33754(15-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 33754  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado acta N° 200  

Bogotá,  D.  C., quince (15) de junio de dos  mil once (2011)   

ASUNTO  

La Corte procede a dictar sentencia anticipada  en  el  proceso  tramitado  respecto de CARLOS REINALDO  HIGUERA  ESCALANTE  y CARLOS  JULIO  GALVIS ANAYA, quienes en calidad de ex Senadores  de  la  República  aceptaron  cargos por el punible de concierto para delinquir  agravado,  en  la  modalidad  de promocionar grupos armados al margen de la ley,  consagrado  en  el  inciso  2º  del artículo 340 de la Ley 599 de 2000, con la  modificación   introducida   por   el   artículo   8°   de   la  Ley  733  de  2002.   

MARCO FÁCTICO  

En el período comprendido entre los años de  1999   y   2001,   la  región  geográfica  del  Magdalena  Medio  Antioqueño,  Santandereano  y  Bolivarense  fue  el  escenario  de  una importante agitación  social  y  política  precipitada  por  el  rechazo  al anuncio efectuado por el  Gobierno  del  Presidente ANDRÉS PASTRANA ARANGO, referido a la implementación  de  una  zona  desmilitarizada  o  de  convivencia  ubicada en los municipios de  Yondó  (Antioquia),  San  Pablo y Cantagallo (pertenecientes al departamento de  Bolívar),    en    la    cual    se    desarrollaría    una    “Convención  Nacional”  que  permitiría  adelantar  conversaciones de paz con el grupo insurgente denominado Ejército de  Liberación  Nacional  – E.  L. N. –.   

Tal discrepancia resultó concretada por muy  diversos  sectores  sociales  liderados  por  la  Asociación  Civil para la Paz  –  Asocipaz  –  y  por  el movimiento “No  al  Despeje”,  a través de paros de  transporte,  taponamientos de vías y parálisis temporal de algunas actividades  productivas,  todo  lo  cual,  a  la postre, logró aplazar la implementación y  puesta en marcha del propósito referido.   

En  el  contexto  descrito  se configuró la  lista  única  al  Senado  de  la  República  para el año 2002, encabezada por  CARLOS  ARTURO  CLAVIJO  VARGAS,  adscrita  al movimiento político Convergencia  Popular  Cívica  – C. P. C.  –  y  compuesta  por  los  procesados   CARLOS   REINALDO   HIGUERA   ESCALANTE  y   CARLOS   JULIO  GALVIS  ANAYA,  en segundo y tercer renglón, respectivamente.   

Por lo demás, dicha conformación, junto con  la  correlativa  promoción  electoral de la plancha, fueron asumidas, con pleno  conocimiento  por  parte  de  sus  integrantes, por IVÁN ROBERTO DUQUE GAVIRIA,  alias   “Ernesto   Báez  de  la  Serna”,      “El     Doctor”,      “El     Alemán”     o     “El    Loco”,  quien  se  inició en el año de 1997 en las autodefensas como  asesor  político  de CARLOS CASTAÑO GIL y tras la creación del Bloque Central  Bolívar1,  se  desempeñó como jefe de la dirección política hasta el mes  de diciembre de 2005 cuando se desmovilizó.   

FILIACIÓN DE LOS PROCESADOS  

CARLOS    REINALDO   HIGUERA   ESCALANTE  nació  el  15  de  septiembre  de 1950 en Bucaramanga  (Santander),   hijo  de  CARLOS  HIGUERA  RUEDA  (fallecido)  y  OLGA  ESCALANTE  VALENZUELA,  identificado  civilmente  con  la  cédula  de  ciudadanía número  13’812.507  de  la  ciudad  aludida,  casado  con GILDA RUEDA COVELLI (en trámite de separación), con tres  hijos  de  nombres  CARLOS ALBERTO, MARÍA CATALINA y SILVIA JULIANA, arquitecto  de profesión, dirigente gremial y ex senador de la República.   

CARLOS  JULIO  GALVIS  ANAYA  nació  el  11 de diciembre de 1943 en Pie de Cuesta (Santander), es  hijo  de JOSÉ DEL CARMEN y MATILDE, se identifica con la cédula de ciudadanía  número  3’987.199 de Santa  Rosa  del Sur (Bolívar), casado con MARÍA ELISA RESTREPO, padre de tres hijas,  bachiller, de ocupación comerciante y ex congresista.   

CIRCUNSTANCIAS   PROCESALES  RELEVANTES  Y  TRÁMITE PRECEDENTE A LA SENTENCIA ANTICIPADA   

1. El 1 de julio de  20082,  la  Fiscalía  Veintiséis  Especializada  contra  el  Terrorismo  dispuso  la  apertura  de instrucción por el delito de concierto para delinquir  agravado  respecto  de los ex Senadores CARLOS REINALDO  HIGUERA  ESCALANTE  y CARLOS  JULIO    GALVIS    ANAYA,  quienes  fueron  escuchados  en  indagatoria  el 18 de  julio    y    el    2    de    agosto    de   20083, respectivamente.   

2.   Una   vez  vinculados,  se les resolvió su situación jurídica a través de decisión del  12       de       septiembre       de      20084,     imponiéndosele     a  HIGUERA  ESCALANTE  medida de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva,  como  presunto  coautor  responsable  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado, por promover  grupos   armados   al  margen  de  la  ley.  A  GALVIS  ANAYA,     la     Fiscalía     se    abstuvo    de  afectarlo.   

3. El 5 de marzo de  20095  se  ordenó  el  cierre  de  la  investigación al “obrar     dentro    del    expediente    prueba    necesaria    para  calificar”  y,  al  no  haber  sido  recurrida dicha  determinación,  quedó  el asunto a disposición de los sujetos procesales para  efectos  de  la  presentación de sus propuestas argumentativas relacionadas con  la calificación del mérito del sumario.   

4. Así las cosas,  el       6       de      mayo      de      20096,   el   Fiscal   Veintiséis  Especializado  de  la  Unidad  Nacional contra el Terrorismo optó por tomar dos  determinaciones.  De  un  lado,  llamó  a  responder  en  juicio  al ex senador  CARLOS   REINALDO   HIGUERA   ESCALANTE  como  presunto  autor  responsable  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  en la modalidad de promocionar grupos armados al margen de  la  ley,  conforme  a  lo  previsto  en  el inciso segundo del artículo 340 del  estatuto  punitivo  y, por otro, precluyó la investigación adelantada respecto  del    ex    Congresista    CARLOS    JULIO   GALVIS  ANAYA,    al  predicar  la  duda  en torno al compromiso de responsabilidad en  los acontecimientos que fueron analizados.    

La  Procuradora  10  Judicial  Penal  II  de  Bogotá  y  el  representante  de  la  defensa  técnica del acusado  HIGUERA  ESCALANTE  interpusieron sendos  recursos de apelación en relación con dicha resolución.   

5.  Cuando    la   actuación  permanecía  en el despacho del Vicefiscal General de la Nación (E) a la espera  de  pronunciamiento  en  torno a los instrumentos de contradicción interpuestos  de  manera  oportuna  por los sujetos procesales referidos, mediante resolución  del      5      de      marzo      de      20107,  el mencionado funcionario se  abstuvo  de  resolverlos y, en consecuencia, dispuso la remisión del expediente  a   esta  Corporación,  atendiendo  los  “recientes  pronunciamientos  de  la  Corte  Suprema de Justicia8,  en  los  que  se  define los  eventos  en  los  que  el  fuero  constitucional  se  mantiene aunque el aforado  renuncie al cargo o ya no lo ostente”.   

6. Luego, a través  de    auto    del    17    de    marzo   de   20109,  la  Sala optó por avocar el  conocimiento  del  presente  diligenciamiento, “en el  estado en que se encuentra”.   

7.    Con  posterioridad,   mediante   decisión   del  30  de  junio  de  201010, declaró que  resultaba  procedente  pronunciarse  en torno a los recursos interpuestos por la  Procuradora  10  Judicial  Penal  II  de  Bogotá  y  por el representante de la  defensa  técnica  del  acusado CARLOS REINALDO HIGUERA  ESCALANTE,  en  relación  con la resolución del 6 de  mayo  de  2009,  proferida  por el Fiscal Veintiséis Especializado de la Unidad  Nacional contra el Terrorismo.    

8.   Profirió  entonces   la   Corte   providencia   del  16  de  febrero  de  201111,  a través  de la cual tomó las decisiones que a continuación se transcriben:   

“Primero: Denegar  la  declaratoria de nulidad solicitada por el defensor  del   ex   Congresista   CARLOS   REINALDO   HIGUERA  ESCALANTE,     conforme     a     lo    considerado  precedentemente.   

Segundo:    Confirmar    de   manera   íntegra  el  numeral  primero  de  la  resolución  cuestionada,  por  cuyo  medio  se  llamó  a  responder en juicio al ex Senador  mencionado    como    presunto    autor  responsable  del  delito  de  concierto  para  delinquir agravado,  previsto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  340  de  la  Ley 599 de 2000,  modificado por el artículo 8° de la Ley 733 de 2002.   

Tercero: Reponer el  numeral  segundo  de  la  resolución recurrida y, en consecuencia, acusar   al   ex   Senador  CARLOS    JULIO    GALVIS   ANAYA   como  autor   del   delito   de  concierto   para  delinquir  agravado,  consagrado  en  el  inciso  segundo  del  artículo  340  de la Ley 599 de 2000, modificado por el artículo 8° de la Ley  733 de 2002.   

Cuarto: Decretar la  detención   preventiva,   sin   derecho   a   libertad   provisional,   del  ex  Congresista  CARLOS  JULIO  GALVIS  ANAYA,    por    su    probable    responsabilidad    como   autor  de  la  infracción  aludida.  Por  ende,  líbrese la orden de  captura correspondiente.   

Quinto:    No    sustituir  la  detención  preventiva por domiciliaria, de conformidad con lo  expuesto.   

Sexto: No suspender  la  privación  de  la  libertad  en  relación  con  el ex Senador GALVIS   ANAYA,   en   atención   a  lo  considerado en precedencia.   

Séptimo:     Revocar    el  otorgamiento  de  la  detención  domiciliaria  respecto  del ex  Senador  HIGUERA  ESCALANTE.  En  consecuencia, líbrese la  orden de detención de rigor.   

Octavo:  Remitir  copia  de  los dictámenes médico legales al Instituto Nacional Penitenciario y  Carcelario  – I. N. P. E.  C.   –,  para  los  fines  indicados en la anterior motivación.”   

Por  lo  demás, se estimó que en relación  con la   

“presente  determinación,  en atención a lo previsto en el artículo 190 de la Ley 600 de  2000,  procede  el  recurso de reposición frente a lo resuelto en los ordinales  tercero,       cuarto,      quinto,      sexto      y      séptimo.”   

9. En tal virtud, la  defensa    técnica    del    ex   Senador   de   la   República   CARLOS  JULIO  GALVIS  ANAYA  interpuso el  referido  recurso respecto de dicho auto, el cual fue resuelto de manera adversa  el      23      de      marzo      de      201112.   

10. Mientras que se  surtía  el  trámite  de  notificación  de la providencia del 16 de febrero, a  través  de escrito radicado en la Secretaría el día 23 anterior, el procesado  HIGUERA ESCALANTE solicitó a  la  Sala adelantar el trámite inherente a la sentencia anticipada, en virtud de  lo previsto en el artículo 40 de la Ley 600 de 2000.   

Sin  embargo,  la  revisión  del  memorial  referido  permitió  precisar  que la aceptación del cargo contenido en el acto  jurídico   –   procesal  complejo  constituido por la resolución del 6 de mayo de 2009, proferida por el  Fiscal  Veintiséis  Especializado  de la Unidad Nacional contra el Terrorismo y  la  providencia  del  16  de febrero de 2011, emanada de esta sede, es decir, el  concierto  para  delinquir  agravado,  en  la  modalidad  de  promocionar grupos  armados  al  margen  de  la  ley  (inciso segundo del artículo 340 del estatuto  punitivo), distaba de ser clara, inequívoca e incondicional.   

En  efecto, HIGUERA  ESCALANTE      afirmó     que     “quiero”  aceptar,  sin  especificar  con  contundencia tal reconocimiento.   

Además,   supeditó  el  sometimiento  al  otorgamiento  de  una rebaja de pena de hasta la mitad por aplicación favorable  de  la  Ley  906 de 2004 y señaló que el “concierto  se   efectuó  para  conseguir  beneficios  electorales  únicamente”.   

11. Como la falta de  claridad  evidenciada  en  la  manifestación  aludida  y  los condicionamientos  concretados  en  la  misma,  impedían  otorgarle  plena  eficacia  al  memorial  suscrito      por      el     procesado     HIGUERA  ESCALANTE,   mediante  auto  del  25  de  febrero  de  201113  se  dispuso  requerirlo  con  el  propósito  que  especificara si  aceptaba  de  forma  consciente,  libre,  voluntaria,  espontánea,  informada e  incondicional  el  cargo  puesto  de  presente,  vale  decir,  el concierto para  delinquir  agravado,  en la modalidad de promocionar grupos armados al margen de  la ley.   

Finalmente,  con  el  propósito de observar  todas   las  garantías  procesales,  en  la  misma  providencia  que  viene  de  mencionarse  (de  fecha 25 de febrero de 2011), se señaló que si el ex Senador  de  la  República  mencionado  concretaba  la  aceptación  del  cargo  en  los  términos  anotados,  imperioso  se ofrecía exhortar a su defensor para conocer  si coadyuvaba tal manifestación.   

12.  Como  todo lo  referido  ocurrió,  a  través  de  auto  del  pasado  31  de marzo14, la Sala le  otorgó  plena  eficacia  procesal  a  la  solicitud concretada por el procesado  HIGUERA ESCALANTE tendiente a  que se adelantara el trámite inherente a la sentencia anticipada.   

