32143(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 32143  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  382         

Bogotá,   D.   C.,    veintiséis   de   octubre  de     dos     mil    once.   

Resuelve  la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto por el defensor del acusado  HÉCTOR     HELÍ    MARTÍNEZ    LEAL,   contra   la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida el 6 de marzo de 2009 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  la  cual  lo  condenó  como  autor penalmente  responsable del delito de rebelión.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica, a que se contrae  la    actuación,   fue  reseñada por el juzgador de la manera siguiente:   

“El seis (6) de  diciembre  de  dos  mil  siete  (2007),  fue  capturado  por Unidades del Cuerpo  Técnico  de Investigación, HÉCTOR HELÍ MARTÍNEZ LEAL, en cumplimiento de la  orden  de  captura  impartida  por  el Juzgado Cuarenta y Uno Penal Municipal de  Control  de  Garantías,  debido  a  la  información  suministrada  por  varios  desmovilizados  del  grupo  terrorista  ONT  FARC,  quienes refirieron conocerlo  desde  1999,  al  hacer parte de la organización subversiva, siendo considerado  como  el  jefe  de  finanzas  de los Frentes 26 y 40,  además  de  manejar  la parte logística, el tráfico de armamento de Bogotá a  los  sectores  donde  delinquían  los grupos, planear secuestros, extorsiones y  financiar         los         insumos         para        la        elaboración         de        la  cocaína”.    

2.-        El       3  de enero de  2008   la   Fiscalía  32  Seccional   de       Bogotá       presentó         escrito         de         acusación,  en  el cual le imputó al incriminado  HÉCTOR  HELÍ  MARTÍNEZ  LEAL     la    realización    del    delito     de    rebelión, definido por el artículo 467  del  Código  Penal de 2000, con las  modificaciones  punitivas  introducidas  por  el  artículo  14 de la Ley 890 de  2004.   

3.-   Ante   el   Juzgado   Cuarenta   Penal   del   Circuito   de   Conocimiento  de  Bogotá,  el   día  27  de  febrero de 2008 se llevó a cabo la audiencia de formulación  de  la  acusación  –  en  la  cual la Fiscalía acusó al imputado del referido  delito-,   el   día   2  de  julio      la     audiencia     preparatoria,    en    la    cual se resolvió sobre la pertinencia y  conducencia    de   las   pruebas   por   practicar,  pedidas  por  las partes y, posteriormente, los días  14   de   julio,  1º, 4  y   8   de   agosto  el  juicio  oral.  En   esta  última  fecha,  una    vez    culminado    el   debate  procesal,   el  Juez  de Conocimiento, Dr. Juan Pablo  Lozano           Rojas,          señaló:   

“…sería  del  caso  entrar  a  dar el sentido del fallo, si no fuera  porque  de  conformidad  con  el     artículo     50    del    C.P.P.,     que    por    cada    delito    se    adelantará  una  sola  actuación procesal. En  este  caso  se  está investigando al señor HÉCTOR HELÍ MARTÍNEZ LEAL por el  delito  de Rebelión y por ese mismo delito, como ya lo indicó el señor Fiscal  y     lo     puso     de     presente     el     señor     defensor,   lo   están  investigando  en  la  Fiscalía  31  Especializada de Derechos Humanos de Villavicencio, donde rindió  indagatoria  el  8  de  mayo  de  2007,  es  decir  allá  se  abrió primero la  investigación,  como  lo  ordena  la  Ley 600 de 2000, se abre investigación y  luego  se  rinde indagatoria, lo que quiere decir que la apertura del proceso es  antes  del  8  de mayo de 2007, aquí el proceso se inició el 7 de diciembre de  2007  con  la  formulación  de imputación, siete (7) meses después de que fue  recibido  en  indagatoria  al  procesado. El delito de Rebelión es un delito de  carácter  permanente,  como lo ha establecido la Corte Suprema de Justicia, por  eso  el  problema  jurídico consiste en determinar quién es el competente para  conocer    de    la    actuación.   El   delito   de   Rebelión   cualquier  Juzgado  o  Fiscalía  es  competente  dice  rebelde es  rebelde  contra el gobierno nacional, no es rebelde contra el alcalde, contra el  gobernador,  de  manera  que  en  cualquier parte del país, se puede iniciar la  investigación,   aquí   se  inició  la  investigación  en  la  Fiscalía  de  Villavicencio  desde antes del sistema acusatorio, lo que implica, que al señor  HÉCTOR  HELÍ MARTÍNEZ LEAL, se investiga dos veces por el mismo hecho, por lo  que    se    vulnera    el    principio    del    non    bis   in   ídem.  El Tribunal que conoció sobre  esta  situación  dijo  que  está  por  definirse  si se configura el delito de  rebelión.  Existe  una  falla  procesal  por  parte  de  la  defensa  porque la  competencia   no   se  define  por  la  nulidad,  la  competencia  se  define  por  la  impugnación  de la competencia que lo hace el  defensor  y  no  nulidad  o la definición de la competencia se define a través  del  Juzgado. Mirando el escrito de acusación se observa  que el delito de  rebelión   se   configuró  desde  antes  de  entrar  en  vigencia  el  sistema  acusatorio.  En  este  caso  se   está  hablando  solamente  del delito de  rebelión  porque  si  se  hubiera  hablado  de  actos  terroristas no somos los  competentes  para  conocer.  Ya  está definido por la Corte Suprema de Justicia  que  cuando  el  delito se comete en vigencia de los dos códigos y el delito es  de  carácter  permanente,  entonces se define la competencia por el primero que  inició  la  investigación.  Como  la  Fiscalía de Villavicencio ya inició la  investigación,      concretamente      la     Fiscalía     31     Especializada  por  ende  considera el  Juzgado  que es a esa fiscalía a quien le corresponde conocer de la actuación,  los  hechos  que  allá  se  investigan  son  los  mismos  que se juzgan en este  proceso.  La  decisión  del  Tribunal quedó en pendiente cuando dice que está  por  definirse si se configura el delito de rebelión, pero a su vez también en  Villavicencio  se  está  investigando  por  terrorismo y rebelión. Entonces la  solución  jurídica  es  la  descrita  en  el  artículo  54 y ss. del  Código  de  Procedimiento Penal, que se llama el trámite de  definición  de  competencia, y como nos encontramos en la etapa del juicio oral  se  debe  aplicar  el  inciso  segundo  del artículo 55 de la obra en cita, por  tanto  se  remitirá  el proceso a la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia  para   que   defina   la   competencia,   de  conformidad  con  la  Ley   270   de  1996,  por  tanto  se  remitirá   el   proceso   a  esa  entidad  de  manera  inmediata” (sic) (se destaca).   

La Corte, a través de providencia proferida  el  8  de  octubre  de 2008, resolvió “reiterar la  asignación  de  la  competencia  para  juzgar al señor HÉCTOR HELÍ MARTÍNEZ  LEAL,  por  el  delito  de  rebelión  de  acuerdo  con la formulación fáctica  incorporada  en  el  escrito  de  acusación,  en  el Juzgado Cuarenta Penal del  Circuito de Bogotá”.    

