34961(18-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34961  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 373   

Bogotá,  D. C., dieciocho (18) de noviembre  de dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CARLOS    AUGUSTO    MENDOZA   ARENAS   y  LUIS    ORLANDO    MENDOZA    ARENAS    contra  la  sentencia  del  16  de julio de 2010 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga, tras revocar el fallo absolutorio proferido  el  18 de noviembre de 2009 por el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma  ciudad,  condenó a los procesados en mención, al primero a título de autor de  los  delitos de peculado por apropiación y falsedades en documentos públicos y  privados,  y  al  segundo en calidad de interviniente del delito de peculado por  apropiación.   

HECHOS  

          Los  resumió  el  Tribunal en los siguientes términos:           

          “Refiere  la  actuación procesal que en  ejercicio  de  las  funciones  de  primer  mandatario  del municipio Los Santos,  Carlos  Augusto  Mendoza Arenas, mediante oficio calendado el 9 de septiembre de  2005,  solicitó a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, la donación  de  mercancías y elementos con destino a la población más vulnerable del ente  territorial.   

          La  DIAN  mediante resoluciones 6936, 6937, 6938, 6939 y 6940 del 23  de  junio  de  2006,  aprobó  a favor de Los Santos la donación de mercancías  avaluadas  en  $288.120.567, bajo el entendido de que el representante legal del  municipio  debía distribuir los bienes a la comunidad más necesitada dentro de  los  30  días  hábiles  siguientes  al  recibo  de  los  mismos, siendo éstos  recepcionados  por  la  administración  municipal,  a  través  de Diego Edison  Gutiérrez  y  Raúl  Díaz  Carrillo,  en  los  meses de agosto y septiembre de  2006.   

          El  4  de  abril  y  el  10  de  mayo  de  2007,  la  fiscalía tuvo  conocimiento  que  la  mercancía  donada  por  la  DIAN  a  Los  Santos, no fue  inventariada  ni depositada en el almacén del municipio, sino por el contrario,  ésta  había  sido  apilada en la residencia de Nayibe Díaz Padilla, esposa de  Orlando  Mendoza  Arenas, hermano del entonces mandatario, Nubia Díaz y Alberto  Reyes,  en  razón  a  que presuntamente estaba siendo utilizada en proselitismo  político,  dada  la  candidatura de Luis Orlando Mendoza Arenas al primer cargo  de la municipalidad.   

          En  tal  sentido,  el  ente acusador el 29 de mayo de 2007 practicó  diligencia  de allanamiento a los inmuebles de Nayibe Díaz Padilla, Nubia Díaz  de  Salazar  y  Alberto  Reyes  Ramírez,  incautando  parte  de  la  mercancía  ofrendada por la DIAN en el año 2006”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 21 de  diciembre  de 2007, el Juzgado Séptimo Penal Municipal con funciones de control  de    garantías    ordenó    la   captura   de   los   hermanos   CARLOS     AUGUSTO     y    LUIS ORLANDO MENDOZA ARENAS.   

2.  Producida la aprehensión del segundo de  los  aludidos,  el  Juez  Tercero  Penal  Municipal  con funciones de control de  garantías  realizó el 22 de los mencionados mes y año audiencias preliminares  en  el  curso  de  las  cuales  legalizó la aprehensión, declaró válidamente  formulada  la  imputación  presentada  por  la  Fiscalía y profirió medida de  aseguramiento    de    detención   preventiva   en   contra   de   LUIS   ORLANDO   MENDOZA  ARENAS,  por  el  punible de peculado por apropiación a título de interviniente.   

3.  En audiencias preliminares realizadas el  19  de  enero  de  2008  por el Juzgado Segundo Penal Municipal con funciones de  control   de   garantías,   se   declaró   persona   ausente   a  CARLOS  AUGUSTO MENDOZA ARENAS; igualmente,  la  Fiscalía  le formuló imputación por el citado delito en calidad de autor,  en  concurso con falsedad en documento público y privado, y finalmente, el juez  le profirió medida de aseguramiento de detención preventiva.   

4.  Presentado escrito de acusación, se dio  inicio  a  la  respectiva audiencia, cuya realización tomó varias sesiones. En  el   curso   de   esta   diligencia   la   Fiscalía  atribuyó  a  CARLOS  AUGUSTO  MENDOZA ARENAS autoría en  los  delitos  de  peculado  por  apropiación,  falsedad en documento público y  falsedad  en  documento privado, estos últimos en concurso homogéneo, mientras  a    LUIS   ORLANDO   MENDOZA   ARENAS   el   punible   de   peculado   por   apropiación   a   título   de  interviniente.   

5. El Juez realizó la audiencia preparatoria  los  días  4  de  junio y 1º de julio de 2008, tras lo cual celebró el juicio  oral,  fase  procesal  realizada entre el 6 de agosto del citado año y el 18 de  septiembre  de  2009.  Al  término  del  juicio,  el  funcionario anunció como  sentido  del  fallo  uno  de  carácter absolutorio, decisión que plasmó en la  providencia dictada el 18 de noviembre siguiente.   