En  consecuencia,  teniendo  en  cuenta  que  resultaba  necesario  ingresar  el expediente al Despacho para proferir el fallo  que  en  derecho correspondía en relación con HIGUERA  ESCALANTE,  en  la  medida  en  que la aceptación del  cargo  a  él  endilgado  (concierto para delinquir agravado, en la modalidad de  promocionar  grupos  armados  al margen de la ley) se produjo antes de proferido  el  auto  que  eventualmente fijaría fecha para la celebración de audiencia de  juzgamiento  y que, para dicho momento, inevitable resultaba  continuar con  el   trámite   ordinario  en  relación  con  el  ex  congresista  CARLOS       JULIO       GALVIS  ANAYA, se dispuso la ruptura de la  unidad  procesal, ordenándose que la presente radicación persistiera frente al  primero mencionado y que se le asignara otra respecto al segundo.   

13. El 27 de abril  de    201115,   vale   decir,  luego  de  resuelto  el  recurso  de  reposición  interpuesto  contra  la  providencia del 16 de febrero de 2011 (lo cual ocurrió  el  23  de  marzo  de  2011,  tal  como  ya  se especificó), en atención a que  GALVIS   ANAYA  elevó  un  pedimento   idéntico  al  exteriorizado  por  HIGUERA  ESCALANTE,  que luego de efectuados los requerimientos  de  rigor  se  tornaba  innecesario  el  adelantamiento de una diligencia con el  propósito  que el primero de tales acusados admitiera el cargo enrostrado y que  la  situación  referida  se  ajustaba a la previsión normativa contenida en el  inciso  5º del artículo 40 de la Ley 600 de 2000, la Sala le confirió validez  a la aludida manifestación.   

Por  otro lado, en dicha oportunidad se dijo  que   como   las   circunstancias  procesales  inherentes  a  los  dos  acusados  mencionados  se  habían  equiparado, resultaba ilógico proceder con la ruptura  dispuesta a través de providencia del 31 de marzo.   

Además, a través de informe secretarial del  4        de        abril        de        201116,   se  indicó  que  no  se  había:   

“dado cumplimiento  a  la ruptura de la unidad procesal ordenada en auto de 31 de marzo del presente  año  (fl  60  a 62 – C. O.  No.  6),  por  cuanto el señor Carlos Julio Galvis Anaya presentó solicitud de  sentencia  anticipada  (fl.  63  a  65)  y  el  defensor  del  mencionado señor  coadyuvó  la  misma” (folio 68 del cuaderno original  número 6).   

14. En últimas, el  expediente   ingresó   al   Despacho  –   sin   novedad   alguna  –,  para  pronunciar la sentencia anticipada de rigor respecto de los  dos ex Senadores de la República mencionados.   

De  una  vez, debe precisarse que como en el  evento  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala  los acusados adujeron conocer y  aceptar  en  su  integridad  la  imputación  de  índole  fáctica  y jurídica  concretada   en   el  acto  jurídico  –  procesal  complejo constituido por la resolución del 6 de mayo de  2009  y  la providencia del 16 de febrero de 2011, se consideran satisfechas las  exigencias  de  la  norma  referida  (artículo  40 de la Ley 600 de 2000), para  efecto  de  adoptar  el  fallo  que en derecho corresponda, sin que haya lugar a  adelantar  diligencia  alguna para que dicha aceptación se exprese, como quiera  que  lo  que viene de reseñarse revela el respeto por los derechos y garantías  fundamentales consustanciales a los procesados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En aras de brindarle una lógica ordenación  a  la  decisión que, en estricto rigor jurídico corresponde proferir, la Corte  se    referirá    a    los   siguientes   temas,   en   el   mismo   orden   de  revelación:    

    

* La  competencia.     

    

* El  referente  conceptual de la sentencia anticipada.     

    

* El cargo atribuido a  los acusados.     

    

* Los  elementos de  convencimiento  vinculados  con  la perspectiva objetiva del delito de concierto  para   delinquir  agravado,  en  la  modalidad  de  promocionar  grupos  armados  ilegales,  y  con la posición de los ex Senadores   de   la   República   CARLOS  REINALDO     HIGUERA     ESCALANTE     y  CARLOS  JULIO GALVIS ANAYA frente a dicho punible.     

    

* El   desenlace  deductivo.     

    

* Y,  los  efectos  jurídicos.     

Pero  previo  abordaje  del  estudio  de  la  primera  de  tales  temáticas,  es preciso señalar que antes de que el acusado  GALVIS  ANAYA solicitara a la  Sala  adelantar  el  trámite  inherente  a la sentencia anticipada, su defensor  presentó  un  memorial  por cuyo medio insinúa que por razón de la entrada en  vigencia  de  la  Ley  1121  de  2006, se verificó una atipicidad sobreviniente  frente  al  delito  de  concierto  para  delinquir, agravado por promover grupos  armados  al  margen  de  la  ley (el escrito referido fue radicado el día 23 de  marzo de 2011 y la solicitud aludida el 4 de abril).   

En consecuencia, estima que el tipo penal que  se  le  puede  endilgar  a  su  representado  es  dicha  infracción, pero en su  modalidad  simple,  prevista  en  la  formulación  original  o  en  la versión  producto  de  la  modificación  introducida  por  el cuerpo normativo referido.   

En  esa línea de análisis, concluye que la  acción  penal  habría prescrito el 5 de octubre de 2007, si se tiene en cuenta  la  enunciación  inicial,  o  el  mismo  día  y mes del año 2010, conforme al  enunciado ahora vigente.   

En  este  punto,  debe  señalarse  que para  efectuar   tales   precisiones  de  orden  temporal,  el  defensor  del  acusado  GALVIS  ANAYA tomó en cuenta  la  fecha  en  la que IVÁN ROBERTO DUQUE GAVIRIA pronunció un emotivo discurso  ante  líderes  del  municipio  de  Barrancabermeja  en  San  Rafael  de Lebrija  –  Santander  –,  es  decir,  el 5 de octubre de 2001,  momento  en  el que, según dice, “era patente que la  lista existía”.   

La  reseña  que  viene  de  hacerse permite  apreciar  que  el  memorialista,  a  través  de  la  evidente inobservancia del  depurado  y ya afianzado perfil jurisprudencial relacionado con la afectación a  la  seguridad  colectiva  evidenciada  en  el artículo referido (340), pretende  restaurar  una  discusión que ya fue superada en la práctica judicial por vía  del bloque de antecedentes referido a dicha especie delictiva.   

Por   ello,  la  Sala  debe  resaltar  las  enunciaciones  que  efectuó  cuando,  en  el  marco de la providencia del 16 de  febrero  de  2011,  se  refirió  a la imputación jurídica especificada por la  Fiscalía  General  de  la  Nación. Así, en torno a la problemática planteada  por    la   defensa   de   GALVIS   ANAYA, se precisa lo siguiente:   

Lo  primero  que  debe  anotarse  es  que el  memorialista  incurre  en  un  yerro  de índole normativo al especificar que el  inciso      primero      del      artículo      340     fue     “reformado”  por  la  Ley  1121  de 2006.   

En  efecto,  la  realidad  evidencia  que el  apartado  referido no fue tratado en medida alguna por tal cuerpo normativo sino  por  la  Ley  733  de 2002, concretamente por su artículo 8º y por el 14 de la  Ley  890 de 2004, en cuanto al aumento de las penas, tan sólo observables en la  sistemática  acusatoria  de  la Ley 906 de 2004 y no en la mixta inherente a la  Ley 600 de 2000.   

Planteado de otra manera, el defensor olvida  o  desconoce  que la aplicación de la Ley 890 de 2004 se encuentra vinculada al  nuevo   sistema   procesal  implementado  por  la  Ley  906  del  2004,  esto  es,  que  debe  operar en las  mismas  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar del sistema acusatorio oral.   

Ahora, con independencia de la polémica que  se  estructuró  en  el  pasado con ocasión de la entrada en vigencia de la Ley  1121  de 2006, concretamente, de su artículo 19, relacionada con ciertos verbos  rectores    como    los    de   promover,  financiar  y  organizar  grupos  armados al margen de la ley, los  cuales,  por  estrictas  razones  de  técnica legislativa, fueron separados del  inciso  segundo del artículo 340 del Código Penal; resulta indiscutible que ya  la  Sala  ha  sido, desde hace algún tiempo, clara y reiterativa en especificar  que,   simple   y   llanamente,   la   nueva   tipificación   comprende   tales  vocablos17.   

Además,   al  resultar  más  gravosa  la  situación,  en  tanto,  como  se  sabe,  la nueva previsión agrava la sanción  privativa  de  la  libertad, la normativa precedente es la aplicable (inciso 2º  del  artículo 340 de la Ley 599 de 2000 con la modificación introducida por el  artículo  8º  de la Ley 733 de 2002). Adicionalmente, se reitera, era ésta la  vigente  para  el  momento de comisión de los acontecimientos que fueron objeto  de investigación.   

En  torno  a  lo que viene de comentarse, la  Sala resolvió lo siguiente:   

“(.  .  .)  Es  evidente,  entonces,  que  el  concierto  para  organizar,  promover o financiar  grupos  armados  al  margen de la ley, no fue suprimido del catálogo de delitos  que  contempla la nueva ley. Todo lo contrario: esa conducta fue readecuada como  comportamiento   punible   autónomo  en  el  artículo  345,  y  su  concierto,  calificado  como  circunstancia de agravación del concierto para delinquir, con  una  pena  mucho  mayor  que  la prevista en el artículo 340.2 de la Ley 599 de  2000,     modificado     por     la     Ley     733     de     2002.”18   

Por lo demás, deja de lado el representante  de  la  defensa  técnica  de GALVIS ANAYA que    el    punible   de   concierto   para   delinquir19  se realiza  de  manera  sostenida en el tiempo a través de múltiples actos y, por ende, no  se  agota con el escueto acuerdo entre un grupo político, civil o gremial y uno  paramilitar20.   

Ello  le  otorga  el  carácter de delito de  conducta  permanente y no de ejecución instantánea21,  lo que conlleva a sostener  que   su  realización  no  es  accidental  o  circunstancial  sino  continua  y  persistente22.   

No  se  pierda  de  vista que en el presente  evento,  si  bien la alianza se verificó para la concreción de la lista única  al  Senado  de   la  República  para  el  año 2002, encabezada por CARLOS  ARTURO  CLAVIJO  VARGAS  y adscrita al movimiento político Convergencia Popular  Cívica   –   C.  P.  C.  –, ésta se extendió hasta  pasado  un tiempo de verificadas las elecciones al Congreso de la República del  año  2002  (por lo menos cuatro años) a través de la alternancia de la curul.   

En  este  punto  cobra  relevancia  la ahora  inocultable   injerencia   que   tuvo  DUQUE  GAVIRIA  en  las  particularidades  inherentes  al  ejercicio  del escaño, a tal nivel que los electores acudían a  él  para  sentar su voz de protesta frente al desempeño de CLAVIJO VARGAS, que  le  pidió a HIGUERA ESCALANTE  que  la  ocupara  en  reemplazo  del  mencionado y que éste (CLAVIJO VARGAS) se  sintió  tan  amedrentado por un escrito, supuestamente enviado por el ideólogo  paramilitar,  que  optó  por entregarla y honrar, a la fuerza, el compromiso de  sucesión.   

Adicionalmente,  DUQUE  GAVIRIA informó que  exhortó    a    HIGUERA    ESCALANTE   para  que  respetara  el tercer renglón de la lista, vale decir, el  de GALVIS ANAYA.   

Así,  el  desenlace  de la asociación para  delinquir  analizada  se puede ubicar al final de la legislatura del año 2006 y  no  el  5  de  octubre  de  2001,  como  lo  sostiene  el memorialista de manera  ciertamente desatinada.   

En consecuencia, la propuesta presentada por  la   defensa   técnica  de  GALVIS  ANAYA  no  esta llamada a prosperar y así será declarado en el acápite  correspondiente.   

I. La competencia.  

El  numeral  3º  del  artículo  235  de la  Constitución  Política  prevé  que  la  Corte  Suprema  de Justicia tiene las  atribuciones de investigar y juzgar a los miembros del Congreso.   

A  su  turno,  el  parágrafo  del artículo  citado señala lo siguiente:   

“Cuando   los  funcionarios  antes  enumerados  hubieren cesado en el ejercicio de su cargo, el  fuero  sólo  se mantendrá para las conductas punibles que tengan relación con  las funciones desempeñadas.”   

Y, las cláusulas Superiores traídas en cita  son  revalidadas  a  través  del  numeral 7º del artículo 75 de la Ley 600 de  2000.   

En el evento analizado, la calidad foral que  los     acusados    HIGUERA    ESCALANTE  y  GALVIS ANAYA  tienen   se  establece  con  fundamento  en  certificaciones  expedidas  por  la  Secretaría  General  del  Senado  de  la República23    y    copiosa    prueba  testimonial24,  la  cual,  pese  al  cese  en  el  ejercicio  de  dicho cargo por  vencimiento  del  período  constitucional,  le  otorga competencia a esta Corte  para dictar el fallo que en derecho corresponda.   

Es preciso destacar que la referida facultad  se  encuentra  especificada  desde  que  en  el  auto del 17 de marzo de 2010 se  avocó   el   conocimiento  del  asunto,  teniendo  en  cuenta  que  los  hechos  jurídicamente  relevantes  que emergían de la acusación permitían evidenciar  que  la  actuación  se tramitó por un comportamiento vinculado con el cometido  oficial de los acusados.   

En   dicha   providencia   se  sostuvo  lo  siguiente:   

“De la lectura de  la  acusación,  que corresponde a la última actuación en donde se precisó la  conducta  por  la  cual  se  acusó  a  Carlos Higuera  Escalante  y  se  precluyó  la investigación a favor  de    Carlos    Julio    Galvis   Anaya,  se  pone  de  manifiesto  que  la imputación jurídica parte del  supuesto  fáctico  de  que probablemente los ex senadores se aliaron o hicieron  parte  del  movimiento  político  que  crearon  las  autodefensas con el fin de  consolidar   el   proceso   que   se   había   iniciado   con  el  ‘Movimiento  no  al  despeje del Sur de  Bolívar’.   

Dicho de otro modo, el acuerdo consistía en  convenir  la  continuación  de un proceso de expansión del paramilitarismo que  para    el   caso   se   había   iniciado   con   ocasión   del   ‘Movimiento  no  al  despeje del Sur de  Bolívar’,   y  que  se  pretendía  continuar  con la incursión en actividades electorales tendientes a  lograr   la   elección   de   sus   principales   aliados  al  Congreso  de  la  República.   

Como ha dicho la Sala,  

‘Esa  dinámica  proselitista,  conforme  ha  sido  expuesto por la Corte, no puede interpretarse  como  un  comportamiento  carente  de  ‘relación  con  las  funciones desempeñadas, cuando no se duda que  dichas     funciones    representan    el    cumplimiento    de    lo    pactado  previamente’,  por cuanto  el  parágrafo  del artículo 235 de la Constitución Política no establece que  las  conductas  punibles  cometidas  por  los Congresistas cuya investigación y  juzgamiento  corresponde  a  la  Corte Suprema de Justicia, deban ser realizadas  durante  el  desempeño  como  congresista,  sino  simplemente  que ‘tengan  relación  con  la  funciones  desempeñadas…’  25”      (negrilla      del      texto  original).       

En  torno  al  asunto  tratado,  es  preciso  replicar  lo  especificado  en  la  providencia  del  1  de  septiembre de 2009,  conforme con la cual:   

“Respecto      de     ‘delitos       propios’  el fuero congresional se mantiene en  cuanto  se  trate  de  conductas inherentes al ejercicio de la función pública  que  corresponde  a senadores y representantes (artículos 150 y ss. de la Carta  Política),  pero  a  la  par  de ello se debe acudir al referido parágrafo del  artículo  235  de  la  Constitución,  cuando  no  se trata específicamente de  ‘delitos  propios’, sino de punibles  ‘que tengan relación con  las     funciones     desempeñadas’  por  los  congresistas,  siempre que de su contexto se advierta el  vínculo  con  la  función  propia del Congreso.”26   

Además, necesario se ofrece resaltar que la  Sala  ha admitido la eventualidad de la comisión del comportamiento desvalorado  antes  de la asunción del cargo, como corresponde en este caso, como quiera que  el  criterio  interpretativo  aplica  para  los  aforados  en  general,  bajo el  entendido  que  cuando  se  accede  a una posición de poder con el apoyo de una  organización  armada  ilegal, se asume, sin vacilación, el compromiso de poner  a su servicio las funciones propias de su dignidad pública.   

En efecto, en la última oportunidad referida  la   Corte   indicó   que   el  parágrafo  del  artículo  235  constitucional  no   

“establece que las conductas a través de  las  cuales  se  dota  de  competencia  a  la Corte sean realizadas ‘durante’  el  desempeño como congresista sino  simplemente  que  ‘tengan  relación        con        las        funciones       desempeñadas’,  de  tal suerte que resulta factible  que  el  comportamiento  o  iter  criminal pueda iniciarse antes de acceder a la  curul  y  consumarse  o agotarse con posterioridad a la dejación del cargo, sin  que   por   ello   se   pierda   la   condición   de   aforado   para   efectos  penales.”   

Solo resta señalar que  el  debido  proceso  penal,  como  método  dialéctico  que  debe patrocinar el  respeto  a las garantías de los sujetos procesales, la aproximación racional a  la  verdad y la efectividad del derecho sustancial, implica que el juez natural,  en  el  presente caso esta Sala de Casación Penal, absolutamente observante del  principio   de  legalidad,  defina  materialmente  la  judicialización  de  los  acusados  en  el  marco  de  las  formas  especificadas  de  manera previa en el  ordenamiento superior y en la ley.   

II. El referente conceptual de la sentencia  anticipada.   

En   el  ámbito  teórico,  la  sentencia  anticipada,  como  especie  de  derecho premia, pretende la consolidación de la  economía  procesal,  la  realización  de  la  justicia  material, la punición  eficaz  y  cierta del infractor y la reducción de la carga misional del aparato  judicial.   

Además,  es  un  procedimiento que se surte  durante  la  fase de investigación o juzgamiento, ante un funcionario investido  de  jurisdicción,  en  el que el imputado, asistido por su defensor, cuenta con  la   posibilidad   de   renunciar  a  garantías  fundamentales  tales  como  la  presunción    de    inocencia,   la   judicialización   integral   y   la   no  autoincriminación;  que  exige como presupuesto la vinculación al trámite del  sindicado  (a  través  de  la  indagatoria);  que  comporta  una manifestación  unilateral,  espontánea  e  incondicional de responsabilidad por parte de éste  que  no admite retractación y que, por ende, va a sustentar una sentencia, cuyo  sentido  no  puede  ser  sino  condenatorio;  y  que  implica  una  disminución  sustancial  en  la  sanción,  la  cual  va a ser precisada por el juzgador, sin  intrusión  ni sugerencia alguna por parte de los intervinientes, vale decir, de  manera total y absolutamente facultativa.   

Por otro lado, se reitera que la aceptación  de  cargos en sede de un trámite de sentencia anticipada implica una confesión  simple  la  cual,  a  su  turno,  entraña  un  verdadero  esquema  de renuncias  recíprocas por parte del procesado y del Estado.   

En  efecto,  el  primero,  al  declinar  la  controversia  que  compromete  el  llamamiento  a  juicio  y  los  elementos  de  convicción  que  lo  respaldan,  pierde  interés  en  el desenlace corriente o  habitual del diligenciamiento.   

A  su  turno, el segundo, al hacer lo propio  con  el  ejercicio de sus facultades de investigación o juzgamiento, según sea  el  caso,  reconoce  que las pruebas allegadas a la actuación tienen la entidad  suficiente  para  respaldar una sentencia de condena que involucre precisión de  certeza  en  cuanto  a  la  existencia  del hecho desvalorado y el compromiso de  responsabilidad del procesado en el mismo.   

Por  lo  demás,  es preciso resaltar que el  nivel  de  conocimiento  requerido  para proferir el fallo en el sentido anotado  resulta  validado con la aceptación consciente, libre, voluntaria, espontánea,  informada  e  incondicional  de  los  punibles  endilgados  por parte del sujeto  pasivo del procedimiento.   

III.  El  cargo  enrostrado a los acusados.   

Mediante  el  acto  jurídico  –  procesal  complejo constituido por la  resolución  del  6  de  mayo  de  2009,  proferida  por  el  Fiscal Veintiséis  Especializado  de  la  Unidad Nacional contra el Terrorismo y la providencia del  16  de  febrero  de 2011, emanada de esta sede, se le reprochó a los procesados  que,  por  conducto  de  IVÁN  ROBERTO  DUQUE  GAVIRIA, se hubieran acoplado al  proyecto  político  de  las  autodefensas,  particularmente, del Bloque Central  Bolívar,   pretendiendo  la  consolidación  de  dicha  realidad  delincuencial  mediante  el  reconocimiento  de  interlocución,  al margen que ello se hubiera  verificado de manera efectiva.   

Dicho comportamiento se adecuó típicamente  en  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  en  la  modalidad  de  promocionar  grupos  armados  ilegales,  descrito  en el Libro 2º, Título XII,  artículo  340,  inciso  segundo, del Código Penal, modificado por el artículo  8º de la Ley 733 de 2002.   

En aras de la precisión, no sobra recordar  que   en   la   providencia  del  16  de  febrero  de  2011  se  anotó  lo  que  sigue:   

“Más concreto,  lo  que  deja  en  evidencia  las  probanzas  que vienen de analizarse es que el  ejercicio  democrático  colombiano  fue  infiltrado,  en  sus entrañas, por el  fenómeno  aludido,  el cual justificó su afianzamiento militar con la doctrina  de  la  contienda contra la insurgencia y de la salvaguarda, por un lado, de los  valores  proverbiales de la colectividad y, de otro, de la institucionalidad del  Estado.   

En últimas, lo que aquí se puede apreciar  es   que   la   realidad  marginal  referida  (paramilitar),  a  través  de  la  implementación  y  utilización  de  estrategias caracterizadas no sólo por la  ilegalidad,    sino   también   por   la   violencia,   ha   sido   objeto   de  instrumentalización  con el propósito de consolidar y salvaguardar novedosas y  muy  significativas,  lucrativas  y  cuestionables  preeminencias,  lo  cual  se  concreta,  en el ámbito fenomenológico, en hegemonía en el manejo de regiones  vitales,   tierras   fértiles   idóneas   para   la   implementación   de  la  agroindustria,   territorios   en   los   cuales  resultaba  viable  desarrollar  primordiales  proyectos  de  infraestructura  y  zonas geográficas con diversos  recursos naturales y alta biodiversidad.   

   

Además, señálese que los dichos de DUQUE  GAVIRIA  y  MANCUSO  GÓMEZ permiten precisar que existió una verdadera empresa  delincuencial  aplicada  a  inobservar  la  validez  del  orden  jurídico penal  mediante  la  comisión  de  delitos indeterminados y bajo reales estructuras de  mando  articuladas  en  cadena,  con  una  manifestación armada que chocaba con  poder  de  fuego con aquellos que no compartían su modo de operar, sometiendo a  la  comunidad a un régimen de sobresalto y reduciendo la actividad social a una  continua zozobra en las zonas geográficas de influencia.   

Es  que  son  los  testigos  que  en algún  momento   pertenecieron   a   dichas   agrupaciones27  los  que  suministran datos  precisos  referidos  al  suceso  analizado  y permiten a la Sala proporcionar el  adecuado  soporte  probatorio  tanto  a  las premisas que se irán consolidando,  como a las conclusiones.   

En  efecto, DUQUE GAVIRIA, MANCUSO GÓMEZ y  ARIAS  HOYOS  se  refirieron  (en mayor o menor grado) al discurrir y al influjo  geopolítico  de  las  estructuras paramilitares basado en el uso de la fuerza y  en  el  intercambio  de  prestaciones.  De  manera  específica y para lo que le  interesa  a  la  Sala,  dejaron  sentado  que  dicho aparato organizado de poder  incidió  en  la  política  a  nivel  local,  regional  y nacional mediante las  concertaciones.   

Es  más, el primero de tales ciudadanos se  refirió  a la injerencia de las autodefensas en los sucesos que determinaron la  concreción  de  la  lista  al  Senado  de  la  República  para  el  año 2002,  encabezada   por   CARLOS   ARTURO   CLAVIJO   VARGAS   e   integrada   por  los  procesados HIGUERA ESCALANTE  y  GALVIS ANAYA, en segundo y  tercer renglón, respectivamente.”   

Es  preciso señalar que en los memoriales a  los  que  la Corte le otorgó plena eficacia procesal, al servir de fundamento a  la  presente  decisión  anticipada,  los procesados se refirieron a dicho cargo  (atado  al  ilícito contexto descrito), expresando de manera consciente, libre,  voluntaria, espontánea, informada e incondicional su aceptación.   

Resáltese   que,  para  la  Sala,  dichas  manifestaciones  son  válidas  y,  en  principio, resultarían suficientes para  emitir la sentencia anticipada solicitada por los procesados.   

El  tema  referido  ha  sido  abordado de la  siguiente manera en una oportunidad precedente:   

“6. El artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000  establece  como  requisitos  para  considerar su  procedencia,  que  la  solicitud  sea  hecha  por el procesado y que se produzca  dentro  de  los  precisos  límites  establecidos  a  partir de la diligencia de  indagatoria  y hasta antes de que quede ejecutoriada la resolución de cierre de  la  investigación;  y  desde  el  momento  en  que  se  dicte la resolución de  acusación  y  hasta  antes  de  que cobre firmeza la providencia que fija fecha  para la celebración de la audiencia pública.   

( . . .)  

Si  la  petición de culminar el proceso es  expuesta   por   el   procesado   antes  de  la  ejecutoria  del  cierre  de  la  investigación,  la  Fiscalía,  si  lo  considera  necesario, podrá ampliar la  indagatoria  o  practicar pruebas dentro de un plazo máximo de ocho días, caso  en  el  cual  los  cargos  formulados  por  el Fiscal General de la Nación o su  delegado  y  la  aceptación  por parte del procesado se consignarán en un acta  suscrita  por  quienes  hayan  intervenido,  la  que  por disposición legal, es  equivalente a la resolución de acusación.   

En la fase de juzgamiento, el tratamiento es  diverso,  y  así  lo expuso la Sala, en decisión que aborda el tema, cuando la  solicitud  de  sentencia  anticipada  ha  sido presentada con posterioridad a la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación,  caso  en el cual, solo procede  respecto de los cargos formulados en la calificación del sumario:   

‘En los primeros  incisos  del  precepto en mención se consagra que la formulación de los cargos  y  su  aceptación por el procesado deben quedar consignadas en un acta suscrita  por  quienes  hayan intervenido, cuando se tramita la sentencia anticipada en la  fase  sumarial, pudiéndose ampliar la indagatoria y practicar pruebas dentro de  un plazo máximo de ocho días, para mejor proveer.   

