34441(14-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34441  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 93    

Bogotá, D. C., catorce (14)  de febrero  de dos mil doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por el defensor de MIGUEL ÁNGEL  MORENO  GÓMEZ,  contra  el  fallo  proferido  por  el  Tribunal    Superior    de    Bogotá,    Sala   de  descongestión1,  que confirmó  la    sentencia   expedida   por   el   Juzgado   Sexto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,      la      cual      lo     condenó  a  título de autor a la pena de  96  meses  de  prisión y le  impuso   una  multa  de  650  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, por la consumación del punible  de       lavado       de      activos.   

H   E   C   H  O  S   

El  25  de abril de 2009, el aquí procesado  MIGUEL  ÁNGEL MORENO GÓMEZ,  arribó  a la ciudad de Bogotá, Aeropuerto Internacional el Dorado, en el vuelo  número  088 procedente de la  República  de Argentina; en el formulario No. 53080587  1227  1  de  equipajes  y  títulos representativos de  dinero  para  viajeros, declaró que tenía en su poder menos de mil dólares en  efectivo;  sin  embargo, cuando se le realizó la requisa de rigor, el agente de  la   policía   Javier   Norbey   Rincón,  le sintió abultados sus pantalones y al ser interrogado sobre el  particular,   aquél   le   informó   que   tenía  en  su  poder  199  billetes  de  500 euros, (99.500)  equivalentes  en moneda colombiana a  la  suma de trecientos un millones cuarenta y cinco mil  cuatrocientos  cuarenta  y  cinco  pesos  ($301.045.445).   

El  capital  europeo  hallado  en  poder del  pasajero,  fue  contado  en  presencia  de  la  funcionaria  de  la Dian,   Sandra  Elisa  Rodríguez y, una vez incautado y rotulado como  elementos  materiales  de  prueba,  fue  trasladado  a  la  bóveda de seguridad  destinada  por  la  autoridad aduanera para tales fines, con el número de sello  0017183;  luego, se realizó  la captura en flagrancia al hoy condenado.   

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.   El  26  de  abril  de  2009,  ante  el  Juzgado  23  Penal Municipal con Funciones de Control  de  Garantías,  la  Fiscalía solicitó, en audiencia  concentrada,  la  legalización de la captura de MIGUEL  ÁNGEL    MORENO   GÓMEZ,  la   incautación  de  los  elementos  con  fines  de  extinción  de  dominio, de la  imputación por el delito de  lavado   de   activos   y  enriquecimiento     ilícito     a     favor     de  terceros, como delito subyacente.   

2. El 26 de mayo de  2009,  el  Fiscal  Cuarto  Especializado  de  Bogotá  presentó    escrito   de  acusación  el  cual adicionó en fecha posterior, por  los  punibles  atrás  indicados  contra   MIGUEL  ÁNGEL  MORENO  GÓMEZ;  en  el  mismo, allegó varios  informes,  uno  del uniformado que detectó al pasajero con las divisas ilegales  junto  con  otros  tres  elaborados  por  la  policía  judicial; un casete y el  formulario  de  la  Dian,  por  último,  solicitó  una  serie  de testimonios:  evidencia    aducida   para   ser   admitida   y   practicada   en   su   debida  oportunidad.    

3.  El 5 de agosto  siguiente,  se  inició la audiencia de formulación de  acusación  y  se  continuó en varias sesiones, donde  los   intervinientes   hicieron   uso   de   la  palabra  en  relación  con  el  descubrimiento,   introducción   de   los   diversos  elementos  probatorios  y  estipulaciones  (plena identidad del encartado, sus antecedentes penales, casete  relacionado  con  el  conteo  de  los  dineros y las pruebas periciales sobre la  autenticidad  del  capital decomisado); por otra parte, el procesado le informó  al  Juez que renunciaba a su abogado “porque veo que  tal  vez  no  esta  (sic)  muy  enterado  de  ciertas  cosas  y  respecto  a  la  ley”.   

4. Posteriormente se  llevó  a  cabo la audiencia de juzgamiento,  para  luego  finiquitar  la  primera instancia, con la lectura de  fallo   realizada   el   21   del   año   citado,   en   la   que  condenó a MIGUEL  ÁNGEL  MORENO  GÓMEZ,  a  la  pena  de  96  meses de prisión, en calidad de autor;  le  impuso,  además,  una  multa  de  650  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, por la consumación  del   punible   de   lavado   de  activos  y,  como  sanción  accesoria,  lo  inhabilitó en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso que la privación de la  libertad;  por  último,  le negó los subrogados penales y ordenó librar orden  de captura en su contra.   

5. El 17 de marzo de  2010,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  Sala  de  Descongestión,              confirmó   el  fallo  recurrido  por  la  defensa  técnica  y  la  representante  del Ministerio Público; a su turno, el  primer  interviniente  aludido  recurrió en sede extraordinaria la sentencia de  segundo grado; libelo que entra la Sala a calificar.   

D   E   M   A   N   D  A   

Bajo  la  égida  de  la  Ley  906  de 2004,  artículo  181,  el  profesional  del  derecho,  elevó  tres  censuras,  aunque  anunció dos.   

Primer   cargo:  Nulidad.   

