34346(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34346  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                       Aprobado Acta No. 78   

Bogotá,  D.C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  instaurado  por  el apoderado de  JAIRO  GIOVANNI FORERO ACOSTA                      contra  el fallo del 26 de febrero de 2010 proferido por el Tribunal  Superior  de Tunja, mediante el cual revocó la sentencia absolutoria emitida el  19  de  marzo  de  2009 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de esa ciudad,  condenándolo  a  la  pena  de  DOSCIENTOS  CINCUENTA  Y  CUATRO  (254) MESES DE  PRISIÓN  y multa de 850 salarios mínimos legales mensuales vigentes, le impuso  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  un  período  de  veinte  (20)  años,  le  negó  el  mecanismo  sustitutivo  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena privativa  de  la  libertad  y  el sustituto de la prisión domiciliaria, al hallarlo autor  responsable   de   los   delitos   de   secuestro   simple  y  hurto  calificado  agravado.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

En  la sentencia de segunda instancia fueron  relatados de la siguiente manera:   

“El  día 12 de  enero  de  2007  el  señor  JULIO VICENTE CAMACHO OBANDO fue contactado primero  telefónicamente   por  un  hombre  que  dijo  llamarse  NELSON  ABRIL  y  luego  personalmente  por  dos  sujetos que insistieron en contratar sus servicios para  el  transporte  de  un  cargamento  de madera en su camión Ford tipo Piragua de  color  azul  placas  SEN  384, que supuestamente se encontraba en una vereda del  municipio  de  Saboyá.  Aproximadamente  al mediodía convino en hacer el viaje  partiendo  de  Chiquinquirá hacia Saboyá en compañía de los dos sujetos y un  tercero,  un  hombre  joven que fue presentado por estos como conductor dado que  el  señor  CAMACHO  OBANDO  no  conduce  adecuadamente. Después de recorrer la  carretera  y adentrarse por un sector rural de la vereda Escobal Centro llegaron  a  un  punto  donde  estaban  otros  dos  sujetos esperándolos y en ese momento  CAMACHO  OBANDO  supo  que  era  víctima  de un asalto. Los sujetos lo hicieron  apear  del  vehículo bajo amenazas de muerte, aparentando poseer armas de fuego  y  explosivos,  quedándose  con la víctima tres de los hombres, incluido quien  había  oficiado  como  conductor hasta ese sitio, mientras los dos restantes se  apoderaron  del camión huyendo con rumbo desconocido. A la víctima la hicieron  caminar  con las manos atadas atrás mientras se hacía noche y permaneció bajo  el  poder  de sus captores hasta que percibió que lo habían dejado solo y pudo  desatarse        para       buscar       ayuda1.   

El  16  de  abril  de  2008,  la  Fiscal  26  Seccional  de  Chiquinquirá  en  audiencia  preliminar  ante  el Juez Promiscuo  Municipal  de  Saboyá  con  función  de  control  de  garantías, solicitó la  legalización  de  la  captura de JAIRO GIOVANNY FORERO  ACOSTA,   le  formuló  imputación  por  los  delitos de secuestro simple y hurto  calificado  agravado y pidió la imposición de medida de aseguramiento, la cual  fue acogida al disponerse su detención preventiva.   

El 14 de mayo de 2008, la Fiscal 26 Seccional  presentó  escrito  de  acusación, en razón a que el indiciado no se allanó a  los cargos en la audiencia de formulación de imputación.   

El  5 de junio de 2008, ante el Juez Primero  Penal  del  Circuito  de  Chiquinquirá,  la  Fiscalía en audiencia sustentó y  formuló  acusación  contra  FORERO ACOSTA   por   los   delitos   de  secuestro  simple  y  hurto  calificado  agravado.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En la demanda, se proponen cinco (5) cargos.   

Cargo  Uno.  Con  fundamento  en la causal 3ª del artículo 181 de la ley 906 de 2004, postula la  violación  indirecta  de  los  artículos  168, 240 y 241 del Código Penal; 7,  372,  381,  437  y 438 del Código de Procedimiento Penal por un falso juicio de  identidad.   

El  error  lo  estructura  en  el  hecho del  Tribunal  haber  tenido como prueba de referencia las declaraciones de Belisario  Castillo,  sin  el  lleno  de  los requisitos legales de la prueba excepcional y  valorarla  como  un  hecho indicador en la construcción del indicio antecedente  de preparación delictiva.   

La  amenaza  aducida  por el testigo para no  comparecer  a la audiencia, en caso de ser cierta, no puede considerarse como un  motivo  de  fuerza  mayor  que  se encuentre dentro del concepto de “evento       similar”  del literal b del artículo 438 de la  ley  906 de 2004, en el entendido que la Fiscalía tiene el deber constitucional  y   legal   de  procurar  la  comparecencia  del  testigo  y  de  garantizar  su  protección.   

Al  considerar a las entrevistas como prueba  de  referencia,  construye  equivocadamente un hecho indicador que conlleva a la  inaplicación  del  principio  de  presunción  de  inocencia  y  la aplicación  indebida  de  los tipos penales. Para asignarle mérito probatorio a un elemento  de  convicción,  es  inescindible que el medio haya sido aducido conforme a las  reglas pertinentes.   

A  su  juicio,  el  Tribunal distorsiona las  pruebas  recibidas  en  el  juicio,  al  dejar  de  apreciar el contenido de las  declaraciones  de  Orlando Calderón, Juber Pedro Virguez, Gloria Inés Pulido y  Miguel  Ángel  Calderón, y fundar su decisión en las declaraciones que no son  prueba de referencia.   

Los cuatro cargos restantes los sustenta con  fundamento  en  la causal 3ª del artículo 181 de la ley 906 de 2004, porque en  la  construcción  de  los  indicios el Tribunal desconoció las reglas lógicas  para  su configuración y posterior apreciación de la prueba, lo cual le llevó  a  violar  indirectamente  los  artículos  168,  240, 241 del Código Penal por  aplicación  indebida,  7,  372,  381,  437  y  438 del Código de Procedimiento  Penal.   

Cargo Segundo. Falso  raciocinio del indicio antecedente de preparación delictiva.   

El indicio lo construye el Tribunal a partir  de  las  entrevistas  de  Belisario  Castillo,  sin  presentar  la  “inferencia     lógica”  que  vincule  a aquellas con el hecho  indicado  ni  existe  fundamento  para  considerar  que lo declarado es un hecho  indicador.   

El  Tribunal  distorsiona el contenido de la  entrevista,  poniendo  a  decir  a la declaración de referencia lo que no dice,  pues  de  la  misma  no  puede  derivar  la  participación del procesado en los  delitos    imputados,    solo    porque    el    testigo   dijera   “que    iban   a   contratar   porque  necesitaban  el  automotor”.  Si  no  se  puede  predicar  la  intención  de  hurtar,  con  ella  no se puede  estructurar el hecho indicador   

El      Tribunal      “no  utilizó  una  regla  útil  para  conocer      los      hechos     antecedentes     al     consecuente”     y  “la   falsa   lógica  utilizada   llevó  a  la  inferencia  más  de  lo  que  encierra”,  quedándose  en  conjeturas  y especulaciones que condujeron a la  condena.   

Cargo Tercero. Falso  raciocinio del indicio de antecedente de presencia.   

El Tribunal construye el indicio a partir de  la  declaración de Edilberto Pérez Guzmán, ignorando que éste tenía motivos  suficientes  para  incriminar  al  acusado al atribuirle su participación en la  muerte  de un hermano y un sobrino. La forma despectiva en que lo trata trasluce  enemistad y el interés personal del testigo.   

Para esa Corporación es grave el hecho de la  presencia  en  la  vía  de  FORERO ACOSTA,  pero  no  explica la proximidad con el sitio donde se ejecutó el  hecho  o  la  necesidad  de movilizarse por esa vía, lo que evidencia una forma  equivocada de razonar por ausencia de fundamento lógico.   

