34876(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34876   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 413.  

Bogotá D.C., diciembre nueve (9) de dos mil  diez (2010)   

VISTOS  

La  Sala  acomete  el  estudio  sobre  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   WILLIAM  ARMANDO  VÁSQUEZ  SANTOS, contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  1º  de  junio  de 2010, confirmatoria de la dictada el 3 de marzo del mismo  año  por el Juzgado Veintidós Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  esta  Capital,  por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable  de  los  concursos  homogéneos de delitos de acceso carnal abusivo con menor de  catorce  años  y  actos  sexuales  abusivos  con  menor de catorce años, todos  agravados    por    la   posición   de   autoridad   del   agresor   sobre   la  víctima.   

HECHOS  

Los    sucesos    que   motivaron   este  diligenciamiento  fueron  adecuadamente sintetizados en el fallo del Tribunal en  los siguientes términos:   

“Por  espacio  aproximado  de dos años –  2007  a  2009  – William  Armando  Vásquez Santos sostuvo relaciones sexuales con su sobrino B.O.C.V., en  algunas  ocasiones  hubo  penetración por vía anal y otras se limitó a palpar  las  partes  íntimas del menor (para el 29 de enero de  2009,  fecha  de  presentación de la denuncia, el niño tenía 9 años de edad,  se precisa)”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En   audiencia  celebrada  en  el  Juzgado  Dieciocho  Penal  Municipal  de control de garantías de Bogotá, el funcionario  impartió  legalidad  a  la  captura.  En  la  misma oportunidad la Fiscalía le  imputó  al  incriminado,  asistido  por  su defensor, la comisión del concurso  homogéneo  sucesivo  de  delitos  de acceso carnal con menor de catorce años y  actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,  unos y otros agravados (por la  posición  del  agresor sobre la víctima y realizarse en un niño menor de doce  años de edad), la cual no aceptó.   

En  dicha  diligencia  le  fue  impuesta  a  instancia  del ente acusador medida de aseguramiento de detención preventiva en  establecimiento de reclusión.   

          El  26  de  marzo de 2009 se presentó el escrito de acusación y el  30  de  abril  siguiente  se llevó a cabo la correspondiente audiencia, en cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  acusó  a  WILLIAM ARMANDO  VÁSQUEZ  SANTOS  como  presunto autor del concurso de  delitos señalado en la audiencia de imputación.   

El  debate oral fue adelantado en el Juzgado  Veintidós  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Bogotá,  despacho  que el 3 de marzo de 2010 profirió fallo, por medio del cual condenó  a  VÁSQUEZ SANTOS a la pena  principal   de   dieciocho   (18)   años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por diez  (10)  años, como autor penalmente responsable del concurso de delitos objeto de  acusación,  pero  marginó  la circunstancia de agravación derivada de la edad  del  infante  (numeral  4º  del  artículo  211 del Código Penal). En el mismo  proveído  le  fue  negada  tanto  la condena de ejecución condicional, como la  prisión domiciliaria.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá lo confirmó mediante sentencia del 1º de junio  de  2010, decisión contra la cual el referido sujeto procesal interpuso recurso  extraordinario    de    casación    y   allegó   en   tiempo   el   respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal tercera de casación  establecida  en  el  numeral  3º  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el  defensor  formula  un  reproche contra el fallo del ad  quem,   por  “equivocada  apreciación,  valoración  e  interpretación  de  la  conducta  y de la prueba  documental  arrimada  al expediente”, lo cual condujo  a  la  aplicación  indebida  del  artículo  208  del  estatuto  penal  y de su  agravante,  producto  de  error  de hecho por falso juicio de identidad sobre la  prueba documental.   

Al  mismo  tiempo  afirma  que  el  Tribunal  incurrió  en error de hecho por falso raciocinio en la valoración del referido  medio  probatorio,  esto  es,  del  informe  técnico  médico legal serológico  suscrito     por     el     doctor     Castellanos  Rodríguez.   

          Como   en   dicho   informe   se  dice  que  el  niño  afirmó  que  “WILLIAM  quien es su tío le mete el Chichi por la  cola”,  considera  mal entendida dicha expresión en  las  instancias  al  asumir  que  el procesado penetraba analmente al niño, sin  embargo,   aduce,   “tengo  total  certeza  que  el  Honorable  Magistrado se equivoca al hacer esta apreciación. Cuando una persona  menciona      esta     palabra     ‘cola’   o  ‘colita’ no se refiere a esa parte anatómica  llamada       correctamente       ‘ANO’;  más  aún  en  el  caso  de un niño. Si un adulto se queda observando a una dama que  pasa  por  su  lado,  algunas  veces  comenta:  tiene  bonita  cola  y  se está  refiriendo  única  y  exclusivamente  a la forma de sus glúteos o sus nalgas y  nunca  a  su  ano  o  peor  aún,  a  su  recto,  que  son partes del cuerpo muy  distintas  (…)  Es por lo  anterior  que  cuando  el  niño  dice  que  el  tío  le  metía  el  chichí o  (sic) la cola no se refiere  a  que  lo  hubiera  accedido  carnalmente como lo exige la norma, artículo 208  C.P.  para  que  se  configurara  el  delito,  ni  mucho  menos que lo penetrara  analmente”.   

Agrega  que  su  aserto es confirmado con lo  expuesto  en  el  mismo documento al informar que no existen huellas externas de  lesión  reciente que permitan fundamentar una incapacidad médico legal, pese a  que  según  las  pruebas  el  día  anterior  había  tenido  lugar la supuesta  penetración,  amén  de  que  no  se  hallaron  espermatozoides,  pero  sí  se  evidenció manipulación en la región anal de carácter reciente.   

          Afirma  que  si  bien el contacto sexual se presentó, no tuvo lugar  en  los  términos  del artículo 208 del Código Penal, pues si “el  dictamen  no precisó el acceso carnal, el señor Juez no se lo  puede   imaginar”  se  trató  de  un  acto  sexual  abusivo.   

          Resalta  que el mismo acusado en la audiencia dijo que jamás había  tenido  relaciones con su miembro viril, situación no verificada en el curso de  la actuación.   

Advera  que  la  pena  que  corresponde a su  asistido  debe  ser  menor  a la mitad de la impuesta de dieciocho (18) años de  prisión,  pues es la establecida en el artículo 209 del estatuto punitivo, que  se ocupa del acto sexual con menor de catorce años.   

Con  apoyo  en  los argumentos expuestos, el  defensor  solicita  a  la Sala casar el fallo impugnado, para en su lugar dictar  la      “sentencia      que      en     derecho  corresponda”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado  la  Sala  que  si bien en el  estatuto  procesal  de 2004 no media distinción entre el recurso extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de  la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las  censuras  el  acatamiento de las  exigencias    de    lógica    y    pertinente  demostración   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  acomete  la  Sala  el estudio sobre la admisibilidad del reparo planteado por el  demandante.   

Como  el  defensor  denuncia la presencia de  error  de hecho por falso juicio de identidad en la apreciación de las pruebas,  especialmente  del  informe  técnico  médico legal serológico suscrito por el  doctor      Castellanos     Rodríguez,  impera  señala  que  tal yerro tiene lugar cuando los falladores  valoran   la   prueba,   pero   al   considerarla   distorsionan   su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola, caso en el cual corresponde  al  impugnante  identificar  mediante el cotejo objetivo de lo dicho en el medio  probatorio  y  lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a la prueba,  los  efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada, tópico  de   improcedente   demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  actor sobre el medio de prueba cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustantiva en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia atacada  con  la  corrección  del error y la debida valoración de la prueba en conjunto  con las demás, labor no asumida por el censor en este caso.   

En  efecto,  no  orientó  su  esfuerzo  a  denunciar  el  aparte  cercenado o adicionado, pues se limitó a señalar el que  en  su  criterio  debía  ser el entendimiento de dicho medio de prueba, para lo  cual  se  desentendió de las explicaciones que sobre el mismo rindió el galeno  Edgar   Castellanos   del  Instituto  de  Medicina  Legal  durante  la  fase del juicio oral, en las cuales  expuso  por  qué  no  se  encontraron  espermatozoides en la víctima y de qué  manera   arribó   a   sus   conclusiones   sobre   la   penetración  anal  del  infante.   

          Tampoco   alude   el   recurrente  a  lo  dicho  por  el  psicólogo  William    Alfonso    López    Alzate,  acerca  de la forma en que debe ser entendido el relato efectuado  por  la víctima en este asunto, distinguiéndolo de la exposición que sobre el  mismo podría realizar un adulto.   

Ahora,  como  sincrónicamente  el  defensor  cuestiona  la  apreciación  de  dicha prueba por falso raciocinio, es necesario  señalar  que  tal  error  acontece  cuando  los  falladores derivaron del medio  probatorio  deducciones  contrarias  a  las reglas de la sana crítica, esto es,  los  principios  de  la  lógica,  las  leyes de la ciencia o las máximas de la  experiencia.   

Tratándose  de  dicho yerro, corresponde al  libelista  establecer  qué  dice en concreto la prueba indebidamente ponderada,  qué  se  infirió  de  ella  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el postulado lógico, la ley científica o la  máxima  de  experiencia  cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo a  la  par  indicar  su  consideración  correcta,  identificar la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y  finalmente,  demostrar  la trascendencia del error expresando con claridad cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable  obligación  de  acreditar  que  la  enmienda  del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente  diverso  y favorable a los intereses de su representado, proceder  que en este asunto no acometió el defensor.   

          Sobre  el  particular  advierte  la  Sala que en evidente olvido del  principio  de  técnica que rige esta impugnación extraordinaria, el recurrente  procede  a  plantear,  sin más, su particular percepción del caso, sin sujetar  su  argumentación a las reglas definidas para desarrollar el cargo invocado, de  modo  que  desconoce  la  presunción  de  acierto  y legalidad de la cual está  revestido el fallo.   

          Adicionalmente,  con  ausencia  de  cualquier  rigor  argumentativo,  utiliza  los  mismos  planteamientos  para  aludir,  tanto  al  falso  juicio de  identidad,  como  al  falso raciocinio, respecto del mismo medio de convicción,  sin  percatarse  que  se trata de quebrantos sustancialmente diversos, y que por  tanto, cuentan con argumentaciones y demostraciones diferentes.   

Las  mencionadas  falencias    en    el  discurrir   del   censor  imposibilitan  a  la  Sala  acometer  el  estudio  del  libelo,    pues    si  éste   no   corresponde   a  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base  en  meros  enunciados  inexplicados  y  sin  atenerse a alguna de las reglas  lógicas  y  argumentativas  que  lo  gobiernan, obliga a la Sala a inadmitir la  demanda  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  pues  en  virtud del principio de limitación propio del trámite casacional, la  Corte   no   se   encuentra   facultada   para   enmendar   tales   incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  del  acusado, como para adoptar la decisión de superar  los  defectos  de la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º  del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  WILLIAM    ARMANDO    VÁSQUEZ   SANTOS    por    las    razones    expuestas    en   las   consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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