35340(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35340  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 413.   

          Bogotá, D.C., nueve de diciembre de dos mil diez.   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de JOSÉ FERNANDO SANDOVAL  GRANADOS,   contra  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  el  14  de julio de 2010 por la Sala Única del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Pamplona,  que  confirmó  y revocó la dictada el 19 de  octubre  de  2009  por  el Juzgado Penal del Circuito de la misma ciudad, por la  que  se  le  impuso  la  pena  principal  de  trece  (13)  años de prisión; la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas;  y,  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión  domiciliaria,  al declarado autor penalmente responsable del delito de  homicidio.   

H    E   C   H   O  S   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por  el Tribunal Superior de Pamplona en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“Se conoce que el  día  01  de  julio  de  2007,  en  la vereda de CHÍCHIRA Finca CASA BLANCA, la  Fiscalía  que  presentaba  turno  de  disponibilidad,  realizó  diligencia  de  inspección  judicial  o  levantamiento  de  cadáver de quien en vida se llamó  ARTURO  VERA RICO, determinando que se trataba de muerte violenta, desconociendo  hasta    ese    momento    las    circunstancias    de    tiempo    [,] modo y lugar que rodearon la acción  ilícita, como también el autor (s).   

Posteriormente  y en labores investigativas  realizadas  por adscritos al C.T.I. de la ciudad, se conoció que AMPARO LIZCANO  BAUTISTA  Y JOSÉ FERNANDO SANDOVAL GRANADOS, mantenían una relación amorosa y  que  el citado era el propietario de la finca mencionada y predios en los que se  encontró  el  cadáver de ARTURO VERA RICO, quien era el esposo de AMPARO, pero  se encontraban separados.   

Para  el  día  primero  de  julio de 2007,  ARTURO  VERA  RICO,  se  trasladó  a  la  finca de JOSÉ FERNANDO SANDOVAL RICO  (sic),  en  horas  de  la  mañana    y    allí    estaba    (sic)  éste y AMPARO, suscitándose algunas manifestaciones sobre dicha  relación  y  posterior  hecho que concluye con la muerte violenta de VERA RICO,  presentando   herida  incida  (sic)  en  región  parietal  izquierda  de  cuero  cabelludo,  sin  compromiso  craneano  y en cara anterior del tórax a nivel del  tercio  distan  (sic)  del  esternón,  orificio de entrada de proyectil de arma de fuego, que le produce su  fallecimiento.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En atención la información suministrada por  servidores  de  la  SIJIN el 1° de julio de 2007, avisando sobre el hallazgo de  un  cadáver en la finca Casa Blanca ubicada en la vereda Chíchira de Pamplona,  la  Fiscalía  Segunda  Seccional  de esa ciudad llevó a cabo la inspección al  cadáver  y  al  lugar  de  los  hechos,  ordenó la práctica de la necropsia y  dispuso  la  investigación  previa,  por  auto  del  día 4 de los mismos mes y  año1,  en  curso  de  la  cual  se  practicaron  múltiples  pruebas que  sirvieron  de  sustento  para  que  el  siguiente 12 de julio el ente instructor  decretara  la apertura de instrucción y ordenara vincular mediante indagatoria,  previa  captura,  a  JOSÉ  FERNANDO SANDOVAL GRANADOS  y    a   Amparo   Lizcano  Bautista2.   

La  mujer  fue interrogada el 13 de julio de  20073,  disponiéndose  su  reclusión  en  la  cárcel El Buen Pastor de  Cúcuta4  y  se  le definió la situación jurídica el 18 de julio de 2007,  imponiéndole     detención    preventiva    sin    beneficio    de    libertad  provisional5.   

Ante   la   imposibilidad  de  capturar  a  JOSÉ   FERNANDO   SANDOVAL   GRANADOS   para  escucharle  los  descargos,  el  6  de  septiembre  de 2007 la  Fiscalía  Segunda  Seccional de Pamplona resolvió declararlo persona ausente y  le      designó      defensor     de     oficio6.   

El 23 de octubre de 2007, se declaró cerrada  parcialmente  la investigación y el 16 de noviembre de ese año se calificó el  mérito   del   sumario,  con  resolución  de  acusación  contra  Amparo  Lizcano  Bautista, por el delito de  homicidio agravado.   

