33920(07-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 33.920  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 74-  

Bogotá,  D.C., siete (7) de marzo de dos mil  doce (2012).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas   de   la   demanda   de   casación  discrecional  presentada  por  el  representante  de  la parte civil contra la sentencia dictada el 18 de noviembre  de  2009 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Nominado Adjunto de Cali, que  revocó  el  fallo  emitido  el 27 de mayo del mismo año por el Juzgado Primero  Penal   Municipal   de   esa   ciudad,   que  había  condenado  a  Manuel  de  Jesús Caicedo por el delito de  lesiones personales culposas.   

HECHOS    Y   ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  El  22  de  julio de 2003, en la Clínica  Santillana   de   Cali,   Dolly   Maricel  Bastidas  Lenis  se  sometió  a  una  intervención   quirúrgica  de  implantación  mamaria,  inyección  glútea  y  lipoescultura,   la   que   practicó   el   cirujano   estético   Manuel de Jesús Caicedo.   

Como  quiera  que  para  el  tercer  día del  postoperatorio  Dolly  Maricel  exhibía  extensas  zonas  de  enrojecimiento  y  úlceras  de  la piel del abdomen (eritema y epidermólisis), a las que sumó un  intenso  dolor,  fiebre,  vómito  y  malestar  general,  su hermana y una amiga  llamaron  telefónicamente  al  cirujano, quien después de varias horas acudió  al  domicilio de la paciente y tras auscultarla le informó que se trataba de un  proceso  normal de recuperación, sin ninguna otra especificación que limitarse  a ordenar diez (10) sesiones de cámara hiperbárica.   

El  proceso  de  sufrimiento  de  la piel que  inició  probablemente con el trauma causado por la liposucción superficial que  habría  ocasionado la ruptura de los vasos sanguíneos de los planos superiores  del  abdomen,  se  agudizó  durante  la fase postoperatoria y avanzó hacia una  necrosis  tisular  de  gran  tamaño  y  a  una  infección  grave producida por  staphylococcus   aerus  y  pseudomonas   aeruginosa,  patologías  que no recibieron tratamiento distinto por dicho galeno, a la orden  de   otras  diez  (10)  sesiones  de  terapia  hiperbárica,  la  receta  de  un  medicamento  que  no  comportó cubrimiento antibiótico adecuado en tanto no se  dispuso  el  cultivo  pertinente  para  identificar  el  germen infeccioso y, el  desbridamiento  de  la  piel  ampliamente  necrosada,  tardío  y  no controlado  mediante hospitalización.   

La  falta de atención completa y oportuna de  tales      padecimientos      por      parte     del     doctor     Caicedo,  obligaron  a la señora Bastidas  Lenis  a  consultar  a  otros  profesionales  de la salud, especializados en las  áreas  de  dermatología e infectología y a acudir al servicio de urgencias de  Comfenalco,   siendo  tratada  hasta  obtener  completa  cicatrización  de  sus  heridas.   

Como consecuencia de las lesiones causadas, se  dictaminó  una  incapacidad  médico  legal  definitiva  de 45 días y secuelas  consistentes   en   deformidad   física  que  afecta  el  cuerpo  de  carácter  permanente.   

2.  Por estos hechos, el 30 de enero de 2004,  Dolly  Maricel  Bastidas Lenis formuló denuncia ante la Dirección Seccional de  Fiscalías             de            Cali1.   

3.   El  3 de febrero del mismo año, la  Fiscalía  25  Local  de  la  misma ciudad dispuso la apertura de investigación  previa2.   

4. Practicadas varias pruebas, el 28 de junio  de  2006  se  declaró  formalmente  abierta  la  investigación y se dispuso la  vinculación  mediante  indagatoria de Manuel de Jesús  Caicedo3.   

5.  Por resolución del 27 de febrero de 2007  se    declaró    cerrada    la    investigación4  y  el 7 de mayo siguiente, se  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación contra el  indagado  por  la  conducta  punible de lesiones personales culposas (artículos  111,   112  inciso  segundo,  113  inciso  segundo  y  120  de  la  Ley  599  de  2000)5.   

6.  El 6 de julio de 2007, el Juzgado Primero  Penal  Municipal  de  Cali  asumió  conocimiento del asunto y dispuso correr el  traslado  de  que  trata  el  artículo  400  de  la Ley 600 de 20006.   

7. La audiencia preparatoria se celebró el 31  de            agosto            siguiente7  y la de juzgamiento se llevó  a    cabo    el    13    de    abril    de    20098.   

8.  El  27  de mayo de 2009 el Juez profirió  fallo    condenatorio   contra   Manuel   de   Jesús  Caicedo  en  calidad  de  autor del delito de lesiones  personales  culposas,  le  impuso  las  penas  principales  de cuatro (4) meses,  veinticuatro  (24) días de prisión, multa en cuantía de cinco punto dos (5.2)  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   las   accesorias   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término de la sanción privativa de la libertad y de inhabilitación del  ejercicio  de  la  medicina  por  un (1) año. También lo sentenció al pago de  $149.360.610   –los  que  deberían  ser  actualizados  con  intereses corrientes o indexados hasta que se  produzca  el  pago- y ciento cincuenta (150) salarios mínimos legales mensuales  por  concepto  de  perjuicios  materiales  y morales, respectivamente. Del mismo  modo,   le   concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena9.   

9.  Recurrida la decisión por la defensa, el  18  de noviembre de 2009, fue revocada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Cali  Nominado  Adjunto,  en  el sentido de absolver al enjuiciado del cargo  imputado10.   

10. Contra la providencia de segundo grado, la  parte            civil           interpuso11   y  sustentó  el  recurso  extraordinario          de         casación12.   

11.  En  el traslado a los no recurrentes, la  defensa   del   acusado   presentó   el   alegato   correspondiente13.   

12.  El  proceso  fue  remitido  a la Corte y  asignado       al       magistrado      ponente14.   

13.  La demanda de casación discrecional  inicialmente  se admitió por auto de ponente del 20 de mayo de 201015  y  una vez  recibido  el  concepto  de  la  Procuraduría  General de la Nación16,  pasó  al  despacho para emitir el fallo de rigor.   

14. Mediante auto del 1º de marzo de 2012 la  Sala  de  Casación  Penal  declaró la nulidad del referido auto admisorio para  que  fuera  la  colegiatura en pleno la que decidiera si hay lugar a conocer del  recurso,  razón  por  la  que  ahora  esta  Corporación se apresta a emitir la  decisión correspondiente.   

LA DEMANDA  

En un primer memorial, al amparo del artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  el  representante  de la parte civil invoca la  casación    discrecional    para    el   desarrollo   de   la   jurisprudencia,  específicamente  en  punto  de  la  omisión  al deber objetivo de cuidado y la  posición    de    garante    de    los    médicos    durante   la   fase   del  postoperatorio.   

Al respecto, destaca que la Corte ha estudiado  el  tema  de  la  imputación  objetiva  del resultado frente a la atención del  paciente  durante  la  intervención  quirúrgica  (sentencia  del 22 de mayo de  2008,  radicación 27.357) y que el Tribunal Nacional de Ética Médica conoció  de  una  apelación (decisión del 18 de agosto de 2009 dentro del radicado 715)  en  la  que  confirmó  la  suspensión de un médico por descuidar una paciente  sometida  a  liposucción  durante  el postoperatorio; pero es imperativo que la  Corporación  se  pronuncie  sobre  el  particular,  como  máximo  tribunal  de  casación.   

Para el censor también es trascendente que la  Sala  se  pronuncie sobre “la libertad probatoria en  relación  con  los  testimonios  de  las  personas  allegadas a la víctima y a  quienes  les  consta  el  deterioro  de  la salud por los signos y los síntomas  visibles”17,    así    como    frente  “al  consentimiento  que  debe  firmar  el paciente  previa     la    información    sobre    los    riesgos    del    procedimiento  quirúrgico”18.   

