35198(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 35198  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°   371   

         

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de noviembre  de dos mil diez (2010)   

V   I   S   T   O  S   

La Corte se pronuncia sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de revisión presentada por quien dice ser la defensora  del       sentenciado      SULPICIO      SÁNCHEZ  SÁNCHEZ  contra  la  sentencia  proferida,  el  5 de  octubre  de  2009,  por el Tribunal Superior de Bogotá, en la que al confirmar,  con  una  modificación,  la del Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado  de  la misma ciudad, fechada el 20 de octubre de 2008, lo condenó por el delito  de secuestro extorsivo agravado.   

  H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segundo grado, de la siguiente manera:   

“Por  denuncia  presentada  por  Ricardo Barón Tinoco, se tuvo conocimiento que su hijo Alberto  Barón  Sánchez  había  sido  secuestrado  el  14  de  agosto  de 2004, cuando  departía    con    su   primo   Sulpicio   Sánchez  Sánchez     y     otras     personas.   

“El GAULA urbano  de  la  Policía  Nacional  logró  obtener  información  sobre el paradero del  plagiado  a  través  de  las  llamadas telefónicas realizadas a los familiares  para  exigirles  la  suma  de  quinientos  millones de pesos por su liberación,  estableciéndose  que  la  persona  que  las  efectuaba era Héctor Fabio Marín  Ramos,  quien  siendo aprehendido reconoció hacer parte de la organización que  retenía   a   Barón   Sánchez  aportando  los  datos  para  su  ubicación  y  liberación.   

“El operativo de  rescate  tuvo lugar en el inmueble ubicado en la carrera 5ª Este N° 31-65 Sur,  barrio  Santa  Inés, en donde fueron capturados Luz Myriam castillo González y  Jorge  Eliécer  Cuesta Moreno. Posteriormente, en otra residencia se retuvieron  Héctor  Gabriel  Montaña  Coronel y Pedro Nel Giraldo Ocampo, quienes también  integraban el grupo de secuestradores”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Con base en los hechos relatados se  dio  inicio a la investigación, la cual, una vez clausurada, la Fiscalía, el 4  de  mayo  de  2005, calificó con resolución de acusación en contra de Héctor  Gabriel  Montaña  Coronel,  Jorge  Eliécer  Cuesta  Moreno,  Pedro Nel Giraldo  Ocampo,  Luz  Miriam  Castillo  González  y  Sulpicio  Sánchez   Sánchez   por  el  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado, decisión que fue confirmada por la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  según  providencia  del  12  de  julio de  2005.   

2.   Agotado  el  juicio,  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá, mediante sentencia del 20  de  octubre  de  2008,  condenó a los acusado Héctor Gabriel Montaña Coronel,  Jorge   Eliécer   Cuesta  Moreno,  Pedro  Nel  Giraldo  Ocampo  y  Sulpicio  Sánchez  Sánchez a las penas  principales  de  342  meses  de  prisión  y  multa  equivalente a 5000 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes y a las accesorias de rigor, como coautores  responsables  del  delito  secuestro  extorsivo  agravado.  Luz  Miriam Castillo  González  fue  condenada  a  las  penas  principales de 171 meses de prisión y  multa  equivalente  a  2500  salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  correspondiente   accesoria,   como   cómplice   de   la   mencionada  conducta  punible.   

3.  Apelado el fallo por el procesado y  su  defensor, la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá, el 20  de  octubre de 20087, lo confirmó, con la única modificación en el sentido de  disminuir el monto de la pena accesoria.   

LA     DEMANDA     DE   REVISIÓN   

Quien    aduce    ser   “defensora”     del     sentenciado  Sulpicio Sánchez Sánchez,  en  el  escrito  que presentó, luego de relacionar a los sujetos procesales, de  sintetizar  la actuación procesal, de identificar los despachos que profirieron  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia  y  de  hacer,  desde  su personal perspectiva, un relato  de   los   hechos   juzgados,   afirma  que  su  representado  no  tuvo  ninguna  participación en el secuestro de su primo.   

Agrega  la  memorialista  que  dentro  del  proceso  “no  se encuentra probado que Sulpicio    Sánchez    Sánchez   haya  participado    del    ilícito”,   por   lo   que  “no  puede  condenarse a un sujeto por una conducta  delictiva    que    no    se    encuentre    diáfanamente   probada”.   

Asegura  que  su  defendido “no  pudo  impedir que se llevaran a Alberto, porque estaba bajo los  efectos  del  licor,  ingerido  desde  tempranas  horas  de la noche”,  sin  olvidar  que “los dos primos  tenían         una         relación        familiar        cercana”.   

En  síntesis,  dice  que  “sin   una   sola  prueba  de  cargo  en  contra  de  mi  defendido,  fehaciente,  cierta, diáfana, innegable, indiscutible de que mi prohijado fuera  parte  del  grupo  criminal,  es  condenado  como  responsable  de  una conducta  penal”.   

A  continuación,  indica  que  acude  a la  causal sexta de revisión, para lo cual añade lo siguiente:   

“El fallo objeto  del  pedimento  de  revisión  se  fundamentó  en  todo  o  en  parte en que mi  prohijado  era una persona determinante, necesaria, gregaria por voluntad propia  de  la  misma  causa al margen de la ley, que participara conscientemente de los  fines  ilícitos  propuestos  y  que  conocía  y  que estuvo de acuerdo con los  medios  delictivos para lograrlo, de modo que hubo cooperación de su parte para  alcanzar  esos  cometidos,  que  realizó  alguna  tarea  de las planeadas y que  desempeñó   el   liderazgo   en   la   comisión  del  ilícito.  Son  estas  las  erróneas  conclusiones  del  fallador  de segunda  instancia.  Existe absoluta  ausencia de respaldo probatorio”.   

En  consecuencia,  concluye  que  se  hace  necesario  que la sentencia accionada sea revisada, toda vez que su representado  no  ha  cometido  el  delito por el que se le juzgó y condenó, aplicándosele,  por lo menos, el principio de la duda.   

Como  pruebas  que  sustentan su petición,  pide  que  se  tengan  en  cuenta  aquellas  que  obran  en el expediente que se  adelantó    en    contra   de   Sulpicio   Sánchez  Sánchez.   

Así   mismo,  incorporó  a  la  demanda  copias de las sentencias de  primer  y segundo grado y la fotocopia de una constancia suscrita por el Oficial  Mayor  de  la  Secretaría  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá, en la que  informa    que    “procedí   a   solicitarle   la  comparecencia  de  los  fiscales  delegados  de  esa unidad a notificarse de los  procesos asignados a su cargo”.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Desde ya debe indicar la Sala que procederá  a   inadmitir  la  demanda  presentada    a    nombre   de   Sulpicio   Sánchez  Sánchez,   toda   vez   que   resulta  evidente  el  incumplimiento  de  los  requisitos  mínimos  exigidos  para el ejercicio de la  acción  de  revisión  previstos en los artículos 222 y siguientes del Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000), normatividad aplicable a este asunto  por haberse adelantado bajo su vigencia.   

1.  En efecto, lo primero que advierte  la  Corte  es que si bien es cierto que la libelista adujo actuar como defensora  de     Sulpicio    Sánchez    Sánchez,  también  lo  es  que  olvidó que en ejercicio de la acción de  revisión  no  resulta válido aducir simplemente la condición de apoderada del  accionante  durante  la  actuación penal, pues sabido es que el trámite propio  de  este  instrumento  de  confrontación  a  la  cosa  juzgada es absolutamente  independiente  y  autónomo  de  aquella,  en forma tal que es un imperativo que  quien  dice  actuar a nombre de alguien acredite dicha  representación dentro del ejercicio de la mencionada  acción de revisión.   

Así, entonces, es claro que en este caso la  profesional  del derecho omitió demostrar legitimación para obrar a nombre del  condenado     Sánchez    Sánchez    en  la acción de revisión promovida, debiéndosele recordar   que  al  no  tratarse  de  un  recurso  más sino de una actuación distinta del  proceso  penal,  ello  exige,  como así lo ha reiterado la jurisprudencia de la  Sala,  un  poder  especial  para  actuar  y  sin  el  cual  no  puede invocarse el ejercicio legítimo de la  representación.   

2.  De otra parte, como se indicó, de  conformidad  con  lo  previsto  en  los  artículos  220  y  222  del Código de  Procedimiento  Penal,  la acción de revisión procede contra las sentencias que  hayan  hecho tránsito a cosa juzgada, para lo cual se consagran las respectivas  causales.  Así  mismo,  se  impone  para  el  libelista  el cumplimiento de los  presupuestos  de  forma y de contenido allí relacionados, por lo que el escrito  mediante   el   cual  se  pretende  la  remoción  del  fallo  no  es  de  libre  formulación   

Por   ello,   entre   los   requisitos   formales   que   impone  el  último   inciso    del    citado    artículo    222,   se   establece   que   con   el  escrito  se debe acompañar  copia  o  fotocopia  de la decisión de primera y segunda  instancias   y     constancia     de     su   ejecutoria,    omisión    que    no  es     posible     que     la     Corte     pueda   enmendarla,      dado      el     carácter    rogado    de    la  acción.   

En  este  caso  y en cuanto a dicho aspecto  formal,  la peticionaria se limitó a allegar copia de las sentencias de primera  y  segunda  instancia, olvidando aportar la constancia de su ejecutoria, defecto  que,  de  acuerdo  con  el  artículo  223  ibidem, conlleva necesariamente a la  inadmisión del libelo.   

3. Ahora bien, aun cuando los dos anteriores  aspectos  resultan suficientes para concluir en la inadmisión de la demanda, no  está  de  más hacer las siguientes precisiones frente a la demanda presentada:   

Como  lo ha reiterado la Sala en múltiples  ocasiones,  al  ser  probable que la sentencia condenatoria o absolutoria, o las  providencias  de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento que se encuentran  ejecutoriadas   no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó  la  acción  de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Por  ello,  la remoción de la cosa juzgada  sólo  es  posible  cuando  frente  a  la   demostración  de alguna de las  causales  taxativamente señaladas en la  ley, se evidencia que se cometió  una injusticia que impone su  derrumbamiento.   

Así, de conformidad con el artículo 220 de  la  Ley  600  de  2000, la invalidez de la decisión recurrida puede tener lugar  porque  la  verdad procesal declarada es bien diversa a la verdad histórica del  acontecer  objeto  de juzgamiento, o porque la acción penal no podía iniciarse  o  proseguirse  por prescripción, o ante la presencia de cualquiera otra causal  de  extinción  de  la  citada  acción,  o  en  razón a que después del fallo  aparecen  hechos  nuevos o surgen pruebas no conocidas al tiempo de los debates,  las  cuales acreditan la inocencia o la inimputabilidad del condenado, o bien en  la  medida  en  que  se  demuestra  con  sentencia  en  firme  que  el fallo fue  determinado  por conducta típica del juez o de un tercero, o se basó en prueba  falsa,  o  también  cuando  la  Corte  haya cambiado favorablemente el criterio  jurídico    que    sirvió   de   sustento   a   la   sentencia   condenatoria,  demostración    que,   como   se   dijo,   sólo   es   posible   jurídicamente  dentro del marco que delimitan las  causales taxativamente señaladas en la ley.   

Además,  en  la actualidad, con base en el  fallo   de   constitucionalidad   C-004   de   2003,   proferido  por  la  Corte  Constitucional,  también  procede  la  acción  de  revisión  en  los casos de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  o  sentencia  absolutoria,  cuando  se trate de violaciones de derechos humanos o infracciones  graves   al   derecho   internacional   humanitario,  siempre  que  se  den  las  específicas circunstancias allí mismo señaladas.   

Por  consiguiente, frente a las mencionadas  hipótesis,   se   hace  indispensable   que   la   demanda   de    revisión    se   confeccione   con  sujeción  a  los  parámetros  legales  y  con  respeto a la causal en que se apoya, pues, en caso  contrario,  el  escrito  se  torna  en  un  alegato  de instancia  y,   por     lo     mismo,     se     constituye    un   desafuero   que  desnaturaliza  los  fines  de  la  revisión  y, por ende,  conlleva ineludiblemente a su inadmisión.   

Así,  entonces,  en  el  presente caso, la  simple  lectura  del  libelo  pone de presente que la memorialista, dejando a un  lado  los soportes legales y jurisprudenciales en que se ampara este instituto y  como  si  se  tratara  de  una  tercera  instancia, redujo su escrito a realizar  personales  críticas sobre las decisiones adoptadas en el proceso sobre el cual  dirige  esta  acción,  exhibiendo  de  esa manera su total inconformidad con la  condena  que  se  impartió  en  contra  de  Sulpicio  Sánchez  Sánchez,  argumentación que así expuesta  en nada se conjuga con la naturaleza de revisión.   

De igual  modo, no puede olvidarse que  la   causal   aducida,   según   la  cual,  procede  la  acción  de  revisión  “cuando  se  haya  condenado  o  impuesto medida de  seguridad  a  dos  o más personas por un mismo delito que no hubiese podido ser  cometido  sino  por  una  o por un número menor de las sentenciadas”,  “tiene lugar en aquellos eventos  en  los  que  existe  una disparidad sustancial entre lo efectivamente declarado  como  probado  y  lo finalmente resuelto sobre el particular, pues pese a que la  conducta  acreditada  con  sus  circunstancias  sólo  pudo ser realizada por el  declarado  número  de personas, el fallo involucra a otra u otras, revelándose  injusto con éstas.   

“Tal ocurre por  ejemplo,  cuando en el curso de la parte considerativa se afirma en la sentencia  que  se  encuentra  suficientemente  acreditado  que  en la comisión del delito  investigado   intervinieron  únicamente  tres  personas,  sin  embargo,  en  la  conclusión  y  en  la  parte  resolutiva se condena a cuatro o más.1   

En  consecuencia,  resulta  claro  que  la  mencionada  causal  de revisión no corresponde a una simple alegación sobre la  autoría  o  participación  y, menos aún, a un nuevo cotejo de lo expuesto por  los  jueces  de instancia en punto de la apreciación de las pruebas, pues, como  ya  se  ha  dicho,  esta  acción  no  es  una  prolongación  del juicio ni una  instancia adicional a las ordinarias.   

En  fin,  lo  que la Sala observa es que el  libelista  pretende  con  su  razonamiento  privilegiar  sus  conclusiones a las  consignadas   en   la   sentencia   demandada,   luego   de   ser    sometidas    al    tamiz    de    la   sana  crítica,   con   total   desconocimiento  de  la   presunción   de   acierto  y legalidad de que ésta goza ante la  firmeza del pronunciamiento de condena.   

En   esas   condiciones,  como la  libelista  carece  de personería adjetiva para demandar por otro y, además, la  demanda  incumple los requisitos establecidos por la ley, se impone inadmitirla,  de  acuerdo  con lo dispuesto en los artículos 222 y 223 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.          INADMITIR   la demanda de revisión  presentada  contra  la sentencia de segunda instancia proferida, el 5 de octubre  de  2009,  por  el Tribunal Superior de Bogotá, a través de la cual condenó a  SULPICIO  SÁNCHEZ SÁNCHEZ  por el delito de secuestro extorsivo agravado.   

2.   Contra  esta decisión procede el  recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                            PERMISO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

                PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA           

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria     

1 Rad.  31260,  auto  del  27  de  julio de 2009. Ver también rad. 10700, auto del 2 de  agosto  de  1995;  rad. 13237, auto del 19 de agosto de 1997, y rad. 31133, auto  del 3 de agosto de 2009.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *