual  pretende  concederle  credibilidad  a un testimonio penetrado de  inconsistencias  jamás explicadas, por ejemplo, si el Inspector era su profesor  o  una  persona  con algún criterio de autoridad académica sobre él, por qué  lanzó  una  broma  tan soez, respecto de una persona en un recinto de autoridad  administrativa,  así  hubiese  sostenido que con el referido funcionario estaba  acostumbrado  a “recochar (sic) y por eso estábamos  molestando”:   todo ello, solo se explica, como  una  coartada,  exhibida  tiempo  después  por  el  encausado  para  tratar  de  enderezar  una  defensa  de  por  sí molida por el cúmulo probatorio, amén de  aceptar  que  el  inspector  también  participó  de  la  grotesca burla.    

Tercero: el testigo  Luis Alexander León Daza, se  refiere    al    Inspector    JULIÁN   ADOLFO   RUIZ  MORALES          como          “doctor”,  lo  cual se opone a bromas tan  sórdidas  en  relación al nombre de un ciudadano y si se tiene presente que el  citado    “estudiante    de   derecho”  León  Daza,  resultó     ser     también     un    agente    de  tránsito,  como  lo adujo en el escrito que presentó  ante  el  instructor,  su credibilidad exhibe aún más cuestionamientos, porque  sobresale  ser  un deponente de papel para sacar avante el proyecto de inocencia  de  su  amigo, con el que ridiculizaban a las incautas personas que ingresaban a  la Inspección.   

Luis   Alexander  León  Daza,  se  repite,  allegó  a  la  actuación,  un  memorial  en  donde  advirtió   que   lo  hacía  “de  manera  libre  y  espontánea…    a    solicitud   del   Dr.,   JULIAN   ADOLFO   RUIZ   MORALES  (SIC)”,  en  el  que  sostuvo, entre otras cosas, la  siguiente:   

…el  Doctor  le pregunto (sic) al señor  que  se  presentó  como de apellidos GARZON TUTA (sic) que si sus acompañantes  eran  sus  testigos y el (sic) dijo que sí; entonces el Dr. JULIAN ALDOLFO RUIZ  MORALES  (sic) dijo que bueno y le dijo a la secretaria que encabezara el acta y  a  los testigos que presentó el señor GARZON TUTA les preguntó que si habían  traído  la Cédula, ellos dijeron que si y el (sic) les solicitó que esperaran  afuera,  continuó  atendiendo mi consulta y cuando la secretaria le dijo que ya  estaba  listo  el  encabezamiento  del  acta,  cortamos  nuestra conversación y  quedamos    de    continuarla    después,   con   ello   me   retiré   de   la  Inspección31.   

En  la  declaración jurada rendida el 9 de  noviembre  de  2005  ante la Fiscalía Doce Delegada de  Duitama, sostuvo:   

“PREGUNTADO:  Sabe  por qué razón el señor Tuta se encontraba para esa audiencia. CONTESTO:  ‘No  señora’… Sabe quién inició la diligencia  para   tomar   las  declaraciones…  ‘No         señora’…  Sabe  si  los señores fueron identificados plenamente y quien  lo   hizo…   ‘Cuando  llegué  los  señores  ya  estaban  ahí  y fue MARTHA la secretaria la que los  presentó    no    sé    si    ella    los    identificó    o   no’…   Sírvase   informarnos  si  la  audiencia   que   nos   viene  haciendo  mención  se  efectuó…  ‘No  tengo  conocimiento por que (sic)  posteriormente   me  retiré  de  la  Inspección”.   

Como  se  puede  constatar  existe una gran  distancia  entre  lo  expuesto  en  su  escrito  y  aquello  relacionado  en  la  declaración,   máxime   si   varios   renglones   adelante,  por  impulso  del  interrogatorio  fiscal  repitió  lo  dicho  en  su  memorial,  con la siguiente  salvedad:  “Por  que (sic) en ese momento el Doctor  JULIAN  (sic)  me  pidió  el  favor  de  que le elaborara el oficio  [memorial]  de afán y yo me encontraba  en  consultorio  jurídico  con  el  doctor  Sosa  y  la  verdad  lo  hicimos de  rapidez…  al igual me dijeron que después me llamaban a declarar… el doctor  por  lo  general  de  (sic)  la  pasa  en  la  universidad  y  allá”.    

Justamente,   esta   es,  junto  con  las  anteriores  razones  expuestas,  la  revelación  de  las versiones opuestas del  testigo.  En  la  primera, un escrito presentado ante la Fiscalía preparado con  la   ayuda   del  aquí  procesado  y  otro  abogado  de  apellido  Sosa,  en  el  que  se detallan con alguna  nitidez   los   hechos   aparentemente  vividos  por  el  deponente;  ya  en  la  declaración,  se muestra distante, evasivo y, una vez cuestionado, solo aceptó  que  el  enjuiciado  preguntó  por  los  dos  testigos  y  le dio la orden a su  secretaria     de     encabezar     –quizás-  la  diligencia  que, valga repetir, no tiene la menor idea  si se llevó a cabo.     

ii)  Falso  raciocinio:  tiene  que ver con la  credibilidad  que  el  Juez  Plural  le  otorgó  al  testimonio del denunciante  Gustavo  Garzón  Tuta,  sin  compendiar  en  sus  valoraciones  las  contradicciones  halladas  en  el  fallo  absolutorio  de primer grado y recogidas por el libelista en sede extraordinaria  en los siguientes ítems:   

1)  La entrega de  $200.000  a la ex secretaria  de    la    Inspección    Martha    Isabel   Muñoz  Reyes,  por  parte  del  contraventor,  obedeció a un  acuerdo   entre   ellos;  2)  Gustavo   Garzón   Tuta,  registró  muchos  comparendos  de  tránsito,  siendo  esto  así,  no  le eran  indiferentes    las    multas,    trámites    y    reglamentos;    3)    el   denunciante,   tenía   pleno  conocimiento  que la resolución exoneratoria hizo parte del pacto celebrado con  Martha  Isabel Muñoz Reyes y  4)     “los  viejos” jamás ratificaron que él  hubiese  estado  trabajando  el  17  de  marzo  de  2005,  incluso, Carlos   Valderrama  sostuvo  que  lo  vio  aquella  mañana  en  la  Inspección  y Luis Alexander  León   Daza,   recordó   el  apellido  a  las  8:00  a.m.   