Por  su  parte,  en  la  demanda  una  vez el  impugnante  hace  una  síntesis  de  los  hechos  y de la actuación procesal e  identifica  las  partes  y la sentencia impugnada, enuncia como pretensiones las  de  admitir  el  libelo, casar el fallo absolutorio para en su lugar, anularlo y  proferir  el  de  reemplazo  “reviviéndose  el  de  primera    instancia”19 y, subsidiariamente, casarlo  para   condenar   al   procesado   por   el   delito   de   lesiones  personales  culposas.   

Enseguida,  postula dos cargos; el principal,  conforme  a  la  causal  tercera  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000 por la  comprobada  existencia  de  una  irregularidad  sustancial que afectó el debido  proceso  y  el  subsidiario, por violación indirecta de la ley sustancial en el  sentido de falso raciocinio.   

1. Primer cargo (principal).  

Acusa  el  censor  la  sentencia  de  segunda  instancia  de  haber  sido dictada en un juicio viciado de nulidad por cuanto el  juzgador  de  segundo  nivel  le  dio plena validez a la historia clínica de la  paciente  aportada  por la defensa durante el curso de la audiencia pública, en  la  que se daba cuenta de las ocasiones en que ella fue atendida por el acusado,  pese  a  que  el  juez  de  primer  grado  manifestó  sobre  ese tópico que se  abstenía  “de hacer pronunciamiento alguno frente a  los    documentos   aportados   por   ser   pruebas   extemporáneas”20  y  a  que esta decisión no  fue impugnada.   

Resalta  que al tenor del artículo 232 de la  Ley   600   de   2000,  los  medios  probatorios  deben  ser  legal,  regular  y  oportunamente  allegados  a  la  actuación.  Así,  explica  que conforme a los  artículos  401  y  403 ejúsdem, en la audiencia preparatoria le corresponde al  juzgador  decidir  sobre  las  nulidades  y  pruebas a practicar en la audiencia  pública o por fuera del despacho, según el caso.   

Lo  anterior,  con  el  fin  de  facilitar el  ejercicio del derecho de contradicción.   

Así  mismo, luego de aludir a los requisitos  jurisprudenciales  para  denunciar  en  sede  de  casación la afectación de la  estructura   del   debido   proceso   o  de  las  garantías  de  las  partes  e  intervinientes  y  a  la  causal  de  nulidad  prevista  en  el  artículo 306.2  ejúsdem,  afirma que la nulidad que pregona, de carácter insubsanable, afectó  los  derechos  fundamentales  de  su  mandante  en  calidad de víctima en tanto  corresponde   a   un   asunto   de  seguridad  jurídica,  pues  “si  no  hubiera  tal  enmienda  cada  fiscal  y juez actuarían sin  sujeción    a    dichas    exigencias”21.   

Cita el aparte del fallo de segunda instancia  en  el  que  se  apreció  la  referida  historia  clínica  y  concluye  que la  irregularidad  propugnada  afectó  sustancialmente  el  debido  proceso  y  los  derechos  a  la  justicia, a la verdad y a la reparación de la señora Bastidas  Lenis,  en  tanto  “ese equivocadísimo e invalidado  juicio  de  valor  proveniente  de  la valoración de esa prueba ilegal, por ser  extemporánea,     fue     soporte     fundante    para    erigir    el    fallo  absolutorio”22.   

Remata solicitando decretar la nulidad, aunque  precisa    que    tratándose   de   un   error   in  iudicando  se  debe  proferir  fallo  de reemplazo que  mantenga  vigente  la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia,  en  los  términos del artículo 217.1 ejúsdem.   

2. Segundo cargo (subsidiario).  

Al tenor de la causal primera, cuerpo segundo  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, el demandante acusa el fallo de  segundo  grado de incurrir en violación indirecta de la ley sustancial producto  de  falsos  raciocinios que ocasionaron la aplicación indebida de los artículo  23,  25,  111,  112,  113,  117  y  120  del  Código  Penal, 232 del Código de  Procedimiento  Penal,  a la falta de aplicación de los artículos 2, 7, 16 y 20  ejúsdem  y 29 de la Constitución Política y a la violación intermedia de los  artículos  232, 233, 137, 238, 244 a 247, 266, 277 y 284 a 287 de la Ley 600 de  2000.   

Tras   precisar   que   el   reproche   lo  estructuraría  desde el hecho indicador para demostrar que el examen probatorio  del  juez  penal del circuito fue errado, el censor inicia el disenso asegurando  que  se desconoció el principio de libertad probatoria previsto en el artículo  237  ejúsdem  pues  si bien a efecto de “establecer  la  preexistencia de patologías o de perturbaciones funcionales o psicológicas  o     consecuencias     somáticas,     después     de     una    intervención  quirúrgica”23   es  relevante  la  prueba  pericial   médica,   resulta  equivocado  sostener  que  a  través  de  prueba  testimonial  –no experta-  no  es posible comprobar “las consecuencias visibles  del  deterioro  de  la  salud de quien se encuentra en un proceso postoperatorio  con   síntomas   y   signos   visibles”24, como lo son  las náuseas o el malestar que impide levantarse.   

Después de citar los apartes pertinentes del  fallo  impugnado, el libelista acusa al juzgador de especular cuando afirmó que  “el   estado   deplorable   de   la  paciente  era  normal”25,  siendo  que  su  delicado  estado  de  salud la obligó a consultar con una dermatóloga y un infectólogo.  En  ese  orden,  considera  que  la  falladora  desatendió  las  reglas  de  la  experiencia  pues si la perjudicada hubiera “contado  con  el  cuidado  y  el  apoyo  del  médico tratante, no habría presentado las  complicaciones  que  se  tradujeron en los síntomas destacados y declarados por  las   personas   que  estuvieron  con  ella  en  ese  período  posterior  a  la  operación”26.   

A  continuación,  destaca  que  la juzgadora  reconoció  la  infección  severa que padecía su prohijada y luego de aludir a  algunos  apartes  de  la  denuncia  y a la ampliación de la misma en los que se  sostuvo  que  para el galeno todo era normal, a las fotografías de la paciente,  a  las  historias  clínicas,  al  dictamen médico legal y a los testimonios de  Nubia  Lenith  Bastidas,  Ángeles  Lemos  Riascos  y  Floresmilda  Vivas Castro  (hermana,  amiga  y empleada doméstica de la víctima, en su orden), indica que  ninguna  de esas evidencias “le merecieron análisis  al   Juzgado   de   segunda   instancia”27,   pero  precisa  que  el  ataque  no  lo  enruta  por  el sendero del error de hecho por  omisión   de  prueba  sino  por  el  del  falso  raciocinio  pues  asegura  que  “el examen global lo hizo virtualmente al arribar a  las  erróneas  conclusiones  que  determinaron el fallo absolutorio”28.   

Concluye frente a este aspecto que de haberse  valorado  la  prueba  testimonial  y documental conforme a las reglas de la sana  crítica,   en   especial,   “de   la  experiencia  consistentes   en   que   las  personas  cercanas  a  la  víctima  presenciaron  directamente  su  acelerado  deterioro  de  la  salud física y psíquica; y las  leyes  de la ciencia derivadas de los informes, historias clínicas y peritazgos  de  los  expertos  de  Medicina  Legal”,  se habría  arribado  a  una sentencia condenatoria, al comprobar que el inculpado violó el  deber objetivo de cuidado en el postoperatorio.   

También  la  sentenciadora  incurrió  en un  “errado            análisis”29         –dice  el libelista- porque afirmó que  se  debía  revisar  el procedimiento antes y durante la cirugía, siendo que si  bien  uno  puede  depender  del otro, se impone fraccionar cada una de las fases  porque  tienen  un  escenario  independiente.  En  esa  medida,  “[e]l  postoperatorio  fue  crucial  para el resultado antijurídico  por   la   actitud   del   médico   que   dejó   abandonada   a   su  paciente  víctima”30.  Así  mismo, considera que  si  el  procesado era una persona muy calificada, le era exigible un mayor deber  objetivo de cuidado.   