           

4.-   Reasumido  el  conocimiento  del  asunto  por  parte  del  Juzgado  Cuarenta  Penal  del Circuito con Funciones de  Conocimiento  de Bogotá,  pero  esta  vez bajo la dirección de la doctora Ana  Victoria  Hernández  Sánchez, el 5 de noviembre de  2008  se  anunció el sentido condenatorio del fallo, no sin antes manifestar la  funcionaria,   entre   otras   cosas,  lo siguiente:   

“…esta   juez,   considera   que  se  afectaría  el  elemento  material probatorio de volver a hacer un nuevo juicio.  Que  inclusive,  también iría en detrimento de la persona acusada y se harían  juicios  extremadamente  dispendiosos y largos en contra del sistema acusatorio.  Así  las  cosas  y sin más preámbulos considero que se ha respetado el debido  proceso,  el  derecho  a  la  defensa,  que la función es una sola, la función  judicial,  que  hay  que preservar el elemento material probatorio, la evidencia  física,  la  información  legalmente  obtenida,  que  se  está  ante  un juez  también  imparcial,  ante  un  juez  idóneo,  sin  interesar  el  nombre,  sin  interesar  sus  condiciones,  simplemente  lo  que  interesa es la función y de  igual  manera tanto el juez que instaló el juicio como la suscrita juez tenemos  obligaciones  constitucionales  y  legales  para  analizar  todo caso que se nos  presente  y llegar a una conclusión en definitiva”  (sic).   

Después  de  esto, la Juez de conocimiento  les  concedió el uso de  la  palabra  tanto  a  la  defensa  como  a  la  Fiscalía,  quienes  manifestaron  no tener observaciones a la decisión adoptada por  la funcionaria de primera instancia.   

            

4.- La sentencia  fue  proferida  el  12 de  diciembre  de 2008, y con  ella   se   puso   fin   a  la  instancia  condenando  al  acusado  HÉCTOR    HELÍ    MARTÍNEZ   LEAL  a    las   penas  principales     de  ciento  cuatro  (104)  meses  de prisión y multa en  cuantía  equivalente  a  doscientos  doce punto cinco (212.5) salarios mínimos  legales     mensuales    vigentes,    así  como  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por término igual al de la pena privativa de la  libertad,  al  tiempo  que  no  le  concedió  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  ni  la  sustitutiva de la prisión domiciliaria, entre  otras  decisiones, como consecuencia de encontrarlo autor penalmente responsable  del        delito        de       rebelión,         a    él  imputado en la acusación.   

5.- Apelada esta  determinación    por    la    defensa     -quien     solicitó declarar  la  nulidad  de lo actuado al haberse desconocido los principios de inmediación  y  concentración,  por  emitirse   el sentido del fallo y la sentencia por  parte  de  un  funcionario  diferente  al  que  instaló y desarrolló el juicio  y, de manera subsidiaria,  absolver  a su procurado por no  haberse probado  la  pertenencia  al  grupo  insurgente,  entre otras  consideraciones-,  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial      de      Bogotá,      mediante  sentencia de segunda instancia proferida el 6  de marzo  de   2009,  al  resolver  la impugnación interpuesta decidió impartirle íntegra confirmación.   

6.- Contra la sentencia de segunda instancia,  en   oportunidad  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  mediante    la   presentación   de   la   correspondiente   demanda1, sobre cuya  admisibilidad  se pronunció la Corte mediante providencia de nueve de diciembre  de  dos mil diez, en el sentido de admitir para su estudio de fondo tan sólo el  segundo   cargo   formulado   por   el   libelista2.   

LA DEMANDA  

En  el  segundo  cargo,  formulado  con  apoyo  en la causal segunda,  el  demandante  denuncia  que  la  sentencia  fue  proferida  en juicio viciado de nulidad por afectación  sustancial  a la estructura del sistema penal acusatorio, por desconocimiento de  los      principios     de     concentración     e     inmediación.             “Desconcentración  que  se  hizo  mayor  cuando  el Juez Lozano que  estuvo  presente  desde  el  inicio de la práctica de pruebas hasta la clausura  del       debate       probatorio       optó      por      suspender  la  audiencia  de  juicio  oral  y  ordenar  tramitar  una extemporánea e infundada incompetencia suya. A partir de  ese  momento  la  Audiencia  de  Juicio  Oral  se  siguió  tramitando de manera  desconcentrada  y  como  si lo anterior fuera poco, se remató con la violación  del  principio  de  inmediación  ya  que el juez Lozano se fue y el sentido del  fallo  fue  anunciado por la Juez Hernández, quien no tuvo ninguna presencia en  el    desarrollo   del   debate   probatorio   de   la   audiencia   de   juicio  oral”               (sic).   

Después   de   hacer   algunas   otras  consideraciones,   señala   que  se  violaron  los  artículos   29   y  250  de  la  Carta  Política,  toda  vez  que  un  proceso  iniciado     bajo  la  égida  del principio  de     inmediación,  continuó      tramitándose      por   el   sistema  de  la  Ley  600  de  2000  en  el que  se  aplica  el  principio  de  retención y permanencia de la  prueba,  por un juez que  no  tuvo  ninguna  presencia  en  el  debate  probatorio,  y ello dio lugar a la  configuración  de  los  errores   de  apreciación  probatoria que anuncia  formular     en     los     demás    cargos, los cuales, aclara la Sala, no  fueron admitidos a su estudio de fondo en sede extraordinaria.   

Solicita, por tanto, declarar la nulidad de  lo  actuado  en  la audiencia de juicio oral desde su inicio y, en consecuencia,  ordenar  su  repetición por parte de un funcionario  distinto  en  acatamiento  del  principio  del  juez  imparcial.  Considera  que  asimismo  debe  decretarse  la  libertad  de  su asistido, de conformidad con lo  dispuesto   en   el  artículo  317.5  de  la  Ley  906  de  2004,  “y  simultáneamente  se  lo  ponga  a  disposición del Juzgado  Primero  (1º) de Ejecución de Penas de Villavicencio para cumplimiento de pena  conforme   a   oficio   No.   008  del  8  de  febrero  de  2.008” (sic).   

            

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

En  la  audiencia de sustentación oral del  recurso       extraordinario,       se      presentaron      las      siguientes  intervenciones:   

1.-   Del   defensor   del   acusado señor HÉCTOR HELÍ MARTÍNEZ LEAL.   

En  uso  de  la  palabra,  manifestó  que  en  primer  lugar  se  ratifica  íntegramente  en  todos  los  fundamentos jurídicos y probatorios del segundo cargo de la demanda  de    casación    presentada   a   favor   de   su  asistido.   

Agrega,  no  obstante, que en la actuación  seguida  en contra de su representado se presentaron sucesivas violaciones a los  principios    de   concentración   e   inmediación   que   rigen   el   juicio  oral.   

En  ese  sentido  anota que la audiencia de  juicio  se  instaló  y  se  declaró  iniciada  el  14 de julio de 2008. En esa  ocasión,  después  de  que  su representado se declaró inocente de los cargos  que  le  habían  sido formulados por la Fiscalía, a  ésta  le  correspondía  proceder  a  sustentar su teoría del caso, pero no lo  hizo  por  no  estar  preparada para ello, y en su lugar solicitó se fijara una  nueva  fecha  para  continuar  con el juicio, lo que fue atendido favorablemente  por el juez.   

Señala      que      después   de  varias  sesiones,  llevadas  a  cabo  los  días  1º, 4 y 8 de agosto, en las  cuales  se  presentó  la  teoría  del  caso,  se  practicaron las pruebas y se  expusieron  las  alegaciones finales de las partes, a eso de las diez y cuarenta  minutos  de  la  noche  de esta última fecha, cuando el juez debía anunciar el  sentido  del  fallo,  en  lugar  de  esto  suspendió  el       proceso      y      planteó  una  definición  de competencias,  respecto  de  lo  cual la defensa decidió guardar prudente silencio a la espera  de  conocer la manera como  habría           de           resolverse  el asunto.   

Menciona      que     cuando  el proceso regresa al Juzgado, se encuentra con que el juez  que  presenció  el juicio y que tenía un máximo de  dos   horas   de  receso  para  anunciar  el  sentido  del  fallo,  es  distinto  de  quien  ahora  es la nueva titular de      ese     Despacho,    y   sin   embargo   a  los  89  días  cita  para  anunciar el sentido de la   decisión  de  fondo.     

Con  este  proceder,  dice, se violaron las  normas  que  regulan  la  concentración  del  juicio  oral,  contenidas  en los  artículos  17, 445 y 446 de la Ley 906 de 2004, pues  la  juez  que  anuncia el sentido del fallo, dicta la sentencia sin haber estado  un  segundo presente en todo el debate del juicio oral, con transgresión de los  artículos  16,  17 y 379 del Código de Procedimiento Penal, así como el Pacto  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  aprobado  por  la  Ley 74 de 1968 sobre la  garantía  de  la  plenitud  de  las  formas  propias  de  cada  juicio, pues el  principio  de  inmediación, que resultó desconocido en este caso, establece      que     el  juez debe estar presente en todo el  debate del juicio oral.   

Considera     que     como  la  juez que profirió el fallo no presenció el debate oral,  debido  a  esto incurrió  en  algunos errores probatorios, tales como convertir  un  testigo  de descargo en testigo de cargo, cambiar el nombre de un testigo, o  modificar  la  versión de un declarante en   torno   a   la   descripción  del  acusado,  para  llegar  a  conclusiones equivocadas.   

En  vista  de  lo anterior, dice, como a su  cliente  se  le  vulneró  el  derecho  a  un  juicio público, concentrado, con  inmediación  de  prueba,  y  el sentido del fallo lo anunció un juez que nunca  estuvo presente en el desarrollo de la audiencia de  juicio   oral,   resulta   indispensable   decretar  la  nulidad  del  juicio  y  disponer  su repetición,  según  lo  ordena  el artículo 454 del Código      de      Procedimiento Penal.         

Solicita, por tanto, decretar la nulidad de  lo    actuado   a   partir   de   la   audiencia   de   juicio   oral  del 14 de julio de 2008,   a   fin   de  que  se  repita  la  actuación.  Adicional  a  esto,  como  automáticamente se vencen los términos  previstos  en el artículo 317.5 del Código de Procedimiento Penal, demanda que  la  Corte  le  conceda  la libertad a su representado  y  simultáneamente  lo deje a disposición del Juez  Primero  de Ejecución de  Penas  y  Medidas  de Seguridad de Villavicencio, para que termine de cumplir la  pena   que  le  fue  impuesta  mediante  sentencia  en  firme.         

2.-  Del  Fiscal  Segundo  Delegado ante la  Corte.   

Estima,  que a pesar de que en apariencia en  este     caso     se    presentó    menoscabo    a    los    principios       de       inmediación  y  concentración en el juzgamiento de Héctor Helí  Martínez   Leal,   es  lo  cierto,  que  dicha  afectación  no tuvo ninguna incidencia de carácter  sustancial,   ni   el  casacionista  se  ocupó  en  demostrar   cómo   esa  presunta  falencia  produjo  efectos  de  irregularidad  sustancial   con   incidencia  negativa  en  las  garantías  fundamentales  del  acusado, en los términos  del  artículo  457  de  la  Ley  906  de 2004 cuando establece que es causal de  nulidad  la  violación  del  derecho  de  defensa o del debido proceso, pero en  aspectos  sustanciales,  lo  cual  significa  que los errores de estructura y de  garantía  deben  tener  incidencias  sustanciales,  a  las  cuales para nada se  refirió el demandante.   

Precisa,   que  en   la   Ley   906   de   2004   no   aparecen   disposiciones  que  consagren  de  manera expresa los  principios  que orientan la declaratoria de nulidades, como sí acontecía en la  Ley  600  de 2000, pero como lo indicó la Corte en la sentencia proferida el 30  de  marzo  de  2009  dentro  del trámite radicado con el número 30170, ello no  autoriza  para  sostener  que la actividad procesal surtida con fundamento en el  sistema penal  acusatorio  previsto   en  la  Ley  906  de  2004,  no  esté  informado  por  los postulados que tradicionalmente han  orientado las nulidades.   

Sostiene  que  haciendo esta remisión a la  Ley  600  de  2000,  el  artículo  306  de  esta normatividad es inequívoco al  establecer    que    constituye    causal      de     nulidad,  la  comprobada  existencia  de  irregularidades sustanciales que  afecten  el  debido  proceso,  entendiéndose  por  aquellas  las que generan un  resquebrajamiento   con  proyecciones  de  desestabilización  sustancial  a  la  estructura del debido proceso.   

Señala que de acuerdo con los postulados de  la  teoría  del  proceso,  dicho  resquebrajamiento  se  verifica a través del  principio  de instrumentalidad de las formas, recogido por el artículo 310.1 de  la  Ley  600  de  2000,  según el cual no se declarará la invalidez de un acto  cuando  cumpla  la  finalidad  para  la cual estaba destinado, siempre que no se  viole el derecho de defensa.   

Según  este  principio,  dice,  no  es  el  quebranto  de  las  formas por las simples formas lo que genera nulidad, sino su  quebrantamiento  estrechamente ligado con una correlativa violación del derecho  de  defensa,  garantía  que  incluye al acusado, pero que de igual manera puede  tratarse de otros sujetos procesales.   

Considera  que  el  postulado  de lo debido  instrumental,    que   desde    luego   merece  obedecimiento  y  respeto,  implica  una  necesaria  relación  de la estructura  formal  con la finalidad de las formas, lo cual significa que no es a partir del  mero  desconocimiento  de  aquellas  como  se  produce  por  reflejo inmediato y  objetivo  la  nulidad,  sino en la medida en que dicha transgresión estructural  hubiese   tenido   repercusiones   de  afectación  sustancial     en   la   garantía   del   derecho   de   defensa.   

Sostiene  que   en  tratándose   de   los   errores   in  procedendo, en la teoría general del proceso, en la  doctrina    y   en   la   jurisprudencia,   se   suele   diferenciar,   de  una  parte,  los  denominados  errores  de  estructura y,  de  otra, los errores de  garantía,  pero  para  el caso se hace necesario colocar de presente, desde una  visión  procesal  interactiva,  que  en el principio de instrumentalidad de las  formas,   en   orden   a   la   materialización  de  la  nulidad  y  la  correlativa invalidación de  lo  actuado,  las falencias de estructura y de garantía deben ser concurrentes,  y  la  última  de  ellas  consolidada  en  violación al derecho de defensa del  procesado,  corresponde objetivarse y demostrarse para no dejar la censura en un  mero enunciado.   