Enunciado  por  irregularidades sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso, “pues el Juzgador  resto   (sic)   validez   al  testimonio”      del     procesado    y,    menos    aún,   “tuvo       en       cuenta  las  pruebas documentales presentadas en el debate oral por  la  defensa y desecho (sic) el testimonio que bajo la gravedad del juramento que  pusiera  (sic)  el  señor  Fernando  Luis  Zarate”,  configurándose,  para  el memorialista, la violación aludida de los artículos  181,  3  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  el  29  de  la Constitución  Política, referido al derecho de defensa.   

Segundo  cargo:  falso     juicio     de     existencia.   

Elevado         “con base en el artículo 207, numeral  1º,   Cuerpo   Segundo,   Código   de   Procedimiento   Penal   (ley   600  de  2000)”,  aduciendo,  así  mismo,  la  violación  medio  de  normas en punto de los preceptos 379     (inmediación),    380    (criterios    de    valoración),  381   (conocimiento   para  condenar),  382  (medios  de  conocimiento)    y    238  (apreciación  de  las pruebas) y, la aplicación indebida del canon 323, inciso  1,  de  la  Ley  599  de  2000,  por  atipicidad  de  la conducta endilgada a su  prohijado.    

En la demostración del cargo, sostuvo que el  Juez  Plural no tuvo presente 10 pruebas practicadas en  el  juicio;  a  renglón  seguido, adujo: “con  los anteriores medios de prueba,  el    Tribunal    en    la    sentencia   condenatoria…   concluye”   que   su   mandante   “incurrió en el delito de lavado de activos”.   

A   continuación,   transcribió  algunos  apartes,  de  los  testimonios  recolectados  en el juicio, según el libelista,  como  el  de  su  prohijado,  que  negó  rotundamente el delito a él atribuido  y    el   de   Fernando  Luis  Zarate, ciudadano argentino que le entregó el dinero.   

Agregó, que si la segunda instancia hubiese  teniendo  en  cuenta  los  precedentes  medios,  la  conducta  del  imputado, se  tornaría  en  atípica,  en el entendido que, es una infracción administrativa  cambiaria  que  se tramita ante la Dian y se penaliza con el 30% de lo dejado de  declarar,  lo  cual  se demuestra con la devolución realizada a su prohijado al  momento     de     la     incautación     del     capital    de    7.546             Euros,  equivalentes  para  esa  época  a  10.000 dólares.    

Por  tanto,  la conducta del implicado no se  puede    acoplar    al    delito    de    lavado    de    activos   “y  la  condena  proferida implica una  indebida  aplicación de la ley sustancial, pero estas pruebas no fueron tenidas  en  cuenta  por  el  honorable  tribunal (sic) y cuando se refiere a ellas en la  sentencia  se  contradice”,  para  lo  cual,  copió  varios  fragmentos  del  fallo  aludido  y recalcó la atipicidad de la conducta  reprochada.   

En  la  trascendencia alegó que no existió  ningún  acto  ilegal  por  parte  de  su  mandante  frente  a  una  inexistente  valoración  de  pruebas  “en la etapa investigativa  con  la  practicada  en la etapa del juicio”, ante lo  cual, peticionó la absolución del hoy condenado.   

Tercer   cargo:  presunción       de       inocencia.   

Por   violación  al  derecho  de  defensa  consagrado en el artículo 29, 4 de la Constitución Política.   

Propuesto por “el  clamor  del ministerio público”, porque la fiscalía  no  probó  que  el  dinero  incautado  provenía de actividad ilícita, pues el  dinero   tenía   una  fuente  justificada,  como  también  lo  dijo  la  Corte  Constitucional  en  uno  de  sus  fallos  C  774  de  2001,  que  habla sobre la  presunción de inocencia.      

Como   aquella  funcionaria  solicitó  la  absolución  por  esa  causa,  entonces,  es  deber  relegar  la responsabilidad  objetiva  por  estar  proscrita  del  actual derecho penal, por ello, dejaron de  aplicar los juzgadores el artículo 7º de la Ley 906 de 2004.   

Acto seguido, se refirió en sus alegatos, a  una    nulidad    por    violación    al    debido   proceso   o   “inexistencia  jurídica”, apoyado en  un    auto2  de  esta  Sala,  para rematar con varios párrafos sobre indicios,  autoría,  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física, aducción de  evidencia, legalidad de la misma y su incorporación al juicio.   

Por  lo  precedente,  solicitó  casar  la  sentencia  impugnada,  para  que  en su lugar, se profiera fallo de reemplazo de  carácter  absolutorio, con el fin de que prevalezca el postulado de legalidad y  atipicidad por omisión probatoria.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   

1. Cuestión previa.   

La Corte viene señalando, que con la entrada  en  vigencia del  sistema  procesal penal acusatorio previsto en   la   Ley   906  de 2004,  se  amplió  el radio de  acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  pues  en la  actualidad   la   impugnación  es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda  instancia  dictadas  por  los  diversos  Tribunales de  Distrito  Judicial asignados en el territorio nacional,  atacando  los  fallos  de  condena  o  absolución,  sin  tener  en  cuenta como  presupuesto        para       su       admisibilidad       el       quantum  mínimo  de pena descrito en cada  injusto típico, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de los fines establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,   causales  (debida  sustentación)  y   trascendencia;  excepto  cuando   la   Sala   advierta,   que  por  vigencia  de  derechos  y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantados, deba casar de oficio  la  decisión  del  Juez  Colegiado, desde luego, con base en motivos diversos a  los expuestos en la demanda.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda   en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;    todo   lo   contrario,   el   recurso  extraordinario,   no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes3,   rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  una demanda  con el objeto de decidir de fondo el problema jurídico planteado,  ella  deberá sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal 2° de la Ley 906 de 2004, con el propósito de  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  de  los  intervinientes  con  la actuación penal; siendo ello  así,   se   deben  tener  siempre  presentes  los  principios  de  taxatividad,          claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión  y  precisión,  entre  otros,  para  –de la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de  compendiar  en  el  ataque,  aquellos errores de juicio o de  actividad  en  los  que  pudieron  haber  incurrido  los  falladores,  a  fin de  evidenciar,  por  ejemplo, la efectiva e indiscutible normatividad jurídica que  debió  regir  el  asunto,  la  adecuada  y  legal  valoración  de  los  medios  probatorios    o    desentrañar   manifiestos   desfases   contra   el   debido  proceso.      

También  ha  indicado la jurisprudencia, en  diversas     oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    (v)   el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De  cara al segundo referente inmediatamente  disciplinado,  se tiene que el  “interés” se  halla íntimamente relacionado al concepto de agravio, perjuicio  o  daño  que,  desde luego, tiene que afectar los derechos fundamentales de las  partes  con  la  decisión  por  ellos  recurrida  en  sede  extraordinaria; sin  embargo,  si  el  interviniente no sufrió ningún menoscabo real u objetivo con  el    fallo    atacado,   tampoco,   como   es   obvio,   tendrá   “interés”  en  cuestionarla, justamente, porque no habrá ninguna garantía que subsanar ni  se  podrá, por ende, restablecer alguna norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal de las llamadas a regular el caso, sencillamente porque  no   existe   vulneración   a   la   legalidad  del  proceso  en  sus  diversas  manifestaciones             cognoscentes4.   

2. Oportunidad para interponer el recurso de  casación     con     base     en    la    Ley    1395    de    2010.   

Con  ocasión  al  presupuesto  indicado, el  primigenio  canon  183 de la  Ley  906 de 2004, consagraba las siguientes exigencias procesales para adelantar  el trámite en sede extraordinaria:   

El recurso se interpondrá ante el tribunal  dentro  de  un  término  común  de  sesenta (60) días siguientes a la última  notificación  de la sentencia, mediante demanda que de manera precisa y concisa  señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Siendo   ello   así,   el   12  de  julio  de  2010, por disposición  expresa  del  artículo 122 de  la  Ley 1395 de 2010, entró a  regir     en     el     territorio     patrio,    el    precepto    98 de esa normatividad, el cual, modificó  el canon transcrito, cuando estableció:   

El recurso se interpondrá ante el Tribunal  dentro  de  los  cinco  (5)  días siguientes a la última notificación y en un  término  posterior  común  de treinta (30) días se presentará la demanda que  de   manera   precisa   y   concisa   señale   las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos.   

Si  no  se  presenta  la demanda dentro del  término  señalado  se declarara desierto el recurso,  mediante auto que admite el recurso de reposición.   

En el caso en estudio, se tiene que el fallo  del  Tribunal  de  Superior de Bogotá, Sala Penal de  Descongestión   de   extinción   de   dominio,  contra  lavado  de  activos  y  enriquecimiento  ilícito, fue expedido el 17  de  marzo de 2010; luego, para la Sala  es  claro  que  la  modificación  legislativa  al  artículo 183 ibídem, no se  extiende  ni  comprende  los  hechos  aquí  juzgados,  en tanto, aún no había  cobrado vigencia la nueva ley.   

3.     Caso     concreto.   

De  entrada  es  posible  aseverar  que  la  demanda   es   cuna   de   múltiples,   exacerbados  y  complejos  yerros  lógico  argumentativos que hacen  inviable  su admisión, los cuales se sintetizan en los siguientes ítems:    

3.   1.  Sobre  la  nulidad.   

En  principio, no es cualquier discurso con  el  que  se  pretenda  su declaratoria, ella en sí, encierra, unos presupuestos  mínimos  de  argumentación,  precisión  y  trascendencia,  sin  los cuales la  arremetida  contra la legalidad del proceso queda huérfana. Es preciso indicar,  además,   que   cada   una  tiene  un  tratamiento  independiente,  debiéndose  identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o  garantía), denunciando el  sentido  en forma autónoma sin mezclar violaciones al debido proceso entre sí,  o al derecho de defensa (técnico y material).   

Por  consiguiente,  si  se  quiere proponer  alguna,  por  ejemplo, al debido proceso, incumbe señalar: cómo se fracturaron  las  bases  legales, ya sea en su aspecto formal o conceptual, de qué manera se  quebrantaron  las  garantías  exigidas,  cuáles  fueron las repercusiones y el  daño  causado con tales vulneraciones en desmedro de la ley como de los sujetos  procesales,  hasta  qué  acto  procesal  y  por  qué habría que retrotraer lo  actuado            en           instancias5;  entre  otros  presupuestos,  descritos ampliamente por la jurisprudencia.   

No pudiendo olvidar el censor los principios  que  las  rigen  como  el  de  taxatividad  (sin  norma  precedente  y  exacta  jamás se podrá alegar alguna  nulidad),   de   él  dependen  y  se  enmarcan  para  generar  su  pertinencia;  convalidación, finalidad  de  los  actos,  por  mencionar  algunos,  a  fin de fortalecer la infirmación del último fallo: tópicos a los  que jamás se refirió el defensor.   

Ellas, además, se rigen por el postulado de  trascendencia en sus diversas  connotaciones  epistemológicas;  por  un  lado,  la  exclusiva  irregularidad o  menoscabo  a  la  ley,  no  es  presupuesto dominante para su configuración; se  requiere,  en  segundo lugar, el efectivo detrimento, perjuicio o lesión de los  derechos  y  garantías  adquiridas por los sujetos procesales, intervinientes o  partes  en  la  dinámica judicial; en tercer  término, es obligación del  libelista   mostrar  en  interés  legal  de  sus  representados  las  bondades,  beneficios            y           ventajas6   de  la  nulidad  propuesta;  finalmente,  cada  caso  de  estudio  deberá  someterse a un nuevo escrutinio o  filtro  jurídico,  en  pos  de  evidenciar si la nulidad corresponde declararla  total  o parcialmente: esta última opción, entre otras, trae consigo ordenarla  en  la  sentencia  de  casación  cuando su efecto jurídico se pueda conjurar o  desglosar  desde este concluyente pronunciamiento de la jurisdicción ordinaria,  es   decir,  en  cuanto  sus  consecuencias  procesales  se  puedan  normalizar,  enderezar  y  reivindicar  excluyendo  el  vicio  sin necesidad de retrotraer lo  actuado;   lo   cual   dependerá  del  momento  instrumental  en  que  se  haya  materializado o generado la infracción a la normatividad vigente.   

Siendo  ello así, la infracción al debido  proceso  o  al  derecho  de  defensa  (técnico  o material), debe ser de bulto,  grosera,  que  pretermita  u  omita  un  acto  distinguido  por  la ley y al que  obligatoriamente  los funcionarios deban acceder para su no conculcación. Nunca  puede  asimilarse  con  cualquier  criterio  aislado,  subjetivo y genérico del  recurrente,  sino  por  los  motivos  previamente  determinados  por  Ley  y con  ocasión     al     desarrollo     jurisprudencial    que    la    Corte    vaya  realizando.   

Son múltiples, complejos y exacerbados los  desafueros que presenta la demanda:   

Primero: nada de lo  expuesto  trabajó  el  censor,  quien  solo  se  contentó con esgrimir algunas  ideas,    de    por   sí   disgregadas,  para fomentar una nulidad que jamás desarrolló según las pautas  jurisprudenciales  atrás  reseñadas;  tampoco desarrolló el motivo de nulidad  propuesto  por  la  Ley  906  de  2004,  ni  demostró  cómo  queda inscrita la  situación  alegada  en  esa  normatividad  o,  mucho  menos,  por qué tiene la  potencialidad de influir sobre la actuación procesal.   

En       auto       32.003  de  12  agosto  de  2009, la Corte  sostuvo,    de   cara   a   la   temática   planeada   por   el   jurista,   lo  siguiente:   

En el modelo de enjuiciamiento acusatorio,  los   motivos   de   nulidad  se  agrupan  en  tres  categorías,  (i)  las derivadas de la prueba ilícita,  (ii)  las que se presentan  por   incompetencia   del  juez,  y  (iii)   y   las   que   provienen   de  violaciones  a  las  garantías  fundamentales.  Y  se  rigen  por el principio de taxatividad, de acuerdo con el  cual  no  podrá  decretarse  ninguna  nulidad por causal diferente de las allí  señaladas7.      

Segundo: violentó  el  postulado  de  autonomía  que  rige el recurso extraordinario, al mezclar en el mismo texto de la nulidad,  temas  y  supuestos  de otras causales extraordinarias, como cuando expresó que  el  Tribunal  no valoró las pruebas documentales y testimoniales recopiladas en  el  juicio  (lo  cual  debió  argumentar  bajo la égida del error de hecho por  falso  juicio  de  existencia)  o  al imputarle a las instancias falencias en la  apreciación  de los diversos medios (le correspondía seleccionar la misma vía  de   ataque,   pero  esta  vez,     por    falso  raciocinio).    

Tercero: el error  de  hecho  por falso juicio de existencia, se  presenta  cuando  los  juzgadores omiten apreciar un determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al  proceso  o  suponen uno, que por el  contrario,   no   fue   válidamente   incorporado  al  expediente  y,  en  esas  condiciones,  fundamentan  la  decisión  de  responsabilidad penal o inocencia.   

Siendo   ello   así  es  imprescindible:  (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o imaginada por los funcionarios que administran justicia,  (ii)   sopesarla   en   su  integridad,  sin fraccionarla  o  limitar su contexto hermenéutico, (iii)  sopesarla  en cuanto a su convergencia o divergencia junto con los  demás    medios   probatorios   y   (iv)  acreditar  la  trascendencia  del  daño expresando los motivos de  manera  clara, puntual y objetiva del por qué la ausencia de valoración de ese  medio  de  prueba, presentada como tal o aquella objeto de fantasía, incidieron  de forma decisiva en el sentido del fallo.   