Para  el libelista, las leyes de la lógica  enseñan   que   Gustavo   Garzón   Tuta,  no  era  ajeno  a  un acuerdo con la secretaria con el fin de ser  exonerado  de  un pago mayor de la multa, por tanto, infirió el togado, que él  le  canceló  a  la ex funcionaria para obtener la resolución falsa, motivo por  el  cual,  el Tribunal violó las reglas de la sana critica, más aún, si tales  discordancias no fueron materia de la decisión cuestionada.   

El Procurador, por su parte, es del criterio  que  el  Juez  Colegiado  no  equivocó  su  juicio, por cuanto demostró que la  audiencia  nunca se llevó a cabo, en atención a las declaraciones iniciales de  Graciano  Espejo Valderrama y  su  esposa Ascención Fonseca,  con  esto  constató la falsedad de los testigos Javier  Naranjo   Pérez  y  Orlando  Parra  Salcedo;  de resto, los hechos o circunstancias  no  referidas  por  el  Tribunal,  son  intrascendentes,  pues lo verdaderamente  importante  fue  la rúbrica del inspector acreditando un documento falso.    

La Corte ratifica la inexistencia probatoria  sobre  el  supuesto  pacto  o convenio celebrado entre el infractor Gustavo  Garzón  Tuta y la ex funcionaria  Martha  Isabel  Muñoz Reyes,  pues  la entrega por el infractor de los doscientos mil pesos a la secretaria de  la   Inspección,  se  evidencia  como  pago  por  la  multa,  más  nunca  como  consecuencia   de   un  previo  o  momentáneo  acuerdo  para  dictar  un  fallo  administrativo  a  su favor, porque ningún medio arrimado al plenario satisface  tal aseveración.   

Entre otras ilaciones, no se entiende cómo  una  persona  que  tácitamente realizó un convenio ilegal para evadir $50.000,  pues  solamente  le  entregó  $200.000  de  los  $250.000  que  le pidió la ex  funcionaria,  se  muestre  extrañado  con su exoneración administrativa, si al  fin  y  al  cabo,  ese  era  el  fin perseguido. Explicado de otra forma: atenta  contra  el  postulado  de la lógica de no contradicción el hecho de aceptar un  acuerdo  para  evitar  ser  sancionado  y  una  vez  exento  de responsabilidad,  denuncia  que  él  no  rindió ningún descargo y menos que hubiese comparecido  con  dos  testigos,  motivo  suficiente  para predicar que atinó el Tribunal en  concederle  plena  credibilidad  a  su  dicho,  sin  que sea trascendente que el  agente  de tránsito que le impuso la multa, hubiese declarado que aquél estaba  con  otra  persona  el  día  del comparendo, mientras el contraventor omite tal  referencia,  dado  que  no interfiere con la naturaleza normativa de la conducta  penal aquí juzgada.   

Sostuvo   el   jurista   que  los múltiples comparendos formalizados a  nombre    de    Gustavo   Garzón   Tuta,  lo  ubican  como  una  persona conocedora de todos los asuntos de  tránsito,  afirmación  que  tampoco  es  coherente con el plexo probatorio, en  tanto,  cercenó el libelista la integralidad de la prueba, esto es, la denuncia  y  las ampliaciones de Gustavo Garzón Tuta,  por  ejemplo,  la  rendida  el  25  de diciembre de 2005, ante la  Fiscalía   Doce   Delegada   de  Duitama,  cuando  expresó  sobre el particular, a una pregunta elevada por  el defensor de instancia, lo siguiente:   

En  declaración  bajo  juramento anterior  suya  manifestó  usted  que  nunca  antes  de estos hechos le habían elevado o  efectuado  un  comparendo,  por  qué ahora en esta declaración al contrario de  las  anteriores  indica  que precisamente un día antes, esto es, el 14 de marzo  le  habían  efectuado un comparendo de tránsito por no portar el certificado o  portarlo    vencido.    CONTESTO:    ‘Porque  ese comparendo se lo habían hecho por motivo del carro, no  a  mi (sic), yo si iba conduciendo, pero el señor agente se lo hizo al carro, a  mi   patrón  digamos’32.   

Esta  aseveración no fue objeto de estudio  para  atacar el aludido testimonio, con lo cual, se escindió el medio, hasta el  punto  de  extraer  conclusiones  fuera de la realidad vertida en el proceso, en  estas  circunstancias,  el  yerro se genera en la pluma del jurista antes que en  la   del   Tribunal;   máxime   si   Gustavo  Garzón  Tuta, ante otro cuestionamiento del abogado, expresó:   

Hace cuánto tiempo posee usted Licencia de  Conducción…  Desde  febrero  8 del presente año tengo el pase de conducción  por  primera  vez.  El  despacho  deja constancia que el denunciante presenta un  documento   correspondiente   a   la   Licencia   de  Conducción  laminado  No.  15238-1414879   I,   correspondiente   a  la  Cuarta  Categoría  con  fecha  de  vencimiento  febrero  de  2008…  en  el  documento  igualmente se inserta como  Código  de la Escuela de formación el 008-15238, documento que se le regresa a  su   titular,   no   sin   antes   permitir   la   vista   y   análisis  de  la  defensa.   

Si  el  infractor atravesó el semáforo en  rojo  el  15 de marzo de 2005, según constancias procesales, quiere decir esto,  que  únicamente  habían  transcurrido  35  días  desde  la  expedición de la  Licencia  de  Conducción  y  a no ser que todos los días se le hubiese multado  –lo  cual  no  se  halla  acreditado-,  las  inferencias  del  recurrente  no dejan de ser simples y vanas  especulaciones,   desde   luego,   alejadas   de  una  verdadera  argumentación  extraordinaria.  Súmesele a lo precedente, la ignorancia alegada por el quejoso  respecto  a trámites de tránsito, resoluciones administrativas e Inspecciones,  las    que    con    las   circunstancias   reveladas,   es   digna   de   total  credibilidad.   