Para  la  etapa  de  juicio,  cuando  ya el  reproche  está  afianzado  en  una  resolución  de acusación ejecutoriada, la  norma  únicamente  dispone  que  el  sindicado  acepte la responsabilidad penal  respecto  de  todos  los  cargos  allí  formulados,  sin exigir una audiencia o  diligencia   especial,   ni   suscripción   de   acta,  ni  la  asistencia  del  fiscal.   

Siendo  ello así, y dejando claro que más  que  la jurisprudencia de la Sala, constantemente reiterada en este sentido, era  la  propia  ley  vigente   para  el  momento  en  que se llevó a afecto la  referida  petición  de sentencia anticipada, Ley 81 de 1993, art. 3°, al igual  que  sucedió con la Ley 365 de 1997 y ahora con la legislación actual, Ley 600  de  2000,  la  sentencia  anticipada  en  la  causa  solo  procede  ‘respecto  de  todos  los  cargos allí  formulados’,  esto es, en  la      resolución      acusatoria’(2).   

         

Esta  posición  jurisprudencial, según la  cual,  la  solicitud  de  sentencia  anticipada  en  la  fase  de juzgamiento no  contempla  la  ampliación  de indagatoria, práctica pruebas, o suscripción de  un  acta  que  contenga  la  aceptación  de los cargos formulados, se encuentra  vigente,  por  cuanto  se  parte  de  la  formulación  de  cargos  y  no  de la  imputación hecha en la indagatoria.   

El inciso quinto del artículo 40 de la Ley  600  de  2000, que como se ha expuesto, se refiere exclusivamente al trámite de  la  sentencia  anticipada  a  la  etapa  de  juzgamiento, exige que el procesado  acepte  la  responsabilidad penal respecto de todos los cargos allí formulados,  entendiéndose    que    son    los    consignados    en   la   resolución   de  acusación.”     28   

Sin embargo, necesario se ofrece verificar la  prueba  relacionada  con la existencia del hecho desvalorado y con el compromiso  de  responsabilidad  de los procesados en el mismo, como ejercicio adicional que  posibilita el proferimiento del fallo aludido.   

Finalmente,  en  atención a que el trámite  anticipado   que   ahora   ocupa  la  atención  de  la  Corte  se  inició  por  requerimiento   expreso   e   informado  de  los  procesados,  contando  con  la  coadyuvancia  de  sus  apoderados,  debe  la  Sala  manifestar  su  extrañeza y  contrariedad   por  la  presentación  reciente  de  dos  memoriales29  (posterior  al  ingreso del expediente al Despacho para la emisión del fallo de rigor), por  cuyo   medio   el   acusado  GALVIS  ANAYA  y  el  representante  de  su  defensa  técnica  efectúan algunas  manifestaciones   tendientes  a  restringir  y  a  retrotraer  o  desvanecer  la  incondicional, clara e inequívoca aceptación del cargo referido.   

En efecto, el acusado mencionado se refirió  al  tema  de la integración de la lista al Senado de la República para el año  2002  como  un  “sano propósito de contribuir con la  paz  y  el  Desarrollo  de  mi  región y del país”.   

Por su parte, el defensor planteó una serie  de   interrogantes  vinculados  con  una  percepción  personal,  hipotética  y  descontextualizada  de los sucesos que fueron investigados y que ahora deben ser  juzgados,  que  hacen  ver  a  su  cliente  como un redentor del Magdalena Medio  Bolivarense,   región   que,   según   su   criterio,  tenía  “derecho  a  buscar una salida legal y política, eligiendo un vocero  que  pudiera  hablar  frente a frente con el Gobierno Nacional aún bajo el filo  de la navaja de los paramilitares”.   

Además,   el   abogado  señaló  que  su  representado   “nunca   buscó   vulnerar  el  bien  jurídico  tutelado”  y que lo que lo motivó fue el  “deseo  de  buscar  una  protección  de  la  misma  comunidad  que  lo  eligió para conformar la lista”.   

Por  otro  lado,  retornó  sobre el tema ya  superado   del   otorgamiento   de  rebajas  de  pena  por  diversos  conceptos,  supeditando  por  dicha vía la aceptación incondicional del cargo que el mismo  avaló.  Y,  adicionalmente, sugirió un método para tasar la pena.     

Todo lo reseñado no sólo contraría abierta  y  decididamente  la  buena fe y la lealtad procesal, sino además resulta ajeno  al  ámbito  de  desempeño  de  los  intervinientes aludidos. Por consiguiente,  resulta inadmisible e intrascendente.   

IV.  Los elementos  de   convencimiento  vinculados  con  la  perspectiva  objetiva  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  en  la  modalidad  de  promocionar grupos  armados  ilegales,  y  con  la  posición  de  los ex senadores de la República  CARLOS  REINALDO  HIGUERA  ESCALANTE  y  CARLOS  JULIO  GALVIS ANAYA frente a dicho punible.   

1.  Prima  facie, imperioso se ofrece precisar  que   los   datos   que  IVÁN  ROBERTO  DUQUE  GAVIRIA,  alias  “Ernesto    Báez    de    la    Serna”,  “El      Doctor”,  “El    Alemán”    o  “El  Loco”,  suministró  ante  diversas  autoridades  judiciales,  sirven  de  fundamento probatorio para  especificar,  desde  el  punto  de  vista  procesal,  que los sucesos que fueron  investigados  y  que  ahora  son  juzgados  verdaderamente  ocurrieron  y que la  responsabilidad  personal  de  los  procesados HIGUERA  ESCALANTE    y    GALVIS  ANAYA    se    encuentra    comprometida    en   los  mismos.   

Si lo anterior es así, como en efecto lo es,  la  Sala se encuentra frente a un evento de testigo único, escenario en el cual  se  activan con mayor intensidad los referentes de valoración y apreciación de  índole  empíricos  y  lógicos contenidos en el artículo 277 de la Ley 600 de  2000,  como  lo  son  la  naturaleza  del  objeto  percibido,  la sanidad de los  sentidos  por  cuyo  medio se aprehendió el conocimiento, las circunstancias de  tiempo,  modo  y  lugar inherentes a la apreciación del suceso; la personalidad  del  declarante;  la  forma  como  rindió  testimonio y las particularidades de  dicha ritualidad.   

Todos  los  criterios  enunciados obligan al  funcionario  judicial  a efectuar, en primer lugar, un reconocimiento endógeno,  interno  o  individual  del  medio de convencimiento, para luego concretar dicho  ejercicio  en  el  ámbito  exógeno,  externo o colectivo y así concluir si el  elemento es creíble, razonado y resistente, o no.   

Respecto  a  dicho  particular,  la  Sala ha  enseñado   que   en   materia   de   valoración  probatoria,  particularmente,  testimonial,  se  ha  superado  con  suficiencia  el  aforismo  conforme al cual  testis    unus,    testis    nullus    (testigo  único,  testigo  nulo),  en  la  medida  en que cuando el  declarante  único  es  depurado  de  las  eventuales  tachas,  insuficiencias o  carencias,  puede  y,  de  hecho,  debe ser más eficaz, desde el punto de vista  demostrativo,   que   varios   que   no   han  sido  sometidos  a  dicho  ajuste  metódico30.    

Por lo demás, no existe ninguna limitación  de  tipo  normativo que impida sustentar la definición de responsabilidad penal  en  un solo testimonio. Lo que se impone en tales eventos, conforme a las reglas  de  la  sana  crítica, es que dicho elemento probatorio sea contrastado con los  restantes  medios  de  convencimiento,  entre los que por supuesto se encuentran  los indicios.   

Recuérdese  que  en  esta  materia no cobra  contundencia  demostrativa  la  cantidad  sino  la  calidad y que, por ende, los  declarantes  no  se  cuentan  sino  que  se evalúan31.   

Justamente por lo que viene de precisare, en  la  providencia  del  16  de  febrero  pasado,  la  Sala  señaló  frente  a la  potencialidad   ilustrativa  del  dicho  del  testigo  referido,  lo  siguiente:   

“Sea lo primero  resaltar  que  el  declarante mencionado efectúa alusiones que, como se verá a  continuación,  resultan  corroboradas, en lo fundamental, con otras pruebas que  fueron  incorporadas  durante  la  fase  investigativa,  aspecto de indiscutible  importancia   cuando   se   trata  de  contrastar  el  mérito  demostrativo  de  determinado  elemento de convicción, en orden a otorgarle eficacia dentro de la  actuación.   

Por  ello,  resulta  imperioso sostener que  sólo  a  través  de  su activa vinculación con los grupos de autodefensa pudo  percatarse  de  las  diferentes  situaciones que informó a diversas autoridades  judiciales,   incluyendo   el   Fiscal   Especializado   instructor.”   

Además,   es  preciso  destacar  que,  en  realidad,  la  Sala no evidencia en DUQUE GAVIRIA alguna razón específica para  querer  perjudicar  con  sus  declaraciones  a  HIGUERA  ESCALANTE    y    GALVIS  ANAYA.   

2.  Ahora  bien,  SALVATORE    MANCUSO   GÓMEZ,   alias   “El   Mono  Mancuso”,   “Santander  Lozada”   o   “Triple  Cero”  y  DUQUE  GAVIRIA informaron que en los años  1998  y  1999  (al  interior  de  los grupos paramilitares), CARLOS CASTAÑO GIL  concibió,  organizó  y  desarrolló  una estrategia que tenía como propósito  irrumpir  en  los  niveles  local, regional y nacional de los poderes públicos.   

Los  dichos de los comandantes paramilitares  mencionados  permiten  precisar  que  tal proyecto, vale decir, la obtención de  representación   en   las   alcaldías,  gobernaciones,  concejos  municipales,  asambleas  departamentales  y  Congreso  de  la  República  (clara  maniobra de  aprehensión  del  Estado),  se conseguiría mediante el fomento de candidaturas  de  personas asociadas o seguidoras de la causa paramilitar, lo que, en últimas  consolidaría la realidad criminal referida.   

Es  necesario  señalar  que  MANCUSO GÓMEZ  precisó,  en  la sesión de versión ante la Unidad Nacional de Fiscalías para  la  Justicia  y  la  Paz  del  15  de  mayo  de 200732,  que el referido propósito  político  de  las  autodefensas  tuvo su origen en el rechazo concretado por el  gobierno  del  Presidente  ANDRÉS PASTRANA ARANGO frente a los acercamientos de  paz con las estructuras paramilitares.   

Por su parte, DUQUE GAVIRIA señaló que los  comicios  del  año  2002  fueron  los  más  viciados  de  todos  en  tanto las  votaciones   fueron   arregladas,   que   los  dirigentes  se  aliaron  con  las  autodefensas  para  acceder  al  poder  o  conservarlo  y  que  para  lograr  el  propósito  de  infiltrar  los poderes públicos, su grupo acudió al impulso de  candidaturas,   por  un  lado,  de  personas  ajenas  a  las  clases  políticas  tradicionales  de las diversas regiones de influencia paramilitar y, de otro, de  individuos pertenecientes a dichos grupos.   

El  primero  de  tales comentarios (comicios  adulterados)  coincide  con lo informado por la Internacionalista CLAUDIA NAYIBE  LÓPEZ  HERNÁNDEZ  en  testimonio  rendido el 6 de septiembre de 2006 ante esta  Corporación   (trasladado  al  presente  trámite)33.   

Para  la Corte, resulta indiscutible que la  dinámica  democrática  colombiana  fue  influida  honda y profundamente por el  paramilitarismo.  Eso es justamente lo que se desprende del enlace analítico de  los  testimonios  de  DUQUE  GAVIRIA,  MANCUSO  GÓMEZ y MARÍA DEL ROCÍO ARIAS  HOYOS34,   quien   aceptó   haber  hecho  parte  del  proyecto  político.   

3.  Ahora,  para  determinar  desde  el  punto de vista probatorio si los acusados se involucraron  en  dicho  ejercicio  de  aprehensión  ilícita del Estado, particularmente del  Congreso  de  la República, es necesario recordar que la lista única al Senado  de  la República para el año 2002, encabezada por CARLOS ARTURO CLAVIJO VARGAS  y  adscrita  al  movimiento  político Convergencia Popular Cívica –     C.     P.    C.    –,  se  concretó luego de verificado un  importante   estremecimiento   social   y   político   en  el  Magdalena  Medio  Antioqueño,  Santandereano  y  Bolivarense  que resultó encauzado por diversos  sectores  sociales  liderados  por la Asociación Civil para la Paz –       Asocipaz       –  y  por  el movimiento “No  al  Despeje”  y que tuvo como motivo  primordial  el  rechazo  al  anuncio  concretado  por el Gobierno del Presidente  ANDRÉS  PASTRANA  ARANGO,  relacionado  con  la  implementación  de  una  zona  desmilitarizada   o   de   convivencia  ubicada  en  los  municipios  de  Yondó  (Antioquia),   San   Pablo  y  Cantagallo  (pertenecientes  al  departamento  de  Bolívar),    en    la    cual    se    desarrollaría    una    “Convención  Nacional”  que  permitiría  adelantar  negociaciones  de  paz  con  el  Ejército  de  Liberación  Nacional  –  E.  L.  N. –35.   

Dicha  realidad, aunada a lo manifestado por  los  confesos  jefes  paramilitares MANCUSO GÓMEZ y DUQUE GAVIRIA, en punto del  discurrir  de  las  manifestaciones de la realidad marginal en la que estuvieron  involucrados,  permiten  concluir que con las protestas referidas se advirtió a  la  sociedad  acerca  de  la  dimensión  política  de la confrontación armada  desarrollada  en  contra de las organizaciones insurgentes y se exteriorizaba el  importante    apoyo    social    acumulado    alrededor    de    la   estrategia  paramilitar.   

En  este trámite, se intentó desdibujar lo  que  viene  de  asegurarse destacando la intervención en las protestas aludidas  de    Asocipaz    y    del    movimiento   “No   al  Despeje”.   