Cuarto: el dislate  se  verifica  con  el abandono sistémico de las reglas jurisprudenciales atrás  reseñadas  y,  como  si  fuese poca la confusión y anarquía metodológica del  libelista,  combinó  en  su  escrito dos procedimientos penales, pues el primer  ataque  lo  lanzó por la senda de Ley la 906 de 2004 y, el segundo, con base en  la  Ley  600  de  2000,  lo  cual es contradictorio como discordante, excepto en  ciertos  casos,  muy puntuales, en donde la similitud, concordancia y coherencia  sustancial  de  algunos institutos pueden tener equivalentes soluciones, p. ej.,  algunos  contenidos  de  cara  al  postulado  de favorabilidad; pero no se puede  llegar  al desasosiego de presentar una demanda bajo el influjo argumentativo de  dos  sistemas  opuestos,  diversos  y  excluyentes  entre  sí,  en busca de una  especial solución a sus planteamientos individuales.   

Como  puede  entenderse,  el  impugnante no  expuso  alguna  idea  conforme  a las pautas atrás establecidas para someter el  criterio  plasmado  por  la  judicatura y elevarlo al falso juicio de existencia  por  él  alegado, en tanto, de ningún modo demostró el daño irreparable a la  ley  sustancial,  más  bien  lanzó una gran diatriba en oposición al criterio  judicial,  con  ello,  divulgó  lo insustancial de su arremetida, cercenando de  paso, cualquier coherencia argumentativa.   

Menos    aún   consultó   la   actual  jurisprudencia  de  esta  Sala  sobre  el  posible  ensamble de los dos sistemas  procesales  y  los delitos de lavado de activos, para iniciar, por lo menos, una  argumentación seria y consustancial al cargo elevado.   

En     el    radicado    28.679 de 8 de noviembre de 2997, la Corte  expuso:   

Sobre  la  imposibilidad  de  aplicar  las  normas  reguladoras de la competencia contempladas en la Ley 906 de 2004 a casos  tramitados  con fundamento en el Código de Procedimiento Penal de 2000, la Sala  tiene establecido lo siguiente:   

“En  esas  condiciones  -en  torno  al  problema  que  ocupa  a  la  Corte-  resulta factible predicar que habiendo sido  consagrada  en  el  nuevo estatuto procesal una asignación de competencias, tal  señalamiento  no  puede mirarse como un simple cambio de las mismas (vale decir  del  juez  Especializado al de Circuito o al Municipal atendida la cuantía), en  la  medida  en  que  los nuevos señalamientos normativos tienen consagración o  regulación  en  un  novedoso  estatuto con restricción en su aplicación, como  que  tal  orientación  o  imposición  legislativa  sólo  tiene  cabida en las  circunstancias  de  tiempo  y  de  lugar  atrás  reseñadas,  esto  es,  en los  distritos pioneros del sistema y a partir de enero de 2005.   

Distinto  sería  que  la  mutación  de  competencias  tuviera  lugar  al interior de una misma legislación, de un mismo  código,  o  de  un  mismo  procedimiento,  ya que en tal evento el manejo de la  situación  sí se resolvería con lo previsto en la Ley 153 de 1887, artículos  43  y  40:  las  leyes  que  establecen los jueces y determinan el procedimiento  prevalecen  sobre  las anteriores desde el momento en que deban empezar a regir,  cosa  que  no ocurre en el caso bajo examen -se itera- si en cuenta se tiene que  la   asignación  de  competencia  se  ha  efectuado  al  interior  de  códigos  diferentes,   que  tienen  campos  de  aplicación  diversos  y  con  coberturas  igualmente disímiles.   

En  conclusión,  las  normas  que asignan  competencias  en  el  nuevo código de procedimiento -a partir del artículo 32-  comenzando  por  la Sala Penal de la Corte Suprema son aplicables exclusivamente  -por  ahora-  por  los  jueces  de los cuatro mencionados distritos judiciales y  reservadas  a los delitos cometidos después del 1 de enero del año que avanza,  en  la  medida  en que ha sido la propia ley la que ha fijado la fecha cuando ha  de  empezar  a  regir  la  nueva  normatividad,  siendo  legalmente  viable  tal  previsión  conforme  lo  autoriza el artículo 53 de la Ley 4 de 1913, respecto  de  la  cual  puede  predicarse  su  carácter  de  excepción  frente  a  la ya  mencionada  norma  de  la Ley 153 de 1887 que impone la inmediata aplicación de  las    normas    que   regulan   la   sustanciación   y   ritualidad   en   las  actuaciones”8.   

Quinto:   en  síntesis el recurrente dice  poco  o nada sobre la causal alegada, solo insiste en que el Tribunal no valoró  diez   pruebas9;  sin  embargo,  jamás aportó algún elemento adicional a su laxa  afirmación;  por  lo demás, el reproche, en absoluto, se puede identificar con  un  listado  de  supuestas  pruebas  que  se  dejaron  de valorar, sin detenerse  cuidadosamente, en los contenidos judiciales.   