Mediante providencia interlocutoria del 27 de  noviembre   de   2007   se   definió  la  situación  jurídica  del  sindicado  SANDOVAL     GRANADOS,  decretándose  en  su  contra  detención  preventiva  sin beneficio de libertad  provisional7.   

En  firme  la  resolución  de  acusación  proferida     contra     la     señora     Lizcano  Bautista,  el  instructor  decretó  la  ruptura de la  unidad  procesal, remitió el cuaderno original al Juzgado Penal del Circuito de  Pamplona  y  decidió  continuar la investigación en relación con JOSÉ  FERNANDO  SANDOVAL GRANADOS, la cual  declaró   cerrada   el   6   de   agosto  de  20088,  para calificar su mérito el  6     de     octubre     del     citado     año9  con resolución de acusación  por el delito de homicidio.   

El conocimiento en la etapa del juicio se le  asignó  al  Juzgado  Penal del Circuito de Pamplona10,  que  celebró  la audiencia  preparatoria   el   12   de   diciembre   de   200811 y la vista pública el 29 de  septiembre             de            200912.  La  sentencia  de  primera  instancia  se  profirió  el  19  de octubre de 200913,   de   cuya  naturaleza  y  contenido   se  hizo  mérito  en  el  acápite  inicial  de  esta  providencia,  confirmada  y  revocada mediante la que es objeto del recurso extraordinario por  parte del Tribunal Superior de Pamplona.   

LA   DEMANDA   

Un cargo dice formular el censor al amparo de  la  causal primera del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, la cual  transcribió   en   su   totalidad,  asegurando  que  el  fallo  “…es  violatorio por la vía indirecta de disposiciones de derecho  sustancial  por aplicación indebida del Artículo 103 del Código Penal Vigente  y  falta  de aplicación del Artículo 32 Ordinal 6, inciso 2 del mismo Estatuto  el  cual  establece  la presunción legal de la legítima defensa como motivo de  ausencia  de  responsabilidad  penal  a  favor  de quien rechaza al extraño que  indebidamente  penetra a su habitación o dependencias inmediatas a consecuencia  de  incurrir  en  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio  y  falso juicio de  identidad  en  la  apreciación  de  la  probatoria.”   

En  desarrollo  de  la  censura, sostiene el  actor  que  el  Tribunal  ignoró  la  existencia  de una prueba “contundente  y  objetiva”, refiriéndose  a  “…que  el  señor  ARTURO  VERA  RICO penetró  INDEBIDAMENTE  dentro  del  predio  del  señor JOSÉ FERNANDO SANDOVAL GRANADOS  quien  pacíficamente  se  encontraba ordeñando sus vacas con la señora AMPARO  LIZCANO  BAUTISTA.  Ello  ocurrió en la mañana del día domingo 1 de julio del  año   2007   entre  las  6  y  7  horas.  Se  trata  de  un  hecho  objetivo  y  real.”   

Señala  que  según  lo  declaró la única  testigo,  esa  mañana el señor Vera Rico la   estaba   espiando   cuando   laboraba  junto  con  JOSÉ  FERNANDO  SANDOVAL  GRANADOS, luego  los  insultó  y  los  amenazó  con matarlos o hacerse matar, para de inmediato  acorralar a quien hoy es procesado.   

También         –agrega–  se  ignoraron  los  testimonios  de  Argemiro   Parada   Leal  y  Mauricio      Silva,  “…quienes  vieron  al  señor  ARTURO  VERA  RICO  “amanecido”   y   con  tufo  aunque  hablaba  en  forma  normal.”   

Afirma  que  el  Tribunal incurrió en falso  juicio  de  identidad, porque tergiversó la prueba al concluir que el procesado  no  había  actuado  en  legítima  defensa,  por  considerar  que  Arturo  Vera  Rico estaba ebrio, no portaba  armas  y  apenas  se  había  provisto  de  un palo, y en esas circunstancias no  representaba   ningún  peligro  para  JOSÉ  FERNANDO  SANDOVAL   GRANADOS,   que  en  ese  momento  vio  la  oportunidad  de  eliminar  definitivamente al enemigo que estaba ofendido por el  abandono  de  su  esposa,  quien  desde  entonces  sostenía  relaciones  con el  justiciable.   