6.  Contra la sentencia de primera instancia  interpuso  recurso de apelación la Fiscalía, con ocasión del cual el Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  revocó  la  decisión  absolutoria  para  condenar a  CARLOS    AUGUSTO    MENDOZA   ARENAS   a  las  penas  principales  de  4.789  días  de  prisión, multa en  cuantía  de  $18.142.880.25  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas   indefinida   en   el  tiempo,  mientras  a  LUIS  ORLANDO  MENDOZA  ARENAS  a las penas  principales  de  2.400  días  de  prisión,  multa en cuantía de $13.607.160 e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   lapso  determinado  para  la  pena  principal.  Además,  les  negó  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

7.  Atendido el sentido del fallo de segunda  instancia,  el  defensor  de  éstos  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en  la  Ley  906  de  2004, la defensa formula tres  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  los  dos  primeros por violación  directa   de   la   ley  sustancial  y  el  último  por  violación  indirecta.   

          En    el    primer   cargo   aduce   la  falta  de  aplicación  de  los  artículos  8º  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  humanos,  14  del  Pacto  Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  3º y 29 de la Constitución Política, todos  alusivos  al  debido  proceso,  y  7º  de  la  Ley  906  de 2004 referente a la  presunción  de  inocencia. Consecuencialmente, denuncia la aplicación indebida  de  los  artículos  25  de  la  citada  disposición legal y 133 del Código de  Procedimiento Civil, entre otras normas procesales.   

          Para  fundamentar  la censura el actor reseña cómo el Tribunal, al  evidenciar  que  en los audios respectivos no aparece registrada la totalidad de  la  audiencia  de  acusación  ni  la del juicio oral, frente a la cual echó de  menos  los  testimonios  de  Liliana Isabel Martínez,  Benjamín    Almeida    Delgado    y    Beatriz   Mendoza   Bueno,   ordenó   la  reconstrucción  parcial  del  expediente,  amparándose  para  el  efecto en lo  dispuesto  en  los  artículo  25  de  la  Ley  906 de 2004 y 133 del Código de  Procedimiento  Civil, así como en decisión de la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  que  se  refería  a  una situación procesal muy  distinta  y sin aplicar además la normativa sugerida por esa alta Corporación.   

          Según  el  libelista,  el  procedimiento  seguido  por  el Tribunal  constituye  violación  al  debido  proceso  y  al  derecho  de  defensa, porque  implicó  usurpar  la  labor probatoria del juez de primera instancia, es decir,  actuó como juez y parte.   

          En  su  criterio,  la  reconstrucción  irregular  ordenada  por  el  ad    quem   trajo   como  consecuencia  el  otorgamiento  de credibilidad a los testimonios reconstruidos,  soportando   de   esa   forma   la  condena  que  profirió  en  contra  de  los  procesados.   

          Tras   transcribir  la  valoración  que  al  respecto  efectuó  el  Tribunal  y  citar  doctrina  acerca  del  principio de imparcialidad, el censor  afirma  que  la  reconstrucción  de  las pruebas, así como su apreciación por  parte  de  esa  misma  Corporación comportó la vulneración del aludido axioma  fundamental,  por  cuya razón pidió casar la sentencia para mantener incólume  la sentencia absolutoria de primera instancia.   

          En    el   segundo   cargo   predica  la  falta  de  aplicación  de  las  normas  del  bloque de  constitucionalidad  y  aquellas de carácter legal alusivas a dicho bloque, así  como  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  3º  de  la  Constitución  Política  y  9,  10 17 y 454 de la Ley 906 de 2004, los cuales tratan sobre los  principios de oralidad y concentración.   

          Al  desarrollar  el  reproche  pone  de  presente  cómo mientras la  audiencia  de  formulación  de acusación tardó más de 2 meses, la del juicio  oral  tomó  13  meses  y  medio,  tardanza  que,  en  su  sentir,  implicó  la  vulneración   de   las  normas  internacionales  que  obligan  a  tramitar  las  actuaciones dentro de un plazo razonable.   

          Tras  citar jurisprudencia de esta Colegiatura en torno al principio  de  concentración  y  transcribir  en extenso doctrina relacionada con el plazo  razonable  donde  se  consignan  los elementos a tener en cuenta para el efecto,  concluye  que el presente asunto no ostenta características de complejidad como  para  justificar  la  demora  de  más  de un año presentada en el trámite del  juicio  oral,  por cuya razón la afectación al plazo razonable ocurrida de esa  manera  comportó lesión al debido proceso, que el libelista pide corregir a la  Corte  casando  la  sentencia  condenatoria  para  mantener  ilesa  la sentencia  absolutoria de primera instancia.   

          En    el    tercer   cargo   acusa   al  Tribunal  de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  precisando  que  el  yerro  recayó en algunos casos sobre el hecho  indicador  y en otros en el proceso de inferencia lógica. El reproche lo divide  en ocho motivos, que sustenta de la siguiente manera.   

          En   el   primero   de  esos  motivos,  a  su  vez,  formula  varios  cuestionamientos   al   fallo.  Es  así  como  refiere,  inicialmente,  que  la  inferencia   realizada   por  el  ad  quem,  según la cual  el  deterioro  de  la  bodega  municipal en donde se encontraba la mercancía no  revestía  mayor importancia, no corresponde con las reglas de la sana crítica,  pues  la  prueba  testimonial  allegada  a la actuación demuestra lo contrario,  esto  es,  que las averías y falencias estructurales presentadas en dicho sitio  sí  eran  en  sana  lógica de gran envergadura.    

             

Al  efecto el censor cita los testimonios de  Liliana Isabel Martínez, José Antonio Serrano, Jorge  Luis  Rueda  Serrano, Raúl Barcenas, Porfirio Ramírez, José Gabriel Martínez  Ramírez   y   Raúl  Díaz  Carrillo.   Considera   que   el   Tribunal  estudió  indebidamente  esas  pruebas,  pues  lo  cierto  es  que de acuerdo con ellas la  bodega  no  ofrecía  condiciones  de seguridad, razón por la cual hubiese sido  equivocado    de   parte   del   alcalde   no   trasladar   la   mercancía   de  allí.   

          En  segundo  lugar,  estima  equivocada  la inferencia conforme a la  cual  el  sentenciador  halló  acreditado  el  ánimo apropiatorio a partir del  razonamiento  referente  a que las casas donde se trasladaron las mercancías se  encontraban  lejos  del  pueblo,  amén  de  no evidenciarse la necesidad de ese  traslado,  pues con posterioridad al mismo aún se hallaban en la bodega algunas  mercancías.   

          En     su     criterio,     los    testimonios    de    Fernando  Rey  Santos,  Irma  Poveda  Almeida,  Ángel  María Ayala  Mantilla   y  Pedro  Elías  Almeida  demuestran  que  la decisión del traslado no  fue  arbitraria  e  inconsulta,  sino  que  obedeció al interés de los propios  líderes  de la comunidad orientado a dar un resguardo seguro a las mercancías.  De   otra   parte,   considera   que   con   el   testimonio   de   Alberto  Reyes  Ramírez se acredita que su  vivienda  no  se  encuentra  por  fuera del municipio sino dentro del perímetro  urbano del mismo.   

          Para  el  demandante,  si  bien  otros  testigos manifestaron que la  decisión  de traslado fue autónoma y exclusiva del alcalde, tal contradicción  no  pone en entredicho lo afirmado por los demás declarantes, como lo estima el  Tribunal,  razonamiento  que  entonces  estima contrario a la función judicial,  pues  “cercena  las  deposiciones de los testigos en  lugar  de  valorar las pruebas en conjunto, para con ello determinar a quién le  asistía la verosimilitud de su dicho”.   

          En  tercer  lugar,  le  parece  especulativa  y  carente  de soporte  probatorio  la  inferencia  del  fallador  acorde  con la cual el alcalde debió  reparar  las  averías  que presentaba la bodega, actuación que no representaba  un mayor gasto.   

          En  sentir  del  censor, para efectuar tal razonamiento se requería  la  existencia de un dictamen pericial en el cual se ponderara si resultaba más  económico  reparar  y mejorar las condiciones locativas de la bodega o alquilar  un lugar en mejor estado, prueba que no obra en el proceso.   

          En   cuarto  lugar,  califica  como  afirmación  extrajurídica  la  aseveración  del  juzgador al tenor de la cual, previo a solicitar la donación  a   la  DIAN  el  alcalde  debió  realizar  un  análisis  logístico  para  el  almacenamiento  y  distribución  de  la  mercancía.  Estima  el  actor  que el  burgomaestre  para  entonces  no  podía tener certeza de la cantidad, calidad y  volumen  de  los  bienes  objeto de donación, lo cual sólo podría conocer con  posterioridad a la adjudicación.   

          En  quinto lugar, pone de presente la afirmación del Tribunal en el  sentido  de  que  el  alcalde debió devolver la mercancía malograda o dañada,  para  replicar  que  la guarda y custodia de la misma nunca estuvo en vilo y que  el  funcionario  en  mención  jamás  realizó  un  proceder  contrario  a  sus  funciones.  A  este  respecto  destaca cómo el escaso tiempo durante el cual la  tuvo  a  su  disposición  no  le  permitió  saber con exactitud cuáles de las  piezas  donadas  eran  inservibles,  tanto  que  aún  después  de cesar en sus  funciones,  el gobierno de su sucesor continuó efectuando entrega de mercancía  en  óptimas  condiciones, conforme lo declararon Raúl  Díaz   y   Pedro   Elías  Almeida.   

          En  su  sentir,  tan  cierto  es  lo  anterior  que  aún tres años  después  de  los  hechos,  conforme lo testificaron algunos líderes comunales,  “no  se  había  entregado ni devuelto los guarismos  que    en    todo    caso,    el   Tribunal   le   reprochó   al   burgomaestre  condenado”.   