Por  otro  lado,  los  esposos Graciano  Espejo  Valderrama y Ascención  Fonseca, para el libelista, son  solo  ancianos  que  nunca  ratificaron  la  versión entregada por Gustavo  Garzón  Tuta,  en el sentido que  él,  en  horas  de  la mañana del 17 de marzo de 2005, estaba trabajando en la  finca  del  hijo  de  ellos, contrario a lo declarado por el agente Carlos  Valderrama quien dijo haberlo visto  allí  y  de  Luis  Alexander  León  Daza,  escuchar  su  apellido.   

El testimonio debe ser sopesado con base en  los  principios  de  la  sana crítica, en relación especial con la forma en la  que  narran  los  declarantes  lo  sucedido  “y las  singularidades  que  pueden  observarse”33 en el mismo,  pues  ante  la  jurisdicción  disciplinaria  el  4 de  abril  del  año  citado  declaró   Graciano    Espejo,    quien   indicó   tener   para   ese  entonces  84  y  su mujer 68  años  de  edad, ambos de Duitama, que  vivían  en  la  granja  San  Cristóbal  de  propiedad  de su hijo Hernando   Espejo  Fonseca;  además,  que  conocían    a   Gustavo   Garzón   Tuta,  desde  hacía 15 años, él trabajaba para ellos en el horario de  7:00  a.m. a 4:00 p.m., “todos los días”.        

Cuando  se  les  preguntó  si  el referido  Garzón Tuta, laboró o no el  17   de   marzo,   esto   respondió  Graciano  Espejo  Valderrama:   “Él  trabajó  (sic) toda la mañana y  no   se   ausentó   en   ningún   moment6   (sic)  de  su  trabajo”;      su      esposa     Ascención  Fonseca,  señaló:  “Él  trabajó  (sic)  toda la mañana y no se ausentó en ningún moment6 (sic) de su  trabajo  porque  yo  vivó  allí  estoy pendiente de el (sic), además no tiene  orden   de   salir   sino   por  la  tarde  a  repartir  los  huevos”34.   

En el juicio penal, el Juez dejó constancia  que      el      declarante     Graciano     Espejo  Valderrama,  se  encontraba  en  mal estado de salud y  tenía  problemas  de  dicción, no obstante, adujo el testigo que su ocupación  era  el  “hogar porque soy muy viejo, no puedo hacer  nada”  y  frente a los cuestionamientos lanzados por  la  defensa con ocasión a los  hechos por él declarados con anterioridad,  indicó:     “No    recuerdo    nada”.   

Por     su     parte,    Ascención  Fonseca  Infante, expresó que  Gustavo   Garzón   Tuta,  trabajó     con     su     hijo    –donde  ellos vivían a cinco metros- en el galpón cuidando gallinas  y  recogiendo  huevos.  La  defensa la increpó sobre lo afirmado por ella en la  autoridad  disciplinaria  municipal,  ante  lo  cual  respondió “él    tenía   que   laborar   casi   todo   el   día”,   sin   entender   porque   estaba  rindiendo  ese  testimonio.   

De todas formas, no se acordó de la mentada  diligencia  pero  fue  enfática  en  sostener  que  la  firma que se le puso de  presente  –al final de la  diligencia  disciplinaria-  si  era  de  ella y, aunque no tuvo ningún recuerdo  sobre  el  particular,  frente a la insistencia del interrogatorio, expresó que  Gustavo  Garzón  Tuta debía  trabajar  todas  las  mañanas,  “porque  ellos  no  podían  salir”,  sin que estuviera pendiente de él  todo  el  día,  porque  ella  tenía  cosas  que hacer.       

La  ratificación de una declaración no es  requisito  sine  qua  non  para  imprimirle crédito o no al testimonio, como lo  pregona  el  defensor,  quien  dicho  sea  de  paso,  está generando una tarifa  probatoria  insostenible,  pues  debe  analizarse  el  testimonio bajo el rasero  normativo  que  le  ordena  a  la  judicatura  detenerse  en  aspectos puntuales  “las       singularidades      que      pueden  observarse”,  como la edad, sus condiciones mentales  o  capacidad  para recordar algún evento en ilación con lo próximo o distante  en el tiempo del suceso que debe precisar.   

Ahora bien, esto es exactamente lo que aquí  aconteció:  en  un  primer  evento  procesal,  el 4 de  abril  de  2005,  declararon  los esposos Graciano  Espejo  Valderrama y Ascención  Fonseca  y sostuvieron que ese  día,   17   de  marzo  de  2005,  el  señor  Garzón  Tuta, empleado de su hijo en el galpón, trabajó toda  la  mañana,  esto  es,  19 días después,  lo  cual  demuestra,  la retención del recuerdo más latente que  tres   años  más  tarde;  adicionársele  a  esto,  los  84  años, más los referidos 3, para un total de  87,  con  un  lamentable  y  deteriorado estado de salud.   

Ascención   Fonseca  Infante,  a sus 71 años,  recordó  otros  aspectos  olvidados por su esposo, como la firma que se le puso  de  presente  en  la  segunda  diligencia,  la  cual  sostuvo era suya, luego se  colige,  por no hallarse desmentida la integridad de la prueba, que ella dijo la  verdad  y  merece  total  credibilidad  como  lo  plasmó  el Tribunal; incluso,  sostuvo  que si le estaban preguntando sobre si Gustavo  Garzón  Tuta  laboró  ese 17 de marzo en la mañana,  aunque   era   difícil   precisar   por   el  tiempo  trascurrido  –3  años-,  él  no podía salir de su  sitio  de  trabajo,  aclarando  que  algunas  veces, no se daba cuenta por estar  pendiente de sus oficios.     