En  conclusión,  no  muestra  ni  indica la  inferencia  lógica  que  le permita efectuar la deducción plasmada, razón por  la  cual no señala la regla de la experiencia que converja en la estructura del  indicio  o  de  la  lógica  que  permita tener en cuenta esa circunstancia como  causa probable de la autoría.   

Cargo Cuarto. Falso  raciocinio del indicio posterior del objeto material del delito.   

El  Tribunal  construye  el  indicio  con la  declaración   de  José  Yesmir  Medina  Castellanos,  persona  contratada  por  Calderón  Cortés  al  tercer  o  cuarto  día  del  hurto  para  desguazar  el  vehículo,   según   la   cual   encontró  a  FORERO  ACOSTA  en  la  misma  finca  en  la que estaba siendo  desvalijado el automotor.   

La  presencia en ese lugar días después de  la  comisión  del  delito  no  es  un  indicio grave de autoría, ya que podía  obedecer  a  otras  hipótesis,  entre  las cuales es posible señalar que fuera  ajeno al mismo o autor de receptación o favorecimiento.   

En  su  concepto  el  hecho  indicador puede  obedecer  a  varias  causas;  el error radica en que el Tribunal omitió mostrar  “la  no  inferencia  del  hecho       indicador       con      relación      al      indicado”,  esto  es,  no la explicó ni tampoco  señaló  la  regla  de  la  experiencia  o  de  la  lógica  convergente  en la  estructura del indicio.   

Como  partió  de  una  falsa  e  incompleta  lógica, su resultado fue una errada inferencia.   

El  Tribunal  ningún  raciocinio hizo en la  construcción  del  indicio  de  mentira, pese a la referencia probatoria que le  permitía modificar el razonamiento o estructurar uno diferente.   

Cargo quinto. Falso  raciocinio del indicio antecedente de falsa justificación.   

De las contradicciones acerca de la deuda del  acusado  con  Calderón,  el  Tribunal no podía inferir la participación en el  hurto,    pues    se    limita    a    decir   que   existe   el   indicio   sin  construirlo.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  no  reúne los presupuestos que  permitan  disponer  su  selección,  porque  falta  a  los requisitos formales y  materiales  previstos  en  los  artículos 183 y 184 inciso 2º de la ley 906 de  2004,  ya  que  al desarrollarlos omite la técnica que en esta sede se exige en  su  formulación  para cada uno de los reparos y la referencia a los fines de la  casación   hecha   en   la  misma  hace  innecesaria  la  intervención  de  la  Corte.   

Sea  oportuno  señalar que del hecho que la  casación  proceda  como control constitucional y legal contra las sentencias de  segunda  instancia,  no  se  deriva que los requisitos de técnica propios de la  impugnación  extraordinaria  hayan  desaparecido  y  que la demanda mediante la  cual   se   interponga  el  recurso  no  requiera  de  requisito  alguno  en  la  proposición y fundamentación de la causal invocada.   

La  casación  no  ha  perdido su entidad de  juicio  lógico  jurídico, lo que obliga al recurrente a observar reglas que la  hacen  diferente  a  los  alegatos  de  las  instancias ordinarias, en donde los  cargos  sean  identificados  mediante  la  proposición de los errores de manera  objetiva,   coherente   y   sin   contradicciones,   siendo   ajena  al  recurso  extraordinario   la   interpretación   de   las   alegaciones   hechas   en  la  demanda2, la modificación y la readecuación de los reparos.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  es  un  vicio  que  recae en la contemplación material de la prueba,  cuyo  contenido  objetivo es distorsionado por el juzgador para hacerle decir lo  que la misma no expresa.   