Predica la existencia de otro falso raciocinio  derivado  de  que  la  juzgadora  dijera  que  a  la  paciente  se  le  ofreció  “información  sobre  los riesgos del procedimiento  quirúrgico,  conjurándose  con  ello  resultados  típicos,  antijurídicos  y  culposos    en    [su]  humanidad”31,  cuando lo cierto es que el  cumplimiento  de  dicho  deber  no exime al médico de la responsabilidad que le  asiste durante el postoperatorio.   

Agrega que, “[l]as  consecuencias   de   un   postquirúrgico  son  científicamente  predecibles  y  previsibles”32  a partir del estudio previo  y  concomitante  a la intervención, de acuerdo con el deber objetivo de cuidado  del  médico,  por  lo  que  a  juicio del recurrente, además de quebrantar los  postulados  de  la  lógica,  es “paradójico con la  evidencia  y poco deferente con la víctima, afirmar que ella fue responsable de  su  suerte  y alegremente y sin fundamento jurídico alguno liberar al sindicado  de  su  compromiso  con  la  paciente en la atención necesaria y urgente en ese  proceso   ulterior   de  la  operación”33.   

Asevera  que  nada  en  el proceso indica que  hubiera  sido  la falta de higiene en la casa de la perjudicada lo que ocasionó  la  infección,  máxime cuando ella se preocupó por acudir a la dermatóloga y  al infectólogo al evidenciar el abandono por parte del cirujano.   

Cita el testimonio del médico general William  Bejarano  Iguita  y  concluye  que  contrario a lo deducido por la falladora, la  ofendida  sí  se estaba cuidando, pero el tratamiento que siguió no le sirvió  y   tampoco   tuvo  la  atención  del  enjuiciado  para  que  le  cambiara  los  medicamentos para conjurar la infección y sus efectos nocivos.   

Cuestiona  a  la Ad quem por dejar de valorar  integralmente  el  testimonio  del  referido  galeno,  también  inferir  que la  negligencia  fue  suya  y  no  de  su  procurada  y por emplear el Internet para  especular  y  desconocer  la  prueba  obrante  en  el  expediente que prueban la  existencia de las lesiones y la causa de ellas.   

Igualmente,  asevera  que  pese  a  que  el  testimonio  de  la  doctora  Martha  Elena  Campo  Jiménez  (dermatóloga)  fue  importante  para  el  esclarecimiento  de  los hechos, apenas fue valorado en un  tercio  de  hoja  en  el que por lo menos, aceptó que trató a su prohijada con  antibióticos y medidas locales para el proceso infeccioso.   

A partir de esta desprevenida declaración era  posible  establecer  que  “la situación patológica  luego  de  la  operación  no  era  normal  en ese tipo de cirugías”34 y que hubo omisión al deber  objetivo  de  cuidado  durante  el  postquirúrgico pues fueron necesarios otros  antibióticos.   

Similar  reparo  formula  en relación con el  testimonio  del  médico infectólogo César Arango Jaramillo, el que asegura no  fue  examinado  científicamente  en  su  unitario  contexto.  Enseguida cita la  declaración en sus apartes más sobresalientes.   

Remata  reiterando  que  i)  la  consulta  en  Internet  “parece  más  una transcripción escueta  carente       de       todo       análisis      con      detrimento”35  de la prueba recaudada, ii)  la  juzgadora pareciera abogar porque la perjudicada soportara el abandono de su  médico  y  la  imposibilidad  de  consultar a otros médicos, iii) la falladora  incurrió  en  contradicciones  al  afirmar  que  la  paciente pudo adquirir las  bacterias en el quirófano pero que ello no se demostró.   

Por  último, achaca a la Ad quem el error de  haber  manifestado  que  contra  la  sentencia  de segundo grado no cabe recurso  alguno.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

El defensor de Manuel  de  Jesús  Caicedo  se  opuso  a  la  admisión de la  demanda  porque  a  su  juicio  el  recurso  de  casación se interpuso de forma  extemporánea  como  quiera que la notificación al procesado de la sentencia de  segunda  instancia  se  surtió  el  27  de noviembre de 2009, cuando venció el  término  de  fijación del edicto (artículo 180 de la Ley 600 de 2000) y aquel  no  se  intentó  dentro de los quince (15) días siguientes a la notificación,  esto  es,  antes  del 13 de enero de 2010, toda vez que el doctor Carlos Enrique  Estela  Suárez presentó dos escritos, uno el 26 de noviembre de 2009 y otro el  12  de  enero  de 2010 pero ninguno de ellos allegó en legal y debida forma con  las  ritualidades propias de la casación discrecional previstas en el artículo  205  ejúsdem,  es decir, anunciando el fin que se persigue con el mismo, ya sea  el   desarrollo   de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales.   

Subraya  así mismo, con apoyo en el auto del  24  de  agosto  de 1994 –no  enuncia  la radicación-, que cuando quien interpone el recurso es abogado, debe  ser  claro  y contundente en su interposición, so pena de vulnerar el rigor que  exige  tal  acto. El togado no cumplió con aquello porque en el primer memorial  pretende  que  la  Corte  valore de nuevo las pruebas y en el segundo, invoca la  vulneración de la ley sustancial y material.   

De  otra  parte,  destaca  que no coincide el  motivo  de  casación  indicado  por  el referido abogado y por el doctor Eudoro  Echeverry   Quintana  quien  lo  sustituyó,  pues  este  invocó  la  casación  discrecional   para   desarrollar   la  jurisprudencia,  lo  que  significa  que  “no  hay  identidad temática desde la formulación  del      recurso”36.   

En  todo  caso,  estima  que  la  demanda  no  demuestra  la  necesidad de intervención de la Corte en el caso concreto ya que  es  mentira  que el procesado haya abandonado a su paciente pues lo que sucedió  fue   que   ésta   se   sustrajo   voluntariamente  al  tratamiento  y  cuidado  postoperatorio  indicado  por  aquél,  amén  que  no  asistió  a las citas de  control respectivas.   

Señala  que las normas citadas por el censor  no  ofrecen  ninguna  duda  frente a su interpretación. Además, lo descalifica  por  violentar  los  postulados  de  “coherencia, no  exclusión    y    no   contradicción”37, al invocar  el  principio  de  libertad  probatoria  y  a  la  vez, admitir que no ignora la  necesidad  de  la  prueba  técnica, la que justamente, excluye ese postulado en  materia científica.   

Desconoce   el   demandante   –dice el togado- que en la sentencia de  la  Corte  citada en el libelo, ella se pronunció respecto a cuándo un médico  ostenta o no la posición de garante.   

En cuanto al primer cargo, indica que el vicio  pregonado  no  ocurrió pues fue cuando durante la audiencia pública el juez de  conocimiento  requirió  al  acusado  para  que  manifestara si existían nuevos  hechos  relevantes  al  proceso que no hubiera dado a conocer en la indagatoria,  que  el  encartado  ejerció  el  derecho  a  la  defensa  material de carácter  irrenunciable.  Además,  el representante de la parte civil tuvo la oportunidad  de   contradecir  los  hechos  o  contrainterrogar  al  enjuiciado  pero  no  lo  hizo.   

Frente   al   segundo   cargo,  afirma  que  corresponde  a  un alegato de instancia y que no hizo una análisis de todas las  pruebas   que   obran   en   el   proceso,  de  tal  forma  que  “a  su  amaño  y  conveniencia  escoge  algunas de ellas y a su vez  oculta     otras”38.   

En  concreto,  señala  que  el demandante se  limitó  a  transcribir  fragmentos  de  la  prueba  testimonial  y  a citar las  historias  clínicas,  el  dictamen  médico  legal y otras pruebas documentales  guardando  silencio  sobre  su contenido científico. Así mismo, lo culpa de no  presentar    la   contraevidencia   científica   que   permita   criticar   las  consideraciones  del fallo impugnado y de desatender la declaración rendida por  el   procesado   en   la  audiencia  pública  y  la  historia  clínica  de  la  víctima.   

Por  último,  concluye  que  el  libelista  “no realizó el nuevo análisis de la totalidad del  acervo  probatorio  que  obra  en  el  plenario, tampoco efectuó confrontación  alguna  entre  ellas,  ni  valoró  las pruebas por él omitidas, ni indicó los  postulados  científicos  correctos  ni  las  leyes  de la ciencia aplicables la  (sic)  caso  específico”39.   

En consecuencia, solicita inadmitir la demanda  y,  en  caso  de serlo, no casar la sentencia acusada. Igualmente, pide tener en  cuenta  un  memorial  que  obra  en  el  cuaderno original de segunda instancia.  Finalmente,  destaca  que  el abogado Carlos Enrique Estela Suárez no tenía la  calidad  para  sustentar a favor de la víctima el recurso de casación mediante  escrito del 1º de marzo de 2010.   

CONSIDERACIONES  

1.  Oportunidad del recurso extraordinario de  casación.   

1.1. Como quiera que el defensor del procesado  alega  en  calidad  de  no impugnante que el recurso extraordinario de casación  impetrado  por  el  representante de la parte civil es extemporáneo, uno de los  primeros  propósitos de la Sala es determinar si este mecanismo fue interpuesto  y  sustentado  oportunamente  a  favor de la víctima, pues, de lo contrario, la  Corte no podría estar habilitada para conocer de fondo el asunto.   

Con  tal cometido, al verificar el expediente  se  advierte  que  proferido  el  18  de  noviembre  de 2009 el fallo de segunda  instancia,  fue notificado personalmente al apoderado de la parte civil el 23 de  noviembre  de 2009, y a las demás partes, por edicto fijado el 25 del mismo mes  y  año,  y  desfijado el 27 siguiente. Ello significa que el término de quince  (15)  días para interponer el recurso –conforme  al  artículo  223  del Decreto 2700 de 1991, vigente para  esa  época  en  razón  a la declaración de inconstitucionalidad del artículo  210  de  la  Ley  600  de  2000  (y  por obvias razones sin la modificación del  artículo   101   de   la  Ley  1395  de  2010)-  vencía  el  12  de  enero  de  201040.   

Por  su  parte, se observa que el recurso fue  interpuesto  por  el  abogado de la víctima Carlos Enrique Estela Suárez el 26  de   noviembre   de  2009,  incluso  cuando  todavía  se  estaba  surtiendo  la  notificación  por edicto, lo que contrario a lo sugerido por el sujeto procesal  opositor  es  perfectamente  válido  pues,  el  recurso  de  casación,  en una  interpretación  concordada  del artículo 223 ejúsdem con el 186 de la Ley 600  de  2000,  se  puede  interponer  desde  la  fecha  en  que se haya proferido la  providencia  y  hasta que hubieran transcurrido los quince (15) días siguientes  a la última notificación de la sentencia de segunda instancia.   

Ahora bien, la manifestación de impugnación  fue del siguiente tenor:   

“(…)  INTERPONGO    RECURSO    DE    CASACION  para  que  ante la Honorable Corte Suprema de Justicia se valoren  de  manera más objetiva las pruebas OPORTUNAMENTE allegadas al plenario, ya que  considero   en  esta  segunda  instancia  se  analizó  el  acerbo  (sic)  únicamente  desde  el  punto  de  vista  del  sindicado,  desconociéndose  las pruebas técnicas y especializadas  obrantes desde la etapa de Instrucción;   

Por lo anterior, y aunque en la providencia  de  segunda  instancia  aquí  atacada, se indica que contra al misma no procede  RECURSO  alguno,  INSISTO en que a la ofendida lesionada se le están vulnerando  esenciales  aspectos  y  principios  de  derechos  que ameritan una CASACION  ESPECIAL del caso, a efectos de  que  bien  apreciado  el  material  probatorio  debidamente  discutido  en  cada  instancia    o    etapa    se   case   la   irregular   sentencia   de   segunda  instancia”41         (Negrilla de la Corte).   

Así  mismo,  mediante  memorial  de  fecha  “agosto       21      de      2007”42,  pero  presentado  el 12 de  enero  de  2010  el  mismo  profesional  del derecho aclaró que “el  recurso  que  se interpone contra la sentencia de 2ª instancia  No.  013,  es  el  RECURSO EXTRAORDINARIO DE CASACION,  que  de  manera  excepcional  se  debe conceder en el  presente  asunto  por  vulneración a la ley sustancial y material en las partes  considerativas   y   resolutivas   de  la  providencia  en  mención”43.         (Resaltado no original).   

Puestas así las cosas, se tiene que tanto el  memorial  de impugnación como el de aclaración presentados por el apoderado de  la  parte  civil fueron allegados a la actuación dentro de la oportunidad legal  para  interponer  el  recurso,  en  los  que  de forma diáfana e inequívoca se  manifiesta  la  intención  de  este  sujeto  procesal  de  acudir  al mecanismo  extraordinario de la casación excepcional.   

Ahora,  aduce  la  defensa  que no era viable  entender   oportunamente  interpuesta  la  impugnación,  toda  vez  que  en  el  documento  respectivo  no  se  hizo  expresa  referencia  a  los  fines  que  se  perseguían  con  la  casación  discrecional, procedente para delitos cuya pena  sea  inferior  a  ocho  (8)  años por virtud del artículo 205 de la Ley 600 de  2000.   

Sin  embargo,  considera  la  Sala  que  una  interpretación  tan  restrictiva  cercena  el  núcleo  esencial del derecho al  acceso  a  la administración de justicia y no se justifica dentro del marco del  Estado  social y democrático de derecho que nos rige, en el que el principio de  prevalencia  del  derecho  sustancial  sobre el formal garantiza a los asociados  mínimas condiciones de justicia y equidad.   

En el mismo escenario, no puede distraerse la  atención  en  cuanto  a  que  no resultaba indispensable que existiera absoluta  consonancia   entre   el  motivo  de  casación  expresado  en  el  memorial  de  interposición,   el  de  aclaración  y  de  sustentación,  pues  no  solo  el  ordenamiento  jurídico  no  consagra  semejante  ritualidad sino que es lógico  pensar  que  siendo  los  actos  de  interposición  y  sustentación, dos fases  perfectamente  diferenciadas  cuyo  sentido  y  propósito  es distinto, no cabe  exigir  al  casacionista  que la argumentación lógico jurídica del recurso se  ciña   a   la   dirección  inicial  consignada  en  la  interposición  de  la  impugnación,  que seguramente podrá ser corta atendiendo que para ese instante  pueden  no  ser  completamente  evidentes para el sujeto procesal los aciertos o  yerros  del  fallo  censurado,  máxime cuando, como en este caso, ha operado el  cambio  de  mandatario  judicial  entre  los  dos  momentos procesales y que, de  acuerdo  con  el  principio  de  fundamentación  debida,  la  demanda  se  debe  construir  con  estricto  apego  a  ciertos  criterios  técnicos de obligatorio  cumplimiento.   

Se  debe  significar  entonces  que  ningún  reproche  podría  endilgarse  a los actos de interposición y sustentación por  no  guardar  exacta  correspondencia entre la manifestación de la intención de  acceder  al  recurso  y  la  concreción  de  la  misma  en la sustentación del  mecanismo por vía de demanda.   

Tampoco  era posible imponer al libelista que  bajo   una   fórmula   sacramental   hubiera   consignado  en  el  memorial  de  interposición  que se acudía desde ya al sendero de la casación excepcional o  discrecional,  lo  que,  en  todo caso, se explicó en el escrito de aclaración  allegado  en  término,  pues  lo  que  por  vía  jurisprudencial  se ha venido  exigiendo  es  que sea en el libelo que se concrete la ruta de ataque: ordinaria  o  discrecional  y  que de escogerse esta última, se indique y fundamente si lo  procurado  es  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de los derechos  fundamentales.  Bastaba,  pues  con la mera manifestación de interposición del  recurso   de   casación   para  que  se  entendiera  debidamente  agotada  esta  etapa.   

Finalmente, no se remite a duda que el libelo  respectivo  fue  allegado  a la juzgadora de segundo grado dentro de los treinta  días  siguientes  a que fuera concedido el recurso.  En verdad, se percibe  que   por   auto   del   14   de   enero   de  201044  la  juez  de  conocimiento  concedió  el  recurso,  que el término de traslado para sustentarlo se corrió  por   la   secretaría   entre   el  15  del  mismo  mes  y  el  25  de  febrero  siguiente45  y que tanto la “solicitud de casación  excepcional      o      discrecional”46  como  la  demanda   propiamente   dicha   se   presentaron   el   25  de  febrero  de  esa  anualidad47.   

Por manera que, la denunciada extemporaneidad  del  recurso extraordinario no se consolidó frente al acto de interposición y,  mucho  menos,  del  de  sustentación,  lo  que  condiciona  el  rechazo  de  la  pretensión  de  la  parte  no recurrente en el sentido de que se declare que la  impugnación no fue oportuna.   

1.2. Otro asunto que preocupa a la defensa es  la  incapacidad  del  abogado  Carlos  Enrique  Estela  Suárez  para  sustentar  mediante  escrito del 1º de marzo de 2010 el recurso de casación a favor de la  ofendida.  Sin  embargo,  sobre tal inquietud, a la Sala le basta decir que este  es  un aspecto que quedó suficientemente clarificado antes de que el expediente  arribara a esta Corporación.   

Ciertamente,  reemplazado el representante de  la  víctima  conforme  al  poder legalmente conferido por ella al doctor Eudoro  Echeverry  Quintana  y  aportado a la actuación desde el 18 de febrero de 2010,  era  a  éste  y  no  a  aquél  a  quien  le compelía el deber de sustentar el  recurso,  tanto  así  que,  de un lado, es el mismo doctor Estela Suárez quien  mediante  memorial  allegado  al  proceso  el  24 de marzo siguiente48  aclara que  era  su  “intención RETIRAR y/o solicitar NO TENER  EN      CUENTA”49  el  escrito  que allegó el  1º  de  marzo  del  mismo año y, de otro, mediante auto del 25 de marzo de esa  anualidad  la  sentenciadora  accedió  a  esta  petición  porque advirtió que  “el  citado  profesional del derecho fue desplazado  en  virtud  del  nuevo  poder  otorgado  por  la ofendida DOLLY MARICEL BASTIDAS  LENIS,  al doctor EUDORO ECHEVERRY QUINTANA a quien conforme a los términos del  mandato  conferido  se le reconoció personería para actuar según lo dispuesto  en   auto   de   sustanciación   del   diecinueve   (19)   de   febrero  de  la  calenda”50.   

1.3.  Una  advertencia  más. Solicita a la Corte el defensor que tenga en  cuenta  para  los  fines  y efectos a que se contrae su alegato en calidad de no  recurrente,  un  memorial  que obraría a folios 450 a 470 del cuaderno original  II segunda instancia.   

Al  respecto,  una  vez  se  constata  que el  documento  al  que  hace  referencia,  es  a  la  sustentación  del  recurso de  apelación51,  imperioso  resulta  precisar  que  no  es  posible  acceder  a su  pretensión  por la potísima razón de que los fines constitucionales y legales  de  ese mecanismo de impugnación son distintos a los del recurso de casación y  que,  en  esa medida, la Corte solo se puede atener a los argumentos consignados  por  el  demandante  en  su  libelo y por el sujeto procesal no recurrente en su  alegato correspondiente.   

2.  Sobre  el  examen  lógico  formal  de la  demanda.   

2.1.  En orden a derruir la doble presunción  de  acierto  y  legalidad  que recae sobre el fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

En  ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su formulación, suficiente, clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la  pretensión,   de  tal  suerte  que  se debe soportar en los principios que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los de claridad, precisión,  fundamentación,  prioridad,  no contradicción y autonomía, sin que sea viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2.2.  Verificado el libelo se advierte que en  principio,  la  demanda no satisface íntegramente los presupuestos previstos en  el artículo 212 del mismo Estatuto.   

En efecto, no es viable acudir al motivo de la  nulidad  cuando  quiera  que  el presunto yerro se estructure bajo la base de la  valoración  de  un medio probatorio respecto al cual se haya quebrantado alguna  de  las  reglas  de  producción  o  incorporación  al expediente, o se hubiere  dejado  de  apreciar  por  el  juzgador  aduciendo  defecto  de esa laya, siendo  perfectamente válido.   

Un  error  como  el  descrito sólo puede ser  atacado  por  la  ruta de la violación indirecta de la ley sustancial por error  de  derecho  en  el  sentido de falso juicio de legalidad por cuanto comporta un  defecto  in  iudicando  del  sentenciador  que  se  remedia  con  la  exclusión  de  la  prueba  del  acervo  probatorio  y, jamás uno que lesione la estructura del proceso o las garantías  fundamentales  de  las partes o intervinientes y haga necesaria la invalidación  del proceso.   

En ese orden, el vicio que el censor atribuye  a  la  valoración  de  la  historia clínica aportada por el acusado, se debió  alegar  conforme  al  falso  juicio  de  legalidad  y  no  por  el sendero de la  nulidad.   

Así  mismo,  la  concreción  de un error de  hecho  por falso raciocinio requiere la demostración de un ejercicio valorativo  del  funcionario  judicial trasgresor de los postulados de la lógica, las leyes  de  la  ciencia  o  las reglas de experiencia, es decir, de los principios de la  sana crítica como método de apreciación.   

Con  tal  fin, el libelista debe señalar con  exactitud  el  medio  de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por el juzgador, indicar y desarrollar con exactitud la regla lógica, la  ley  de  la  ciencia  o  la  máxima  de la experiencia o del sentido común mal  aplicada  por  el  juzgador  al  realizar el proceso valorativo de los medios de  prueba,  así como la que en debida forma le debió servir de apoyo, la norma de  derecho  sustancial  que  de  forma  indirecta resultó excluida o indebidamente  aplicada  o interpretada y por último, demostrar que de no haberse incurrido en  el  defecto,  el  sentido  de  la decisión adversa habría sido sustancialmente  opuesto.   

Esta  metodología no fue cabalmente abordada  por  el censor pues aunque plantea algunas premisas que estructuran reproches de  raciocinio  por  violación  de las leyes de la sana crítica, como cuando aduce  el  desconocimiento  del  principio  de  libertad  probatoria frente a la prueba  testimonial  no  técnica, en otras ocasiones exhibe postulados de los que no se  puede  predicar universalidad o generalidad para ser consideradas como reglas de  la   lógica,   de   la   experiencia   o  de  la  ciencia  aplicables  al  caso  concreto.   

2.3.  No  obstante  lo  anterior,  la  Sala  superará  los  defectos  lógico  argumentativos  que exhibe el libelo, no solo  porque  atendiendo  los  fines  de  la  casación,  esto  es, los de procurar la  efectividad  del derecho material y de las garantías debidas a las personas que  intervienen  en  la  actuación  penal,  la  unificación  de  la jurisprudencia  nacional  y  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las partes con la  sentencia   demandada,   en  este  caso,  eventualmente  a  la  víctima  de  la  infracción   penal,   el  asunto  examinado  resulta  ser  de  gran  relevancia  jurídica,  en  la  medida  que  la demanda deja ver los que podrían constituir  posibles  yerros in iudicando  por  parte  del  sentenciador de segunda instancia, sino dado que tratándose de  una  demanda  que  se enruta por la vía discrecional el conocimiento del asunto  se  impone  para  cumplir  con  los  fines  del inciso tercero del artículo 205  ejúsdem.   