Y  aunque  ningún  médico  la trató para  mejorar  su  memoria, no recuerda cosas, “a veces me  voy    por    algo    y    se   me   olvida   lo   que   iba   hacer”35;  sin  embargo,  una  vez el  defensor  en  su  particular  e interesado estilo le leyó lo declarado por ella  con  anterioridad en el proceso disciplinario, sin mencionar el encabezado ni la  parte    final    de    la    diligencia,    la    señora     Ascención   Fonseca   Infante,  expresó:  “así era”. Gustavo  Garzón  Tuta, salía por la tarde  para  repartir el huevo y no lo podía hacer por la mañana, porque era su deber  alimentar  las  aves  y recoger los huevos, además lo veía cuando llegaba; por  tanto,      ella     presumía     –según  el  defensor la guió e inquirió- que él estaba el día de  marras en la finca cumpliendo su horario de trabajo.   

Con  todo,  guarda  total  coherencia  lo  expresado  en  una  y  otra diligencia, solo que por la proximidad de los hechos  con  la fecha primigenia de su declaración, fue más exacta; por tanto, el Juez  Colegiado   –aunque  no  detalló  todos  los  pormenores del suceso- jamás desconoció las reglas de la  sana crítica de las que se le acusó.   

Sobre  la  apreciación  del  testimonio en  casos  especiales,  como  el  de  estudio,  esta Sala plasmó su criterio, de la  siguiente manera:   

En  cuanto  a esto se tiene que la Corte a  través  de sus últimos pronunciamientos sobre este tema, ha venido sosteniendo  que  no  es  acertado  imponer  una veda o tarifa probatoria que margine de toda  credibilidad  el testimonio de los menores, así como el de ninguna otra persona  por  su  mera  condición,  como suele ocurrir con los  testimonios  rendidos  por  los  ancianos y algunos discapacitados mentales, con  fundamento  en  que  o  bien  no  han  desarrollado  (en el caso de los niños o  personas   con   problemas   mentales)   o   han   perdido   algunas  facultades  sico-perceptivas  (como  ocurre  con  los  ancianos).   Sin  embargo, tales  limitaciones  per se no se ofrecen suficientes para restarles total credibilidad  cuando   se   advierte   que   han   efectuado   un   relato   objetivo  de  los  acontecimientos36.   

Por  otro  lado,  adujo  el  togado  que el  policía   de   tránsito  Carlos  Alberto  Valderrama  Peñalosa (mismo que le impuso el parte a Garzón  Tuta)  y el estudiante de derecho  Luis  Alexander  León  Daza,  dieron  cuenta  que el denunciante en este proceso, estuvo en la Inspección esa  mañana del 17 de marzo de 2005.   

Desde  luego,  un  estudio  agudo  de  la  actuación,  refiere  una  valoración opuesta a la esgrimida por el recurrente,  en     tanto,     Carlos     Alberto     Valderrama  Peñalosa,  señaló  verlo  allí, sin embargo, no se  percató el jurista de varios aspectos trascendentales:   

a) El inculpado en  todas  sus salidas procesales sostuvo que inició la audiencia contravencional a  las     8:00              a.m.,   en   igual   sentido   declaró  el  estudiante    de   derecho   Luis   Alexander   León  Daza    –que  por  casualidad  también  resultó  ser  agente de tránsito-,  momento  en  el  cual,  abordó  al  profesor  (acriminado)  para  referirle una  pregunta  de  romano  según  dijo  en  su  última  aparición ante la justicia  –con  quien  de  paso, se  burlaron   de   manera   soez   de   Gustavo  Garzón  Tuta-  antes  de  la hora indicada y se fue a los diez  minutos.   

b)  Tanto  en  la  audiencia  como  en  la  resolución  de exoneración espuria, en sus contenidos  ideológicos,  más  no  materiales,  se  anotó  como  hora  de  inicio  de  la  diligencia:   

SECRETARIA  DE  TRANSITO  Y  TRANSPORTE DE  DUITAMA,   Inspección   de   Tránsito.   Proceso   No.  0243/05.  En  Duitama  diez  y  siete  (17)  de marzo de dos mil cinco (2005)  siendo  las  8:00 A.M., hora y fecha señalada se hace  presente  el  señor  GUSTAVO  GARZON  TUTA…por  lo  que procede el despacho a  avocar  el  conocimiento  de  las  presentes  diligencias  y  declara abierta la  audiencia  pública…  AUTO: con el fin de precisar la ocurrencia de los hechos  recepcionese  la  declaración  juramentada  por  parte  de  los señores JAVIER  NARANJO  PEREZ  y  ORLANDO  PARRA SALCEDO. El presente se notifica en estrados y  proceden los recursos de ley CUMPLASE.     

RESOLUCION No. 152380005865. POR LA CUAL SE  PROFIERE  UNA  EXONERACION.  El  Inspector de Tránsito en uso de sus facultades  legales  y  especialmente las que le confiere el C.N.T. CONSIDERANDO… Por todo  lo   anterior   el   despacho:   RESUELVE…   Primero…  Segundo…  CUMPLASE,  Sin  otro particular, se termina la diligencia siendo  las   9:30   A.M.   y  aprobada  se  firma  por  los  intervinientes37.   

Aquí se refleja otro de los grandes yerros  del  defensor,  el  cual  se  centra  en  no  haberse  percatado  de  la hora de  finalización  de  la diligencia tantas veces aquí referida, con las siguientes  inconsistencias jamás resueltas en su ataque:   

Si  la  aludida  audiencia  de  verdad  se  realizó,   entonces   qué   hizo   Gustavo  Garzón  Tuta,  en  el  lapso  de  las  9:30 a.m. al medio día  según    declaró   el   agente   que   le   impuso   la   multa   Carlos  Alberto  Valderrama Peñaloza, pues  él,  aunque  indicó que lo vio en la Inspección por la mañana, fijó la hora  “al medio día”, más no  como  de manera tergiversada lo sostiene el profesional del derecho; esto fue lo  que  dijo  el declarante sobre el particular: “lo vi  como  a  los  dos  días  de  la  elaboración del comparendo en las horas de la  mañana,  casi  tipo  medio día, uno como va al tránsito y radica comparendos,  pues  mas  (sic)  o  menos  medio  día”38.   