Empero, para el demandante resulta claro que  el  numeral 6, inciso 2, del artículo 32 del Código Penal, no exige, porque no  lo  consagra, ninguna condición de riesgo para que una persona pueda repeler al  extraño que indebidamente penetre en su propiedad.   

Aduce   el   libelista   que  Amparo  Lizcano  declaró en la diligencia  de   indagatoria   que  Arturo  Vera  Rico    ingresó    indebidamente    a    la   finca   de   SANDOVAL  GRANADOS.  Sobre  el particular,  indica  que  la  mujer narró lo sucedido a partir de ese momento, concretamente  que   el  intruso  los  insultó,  tomó  un  “palo  cortico”  para  pegarle  a  su  amante  y  éste  le  advirtió  que no hiciera nada porque no quería causarle daño, razón para que  disparara  primero  al  aire  y,  al  ver  que  el  agresor  no  desistió de su  propósito,  hubo  de  accionar  nuevamente  el arma de fuego para provocarle la  muerte.   

“Lo mismo dice en  su  ampliación  de  indagatoria  de donde queda demostrado que el señor ARTURO  VERA  RICO no solamente penetró indebidamente a los predios del señor FERNANDO  donde  se  encontraba  pacíficamente  en  el  corral de ordeño de sus vacas en  compañía  de la señora AMPARO, sino que además los amenazó, los amedrentó,  persiguió  a  don  FERNANDO  hasta  cercarlo por lo que no tuvo otro camino que  defenderse.  Si  lo anterior carece de significación para el sentenciador y por  si  fuera poco no es demostrativo de que había obrado por la razón prevista en  el  inciso  2  de  la  causal 6 del Artículo 32 de eximente de responsabilidad,  pues  simplemente  el  sentenciador  tergiversó  el  hecho  y  le  dio un valor  diferente  con  fundamento  a  apreciaciones  subjetivas  totalmente ajenas a lo  previsto     en     forma     objetiva     por     el    legislador.”   

Censura que el Ad quem justificara el actuar  de  Arturo  Vera  Rico por su  estado  de  embriaguez,  del  cual  asegura  que  el Tribunal incluso pretendió  deducir  una  “supuesta inimputabilidad”,  cuando  en  su  sentir  “…está  demostrado  que  VERA  pre  ordenó (sic) su  conducta  ya  que voluntariamente estuvo bebiendo toda la noche  anterior  y  se le vio subir a un vehículo con dirección a la finca del señor  FERNANDO.  Allí  muy  claramente  amenazó  a  FERNANDO  y AMPARO los trató de  perros  y  dijo  que  venía a matarlos o a que lo maten. A pesar de su supuesta  beodez  persiguió  y  acorraló  a  don  FERNANDO  después  de haber penetrado  indebidamente  a  sus predios. De lo primero, no fueron ni don FERNANDO ni doña  AMPARO       QUIENES      (sic)      emborracharon  al  señor  ARTURO  VERA.  Por  el contrario, ajenos  (sic)  a éstos, el señor  VERA  RICO  estuvo bebiendo toda la noche y en estado de beodez se fue al predio  de  don  FERNANDO,  indebidamente  penetró a este y allí los gritó, injurió,  amenazó  y  persiguió.  En  otras  palabras se tergiversó su estado de beodez  conceptuándolo    como   un   supuesto   estado   de   indefensión.”   

Considera  el  censor  que el Juez Colegiado  distorsionó  y valoró las pruebas en contra de la lógica, porque descartó la  causal   de   ausencia   de   responsabilidad   argumentando   que  Vera   Rico   no  portaba  armas,  empero  olvidando  que  “…el  señor  VERA  se encontraba  indebidamente  en  un  predio  del  señor  FERNANDO  quien,  además,  en forma  pacífica  ordeñaba sus vacas conjuntamente con la señora AMPARO y que todo el  tiempo  estuvo  amenazándolo  y  lo persiguió y acorraló con un garrote en la  mano.  Así  estuviera  sin  garrote  o  sin  armas  el  hecho  incuestionable y  demostrado  es  que el señor ARTURO VERA RICO se encontraba indebidamente en un  predio  ajeno y además en un estado anímico de beodez que, como todos sabemos,  lo  hacía  incontrolable. Llegar a la convicción de que ello constituye estado  de   indefensión   pues   simplemente   resulta  además  de  distorsionada  la  valoración  de lo ocurrido una conclusión totalmente ilógica y desprovista de  la   obligación   que  tiene  todo  juzgador  de  valorar  las  situaciones  en  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  y  de  manera razonada.”   

Para  el  demandante es incontrovertible que  Arturo  Vera  Rico  ingresó  arbitrariamente   a   un   predio   ajeno,  actuando  de  forma  “agresiva,  amenazante y grosera”, siendo  esa    una    “expresión    fáctica”  falseada,  a la que se le hicieron producir efectos probatorios  contrarios   al   la   realidad,   al   punto  de  concluirse  que  JOSÉ    FERNANDO    SANDOVAL    GRANADOS  “simplemente lo que hizo fue resolver una rivalidad  amorosa”,  afirmación  de  la  que  colige  que  al  proferir  la  sentencia  no  se  tuvieron  en  cuenta  elementales  criterios de  “raciocinio,        proporcionalidad        y  razonabilidad”.    

A  juicio  del  actor  el  Tribunal  omitió  explicar  por  qué  en  este caso no hubo legítima defensa, de acuerdo con las  previsiones del artículo 32-6°, inciso 2°, del Código Penal.   

Finalmente,  solicita de la Sala que se case  la sentencia recurrida y, en su lugar, absuelva a su defendido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Conforme  lo  ha señalado reiteradamente la  Sala,  la  casación  atiende  a  unos  fines  superiores que se concretan en la  reparación  de  los  agravios inferidos a las partes en la sentencia recurrida,  la  efectividad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes  en  la  actuación,  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia  (Ley   600   de   2000,   articulo   206).   

Sin  embargo,  de  ninguna  manera  se puede  entender  que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de los puntos  que han sido materia de controversia.   

Ha de resaltarse que mediante la proposición  del  recurso el censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en  el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia de los presupuestos de lógica y  adecuada   argumentación   inherentes   a   cada   motivo   extraordinario   de  impugnación,  para  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  el  fallo de segunda  instancia  se  ha  originado  el  quebranto  de  alguna de aquellas finalidades.   

De  entrada  se  advierte  que  el  escrito  presentado  por  el defensor de JOSÉ FERNANDO SANDOVAL  GRANADOS,   no  cumple  las  mínimas  exigencias  de  admisibilidad  que  consagra  el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, como que a  pesar  de  haber  identificado  los sujetos procesales y la sentencia demandada;  presentar  una  síntesis  de  de  los  hechos  materia  de  juzgamiento y de la  actuación  procesal;  no precisó cuál era la causal que invocaba, ni formuló  el cargo indicando de forma clara y precisa sus fundamentos.   

El  escrito  presentado  por  el demandante,  apenas  sí  reviste la apariencia de un alegato de instancia, destacándose que  su argumentación es deficiente y carente de método.   

Con  todo,  el  principio de limitación que  rige  en  casación  le  impide a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en  tanto  no  le corresponde asumir la carga argumentativa exclusiva del recurrente  para  complementar,  adicionar  o  enmendar el libelo, porque la casación no es  otra  instancia  ordinaria;  su  finalidad  es  promover  un  juicio  técnico y  jurídico  contra  la  sentencia que pone fin a un proceso, en orden a demostrar  su ilegalidad.   

No  obstante  que  de acuerdo con lo anotado  puede   considerarse  que  el  reproche  presentado  por  el  impugnante  se  ha  respondido  negativamente,  considera  la  Sala  oportuno, en cumplimiento de la  función   pedagógica  que  le  corresponde,  recabar  en  la  esencia  de  los  presupuestos  necesarios  para  demostrar  una  causal  acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso, la formulación de los cargos y específicamente de aquellos que  trató de esbozar el apoderado especial del procesado.   

En  efecto,  del  escrito  presentado por el  abogado  lo  primero que se advierte es una seria confusión en relación con la  causal  invocada,  si  se  tiene  en  cuenta  que  acusa  la  sentencia de haber  violado  indirectamente  la ley sustancial,  por la indebida aplicación del artículo 103 del Código Penal y  la  exclusión evidente o falta de aplicación del artículo 32-6°, inciso 2°,  ibídem,  lo  cual  sería  constitutivo  de violación  directa,   de  acuerdo  con  la  consagración  legal  prevista  en la primera parte del artículo 207-1° del Código de Procedimiento  Penal.   

En  cambio, en desarrollo del cargo, como si  se  tratara  de  la misma causal, fundamentó el reproche en lo que, al parecer,  serían  errores  de hecho consistentes en falso juicio de existencia por omitir  la  valoración de unas pruebas; falso juicio de identidad por tergiversar otros  medios  de  convicción;  y,  falso raciocinio, en razón a que considera que se  valoraron  algunas  evidencias en contra de la lógica, aspectos que se refieren  exclusivamente  a  la  violación indirecta de la ley sustancial.   

1. Entonces, si lo  que  pretendía  el actor era proponer y fundamentar la violación directa de la  ley  sustancial,  debió  tener  en cuenta que, conforme lo ha dicho la Sala, al  actor  se  le  exige que afirme y pruebe que el juzgador de segunda instancia ha  incurrido en error:   

(i)  Por  falta de  aplicación  o  exclusión  evidente,  que  se  presenta  cuando  el funcionario  judicial  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama;  ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no la tiene en cuenta habiendo incurrido en error sobre su  existencia o validez en el tiempo o en el espacio;   

(ii) Por aplicación  indebida   que   se   origina  cuando  el  juzgador  se  equivoca  al  calificar  jurídicamente  los hechos o, cuando habiendo acertado en su adecuación, yerra,  sin  embargo,  al  elegir  la norma correspondiente a la calificación jurídica  impartida; o,   

(iii)    Por  interpretación   errónea,   que  ocurre  cuando  el  Juez  selecciona  bien  y  adecuadamente  la  norma  que  corresponde al caso sometido a su consideración,  pero  se  equivoca  al  interpretarla  y le atribuye un sentido jurídico que no  tiene o le asigna efectos contrarios a su real contenido.   

Además, deberá abstenerse de reprochar la  prueba y realizar un estudio puramente jurídico de la sentencia.   

Igualmente,  si  como  consecuencia  de  la  errónea  interpretación  de  la  ley  ésta  se  deja  de  aplicar o se aplica  indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia una de estas dos hipótesis  –exclusión  evidente  o  indebida  aplicación– y no  hacia  la interpretación equivocada de la ley, pues lo importante, en últimas,  es   la  decisión  tomada  por  el  Juez:  no  aplicar  la  norma  o  aplicarla  indebidamente.   

Si   el  demandante  predica  aplicación  indebida  de una norma, tiene que precisar el precepto inadecuadamente utilizado  y aquél que en su lugar debe ser atribuido.   

Deberá tener en cuenta que respecto de una  misma   disposición   legal  no  puede  predicarse  simultáneamente  falta  de  aplicación y aplicación indebida.   

Al optar por esta clase de violación de la  ley  sustancial,  deberá  el  impugnante  indicar  en forma clara y precisa los  fundamentos  de  la  causal  y  citar  las  normas  que  se estiman infringidas.   

Por  último,  si  por  esta vía el censor  reprocha  al  juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que  demostrar  que  en  la  sentencia  reconoció  formalmente  la  presencia  de la  incertidumbre  y  sin  embargo  condenó,  con  lo cual ha incurrido en falta de  aplicación  del  artículo  7 de la Ley 600 de 200014.   

El censor en la postulación de este reparo  debió  aceptar  en  su  integridad  los  presupuestos fácticos vertidos por el  sentenciador,  así  como  las  pruebas y su valoración. Sin embargo, no logró  cumplir  ese  cometido,  por  lo  que  el  cargo, desde su enunciación, deviene  inidóneo  para  concitar  el  examen  de  fondo de la Corte, como quiera que se  apartó  de los hechos declarados en la sentencia, para, a su manera, exponer la  situación que debió ser analizada.   