          Y   en   sexto   lugar,   es   del   criterio  que  el  ad  quem  cuando predicó repetidamente la  estructuración   del  delito  de  peculado  por  apropiación  desconoció  los  propósitos  plausibles  que  llevaron  al  alcalde  a  trasladar la mercancía.  Además,  en  su  concepto,  desvirtúa  la  existencia  del  delito la efectiva  entrega  de  los  bienes  en consejos comunales, la relación de amistad con los  propietarios  de  los  inmuebles  considerando el tamaño pequeño de la entidad  territorial,  la  calidad de los elementos  en cuanto se trataba de escobas  y  chancletas  en  pésimo  estado,  el  hecho  de estarse entregando mercancía  cuando  se  produjo el allanamiento y que el lugar de alojamiento de la misma no  fue  un  secreto  para  la población, situación esta última reconocida por el  propio Tribunal.   

          En  el segundo motivo de impugnación incluido en el tercer cargo el  libelista  cuestiona  el  indicio  edificado  por el sentenciador a partir de la  inexistencia  de  prueba demostrativa del loable propósito de proveer seguridad  a  la  mercancía.  En  su  opinión,  dicho  indicio es inatendible, pues no se  construyó  “en  rigor  de  los  hechos  indicadores  debidamente   probados”.              

          En  el  tercero  motivo sostiene que la prueba testimonial recaudada  rebate   la   conclusión  del  ad  quem  acorde  con  la  cual  la  apropiación  de la mercancía tenía por  objeto   facilitar   las  campañas  políticas  de  los  hermanos  MENDOZA  ARENAS, uno para la alcaldía del  propio  municipio  de  Los  Santos  y el otro para la gobernación de Santander.   

Tras  hacer  referencia  a diez testigos que  declararon  en dicho sentido, considera contrario a las reglas de la experiencia  que  un partido político se preste para permitir a dos hermanos postularse a la  gobernación  y  alcaldía  en  la  misma  entidad  territorial,  situación que  “además  la  comunidad  registraría con estupor”  por  ser  “una  expresión  diamantina de nepotismo político”.   

          En    el    cuarto    motivo    se    refiere   al   “indicio   de  cargo”  edificado  por  el  fallador  a  partir  del  desorden  presentado en la entrega de las mercancías.  Para  el  demandante, el Tribunal no explica la exótica denominación que le da  a  ese  indicio, amén de que en su razonamiento incurre en contradicción, pues  en  muchos  pasajes  de  la  sentencia destacó cómo el municipio de Los Santos  constituía   ejemplo   o   modelo   a   nivel   nacional  en  la  organización  administrativa.   

          Considera  que con tal análisis el ad quem  omitió  cuestionar  el  desorden  monumental  de  la  Fiscalía  en las actas de entrega de mercancías, pero también desconoció que  el  alcalde delegó su manejo en subalternos suyos, a lo cual estaba enteramente  facultado por la ley y la Constitución Política.   

          En  el  quinto  motivo  censura  al Tribunal por deducir indicios de  responsabilidad  en  contra  de  LUIS  ORLANDO MENDOZA  por poseer llaves de la bodega y utilizar el vehículo  familiar  para trasladar la mercancía a las casas donde se guardó la misma. En  sentir  del  actor,  se  trata  de hechos indicadores equívocos e inexistentes,  pues  lo  cierto  es  que  el  aludido  procesado justificó la posesión de las  llaves  por  ser  el encargado de la pesa del matadero, la cual se encontraba en  la misma bodega municipal.   

          De  otra  parte,  estima que el juzgador incurrió en contradicción  cuando  afirma  que  la  mayoría  de  deponentes  aseguraron  no  haber visto a  LUIS  ORLANDO  MENDOZA en los  consejos  comunales,  no  obstante  lo  cual  le reprocha que los móviles de la  apropiación  se  relacionaban  con  las  campañas  políticas, situación esta  última  contraria  a  la regla de la experiencia invocada por el Tribunal, pues  los    candidatos    siempre    buscan    estar   en   ese   tipo   de   eventos  proselitistas.   

          En  el  sexto  motivo  alude a la falsedad en documento privado para  señalar  que  en  este  caso no están demostrados los dos elementos requeridos  para  su estructuración, esto es, la falsificación y el uso, como tampoco obra  “prueba  de  la  determinación  supuesta  de CARLOS  AUGUSTO MENDOZA ARENAS”.   

          Al  respecto  considera  que  el  desorden y caos presentados en los  consejos  comunales  durante  la  entrega  de  la  mercancía,  contrario  a  lo  concluido  por  el  sentenciador, justifican las inconsistencias evidenciadas en  las  actas de entrega firmadas por los beneficiarios de la asistencia donada por  la DIAN.   

          De otro lado, es del parecer que en este  caso  no  es  factible  verificar  la  falsedad de dichos documentos, pues no se  allegaron  los  originales  de  las  actas  sino sólo fotocopias, cuestión que  impidió realizar el respectivo cotejo grafológico.   

          En  el  séptimo  motivo  habla de la falsedad en documento público  atribuida   a   CARLOS   AUGUSTO  MENDOZA.  Sobre  el  particular  sostiene  que  el  desorden administrativo  aceptado  por  el  Tribunal descarta la existencia de ese punible, pues el mismo  es  esencialmente  doloso.  Por lo demás, encuentra ambigüedad en el juicio de  reproche,    porque    el    ad   quem   se  refiere  a  “falsedad  en  documento  público”,  sin  precisar  si  se  trata de falsedad  ideológica  en  documento  público,  falsedad material en documento público u  obtención de documento público falso.   

          Para   el  casacionista,  además,  el  sentenciador  reconoció  la  presencia  de  duda  al  afirmar lo siguiente: “De lo  anteriormente  señalado  se  extrae  que  el estado de mercancías aparentemente   el  procesado  confeccionó  y  suministró  a  los  propietarios    de    los    predios    (sic)”.  En  fin,  concluye  que  en  este  caso  no existe prueba  demostrativa  de  que  el  acusado  falsificó  el  oficio  del 18 de octubre de  2006.   

          Finalmente,  en  el  octavo motivo cuestiona al Tribunal por ordenar  la  captura  inmediata  de  los  procesados,  sin  esperar a la ejecutoria de la  sentencia.  Considera  que  esa  decisión  vulnera  los  derechos a la dignidad  humana,  libertad  y  presunción  de inocencia, así como el principio procesal  según  el cual la privación de la libertad es la excepción, amén de estar en  contravía  con los artículos 166 y 177 de la Ley 906 de 2004, que supeditan la  ejecución  de  la  sentencia  a  su  firmeza,  y con la sentencia C-252 de 2001  mediante  la  cual  la  Corte  Constitucional  declaró  inexequible  las normas  legales    que    permitían   interponer   la   casación   contra   sentencias  ejecutoriadas.   

          En  su  criterio,  si  bien  el  artículo 450 de la Ley 906 de 2004  establece  que  cuando  la  detención  sea  necesaria el juez podrá ordenarla,  librando  inmediatamente  la  correspondiente  solicitud de encarcelamiento, tal  determinación  debe hacerse con sujeción a los artículos 1, 2, 308, 310 y 312  ibídem,  lo  cual  el  Tribunal  cumplió  apenas  escuetamente, utilizando una  argumentación genérica, imprecisa y a priori.   

          Con  sustento  en  los cargos antes resumidos el libelista solicitó  casar   la   sentencia   impugnada  para  proferir  en  su  reemplazo  decisión  absolutoria.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Como  lo  tiene  reiteradamente precisado la  Sala,  en  la  sistemática  procesal  penal  regulada  en la Ley 906 de 2004 la  demanda  de  casación  también  debe  cumplir  unos presupuestos de adecuada y  lógica  fundamentación  como  condición  para  ser admitida. Tales exigencias  surgen  de  lo  dispuesto  en  los  artículos  182  y 184, inciso segundo, y su  finalidad  es evitar que el recurso se convierta en una tercera instancia, en la  cual  los  sujetos procesales postulen todo tipo de argumentos sin ningún rigor  técnico.   

La primera de las mencionadas normas exige al  censor  presentar  el libelo señalando de manera precisa y concisa las causales  invocadas  y  sus  fundamentos.  A  su  turno,  la  segunda  establece que no se  seleccionará  el  libelo cuando, entre otros casos, se prescinde de señalar la  causal o no se desarrollan los cargos de sustentación.   

          Al  amparo  de las citadas disposiciones la Sala ha expresado que en  el   nuevo   esquema  procesal  penal  al  demandante  le  corresponde  también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación  establecidas  por  la  ley y, adicionalmente, justificar la necesidad  del  fallo  de  cara  al  cumplimiento de alguna de las finalidades del recurso,  según  así  lo  tiene establecido el inciso segundo del artículo 184 de dicha  disposición legal.   

          Al  examinarse la demanda instaurada por el defensor de los hermanos  CARLOS AUGUSTO y LUIS  ORLANDO  MENDOZA  ARENAS, concluye la  Sala  que  la  misma  no  cumple las exigencias de adecuada y lógica redacción  indispensables   para   su   admisión  y,  antes  bien,  presenta  numerosos  e  insalvables  defectos  que  la tornan inepta para esos propósitos.            

          En  efecto,  el  primer cargo lo  apoya en el numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  es  decir,  denuncia  la violación directa de la ley sustancial, señalando que  el   ad  quem  realizó  la  reconstrucción   del   expediente   usurpando   la   labor   del   a   quo   y  sin  ceñirse,  además,  al  procedimiento establecido por esta Corporación.   

          El  censor,  sin  embargo,  no  explicó  la  necesidad del fallo de  casación  desde  la  perspectiva de los fines de la casación, especialmente la  efectividad  del  derecho  material,  pues  nada  dijo acerca del por qué si la  reconstrucción  del  expediente,  por  la  pérdida  del  registro  de  algunos  testimonios,  se  hizo  indispensable  en  sede de segunda instancia, se tornaba  imperioso  que  fuese  el  juez  de primera instancia, según su criterio, quien  adelantara  esa  reconstrucción,  cuando ese funcionario tuvo a disposición en  su momento todo el caudal probatorio para decidir.   

          El   demandante  solamente  aduce  que  el  Tribunal,  al  adelantar  directamente  dicho  trámite,  se  convirtió  en juez y parte, sin explicar de  qué  modo  con  ese  proceder  la  citada  Corporación  actuó  en esa segunda  condición,  estando claro, por el contrario, que es función de los juzgadores,  cuando  quiera  que  se  presenta  la  pérdida  total o parcial del expediente,  realizar  su  reconstrucción  y  luego  efectuar  la  valoración  jurídica  y  probatoria necesaria para adoptar la decisión correspondiente.   

          Ahora   bien,   es   cierto   que   el  ad  quem  adujo  que  la  reconstrucción,  ante el vacío  existente  al  respecto  en  la  Ley  906  de  2004,  debía efectuarse bajo los  trámites  del  Código  de  Procedimiento  Civil, proceder que se distancia del  criterio   jurisprudencial   de   esta  Corporación,  acorde  con  el  cual  el  procedimiento  a  seguir  es el previsto en la Ley 600 de 2000. Así lo señaló  la  Sala  en  la  sentencia  de tutela citada por el propio Tribunal, cuya parte  pertinente es del siguiente tenor:   

“Ciertamente  la Ley 906 de 2004 no prevé  el  mecanismo  de  la  reconstrucción de expedientes, por lo que, como en otros  asuntos,  surge  obligado  aplicar  el  principio  de  integración –artículo  25-  y por tanto aplicar lo  previsto  en  los artículos 155 y siguientes de la Ley 600 de 2000 normatividad  que       señala       su       trámite…”1.   

          Sobre   la   viabilidad   de   llenar   vacíos  presentados  en  la  sistemática  regulada  en la Ley 906 de 2004 con la normativa establecida en la  Ley  600  de  2000  se  ha  pronunciado  la Corte también en sede de casación,  conforme  se  observa  en  la  sentencia  del  9  de  junio  de 20082  y en el auto  del     15     de     septiembre     de     20083,  posibilidad  amparada  en lo  establecido  en  el  artículo  25  de  la  primera  de  las disposiciones antes  citadas,  al  tenor  del  cual las aludidas lagunas se colman con las normas del  Código  de  Procedimiento  Civil  “y  las  de otros  ordenamientos  procesales cuando no se opongan a la naturaleza del procedimiento  penal”.   

          No   obstante,   se   advierte  que,  al  final,  para  disponer  la  reconstrucción  parcial  del expediente el juzgador de segundo grado aplicó lo  establecido   en   el   artículo   157  de  la  Ley  600  de  2000,  norma  que  establece:   

          “Presunción.   Las   copias   de   las  providencias  hacen  presumir la existencia de la actuación a que se refieren y  las  pruebas  en  que  se  funda.  Igualmente las copias de una actuación hacen  presumir la existencia de las actuaciones anteriores”.   

          Lo  anterior  porque al evidenciar la imposibilidad de recuperar los  registros  de  los  testimonios perdidos, el Tribunal dio por reconstruidas esas  piezas  procesales  a  partir de las referencias hechas respecto de su contenido  en  la  sentencia  de primera instancia. En efecto, señaló sobre el particular  el     ad    quem    lo  siguiente:   

          “Bajo   los  supuestos  anteriores,  la  reconstrucción  del expediente es el mecanismo idóneo y válido para recuperar  lo  extraviado  y por tanto así se da por reconstruido el contenido literal que  de  esas  pruebas  se ofrece en el cuerpo de la sentencia de primera instancia y  que  fuera avalado por las partes que intervinieron en las audiencias celebradas  con  el  propósito  de reconstruir el expediente”4.   

          Refulge  de lo analizado la intrascendencia del reparo efectuado por  el  actor  en  el  sentido  de haberse aplicado una normativa incorrecta para la  reconstrucción  del expediente, pues lo cierto es que la solución implementada  por  el ad quem se corresponde  con lo regulado en la Ley 600 de 2000.   

          Por     las     razones    anteriores    el    primer    cargo    se  inadmitirá.   

          En    el   segundo   cargo   el  demandante  también acusa al Tribunal de incurrir en violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  no  advertir  que  en  el  trámite  del  juzgamiento  adelantado  en este caso se vulneró el principio de concentración  y  de  paso  las  normas  internacionales  que imponen adelantar las actuaciones  dentro de un plazo razonable.   

          Al  sustentar  la  censura, empero, el libelista olvidó que en sede  de   casación  es  indispensable  acreditar  la  trascendencia  de  los  yerros  atribuidos  al  juzgador.  Es así como frente al principio de concentración la  Corte  tiene  dicho  que  no  basta para demostrar su quebranto con verificar la  prolongación  objetiva  del  juicio  oral,  sino  que es necesario constatar de  forma  efectiva  que  esa  prolongación  tuvo  injerencia  de  manera  cierta y  efectiva   en   el   juez,   acerca   de   la  memoria  de  lo  sucedido  en  la  audiencia5.   

          Tal  carga  argumentativa  no  la  cumplió  el  actor,  sino que se  limitó  a  expresar que el proceso no revestía complejidad, sin esforzarse con  señalar  de  qué  modo  el  término  que  tomó  la  evacuación  tanto de la  audiencia  de  acusación  como el juicio oral influyeron en la memoria del juez  respecto de lo sucedido en el curso de esas actuaciones.   

          Más  aún,  si  uno  de los fines de la  casación  es  reparar  los  agravios  inferidos  a  los  sujetos procesales, no  observa  la Sala de qué manera pudieron afectarse los intereses del acusado con  la  demora denunciada cuando se observa que el fallo de primera instancia fue de  carácter absolutorio.   

          Por  lo demás, la pretensión del actor con la censura propuesta no  se  corresponde  con  el  sustento  de  la  misma,  pues  si  lo  aducido  es el  desconocimiento  del  principio  de  concentración  no  se  comprende  por qué  solicita  la  absolución  de su patrocinado cuando es claro que, de acuerdo con  el  artículo  454  de  la  Ley  906  de  2004,  esa  incorrección conduce a la  repetición del juicio.   

          Resulta,  por  tanto, imperioso también inadmitir, como lo hará la  Sala, el segundo reproche.   

          En    el    tercer   cargo   acusa   al  Tribunal  de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

          Como  lo  tiene  ampliamente  decantado  la Corte, dicha especie del  error  de  hecho  se  presenta  cuando  el sentenciador, al apreciar las pruebas  incorporadas  al plenario, vulnera los principios de la sana crítica integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos y las leyes de la  ciencia.  Por  eso,  para  su  acreditación  es  necesario  que el casacionista  indique  cuáles  principios de esa naturaleza aplicó indebidamente el juzgador  y  cuáles, en su defecto, debió considerar éste, explicando adicionalmente la  trascendencia del error.   

          En  el  caso materia de análisis, el impugnante no cumple con dicha  carga  argumentativa, pues en la extensa sustentación de la censura se limita a  cuestionar  las  razonamientos  lógicos  a  partir  de  los  cuales el Tribunal  edificó  el  juicio de responsabilidad, señalando en forma genérica que no se  corresponden  con  los  principios de la sana crítica, pero sin indicar cuáles  de   éstos   vulneró   el   ad   quem  y cuáles eran los realmente aplicables.   

          Solamente  buscó  de  alguna  forma  cumplir  con  la aludida regla  casacional  cuando  cuestiona  al  juzgador  por concluir que la finalidad de la  apropiación  de  la  mercancía  donada por la DIAN era auspiciar las campañas  políticas    que    pretendían    adelantar    los    hermanos    MENDOZA  ARENAS, uno para la gobernación y  el  otro  para  la  alcaldía  del  propio  municipio  Los  Santos.  Al respecto  consideró  contrario a las reglas de la experiencia que un partido político se  preste  para permitir a dos hermanos postularse a la gobernación y alcaldía en  la     misma     entidad    territorial,    situación    que    “además   la  comunidad  registraría  con  estupor”  por  ser  “una  expresión diamantina de  nepotismo político”   

          Sin  embargo,  bien  se observa que el ataque no se dirige contra el  raciocinio  efectuado por el fallador sino contra el hecho indicador base de ese  razonamiento,  es  decir,  la  postulación  simultánea  a  la  gobernación  y  alcaldía,  olvidando  el  impugnante de esa manera que en sede de casación ese  elemento  del indicio solamente admite cuestionamiento, desde la perspectiva del  error   de   hecho,   por   vía   de   los   falsos   juicios  de  identidad  y  existencia6,  a  través  de los cuales entonces le correspondía cuestionar el  poder  suasorio  asignado  por  el  juzgador  a  las pruebas que le sirvieron de  soporte  para  dar por demostrada dicha realidad fáctica, se refiere la Sala en  concreto  a  la  renuncia  al  cargo  de  alcalde  presentada  por  CARLOS   AUGUSTO   MENDOZA,  en  la  cual  manifestó  como  motivo de la misma su pretensión de aspirar a la gobernación  del   departamento   de   Santander,  así  como  a  la  efectiva  elección  de  LUIS  ORLANDO MENDOZA para la  dignidad dejada por su consanguíneo.   

          El  planteamiento  del  libelista se concreta, en fin, a expresar su  particular  punto  de vista respecto del conjunto probatorio, en cuanto sostiene  que  los  medios  de  convicción  no  acreditan  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  de  segunda  instancia  sino  aquella que favorece los  intereses  de su defendido. Con ello olvida que tal modo de argumentación no es  admisible  en  sede  de  casación,  atendida  la doble presunción de acierto y  legalidad  con la cual la sentencia arriba a la Corte, que le asigna prevalencia  a  la  valoración persuasiva efectuada por el funcionario judicial frente a los  personales juicios apreciativos de los sujetos procesales.   

          Pero  es  más,  a  lo  largo de la postulación entremezcla reparos  propios   de   motivos   casacionales   distintos   al  inicialmente  propuesto,  quebrantando  con  ello  el  principio  de  autonomía  que  rige  en  esta sede  extraordinaria,   acorde  con  el  cual  el  desarrollo  del  reproche  se  debe  corresponder con el enunciado del mismo.   

          Es  así  como acusa al fallador de (i) cercenar las deposiciones de  los   testigos,  así  como  (ii)  haber  dado  por  probado  que  las  averías  presentadas  por  la  bodega  municipal eran fácilmente reparables, sin existir  dictamen  que  así lo indicara. Igualmente, (iii) incurrir en ambigüedad al no  precisar  la  naturaleza  de  la  falsedad en documento público atribuida a los  procesados.  Finalmente,  (iv)  reconocer  la  presencia  de  duda  frente  a la  configuración  del  aludido  delito,  al afirmarse en el fallo: “De   lo   anteriormente   señalado  se  extrae  que  el  estado  de  mercancías   aparentemente  el  procesado  confeccionó  y  suministró  a  los  propietarios de los predios (sic)”.   

          Con  los  dos  primeros  de  esos  reparos  el  censor, en su orden,  resultó  planteando  falsos  juicio  de  identidad  y  existencia,  que si bien  constituyen  también  errores  de  hecho revisten una significación diversa al  falso   raciocinio,   pues   el  primero  se  presenta  cuando  el  sentenciador  distorsiona  los  medios  probatorios  haciéndoles  decir  lo  que no expresan,  mientras  el  segundo  ocurre cuando se dejan de apreciar pruebas obrantes en el  proceso o se suponen algunas no existentes en éste.   

          Mediante  el  tercero  el actor, por su parte, plantea un defecto de  motivación,  para  lo  cual  debió  acudir  a  la causal segunda de casación,  indicando   la   trascendencia   de   la   incorrección  denunciada,  exigencia  argumentativa que no cumplió.   

          Por  último, mediante el cuarto reparo en comentario se adentró en  los  terrenos  de  la  violación  directa de la ley sustancial, cuestionamiento  que,  por lo demás, se sustenta a partir de distorsionar y fraccionar el aparte  del  fallo  citado  por  el  impugnante,  como  se  observa de su transcripción  textual:   

          “De lo anteriormente señalado se extrae  que  el  listado  de  mercancías  que aparentemente el procesado confeccionó y  suministró  a  los  propietarios  de  los  predios,  no  registra  la verdadera  existencia  de los donativos depositados en dichas viviendas, lo que concatenado  a  lo  adverado  en  entrevista  por Nubia Díaz de Salazar, en lo atinente a no  habérsele  procurado  un  inventario de los bienes, y la lógica globalización  del  mismo, en tanto, no se discriminó lo depositado en cada casa, sustentan el  cargo  por  el  que  la  fiscalía  pide  condena”7.   

          Como  se  observa,  el  Tribunal  no  se refirió al “estado”   de   la  mercancía  sino  al  “listado”  de  la  misma  elaborado   por   el   ex   alcalde   CARLOS  AUGUSTO  MENDOZA  para pretender demostrar la existencia de los  donativos  en  las  viviendas  a las cuales se llevaron éstos, y lo hizo con el  fin   de   poner   de   presente   la   falsedad   de   lo   consignado  en  ese  documento.   

          En     el    tercer    cargo  el  libelista  también  cuestiona  la  decisión del ad  quem de ordenar la captura inmediata de  los  procesados.  Aparte  de  que  este  ataque se distancia del error por falso  raciocinio  enunciado, es necesario precisar que inconformidad de esa naturaleza  no  es  demandable  por  vía  de  casación,  pues se trata de una decisión de  carácter  interlocutoria  que  se emite fruto de la negación a los acusados de  la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,  pronunciamientos  éstos sí susceptibles de impugnación en sede  extraordinaria, respecto de lo cual, empero, se sustrajo el actor.   

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  de  los  cargos formulados, deficiencias que no permiten advertir  la  necesidad  del  fallo de casación, la Sala inadmitirá la demanda objeto de  examen,  considerando  además la no concurrencia de circunstancias vulneradoras  de  garantías  fundamentales  en  los  temas  contemplados  en  el  libelo, que  impongan superar los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

     

No  obstante,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador  impuso  al acusado CARLOS AUGUSTO MENDOZA  ARENAS   la   sanción  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de manera indefinida, lo cual en el  primer  caso  podría  eventualmente  quebrantar lo dispuesto en el inciso final  del  artículo  122 de la Constitución Política, en la modificación efectuada  en el artículo 1º del Acto Legislativo No. 1 de 2004.   

Por  tanto,  la  Sala  ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo   relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia  que  procede  contra  la  providencia  inadmisoria  de  la  demanda  conforme lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de   2004   y  de  acuerdo  con  las  reglas  fijadas  en  jurisprudencia reiterada de  la       Sala8,         vuelva  el  proceso  al  Despacho  de  la Magistrada ponente para de  oficio proferir, en su momento, el pronunciamiento de rigor.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de CARLOS AUGUSTO MENDOZA  ARENAS  y LUIS ORLANDO MENDOZA  ARENAS,  por  las  razones  expuestas  en  la anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión  y  resuelto,  en  caso  de  interponerse,  el  recurso de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  /  vulneración  de  garantías fundamentales, conforme lo expresado en  esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

Permiso  

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                           AUGUSTO     J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

Permiso               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS         JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

              Secretaria     

1   Decisión del 22 de septiembre de 2009, radicación 44050.   

2  Radicación 29092   

3  Radicación 30107.   

4  Página 25 del fallo de primera instancia.   

5  Sentencia del 4 de marzo de 2009, radicación 30645.   

6 Cfr.  auto del 10 de marzo de 2009, radicación 26572.   

7  Página 124 del fallo de segunda instancia.   

8  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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