En  verdad,  se  tiene  que  el  mérito del  sumario   fue  calificado  con  resolución  de  acusación  por  el  delito  de  lesiones      personales     culposas,  el cual está descrito en los artículos 111, 112 inciso segundo,  113  inciso  segundo  y  120  de la Ley 599 de 2000, adecuación típica que fue  acogida en el fallo de primera instancia.   

La conducta señalada tiene prevista una pena  de  4.8 a 21 meses de prisión, supuesto objetivo que determina la improcedencia  de  la  casación  ordinaria en el caso concreto y que por lo tanto, obligaba al  censor  a  acudir  a  la  ruta  excepcional,  como  en efecto lo hizo en escrito  separado  a  la  demanda,  en  el  que  procura  la  admisión  de la misma para  desarrollar  la  jurisprudencia  en  punto de la violación al deber objetivo de  cuidado  y la posición de garante de los médicos durante el postoperatorio, la  aplicación  del  principio  de  libertad  probatoria  respecto  de  testigos no  expertos  o  técnicos y la relevancia jurídica del consentimiento informado en  asuntos relativos a la responsabilidad penal médica.   

Tal como lo hace ver el demandante, es cierto  que  si  bien  la  Corte  se  ha  ocupado en varias oportunidades de estudiar el  fenómeno   de   la   infracción  al  deber  objetivo  de  cuidado  en  asuntos  concernientes  al  ejercicio de la medicina, entre ellos, en la sentencia del 22  de  mayo  de  2008,  radicación 27.357, resulta del todo pertinente elaborar un  concienzudo  examen  dogmático  sobre  el  régimen  de  imputación  penal  en  tratándose  de  delitos  culposos  o  imprudentes,  causados por la creación o  incremento  del  riesgo  permitido  -protocolo  terapéutico-  en  la  atención  médica  prestada  por  los  médicos  durante  la  fase  del  postoperatorio  o  postratamiento.   

También, a efecto de precisar la metodología  para   establecer  el  riesgo  permitido  o  jurídicamente  desaprobado  en  la  práctica  médica,  se  ofrece  oportuno  revisar  la importancia normativa del  consentimiento  informado  que  todo  paciente  o  su  acudiente debe suscribir,  previo  a  someterse  a  una  intervención  corporal  por  parte  de su médico  tratante.   

Igualmente,  si  bien  no  parece ser un tema  novedoso  el  referido  a  la  obligación del juzgador de emplear el sistema de  persuasión  racional  con fundamento en el postulado de la libertad probatoria,  para  la  Corte es oportuno reiterar el alcance de la prueba testimonial directa  pero no experta frente a asuntos de naturaleza médica.   

Por último, aunque el recurso de casación no  constituye  una  instancia  más  en  la  que  sea  posible  reabrir  el  debate  probatorio  ni emitir juicios de reproche propios de los jueces de conocimiento,  la  función  de  control constitucional que le es inmanente obliga a la Corte a  verificar  si  el  juicio  de  legalidad  elaborado  por  el fallador de segunda  instancia  en  el caso concreto, se aviene a la ley sustancial, especialmente, a  los  parámetros de valoración de la prueba que informan la sana crítica, ello  con  el  fin  de  establecer  si el derecho material se efectivizó en el asunto  sometido a examen.   

En  consecuencia,  se  admitirá  la  demanda  promovida por el representante de la parte civil.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Admitir la  demanda  de  casación  presentada por el representante de la parte civil dentro  del  proceso  penal  tramitado  contra Manuel de Jesús  Caicedo,  contra  la  sentencia del 18 de noviembre de  2009  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito Nominado Adjunto de  Cali.   

Segundo.  Córrase  traslado  al  Procurador  Delegado  en lo Penal por el término y para los fines  del artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Tercero. Contra esta  providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

Aclaración  de  voto   

            

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aclaración de voto  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

Excusa justificada  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

ACLARACIÓN    DE  VOTO   

Inicialmente  debemos  precisar  que  para  proceder  a  plasmar  las  razones por las cuales aclaramos el voto respecto del  auto  proferido  por  la  Sala  el  pasado  7  de  marzo, por cuyo medio la Sala  admitió  la  demanda  de  casación  que  a  través  de  la  vía discrecional  interpuso  el  representante  de  la  parte  civil,  conviene recordar que dicha  providencia  está  precedida  de  una  determinación  del  día primero de los  mismos   mes  y  año,  no  suscrita  por  nosotros52,  en la cual se decretó la  nulidad  del  auto  admisorio  del proveído adoptado por el Magistrado Ponente,  para  en  su  lugar  disponer  que  fuera la Sala la que se pronunciara sobre el  particular.   

         En  efecto,  en  el auto del 1º de marzo de 2012 se adujo que como  la  decisión  de  admitir la demanda casacional “no  se  adoptó  por el órgano colegiado en pleno, sino por el Magistrado Ponente y  de  acuerdo  con  el inciso tercero de dicha norma, constituye un imperativo que  sea  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia la que profiera dicha  determinación  si  hay lugar a ello, se impone declarar la nulidad del auto del  20  de  mayo  de  2010  por cuyo medio se admitió la demanda, para que sean los  magistrados  que integran dicha Sala quienes verifiquen si el libelo satisface o  no   los   requisitos   mínimos   de   admisión   del   recurso  de  casación  discrecional”.   

          Al  respecto  consideramos que en la citada decisión no se tuvo en  cuenta   el  principio  de  instrumentalidad  de  las  formas  que  gobierna  la  declaratoria de nulidades,  según  el cual, no procede la invalidación cuando el acto tachado de irregular  ha  cumplido  el  propósito  para  el  cual está destinado, por las siguientes  razones:   

1.              Advertimos     que     ya     la  Colegiatura53  había  tenido  oportunidad  de  señalar, que la admisión de la  demanda  por  el  sendero  excepcional  ha  tenido lugar, tanto mediante auto de  sustanciación  del magistrado ponente, como a través de providencia de la Sala  en  la  cual se delimitan los temas sobre los que versará el pronunciamiento de  fondo  del recurso, amén del concepto que al respecto debe emitir el Ministerio  Público,  sin que proceder de una u otra forma conllevara violación del debido  proceso.   

          2.                      Tal   como   lo  acredita  el  curso  de  este  diligenciamiento,  la declaratoria de nulidad no cumplió cometido diverso al de  volver  a  surtir  de manera innecesaria y contraria al propósito de evitar las  dilaciones injustificadas, lo ya actuado.   

          3.                      No  puede  asumirse  que  si  el inciso 3º del  artículo  205 de la Ley 600 de 2000 dispone que “de  manera   excepcional,   la   Sala   Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,   puede   admitir   la   demanda   de   casación”,  ello  se  refiera  necesariamente  a una decisión colegiada,  pues  tal  precepto debe ser contextualizado con otras normas, como el artículo  172 del estatuto procesal del 2000, según el cual:   

“Los  autos de  sustanciación   serán   dictados   por   el   magistrado  ponente,  los  autos  interlocutorios  y  las  sentencias  serán  proferidas por la Sala de Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia”.   

En   efecto,   conviene   rememorar   que  corresponde  al censor al demandar por la vía excepcional expresar con claridad  y  precisión  los  motivos  por  los  cuales  debe intervenir la Corte, ya para  pronunciarse   con   criterio   de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  específico,  bien para unificar posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera la decisión solicitada tiene la dual utilidad de brindar solución  al  asunto  y  servir  de  guía  a  la  actividad  judicial, amén de que si la  pretensión  se orienta a asegurar la garantía de derechos fundamentales, tiene  el  deber  de  acreditar la violación e indicar las normas constitucionales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  demostrar su desconocimiento en el  fallo  recurrido. En todo caso, debe el casacionista cumplir con “los    demás    requisitos   exigidos   por   la   ley”   (inciso   3º   del   artículo   205   de   la  Ley  600  de  2000).   

Así  las  cosas,  es  evidente  que  si se  dispone    la    admisión   del   libelo   por   considerarse   “necesario  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la garantía  de  los  derechos  fundamentales”,  en  virtud  del  principio  de  limitación y dada la naturaleza esencialmente rogada del recurso  de  casación,  la  temática  propuesta por el recurrente señalará el ámbito  dentro  del cual corresponde al Ministerio Público pronunciarse, y a la postre,  también  demarcará  los  tópicos  sobre  los  que  debe decidir la Sala en el  fallo,  desde  luego,  quedando  a  salvo  su  facultad  oficiosa en punto de la  protección de derechos o garantías.   

          De  lo expuesto puede concluirse que, contrario a lo establecido en  el  auto del 1º de marzo de 2012, nada obsta para que la admisión discrecional  de  la  demanda  de  casación  sea  adoptada mediante un auto de sustanciación  proferido  por  el  magistrado ponente, y más aún, es muy probable que en todo  caso,  tal  decisión  no  corresponda  a  la Sala, salvo que la interpretación  gramatical  y  exegética del inciso 3º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000  prime   indebidamente   sobre   la   interpretación   sistemática   de   dicho  precepto.   

          4.                      No  sobra  resaltar  que  si  en una demanda de  casación  por  el sendero discrecional se formulan varios reproches, algunos de  los  cuales  son  inadmitidos,  es  claro que el tema o temas de los cuales debe  ocuparse  el  Procurador Delegado en su concepto, así como la Sala en el fallo,  estarán  referidos  a  aquellos  contenidos  en los reparos admitidos, sin que,  entonces,  sea  indispensable  que  en  el  auto  admisorio  de  la  demanda  se  identifiquen  tales  aspectos, los cuales, se reitera, están dados por la misma  demanda,     dado     el     carácter     rogado     de     la     impugnación  extraordinaria.   

5.          Únicamente a manera de ejemplo conviene  traer  a  colación,  que  también en el inciso 1º del artículo 184 de la Ley  906  de  2004  se  dispone  que “vencido el término  para  interponer  el  recurso,  la  determinación  se  remitirá  junto con los  antecedentes  necesarios  a la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  para que decida dentro de los treinta (30)  días  siguientes  sobre la admisión de la demanda”  (subrayas  fuera  de  texto),  sin  que  la Corporación con una interpretación  exegética  haya  entendido  que  la admisión del libelo es colegiada, sino del  magistrado                  ponente54,  quien  debe valorar si el  recurrente  ha  orientado  su  labor  a  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  acreditar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

          6.                      Respecto  de  la  inadmisión  de la demanda de  casación  tiene  suficientemente  dilucidado  la Corte Constitucional, que debe  efectuarse   mediante  auto  motivado  de  la  Sala55,  y  así  expresamente  se  dispone en el inciso 2º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

          7.                      Para  concluir  debemos  señalar que de manera  impropia  en  el  auto  del  7  de  marzo  del año en curso se decide, luego de  destacar  múltiples  falencias  técnicas  de  la  demanda  casacional, superar  “los  defectos lógico argumentativos que exhibe el  libelo”   porque  “el  asunto   examinado   resulta   ser   de  gran  relevancia  jurídica”,  proceder  que no se aviene con la normativa que gobierna este  diligenciamiento  (Ley 600 de 2000), sino con el inciso 3º del artículo 184 de  la  Ley  906  de  2004,  sin  que  de  manera  alguna  se  aluda al principio de  favorabilidad.   

          En  suma,  somos  del  criterio  que  no era procedente declarar la  nulidad  del  auto  admisorio  de la demanda de casación mediante proveído del  1º  de  marzo  de  2012,  pues  no  se advierte violación de la estructura del  proceso  penal  y tanto menos afectación de garantías que hicieran aconsejable  retrotraer  el  diligenciamiento  a  fases  superadas,  pero,  como luego de tal  decisión  se  dispuso nuevamente admitir el libelo mediante proveído colegiado  del  pasado  7  de marzo, no nos queda camino diverso al de aclarar nuestro voto  respecto  de  esta  última decisión, en el entendido que debe darse curso a la  actuación  a  fin  de  evitar  las  proscritas dilaciones injustificadas, muy a  pesar  de  que,  como  ya  se  advirtió,  se  trate de una repetición de lo ya  surtido.   

En los anteriores términos dejamos sentada  nuestra aclaración de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  Magistrada                                                                                      Magistrado   

Fecha    ut  supra.   

De conformidad con la preceptiva del inciso  3º  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, “De  manera   excepcional,   la   Sala   Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  admitir  la  demanda  de  casación  (…)  cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

         

         

es  

“aunque  es  evidente  que  en  el  asunto  examinado  el  defensor  no  invocó la casación  excepcional   y  que  la  Corte  le admitió la demanda sin suministrar las  razones   del  por  qué  el  caso  era  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la garantía de los derechos fundamentales, fijándose de esa  manera  el límite de la impugnación, se trata de una  anomalía  que  no  es  lesiva  del debido proceso como para pensar en acudir al  mecanismo extremo de la nulidad.   

El libelo contenía un cargo de nulidad que  proyectaba  la  probabilidad de que al procesado se le hubieran transgredido sus  derechos  fundamentales  al  resultar  condenado  después  de  prescribirse  la  acción  penal  y  esa  circunstancia  facultaba la intervención de la Corte en  desarrollo  de  la  discrecionalidad prevista en el último inciso del artículo  219  del Código de Procedimiento Penal de 1991 (modificado por el 1º de la ley  553).  Y si bien es cierto esa razón debió aducirse en el auto admisorio de la  demanda,  retrotraer  el trámite para hacerlo sería  de  una  inutilidad manifiesta pues simplemente volverían a repetirse los pasos  que  se  han  surtido, lo cual significa que el acto irregular cumplió la misma  finalidad  que  habría  derivado del acto procesal regular y ello hace impropio  la  invalidación  de  lo  actuado,  en  virtud  del  denominado principio de la  instrumentalidad  de  las  formas  que  rige en materia de nulidades.   

5. Entonces: si no  procedía  la casación por la vía ordinaria, no era circunstancia para excluir  la  posibilidad  de  la  admisión de la demanda invocada a pretexto legal de la  necesidad  del  caso  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los   derechos   fundamentales.   Y   que,   pese   a   no  haberse  determinado  explícitamente  por  la Corte la razón de la admisión del libelo, aceptado el  mismo  y  surtido  el trámite legal respectivo, procede el examen atinente a la  posible   vulneración  del  debido  proceso  que  se  denunció  en  el  primer  cargo”56    (subrayas   fuera   de  texto).   

“Sobre   la  naturaleza  del  auto  por  medio  del cual se admite un libelo propuesto por la  vía  de  la casación discrecional, el criterio de la Sala no ha sido uniforme,  tanto  a la luz de los preceptos del Decreto 2700 de 1991, como de la Ley 553 de  2000  y  del nuevo estatuto procesal que reprodujo los de esta ley, pero que por  virtud   de  la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  la  sentencia  C-252  de  200157,  obligó  a revivir el trámite dispuesto en el estatuto procesal  derogado.   

     Así, se aprecia que en  determinados  casos  la  decisión de admitir el recurso por la vía excepcional  se  ha  adoptado  mediante  auto  de sustanciación y, en otras, a través de un  auto  interlocutorio proferido por la Sala, en donde se han expuesto las razones  que  conducen  a  la  Corporación  a  admitir el recurso en la medida en que se  satisfagan   los   motivos   previamente  establecidos  por  la  ley”58.   

         

pasado  1º  de  marzol proCon el respeto  debido  a  las  argumentaciones y conclusiones de la Sala mayoritaria, procedo a  exponer  las  razones  por  las  cuales he salvado el voto frente a la decisión  proferida  el pasado 22 de junio del año en curso, por cuyo medio se inadmitió  la  demanda de casación presentada por la Fiscalía contra la sentencia dictada  por  el  Juzgado Sexto Penal del Circuito de Ibagué el 14 de diciembre de 2010,  mediante  la  cual  revocó parcialmente el fallo emitido por el Juzgado Décimo  Penal  Municipal  de  la  misma  ciudad,  para en su lugar absolver al procesado  VICENTE        GUZMÁN       FORERO.   

De manera sintética puede señalarse que el  impugnante  denuncia  en  el primer yerro el hecho de tenerse por establecida en  la  sentencia  impugnada una situación de urgencia, la cual fue desvirtuada por  la   misma   historia  clínica;  en  el  segundo  refiere  la  suposición  del  consentimiento  informado  del paciente, pese a que tal situación no ocurrió y  el  correspondiente  documento  se encuentra en blanco; en el tercero alude a la  suposición  judicial  de  que  no  había tiempo para surtir el protocolo de la  etapa  de  preanestesia,  aunque  el  anestesiólogo  tuvo horas anteriores a la  cirugía para proceder a ello.   

En  el  cuarto  error  denuncia  que  en la  sentencia  se  tuvo  como normal que el anestesiólogo consintiera el suministro  de  la  anestesia  al  paciente  por  parte  de  una  auxiliar  de  enfermería,  procedimiento  que  conforme  a  la  jurisprudencia  de esta Colegiatura depende  exclusivamente del citado profesional.   

Finalmente  señala  que  los  falladores  asumieron  el  procedimiento  de  suministro  de  la  anestesia al paciente como  acorde  a  las  reglas  de  la  lex artis,  sin  tener  en  cuenta  que  no  fue  el anestesiólogo quien lo  efectuó,   amén   de   que   las   órdenes   ulteriores   de  reanimación  y  estabilización  de  la  víctima  fueron  impartidas  por  otro profesional, el  doctor         Rodrigo        Rubio.   

Conforme a lo anterior advierto que tal como  se  reconoce  en  el proveído mayoritario, el demandante anunció que acudía a  la  casación discrecional, y si bien en el desarrollo del libelo no orientó su  discurso  a  señalar  con claridad y precisión los motivos por los cuales debe  intervenir  la Corte, ya para pronunciarse con criterio de autoridad respecto de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora  para  abordar un tópico aún no desarrollado, o  también,  para  asegurar  la  protección  de  derechos  fundamentales, no debe  olvidarse  que de conformidad con la preceptiva del inciso 3º del artículo 205  de  la  Ley  600 de 2000, la Sala está facultada para admitir discrecionalmente  los  libelos  de  casación  presentados, “cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley” (subrayas fuera de texto).   

          En  efecto,  considero  que  en  el  caso de la especie se imponía  admitir  discrecionalmente el libelo, toda vez que en él se expone una serie de  eventuales  incorrecciones de apreciación probatoria, las cuales hacían por lo  menos  recomendable admitir la demanda, surtir traslado al Ministerio Público a  fin  de  escuchar  su concepto, y desde luego, emitir el fallo casacional que en  derecho correspondiera.   

No  hay  duda que si obran en la actuación  pruebas    acerca   de   que   el   doctor   GUZMÁN  FORERO  no  estuvo presente en la intervención y que  por  el  contrario,  al parecer fue reemplazado por una auxiliar de enfermería,  tal  situación  ameritaba  un  análisis  más detenido y profundo acerca de su  eventual  responsabilidad  penal  en  procura  de  asegurar  los  derechos de la  víctima  de la “perturbación síquica de carácter  permanente  (cambios  en  la  esfera mental a nivel de memoria con compromiso de  memoria   anterógrada   y   de   fijación,   de   pensamiento,   inteligencia,  abstracción, de forma predominante)”.   

          En  suma,  soy del criterio que en asuntos como el abordado resulta  especialmente  útil  la  facultad  otorgada  por  el legislador a la Corte para  admitir        “discrecionalmente”  los libelos, siempre que ello se haga a instancia de alguno de  los  sujetos  procesales,  como  ocurre  en  este caso, de modo que, reitero, lo  aconsejable  era admitir la demanda, surtir el traslado al Ministerio Público y  proferir el respectivo fallo de casación.   

En los anteriores términos dejo sentado mi  salvamento de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Magistrada  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Cfr.  folios 1-2 del cuaderno original 1.   

2 Cfr.  folio 4 ibídem.   

3 Cfr.  folio 83 ibídem.   

4 Cfr.  folio 176 ibídem.   

5 Cfr.  folios 208-216 ibídem.   

6 Cfr.  folio 224 ibídem.   

7 Cfr.  folio 235 ibídem.   

8 Cfr.  folios 343-363 del cuaderno original 2.   

9 Cfr.  folios 426-451 ibídem.   

10 Cfr.  folios 487-506 ibídem.   

11  Cfr. folio 513 ibídem.   

12  Cfr. folios 521-543 ibídem.   

13  Cfr. folios 559-578 ibídem.   

14  Cfr. folio 2 del cuaderno de la Corte.   

15  Cfr. folio 29 ibídem.   

16  Cfr. folios 6-36 ibídem.   

17  Cfr.   folio   4   del   memorial   de   casación   discrecional  a  folio  524  ibídem.   

18  Cfr.   folio   7   del   memorial   de   casación   discrecional  a  folio  528  ibídem.   

19  Cfr. folio 5 de la demanda a folio 534 ibídem.   

20  Cfr. folio 7 de la demanda a folio 536 ibídem.   

21  Ibídem.   

22  Cfr. folio 8 de la demanda a folio 537 ibídem.   

23  Cfr. folio 9 de la demanda a folio 538 ibídem.   

24  Ibídem.   

25  Cfr. folio 10 de la demanda a folio 539 ibídem.   

26  Ibídem.   

27  Cfr. folio 12 de la demanda a folio 541 ibídem.   

28  Ibídem.   

29  Cfr. folio 13 de la demanda a folio 542 ibídem.   

30  Ibídem.   

31  Ibídem.   

32  Cfr. folio 14 de la demanda a folio 543 ibídem.   

33  Ibídem.   

34  Cfr. folio 15 de la demanda a folio 544 ibídem.   

35  Cfr. folio 17 de la demanda a folio 546 ibídem.   

36  Cfr. folio 9 del alegato del no recurrente a folio 567 ibídem.   

37  Cfr. folio 10 del alegato de no recurrente a folio 568 ibídem.   

38  Cfr. folio 18 del alegato de no recurrente a folio 576 ibídem.   

39  Cfr. folio 19 del alegato de no recurrente a folio 577 ibídem.   

40 El  término  para  interponer  el recurso de casación no venció el 13 de enero de  2010,  como lo indicó erradamente el representante de la parte civil pues el 17  de diciembre no es un día hábil para la rama judicial.   

41  Cfr. folio 513 del cuaderno original del expediente.   

42  Así se expresa en el documento a folio 515 ibídem.   

43  Ibídem.   

44  Cfr. folio 516 ibídem.   

45  Cfr. folio 517 ibídem.   

46  Cfr. folio 521 ibídem.   

47  Ibídem.   

48  Cfr. folio 579 del cuaderno original 2.   

49  Ibídem.   

50  Cfr. folio 580 ibídem.   

51 La  Sala  precisa  que  a  folios  450-470  del cuaderno original 2, consta la parte  final  de  la  sentencia  de primera instancia, las constancias de notificación  personal  y por edicto de esa providencia y el inicio del memorial de apelación  al que hace referencia el defensor.   

52 La  Magistrada  María  del  Rosario  González  Muñoz  se  encontraba  de permiso,  mientras  que  el  Magistrado  Sigifredo  Espinosa Pérez estaba en comisión de  servicio.   

53  Providencia del 24 de junio de 2004. Rad. 18384.   

54  Providencia del 24 de noviembre de 2005. Rad. 24233.   

55  Sentencia C-252 del 28 de febrero de 2001.   

56  Providencia del 30 de junio de 2004. Rad. 18368.   

57  Sentencia C-252 de febrero 28 de 2001.    

58  Providencia del 24 de junio de 2004. Rad. 18384.     

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