Por  tanto,  sin  que  se entienda como una  respuesta   de  fondo  sino  en  virtud  del  ejercicio  pedagógico  que  viene  adelantando  la  Sala como una más de sus funciones, con el fin de garantizarle  aún  más  los derechos constitucionales fundamentales a los intervinientes, se  traerán  a colación algunos fragmentos del fallo proferido por el Tribunal    al   momento   de   confirmar   la  decisión  cuestionada:   

Nótese  que  los  recurrentes  pasaron de  largo  un   dato  trascendental  que  le confiere un matiz inequívoco a la  actividad  de  Miguel  Ángel,  el cual no fue objetado en su oportunidad por la  defensa,  esto  es,  en  el  Acta  de hechos No. 838,  retención  de  divisas  105  hoja  2,  cuando le fue  devuelto  el  equivalente  a diez mil dólares, o sea siete mil quinientos euros  (€  7.500.oo),  restando un saldo a favor para el procesado de cuarenta y seis  mil  euros, éste adujo, ante la funcionaria de la DIAN que todo el guarismo era  de  terceros  y  que  por  ingresar  el  metálico  al país recibiría un pago;  de  su  dicho emerge con claridad que en la cadena de  blanqueo   de   capitales  Miguel  Ángel  Moreno  Gómez  ocupó  el  lugar  de  ‘mula’,  término  que  coloquialmente  se  emplea  para  designar  a aquél que sirve como medio de transporte al objeto de  la  carga  ilegal que las organizaciones mafiosas emplean para remitir de manera  fraccionada  el  producto  de  sus ganancias, evitando así ser aprehendidos los  reales  propietarios  de  los  montos,  que  pagando  poco  dinero a personas de  escasos   recursos,   logran   consolidar   sus   oscuros   réditos.   

Hay  constancia  en  el  legajo  de  los  múltiples   viajes   que   realizó  Miguel  Ángel  al  extranjero,   luego  de  los  cuales  de  forma  prácticamente  concomitante  comenzó  el  ascenso  de  sus saldos bancarios en una cuenta que prácticamente  estuvo  inactiva  desde su apertura. Dada esta curiosa  casualidad,  la  Sala  se  pregunta  ¿cómo  es  que  un modesto comerciante de  golosinas.  Que  ni  siquiera se encuentra registrado en la Cámara de Comercio,  cuya  cuenta bancaria inusitadamente comienza a tener movimientos impropios; que  no  costea  su  propia seguridad social, de repente después de viajar a Estados  Unidos  y  a  Panamá,  se  dirige  a  la República Argentina donde a los pocos  días,  el  gerente  de  una  firma  cooperativa,  de forma oficiosa, lo pone en  contacto  con  unos  inversionistas  extranjeros quienes le encomiendan realizar  inversiones  en  las que no tiene ninguna experiencia y más aún, sin garantía  de  ninguna  naturaleza,  y le entregan con total confianza a un desconocido una  fuerte    suma    de   la   cual   no   está   claro   el   origen?     

   

Como puede observarse de una atenta lectura  a  los  párrafos  precedentes, es claro que el Tribunal si analizó las pruebas  que  dijo  el  memorialista  había  abandonado  en  su  función de administrar  justicia  y,  si  se estudia con verdadero esmero la totalidad e integralidad de  la  decisión cuestionada, se colige que el yerro no lo consumó el Juez Plural,  sino  el  libelista,  entonces, puede concluirse que se tuvieron en cuenta en la  persuasión  racional para degradar de ahí la responsabilidad penal, los medios  enlistados por el recurrente en el disenso.   

Sin  mencionar  que  el  fallo  de  primera  instancia  se  extendió  en  la  valoración  de  cada  prueba  atacada  por el  recurrente,   hallando  contradicciones  serias,  por  ejemplo,  en  el  testigo  Fernando  Luis  Zarate; todo  bajo   el   tamiz   del   principio   de   unidad  de  decisiones  que  orienta  el  recurso  de  casación,  desconocido  en  forma  total,  como  es  costumbre  en  el  libelista,  en esta  extraordinaria sede.   

Sexto:  por  otro  lado,   el  jurista  violentó  el  principio  de  la  lógica  de  no   contradicción,   toda  vez  que  la  motivación  debe  guardar  una  unidad  conceptual de tal modo que en una misma  línea        hermenéutica,        no       es       lógico       afirmar   y   a   la   vez   negar   alguna   circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría,  habida  consideración que la conclusión sería producto  de  un  procedimiento  intelectivo  confuso  -como en el caso en estudio- cuando  sostuvo      lo     siguiente:     “estas  pruebas  no  fueron  tenidas  en  cuenta  por  el  honorable  tribunal   (sic)   y   cuando   se   refiere   a   ellas   en  la  sentencia  se  contradice”;  si ello es así, el caos argumentativo  es  definitivo,  pues  al fin y al cabo, no se tiene idea que es lo que pretende  el memorialista.   

Séptimo:  en  su  último  ataque,  el  profesional del derecho acopló la tesis presentada por el  ministerio  público  a  sus  escasas  reflexiones  al  sostener  que  el dinero  incautado  no  provenía  de  alguna actividad ilícita, haciendo énfasis en la  presunción  de inocencia derivada de la violación al derecho de defensa que no  se le garantizó ni aplicó a su prohijado.   