Olvidó que el objeto de la casación es el  de  realizar un juicio de legalidad de la sentencia de segundo grado. Inclusive,  dentro  del  capítulo  dedicado a la “DEMOSTRACIÓN  DEL  CARGO”, se ocupó de analizar la prueba desde su  particular  perspectiva  y,  a partir de la versión presentada por Amparo   Lizcano   Bautista,  ensayó  una  crítica contra la decisión del Ad quem.   

Se advierte la equivocación del actor en la  escogencia  de  la  causal  invocada para dirigir el ataque, porque –se          itera–  en  la  violación directa de la ley  sustancial  se  da  por  descontado  que  el  demandante  renuncia  a  cualquier  polémica  sobre  los  aspectos fácticos del caso, estándole igualmente vedado  entablar  debates  en  relación con el examen probatorio que se supone admitido  en la forma como el fallador lo asumió.   

Es evidente que en este caso el casacionista  no  cumplió  con las mínimas exigencias en desarrollo del cargo por violación  directa de la ley sustancial.   

2. Ahora bien, si  la  intención  del  recurrente era atacar la sentencia por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  tenor  de  lo  dispuesto  en el cuerpo segundo del  artículo  207-1° del Código de Procedimiento Penal, en primer lugar tenía la  obligación  de  identificar  con exactitud el yerro, es decir, establecer si se  trataba de un error de hecho o de derecho al apreciar la prueba.   

Tratándose de los primeros, debía precisar  si  se produjo (i) bien porque  pese   a   obrar   en   el   diligenciamiento   no  fue  valorada  (falso  juicio  de existencia por omisión);  porque  sin  figurar en la actuación se supuso su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta  en la decisión (falso juicio de existencia  por          suposición);         (ii) porque al considerarla distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso    juicio    de    identidad);   o,  (iii)  atendiendo a que, sin  incurrir  en  alguno  de los desatinos referidos, derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia      (falso     raciocinio).   

En  relación  con el error de derecho, era  necesario      que      afirmara      y      demostrara     que     (i)  se  le  había  negado  a determinado  medio  probatorio  el  valor  conferido  por la ley o le fue otorgado un mérito  diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio  de  convicción),          o          (ii)  que  los  funcionarios  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  erradamente  como legal aunque no satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o  aducción   (falso  juicio  de  legalidad).   

Tratándose  del  primer  caso –falso   juicio   de  existencia  por  omisión–  le corresponde  al  recurrente  indicar  cuál  fue  la  prueba  que  no se valoró, cuál es la  información  que  objetivamente  suministra,  el mérito demostrativo al que se  hace  acreedora  y  cómo  su  estimación  con  el  resto del acervo probatorio  variaría las conclusiones del fallo censurado.   

Cuando  el  propósito  es  alegar el falso  juicio  de  existencia  por  suposición, debe el casacionista identificar cuál  era  el  aparte  del  fallo  carente  de soporte demostrativo en la actuación y  precisar  su injerencia en el sentido de la decisión, esto es, cómo al excluir  la  suposición,  la  sentencia  sería diversa y en todo caso beneficiosa a los  intereses de su procurado.   

Pero,  si  la  pretensión  se  encamina  a  demostrar  un  falso juicio de identidad, se tiene que identificar a través del  cotejo  objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el  aparte  de  la  prueba  que  se  omitió o se añadió, los efectos producidos a  partir  del  cercenamiento  o  la  adición  y cuál sería la trascendencia del  yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada.   

Si el reparo se orienta a denunciar un falso  raciocinio,  es obligación del demandante establecer qué dice concretamente el  medio  probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  igualmente  indicar su consideración correcta, identificar la  norma  de  derecho sustancial indirectamente excluida o indebidamente aplicada y  luego,  demostrar  la trascendencia del error expresando con claridad cuál debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con el inexcusable compromiso  de  acreditar  que  la  enmienda del yerro daría lugar a un fallo esencialmente  diverso y favorable a los intereses de su representado.   

De   plantearse   un   falso   juicio  de  convicción,  es  obligatorio  que  el impugnante demuestre la infracción de la  tarifa  de  valoración  dispuesta por el legislador, así como su injerencia en  el sentido del fallo.   

Por  último,  refiriéndose  al  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  es obligación identificar el medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicando  las disposiciones cuyo quebranto  determina  tal  ilegalidad  y demostrar la efectiva ocurrencia de lo denunciado;  o, comprobar la legalidad de la prueba desechada por el juzgador.   

En todo caso, se tiene el deber de acreditar  la  trascendencia  del  desacierto  en  las  conclusiones  del  fallo,  esto es,  demostrar  que  con  la  marginación  de  la  prueba  que  se  dice ilegal, las  restantes  evidencias  conducen  a  una  decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor estima  legal,  las  conclusiones  serían  distintas  a  las  que contiene la sentencia  impugnada.   

Aparte de que el demandante, conforme se ha  señalado,  omitió  enunciar  las  causales  y formular los cargos, como quedó  anotado,  incluyó  en el mismo capítulo dos censuras excluyentes, precisamente  aquellas  previstas  en  los  dos  cuerpos del numeral 1° del artículo 207 del  Código  de  Procedimiento  Penal, circunstancia que también le impediría a la  Sala  precisar  cuál  fue el supuesto dislate de los Jueces, porque dirigió el  ataque  contra  la sentencia del Ad quem simultáneamente por violación directa  e  indirecta  de  la ley sustancial, tratando de sustentar en un mismo cargo los  yerros   que   ni   siquiera  precisó.  Ese  proceder  constituye  un  absoluto  desconocimiento  del  principio  de  no  contradicción  que  rige el recurso de  casación,   conforme   lo   ha   señalado   de   antaño  la  Sala15.   

El hecho de que cada cargo deba sustentarse  en  una  sola  causal  obedece  a  que  todo  reproche,  lógicamente,  debe ser  suficiente  para  el  propósito  que  se  persigue, por lo que resulta impropio  introducir  o  mezclar  propuestas contradictorias, con mayor razón si, como lo  tiene  dicho esta Corte, cuando el reproche se plantea por violación directa de  la  ley  sustancial,  el  demandante  debe  abstenerse de censurar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste,  porque  para  tales  cuestionamientos se requiere acudir a la violación  indirecta de la ley sustancial.   

Todo cargo en sí mismo, por lo tanto, debe  ser  una  proposición  jurídica  completa,  sin perjuicio de que el recurrente  plantee  los  que  quiera, inclusive excluyentes, a condición de que lo haga en  capítulos   separados  y  de  manera  subsidiaria,  conforme  lo  ha  precisado  reiteradamente        esta        Corporación16.   

Con tan precaria formulación de los cargos,  el  defensor,  incluso,  pasó  por  alto  contrastar  sus  conclusiones con los  fundamentos   del  fallo  atacado,  para  hacer  manifiesta  la  prosperidad  de  aquéllas frente a las supuestas deficiencias de éste.   

Entonces,  ante  la  falta  del  correcto  planteamiento  y la necesaria demostración de un error trascendente en el fallo  cuestionado,  no  puede la Corte, sin contrariar el principio de limitación que  rige  la impugnación extraordinaria, ocuparse de examinar falencias o yerros no  denunciados,  o  deficientemente presentados por el demandante, menos si en esta  sede  las  sentencias se presumen acertadas y legales, cuyo derrumbamiento sólo  es  posible procurar a través de la dialéctica que omitió, al menos, intentar  el casacionista.   

Se  desprende  de la exposición presentada  por  el  actor,  que  éste  estima  desacertada  la  decisión adoptada por las  instancias,  porque  a  su  juicio  debieron  reconocer  la causal excluyente de  responsabilidad             –legítima      defensa–  prevista  en  el  artículo  32-6°  del  Código Penal, con mayor  razón  porque considera, desde su particular perspectiva, que tal circunstancia  debía  presumirse en este caso, atendiendo a que el procesado estaba legitimado  para  rechazar al extraño que  indebidamente        había        penetrado       a       un       potrero   de   la  finca  en  donde  tuvo  ocurrencia el fatal desenlace.   

Sus  premisas  permiten  suponer  que  el  libelista  no  descubrió  un error trascendente, sino que pretende prolongar la  discusión  planteada en el recurso de apelación, la cual resolvió el Tribunal  en los siguientes términos, cuando confirmó el fallo:   

“Explicó  la  referida  LIZCANO  que  encontrándose  ese  domingo  en la finca ya mencionada,  donde  colaboraba  bajo  un jornal en actividades de ordeño y otras propias del  campo,  hizo  su aparición a tempranas horas, quien fuera su compañero, ARTURO  VERA,  procediendo  a  insultarla y amenazarla, lo mismo que a SANDOVAL, ante lo  cual  reaccionó  empujándolo  y  cayendo  sobre una pala rajándose la cabeza,  conminando  a SANDOVAL a que se retirara, lo cual hizo, pero ante la insistencia  del  agresor,  hizo  un disparo al aire y finalmente otro que acabó con la vida  de  VERA,  procediendo  enseguida  a  retirarse del lugar, siendo posteriormente  capturada.   

(…)  

Las circunstancias precisadas por la único  testigo,  y  también  procesada, como, el estado de beodez de VERA, la ausencia  de  arma  alguna  en  su  poder,  su  situación  en  la  escena  del suceso, su  aparición  plenamente  verificada  por  los  dos inculpados, permiten, sin duda  alguna,  el  descarte  de  la  causal eximente de responsabilidad alegada por la  defensa,  ya que a pesar de las ofensas y del propósito verbal que animaba a la  víctima,  debido  a  su  estado  anormal, no se vislumbra ninguna condición de  riesgo  para  el  principal  victimario, que aunque pudiendo estar prevenido por  hechos  anteriores  que  decían  del  ánimo  que  alimentaba  a  VERA, dada la  separación  propiciada  por su compañera hace varios años, no lo colocaron en  ningún  momento  en  situación  de  perder  la vida; menos, recuérdese, al no  portar  arma  alguna  su  agresor verbal, quien sólo alcanzó a proveerse de un  palo,  según  lo dice AMPARO, y a perseguirlo, pero, aun siendo esto cierto, no  alcanzaban  a  tener  la  entidad  como para atemorizar a JOSÉ FERNANDO, que al  proceder  a dispararla (sic)  sobre  su  humanidad,  solo  quiso  quitarse  de  encima,  de  por vida, a quien  consideraba   su   enemigo   dada   (sic)  los antecedentes que precisados por la propia AMPARO, tenían que  ver  con la separación de ésta, concluyendo con la relación íntima existente  entre  los  dos  procesados,  que  sin  ambages  reconoció LIZCANO.”   

Por lo demás, los argumentos que vienen de  transcribirse       y      los      expuestos  en  la sentencia de segunda instancia, permiten señalar  que  el  sentenciado incurrió en la conducta punible  que  se  le endilgó, sin que se advierta la predicada  ausencia     de    responsabilidad    que       quiere       deducir       el      impugnante.   

Ante  el  abandono  del demandante por las  exigencias  previstas  en  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000, en sus  atributos    de    forma,   lógica,   claridad,   precisión   y  no  contradicción,  la  demanda  será  inadmitida.   

Por último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R  E              S              U              E              L              V              E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  de  JOSÉ    FERNANDO   SANDOVAL   GRANADOS, por su defensor.   

Contra este auto no procede recurso alguno,  conforme  lo  disponen  los  artículos  213  y  187,  inc.  2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Página continuación  parte resolutiva y firma de los 8 Magistrados   

Casación  N°  35.340   -Inadmite la  demanda-  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 C. No.  1, fol. 1 al 17   

2 Ídem,  fol. 33   

3 Ídem,  fol. 40 al 43   

4 Ídem,  fol. 44   

5 Ídem,  fol. 51 al 54   

6 Ídem,  fol. 80   

7 C. No.  1, fol. 202 al 205   

8 Ídem,  fol. 283   

9 Ídem,  fol. 292 al 296   

10  Ídem, fol. 300   

11 C.  No. 2, fol. 309 y 310   

12  Ídem, fol. 322 al 331   

13  Ídem, fol. 332 al 345   

14  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de Casación Penal. Auto del 31 de marzo de  2008. Rdo. 28260.   

15  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de Casación Penal. Auto del 6 de agosto de  2002. Rdo. 17.525   

16  Corte  Suprema  de  Justicia. Sala de  Casación   Penal.   Auto   del   10  de  julio  de  1996.  Rdo.  11.801,  entre  otras.     

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