Una nueva pieza procesal fue ignorada por el  togado  para  integrar  su  condicionado  ataque,  esta  se  identifica  con  la  contestación  expedida  por la Registraduría Nacional  del Estado Civil:   

En   atención  a  su  solicitud  oficio  radicado…  solicitando  información sobre números de Cédulas, comedidamente  le informó lo siguiente:   

Realizadas  y  revisadas  las  búsquedas  pertinentes   en   el  Archivo  Nacional  de  Identificación  ANI  en  oficinas  Centrales,  a  la  fecha  no  se  encontró  ningún  registro de cedulación en  relación  con  los  nombres y apellidos de JAVIER NARANJO PEREZ (sic) y ORLANDO  PARRA SALCEDO.   

En  relación  con  los números 9630215 Y  74472091  a  la  fecha  no  han  sudo  asignadas a ningún ciudadano39.           

Como  se  puede  entender,  en un análisis  probatorio  individual  y  en  conjunto  con  el  resto  de  medios,  sobresalen  inferencias  incriminatorias  contra  el  imputado,  por  ejemplo, si la entidad  encargada  de  expedir  los  documentos  que  identifican  a  los ciudadanos con  nombres,  apellidos  y  números  de  cédulas,  como  es  la Registraduría, no  existen  los  citados  individuos,  ni  mucho menos el número de sus documentos  corresponden  a  alguna  persona a la que se le haya otorgado identificación en  el  territorio  patrio,  entonces para el Estado, sus instituciones y en general  para  el mundo, no existen; con ello, es claro para la Corte, la  sinrazón  del  jurista,  quien  a toda costa pretende que se le crea a unos declarantes la  realización   de  una  audiencia,  que  jamás  observaron  y  mucho  menos  el  interrogatorio  a unos testigos virtuales: todo lo cual es absurdo, irracional e  inadmisible.      

iii) Falso  raciocinio:  en este nuevo ataque,  por  sustracción  de  materia,  no  se  retomarán  los temas planteados por el  defensor,  con  ocasión  a su identidad sustancial, concernientes a la ausencia  de   credibilidad  otorgada  por  el  Tribunal  al  testimonio  de  Luis  Alexander  León Daza y al total aval  judicial  en  punto  de  lo  narrado  por  denunciante  Gustavo   Garzón   tuta   en  sus  diversas  salidas  procesales.  Por el contrario,  para el profesional del derecho, refulge en  la  conducta  del  quejoso  su  participación  en un reato de cohecho por dar u  ofrecer,   por  el  acuerdo  al  que  –según   su   acopiada  opinión-  tuvo  con  la  secretaria  de  la  Inspección.      

Volvió a aludir a las declaraciones de los  dos     “ancianos”  Graciano  Espejo Valderrama y  Ascención   Fonseca,  para  cuestionar  su  veracidad  y  contradicciones  que,  en su sentir, presentan sus  dichos;  aunado  a  una  aceptación  individual  de  responsabilidad  de  la ex  funcionaria,     quien    jamás    involucró    en    los    hechos    a    su  representado.   

El   Ministerio  Público,  en  términos  generales,  es  del  criterio que este cargo, tampoco debe prosperar, porque las  argumentaciones  presentadas  por  el  Juez Colegiado, no son compartidas por el  togado,  lo  cual indica su punto de vista jurídico, más no que por ello, sean  censurables.     

La Sala, ante cuestionamientos de instancia,  ya  precisados puntualmente, donde descartó las pretensiones del recurrente con  ocasión  a las pruebas referidas y ante la ausencia de veracidad de expresiones  como      “la      ciencia     del     juicioso  raciocinio”,   sin   un  desarrollo  acorde  a  sus  premisas,  deja  bien  claro  que  la  aceptación  de  responsabilidad de la ex  secretaria  de  la  Inspección  Martha  Isabel  Reyes  Muñoz en nada modifica la situación jurídica actual  del  inculpado, ni mucho menos, como parece entenderlo el jurista, lo excluye de  responsabilidad  penal,  justamente,  porque  los  medios  muestran una realidad  jurídica diversa a la pretendida en la demanda.     

Falsos  juicios  de existencia.   

a)  Concretado en  las  declaraciones  del  agente  de  tránsito  Carlos  Alberto  Valbuena  y  de Luis  Alexander    León    Daza,   quienes   –en sentir del libelista- corroboran la  presencia  de  Garzón Tuta en  la Inspección.   

El  Procurador  expresó  la  ausencia  de  trascendencia  del  cargo,  porque si el testigo Carlos  Alberto   Valbuena  vio  al  denunciante  Garzón  Tuta al medio día, se acerca más  o  coincide  a lo expresado por el quejoso, en el sentido que él se trasladó a  ese  lugar  en  la tarde, por ende, el Tribunal, no omitió valorar esta prueba,  por  cuanto,  el  fundamento del fallo es que el inculpado faltó a la verdad al  sostener que realizó una audiencia ficticia.   

Como  se  expuso  en  las  consideraciones  relacionadas  a  los  falsos  raciocinios, en nada le asiste razón al defensor,  por  los  yerros  profusos  que  infringió al proyectar sus embestidas, sin que  hubiese  advertido,  verbigracia,  la  hora  de  terminación  de  la  audiencia  contravencional,  ni  haber  verificado  en  su  exacta  dimensión  objetiva el  testimonio  del  que  se  pretende  servir  para  rebajar  el grado de acierto y  legalidad  imprimido  por la judicatura a la decisión de condena elevada contra  su prohijado.   

Estos  desaciertos  conducen  al  traste la  censura,  toda  vez  que  es insostenible proveer crédito a la declaración del  estudiante    de   derecho   Luis   Alexander   León  Daza, por las múltiples contradicciones que presentó  su  narrativa  y  si es confrontada, como es debido, frente a lo afirmado por el  denunciante   Garzón  Tuta,  cualquier  duda  de  ausencia  de responsabilidad penal se despeja, como bien lo  reflexionó el Tribunal.   

b) La ex secretaria  Martha  Isabel  Muñoz  Reyes  –según   el  defensor-  acordó    con    el    quejoso   Gustavo  Garzón Tuta el  arreglo  del proceso contravencional, quienes jamás implicaron a su poderdante,  ante  lo  cual,  el  Tribunal  no  se  pronunció.  Frente  a esta embestida, el  Procurador   manifestó   que   el   togado  se  equivocó  porque  Garzón     Tuta    como    Martha    Isabel    Muñoz   Reyes,   sí  involucraron  en  el delito al aquí procesado, tanto así que en la aceptación  de   cargos   de   la   primera,   lo  hizo  con  base  en  una  “coautoría”  a  ella  elevada, por otro  lado,  obra  como  evidencia  directa  el  documento  fraudulento firmado por el  inculpado.   