Esta  supuesta  embestida  no tiene ninguna  pauta  jurisprudencial,  jamás  indicó por cuál causal la atacaba, menos aún  mencionó  algún  sentido  para  estructurarla,  como tampoco la desarrolló de  manera  seria,  disciplinada  y con fundamento en la abundante teoría que sobre  el  particular la Sala durante décadas viene resaltando; solo la enunció, bajo  un  plus  de temas que dejó de abordar, como cuando se refirió a los indicios,  autoría,   nulidad   sin  ninguna  adición  sustancial,  elementos  materiales  probatorios,  evidencia física, aducción de evidencia, legalidad de la misma y  su  incorporación  al  juicio;  generando  con ello, un laberinto argumentativo  mayúsculo,  donde  predomina  su  criterio subjetivo sobre el de la judicatura,  sin  elementos  jurídicos  que  lo  soporten  y  con  una sintáctica adversa y  abrumadora.    

Así   mismo,   en   el  proceso  número  31.667 de 6 de marzo de 2009,  se dijo en punto del punible objeto de estudio, lo siguiente:   

Cuando  de la captación masiva y habitual  de   dineros  y  del  lavado  de  activos  se  trata  ha  de  tenerse  en  cuenta que precisamente porque su  objeto  no es la comisión de varios delitos de blanqueo de capitales, cometidos  por   varias   personas  en  diferentes  ciudades,  sino  de  uno  solo  con  la  participación  de  múltiples  sujetos a través de una enmarañada estructura,  fácil resulta aceptar que la consumación del delito  se puede producir en diferentes lugares.   

En estos delitos se tiene la particularidad  de  desplegarse  la acción por medio de varios actos ejecutivos cuyo desarrollo  puede  ocurrir  en  diferentes lugares dependiendo del rol que a cada uno de los  copartícipes  le  corresponda  desempeñar  para el logro del ilícito fin, sin  que  ello  de  lugar  a  la  tipificación  independiente  de  otros  delitos de  captación  masiva  y  habitual  de  dineros  y  lavado  de  activos10.   

En   particular  sobre  el  lavado  de  activos  tiene dicho la Sala  tienen  ocurrencia  mediante  el conjunto de operaciones realizadas por personas  que  sin  haber  participado  en  el  delito  primario,  dirigidas  a  ocultar o  disfrazar  el  origen ilícito de los bienes o recursos mal habidos pretendiendo  darles   apariencia   o  legalizarlos  burlando  a  las  autoridades11-12.   

Además   de   no   haber  consultado  la  jurisprudencia   que  le  hubiese  brindado  nuevos  elementos  de  juicio  para  reflexionar  sobre  sus ataques, lo único que hizo el libelista fue transcribir  varios  apartados  de los alegatos presentados por el Ministerio Público, quien  solicitó  la  absolución  de  su  prohijado  porque  para ese interviniente la  fiscalía  dejó de demostrar la procedencia ilícita del capital incautado, sin  consultar  de  forma  pormenorizada  el  plexo  incriminatorio  traído  por los  juzgadores, que de plano rechazaron tan elemental propuesta.   

Véase  un  fragmento, sobre el particular,  plasmado en el fallo de primera instancia:   

Encuentra  este  Despacho  que  el testigo  incurre  en  una  serie de contradicciones en su afán de desligar al acusado de  toda  responsabilidad  por  el  delito  que  se le endilga logrando al contrario  crear  más  sospecha sobre la actividad ilícita de éste y las irregularidades  en  que  podría incurrir al restarle importancia al trasporte de altas sumas de  dinero  de  un País a otro, más aún que de acuerdo a su dicho es conocedor de  la  Ley,  ya  que  es  abogado recibido en su País de origen, lo que causa aún  más  extrañeza  en  la  forma en que realizó la entrega de una fuerte suma de  dinero,  representada  en  99.500  EUROS,  sin  ninguna clase de garantía real,  simplemente  basado en la confianza que le proyecto (sic) una persona que apenas  había    conocido   apenas   dos   días   antes   de   hacerle   entrega   del  dinero13.   

Como  se  observa, nada de lo explicado por  los  juzgadores,  cuestionó  o trabajó el togado, simplemente imaginó algunas  ideas  de  manera deshilvanada y sin ningún refuerzo probatorio, desdibujado la  verdad  corroborada  en  el  proceso,  con  lo  cual  su  embestida  se  muestra  superficial y vacía de contenido.   

Octavo:  vicios comunes a los cargos.  El  defensor  en  ninguno de sus ataques expuso como lo exige la jurisprudencia,  las  consecuencias  de  las  violaciones a la ley sustancial por él demandadas,  contra  el  fallo  del  Tribunal Superior de Bogotá,  Sala  de  Descongestión  para  la  extinción del dominio y contra el lavado de  activos y enriquecimiento ilícito.   

Con tal proceder  adecuó  sus  propuestas  al   sofisma  de  petición de principio, el cual  enseña,  en  sus diversas manifestaciones epistemológicas, que no se puede dar  por   demostrado   lo   que   le  es  exigible  probar  al  recurrente  en  sede  extraordinaria,  por  ello,  dejó  a  un  lado la parte más fundamental de los  ataques.       

En  efecto:  el  profesional  del  derecho  ignoró       por      completo      el      postulado      de      trascendencia,   en   las   tres  censuras alegadas, en cuyo efecto, en  todas  abandonó  su cometido desde la misma presentación, luego, siempre será  imposible    –en   esas  precisas  condiciones-  constatar  alguna  premisa;  menos  aún,  las  confutó  –en   atención  a  las  nulidades  propuestas-  con  los  principios que las orientan a fin de brindarle  validez  a  su petición y, por el contrario, inundó el escrito de cavilaciones  individuales  e  hipotéticas:  con  esa  omisión  sustancial, dejó anodina la  eficacia de sus expectativas jurídicas.   

Siendo  ello  así,  el  daño propuesto se  muestra  efímero,  por  cuanto  el  aludido principio jamás se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  –como en el presente  caso-  dándolos por acreditados o excluyéndolos en forma total o parcial de la  argumentación;  la  demostración  del  yerro  evocado, será, pues, el reflejo  latente  de  las consecuencias jurídicas reveladas con la violación demandada,  para  luego,  correlacionarla,  en  su  esencia,  con  un precepto del Bloque de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma  llamada a regular el  caso.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su  restricción. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que el impugnante  presentó  alegaciones  producto  de  su  exclusiva percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto   casacional;   circunstancia   por   la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo presentado a nombre  de    MIGUEL    ÁNGEL   MORENO   GÓMEZ.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

5. Mecanismo de insistencia:  

Teniendo  en cuenta que contra la decisión  de   inadmitir  o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no   fue  regulado,  pero  para  tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación14, como pasa a indicarse:   

5.1.  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación   de   la  providencia  por  medio  de  la  cual  la  Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la demanda  de  casación, con el objeto de reconsiderar lo decidido. También  podrá  ser  provocado  oficiosamente,  en  el mismo término, por alguno de los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal,  salvo  que el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior fuese el demandante. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

5.2.   Es   potestativo   del   Magistrado  –en los casos indicados- o  del  Delegado del Ministerio Público ante quien se formula la insistencia optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión.  En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un  plazo de quince (15) días.   

5.3.  El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

5.4.    También   viene   precisando   la  Corte15  que  la audiencia de sustentación prevista en el artículo 185 de  la  Ley 906 de 2004, no se dispondrá su celebración, por cuanto su procedencia  está circunscrita a los casos de admisión de la demanda.   

Con fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de MIGUEL  ÁNGEL  MORENO  GÓMEZ, por las razones aducidas en la  parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

             

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO              

                                  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                  LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                            Secretaria   

    

1 Las  decisiones  de  primera y segunda instancia se promulgaron el 21 de diciembre de  2009 y 17 de marzo de 2010, respectivamente.   

2 Cito  el  radicado  29.416  de  abril  23  de  2008,  sin  comillas y mezclado con sus  apreciaciones.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia:  radicado:  25.565 (8-6-06).   

4 Corte  Suprema     de     Justicia,     mismo     sentido:     radicado    25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

5  La  forma  lógica  y  argumentativa  en  sede  extraordinaria  para  presentar  una  demanda,  entre otros motivos, no se traduce en formularle preguntas a la Corte,  de  cómo  pudo  o  no  ser  tratado  algún  tema  o  explicitando  aquellas  falencias  advertidas por los  recurrentes  a  manera  de  resolver  un  interrogatorio  o  cuestionario;  ello  encierra  más  bien, un verdadero análisis demostrativo, en donde paso a paso,  el  profesional  del  derecho  vaya  demeritando  y degradando la presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  atada  a  las  decisiones  proferidas por los  funcionarios que administran justicia.       

6 Corte  Suprema    de    Justicia,    mismo    sentido,   ver   sentencia   15.223    de    12   de   febrero   de  2002.   

7  Artículos 455 a 458.   

8 Auto  del      7      de      abril      de     2005,     radicación     23.247.   

9  1)  Formato de actuación,  actas  de  incautación  de  elementos y de derechos del capturado, 2)  Bolsa  plástica donde se embaló el  capital,  3)  declaración  593  de  la Dian, “con la manifestación expresa del  procesado   de   que  no  portaba  más  de  diez  mil  dólares”,  4)  acta de  hechos  338  y de retención de divisas, 5)   búsquedas   selectivas   de   datos,   individualización  del  implicado,  sus  movimientos  migratorios, actividades comerciales, 6)  situación económica del encartado,  7)  EPS  sanitas, comunica  que  es  beneficiario  de  su  esposa,  8)   antecedentes   Dijin,   Cipro,  sin  registros  en  su  contra,  9)   nuevas   búsquedas  selectivas  en  base de datos para determinar la actividad comercial del acusado  en   la  Dian,  policía  aduanera  y  10)  Rut:  “el procesado no tiene ninguna  vinculación comercial”.   

10 En  el  mismo  sentido  véase  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto   de  colisión  de  competencia  de  20  de  abril  de  2005,  radicación  23422.   

11  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, concepto de extradición, 7  de septiembre de 2005, radicación 23038.   

12 Ver  auto     de     definición     de     competencia,     radicado    31.667 de 6 de mayo 2009.   

13 Ver  folio 105, c.o.1.   

14  Corte Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

15  Corte Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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