Cuando  se  denuncia esta clase de error, es  imprescindible  que  en  la  censura se individualice la prueba o pruebas que se  afirma  han  sido  objeto  de  distorsión,  se  haga  una  confrontación de su  contenido  literal con lo que de ellas se expresa en la sentencia, se señale si  su  tergiversación  obedece  a la adición, mutilación o alteración del medio  probatorio  y  se  establezca  la  trascendencia  del  yerro  en  el sentido del  fallo.   

Si  la inconformidad del casacionista es con  la  inobservancia  de  los  preceptos  que  regulan la prueba de referencia y la  introducción  de  las  entrevistas sin acreditarse la excepción prevista en el  literal  b  del artículo 438 de la ley 906 de 2004, el reproche contra el fallo  por  la  vía  del  error  de  hecho resulta equivocado, por cuanto un ataque de  dicha  naturaleza  corresponde  a  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de  legalidad.   

De modo que la crítica que hace al Tribunal  por  admitir  como  prueba  de  referencia las entrevistas de Belisario Castillo  Sánchez,  al  tener por ciertas las amenazas y equipararlas con el “evento       similar”  a  que  alude  dicho  literal,  para  enseguida      señalar     que     “miente      pues      no      ha     sido     amenazado”,      existían      “medios y mecanismos para garantizar su  comparecencia”  y  tenía  “motivos para mentir en su  entrevista”,   deja   en  evidencia  que  el  reparo lo asimila a un alegato de instancia, contrariando la  técnica exigida en sede de casación.   

De ahí que enseguida se ocupa en mostrar que  la  prueba  del  juicio  oral  revela  la  ajenidad  del acusado con los hechos,  advirtiendo   su   distorsión  por  el  Tribunal  que  dejó  de  apreciar  los  testimonios  de  Orlando  Calderón, Juber Pedro Virguez, Gloría Inés Pulido y  Miguel  Ángel  Calderón,  sin  indicar  de  qué manera fueron tergiversadas y  desfiguradas materialmente las mencionadas pruebas.   

Además,  es  tan  incierto  el reproche que  desconociendo  la  naturaleza  rogada de la impugnación extraordinaria, no toma  partido  de las consecuencias que se derivarían del error atribuido, puesto que  indistintamente  advierte  la  necesidad  de la exclusión de las entrevistas de  Castillo  Sánchez  por  no  ser  pruebas de referencia o la prescindencia de su  valoración  por no constituir excepción a la prueba de referencia, con lo cual  definitivamente no lo identifica.   

En  ese  sentido, propone dos modalidades de  error  bajo  un  mismo  reparo  contrariando  las  reglas  de la casación, cuyo  desarrollo  no  sólo  no corresponde a lo anunciado sino que también desconoce  los    principios    de    claridad    y    precisión    requeridos    en    su  formulación.   

Igual  censura  debe  hacerse  a  los cuatro  cargos   propuestos  por  falso  raciocinio,  cuando  en  la  introducción  del  capítulo  II  de  la  demanda  el  impugnante acusa al Tribunal de “haber  resuelto con fundamento en unos  indicios  que se construyeron con manifiesto desconocimiento de las reglas de la  lógica    para   su   configuración   y   posterior   apreciación”  por  omisión o equivocada inferencia  lógica    en    la    estructuración    de    los    indicios,    “al   extremo  de  considerar  algunos  estructurados      con      hechos      indicadores     inexistentes”.   

Frente a la argumentación del recurrente, se  recuerda  que  los  reproches  relacionados  con  la  inferencia  lógica  en la  construcción  del  indicio  han  de  ser  propuestos  por  la  vía  del  falso  raciocinio,  mientras  que  los  reparos  en  relación  con la prueba del hecho  indicador  pueden formularse por errores de hecho por falso juicio de existencia  o   falso   juicio   de   identidad,   o   de   derecho   por  falso  juicio  de  legalidad.   

Lo  anterior  porque  en  el  desarrollo del  cargo   dos   por   falso  raciocinio  del  indicio  antecedente de preparación delictiva, al mismo tiempo  que    afirma   que   el   Tribunal   “no    hace    una    inferencia    que    permita   establecer   la  consecuencia”  señala  que  el indicio no se estructura por el “distorsionado     entendimiento    de    la    realidad” a causa de un error en la apreciación  de lo dicho por Belisario Castillo.   