No  es cierto, como lo pregona el Delegado,  que  en el acta de aceptación de cargos para sentencia anticipada, realizada en  la  ciudad  de  Duitama  el  15  de  diciembre  de 2006, la Fiscalía Octava, le  hubiese          formulado          cargos          por          “coautoría”      a     Martha   Isabel   Muñoz   Reyes,  por  el  contrario,  lo  fue  a  título  de  autora, como se corrobora a continuación:   

Con   las  probanzas  antecedente  (sic)  relacionadas,  se  dan los requisitos para que este Despacho le formule cargos a  la  sindicada  MARTHA  ISABEL  MUÑOZ  REYES…  En  este  orden de ideas, se le  pregunta    a    la   sindicada   si   acepta   los   caros   de:   AUTOR  Y  RESPONSABLE  DE LOS DELITOS DE  COHECHO  PROPIO  EN  CONCURSO  FALSEDAD IDEOLÓGICA EN DOCUMENTO PUBLICO, según  los  hechos  y  pruebas  antecedentemente relacionados, quien manifestó de viva  voz:       SI       ACETO       LOS      CARGOS40.   

La  equivocación  del Procurador no indica  que  el  comportamiento ilegal del procesado resulte exento de compromiso penal:  todo  lo  contrario.  No  puede ser condicionado el fallo del Tribunal contra el  aquí  inculpado  en  lo atinente a su actuar criminal en el reato por el que se  le   condenó,  pues  aunque  materialmente  no  se  le  elevó  a  Martha  Isabel  Muñoz Reyes, las conductas  antijurídicas          en          calidad          de          “coautoría”  por  los delitos contra la  fe  y  administración  públicas  por  ella  aceptados,  esto  jamás  se puede  traducir  en  impunidad,  de  suyo  la  fisura  no se muestra anti-técnica o en  franca  desavenencia  normativa,  en  tanto, fueron sentenciados por separado en  calidad  de  autores con capacidad -cada uno- para violentar la ley con absoluto  dominio  de  sus funciones, voluntad y del acto antijurídico: en estas precisas  condiciones  la  aceptación  de cargos de la ex secretaria y la valoración del  plexo  probatorio  en  instancias  contra el Inspector, marcaron los hitos de la  responsabilidad  penal  a  ellos  atribuida.         

Por     otro     lado    –aquí no se equivocó el Delegado-, el  quejoso  Gustavo Garzón Tuta,  sí  implicó  al  hoy  condenado  JULIÁN ADOLFO RUIZ  MORALES,  cuando  sostuvo que delante de él firmó la  resolución; recuérdese cómo lo anotó en su denuncia:   

Posteriormente me citó para el otro día a  las  02  00 PM  de marzo del 2.005m para darme la resolución, yo cumplí a  las  02  00,  pero  ella  no  se encontraba, la espere (sic) y llego (sic) a las  03:10  PM  me atendió me hizo firmar la resolución,  la  firmó  la Secretaria y el Inspector de Tránsito y luego me dijo que pasara  a  la  ventanilla  3  con  esa resolución para que me  dieran  el paz y salvo, ahí las (sic) señora que da los paz y salvo se demoró  bastante  mirando la resolución y a lo último pregunto (sic) que cuanto había  pagado  por  eso y yo le dije que me habían cobrado $ 200.000,oo mcte (sic), ni  testigos    ni    yo    estuvimos   en   audiencia41.   

Lo  precedente fue corroborado en todas sus  intervenciones  judiciales, obsérvese qué dijo en la última ampliación a él  recibida el 26 de diciembre de 2005:   

PREGUNTADO:       Precise  a  la  Fiscalía  si  además  de la señora MARTHA ISABEL  MUÑOZ  REYES  y  el doctor JULIÁN ADOLFO RUIZ MORALES, algún otro funcionario  de  la  Oficina  de  tránsito  de  Duitama  intervino  en el trámite que usted  efectuara  en  la  oficina  de  Duitama  con  ocasión  al comparendo al que nos  venimos    refiriendo….   CONTESTO:   solo  las  personas  que  me  han  citado en las condiciones que ya  mencione42.   (Todos   los   subrayados  fuera  de  texto).   

Por  tanto,  no le asiste ninguna razón al  jurista  y  menos  en lo que tiene que ver con la aceptación de cargos de la ex  secretaria,  en tanto, la Fiscalía los elevó en atención al caudal probatorio  recopilado43,  el  cual  abarcó  las afirmaciones incriminatorias a los dos por  parte  del denunciante Gustavo Garzón Tuta.   

c) El testimonio de  la  Secretaria  de  Tránsito de Duitama, Hilda Camargo  González,   quien  manifestó  que  la  persona  que  realizaba  las  audiencias,  facilitaba los acuerdos de pago y cobraba de manera  ilegal  los comparendos era la secretaria Martha Isabel  Muñoz  Reyes, ante lo cual, el Inspector le manifestó  que eso no era cierto, pero ella sabía que sí.   

El  Procurador  sostuvo  que  así  el Juez  Colegiado  no  se  hubiese referido a la mentada diligencia, en nada trastoca su  decisión,  porque  el  procesado  no  era  ajeno a los hechos realizados por su  dependiente.   Entre   otras   cosas,   ninguno   de  los  dos  ex  funcionarios  cuestionados,  afirmaron  que  el  Inspector  recibió  dinero,  por  ello,  fue  absuelto  por el delito de concusión, lo cual tampoco interfiere con el punible  de falsedad ideológica.   

Dora  Hilda  Camargo  González,  de  43  años de edad, ingeniera, viuda y Secretaria de Tránsito  de  Duitama,  sostuvo  que no era testigo directa de nada, solo da fe, según el  dicho   referido   a   ella   por   Gustavo   Garzón  Tuta, pero no más.     

