34984(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34984  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                           ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                              Aprobado  Acta No. 413   

Bogotá,   D.C.,  nueve   (9)   de   diciembre   de   dos   mil   diez  (2010)   

VISTOS  

La  Sala se pronuncia sobre la viabilidad de  la  demanda  sustento  del recurso de casación instaurado por los apoderados de  HÉCTOR     WILLIAM    ROJAS    DURÁN,     HERNANDO     RIVERA  e  ILDEBRANDO MEDINA GÓMEZ,  contra  la  sentencia proferida el 1º de febrero de 2010 por el  Tribunal  Superior de Neiva, mediante la cual revocó parcialmente los numerales  1  y 2 del fallo dictado el 2 de febrero de 2009 por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito  de  esa ciudad, para condenar a los dos primeros a la pena de cuarenta  y  ocho  (48)  meses de prisión, multa de cincuenta y siete millones doscientos  mil  ($57.200.000)  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por sesenta (60) meses, únicamente como autores del delito de fraude  procesal  y al último a la pena de cuarenta y ocho (48) meses de prisión en su  calidad  de  autor  sólo  del delito de falso testimonio, confirmándola en sus  demás partes.   

LOS HECHOS  

En la sentencia de primera instancia fueron  reseñados de la siguiente manera:   

“Edith  Polanía  Cubillos  denunció  a  HÉCTOR  WILLIAM  ROJAS  DURÁN, porque según ella en el proceso de divorcio de  los  dos,  que  se tramitó en el Juzgado 1º de Familia de Neiva, se decretaron  unas  medidas  cautelares  -entre  ellas  el  embargo y secuestro del furgón de  placas  TBK-111  de  propiedad  del  demandado- y en la diligencia de secuestro,  HERNANDO  RIVERA  se  opuso  alegando haberle comprado dicho vehículo a HÉCTOR  WILLIAM  y  presentó  documentos  que  llevaron  al  juez a declarar probada la  oposición,  pero  la  apoderada de ella insistió en la diligencia, y presentó  pruebas  que  demuestran  fraude procesal y controvierten el traspaso, así como  recibos  de  pago  por  concepto de venta con la cual demuestra que el automotor  aún  es  de  propiedad de su denunciado, y éste solo pretende evadir bienes de  la           sociedad          conyugal.”1.   

El 31 de marzo de 2002, la Fiscalía Décima  Delegada  ante  los Juzgados Penales del Circuito de Neiva, con fundamento en la  denuncia  presentada  por  Edith  Ruth Polanía Cubillos, dispuso la apertura de  instrucción    contra    HÉCTOR   WILLIAM   ROJAS  DURÁN  por  el delito de fraude procesal2.   

El  15  de  mayo de 2003, el Fiscal Décimo  después  de  oír  en  indagatoria a los vinculados3,  encontró  acreditados  los  requisitos  formales  y  sustanciales  para imponerles medida de aseguramiento a  HÉCTOR     WILLIAN    ROJAS    DURÁN    y    HERNANDO   RIVERA  como  coautores del delito de fraude procesal, pero se abstuvo de  hacerla  efectiva con fundamento en lo previsto en el inciso 2 del artículo 3º  del     Código     de     Procedimiento    Penal4.   

El 14 de abril de 2005, la Fiscalía Décima  dispuso  clausurar  la  etapa  investigativa  y  el  9  de  agosto  de ese año,  profirió  resolución  de  acusación  contra HÉCTOR  WILLIAM      ROJAS      DURÁN,      HERNADO  RIVERA  como  coautores  de los  delitos  de  falsedad  en  documento  privado  y  fraude  procesal, ILDEBRANDO      MEDINA      GÓMEZ5  en condición de autor de la  conducta  punible de falso testimonio y cómplice del delito de fraude procesal;  precluyó  la  instrucción  al  primero  por  los  delitos  de hurto y fraude a  resolución   judicial   y   a  los  demás  vinculados  al  proceso6. La Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Neiva,  se abstuvo de conocer de la apelación  interpuesta  contra la acusación por la parte civil7.   

El  3 de mayo 2006, el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito  de  Neiva asumió el conocimiento del proceso; cuyo titular en la  audiencia  preparatoria  decretó  las pruebas solicitadas por los defensores de  ROJAS  DURÁN  -negó una-,  de  RIVERA y el apoderado de  la  parte  civil, al mismo tiempo que ordenó otras de oficio, dando inicio a la  audiencia  pública  que  desarrolló en varias sesiones -4- y dictando después  de su culminación, sentencia condenatoria contra los acusados.   

El  1º  de  febrero  de  2010, el Tribunal  Superior  de  Neiva  por  vía  de  apelación  confirmó  la condena impuesta a  ROJAS  DURÁN y  HERNANDO RIVERA por el delito de fraude  procesal  y  a MEDINA GÓMEZ  por  la  conducta punible de  falso    testimonio,    siendo    ésta    el    objeto   de   la   impugnación  extraordinaria.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Demanda   a   nombre   de   ILDEBRANDO MEDINA GÓMEZ   

Al  amparo del cuerpo segundo del artículo  207  de la ley 600 de 2000, se postulan dos cargos por violación de la norma de  derecho  sustancial por errores de hecho en la apreciación y valoración de las  pruebas,  traducidos  en  el desconocimiento de los artículos 232, 233 y 238 de  la  misma  ley y en la aplicación indebida de los artículos 9, 10, 11, 12, 19,  22, 25, 29 y 442 del Código Penal.   

Primer        Cargo.  Se denuncia  falso  raciocinio  por  vulneración  del  principio  de  no  contradicción, de  universalidad  y  valoración  conjunta  de  la  prueba,  el  cual  recae  en la  apreciación  aislada  del  testimonio  de  ILDEBRANDO  MEDINA  GÓMEZ rendido el 13 de diciembre de 2001 ante  el  Juez  Primero  de  Familia  de  Neiva  en la diligencia de secuestro de unos  vehículos,    al   darle   el   Tribunal   un   alcance   probatorio   que   no  tiene.   

Para  el  censor la afirmación del ad quem  acerca   de   la   falta   de   interés   de  MEDINA  GÓMEZ  sobre los bienes que conformarían la masa de  la  sociedad conyugal de la pareja para excluirlo del delito de fraude procesal,  debe  ser  la misma razón para evaluar su participación en la conducta punible  de   falso   testimonio,   en   tanto   que   como   delito  medio  “debería  tener  no  sólo pleno conocimiento [del fraude], sino  interés  en la obtención de tal resultado, y, en tal medida haberse concertado  para mentir”.   

El Tribunal incurre en el error reprochado a  la  sentencia,  al  examinar  de  manera  aislada  el testimonio de MEDINA  GÓMEZ  sin  tener en cuenta las  facturas   de  compraventa  aducidas  por  el  juzgador,  relacionarlo  con  sus  intervenciones  juradas  e  injuradas  en  este  asunto  o  confrontarlo con las  versiones  de  Armando  Cuellar Arteaga, Ana María Pérez Losada, Víctor Díaz  Cardozo y la de éste con las de Cuellar Arteaga y Pérez Lozada.   

En  ese  sentido,  si  hubiera  aplicado el  principio  lógico  de  tratar  casos  similares de la misma manera, el juzgador  habría   llegado   a   la   conclusión   que   el   acusado  no  faltó  a  la  verdad.   

Segundo  Cargo. Se  denuncia  la  violación  indirecta de la ley por un error de hecho originado en  un falso juicio de identidad.   

El  mismo lo configura en la inferencia del  Tribunal,  según  la  cual la firma estampada en las facturas de compraventa de  repuestos   indica   que  fueron  recibidas  por  el  conductor  del  vehículo,  tergiversando  con  ella el contenido material y objetivo de las mismas, pues no  podía llegar a esa conclusión.   

De  ese  modo  las  facturas  no  permiten  respaldar  la  anterior conclusión, pues lo que indican ellas y otros medios de  convicción  es  que el procesado no faltó a la verdad, sino que respondió con  fundamento  en  la  realidad  conocida  por  él  al interrogatorio al que fuera  sometido por el Juez de Familia.   

Demanda    a    nombre    de    HERNANDO  RIVERA   

Primer  Cargo. Se  postula  la violación indirecta de los artículos 232, 234, 237, 238, 266, 277,  284,  285,  286,  287 de la ley 600 de 2000 por errores de hecho provenientes de  falsos  juicios  de  identidad,  en  la apreciación parcial y fragmentada de la  declaración de Armando Cuellar Arteaga.   

El error consiste en que el Tribunal deriva  la  falsedad  del  contrato  de  compraventa del vehículo de la versión de ese  testigo,  cuando  se refiere al trámite que debe seguirse en la enajenación de  automotores  afiliados  a  una empresa de servicio público, sin tener en cuenta  que  el  mismo  fue  omitido  por los asociados; luego valora lo que perjudica a  RIVERA  y  deja  de  lado  aspectos como el citado que le favorecen.   

Señala  que  en  la  sentencia  se suponen  hechos,  porque  dicho  contrato  se  realizó  antes  de la presentación de la  demanda  para  procurar  la  cesación  de  los  efectos  civiles del matrimonio  católico,  en  tanto  que  Ana María Pérez Losada manifestó que la venta del  furgón  fue real y no simulada. Sin embargo, esta declaración no fue tenida en  cuenta  y  demuestra el error al dar como demostrada la falsedad del contrato de  compraventa.   