Pero  es  justamente tal intromisión la que  permite  reforzar demostrativamente dichas aseveraciones. Así es, DUQUE GAVIRIA  indicó  que el movimiento “No al Despeje”  fue  influenciado,  manejado y orientado por las autodefensas y  que  en los paros de transporte y en los bloqueos de vías no podían participar  él   ni   RODRIGO  PÉREZ  ALZATE,  alias  “Julián  Bolívar”,  ni,  en  general,  personal paramilitar,  pero  que todos se encontraban “en las fincas con los  radios    monitoreando,    ordenando,    manejando,    mejor    dicho    sacando  comunicados”.   

Añadió   que   Asocipaz  fue  fundada  y  organizada  por  la  estructura  delincuencial  a  la  que  pertenecía y que el  entonces  Alto Comisionado Presidencial para la Paz, CAMILO GÓMEZ ALZATE,   tenía  toda la razón cuando en sus visitas al sur del departamento de Bolívar  decía  que  detrás  de  las  movilizaciones  estaban  los paramilitares que no  querían la paz con el E. L. N.    

Es preciso no perder de vista que el Gobierno  Nacional  de  ese  entonces buscó acercarse al jefe paramilitar CARLOS CASTAÑO  GIL  con  el  propósito  de  evitar  el bloqueo de las vías. Ello fue un hecho  públicamente    conocido    que    también    fue    informado    por    DUQUE  GAVIRIA.   

Además,   resáltese  que  en  reiteradas  ocasiones36, DUQUE GAVIRIA afirmó   

que  fue  él  quien  concibió  la  idea de  transformar  Asocipaz  y  “No al Despeje”  en una opción política, en la medida en que luego del cese de  las  movilizaciones  el  Gobierno  Nacional  anunciaba nuevamente el despeje, lo  que,  a  su  vez, generaba otra protesta. Por ello, ante el fracaso de las vías  de  hecho,  resultaba  necesario formalizar y dotar de consistencia y solidez la  oposición    a    través   de   la   “legitimidad  política”.  Es  más, de manera franca y reveladora  calificó      dicha      idea      como      “de  autodefensas”37.   

Luego  de configurada la plancha mencionada,  DUQUE  GAVIRIA  se  aplicó  a  la  gestión  proselitista consecuente, la cual,  según   lo   informó,   se   convirtió   en   un   reto  personal38, casi en una  obsesión  y  en  una cuestión de orgullo, en la medida en que los demás jefes  paramilitares,  entre  ellos  CARLOS  CASTAÑO  GIL,  sostenían que su proyecto  estaba        llamado        al        fracaso39, por apoyar políticamente a  personas     extrañas     a    dicha    dinámica    y    no    “plegarse”     a     los    dirigentes  tradicionales.   

Precísese que el testigo repudiaba la clase  política  por no reaccionar cada vez que el gobierno de dicho momento anunciaba  el despeje de la zona aludida.   

Por  lo demás, ante el Fiscal Especializado  instructor,   DUQUE   GAVIRIA   reconoció   los   registros   (aportados  a  la  investigación   por  el  C.  T.  I.,  mediante  informe  del  17  de  junio  de  200840)  de  la fracción del emotivo discurso que el 5 de octubre de 2001  pronunció  ante  líderes  del  municipio  de  Barrancabermeja en San Rafael de  Lebrija    –   Santander  –,  en cuyo marco anunció  que  el lanzamiento de la lista única por todo el Magdalena Medio se hacía con  el  “liderazgo”  de  las  autodefensas,    refiriéndose    a    CLAVIJO    VARGAS    y   a   HIGUERA    ESCALANTE   como   colombianos  excepcionales,  hombres  de  bien  y  ciudadanos del común incontaminados de la  política          y         antisubversivos41.   

Además,  el testigo informó que participó  en    60042   encuentros  de  similares  características  en  el  cometido  de  promoción  electoral  al  que  se  aplicó  con  determinación y empeño y que  “el  alma y nervio” de la  elección  de  la  lista  única  referida  fue él y la organización a la cual  perteneció.   

Lo  que  viene de referirse permite precisar  que   la   definición  electoral  aludida  emergió  de  la  realidad  marginal  paramilitar.  Ello  equivale  a  sostener  que  la  lista única al Senado de la  República   fue   producto   del  desarrollo  del  proyecto  político  de  las  autodefensas en la zona del Magdalena Medio para el año 2002.   

Así,  no  es  viable  que  ninguno  de  los  individuos  que  integraron  la plancha se muestre ajeno a dicha realidad, menos  aún  cuando  ellos  mismos  reconocieron  su activa participación en Asocipaz,  asociación   fundada  y  organizada  por  paramilitares,  y  en  el  movimiento  “No    al   Despeje”,  corriente influenciada, manejada y orientada por las autodefensas.   

Por  ello,  CLAVIJO  VARGAS  informó en una  diligencia  de  declaración  rendida  el 16 de febrero de 2009, en el marco del  trámite   de   beneficios   por   colaboración   eficaz   (B-5212)43,  que        HIGUERA        ESCALANTE,  GALVIS ANAYA y  él,   coincidieron   con  “Ernesto    Báez    de    la    Serna”   y   “Julián  Bolívar”  en  varias  reuniones realizadas en diversos sitios como Puerto  Berrío,  Sabana  de Torres y Cimitarra en el año 2001, en las que se trató el  tema   del   proyecto  político  en  el  Magdalena  Medio,  el  “desarrollo  de  la  región,  obras  de infraestructura y beneficios  para     la     comunidad     y    diferentes    temas    nacionales”.   

Luego,  el  mencionado  ex  Senador (CLAVIJO  VARGAS)  aceptó  que su responsabilidad penal se encontraba comprometida en los  sucesos   que   aquí   son   objeto   de   análisis  y,  así,  fue  condenado  anticipadamente  el  30  de  septiembre de 2008 por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado de Antioquia, es decir, antes que rindiera el testimonio  que viene de comentarse.   

Retomando  la declaración de DUQUE GAVIRIA,  éste   señaló   que  durante  el  año  2001  se  aplicó  en  el  movimiento  “No  al  Despeje” y en la  salida  política  al  conflicto  con  las  autodefensas,  que en dicha gestión  concurrió     HIGUERA    ESCALANTE    en  Bucaramanga  y GALVIS ANAYA,  en  el  sur  de  Bolívar  y  que  ellos no podrían sostener que  desconocieron  la  labor  de  impulso  electoral  que  adelantó  en la zona del  Magdalena  Medio, en la que se movía como “Pedro por  su  casa”,  pese  a  tener  tres órdenes de captura  vigentes.   

Nuevamente,   resáltese  la  inocultable  influencia  que  tuvo  DUQUE  GAVIRIA  en  las  particularidades  inherentes  al  ejercicio  de  la curul, a tal nivel que las personas acudían a él para sentar  su  voz  de  protesta  frente al desempeño de CLAVIJO VARGAS (se refirió a él  como  “estafador  de  la  conciencia  del  Magdalena  Medio”),    que    le    pidió   a   HIGUERA   ESCALANTE  que  la  ocupara  en  reemplazo  del mencionado y que éste se sintió tan amedrentado por un escrito,  supuestamente  enviado  por  el  testigo  referido,  que  optó por entregarla y  observar,  mediante  coacción, el compromiso de sucesión, el cual también fue  cumplido por aquél por exhortación previa del declarante.   

Por  otro  lado, DUQUE GAVIRIA señaló que  HIGUERA    ESCALANTE   le  manifestó  que  se  sentía  bastante  identificado  con sus disertaciones, por  supuesto,     de     índole     contrainsurgente44.  Ello es confirmado con los  textos  de  los  discursos  aportados  al  expediente  por  parte  del procesado  mencionado45.   

Todo  lo  analizado  permite evidenciar que  entre  el  ideólogo  paramilitar  DUQUE  GAVIRIA  y  los  acusados HIGUERA            ESCALANTE       y       GALVIS  ANAYA  se  configuró  un vínculo  evidente  y consistente, en el  contexto  del  surgimiento,  impulso y discurrir de la lista única al Senado de  la  República  para  el  período 2002 – 2006.   

Lo anterior no se desvirtúa con el hecho de  que             los             testigos46   JORGE   ENRIQUE   HERRERA  STELLA,   OMAIRA   BALLESTEROS   CASTILLO,  JESÚS  ALEJANDRO  GALVIS  RAMÍREZ,  FRANCISCO  ARTURO SERRANO SERRANO, RICARDO RUEDA PINILLA, MARTHA RUTH VELÁSQUEZ  QUINTERO  y HUMBERTO POLANÍA GARCÍA hubieran sostenido que no les constaba que  el   ex   Senador   HIGUERA   ESCALANTE  se  relacionó  con grupos armados al margen de la ley, en la medida  en    que   el   análisis   efectuado   confirma   que   ello,   en   realidad,  ocurrió.   

Cambiando  de  óptica,  la  apreciación  conjunta   de   los   resultados  electorales  obtenidos  por  la  lista  única  referida47,  del  dicho  de  DUQUE  GAVIRIA  y  de  lo informado por el Cuerpo  Técnico     de    Investigación    –  en  informe  del  20  de enero de 200848         –,  en  el sentido de que los municipios  en  los que la plancha obtuvo más votación fueron los que pertenecen a la zona  del  Magdalena  Medio  y  que  para  los años 2000 a 2002 eran identificados, a  nivel     nacional,     como     de    “influencia  Paramilitar”,   permite   advertir  que  el  éxito  político  referido  estuvo vinculado con la presencia y actividad de los grupos  de   autodefensa  y  no  con  la  acreditada  e  indiscutible  gestión  gremial  desarrollada    por   HIGUERA   ESCALANTE,  tal  como  se  sostuvo  de manera insistente por parte de él, la  defensa  y  varios  testigos  de  descargo,  entre  ellos, JORGE ENRIQUE HERRERA  STELLA,   OMAIRA   BALLESTEROS   CASTILLO,  JESÚS  ALEJANDRO  GALVIS  RAMÍREZ,  FRANCISCO  ARTURO SERRANO SERRANO, RICARDO RUEDA PINILLA, MARTHA RUTH VELÁSQUEZ  QUINTERO y HUMBERTO POLANÍA GARCÍA.   

Pero, además de lo anterior, los resultados  electorales   informados   por  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil  evidencian  el  significativo incremento de la votación a favor de CARLOS  REINALDO  HIGUERA  ESCALANTE en el  lapso  al  cual  hacen  alusión  los  señalamientos de sus vínculos con DUQUE  GAVIRIA.   

Adicionalmente,  teniendo  en cuenta que se  logró  acreditar  que  el  proselitismo electoral de la lista fue realizado por  DUQUE  GAVIRIA,  resulta  irrelevante  para  el análisis de responsabilidad (no  así  para  la  precisión de calidad foral) la cantidad de votos obtenidos o la  victoria  electoral.  Hubiera  bastado  con un solo sufragio sin ningún tipo de  repercusión,  en  la  medida  en  que  el  mismo fue generado en el marco de la  estrategia política paramilitar.   

El asunto de la realización de reuniones con  el  propósito  de  concretar  opciones  de  acompañamiento desde la Cámara de  Representantes  a  la  lista  única  al  Senado  de la República del año 2002  –  puesto  de presente por  DUQUE   GAVIRIA   –,  es  confirmado  por  ALFREDO  VEGA  QUINTERO,  quien se desempeñó como Concejal de  Aguachica,  departamento del Cesar, al manifestar que el Bloque Central Bolívar  pretendió  incursionar  en  la zona de injerencia territorial de JUAN FRANCISCO  PRADA  MÁRQUEZ,  alias  “Juancho  Prada”,  proponiéndole  que  fuera candidato a dicha corporación para  las  elecciones  objeto  de  análisis  (del  2002)49;    así   como   por   el  propio  HIGUERA ESCALANTE, al  señalar  que buscó a dicho ciudadano (VEGA QUINTERO) para que respaldara, como  aspirante  a  la  cámara baja, su campaña al Senado y que las autodefensas del  Cesar percibieron dicha coalición como inaceptable.   

Para sintetizar, de las prácticas políticas  se  desprende  una  regla de la experiencia conforme a la cual, si alguien, más  aún  un  ideólogo  perteneciente a un grupo paramilitar con manejo territorial  como   “Ernesto   Báez   de  la  Serna”,  se  aplica al fomento electoral de un movimiento o un grupo de  candidatos,  como  ocurrió  en este evento, ello no se percibe como una escueta  manifestación  de  indulgencia,  admiración  y nobleza de espíritu, sino como  una  maniobra dirigida a obtener unos precisos y muy bien concebidos beneficios.   

Y, para que éstos (provechos) en realidad se  obtengan,  los  favorecidos con la actividad de impulso deben conocer en toda su  integridad  y  dimensión  dicha  gestión,  pues,  de  no  hacerlo, la labor de  proselitismo  electoral se desaprovecharía. Allí se configura otra pauta de la  experiencia que cobra plena aplicación en el evento analizado.   

Por   último,   la   observancia  de  las  directrices  de  la  teoría  indiciaria  permite precisar que del hecho probado  compuesto  por  la  unidad  inescindible  integrada  por  la  existencia  de las  reuniones  en  las  que  participaron  los  acusados y personal paramilitar y el  beneficio  que  se  derivó  para  aquéllos  evidenciado  en  el  fomento de su  aspiración  electoral,  resulta viable inferir la existencia de una alianza que  viabilizó  el  salto  de  la estructura armada ilegal denominada Bloque Central  Bolívar,  del  poder  de  fuego  contrainsurgente hacia el escenario político.   