Aseguró,  además,  que  la  ex secretaria  manejaba  la  oficina  pero  ante  el  llamado  de  atención  al Inspector, él  rechazó  tal  aseveración,  sin  embargo  ella  sabía  que  era  Marta Isabel Muñoz Reyes.   

El  defensor  es  del  criterio  que  si el  Tribunal  hubiese  valorado la declaración aludida, por duda tendría que haber  absuelto  a su prohijado, porque fue asaltado en su buena fe; sin embargo, no se  percató  el recurrente que sobre un testimonio basado en murmullos –así   lo   expresó   el   jurista:  “trascendió       el       rumor”44-,   quejas   verbales,   de  oídas,  jamás  se  puede  fundamentar  la  credibilidad  de una prueba, motivo  suficiente  para  descartar  de  tajo,  por  acción  u  omisión  en el proceso  suasorio,   las   hipótesis  defensivas  equivalentes  a  simples  alegatos  de  instancia,  tal  y como lo hizo la magistratura; pues en sede extraordinaria, lo  cierto  es,  que  un  medio  como el atacado por el jurista, en esas limitadas y  estrechas  condiciones,  en  ningún  tiempo  podría  tener la trascendencia de  violación  de  la  ley sustancial para transmutar una decisión construida, con  otros  verdaderamente consistentes, como es la manifestación directa, certera y  creíble         del        denunciante,        tantas        veces        aquí  expuesta.        

d) En este ataque,  trajo   a   colación  el  libelista,  la  inspección  judicial en la que se constató las oficinas divididas  por  un  muro  de los funcionarios (Inspector y secretaria), por tanto, infirió  el  jurista  que, su mandante no podía enterarse del comportamiento de ella, ni  de  los  numerosos  acuerdos que celebró ilegalmente, sin que necesariamente el  hoy  condenado  diera  cuenta  de  la  utilización de los testigos traídos por  Garzón  tuta  o quizás con  los  documentos que de buena fe firmó: por todo, se quebrantó la ley, toda vez  que   la   única   responsable   penalmente   de  los  hechos  es  Martha           Isabel           Muñoz           Reyes.       

El  Delegado  es  de la opinión que con la  prueba  citada jamás se absolvió al procesado por la falsedad ideológica sino  por  la concusión, incluso, la responsabilidad se concretó con la celebración  de   una   audiencia   ficticia,  refrendada  por  el  Inspector  junto  con  la  incriminación      del     denunciante     Garzón  Tuta.   

El  reato juzgado aquí, fue el de falsedad  ideológica,  que  fenomenológica  y  normativamente en nada se equipara con la  circunstancia  que  las oficinas de los ex funcionarios estuviesen separadas por  un  muro, ni sobre el hecho “que permitía respaldar  la  información  según  la  cual  JULIÁN  RUIZ  MORALES  pudo  ser ajeno a lo  sucedido  con  los  testigos utilizados de GARZÓN TUTA o con la elaboración de  los  documentos  que  de buena fe firmó”45, porque él  mismo  implicado aceptó de manera contundente que él interrogó a los testigos  y  decidió  en consideración a sus aserciones, motivo por el cual, exoneró de  responsabilidad  administrativa  al  contraventor  por  duda,  pues  no  se pudo  establecer  si  de verdad traspasó el semáforo en rojo o en verde como se dijo  en  la  audiencia  ficta,  luego  se  infiere con total rigor, que él de verdad  sabía  lo  que hacía, tanto, que en su primera salida defensiva, expuso que se  acordaba  del  caso, identificando al infractor Gustavo  Garzón Tuta.   

Por otro lado, como el libelista concentró  los  ocho  cargos  subsidiarios  para repeler la condena, quiere decir ello, que  fueron  concebidos en una misma lía argumentativa destinada a la absolución de  su  protegido  jurídico,  lo cual, es válido pero en este caso, desafortunado,  por  violación al postulado de la lógica de no contradicción, en el entendido  que   en   idéntica  formulación  explicativa,  rechazó  y  aceptó  premisas  excluyentes,  en  tanto,  en los otros ataques, dio por sentado que su prohijado  realizó      la     audiencia     –cuestionando  la credibilidad impresa por la magistratura al quejoso  Gustavo  Garzón  Tuta  quien  manifestó  al  unísono  que  no conocía a los testigos, ni estuvo presente en  ninguna  audiencia  y  vio  cuando  el Inspector firmó la resolución espuria-;  luego,  en  la  presente  censura  desmiente  y rebate las otras, lo cual, desde  luego,  es  irracional  e  incoherente, al no poderse aceptar cargos enfrentados  cuando  ellos  fueron  atesorados bajo una sistemática probatoria con una misma  finalidad.         

Falso  juicio  de  identidad.   

Gustavo    Garzón    Tuta,    en  palabras  del  defensor,  para  ratificar  su  dicho  según  el  cual jamás se  presentó   en   la   inspección,   citó   a   dos   testigos  “ancianos”          Graciano     Espejo    y    Ascención  Fonseca, quienes al final nada  dijeron   sobre   el   particular;  entonces,  para  el  jurista,  se  cercenó,  justamente,  esa parte “no recordar nada”  de  tales  declaraciones,  en  esas  condiciones, al dejarse de  valorar          ese          esencial          apartado         “desvirtuaban” la primera versión, pues  una  apreciación  integral  de  los  medios  hubiese concluido que Garzón  Tuta  estuvo en la audiencia y no  trabajando.     

El  Procurador  anunció  que  una  cosa es  desmentir  una declaración y otra muy distinta ratificarlo, por otro lado, unos  testimonios  practicados  un  mes después de los hechos y los mismos a los tres  años,  en nada contradicen lo aseverado por estos en su primera diligencia, con  lo  cual,  tampoco se demuestra el yerro alegado por el defensor: simplemente el  juzgador  realizó  una  apreciación  diversa  y  concluyó  que lo narrado por  Graciano    Espejo    y  Ascención  Fonseca  ante la  jurisdicción disciplinaria como prueba trasladada, era creíble.   

La Sala, en páginas precedentes, afirmó la  sinrazón  del  libelista  en  los  restantes  ataques,  los  cuales  se tocan e  identifican  sustancialmente  con  lo  aquí  argüido,  es decir, el dislate se  ubica  en  las  reflexiones  del  profesional  del  derecho antes que en las del  Tribunal,  pues  a  pesar  de  que  adujo que el testimonio debe ser valorado de  manera  integral, dicha premisa, per se, es desechada totalmente por el defensor  al examinar en el fondo sus asertos.   

Se  demostró  con  total claridad que, los  esposos  Graciano  Espejo  y  Ascención  Fonseca,  no  se  contradijeron,   ni  mucho  menos  desvirtuaron  lo  narrado  en  su  primigenia  declaración,  simplemente  no se acordaron, lo cual no significa que mintieron,  se  echaron  para atrás o dejaron de ratificar sus narrativas, como lo entiende  el  del  profesional  del  derecho,  quien de verdad tergiversó el sentido  objetivo  de la prueba para ponerla a decir lo que su pretensión guía, más no  a  la  instancia  de  segundo  nivel,  sin  sopesar  las declaraciones de manera  individual  y  en  conjunto bajo el rasero de la sana crítica, pues una cosa es  enunciar  el  vilipendio  de  una  norma de derecho sustancial y otra totalmente  opuesta,  demostrarlo  de  modo coherente, razonado y sistemático: presupuestos  inescindibles  del  recurso  extraordinario  de  casación,  que  como  se viene  explicando, fueron ignorados por el defensor.   

Siendo   ello   así,  los  nueve  cargos  –entre   principal   y  subsidiarios-  elevados  contra  el  fallo  expedido por el Tribunal Superior de  Santa Rosa de Viterbo, no tienen vocación de éxito.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República de Colombia y por autoridad de la Ley,   

R    E    S    U   E   L   V   E   

Primero:  No  casar  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de JULIÁN  ADOLFO  RUIZ  MORALES,  por las razones aducidas en la  parte motiva del presente proveído.   

Segundo: Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:   Cópiese,  comuníquese, cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

             

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                   LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                       JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia fueron signadas el 7 noviembre de  2008 y  4 de marzo de 2010, respectivamente.   

2 Quien  se  posesionó  el 27 de enero de 2004, mediante Decreto 047, ante el Alcalde de  Duitama,  como Inspector de Transito, Código 410, Grado 09 de la Secretaría de  Tránsito y Transporte, en provisionalidad.   

3 Ver  folio 204, c.o.1.   

4 Ver  folio 36, c.o. segunda instancia.   

5  La  doctrina    –agregó-  enseña  que  la falsedad ideológica se consuma mediante un escrito que observe  un  hecho  irreal  y a su vez que pueda servir de prueba, donde se condense o se  calle  una afirmación mentirosa total o parcialmente. Desde luego, el documento  se  entiende  como  creado  y  aquello que se altera es el aspecto narrativo del  mismo,  más  no  su  contenido  total fenomenológico, si esto último pasa, se  está ante una falsedad material.    

6  Se  refirió  al radicado 19.420  de 25 de febrero de 2004.   

7 Ver  folio 60, ibídem.   

8  En  esencia,  el  delito de falsedad ideológica para el Tribunal, se soportó sobre  un  escrito  que no existió, lo cual es confuso, porque tal reato se consuma en  punto  de  la  premisa  de  su objetividad real, justamente de tal documento; en  esas  condiciones,  la defensa nunca se defendió de una falsedad material, como  debió   ser,  para  lo  cual,  se  hubieran  esgrimido  estrategias  jurídicas  diversas.   

9 Ver  folio 67, ibídem.   

10 Con  todo,  adujo  que se violaron los preceptos 29 de la Constitución Política, el  6 del Código Penal, como el 232 y 238 de la Ley 600 de 2000.   

11 Ver  folio 75, ibídem.   

12 Ver  folio 79, ibídem.   

13 Ver  folio 83, ibídem.   

14  Citó  los  radicados  30460  (21-6-10),  35720 (16-3-11),  31357  (23-6-10),  28.961  (29-7-08)    y    9478  (6-5-97).   

15 Que  en esencia es el cuarto de la demanda.   

16 Ver  folio 24, concepto.   

17  Octavo en la demanda.   

18  Segundo subsidiario en la demanda.   

19 Ver  folio 15, c.o. segunda instancia.   

20  Radicado:       “194420      (sic)”  de  febrero  25  de 2004. Allí, entre otros aspectos se dijo:  “Falsedad  ideológica  en  documento publico… un  empleado  oficial  que  da  fe  de  los hechos que ocurrieron en su presencia en  forma  que  no  corresponde  a la verdad o que certifique hechos que no tuvieron  existencia  real,  lesiona,  con  este  solo hecho, el bien que busca tutelar el  ordenamiento penal”.   

21  Signado por quien hoy es recurrente.   

22  Folio 69, c.o., Tribunal.   

23 Ver  folio 308, c.o.2.   

24 Ver  folio 62, ibídem.   

25 Ver  folio 15, c.o. segunda instancia.   

26 Ver  folio 57, c.o.1.   

27 Ver  folio 33, c.o.1.   

28  Folio 40, ibídem.   

29 Ver  folio 238, ibídem.   

30 Ver  folio 215, c.o.1.   

31 Ver  folio 243, c.o., 2.   

32 Ver  folio 294, c.o., 2.   

33 Ver  artículo  277,  Ley 600 de 2000, “criterios para la  apreciación del testimonio”.   

34 Ver  folios 20 y 21, c.o.1.   

35 Ver  declaración juicio.   

36  C.S.J.  Radicado  26.706 de  enero 26 de 2006.   

37 Ver  folio 308, c.o.2.   

38 Ver  folio 312, ibídem.   

39 Ver  folio 329, ibídem.   

40 Ver  folio 513, c.o.2.   

41 Ver  folio 2, c.o.1.   

42 Ver  folio 295, c.o.1.   

43  Así  lo expresó el funcionario instructor: “según  los hechos y pruebas antecedentemente relacionados”.   

44  Folio 40 demanda.   

45  Folio 42 demanda.     

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