Anota  que  esa  violación  al  derecho de  defensa  deberá  ser  efecto  o  consecuencia de la primera, o sea de      un      error     de     estructura     y     añade    que    para    el    caso  concreto,  el  menoscabo  sustancial  a  ese  principio,  derecho  y  garantía  de  la defensa material o  técnica     del     aquí    acusado,   no   se   observa   evidenciado,   y   de   este   tema  no  se  ocupó  el demandante, ni  siquiera  en  insinuar,  ni  menos demostrar en los desarrollos y sustentaciones  del cargo segundo.   

Agrega,  que  no  obstante  la  “irritualidad  formal”, en criterio  de  la  Fiscalía,  en  el  juicio oral referido se cumplió con la finalidad de  naturaleza   sustancial    como   era  anunciar  el  sentido  del  fallo  y  proferirlo3,      pues     la     decisión   de   fondo   a  su  vez  fue objeto de apelación en  desarrollo  de  la garantía de la defensa técnica,  con  lo  cual  se  verifica  que  ese derecho fundamental, tal como lo indica el  principio   de   instrumentalidad,   no   sufrió   menoscabo    sustancial  alguno  y que, en consecuencia, el llegar a proceder  a  declarar la nulidad de lo actuado para que de nuevo se realice el juicio oral  desde   su   inicio,   no   deja   de   ser   una   declaración   de  invalidez  intrascendente.   

Además  de  lo  anterior,  advierte que el  principio     de     instrumentalidad  de  las  formas, en su concepción reglada en el artículo 310.1  de  la  Ley  600  de  2000,  corresponde  o  se corresponden sus dictados con el  postulado  constitucional  de  prevalencia  del  derecho  sustancial  que  es un  postulado   de  garantía  superior,  recogido  en  el  artículo  228  de  la Carta Política con el cual  se  interpreta, no una preeminencia de lo sustancial sobre lo formal, tampoco se  interpreta  que  es  dable  apartarse,  ni sepultar, ni olvidar, las estructuras  formales  codificadas,  sino  que  por  el contrario,  debe  haber  unos  efectos  de  equilibrio,  de  armonía  entre  lo formal y lo  sustancial.   

En consecuencia,  añade, si la violación  de  las formas conlleva un menoscabo de lo debido sustancial, la nulidad deberá  declararse,  pero si en su contrario, lo debido sustancial no se afecta ni en lo  más  mínimo, como   considera  que  aquí nunca aconteció, la invalidez de lo actuado en orden a la  repetición    del    juicio   oral   se   hace   en   un   todo  innecesaria  y  carece  de  viabilidad  procesal.   

Después  de  recordar  el  pronunciamiento  proferido       por       la       Corte   en  sentencia  de  30  de  agosto de 2008, dentro del  radicado   27192,  pide  a  la  Sala  abstenerse  de  decretar   la  nulidad   solicitada   por   el   impugnante.     

                      

SE  CONSIDERA   

Cuestión previa.  

Cierto  es,  como se alude por el  Fiscal  Delegado  que en este caso actúa como sujeto procesal  no  recurrente,  que  en  cuanto  tiene  que  ver  con  la  causal  segunda de  casación,          por         “desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial  de   su   estructura   o   de   la   garantía   debida   a  cualquiera  de  las  partes”,   cuya   configuración  inexorablemente  daría  lugar  a  declarar  la  nulidad  de  lo  actuado o de parte del trámite  procesal,             la            Sala4   tiene  precisado  que  los  motivos  de ineficacia de los actos procesales -a que  se  alude en el Libro III, Título VI, artículos 455 y siguientes de la Ley 906  de  2004-,   no  son de postulación libre, sino  que,  por  el  contrario,  se  hallan  sometidos  al  cumplimiento  de  precisos  principios que los hacen operantes.   

En  este  sentido,  la  jurisprudencia  ha  señalado  que   de  acuerdo  con  dichos  principios, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);  no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien  alegue  la  nulidad está en la obligación de acreditar  que  la  irregularidad  sustancial afecta las garantías constitucionales de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento     (trascendencia);  no se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  a  que  estaba destinado, pues lo  importante no es que el acto procesal se ajuste estrictamente a  las  formalidades  preestablecidas  en  la  ley  para su producción, sino que a  pesar  de  no  cumplirlas  estrictamente,  en  últimas  se  haya  alcanzado  la  finalidad      para      la      cual      está      destinado     (instrumentalidad)     y;  además,  que  no  existe otro remedio procesal, distinto de la  nulidad,    para    subsanar    el   yerro   que   se   advierte   (residualidad).             

De  manera  que,  como   con  acierto  es  puesto  de  presente  por  el  Fiscal  no  recurrente en este caso, en   sede   de   casación   no   basta   solamente   con  invocar la existencia de un motivo  de  ineficacia  de  lo  actuado,  sino  que  además  compete   al   demandante   precisar   el  tipo  de  irregularidad   que   alega,   demostrar   su  existencia,  acreditar  cómo  su  configuración  comporta  un  vicio  de garantía o de estructura, y, tal vez lo  más  importante,  demostrar  la trascendencia del yerro para afectar la validez  del fallo cuestionado.   

Y  si lo que se  persigue  con  la casación es denunciar la presencia de varias irregularidades,  cada  una  de  ellas con entidad suficiente para invalidar la actuación o parte  de  ella,  resulta  indispensable  que  en la demanda  se  sustenten  en  capítulos  separados y de manera  subsidiaria  si  fueren excluyentes, pues sólo así puede acatarse la exigencia  de  claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y respetarse los  principios  de  autonomía  y  de  no  contradicción  de  los  cargos  en  sede  extraordinaria.   

No  es  cierto, sin embargo, como se alude  por  el  Fiscal, que la violación del debido proceso inexorablemente debe estar  vinculada  a  la  violación  del derecho de defensa  para   que   pueda   prosperar   la   nulidad   que   se   invoque   por   dicho  motivo.   

Una tal postura no corresponde a    lo  dispuesto  por  el  artículo 457 de la Ley 906 de 2004, en cuanto establece que  “es causal de nulidad la violación del derecho de  defensa   o   del   debido   proceso   en  aspectos  sustanciales”.   

Cuando    la    norma    alude    a    los    “aspectos   sustanciales”,   dice   relación  no  a  la  violación  de  otras  garantías  fundamentales  distintas  del  debido  proceso constitucional, sino a la entidad  del  vicio  detectado,  pues  en materia de nulidades  procesales  no se trata de decretar la ineficacia de  lo  actuado  tras  advertir  la existencia de cualquier irritualidad,  asaz, irrelevante, sino tan   sólo  de  aquellas  que  puedan  comprometer  severamente la estructura conceptual del  modelo  de  enjuiciamiento  penal,  o las garantías  constitucionalmente  establecidas  a  favor de las partes e intervinientes en el  proceso.      

Cosa  distinta  es  que  por  virtud  del  principio  de instrumentalidad de las formas, pese a detectarse la existencia de  una  irritualidad  procesal,  no  resulte  posible declarar la nulidad cuando se  establezca   que   el  acto  irregular  cumplió  la  finalidad para la cual estaba destinado, siempre que  no  se  viole  el  derecho a la defensa, pues  una  tal  consideración,  normativamente  establecida en el  artículo  310.1 de la Ley  600   de   2000,   apunta  es  a  denotar  que  la  inocuidad  del  desacierto  deriva de que se trate de  un  yerro  que  por  su poca entidad y trascendencia  no  solamente no comprometa la estructura conceptual  del  proceso  y  tampoco lesione el derecho de defensa,  sino que cumpla el  propósito    perseguido    por    el    legislador    al    establecer    dicha  actuación.   