         

V. El desenlace deductivo.  

Para  la  Corte,  la  estimación del caudal  probatorio  permite  concluir  con  convergencia y contundencia que CARLOS   REINALDO   HIGUERA   ESCALANTE  y  CARLOS JULIO GALVIS ANAYA, se  relacionaron  con  el  grupo de autodefensa que operaba en la zona del Magdalena  Medio  Antioqueño,  Santandereano  y Bolivarense, vale decir, el Bloque Central  Bolívar,  y  que  ello  produjo  el reconocimiento y promoción social de dicha  estructura  armada ilegal y, por ende, la consolidación en los niveles regional  y   nacional   de   inquietantes   consecuencias   que  afectaron  el  ejercicio  democrático (dado el desprestigio).   

En  últimas,  las circunstancias fácticas,  probatorias  y  jurídicas  esbozadas como fundamentos de la presente sentencia,  ponen  de  presente  el  acuerdo  ilícito que se configuró entre IVÁN ROBERTO  DUQUE   GAVIRIA,   alias   “Ernesto   Báez  de  la  Serna”,      “El  Doctor”,      “El  Alemán”    o    “El  Loco”,  ideólogo del Bloque Central Bolívar, y los  acusados  HIGUERA ESCALANTE y  CARLOS JULIO GALVIS ANAYA, lo  cual  dota  de  justificación la condena contra los ex Congresistas mencionados  por    el   cargo   que   aceptaron   en   las   condiciones   que   ya   fueron  especificadas.   

Tal   como   ya   se   precisó,   dicho  comportamiento  se  adecua en la norma que se ocupa del delito de concierto para  delinquir  agravado,  descrito  en  el  Libro  2º,  Título XII, artículo 340,  inciso  segundo,  del  Código  Penal, modificado por el artículo 8º de la Ley  733 de 2002, cuyo texto es el siguiente:   

“Cuando  varias  personas  se  concierten  con el fin de cometer delitos, cada una de ellas será  penadas,  por  esas  sola  conducta,  con  prisión  de  tres  (3)  a  seis  (6)  años.   

Cuando  el  concierto  sea  para  cometer  delitos    de   genocidio,   desaparición   forzada   de   personas,   tortura,  desplazamiento  forzado,  homicidio,  terrorismo,  tráfico  de drogas tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,  secuestro,  secuestro extorsivo,  extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos  o  testaferrato  y  conexos,  o para organizar, promover, armar o financiar grupos armados al margen  de  la  ley,  la pena será de prisión de seis (6) a doce (12) años y multa de  dos  mil  (2.000)  hasta veinte mil (20.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes” (Subrayas de la Sala).   

El  núcleo  de  la  prohibición  de  dicha  imputación  se  concentra  en  el acuerdo de voluntades, aquí demostrado, y se  enfoca   a   evitar   los   riesgos   que   se   erigen   contra   la  seguridad  pública.   

VI. Los efectos jurídicos.  

1.  La pena principal, la multa adjunta y la  sanción accesoria.   

El inciso segundo del artículo 340 de la Ley  599  de  2000,  modificado  por  el  artículo  8º de la Ley 733 de 2002, norma  aplicable  a la posición jurídica de los ex Senadores  HIGUERA  ESCALANTE  y  GALVIS  ANAYA,  prevé  una pena de seis (6) a doce (12) años  de  prisión  y  multa  de  dos  mil  (2.000) hasta veinte mil (20.000) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

Con el propósito de especificar la sanción  penal  a  imponer  a  los  acusados,  deben  tenerse  en  cuenta los parámetros  señalados  en  el artículo 61 del Código Penal relacionados con la naturaleza  y  gravedad de la conducta, como categorías que expresan la antijuridicidad del  comportamiento  y  la  dimensión del injusto, necesarias en orden a brindar una  respuesta proporcional a la agresión causada.   

         

Además,  es  preciso  que  el  ámbito  de  discrecionalidad  en  la  determinación judicial de la pena de prisión y de la  multa  acompañante,  se  representen  en  cuartos.  Estos  se estructuran de la  siguiente manera en el presente evento:   

    

* Primer  cuarto:  prisión  de 72 a 90 meses y multa de 2.000 a  6.500 salarios mensuales legales vigentes (s. m. l. m. v.).     

    

* Segundo  cuarto:  prisión  de  90  meses, 1 día a 108 meses y  multa de 6.501 a 10.750 s. m. l. m. v.     

    

* Tercer  cuarto:  prisión  de  108 meses, 1 día a 126 meses y  multa de 10.751 a 15.000 s. m. l. m. v. Y,     

    

* Último  cuarto:  prisión  de  126 meses, 1 día a 144 meses y  multa de 15.001 a 20.000 s. m. l. m. v.     

Ahora, imperioso se ofrece señalar que en el  presente  evento  se  evidenció  que  la  realidad  social  y  política de los  departamentos  de Antioquia, Santander y Bolívar no resultaba indiferente a los  ex    Senadores   HIGUERA   ESCALANTE   y  GALVIS  ANAYA,  quienes  en su condición de dirigentes gremiales tuvieron un protagónico papel  en  el  estremecimiento  social y político verificado en el Magdalena Medio con  motivo  del  rechazo  al  anuncio  del  Gobierno del Presidente ANDRÉS PASTRANA  ARANGO,  relacionado  con  la  implementación  de una zona desmilitarizada o de  convivencia    ubicada    en   los   municipios   de   Yondó,   San   Pablo   y  Cantagallo.   

Lo  anotado  se  constituiría en fundamento  para  predicar  la  validez de la circunstancia de mayor punibilidad prevista en  el numeral 9º del artículo 58 de la Ley 599 de 2000, relativa a   

“La  posición  distinguida  que  el  sentenciado  ocupe  en la sociedad por su cargo, posición  económica,    ilustración,    poder,    oficio    o    ministerio.”   

Sin  embargo,  la  Sala  declaró,  desde la  providencia  del  16  de  febrero de 2011, por cuyo medio resolvió los recursos  activados  en  relación con la resolución del 6 de mayo de 2009, proferida por  el  Fiscal Veintiséis Especializado de la Unidad Nacional contra el Terrorismo,  que  tal  agregado  a la resolución de acusación entrañaba una agravación de  la     situación     del     procesado     HIGUERA  ESCALANTE,  representado  en dicha oportunidad por uno  de los recurrentes (su defensor).   

Así,  en  atención  a  que  en  el  pliego  enjuciatorio  no  se  dedujeron  agravantes  de  ninguna  naturaleza,  la pena a  imponer  oscilará entre los parámetros de los setenta y dos (72) a los noventa  (90)  meses de prisión, que, como se ve, corresponden a los límites del primer  cuarto punitivo.   

La Sala, ubicándose en el ámbito referido y  consultando  la  norma  que  viene  de mencionarse (artículo 61), estima que la  pena  a  imponer  será el máximo establecido para el cuarto mínimo, es decir,  NOVENTA    (90)    MESES   DE   PRISIÓN,  monto  que  se  compadece  con  la gravedad del comportamiento en  concreto,  no  sólo por su expresión objetiva, sino también por la intensidad  del  dolo  que  se  manifiesta en el hecho consistente en concertarse, de manera  voluntaria,  en  la  promoción de grupos armados que operan en la ilegalidad y,  por ende, al margen de la institucionalidad.   

En este punto, no se pierda de vista el daño  generado   por   el   comportamiento   desplegado  por  los  acusados,  quienes,  defraudando  el  voto  de confianza colectivo y, en consecuencia, la dignidad de  su cargo de senadores, decidieron promover grupos paramilitares.   

Además,  resulta  incuestionable  que  la  trascendencia   y  la  connotación  de  la  conducta  descrita,  así  como  la  repercusión  nacional  e  internacional  de  la  misma, han generado un impacto  desestabilizador  al  interior de las instituciones legítimamente constituidas,  especialmente,  en  el  Congreso de la República. Por lo demás, tales factores  se  concretan  en  el  casi  insalvable  desprestigio  del  sistema democrático  nacional.    

Por  otro  lado,  es preciso señalar que el  proceder  al  que se ha hecho referencia no sólo lesionó de manera efectiva el  bien  jurídico  tutelado,  cual es, la seguridad de la comunidad, sino también  se  puede  sostener  que  contribuyó  con  el  acrecentamiento  del  estado  de  violencia  generalizado  en  el que se encuentra incursa nuestra sociedad y, por  ende,  al  rezago  general  de  tipo  estructural  en el que continúa sumido el  conglomerado local, regional y nacional.     

Todo  lo  que viene de referirse implica una  mayor   reprochabilidad  y  determina  la  imposición,  en  el  ámbito  de  la  discrecionalidad  racional,  de  la  pena privativa de la libertad prevista como  máxima para el cuarto mínimo.   

En  razón  de  dichas circunstancias y para  preservar   la   igualdad   punitiva,  la  multa  que  se  impondrá  a  los  ex  congresistas    HIGUERA    ESCALANTE    y     GALVIS     ANAYA     corresponderá   a   SEIS  MIL  QUINIENTOS  (6.500)     SALARIOS    MÍNIMOS    LEGALES    MENSUALES    VIGENTES.   

Sin   embargo,  como  quiera  que  los  ex  senadores     HIGUERA     ESCALANTE    y GALVIS ANAYA se  acogieron  a  la sentencia anticipada (en diversos momentos), luego de proferida  la  resolución  de  acusación y hasta antes de la firmeza del auto que señala  fecha  y  hora  para audiencia de juzgamiento (inciso quinto del artículo 40 de  la  Ley  600  de 2000), procede una reducción de pena que oscila entre la sexta  parte,  un  día,  y  la  tercera  parte de la sanción imponible, conforme a lo  previsto  en  el  numeral  5 del artículo 356 de la Ley 906 de 2004, norma que,  por  correlación,  resulta  viable  aplicar  en  este evento al tratarse de una  disposición  de  carácter  sustancial  que  regula una situación similar a la  contenida  en  la Ley 600 de 2000, más benigna al procesado y que no representa  un    instituto    de   equivalencia   inadmisible50.   

En atención a lo que ha precisado la Sala en  torno  a  dicho  asunto, la facultativa manifestación de responsabilidad que se  verifica  en  los  procesos  adelantados  bajo  la égida de la Ley 600 de 2000,  concretamente,  en  el intervalo procesal referido (luego de proferido el pliego  enjuiciatorio  y  hasta  antes  de  la firmeza del auto que señala fecha y hora  para  audiencia  de  juzgamiento),  se equipara con el allanamiento a los cargos  concretado  en  la audiencia preparatoria tramitada conforme a lo previsto en la  Ley 906 de 2004.   

Así se ha indicado:  

“2.3.1.   La  aceptación  de cargos en la fase de instrucción, esto es, desde la indagatoria  y  hasta  antes  de  la  ejecutoria  del  cierre de investigación (artículo 40  incisos  1  al  4  de  la Ley 600) se corresponde con la aceptación pura de los  cargos  determinados en la audiencia de formulación de imputación (arts. 288.3  en  conc.  con  el 351), dejándose en claro que para esta etapa la menor rebaja  será  -por  lo  menos-  de una tercera parte más un día, para superar así el  máximo  de  la  reducción señalado para la segunda oportunidad. Y no hay duda  que  ese  plus  reductor  (así  sea  de  un día) marca la diferencia favorable  respecto  de la rígida reducción de la tercera parte reglada para la sentencia  anticipada.   

2.3.2. El acogimiento a sentencia anticipada  en  la  causa,  vale decir, proferida la resolución acusatoria y hasta antes de  la  firmeza  del  auto  que  señala  fecha y hora para audiencia de juzgamiento  (artículo  40  inciso  5  de  la  Ley 600) se asimila con el allanamiento a los  cargos  previsto  en  el  artículo  356-5  de  la  Ley 906 de 2004, atendida la  correspondencia  existente  entre las dos fases del proceso dentro de las cuales  se  lleva  a  cabo la admisión, aclarándose igualmente que en esta oportunidad  la  menor  rebaja  será -por lo menos- de una sexta parte más un día, para de  esa  forma  superar  el  tope  máximo de la reducción prevista para la tercera  ocasión.  Asimismo,  no  vacila  el  juicio  para  afirmar que aún frente a la  recompensa  mínima,  ésta se muestra abiertamente más ventajosa que la octava  (fija)      prevista      para      la      sentencia     anticipada”51.   

Por  lo anterior, la respuesta punitiva del  Estado   se   determinará   observando  el  ámbito de disminución arriba citado, así como las condiciones  particulares de cada uno de los acusados.   

Si  bien  en  ambos  casos se verificó una  aceptación  voluntaria  del  cargo  referido  en  la  misma fase procesal, vale  decir,  luego  de  proferido el pliego enjuiciatorio y hasta antes de la firmeza  del  auto  que señala fecha y hora para audiencia de juzgamiento, una razonable  y  reflexiva  aplicación  del  instituto de justicia premial conlleva a modular  las  disminuciones  frente  a  cada  uno de los acusados, lo que en la práctica  implica conceder unas rebajas diversas.   

En efecto, no resulta equivalente solicitar a  la  Sala  adelantar  el  trámite  inherente  a la sentencia anticipada el 23 de  febrero  de  2011,  cuando  se  surtía  el  trámite  de  notificación  de  la  providencia  del  16  de  febrero,  como  lo  efectuó el procesado HIGUERA  ESCALANTE;  que  hacerlo luego de  transcurrido  más  de  un  mes,  concretamente, el 4 de abril de 2011, luego de  resuelto  el  recurso  de  reposición interpuesto contra el auto referido, como  ocurrió   en  el  caso  de  GALVIS  ANAYA.   

Sin embargo, es preciso destacar que en los  dos  eventos,  la  Sala  percibe  la referida manifestación como un acto que le  evitó  al  aparato  judicial un desgaste consistente en el íntegro agotamiento  de  la  actuación procesal (en grados diversos), con la consecuente y necesaria  aplicación  de  recursos  humanos,  técnicos  y  operativos  en  la  fase  del  procedimiento que aún debía verificarse (juzgamiento).   

Además, la aprecia como un arrepentimiento  que  en el marco del conglomerado social estimula la reflexión, contribuye a la  redención  de  la  verdad  relacionada con este lamentable fenómeno marginal y  envía   un  claro  mensaje  a  los  coasociados  acerca  de  las  consecuencias  jurídicas   de  incurrir  en  el  comportamiento  enrostrado  a  los  acusados.   

Así,       a       HIGUERA            ESCALANTE se le otorgará una rebaja de la  tercera  parte  de  la  pena correspondiente y a GALVIS  ANAYA de la cuarta.   

Ello  equivale  a  unas disminuciones en la  pena  de  prisión  y  en  la multa acompañante de treinta (30) meses y dos mil  seiscientos  sesenta  y  seis  punto sesenta y seis (2166,66), y veintidós (22)  meses   y   quince   (15)   días   y   mil   seiscientos  veinticinco  (1.625),  respectivamente.   

En  consecuencia,  la  pena  privativa  de  libertad   definitiva   imponible  a  CARLOS  REINALDO  HIGUERA     ESCALANTE    será    de    SESENTA  MESES (60) y multa de CUATRO   MIL  TRESCIENTOS  TREINTA  Y  TRES  PUNTO  TREINTA  Y  TRES  (4.333,33)    SALARIOS    MÍNIMOS    LEGALES   MENSUALES   VIGENTES.   

Y,  a CARLOS JULIO  GALVIS  ANAYA  SESENTA  Y  SIETE  (67)  MESES  Y  QUINCE (15) DÍAS de   prisión,   y  multa  de  CUATRO  MIL  OCHOCIENTOS   SETENTA  Y  CINCO  (4.875)  SALARIOS  MÍNIMOS  LEGALES  MENSUALES  VIGENTES.   

Adicionalmente,  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 52 del Código Penal, la Sala los condenará a la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  por  un tiempo igual al de la pena privativa de la libertad impuesta  a cada uno de ellos.   

2.   La  suspensión  condicional  de  la  ejecución   de   la   pena   privativa   de   la   libertad   y   la   prisión  domiciliaria.   

Tales institutos no resultan aplicables al  presente  asunto.  El  primero  porque  la  ley  sólo  autoriza  el  subrogado  frente  a penas de prisión impuestas no superiores a 3  años  y  el segundo porque sólo es viable la consideración de la sustitución  cuando  la pena mínima prevista para el delito objeto de condena sea de 5 años  o  menos.  Así  lo prevén, en su orden, los artículos 63 (numeral 1) y 38 del  Código  Penal  y resulta indiscutible que ninguna de esas condiciones se cumple  en el evento analizado.   

Dichas  razones,  de  índole  objetivo,  le  permitirían  a  la  Sala  eximirse  de  realizar consideraciones adicionales en  torno al otorgamiento de los beneficios referidos.   

Sin  embargo,  teniendo  en  cuenta  que los  mecanismos  sustitutivos  aludidos  prevén  exigencias  de carácter subjetivo,  relacionadas  no  sólo  con el destinatario de la sanción penal, sino también  con  las  modalidades  y  gravedad de la conducta punible (suspensión) y con el  peligro  a  la  comunidad  (prisión  domiciliaria),  la  Corte hace propicia la  oportunidad  para  señalar  que  desde  la  visión personal del comportamiento  desvalorado,  considera improcedentes dichas prerrogativas por considerar que se  está   en   presencia   de   un   acontecimiento   complicado,   verificado  en  circunstancias  que  representaron un riesgo permanente y agobiante para grandes  núcleos  sociales, los cuales vieron restringido el ejercicio de las libertades  públicas  y  afectados  los  mecanismos  de  participación democrática, desde  organizaciones  criminales  promovidas  por  quienes  aspiraban a ser servidores  públicos asumiendo un mandato popular.   

Surgen   así   razones  adicionales  para  sustentar las negativas.   

3.     La     indemnización     de  perjuicios.   

         

De acuerdo con lo previsto en el artículo 56  del  Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable,  no  hay  lugar  a condena en  perjuicios  en razón de no haberse probado la causación de daños materiales y  morales   con   la   conducta   que   se  les  reprochó  penalmente  a  los  ex  congresistas    HIGUERA  ESCALANTE  y  GALVIS ANAYA.   

VII. Asuntos finales.  

1. A los condenados  se  les abonará, como parte cumplida de la pena, el tiempo que llevan detenidos  carcelaria  y  domiciliariamente  por razón de esta actuación, es decir, desde  el  17  de  septiembre  de  2008  (fecha  de  suscripción  de  la diligencia de  compromiso  que  viabilizó  su  detención extramural), en lo que tiene que ver  con  HIGUERA ESCALANTE  y  a  partir  del  18  de  febrero  de  2011,  en  lo que se refiere a GALVIS ANAYA.   

2.  Por otro lado,  aunque  en  otras  ocasiones  la  Sala  ha  dispuesto expedir copias para que en  procedimiento  independiente  se  investigue  la  presunta  responsabilidad  del  condenado  en  sucesos  en  los  cuales la estructura de la que hacía parte, en  ejercicio  del  designio  criminal,  hubiera  consolidado  ataques a la dignidad  humana  y  a  la vida, en este caso en particular se abstendrá de hacerlo, como  quiera  que  no  ha  emergido  indicio  que  sugiera dicha posibilidad y, por el  contrario,  lo  que  se  conoció  a  lo  largo  del  trámite, por información  suministrada  por  el  ideólogo  de  la  organización,  es  que  los pactos se  orientaron  de  manera  exclusiva  a  obtener  ventajas electorales y, por ende,  provechos  económicos,  materializados desde los componentes social y político  del Bloque Central Bolívar.   

3.  Cambiando  de  óptica,  la  Corte  ha  contado  con  la  opción  real de precisar52  que  las  normas  instrumentales que se refieren a los mecanismos de contradicción de las  providencias   judiciales   contemplan  irrefutables  consecuencias  de  índole  sustancial,    si    se    tiene    en    cuenta    que    la    “limitación,  ampliación,  consagración,  eliminación”   de   aquéllos   puede   implicar   afectación   de  derechos  fundamentales.   

También    ha    indicado53  que cuando  una  cláusula normativa procesal con efectos sustantivos viabiliza o posibilita  un   mayor   acceso   a  la  administración  de  justicia  puede  ser  aplicada  retroactivamente54 en observancia del principio  de  favorabilidad,  conforme  al  cual,  en el ámbito penal, la ley permisiva o  benévola,  “aún  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva      o     desfavorable.”55   

Y,  en torno a la posibilidad de aplicación  favorable  de  las  normas propias de la dinámica acusatoria inherente a la Ley  906  de  2004 a los casos regidos por el estatuto de enjuiciamiento criminal del  año  2000 (Ley 600), ha señalado que ello se tornará viable siempre que tales  previsiones  no  se  refieran  a  instituciones  exclusivas  de  dicho arquetipo  procesal  y  que  exista  identidad  entre  los  referentes  fácticos  de ambos  trámites56.   

Ahora bien, como resulta indiscutible que el  tema  de  la vigilancia de la ejecución de la sanción no es representativo del  sistema  acusatorio  y  que  el supuesto de hecho, en los dos trámites, resulta  equivalente,    la   Sala,   reafirmando   lo   que   ha   decidido   en   otras  ocasiones57,   estima   que   en  este  asunto,  en  el  cual  la  sentencia    condenatoria    adquirirá    ejecutoria    formal   y  material,  también  es  viable  aplicar el parágrafo  primero   del   artículo   38  de  la  Ley  906  de  2004,  cuyo  texto  es  el  siguiente:   

“Cuando  se trate de condenados que gocen  de  fuero  constitucional  y  legal,  la  competencia  para la ejecución de las  sanciones  penales  corresponderá,  en  primera  instancia,  a  los  jueces  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad  del  lugar  donde se encuentre  cumpliendo  la  pena.  La segunda instancia corresponderá al respectivo juez de  conocimiento.”   

Lo anunciado es lo que se advierte procedente  en  la  medida en que dicha previsión normativa resulta ser más favorable para  los  intereses  de  los  condenados  HIGUERA ESCALANTE  y  GALVIS ANAYA –    judicializados    como   aforados  constitucionales   –,  al  contemplar  la  posibilidad  de  contradicción  de  las  determinaciones que se  profieran  en  el  ámbito  del  cumplimiento  de la pena mediante el recurso de  apelación.   

Es  preciso  señalar  que  respecto  a  la  concreción  de  acierto  y  legalidad  de  las  decisiones que se adopten en el  escenario  de  la  ejecución  de la sanción resulta más eficaz un trámite de  dos instancias que un diligenciamiento de único grado.   

Por  lo  que  viene  de  especificarse,  la  aplicación retroactiva de la norma referida se torna posible.   

Lo  anterior,  pese  a que el parágrafo del  artículo  20  de  la  Ley  1285  del  22  de  enero  de 2009, modificatorio del  artículo 203 de la Ley 270 de 1996, prevé lo siguiente:   

“Facúltese al Juez de la causa para que a  través  del  trámite  incidental  ejecute la multa o caución dentro del mismo  proceso”.   

Ya   se   ha   tenido  la  oportunidad  de  especificar58  que  dicha  disposición no implica que la competencia del juez de  la  causa  comprenda  la  ejecución  de  la  sanción pecuniaria de multa, como  podría considerarse inicial y desprevenidamente.   

En  efecto,  esta Corporación, a través de  providencias     del     23     de     septiembre59  y  2 de octubre60,  ambas  de  2009,  expuso  el  criterio  acerca  de  la interpretación de la norma aludida,  modulándola  en  la judicialización de altos funcionarios del Estado que gozan  de fuero constitucional.   

         

Recuérdese  que  según  el numeral 3° del  artículo  235 de la Constitución Política, la Corte Suprema de Justicia tiene  la atribución de:   

         

“Investigar  y  juzgar a los miembros del Congreso.”   

         

El alcance de tal precepto superior, como lo  ha  indicado  la  Sala,  se  circunscribe  exclusivamente a dichos cometidos (de  instrucción  y juzgamiento), en tanto el fuero es una prerrogativa que la Carta  Fundamental  establece  respecto  de  los  altos funcionarios del Estado dada su  jerarquía,  la  importancia  de  la  institución  a  la  cual  pertenecen, sus  responsabilidades públicas y la trascendencia de su investidura.   

Así,   si   irrebatible  resulta  que  la  competencia  de la Corte radica, única y exclusivamente, para la investigación  y  juzgamiento  de congresistas, como sucedió en el presente evento, lógico es  colegir  que  el fuero se extingue una vez concluye el proceso penal, pues, como  se  advirtió,  la  cláusula  constitucional  no contempla el adelantamiento de  otras  actuaciones,  extra  o  ultra  procesales,  como es la relacionada con la  ejecución  de  las  sanciones  impuestas  en  la  sentencia  que  ya ha cobrado  ejecutoria o que va a hacerlo.   

De  manera  que  el  trámite  propio  de la  ejecución  de  la  sanción penal impuesta mediante providencia en firme que ha  hecho  tránsito  a cosa juzgada no radica en la Corte Suprema de Justicia, toda  vez  que  el juicio concluye con la sentencia debidamente notificada y, así las  cosas,  el  trámite subsiguiente de la ejecución y verificación de las penas,  el  cual  no  fue  encomendado  ni  por  la  Constitución  ni por la ley a esta  Corporación,  recae  de manera exclusiva en los jueces de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad,  según lo establece el parágrafo primero del artículo  38 de la Ley 906 de 2004.   

Sin  desconocer lo expuesto precedentemente,  es  necesario  considerar  la  naturaleza del procedimiento penal, por lo que no  resulta  atendible  que una vez la sentencia se encuentre ejecutoriada se inicie  un  incidente  con  miras a obtener el pago de la pena pecuniaria de multa, dado  que   ésta   es  una  actuación  típica  del  proceso  civil,  al  involucrar  procedimientos  tales  como  la  práctica de medidas cautelares, entre ellas el  embargo  y secuestro de bienes, e incluso la iniciación de un proceso ejecutivo  si hubiere lugar a ello.   

Por tanto, resulta apropiado no desdibujar el  procedimiento  penal  para incluir trámites que hacen parte de la naturaleza de  otras especialidades del Derecho.   

Frente  al tema analizado, la Sala señaló,  en  auto del 23 de septiembre de 2009, proferido en el marco del radicado 28745,  lo que sigue:   

“El correcto entendimiento del parágrafo  transcrito  conduce a señalar que la facultad que allí se otorga al juez de la  causa  dice  relación  a  situaciones  en las que, hallándose en la actuación  procesal,  principalmente  en materia civil, laboral o administrativa, se impone  sanción  de  multa  por  razones  distintas  a la declaración o reconocimiento  final del derecho controvertido.”   

Así  las cosas, el proceso penal, cuando la  sentencia  está  ejecutoriada, llega a su fin, y por ello el juez de ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad  es  el  facultado  para la observancia del  cumplimiento  de  las  sanciones  impuestas.  De manera que el funcionario de la  causa  penal  no  podrá  entonces, por medio de trámite incidental, iniciar la  ejecución de la multa.   

Ahora  bien, podría pensarse, en principio,  que  la  Ley  1285 de 2009, por su carácter estatutario, habría modificado las  reglas de competencia en materia penal.   

No  obstante, lo cierto es que el recaudo de  la  “pena de multa”, es un  asunto  vinculado  con  la ejecución de la sanción, que le corresponde al juez  encargado de hacerla efectiva desde el punto de vista material.   

En cambio, las multas a que se refiere la Ley  1285  de  2009  son  aquéllas  que  se  imponen en el marco de un trámite y en  ejercicio  de  las  potestades  disciplinarias  con  que  cuenta  el juez. Ello,  entendiendo  que  fue ese el tema de reforma normativa y no la competencia en lo  penal.   

Para validar tal aserto basta con revisar los  antecedentes  del  proyecto  de  ley  número  23  de  2006  (del  Senado  de la  República),  los cuales dieron origen al mencionado cuerpo normativo y por cuyo  medio  se  pretendía  “adoptar medidas que permitan  superar  de manera sostenible la congestión judicial y propiciar condiciones de  eficacia   y   celeridad   en   la   administración   de   justicia”.   

Por  lo que viene de mencionarse, en el acta  del  2  de  febrero  de  2007,  correspondiente al primer debate en la Comisión  Primera   Constitucional   del   Senado,   se   propuso   precisar  los  poderes  disciplinarios  del  juez,  de  la  forma  que  a  continuación  es  objeto  de  trascripción:   

“Poderes  del  juez. Además de los casos  previstos  en  los  artículos anteriores, el Juez podrá sancionar con multa de  dos  a  cinco  salarios  mínimos  mensuales,  a las partes del proceso, o a sus  representantes o abogados, en los siguientes eventos:   

    

1. Cuando  sea  manifiesta  la  carencia  de  fundamento  legal  de  la  demanda,  excepción,  recurso,  oposición,  incidente  o trámite especial que  haya sustituido a este.   

2. Cuando   a   sabiendas   se   aleguen   hechos   contrarios   a   la  realidad.   

3. Cuando  se utilice el proceso, incidente, trámite especial que haya  sido  sustituido  a  este  o  recurso,  para  fines  claramente  ilegales  o con  propósitos dolosos o fraudulentos.   

4. Cuando  se obstruya, por acción u omisión, la práctica de pruebas  o   injustificadamente  no  suministren  oportunamente  la  información  o  los  documentos  que  estén  en  su  poder  y  les  fueren requeridos en inspección  judicial, o mediante oficio.   

5. Cuando  injustificadamente  no  presten  debida  colaboración en la  práctica de las pruebas y diligencias.   

6. Cuando   adopten  una  persistente  conducta  procesal  tendiente  a  dilatar  el  proceso  o  por  cualquier  medio  se  entorpezca reiteradamente el  desarrollo normal del proceso.     

La Corte Suprema de Justicia y el Consejo de  Estado  podrán  imponer  multa  hasta  por el valor equivalente a cien salarios  mínimos  mensuales  a  la  parte  vencida en juicio, que ya lo hubiere sido, en  más  de  tres oportunidades, ante la misma corporación en procesos surgidos de  situaciones   de   hecho   similares   y  en  los  que  se  persigan  idénticas  pretensiones.   

La  sanción  se  impondrá  por  medio  de  resolución  motivada  que  deberá  ser  notificada personalmente y sólo será  susceptible  del  recurso  de  reposición  y  a  favor de la cuenta que para el  efecto señale el Consejo Superior de la Judicatura.   

En  caso  de  reincidencia  la  sanción de  arresto  inconmutable  hasta  por  cinco días, según la gravedad de la falta y  siempre  que  la  infracción se halla dentro del año siguiente a la ejecutoria  de  la  sanción  anterior.  Una  vez  ejecutoriada  la  sanción de arresto, se  remitirá  copia  al  correspondiente funcionario de la policía del lugar, para  efectos del cumplimiento inmediato”.   

En  el  texto  definitivo  de  la  ley  se  suprimieron,  entre  otros,  los  tres  apartes  finales,  relacionados  con las  atribuciones  conferidas  a la Corte Suprema de Justicia y al Consejo de Estado,  pero  se  incluyó  en  el  artículo  20 la posibilidad de que dentro del mismo  proceso se ejecuten las multas impuestas.   

Por lo tanto, si el propósito de la ley era  adoptar  medidas  para  enfrentar  la  congestión judicial, así como brindarle  eficacia  y  celeridad  a  la  administración  de justicia, resulta lógico que  tales  designios  no se consolidan, en medida alguna, encargándole verbi  gratia  a la Corte la ejecución de  la pena de multa.   

Además,  conforme  con  los  antecedentes  legislativos  referidos, la Sala es del criterio que el parágrafo del artículo  20  de  la Ley 1285 de 2009 se refiere a la competencia para el cobro forzado de  la  multa que se impone en virtud de las potestades disciplinarias del juez y no  a la facultad para efectivizar las sanciones penales.   

En  síntesis, como una vez ejecutoriada la  sentencia  de única instancia, la Sala carece de competencia para lo relativo a  la  ejecución  de  la  pena,  procedente se ofrece que, llegado ese momento, se  remita  al  juez  de  ejecución  de penas y medidas de seguridad el proceso que  concluyó    con    la   imposición   de   la   pena   respecto   de   los   ex  Senadores.   

4.  Por  último,  la  Sala  debe  resaltar que siempre estuvo atenta al  estado  de  salud de los procesados, corriendo traslado  de  las  experticias  médicas a ellos practicadas a la autoridad penitenciaria,  con  el  propósito  que  las  observaran,  lo  que  en la práctica implicó la  “prestación  del  servicio  de  asistencia  médica  oportuna  y  el  ajuste  de  las  condiciones de reclusión a sus requerimientos  particulares”.   

Por   lo   expuesto,   la   Corte  Suprema  de Justicia, Sala  de  Casación  Penal, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.- Denegar  la  declaratoria  de prescripción de la acción penal  solicitada  por  la  defensa  técnica  de CARLOS JULIO  GALVIS   ANAYA,   conforme   a   las  consideraciones  antecedentes.   

Segundo.-    Condenar    a    CARLOS  REINALDO   HIGUERA   ESCALANTE,   cuyas   anotaciones  personales  y  civiles  se  encuentran  citadas  en esta sentencia, a la pena de  SESENTA   (60)   MESES   DE   PRISIÓN   y  multa  de CUATRO MIL TRESCIENTOS TREINTA  Y  TRES  PUNTO  TREINTA  Y  TRES  (4.333,33) SALARIOS MÍNIMOS LEGALES MENSUALES  VIGENTES,   como   autor  del  delito  de   concierto   para   promover   grupos   armados    al   margen   de            la            ley           de            que           trata          el   artículo               340,   inciso  segundo,    de   la    Ley   599                  de            2000,  modificado  por  el  artículo     8°     de    la   Ley    733    de   2002.   

Tercero.-  Condenar   a  CARLOS  JULIO  GALVIS ANAYA, de anotaciones  personales  y  civiles  referidas  en esta providencia, a la pena de   SESENTA   Y   SIETE   (67)   MESES   Y   QUINCE   (15)  DÍAS  DE  PRISIÓN  y  multa  de CUATRO  MIL  OCHOCIENTOS  SETENTA  Y  CINCO  (4.875) SALARIOS MÍNIMOS LEGALES MENSUALES  VIGENTES,   como   autor  del  delito  de  concierto para promover grupos armados al margen de la ley de que  trata  el  artículo  340,  inciso  segundo, de la Ley  599  de 2000, modificado por el artículo 8° de la Ley  733 de 2002.   

Cuarto.-  Imponer   a   los   ex  Congresistas   HIGUERA   ESCALANTE   y   GALVIS       ANAYA      la  pena  accesoria de inhabilitación de  derechos  y funciones públicas por un tiempo igual al especificado para la pena  privativa de la libertad.   

Quinto.-     Declarar  que no hay  lugar   a   condena   por   el   pago   de   daños   y   perjuicios.   

Sexto.-      Precisar   que  la  condena  de  ejecución  condicional  ni  la  prisión  domiciliaria  resultan  procedentes.  Se les abona sí,  como  parte  cumplida de la sanción corporal, el tiempo que llevan detenidos en  razón de este proceso.   

         

Séptimo.-  Ejecutoriada  la presente decisión se le suministrará la publicidad que la ley  establece  y  se  remitirá  el  cuaderno  de copias al Juzgado de Ejecución de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Reparto  que  corresponda,  para  lo de su  cargo.   

Octavo.- Contra este  fallo no procede recurso alguno.   

Líbrense  las  comunicaciones  sobre  esta  sentencia a las autoridades correspondientes.   

              CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE  Y  CÚMPLASE   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                         JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                  MARÍA              DEL             ROSARIO             GONZÁLEZ             DE  LEMOS                          

Permiso  

                                                                                                         

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                               JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  CARLOS       MARIO       JIMÉNEZ       NARANJO,      alias      “Macaco”      o     “Javier  Montañez”  y  RODRIGO  PÉREZ  ALZATE,  conocido  con  los  remoquetes  de “Julián  Bolívar”  o  “Lorenzo  González”, fungieron, en su orden, como Comandante  General y Subcomandante de dicha estructura.   

2  Folios 78 y siguientes del cuaderno original número 2.   

3  Folios  91 a 93 y 107 y 108, ibídem, junto con los correspondientes archivos de  audio.   

4  Folios 165 y siguientes, ibídem.   

5 Folio  81 del cuaderno original número 3.   

6  Folios 196 y siguientes, ibídem.   

7  Folios 21 a 26 del cuaderno original de segunda instancia.   

8  Única  instancia  31653,  auto  del  1  de septiembre de 2009. Única instancia  27032, auto del 15 de septiembre del año que avanza.   

9  Folios 6 y siguientes del cuaderno original número 4.   

10  Folios 64 y siguientes, ibídem.   

11  Folios 140 y siguientes, ibídem.   

12  Folios 21 y siguientes del cuaderno original número 6.   

13  Folios 285 y 286 del cuaderno original número 5.   

14  Folios 60 a 62 del cuaderno original número 6.   

15  Folios 91 a 93, ibídem.   

16  Folio 68. ibídem.   

17  Sentencia   del   26   de   marzo   de   2007,  proferida  dentro  del  radicado  25629.   

18  Ibídem.   

19  Como  modalidad  asociativa  de delincuencia que ante el contundente y acelerado  efecto  de  deslegitimación, debilitamiento y desestabilización del Estado que  entraña,  impone  que éste adelante las barreras colectivas de protección, lo  que   en   el   ámbito  de  la  criminalización  primaria  se  refleja  en  la  configuración de una tipología de peligro abstracto.   

20  Sentencia del 17 de agosto de 2010, radicado 26585.   

21  Providencia del 23 de septiembre de 2003, radicado 17089.   

22  Sentencia del 15 de septiembre de 2010, radicado 28835.   

23  Folios 65 y 66 del cuaderno original número 2.   

24 La  mayoría de los declarantes dan cuenta de dicho desempeño.   

25  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación penal, auto del 29 de septiembre  de 2009, proceso 29.200.   

26  Proferido en el radicado 31653.   

27  DUQUE   GAVIRIA,   MANCUSO   GÓMEZ   y   ARIAS  HOYOS  (vinculada  al  proyecto  político).   

28  Sentencia   del   9   de   septiembre   de   2009   proferida   en  el  radicado  31943.   

29  Folios 117 a 119 y 121 a 127 del cuaderno original número 6.   

30  Sentencia del 15 de diciembre de 2000, radicado 13119.   

31  Sentencia del 23 de febrero de 2010, radicado 32805.   

32  Obrante    en    el   disco   rotulado   con   el   número   3   (16:13:14   en  adelante).   

33  Folios 33 y siguientes del cuaderno original número 1.   

34  Contenidas   en   los   discos   compactos   rotulados  con  los  números  1  y  8.   

35 Ver  los  folios  136  y  siguientes  del cuaderno original número 1 y los cuadernos  anexos originales números 3, 4, 5, 6 y 7.   

36  Archivos  de  audio  rotulados  “Iván Roberto Duque  29-11-07”,              “Declaración   de   Iván   Roberto  Duque  18-03-08  1”   y  “Declaración  Iván  Roberto  Duque  21-11-08  Rad 84” contenidos, en su orden, en  los  discos  compactos  identificados  con los números 1, 5 y 8 (21:16, 58:47 y  25:50).   

37  01:01:37  del  archivo  de  audio  rotulado  “Iván  Roberto  Duque  29-11-07”  contenido  en  el  disco  compacto identificado con el número 5.   

38  Archivo   de  audio  rotulado  “Declaración  Iván  Roberto  Duque  21-11-08  Rad  84”, contenido en el  disco compacto identificado con el número 8.   

39  51:20, ibídem.   

40  Visible a folios 74 a 76 del cuaderno original número 2.   

41 Ver  disco identificado con el número 7.   

42  48:33, ibídem.   

43  Folios 74 y siguientes del cuaderno original número 3.   

44  01:38:05 y siguientes, ibídem.   

45  Obrantes en los cuadernos anexos originales números 1, 2 y 3.   

46  Folios  93  y  siguientes  y  112  y  siguientes  del  cuaderno original número  3.   

47  Folio 80 y siguientes del cuaderno original número 1.   

48  Folios 78 y siguientes, ibídem.   

49  Disco compacto número 8.   

50  Sentencias  del  8  de abril y 16 de agosto de 2008, radicados 25306 y 25304, en  su orden.   

51  Sentencia del 28 de mayo de 2008, radicado 24402.   

52  Providencia  del  16  de  febrero  de  2005  proferida  al interior del radicado  23006.   

53  Ibídem.   

54 Se  ha  reconocido  pacíficamente  en relación con las normas que se refieren a la  libertad y a la detención del procesado.   

55  Artículo 29 Superior.   

56  Auto del 4 de mayo de 2005, radicado 19094   

57 En  el   marco   de   los   juicios   identificados   con   los   números  31943  y  27941.   

58 En  los mismos diligenciamientos que vienen de señalarse.   

59  Radicado 28745.   

60  Radicado 29640.     

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