Luego  se  refiere  a  lo  manifestado  por  Víctor  Díaz  sobre  el mismo punto y al informe del policía mediante el cual  se  allegan  las copias del contrato de compraventa del vehículo, para advertir  que  tampoco fueron censuradas por las instancias, criticando que infiera de las  facturas   de  compra  de  repuestos  la  simulación  de  la  transacción  del  vehículo,  cuando  las  mismas  no permiten dicha deducción. Agrega que con la  versión  del conductor, echada también de menos, se establece que RIVERA  es  el  propietario  del  citado  automotor.   

Segundo  Cargo. Se  denuncia  la  violación  de  los artículos 232, 237, 284, 285, 286 y 287 de la  ley  600  de 2000 por error de hecho derivado de falso raciocinio al valorar las  facturas  6144,  6350,  2334  y  6428  utilizando  una  regla  de la experiencia  inexistente,  que  lo  llevó  a aplicar indebidamente los artículos 9, 10, 11,  29, 453 del Código Penal y 7 del Código de Procedimiento Penal.   

Cita  el  aparte de la sentencia contentivo  del  error,  para  señalar  que  las  facturas  no  demuestran  la  regla de la  experiencia  aducida  por el Tribunal, la cual no menciona ni el contexto social  en  el  que la misma pueda tener reconocimiento, alejándose de la sana crítica  y  sumergiéndose en la subjetividad y arbitrariedad en contra de lo que enseña  el proceso.   

Advierte  que no es posible aseverar que lo  usual  y corriente es que las facturas se expidan a favor del nuevo propietario,  regla  que  carece  de universalidad y generalidad para que sea tenida como tal,  cuando  en  este caso era costumbre elaborarlas a nombre de quien figurara en el  contrato  de  administración  de  la  empresa  de  transportes  a  la  cual  se  encontraba afiliado el automotor.   

Por lo demás, concluye que con el contrato  se  indujo  en  error  al  juez  sin estar probada su falsedad, la cual no puede  suponer  el  Tribunal  ni  menos  superar  acudiendo  a reglas de la experiencia  inexistentes,  pues  lo  pertinente  era  evocar  reglas  regales  acerca  de la  propiedad  de  los  bienes  muebles  y  a  las  de  las  causas  y  modo  de las  obligaciones.   

Demanda  a  nombre  de Héctor William Rojas  Durán.   

Primer  Cargo. Se  atribuye  al  Tribunal la violación de los artículos 232, 237, 284, 285, 296 y  287  de  la  ley 600 de 2000 por falso raciocinio, porque en la construcción de  la  prueba  indiciaria con la cual fundamenta la sentencia, utiliza una regla de  la   experiencia   inexistente  que  lo  condujo  a  aplicar  indebidamente  los  artículos   9,  10,  11,  29,  453  del  Código  Penal  y  7  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Después  de  transcribir  los  apartes del  fallo  referidos  a  los  indicios  del  móvil,  mentira, mala justificación y  jurisprudencia   acerca  de  las  reglas  de  la  experiencia,  señala  que  el  razonamiento  del  Tribunal  no  corresponde  con  el  criterio  que se tiene de  éstas,  pues  los  hechos  muestran  que  vendedor  ni  comprador del vehículo  buscaban engañar al juez.   

De  modo  que  lo  usual  y corriente en la  Cooperativa  Coomotor, es que las facturas por compra de repuestos de vehículos  afiliados  a  ella  sean  expedidas  a  nombre de quien figura en el contrato de  administración  y  no  de  los  nuevos  propietarios,  cuando  no  se ha podido  traspasar  materialmente  la  propiedad  del  automotor,  como  ocurrió en este  caso.   

La  regla  de  la  experiencia  aducida  se  encuentra  controvertida  por  la  prueba  testimonial,  las  injuradas  de  los  vinculados  al  proceso  y  las  reglas  legales  sobre la administración de la  sociedad  conyugal,  las  cuales  muestran  que  el  contrato de compraventa que  indujo   en   error   al   juez  es  real  y  los  hechos  documentados  en  él  ciertos.   

Además   las   instancias  ignoraron  el  inventario  y  avalúos  de los bienes presentados en el proceso de liquidación  de  la  sociedad  conyugal  del  cual se infiere la inexistencia de móvil, como  también  el Tribunal ex ante presume contra rei que la negociación del furgón  envolvía  la  intención  de engañar al funcionario judicial, de cuya venta da  cuenta   Ana   María   Pérez   Losada,   versión   que   tampoco  valoró  el  fallador.   

Segundo  Cargo. El  Tribunal  violó los artículos 232, 238, 266, 277, 284, 285, 286, 287 de la ley  600  de  2000  al  incurrir  en  errores de hecho derivados de falsos juicios de  identidad,  en  la  apreciación  del testimonio de Armando Cuellar Arteaga y de  las  facturas  de  compra  de  repuestos,  con lo cual aplicó indebidamente los  artículos  9, 10,11, 29, 453 del Código Penal, dejando de aplicar el artículo  7 del Código de Procedimiento Penal.   

El Tribunal deduce la falsedad del contrato  de  compraventa  del  vehículo  con  fundamento en las explicaciones de Cuellar  Arteaga  sobre el procedimiento para la enajenación de los vehículos afiliados  a  la  empresa  Coomotor;  si  no  hubiera  parcelado  y cercenado su dicho y lo  hubiese  contemplado  en  su contenido objetivo, hubiese concluido que de él no  surge merito probatorio para condenar al procesado.   

El   testigo  también  refirió  que  el  incumplimiento   de   las   disposiciones  previstas  en  los  estatutos  genera  únicamente  sanciones  administrativas y que en su experiencia como gerente los  asociados  incumplen  las  normas relacionadas con la enajenación y traspaso de  vehículos, demorando en ocasiones hasta un año para hacerlo.   

Considera  como contra indicio de inocencia  la  presentación  de la demanda por la cónyuge inconforme con el inventario de  bienes,  mientras  la  existencia  del  contrato  y la veracidad de su contenido  está  demostrada  con  la  declaración de Ana María Pérez Losada, favorecida  con  la  preclusión  de  la  instrucción, reiterada por Víctor Díaz Cardozo,  cuya  declaración  las  instancias  omitieron  cotejarla  con  las versiones de  MEDINA,  el  testimonio de  Idelbrando  y  el  informe  de policía judicial 9974 de mayo 27 de 2004, de los  cuales se deduce razonadamente la existencia del citado contrato.   

Las inferencias del Tribunal a partir de las  contradicciones  observadas en las facturas de compra de repuestos, son ajenas a  su  contenido,  como  tampoco  permiten  deducir  lo  ficticio  o  simulado  del  contrato,  que  no  se  pudo  cumplir  ante  la  medida cautelar impuesta por el  Juzgado primero de Familia.   

Se  refiere  a los testimonios de Alexander  Perdomo  Guzmán,   María  Elena  Muñoz  Fernández,  Juan Carlos Herrera  Gutiérrez,  María Edith Ávila Ortiz, menciona los contratos de compraventa de  Juan   Carlos   Herrera  y  ROJAS  DURÁN,  el  acta  de  conciliación  de  febrero  27  de 2002 dentro del  proceso  de  divorcio,  para  señalar que los errores de valoración probatorio  denunciados  en  el  cargo  llevaron  al  Tribunal a la aplicación indebida del  artículo  453 del Código penal y a dejar de aplicar el artículo 7 del Código  de  Procedimiento Penal, que confiere categoría sustancial y garantía procesal  al in dubio pro reo.   

CONSIDERACIONES  

Las   demandas  no  reúnen  la  técnica  casacional  que  en  esta  sede se exige a las censuras hechas a la sentencia de  segundo  grado,  en razón a que las mismas no las desarrollan con la claridad y  precisión  requeridas en su sustentación, tal como lo disponen los numerales 3  y 4 del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

En razón a que en cada una de las tres (3)  demandas  se  postulan  dos  cargos  por  sendos  errores  de  hecho  por falsos  raciocinios  y  falsos  juicios  de  identidad, la Sala se pronunciará sobre su  admisión  estudiándolos  conjuntamente,  a  partir de las exigencias técnicas  requeridas para la clase de vicios propuestos.   

Del falso raciocinio  

Cuando  se  denuncia  un error de hecho por  falso  raciocinio,  el  censor  está  obligado  a señalar lo que objetivamente  expresa  el  medio  probatorio  cuestionado,  las  inferencias  que  el juzgador  extrajo  de  él,  el  mérito  suasorio  otorgado, indicando a continuación la  regla  de  la  experiencia o el principio de la lógica o la ciencia ignorados y  cuál  de  ellas  era  la  correctamente aplicable, para finalmente demostrar la  trascendencia del error en la sentencia.   

La  proposición  de  esta clase de reparo,  impone  el deber al actor de probar que a él se llegó mediante la trasgresión  de  las  reglas  de  la  sana  crítica en la apreciación de las pruebas por el  desconocimiento  de  los  principios,  máximas  o postulados dichos, sin que en  esta  sede sea objeto de discusión la disparidad de criterios entre el fallador  y  el  impugnante  acerca  del   valor probatorio que merece un determinado  medio de convicción.   

Una consideración de esta naturaleza, tiene  fundamento  en  la   presunción  de acierto y de legalidad que ampara a la  sentencia  de  segundo grado, en la medida que el análisis probatorio realizado  por  el  juzgador  prevalece  sobre  la  valoración  que  realicen  los sujetos  procesales  siempre  que  no  se  aparte  de las reglas de la sana crítica y en  razón  a  la libertad relativa en su apreciación de la cual goza en el sistema  de persuasión racional.   

Primer  cargo  de la demanda de Ildebrando Medina Gómez.   

El  actor  no  muestra  el  sentido  de  la  violación  denunciada  sino que parte de una apreciación suya, conforme con la  cual  la  afirmación  del  Tribunal  sobre  la  falta  de  interés del acusado  respecto  de  los bienes de la sociedad conyugal ha debido servir para reconocer  que  no  faltó  a  la verdad en su declaración rendida ante el Juez Primero de  Familia.   

El  error  reprochado a la sentencia por la  supuesta  violación  del  principio  de  no  contradicción se queda en su mera  enunciación,     pues     ningún    esfuerzo    hace    por    demostrar    su  vulneración.   

Hábilmente   el  casacionista  pretende  derivar  un  error  de la consideración del Tribunal de descartar la hipótesis  delictual  y no el delito, al considerar la Corporación que el verbo rector del  delito  de  falso  testimonio “faltar”     a     la    verdad    “conlleva  intrínsecamente   un   engaño   o   utilización  de  la  acción  como  medio  fraudulento”,  respecto  de  cuya  aseveración  el  demandante ningún cuestionamiento ensayó.   

En  principio  ha  debido demostrar que la  misma  no  estructura  la  conducta de falso testimonio atribuida a MEDINA  GÓMEZ  y luego si probar que la  aseveración  del Tribunal según la cual en el fraude procesal el sujeto agente  actúa  en  calidad  de parte en el proceso o tiene interés en el procedimiento  judicial administrativo, es también predicable del primer delito.   

Es decir, son dos hechos que el impugnante  omite  diferenciar  y  que revelan la falta de desarrollo del reparo, cuya labor  cree  cumplir insinuando que el Tribunal ha debido hacer un análisis probatorio  como  el  propuesto  en la demanda, con lo cual desatiende la técnica requerida  en su desarrollo.   

De  ahí  que  después de señalar que la  razón  para descartar el concurso material ha debido ser la misma para absolver  a  MEDINA GÓMEZ del delito  de  falso  testimonio,  señala  que  el error tiene origen en la manera como el  Tribunal   apreció  “aisladamente”  el  testimonio del acusado, sin vincularlo con la prueba documental  y testimonial que cita en la demanda.   

Desde   esta  perspectiva,  la  crítica  probatoria  emprendida  por el casacionista para imponer su criterio sobre el de  las  instancias  es ajena a la impugnación extraordinaria, en la cual se juzgan  errores  de juicio y no discrepancias sobre el valor que tiene determinado medio  de     prueba.    Finalmente    dígase    que    no    es    el    “interés”   del   cual   habla  la  demanda,  el  que  permite  según  el  Tribunal descartar el concurso de hechos  punibles en este asunto, conforme quedó visto en precedencia.   

Segundo  cargo de la demanda de      Hernando     Rivera.   

Para  el  actor  las facturas muestran una  “realidad  objetiva”,  luego   su   contenido   enseña   la   irracionalidad,  la  subjetividad  y  la  arbitrariedad  de  la  decisión  judicial  porque no menciona i) la regla de la  experiencia  en  la cual el Tribunal fundamenta su conclusión y ii) el contexto  social en el que la misma adquiere validez.   

El  demandante  es  contradictorio, porque  cita  la  regla  de la experiencia mencionada por el Tribunal para luego afirmar  que   no   lo   hizo.   Basta   con   señalar   que  indicó  que  “lo   usual  y  corriente  es  que  las  facturas  fueron  [sean]  expedidas  a nombre del nuevo propietario”. También  señala  su  contexto,  porque  la  circunscribe  a  la  compra  de  repuestos y  dispositivos para el correcto funcionamiento de los vehículos.   

De  ahí  que  sea  equivocada su crítica  según  la  cual  carece  de  universalidad  y  generalidad,  al  acudir  a  las  manifestaciones  del  gerente  de  Coomotor relacionadas con las obligaciones de  quien  en  el contrato de administración aparezca como propietario sin importar  las  enajenaciones  de  los  vehículos  hechas  por sus asociados, sin tener en  cuenta  que  la  regla  a  la cual acude el Tribunal se vincula con las facturas  sobre compras de repuestos y no de vehículos.   

Luego  la  afirmación  del  casacionista  conforme  con  la  cual ante la imposibilidad de descargar  del contrato de  administración  un rodante enajenado, las facturas de compra de repuestos deben  expedirse  a  nombre  de quien figura en él y no del propietario del vehículo,  es una inferencia suya que parte de otro supuesto sin estructurar.   

Por  lo  demás, cuestiona que el Tribunal  suponga  la  falsedad  del contrato de compraventa a pesar de lo manifestado por  Ana  María  Pérez  y  Víctor  Díaz,  considerando  necesario referirse a las  reglas  sobre  la propiedad de las cosas muebles, para concluir que la tipicidad  de  la acción no está demostrada con las pruebas sino con razones subjetivas y  arbitrarias del juzgador.   

De   ese   modo,   el   reparo   pierde  identidad   y  precisión,  porque  las  razones finalmente las sustenta en  apreciaciones  suyas  sin  ninguna  demostración,  cuando  señala  que las del  Tribunal son irracionales.   

Ignora  además  que  el  a quo infiere la  falsedad  del contrato de compraventa de las contradicciones entre las versiones  de  ROJAS DURÁN y          de         RIVERA,  en relación con el lugar en el  cual  se  elaboró,  con  su  forma de pago y de la adición de cláusulas, como  también  de  las  certificaciones  expedidas  por  el gerente de Coomotor y del  sitio  en  donde  se  encontraba  el  vehículo  al  momento de la diligencia de  secuestro,  por  lo  que  ninguna  trascendencia  tiene  el  vicio  atribuido al  Tribunal.   

Primer  cargo de la demanda de Héctor          William          Rojas          Durán.   

Señala  que  el  Tribunal  considera como  regla  de  la experiencia, “que lo usual y corriente  es  que  en  todo  proceso  de  liquidación  de una sociedad conyugal cuando un  tercero  realiza  sobre  una  determinada  medida cautelar un acto de oposición  busca  engañar   al  funcionario  judicial  para  distraer  bienes  de  la  sociedad    en    litigio,    lo    cual    no   es  cierto.   

En  ninguna  parte  de  la  sentencia  los  juzgadores  formulan dicha regla, es una construcción suya a partir de reglas e  inferencias  que  les  permitieron  a  los  juzgadores  condenar  a ROJAS  DURÁN,  pero  al igual que en el  reparo  de  la  demanda  anterior,  el impugnante vuelve sobre lugares comunes a  calificar  el  razonamiento  del ad quem de subjetivo y arbitrario, reconociendo  que  “no  menciona  con  claridad  la  regla  de la  experiencia   que   dice   aplicar”,   porque   su  pretensión  finalmente  no  se  sustenta  en  un  error  de  juicio  sino en la  discrepancia con la valoración probatoria hecha en la sentencia.   

Repárese  en las aseveraciones hechas por  el  casacionista,  según  las  cuales  el  tipo  subjetivo  del fraude procesal  “no   está   demostrado   con  pruebas  reales  o  posibles”     sino     en     un    “indicio  fundado  en  arbitrarias  y subjetivísimas razones del  juzgador”,    pues    desconoció    “la    persuasión    racional    de    los    restantes   medios  probatorios”    y    le    otorgó   “total    mérito    persuasivo   a   una   supuesta   regla   de  experiencia”.   

Ya  se  dijo  que la regla enunciada en el  reparo  no  la  construyó el Tribunal, mientras el recurrente no precisa si las  razones         están         fundadas         en        el        “indicio”   o  en  la  “regla  de  la  experiencia”, lo que  denota su desacierto en el desarrollo del cargo.   

Antes había insistido, en que las facturas  solo  muestran  la  realidad  de  la  venta y a nombre de quien se elaboró, las  cuales  por  el  contrato de administración tienen que expedirse a nombre de la  persona  que figura en él, en que la falsedad de la compraventa es supuesta por  la  Corporación  a  contra  pelo  de lo mostrado por la prueba testimonial y la  inspección  judicial,  por  lo  que  a  más  de  ser  un resumen de los cargos  propuestos  en  las  otras  demandas,  no  muestra  en  qué  consiste  el error  denunciado.   

Además,   común   a  los  tres  cargos  propuestos  por  falso  raciocinio  es  la  omisión  a  la sentencia de primera  instancia,  respecto  de  la  cual  ningún  esfuerzo  hacen  por  demostrar  la  trascendencia  del  error  reprochado  al  Tribunal,  esto es, en qué medida la  afectaba,  como  quiera  que  en ella se declara la responsabilidad penal de los  acusados por los delitos que acuden en casación.   

Del falso juicio de identidad  

El  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad  es  un  vicio  de  contemplación material de los medios probatorios.  Consiste  en la tergiversación del contenido literal de la prueba por adición,  supresión o alteración.   

Cuando en casación se alega esta clase de  error  es imprescindible que en la demanda se individualice la prueba objeto del  yerro,  se  confronte  su  literalidad  con  lo  que  de  ella  se expresa en la  sentencia  mostrando  que  al  mismo  se  llegó  por  adición,  alteración  o  supresión  de  su contenido material, se señale cuál es el sentido que se les  dio  en  el  fallo,  cuál  es  el  que  les  corresponde  y cómo de no haberse  incurrido en el vicio el fallo sería otro.   

Segundo cargo de la demanda de Ildebrando Medina Gómez.   

El  Tribunal  distorsionó  “el  sentido  objetivo de las facturas de venta de repuestos para  el  Furgón  BTK  111”  números  6144, 6350 6428 y  2334.   

Para  el  impugnante las facturas muestran  una  realidad  objetiva:  la  venta, a nombre de quién se elabora y la firma de   

quien  recibe,  sin que de su contenido se  pueda     “extractar    o    inferir    realidad  diferente”,      de     manera     “que  es  errada  la implícita  conclusión del Tribunal de  que    la   firma   es   principalmente   indicativa   de   la   responsabilidad  penal” del acusado.   

El   demandante   se   equivoca   en  la  proposición  del supuesto error, porque si lo considerado es que el Tribunal no  podía  “inferir” de las  facturas  lo  inferido  en  la  sentencia,  el  problema se vincula con el falso  raciocinio  y  no  con  el  falso  juicio  de identidad, pues la tergiversación  atribuida  corresponde  a  un  problema  de  apreciación y no de contemplación  material de las facturas.   

Esta  es  la  razón  por  la  cual, en la  demanda  no  se  indica  cuál  fue  el contenido literal de la prueba objeto de  adición,  supresión  o alteración y por el contrario se alude a la inferencia  que  los  juzgadores  hicieron  a  partir de las facturas, la que se califica de  “grosera       tergiversación”.   

De  otro lado, el Tribunal expresa que las  facturas   fueron   recibidas   por   MEDINA  GÓMEZ  “según se desprende de la rúbrica estampada en la  parte  inferior  de  los comprobantes”, mientras que  el  a  quo  señala  que  “aunque  el  contrato  de  compraventa  se  hizo  el  26  de  julio  de 2001 y según copias de facturas se  compraron  repuestos para el furgón con posterioridad a esta fecha a nombre del  mismo  HÉCTOR  WILLIAM  ROJAS DURÁN, sin que de esas  consideraciones se avizore el error reprochado a la sentencia.   

Primer  cargo de la demanda de Hernando Rivera.   

Lo   estructura   el  demandante  en  la  apreciación   “parcial   y   fragmentada  de  las  declaraciones  del  Gerente  de  Coomotor  ARMANDO  CUELLAR  ARTEAGA”.   

Señala que el Tribunal pasó por alto que  el  testigo refirió que el incumplimiento de las disposiciones previstas en los  estatutos  de  la  cooperativa  conllevaba únicamente sanciones administrativas  para  sus  afiliados y que por su experiencia los términos establecidos para la  enajenación  y traspaso de los vehículos eran omitidos por sus propietarios, a  veces  hasta  en  un  año, sin hacer la transcripción literal del aparte de la  declaración demostrativa del supuesto error.   

Sin embargo desatiende su técnica, porque  para  demostrar  su  trascendencia  acude  a  indicar la existencia de un contra  indicio  de  inocencia,  con  la  presentación  de  la  demanda por parte de la  cónyuge  inconforme  con  el  inventario,  mientras  advierte  que  el juzgador  “demuestra  equivocado  razonamiento”  al  dar  por  probada  la  falsedad -simulación- del contrato de  compraventa del vehículo.   

Agrega  en  su  argumentación  que  las  instancias  omitieron  la  apreciación  de la inspección judicial “cuya   existencia   y   contenido   no  fue  censurada  por  las  instancias”, las declaraciones de Ana María Pérez  y de Víctor Díaz, con las cuales se prueba la   

veracidad  del  contrato,  como  también  dejaron   de  confrontar  la  versión  del  último  con  las  indagatorias  de  Ildebrando y Hernando.   

Conforme  con  lo  anterior,  en  el mismo  reparo  propone  otros  errores que no identifica, los que pueden corresponder a  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión o falsos juicios de identidad por  supresión,  faltando  a la precisión y claridad exigidas en la formulación de  cada cargo.   

Asimismo     critica    “la  inferencia  del  Tribunal  sobre  las  facturas de compra de  repuestos  del  vehículo”, la que considera ajena a  su  contenido  objetivo,  como  también  que  “las  susodichas   facturas   no   permiten   deducir  lo  ficticio  del  contrato  de  compraventa”,  persistiendo  en la equivocación de  postular  un  cargo  y  en  su  desarrollo  referirlo  a  otro,  en tanto que el  cuestionamiento  de dicha inferencia es atacable por vía del falso raciocinio y  no por reparo formulado.   

Finalmente, olvidó manifestar que el a quo  hace  una  amplia  reseña del contenido de esa declaración y que sobre la base  de  las  certificaciones  expedidas  por  el mismo gerente, encuentra uno de los  hechos  indicadores  que  le  permite  sostener  la  falsedad  o simulación del  contrato   de   compraventa   entre   ROJAS   DURÁN  y    RIVERA,  luego el reproche además de las deficiencias anotadas carece de  sentido.   

Segundo cargo de la demanda de Héctor          William          Rojas          Durán.   

Lo sustenta en falsos juicios de identidad  en  la apreciación probatoria de las declaraciones de Armando Cuellar Arteaga y  las  facturas de compra de repuestos para el furgón de placas TBK 111, números  6144, 6350, 6428 y 2334.   

Postulado sobre los mismos presupuestos del  primer  cargo  de  la  demanda de Hernando Rivera, con ligeras modificaciones de  algunas   palabras,   presenta   iguales  defectos  de  técnica  al  omitir  la  transcripción  literal  de los apartes que considera suprimidos, referir que el  juzgador  razona  equivocadamente  al  dar  por  probada  la  simulación  de la  compraventa  del  vehículo,  y  formular de manera indebida errores respecto de  los cuales no identifica su clase.   