Aclarado   lo   anterior,   pertinente  se  ofrece  resaltar,  como  es  señalado  por el  Fiscal  no recurrente, que constituye causal de nulidad la comprobada existencia  de    irregularidades   sustanciales   que   afecten   el  debido  proceso,  para  lo  cual  es    necesario   destacar          aquellos aspectos  que      resultan      característicos  del  modelo de procesamiento penal  establecido  en  la  Ley  906  de  2004,  los cuales  incluso  han sido puestos de presente por el Tribunal Constitucional    de    la    manera    siguiente5:   

“3.4.4.3.     Los     rasgos    estructurales    del   procedimiento   penal  han sido objeto de una modificación  considerable  a  través  del  Acto  Legislativo  No. 3 de 2002, en la medida en  que:   

“(a)  En  cuanto  a  las  etapas  del  procedimiento, se mantuvo  la    distinción    entre    la    fase    de    investigación    –encaminada  a  determinar  si  hay  méritos  para  acusar-  y  la  fase  de  juzgamiento, pero se otorgó una clara  preponderancia,   bajo   el   nuevo   sistema,  a  ésta  última;  ya  se vio cómo el Constituyente derivado de 2002 caracterizó el  juicio  penal  como  una  etapa  regida  por  la  oralidad,  la  publicidad,  la  inmediación  de  las pruebas, la contradicción, la concentración y el respeto  por  todas las garantías fundamentales. La  etapa del juicio se constituye, así, en el centro de gravedad  del    proceso    penal    bajo    el    sistema    instituido   por   el   Acto  Legislativo,  a  diferencia del sistema de 1991, que  conservó   la   importancia   de   la   etapa   de   investigación6. En efecto,  bajo  el  sistema preexistente, es durante la investigación que lleva a cabo la  Fiscalía  que  se practican y valoran las pruebas que obran dentro del proceso,  por  parte de un funcionario que ejerce funciones judiciales e investigativas al  mismo  tiempo.  En  virtud  del Acto Legislativo, el  trabajo  investigativo  de la Fiscalía constituye más una preparación para el  juicio,  que  es  público  y  oral,  durante  el  cual  (i)  se  practicarán y  valorarán,  en  forma  pública  y con participación directa del imputado, las  pruebas  que  se  hayan  podido  recaudar,  en  aplicación de los principios de  inmediación        judicial    y   contradicción  de  la  prueba,  (ii)  se  aplicará  el  principio  de  concentración,  en virtud del cual las  pruebas  serán  evaluadas en su integridad y de manera global durante una etapa  procesal  de  corta  duración  que otorgue al juez, y al jurado según el caso,  una  visión de conjunto y le permita fundamentar sus decisiones en la totalidad  de  las  pruebas  existentes,  y  (iii) se adoptarán, con igual publicidad, las  decisiones  definitivas  a  las  que  haya  lugar respecto de la responsabilidad  penal del acusado” (se destaca).   

La   Sala7,  por su parte, en referencia  al  modelo  de  procesamiento penal de que trata la Ley 906 de 2004, al examinar  los  principios  de concentración, inmediación e inmutabilidad judicial,   así  como  la  previsión  del  inciso  tercero  del artículo 454 del Estatuto  Procesal  en comento sobre la repetición del juicio por la nociva prolongación  del  término  de suspensión o por el cambio de juez, precisó que la etapa del  juicio  se  constituye  en  el eje fundamental del nuevo modelo de procesamiento  penal,  en  el cual los principios de inmediación y concentración de la prueba  se  manifiestan  en el desarrollo de un debate público y oral, con la práctica  e  inmediata  valoración  de  las  pruebas  recaudadas  y con la participación  directa    del    imputado.    De   este   modo,   señaló   que   “el   principio   de   concentración  se  materializa  con  esa  evaluación  en  un  espacio  de  tiempo  que  le permita al juez fundamentar su  decisión  en  la  totalidad  del  acervo  probatorio  que se ha recaudado en su  presencia”.   

Precisó      que      “atendiendo     a     los     principios     de     inmediación     y     concentración,  en donde se centra el  aspecto  fundamental  de  este pronunciamiento, es deber del juez tener contacto  directo  con los medios de prueba y con los sujetos procesales que participan en  el  contradictorio,  sin  alteración alguna, sin interferencia, desde su propia  fuente.  Por ello y para que la inmediación sea efectiva, se hace necesario que  el  debate  sea  concentrado  y  que  no  se prolongue para que la memoria no se  pierda  en el tiempo. El debate puede agotar todas las sesiones consecutivas que  sean  necesarias,  pero  no  se debe suspender por un periodo muy largo, pues de  otra  manera, parámetros de valoración como los  propuestos en la Ley 906  de   2004   en   sus   artículos   404   y   4208, no se verían cumplidos, si  se  tiene  en  cuenta  que  la  polémica,  tanto  jurídica como probatoria del  juicio,  se  debe  desarrollar  ante  el  juez  de  conocimiento,  en  un  lapso  breve”.   

Y, con apoyo en lo considerado por la Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-396 de 2007 al juzgar la constitucionalidad  del  artículo  361  de  la  Ley 906 de 2004, la Corte señaló que “los  principios  de inmediación y concentración, inspiradores  de  un  sistema  con una estructura y finalidades claramente determinadas, sólo  cobran  sentido  a  través de la participación activa, ineludible y permanente  del  funcionario  de conocimiento”, para agregar que  “si   la  inmediación  comporta  la  percepción  directa  del  juez  sobre  las  pruebas  y  los  alegatos  de  las  partes  y la  concentración  implica  la  valoración  del  acervo  probatorio  en  un  lapso  temporal  que no puede ser prolongado, tales parámetros se verían afectados si  en  determinado  momento  del  debate el juez que instaló la audiencia pública  debe ser reemplazado por otro”.   

Acorde  con lo anterior, concluyó entonces  que  “…el juez de conocimiento es quien dirige el  debate  probatorio  entre  las  partes  y  define  la  responsabilidad penal del  acusado,  con  total  garantía  del  debido proceso penal. Su permanencia hasta  finalizar  el  debate y dictar el fallo correspondiente, es consecuencia lógica  del  respeto  a  los  principios  que  se  vienen examinando. Tanto así, que el  inciso  3º  del artículo 454 insiste en la permanencia física del funcionario  que  controla  el debate al punto que, en caso de suspensión de la audiencia de  juicio  oral,  la  misma  se  debe  repetir  cuando  dicho término incida en la  memoria  de  lo  sucedido, en los resultados de las pruebas practicadas, así se  trate  del  mismo  juez que ha tenido contacto directo con los medios de prueba,  pues  lo  esencial  es que mantenga invariable el conocimiento pleno del juicio,  indispensable  en la formación de su concepto acerca de lo ocurrido en esa fase  del  proceso.  De  otra  manera  se  afectaría  la  estructura del nuevo modelo  procesal  penal  y  se  distorsionaría  el  rol  que debe cumplir el juez y, de  contera,  se desconocerían garantías fundamentales como el debido proceso y el  derecho a la defensa”.   