Luego       si       “lo  que  no admite es la conclusión a  la  que  llega el Tribunal”,  ciertamente  no explica con claridad el reparo propuesto en la demanda cuando no  lo  confunde,  razón  por  la cual termina no por enseñar el error sino por lo  que    él    cree    debe    inferirse    a    partir    de   la   “regla  de  la experiencia o de la sana  crítica”  que ni siquiera  enuncia,  advirtiendo  que  el  Tribunal  pone  a  la declaración de referencia  “a   decir  lo  que  no  dice”  y construye por esa  vía un falso raciocinio.   

El desacierto de técnica es evidente, cuando  agrega    que    la    errada    inferencia   obedeció   a   una   “falsa        lógica”,   sin   indicar   tampoco   en  qué  consistió  la  misma  ni mencionar el principio falseado, como quiera que antes  hubiera  sostenido  que  el  error  se  estructuraba  por  una distorsión de la  entrevista,  reparo  propio  del  falso  juicio  de  identidad  y no de un falso  raciocinio.   

Ahora  bien,  considera el impugnante que el  Tribunal  al  ignorar  el interés del testigo Pérez Guzmán para incriminar al  acusado  y  al  no explicar la proximidad con el sitio del hecho ni la necesidad  de  tránsito  por  la  misma  vía,  razonó  equívocamente,  sin “fundamento     lógico”        y       “raciocinio     adecuado”.   

Esa manera de argumentar para atribuir en el  cargo   tres   un   falso  raciocinio  del  indicio antecedente de presencia, se aparta de toda técnica en  la  proposición  del  cargo,  pues la conclusión según la cual el Tribunal no  mostró  ni  explicó  la  inferencia  lógica  a  partir  de  una  regla  de la  experiencia   que   convergiera  en  la  estructura  del  indicio,  le  impidió  “ver  [la] pauta lógica,  regla  o sub regla lógica que permitieran tener esas circunstancias”  como causas probables de la autoría,  impide avizorar el error.   

En este sentido resulta insuficiente afirmar  que   la  “deducción  no  responde   a  ninguna  INFERENCIA  LÓGICA  EXPLICITA  ni  a  una  regla  de  la  experiencia   útil   para   apoyarla”,  ya  que la obligación del impugnante era señalar la regla de la  experiencia  o el principio de la lógica aplicables, sin hacer generalizaciones  propias  de  un alegato de instancia conforme con las cuales el Tribunal acudió  a     una     “falsa  lógica”  cuando  debía  “explorar     otras  alternativas”,    para  enseguida  proceder  a  desarrollar  el  cargo conforme a la técnica propia del  error denunciado, lo que no hizo.   

Iguales críticas formula en el cargo  cuarto de la demanda al denunciar un  falso  raciocinio  del  indicio  posterior  del  objeto  material del delito, al  insistir  el  casacionista  que  el  Tribunal no muestra como tampoco explica la  inferencia     lógica     porque    “no    expresó    [la]    regla   de   la   experiencia”   ni  la  pauta  o  regla  de  la  lógica   en   la   cual   la   apoya,   mientras   considera  que  “esa       deducción”  no  corresponde  con  ellas, haciendo  manifiesta la contradicción existente en el cargo propuesto.   

Por  lo  demás,  el  censor se vale de los  mismos  argumentos expuestos en el cargo tres de la demanda, para con fundamento  en  las  declaraciones  de  varios  testigos, señalar que el Tribunal hizo caso  omiso  a  la  existencia  de una deuda u obligación que conducía al Tribunal a  “modificar el razonamiento  o     estructurar    uno    diferente”,  demostrando su inconformidad con la valoración de la prueba pero  no con los errores de juicio que le atribuye al juzgador.   

Por    eso    habla   de   “gama   de   posibilidades”  para manifestar que el Tribunal acoge  “todo  aquello  que menos  relación     lógica     guarda     con     el    hecho    indicado”,  sin  que en definitiva desarrolle el  cargo  como  era  su  deber,  indicando cuáles fueron los principios de la sana  crítica  omitidos o vulnerados a partir del desconocimiento de las reglas de la  experiencia,  la  lógica  y  los principios de la ciencia que igualmente olvida  señalar.   

La   proposición   en   el  cargo  quinto  de  un  error  de hecho por  falso  raciocinio  del  indicio  antecedente  de falsa justificación, carece de  desarrollo  y  demostración,  sin  que  sean suficientes genéricas expresiones  conforme  con  las  cuales  el  error  resalta  la  duda,  para  agregar que las  manifestaciones  de Orlando Calderón acerca de su relación con el acusado y lo  que  hizo  ese día, son evocativas de un episodio sucedido meses atrás pero no  demostrativas    de    su    mendacidad    o    de    favorecimiento     al  acusado.   

Desde  esta  perspectiva el recurrente nada  dice     cuando     añade    que    “era  forzoso  para  el  fallador explicar la inferencia”    o    expresa    “que  no podía el Tribunal al no hacer  el  raciocinio  declarar que las contradicción por las manifestaciones indicaba  la    participación   en   el   hurto”,  pues  a  su  juicio  los  comentarios  hechos por Forero Acosta a  Miguel   Calderón   sobre  la  deuda  “no  permiten  inferir  su  participación  en  el hurto”.   

El  error  por  falso  raciocinio  no  se  demuestra  enseñando  la  disparidad  de  criterios entre el juez y los sujetos  procesales,  acerca  del  valor  probatorio  de  una  prueba  determinada,  sino  mostrando  que existe una transgresión manifiesta por parte del juzgador de las  reglas  de la sana crítica en su valoración, lo cual diferencia a la casación  de las instancias ordinarias.   

Según  lo  visto, la demanda no desarrolla  los  cargos  con  sujeción  a  la  técnica,  los vicios denunciados carecen de  cualquier  demostración,  mientras  el impugnante sin la fundamentación debida  se  limita  a hacer consideraciones acerca de lo que cree enseña la prueba, sin  mostrar los errores denunciados.   

Por último, dado que la sentencia impugnada  no  se manifiesta injusta, ninguno de los motivos previstos en el inciso 3º del  artículo  184  de  la  ley 906 de 2004 permite superar los defectos de técnica  señalados a la demanda para decidir de fondo.   

En   esas   condiciones,   la   Sala   no  seleccionará  la  demanda  ni  tampoco  dispondrá su intervención oficiosa en  este  asunto,  por  cuanto como quedó dicho, no se afectaron los derechos ni se  vulneraron las garantías fundamentales de los sujetos procesales.   

Finalmente, contra la determinación que se  adoptará  procede el mecanismo de insistencia previsto en el inciso segundo del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite a falta de regulación legal  es el siguiente:   

“a-  …   sólo   puede   ser  promovida  por  el  demandante  dentro  de  los  cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  que  inadmite  la  demanda  de  casación  u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b- La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c-  Es potestad del funcionario ante quien  se  formula  la  insistencia  someter el asunto a consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en  un  término  de  quince  (15) días”3   

.  

En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Primero.-   NO  SELECCIONAR  la  demanda  de  casación   presentada  por  el  defensor  del  acusado   JAIRO  GIOVANNI  FORERO  ACOSTA.   

Segundo.  Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   FERNANDO A. CASTRO CABALLERO       

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                                      ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                        

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS                 AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                         JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de  2ª  Instancia,  febrero  26 de 2010, Tribunal Superior de Tunja;  folios 541 y 542 de la carpeta 1.   

2 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

3Auto,  diciembre  12  de 2.005, radicación 24322; en el mismo sentido, auto, de mayo 4  de 2006, radicación 25006.     

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