De esa manera, atribuye al Tribunal omitir  en  su  valoración  los  testimonios  de  Ana María Pérez, Víctor Díaz y la  inspección  judicial, respecto de los cuales fija su propio alcance probatorio,  sin  identificar  como  ya  se  dijo  si se trata de errores por falso juicio de  existencia  por  omisión  o  de  identidad  por  supresión  de  alguno  de sus  apartes.   

También ignora al igual que el impugnante  de  RIVERA, que la sentencia  se  considera  como  unidad  jurídica  inescindible, esto es, que los fallos de  primera  y segunda instancia constituyen uno solo, por lo cual pasa por alto que  el  a  quo  señaló  el valor probatorio otorgado a cada uno de las pruebas que  considera omitidas.   

Con  relación  al  supuesto  error  en la  apreciación  probatoria  de  las  facturas,  el demandante también se equivoca  porque  el  vicio lo estructura en la inferencia del Tribunal a partir de lo que  su  contenido  indica,  de  modo   que como ya se advirtió frente al mismo  cargo  propuesto  en  la  demanda  de  MEDINA  GÓMEZ  el  vicio  se relaciona con el falso raciocinio, pues  la  tergiversación  atribuida corresponde a un problema de razonamiento y no de  contemplación material de las facturas.   

Por eso, como ya se expresó, en el reparo  no  se indica cuál fue el contenido literal de las facturas objeto de adición,  supresión   o   alteración,   error   en   el   que   se   persiste   en  este  cargo.   

Siendo  su equivocación mayor cuando para  la  demostración  del  supuesto error acude a realizar un análisis probatorio,  mediante  el cual cuestiona que el testimonio de Alexander Perdomo Guzmán sirva  de  apoyo  para  sostener  la  tesis  del  Tribunal, testigo que según el a quo  “afirmó   que  quien  pedía  repuestos  para  el  vehículo   era   el  conductor  y  era  el  propio  HECTOR  WILLIAM  quien  los  pagaba”,  e  insista  en  traer  a  colación  las  declaraciones  de  Ana  María  Pérez y Víctor Díaz, de quienes se dice en la  sentencia  de primera instancia que “solo dan cuenta  de  la  existencia  del  contrato,  y  de  su  fecha de creación”,   y   con  “ellos  se  demuestra  la  existencia ilícita del contrato”.   

La  reseña  de lo manifestado por otros  declarantes,  entre  los  cuales menciona a María Elena Muñoz Fernández, Juan  Carlos  Herrera  Gutiérrez,  María  Edith  Ávila  Ortíz, y lo que enseña la  prueba  documental  referida en el cargo, muestran según el reparo “los    errores    de    valoración    probatoria”,  desnudando  la  intención  del  casacionista  que  ignorando la  naturaleza   de   la   casación,   pretende   a   través  de  la  impugnación  extraordinaria   controvertir   el   criterio   de  las  instancias  en  materia  probatoria,   sin   mostrar   los   errores   de   juicio  que  denuncia  en  la  demanda.   

En  consecuencia,  la Sala inadmitirá las  demandas  por  las manifiestas falencias de técnica, las cuales no puede entrar  a  subsanar,  corregir  o  enmendar  en  virtud  del  principio  de  limitación  -artículo  216  de  la  ley  600  de  2000-  y  de  la  naturaleza rogada de la  impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispone  su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se  observa  la  afectación  o  vulneración de garantías fundamentales de los  sujetos procesales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,   la   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

Inadmitir  las  demandas   de  casación  presentadas  por  los  apoderados  de  los  procesados  ILDEBRANDO MEDINA GÓMEZ, HERNANDO RIVERA     y     HÉCTOR    WILLIAM    ROJAS  DURÁN.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO      ESPINOSA  PEREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS             JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                               

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de  febrero  2  de  2009, Juzgado Quinto Penal del Circuito de Neiva;  folio 192, cdno original 4.   

2 Folio  19, cdno original 1.   

3  La  Fiscalía  mediante  resolución  del  20  de  diciembre  de  2002,  dispuso  la  vinculación  al proceso de Hernando Rivera  como partícipe de los delitos  de  hurto, falsedad en documentos y fraude procesal; folio 286, cdno original 1.   

4  Folios 120 a 134, cdno original 2.   

5  La  Fiscalía   mediante   resolución  del  26  de  febrero  de  2004,  dispuso  la  vinculación  al  proceso  de  Ildebrando Medina Gómez y Víctor Díaz Cardozo;  folio 61, cdno original 3.   

6  La  misma  Fiscalía  el   13 de mayo de 2004, dispuso también la vinculación  de Ana María Pérez Losada; folio 172, cdno original 3.   

7  Resolución de 6 de marzo de 2006.     

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