Posteriormente9, en torno al punto que ahora  ocupa   su   atención,   la   Corte  puntualizó    que    solamente    en  eventos   excepcionales  admitidos  por  la  jurisprudencia,  mas  no  por la ley, un juez  diverso  a  aquél  que  presenció  el  debate  oral, puede emitir la sentencia  correspondiente,  sin  que  por  ello  dicha  actuación  se  halle  afectada de  ineficacia. Tal el caso, de que la prueba practicada  por   el   antecesor   no   tenga   ninguna   incidencia   en   el  sentido  del  fallo10.   

En  el  aludido  pronunciamiento del 20 de  enero     de     2010,     la    Corte    insistió    en    que    “únicamente  en  eventos  exepcionales resulta aceptable que un  juez  diferente  al  que  adelantó  el  juicio,  profiera  sentencia de primera  instancia” y agregó:    

“Ese  cambio  de juez puede presentarse,  por  ejemplo,  por vacaciones, por el otorgamiento de una comisión de servicios  o  de  una  comisión  especial,  por  ascenso, por licencia no remunerada o por  licencia           de           maternidad11. Sin embargo, para que tal  situación,       per      se      inusual, no  genere    nulidad    es    preciso    que,  analizadas  concienzuda y detenidamente las particularidades  del  caso,  se  determine,  sin ambages, que con tal variación no se afectó la  estructura  básica del sistema, no se trasgredieron los principios que lo rigen  y no se lesionaron los derechos de las partes.   

“1.5.  En todo caso, importa recordar la  importancia  del anuncio del sentido del fallo, el respeto que por ese acto debe  tener  el  juez  al  momento  de  dictar  sentencia, máxime cuando haya lugar a  cambio en la persona y únicamente en los términos expuestos.   

“En  torno  al  anuncio  del sentido del  fallo  y  a la obligación del juez de respetarlo en el momento de la redacción  de  la  sentencia,  la  Corte  ha  sostenido  que  forman parte de la estructura  básica  de un debido proceso. Por manera que si el juzgador pretende desconocer  o  retractarse  del  sentido  de  su  aviso,  para  variar la orientación de la  sentencia,   debe   acudir   al   remedio   extremo  de  la  nulidad12.  Dicho  enunciado  cobra  mayor  fuerza cuando, por alguna circunstancia excepcional, es  otro  juez,  distinta  persona,  el  que desatiende los derroteros hechos por su  antecesor.   

“Ahora,  si  el funcionario que luego es  reemplazado  alcanzó  a  anunciar el sentido del fallo, el nuevo podría omitir  la  repetición  del  juicio, siempre que respete el criterio adoptado por quien  presenció  el  juicio  y  no  haga  cosa  distinta  que  desarrollar,  o  mejor  materializar  los  argumentos expuestos en la audiencia en la que se anunció el  sentido  del  fallo,  salvo,  eventualmente,  cuando el cambio resulte benéfico  para el acusado.   

“De  manera que si se anunció sentencia  absolutoria,  mal puede el nuevo juzgador revocar esa determinación y optar por  emitir  una  condenatoria,  en tanto que la seguridad jurídica sobre la certeza  de  una  decisión  favorable al procesado se lesiona. Ese supuesto infringiría  el   principio   constitucional   de   inmediación   de  la  prueba13”.    

Más     recientemente14,  la Corte  reiteró  el  mencionado  criterio,  y  sostuvo  que  la inmediación, la concentración y el juez natural  son   postulados   que   guían   el   juicio  oral,  cuyo  desacato  constituye  desconocimiento   de  mandatos  constitucionales  y  legales  y,  en  principio,  violación  del  debido  proceso.  A  su  vez que, salvo casos excepcionales, la  persona  del  juez  que  preside  el  juicio,  debe  ser la misma que anuncia el  sentido del fallo y el que lo profiere.   

Aclaró,  no  obstante,  que             “tratándose  de  jueces  colegiados, sea en segunda instancia o en  casación,  su  aplicación  opera de forma diversa, en tanto lo esencial es que  se  verifique  la  mayoría  de  los  integrantes  de la Sala, pues la  función  jurisdiccional  descansa en el ente colectivo, no en  el   magistrado   individualmente   considerado”15.   

El caso concreto.  

Como se indicó  en  los  antecedentes  de  este  pronunciamiento, la  audiencia  de  juicio  oral,  durante  la  cual  se practicó la totalidad de la  prueba,  fue  presidida  por  el doctor Juan Pablo Lozano Rojas, y la misma tuvo  lugar  los  días  14  de  julio,  1º,  4 y 8 de agosto de 2008, siendo en esta  última    fecha    en    la   cual,   en  lugar  de  anunciar el sentido del fallo, como habría sido lo  correcto  por  haber  él  presidido  el juicio oral  y  practicado  las  pruebas aportadas por las partes  (no   solamente   en  acatamiento   a  los  principios  de  inmediación16,  concentración17      y     de     juez  natural18,  sino de conformidad con lo dispuesto  por         los        artículos        44519    y    44620 de la Ley  906     de    2004),  optó     por     promover     un    improcedente    y    extemporáneo21  incidente  de definición  de                    competencia22,  según fue declarado por  la  Corte  al  resolver el  asunto23,  en cuyo  pronunciamiento           reiteró  la  asignación  de  la     competencia     para  conocer  del juicio en el Juzgado  Cuarenta       Penal       del       Circuito       de      Bogotá.        

Cuando  la  actuación regresó al Despacho  remitente,  esta  vez  a  cargo  de la doctora Ana Victoria Hernández Sánchez,  dicha    funcionaria,   sin   haber   conocido   la   acusación,   sin      haber     presidido     el  juicio   y   sin   haber  practicado alguna  prueba,   el  5  de  noviembre de 2008 anunció el sentido condenatorio del  fallo  y  más  de un mes después dictó la sentencia con la cual le puso fin a  la instancia.   

De  lo indicado en precedencia se establece  que      la     audiencia     de     juicio      oral      no   tuvo  realización  en  un  mismo  día,      no      fue      continua,  ni las  sesiones   consecutivas    y,  finalmente,  que  la  persona  del juez que  anunció  el  sentido  del  fallo  y  profirió la sentencia no fue la         misma  que  presenció  la  totalidad  del  juicio,  con  lo  cual resultaron desconocidos los principios de concentración,  inmediación                                y                               juez  natural.             

En  ese  orden  de ideas, la Corte no tiene  alternativa   diversa   que  declarar  la  prosperidad  de  la  censura,  y,  de  conformidad  con  lo  previsto por el artículo 454 de la Ley 906 de 2004,   disponer  la   ineficacia  de  lo  actuado  en el presente asunto a partir,  inclusive,  de  la  primera sesión de audiencia de juicio oral, a efecto de que  se  repita  por  parte de un funcionario distinto de  aquél  que  adelantó  el  presente  tramite  por haber manifestado su opinión  sobre  el  asunto materia del proceso,  de conformidad con lo dispuesto por  el artículo 56.4 de la Ley 906 de 2004.   

Otras      decisiones.   

1.- Por virtud de  la   declaración   de  ineficacia  de  lo  actuado  que  se anuncia, es claro que se configura el motivo  de      libertad      previsto      por      el     artículo     317.5  de  la  Ley      906      de      2004      (sucesivamente   modificado   por   el  artículo  30  de  la  Ley  1142 de 2007 y por el artículo 61 de la Ley 1453 de  2011)  toda  vez que desde el 27 de febrero de 2008,  fecha    en    que   tuvo   lugar   la   audiencia   de   formulación   de   la  acusación,   a   la  actualidad,    ha    transcurrido    un   término   superior   a   120  días  sin que se haya dado inicio  a la audiencia de juicio oral.      

   

En           consecuencia,            se  dispondrá      la     libertad     provisional  del señor MARTÍNEZ LEAL  por  cuenta  del  presente  asunto,  pero   se   lo   dejará   a  disposición  del  Juzgado  Primero   de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Villavicencio,  autoridad que lo requiere, según de  ello  se  informa  a  folios 92 de la carpeta número  1,  para el cumplimiento  de  la  condena  impuesta  por  el  delito  de  tráfico  de  sustancias para el  procesamiento de narcóticos.   

La  Corte  se  abstiene   de   fijarle   algún  tipo  de  caución  prendaria   para  gozar  del  derecho  de  libertad  provisional,  correspondiéndole  a la Fiscalía, si  lo  considera  necesario,  formular  las solicitudes pertinentes ante el Juez de  Garantías,  a  fin  de  lograr  la presencia física del acusado en el juicio, una vez cesen los motivos  de  su  reclusión  por cuenta del Juez de Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad.    

   

2.-    De    otra    parte,  como  quiera que el Doctor Juan Pablo Lozano Rojas, por  entonces  Juez  40  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento de  Bogotá,  a  la  culminación  del  juicio  oral  se  abstuvo  de  emitir  el  sentido  del  fallo  pese a  tener   el   deber   legal  de  hacerlo24  y,    además,  por  fuera de la oportunidad  procesalmente     establecida     al     efecto25        (pues  resulta  obvio  entender  que  ya  había  tenido  lugar  la  audiencia  de formulación de acusación en el juicio  a  su cargo), promovió un  improcedente    incidente    de    definición    de    competencia,  con cuyas actuaciones dio lugar a la  ineficacia   de   lo   actuado  en  el  juicio  oral  (nulidad  que   en   sede   de   casación   se  decreta),  es  del  caso  disponer  la  compulsación  de  copias  de  lo  actuado  con  destino a la Sala  Jurisdiccional     Disciplinaria     del    Consejo    Seccional    de   la   Judicatura   de   Bogotá   y  la  Dirección  Seccional  de Fiscalías    de    Bogotá,   a   efectos   de  que,  si  se  considera  procedente,      se      inicien     las   averiguaciones   disciplinarias  y/o  penales a que haya lugar.   

Esto   en   razón   a  que  tanto  el  Estatuto Procesal Penal por  el  que  se  rige  el  presente  asunto,   como   la   jurisprudencia   de   esta  Corte  y  de  la  Corte  Constitucional,  tienen  establecido  que en el marco  del  sistema  penal  acusatorio, el mismo juez que ha  presidido   el   juicio   oral,   es  quien  tiene  la  carga  de  emitir  el  sentido  del fallo una vez  culminado  el debate, de acuerdo con lo que encuentre acreditado por las pruebas  practicadas  y debatidas en su presencia,  pues  constituye  motivo  de  nulidad  que  el  juez anuncie el  sentido  del  fallo  sin haber presidido el juicio.   

          

3.-  Finalmente, la Corte no puede dejar de  llamar    la    atención    a   la   Sala     Administrativa     del     Consejo    Superior    de    la  Judicatura,  así como a  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial, a  efectos      de  que, dentro de la órbita  de  sus  competencias,  sin perjuicio de los derechos  que  les  asiste a los servidores judiciales y de aquellos inherentes al sistema  de   carrera   judicial,    adopten  las  medidas  que  correspondan  en  orden   a   evitar   el  cambio  de  los  jueces  de  conocimiento  después   de  haber  dado  inicio  al  juicio   oral   y,  en  consecuencia,  se         reglamente   las  fechas,  épocas,    condiciones    y   oportunidades  para    hacer   efectivo   su   retiro  temporal  o  definitivo  de los despachos a su cargo,  teniendo  en  cuenta los  asuntos en trámite,   de  forma  que  se  preserven  los  principios  de  inmediación,  concentración,  publicidad,  oralidad  y de juez  natural que rigen el sistema penal acusatorio.   

Todo  ello  con  el  fin  de  precaver  la  configuración  de  nulidades  del  tipo de las que mediante esta providencia se  decretan,  y conjurar al tiempo el desgaste innecesario del aparato de justicia,  el  deterioro  de la imagen de la Rama Judicial y los altos niveles de impunidad  que tales desaciertos generan.      

               

Lo  anterior, si  se   toma   en   consideración   que  la   función   judicial  implica  una  altísima      responsabilidad      social     y  jurídica,     para  cuyo ejercicio los jueces  han  jurado cumplir bien y fielmente la Constitución  Política  y la ley, de lo  cual  surge evidente que no pueden abandonar a medio  camino  (ni imponérseles  que   lo   hagan),  el  trámite    de   los   juicios   orales   bajo   su  responsabilidad  y que, por tanto, resulta lógica la  exigencia    legal    de    no    poder   retirarse   del   cargo   hasta    tanto    se    cumpla    el    deber   normativamente  establecido  de emitir  el  sentido  del  fallo y  dictar   la  correspondiente  sentencia,   a   riesgo   en   caso  contrario,  de  incurrir en motivo de  responsabilidad  penal  o disciplinaria.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1.-   CASAR   LA   SENTENCIA  proferida  el  6  de  marzo  de  2009  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Bogotá, mediante la cual condenó al acusado HÉCTOR   HELÍ  MARTÍNEZ  LEAL,  por  el   delito   de   rebelión,   por   las   razones  expuestas  en  la  motivación  de  esta           providencia.   

2.-          DECRETAR, en consecuencia,  la  nulidad  de  lo actuado en el presente proceso, a    partir    inclusive    de    la   audiencia  de  juicio oral llevada a cabo el 14  de  julio de 2008 ante el Juzgado Cuarenta Penal del Circuito de Conocimiento de  Bogotá.   

3.- DISPONER            LA            LIBERTAD            PROVISIONAL  del  acusado HÉCTOR    HELÍ    MARTÍNEZ    LEAL  con  ocasión  del  presente  proceso  y    dejarlo   a   disposición   del  Juzgado   Primero  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Villavicencio,   en  donde  es  requerido  para  el  cumplimiento  de  la pena de prisión impuesta dentro  del   proceso   seguido   en   su   contra   por   el   delito  de  tráfico     de    sustancias    para    el    procesamiento    de  narcóticos.     

La  Secretaría  de  la  Sala    proveerá   al   efecto   y   cancelará  las  órdenes  de  captura  que  en  el  presente asunto se hubieren  impartido en contra del señor MARTÍNEZ LEAL.   

4.-  COMPULSAR  COPIAS  DE  LO ACTUADO en el presente proceso, con el  destino  y  para los fines  mencionados   en   la   parte   motiva,   así  como  REMITIR   COPIA  de  este  pronunciamiento  a la  Sala   Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  a   lo   cual  se  procederá  por  la  Secretaría.   

5.-             DEVOLVER  la actuación al Tribunal de  origen,  para  que  a  través  suyo  se  remita  sin tardanza al Reparto de los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de Conocimiento de  Bogotá,  a  fin de designar el Despacho que habrá de asumir la reposición del  trámite.     

Contra las decisiones que aquí se adoptan no  procede recurso alguno.   

   

Notifíquese  y cúmplase.  

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                  SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Fls. 38 y ss. cno Tribunal.   

2  Fls. 53 y ss. cno. Corte   

3 El  Fiscal  Delegado  omite precisar que la juez que anunció el sentido del fallo y  profirió la sentencia de fondo, no presenció el juicio oral.   

4  Cfr. por todos, auto de casación de junio 9 de 2008. Rad. 29092   

5  Cfr. Sentencia C-873/03 y C-591/05.   

6   En este sentido, en la Exposición de Motivos del proyecto  de  Acto  Legislativo  se expresó: “…mientras el  centro  de  gravedad  del sistema inquisitivo es la investigación, el centro de  gravedad  del  sistema  acusatorio es el juicio público, oral, contradictorio y  concentrado.  Así  pues,  la  falta  de  actividad  probatoria  que hoy en día  caracteriza  la  instrucción  adelantada  por  la  Fiscalía,  daría un viraje  radical,  pues  el  juicio  sería  el  escenario  apropiado para desarrollar el  debate  probatorio entre la fiscalía y la acusación. (sic) Esto permitirá que  el  proceso  penal  se  conciba  como  la contienda entre dos sujetos procesales  –defensa  y  acusador-  ubicadas  en  un  mismo plano de igualdad, al final del cual, como resultado del  debate  oral  y  dinámico,  el  tercero  imparcial  que es el juez, tomará una  decisión.//  Mediante  el  fortalecimiento  del juicio público, eje central en  todo  sistema  acusatorio,  se  podrían subsanar varias de las deficiencias que  presenta el sistema actual…”   

7  Cfr. Cas de 30 de enero de 2008. Rad. 27192   

8  Artículo          404.         Apreciación   del   testimonio.  Para  apreciar   el   testimonio,   el   juez   tendrá   en   cuenta  los  principios  técnico-científicos  sobre  la  percepción  y la memoria y, especialmente, lo  relativo  a la naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido  o  sentidos  por los cuales se tuvo la percepción, las circunstancias de lugar,  tiempo   y  modo  en  que  se  percibió,  los  procesos  de  rememoración,  el  comportamiento  del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio,  la forma de sus respuestas y su personalidad.   

Artículo     420.     Apreciación  de  la  prueba  pericial.  Para  apreciar  la  prueba pericial, en el juicio oral y público, se tendrá en  cuenta  la  idoneidad  técnico  científica  y  moral del perito, la claridad y  exactitud  de  sus  respuestas,  su  comportamiento  al  responder,  el grado de  aceptación  de  los  principios científicos, técnicos o artísticos en que se  apoya  el  perito, los instrumentos utilizados y la consistencia del conjunto de  respuestas.   

9  Cfr. Cas de 20 de enero de 2010. Rad. 32556.   

10  Cfr. cas de 30 de enero de 2008. Rad. 27.192   

11  Artículos  135  y  siguientes  de  la  Ley Estatutaria de la Administración de  Justicia.   

12  Sentencia  del  17  de  septiembre  de  2007.  Rad.  27.336.   

13  Artículo 250, numeral 4, de la Constitución Política.   

14  Cfr. Cas de 9 de diciembre de 2010. Rad. 33.989   

15  Así   se   sostuvo   en   sentencia   del   17   de  marzo  de  2010  (Radicado  32.829)   

16  Artículo      16.      Inmediación.  “En  el  juicio  únicamente  se estimará como prueba la que  haya  sido  producida  o  incorporada  en  forma  pública, oral, concentrada, y  sujeta  a  confrontación  y  contradicción  ante  el  juez de conocimiento. En  ningún  caso  podrá comisionarse para la práctica de pruebas. Sin embargo, en  las  circunstancias  excepcionalmente  previstas en este código, podrá tenerse  como  prueba la producida o incorporada de forma anticipada durante la audiencia  ante el juez de control de garantías”.   

17  Artículo      17.     Concentración.  “Durante  la actuación procesal la práctica de pruebas y el  debate  deberán  realizarse  de  manera  continua,  con preferencia en un mismo  día;  si ello no fuere posible se hará en días consecutivos, sin perjuicio de  que  el  juez  que  dirija  la  audiencia  excepcionalmente  la  suspenda por un  término   hasta  de  treinta  (30)  días,  si  se  presentaren  circunstancias  especiales  que  lo  justifiquen.  En todo caso el juez velará porque no surjan  otras  audiencias  concurrentes,  de  modo que concentre su atención en un solo  asunto”.     

18  Artículo     19.     Juez    natural.  Nadie  podrá ser juzgado por juez o tribunal ad hoc o especial,  instituido  con  posterioridad  a  la  comisión  de  un  delito por fuera de la  estructura judicial ordinaria”.    

19  Artículo   445.   Clausura  del  debate.  “Una  vez presentados los alegatos, el juez declarará que el  debate  ha  terminado  y,  de ser necesario, podrá decretar un receso hasta por  dos (2) horas para anunciar el sentido del fallo”.   

20  Artículo  446. Contenido.  “La  decisión  será  individualizada  frente a cada uno de los enjuiciados y  cargos  contenidos  en  la  acusación,  y  deberá  referirse a las solicitudes  hechas  en  los  alegatos  finales.  El  sentido del fallo se dará a conocer de  manera  oral  y  pública  inmediatamente  después  del  receso  previsto en el  artículo  anterior,  y  deberá  contener  el  delito por el cual se halla a la  persona culpable o inocente”.   

21  Artículo  55.  Prórroga.  Se   entiende  prorrogada  la  competencia  si  no  se  manifiesta  o  alega  la  incompetencia  en  la  oportunidad  indicada en el artículo anterior, salvo que  esta  devenga  del  factor subjetivo o esté radicada en funcionario de superior  jerarquía.   

En  estos  eventos  el juez, de oficio o a  solicitud  del  fiscal  o de la defensa, de encontrar la causal de incompetencia  sobreviniente  en  audiencia  preparatoria   o de juicio oral, remitirá el  asunto  ante  el  funcionario que deba definir la competencia, para que este, en  el  término  de  tres  (3)  días, adopte de plano las decisiones a que hubiere  lugar.   

PAR.-  Para  los efectos indicados en este  artículo  se  entenderá  que  el  juez  penal  de circuito especializado es de  superior   jerarquía   respecto   del  juez  de  circuito.”      

22  Artículo  54.  Trámite.  “Cuando  el  juez  ante el cual se haya presentado la acusación manifieste su  incompetencia,  así  lo  hará  saber  a  las  partes  en  la misma audiencia y  remitirá  el  asunto inmediatamente al funcionario que deba definirla, quien en  el   término  improrrogable  de  tres  (3)  días  decidirá  de  plano.  Igual  procedimiento  se  aplicará  cuando se trate de lo previsto en el artículo 286  de  este  código  y  cuando  la  incompetencia la proponga la defensa”.    

23  Cfr. Auto de 8 de octubre de 2008. Rad. 30456   

24  Artículos 445 y 446 de la Ley 906 de 2004.   

25  Artículos 54, 55 y 339 de la Ley 906 de 2004     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *