34739(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34739   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta Nº 371.  

Bogotá D.C., diecisiete (17) de noviembre de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisión de la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre de DIEGO  FERNANDO   ATEHORTÚA   PÉREZ  contra  el  fallo  del  Tribunal    Superior    de    Distrito    Judicial    de    Buga    (Valle),  que  confirmó  el emitido en el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  mediante  el  cual fue  condenado como autor responsable de secuestro extorsivo.   

HECHOS Y SÍNTESIS PROCESAL  

1. El 24 de octubre  de   2008,   en  la  finca  “El  Chalet”  ubicada en el corregimiento de San Luis, municipio de La Unión  (Valle),  seis  sujetos  con  el  rostro cubierto penetraron clandestinamente en  horas  de  la noche y, luego de intimidar a sus moradores con armas de fuego, se  llevaron  por  la  fuerza  hacia un lugar agreste a Luis Eduardo Toro Giraldo, a  quien,  en  principio,  por dejarlo en libertad le exigían trescientos millones  de        pesos        ($        300’000.000),  suma    que    después    redujeron    a    treinta    millones    (30’000.000)  y para cuya satisfacción, el 26  del  mismo  mes,  lo  liberaron,  previa  advertencia en el sentido de que al no  cumplir  con  ese  pago  atentarían  contra  él  o  su  esposa, conforme se lo  reiteraron en posteriores llamadas telefónicas.   

Con base en la información suministrada por  la  víctima  en  su  denuncia  y  la  labor investigativa de agentes del Cuerpo  Técnico   de   Investigación  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  se  estableció  que  en  la  aludida  retención  probablemente habían participado  Walter  Calero,  suegro  del plagiado, y DIEGO FERNANDO  ATEHORTÚA    PÉREZ,   primo   de   la   esposa   de  éste.   

2.  Legalizada  la    captura  de     los              indiciados       y      realizada  la formulación de imputación ante un juez con funciones  de     control     de     garantías,     ATEHORTÚA  PÉREZ  se  allanó a los cargos, empero, este último  acto  fue  declarado  nulo, a petición de la defensa, por el Juez Primero Penal  del  Circuito Especializado de Buga (Valle),  motivo  por  el  que  el  proceso  siguió su curso normal con la  presentación  del  escrito  de  acusación,  el  14  de  abril  de 2009, por la  conducta  punible  de  secuestro  extorsivo  agravado,  de  conformidad  con los  artículos 169 y 170-4 de la Ley 599 de 2000.   

3.  En  el Juzgado  Tercero    Penal    del    Circuito    Especializado    de   Buga   —en  razón del impedimento manifestado  por      el      anterior      funcionario      de      conocimiento—,  se  llevo  a  cabo  la audiencia de  acusación  y  tuvo lugar el debate oral, concluido el cual su titular, el 16 de  febrero  de  2010,  emitió  sentencia  condenatoria contra el citado encausado,  desestimando  la  circunstancia  de agravación respecto del delito endilgado, y  en  tal  virtud  le  impuso  las  penas  principales  de  trescientos  cincuenta  (350)  meses  de  prisión y  multa    de   mil   setecientos   (1.700)   salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes,  así  como  la  accesoria  de  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por    un   término   de   quince   (15) años.   

4.  Apelada  la  reseñada  decisión  por  el  defensor  de  ATEHORTÚA  PÉREZ,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Buga   (Valle),   mediante  pronunciamiento  de  30  de  abril de 2010, la confirmó en cuanto fue objeto de  réplica,  fallo  de  segunda  instancia  contra el que interpuso y sustentó en  tiempo    el    recurso    extraordinario   de   casación   el   mismo   sujeto  procesal.   

DEMANDA  

El actor invoca el numeral 2° del artículo  181  de la Ley 906 de 2004, como fundamento para alegar la violación del debido  proceso  y del derecho de defensa, por desconocimiento de la garantía universal  de  imparcialidad,  pues  el  juez  que  tramitó  el  juicio  debió declararse  impedido  para  ello, como quiera que ante ese despacho se venía adelantando el  juzgamiento   de   la  otra  persona  involucrada  en  los  hechos  (Walter   Calero),   respecto  de  quien,  asegura  el  actor,  con los mismos elementos de prueba que luego se practicaron  en  el  caso  de  su  representado,  el  respectivo  funcionario  emitió  fallo  absolutorio,  quedado  así  contaminado para valorar con ecuanimidad los medios  de conocimiento en los que sustentó la condena de su prohijado.   

Asegura   que   por   lo   anterior   es  “procedente  la  acción  de  revisión”  interpuesta, dado que se soslayó una causal de impedimento que  obstaculizaba  la  realización  de  un  juicio  imparcial,  y para remediar ese  agravio  es  necesario  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  por  el  juez de  conocimiento   o   “que  se  absuelva  [a  su  defendido] de los cargos tal como  se  hiciera (sic) con el otro  coautor”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  De conformidad  con  lo  establecido en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, nuevo Código de  Procedimiento  Penal,  el  recurso de casación es un mecanismo de control tanto  constitucional     (artículo    235-1)  como legal que procede contra las sentencias proferidas en segunda  instancia  y  que,  de  acuerdo  con  lo señalado en el artículo 180 del mismo  ordenamiento,      tiene      como     propósitos     alcanzar     (i)  la efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías     fundamentales,     (iii)   la   reparación   de   los  agravios  inferidos  y  (iv)    la    unificación    de    la  jurisprudencia.   

Para  hacer efectivo el cumplimiento de esos  objetivos,  en  el  mencionado  régimen procesal se dotó a la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  de  facultades  sustanciales  al conferirle, entre  otras,  la  potestad de superar los defectos de la demanda para decidir de fondo  cuando  los  fines de la casación, fundamentación de los mismos, posición del  impugnante  dentro  del  proceso,  e índole de la discusión planteada, así lo  ameriten.   

Lo anterior no implica, sin embargo, que este  mecanismo  sea  de  libre  configuración, desprovisto de todo rigor y que tenga  como  finalidad  abrir  un  espacio procesal semejante al de las instancias para  prolongar  el  debate  respecto  de puntos que han sido materia de controversia,  pues,  por el contrario, dada su naturaleza extraordinaria, quien acude al mismo  debe  ceñirse  a determinados requerimientos sistemáticos basados en la razón  y  en  la  lógica  argumentativa,  atinentes  a  la  observancia de coherencia,  precisión  y claridad en el desarrollo de cada uno de los reparos efectuados, y  desarrollarlos  conforme a las causales de procedencia previstas en el artículo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de persuadir a esta Corporación de  revisar  el fallo de segunda instancia con el fin de corregir el pronunciamiento  que se revela contrario a derecho.   

De  ahí que el inciso 2º del artículo 184  de  la Ley 906 de 2004 consagre que no será admitida la demanda de casación si  el  actor  carece  de interés para acceder al recurso; el escrito es infundado,  es  decir,  si su motivación no evidencia la potencial violación de garantías  y,  en  términos  generales, “cuando de su contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades  del  recurso”, lo que puede presentarse  cuando  la  Corte  observe que los aspectos reprochados no tienen una incidencia  sustancial  en  relación  con  lo  decidido  en  el  caso concreto, o que puede  responder  a  los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de  fondo acerca de lo que ocurrió en la actuación.   

2.  Desde ahora la  Sala  advierte  que  en  el presente asunto la demanda no será admitida, ya que  los  reparos  consignados  en  el  respectivo  escrito carecen de las exigencias  inherentes  al  motivo de impugnación alegado, pues no desarrollan con seriedad  y  rigor  un  enjuiciamiento  crítico  de  la  sentencia  en  aras acreditar el  quebranto  del  debido  proceso, además que la inconformidad puesta de presente  por  el  censor puede resolverse sin acudir a un fallo de fondo para cumplir con  alguno   de   los   objetivos   superiores   a  los  que  sirve  este  mecanismo  extraordinario de impugnación.   

2.1.  La causal de  casación  alegada  por  el  recurrente  es  la  prevista  en el numeral 2° del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  precepto  en el que se consagró el  tradicional   motivo   de   nulidad   por  vicios  in  procedendo,   que   permite   atacar  las  decisiones  producidas  en  una  actuación  con desconocimiento del debido proceso o de las  formas     propias    del    juicio    (yerro    de  estructura),   o   con  violación  de  los  derechos  fundamentales  inherentes  a  las  partes  (yerro  de  garantía).  En  tal  caso, debe tenerse en cuenta que  las    nulidades    se    rigen,    entre    otros,    por   el   principio   de  taxatividad1  y  que  la denuncia, bien sea de vulneración del debido proceso o  de   garantías   fundamentales,   requiere   de   claras   y   precisas  pautas  demostrativas.   

Al abrigo de esta vía de censura es también  factible  reclamar  por  el  desconocimiento  del principio de congruencia entre  acusación  y  sentencia,  según  el  cual  el  acusado no podrá ser declarado  culpable  por hechos que no consten en la acusación, ni por delitos por los que  no      se      ha      solicitado      condena2,  toda vez que un error de ese  cariz  no solo compromete la estructura del proceso sino que constituye un vicio  de  garantía que afecta el derecho a la defensa al sorprendérsele al procesado  con   imputaciones  fácticas  y  jurídicas  que  no  tuvo  la  oportunidad  de  controvertir  por  no haber sido incluidas en el pliego de cargos, de manera que  la  incongruencia  como  garantía  y postulado estructural del proceso, implica  que  el  fallo  debe  guardar armonía: bien con lo que el imputado acepte en la  audiencia  de  formulación  de  la  imputación  o  a  través de preacuerdos y  negociaciones    celebrados   con   la   Fiscalía3,   o  ya  con  las  conductas  punibles     atribuidas    en    la    acusación4,  identidad  que  debe  estar  referida  o verificarse en tres aspectos, a saber: el personal, el fáctico y el  jurídico5.   

Importante  es  reiterar  que  aun cuando la  correspondiente  demanda  no  exige  formas  específicas para la proposición y  sustentación  de  nulidades,  tampoco  es  un  escrito  de libre factura habida  cuenta  que  no cualquier irregularidad conspira contra la vigencia del proceso,  pues  la  afectación  debe  ser  esencial y estar vinculada en calidad de medio  para  socavar  algún  derecho  fundamental  de  las partes o intervinientes, de  suerte  que,  igual  que  en  las  otras  causales,  debe  ajustarse  a  ciertos  parámetros  lógicos  que  permitan  comprender  con  claridad y precisión los  motivos  de  ataque,  las irregularidades sustanciales alegadas y la manera como  se  quebranta  la  estructura  del  proceso  o  se afectan las garantías de los  sujetos procesales.   

Precisamente  a  asegurar  la  claridad  y  precisión  de  la  censura,  así  como  el  carácter  serio  y vinculante del  correspondiente  reproche,  apunta la observancia de los principios que orientan  la  declaración de nulidades, los cuales, si bien es cierto no están previstos  en  una  determinada  norma  del  Código  de  Procedimiento Penal por el que se  tramitó  este  asunto,  también  es verdad que validamente no puede sostenerse  que  en  ese  régimen  una  propuesta  de  esa  naturaleza  no esté regida por  aquellos,  como  así ha tenido oportunidad de puntualizarlo la Sala6.   

Tales axiomas se concretan en los siguientes  postulados:  sólo  es posible solicitar la nulidad por los motivos expresamente  previstos     en     la     ley     (principio    de  taxatividad);  quien  alega  la  configuración  de un  vicio   enervante   debe  especificar  la  causal  que  invoca  y  señalar  los  fundamentos   de   hecho   y  de  derecho  en  los  que  se  apoya  (principio  de  acreditación);  no  puede  deprecarla  en  su  beneficio  el  sujeto procesal que con su conducta haya dado  lugar  a  la  configuración del yerro invalidante, salvo el caso de ausencia de  defensa      técnica     (protección);  aunque se configure la irregularidad, ella puede convalidarse con  el  consentimiento expreso o tácito del sujeto perjudicado, a condición de ser  observadas        las        garantías        fundamentales        (convalidación);    no    procede    la  invalidación  cuando  el  acto  tachado  de irregular ha cumplido el propósito  para  el  cual  estaba  destinado, siempre que no se viole el derecho de defensa  (principio     de     instrumentalidad);  quien  alegue  la rescisión tiene la obligación indeclinable de  demostrar  no sólo la ocurrencia de la incorrección denunciada, sino que ésta  afecta  de manera real y cierta las bases fundamentales del debido proceso o las  garantías     constitucionales     (principio    de  trascendencia)  y,  además,  que  para  enmendar  el  agravio  no  existe  remedio  procesal  distinto  a  la  declaratoria de nulidad  (principio      de      residualidad).   

2.2.  Un ejercicio  argumentativo  que  se ajuste a las señaladas exigencias no es el consignado en  el  escrito  objeto  de  análisis,  pues,  empezando  porque  el  recurrente ni  siquiera  precisó  el motivo de nulidad al que acudía, limitándose a proponer  la  vulneración  simultánea  del  debido  proceso y el derecho de defensa, sin  atender  que  aun  cuando  éste  se  halla  comprendido  en aquél en términos  generales,  ambos  son  de  contenido  y naturaleza diferente, y por lo tanto es  obligación  del  censor  precisar cuál de ellos tuvo principal afectación por  causa  del  desatino  advertido,  o  si  es  que  ambos  sufrieron igual y grave  menoscabo  a  consecuencia  del  mismo,  aclaración  que  no  fluye  expresa  o  tácitamente en los razonamientos de la demanda.   

En  lo demás, la irregularidad plantea como  lesiva  de  las  citadas prerrogativas, se contrae a la elemental afirmación de  que  en  el  presente  asunto  se violó el principio de imparcialidad porque el  juez  de  conocimiento  que condenó al procesado, fue el mismo funcionario ante  quien  se  adelantó  el  juicio  contra otro de los probables partícipes de la  conducta  delictiva,  tramite  en  el  que  se realizaron pruebas cuya práctica  luego  fue  repetida  en  la  causa  seguida  contra  su  defendido,  las cuales  sustentan su condena.   

Sin  desconocer  que la imparcialidad de los  jueces  es  un  atributo  con el que deben estar revestidos y reconocidos éstos  para  hacer  efectivo  el  mandato  superior  de  garantizar  una recta y eficaz  impartición  de  justicia  (Constitución  Política,  artículo  2°),  pilar  fundante  del Estado Social y  Democrático  de  Derecho,  y que como tal aquélla es un elemento que compone o  integra  la  noción  amplia  de  la garantía del debido proceso, por lo que en  ciertas  y  determinadas  circunstancias  su ausencia implica la vulneración de  ésta7,  impera  señalar  que en el caso analizado no ocurrió situación  alguna  que  pueda  desencadenar  el efecto ambiguamente perseguido por el actor  (y  esto  porque  con  base  en  los mismos argumentos  subsidiariamente   solicita   la   absolución   de   su  prohijado),  toda  vez  que  el  recurrente  no  fue  veras  y  objetivo en la  recapitulación  de  los  fundamentos del reproche, lo que de suyo hace inviable  la censura atendida su incorrección material.   

En  efecto,  ante  el Juez Tercero Penal del  Circuito  Especializado  de  Buga  se  adelantó el juzgamiento de Walter Calero  (quien  no  aceptó  cargos),  como  probable  participe  del secuestro consumado en el ciudadano Toro Giraldo,  empero,   la  decisión  absolutoria  con  la  que  resultó  favorecido  aquél  no  se  materializó  en  la  respectiva  sentencia  como  fruto de la apreciación de las pruebas practicadas  en  el correspondiente debate oral y público. Dicho de otra forma, el juzgador,  en  ese  pronunciamiento,  no plasmó estimación probatoria alguna respecto del  citado   acusado   y  tampoco  anticipó  valoraciones  adversas  acerca  de  la  responsabilidad  del  aquí  procesado, lo cual, eventualmente, si podría dotar  de  un  sustrato fáctico a la discusión acerca de la configuración del motivo  impeditivo que en abstracto alega el censor.   

Lo  ocurrido  fue,  como  se constata con la  copia  de  la  sentencia  adjunta  a  la  actuación8,  que  al finalizar el juicio,  en  los  alegatos  de  conclusión,  la parte acusadora, es decir, la Fiscalía,  solicitó  absolver  al  aludido  implicado  (en lo que  obviamente  coincidió  la  defensa  del mismo), motivo  por  el cual el funcionario, trayendo a colación un obiter dictum inserto en un  pronunciamiento        de        la       Sala9,  entendió que ello implicaba  retiro  de  los  cargos  y  atendiendo  la garantía de congruencia, procedió a  emitir  el  fallo  de  rigor,  sin  entrar  a valorar el mérito suasorio de las  pruebas  realizadas en procura de acreditar los aspectos objetivo y subjetivo de  la conducta punible sometida a su conocimiento.   

Ahora   bien,   ese  antecedente,  el  del  juzgamiento  previo  de  uno  de  los supuestos autores del plagio de marras por  parte  del  funcionario  al  que correspondió conocer la causa promovida contra  ATEHORTÚA  PÉREZ  por  los  mismos  acontecimientos,  fue  alegado  oportunamente  por su asistencia letrada  como  causal  de  recusación  del  juez,  controversia resuelta por el Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Buga,  mediante decisión de 28 de mayo de  2009,  en  el  sentido  de  negar  la  consecuente pretensión de la defensa por  ausencia  de  fundamento  objetivo, pues, para entonces, la funcionaria recusada  no  había  emitido  manifestación  expresa  acerca  de  la  valoración de las  pruebas,  ni fijado su alcance demostrativo, ni avanzado su criterio respecto de  los   hechos,   bien  en  un  pronunciamiento  o  decisión  por  fuera  de  sus  facultades  y  obligaciones  funcionales    o    en   cumplimiento   de   ellas10.   

La  dinámica aplicada para judicializar los  hechos  constitutivos  del delito de secuestro del que fue objeto el señor Toro  Giraldo,  permite  advertir  que al a-quo le correspondió el juzgamiento de uno  de  los  probables intervinientes (el cual terminó con  fallo  absolutorio  por  las  razones  ya  anotadas), y  cuando  adelantaba ese proceso, a raíz del impedimento aceptado al Juez Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Buga  que  anuló  el allanamiento a la  imputación  del  aquí  sentenciado, le concernió tramitar el juicio de éste,  actuaciones  que  en  manera  alguna implican, per se, agravio o desconocimiento  del  principio  de  imparcialidad,  tal y como ya fue objeto de análisis por el  juez  natural  de  ese  aspecto, y como en casos similares lo ha puntualizado la  Corporación.   

Es  que  cuando  se trata de varias personas  comprometidas  en una determinada conducta punible, las cuales resultan juzgadas  de  manera  sucesiva  por  un  juez,  bien  porque unos aceptan o preacuerdan su  responsabilidad  y otros no, o ya porque su vinculación al asunto se produce en  momentos  diferentes,  un cuestionamiento encaminado a acreditar la vulneración  del  principio  de imparcialidad con repercusión en el debido proceso y/o en el  derecho  de  defensa  en relación con quienes son juzgados en forma posterior a  otros,  tiene  que  estar  afianzada  no solo en la acreditación de los juicios  sucesivos  en  cabeza  del  mismo juez, sino también en la demostración real y  objetiva  de  que  el funcionario en los debates procesales anteriores anticipó  valoraciones    adversas   respecto   de   quienes   a   futuro   podrían   ser  responsabilizados en la conducta punible.   

En  estos términos lo advirtió la Corte en  un  caso  en  el  que,  bajo  el imperio de la Ley 906 de 2004, se dilucidaba el  impedimento  manifestado por unos funcionarios de segunda instancia para conocer  de  la  apelación  de  un  fallo respecto de unos hechos en los que en anterior  oportunidad  y  frente  a  otros  procesados  ya  habían  emitido  sentencia en  cumplimiento de sus funciones:   

“[Es] verdad que  de  manera  excepcional la Corte ha aceptado, que si el servidor judicial, en el  desempeño  de  sus  funciones, anticipa conceptos acerca aspectos puntuales del  asunto,  por  fuera  de  los  marcos  propios de su competencia, o con exceso de  ellas,  que  comprometen  su criterio, como cuando ordena copias para investigar  penalmente  una  determinada  conducta y en la motivación hace pronunciamientos  concretos  acerca  de  la  calificación  jurídica  o  el  compromiso penal del  implicado,  resulta sensato y razonable declarar su separación del conocimiento  del  asunto,  con  el  fin  de  garantizar  el  principio de imparcialidad en su  definición,  y evitar que se genere desconfianza en los sujetos procesales y en  la         comunidad        en        general11.   

”En  esas  y en  otras  hipótesis  que pueden ocasionalmente encajar en la causal de impedimento  estudiada,  lo  que  obliga  a aceptar la circunstancia de inhibición es que el  funcionario  haya  incurrido  con ocasión de sus funciones, en pronunciamientos  anticipados           acerca          de          aspectos          sustanciales  que  no  estén vinculados  con  lo  que  es  objeto  de  su  conocimiento,  y  que,  por tanto, constituyen  auténticos  actos de prejuzgamiento, que implican compromiso indiscutible de su  criterio    y    compromete   su   imparcialidad   para   resolver   el   asunto  futuro.   

”Lo sustancial,  ha          dicho          la          Sala12,  es  lo  esencial  y  más  importante  de una cosa; en asuntos jurídicos, se identifica con el fondo de la  pretensión  o de la relación jurídico material que se debate. Se entiende que  la  opinión  es  vinculante cuando el funcionario judicial que la emitió queda  unido,  atado  o  sujeto  a  ella,  de modo que en adelante no puede ignorarla o  modificarla        sin       incurrir       en       contradicción.”13   

Con posterioridad14,  en fallo oficioso adoptado  dentro  de  la  misma  sistemática procesal se reiteró el anterior concepto al  puntualizar:   

“[El]  deber de  imparcialidad  está  íntimamente ligado con los institutos de los impedimentos  y  las recusaciones. Por ello se reprocha la actuación del funcionario judicial  cuando  aun  a  pesar  de  encontrarse  inmerso  en causal de impedimento, no lo  declara,  o no admite una recusación debidamente fundada. En ese orden, el juez  que  esté resolviendo sobre un determinado caso debe acercarse a su resolución  sin  estar  condicionado por apreciaciones precedentes a raíz de su relación o  contacto  previo  con  el  objeto  del  proceso.  De manera que si en pretérita  oportunidad  ha  evaluado  y  emitido  pronunciamiento  sobre  el  fondo  de  un  determinado  asunto  que  implique identidad de situación fáctica y partes, le  está  vedado  conocer  posteriormente  sobre  el  mismo, so pena de lesionar el  principio de imparcialidad.   

”La neutralidad y  ecuanimidad  que  deben  regir sus actuaciones puede quebrarse tanto por motivos  subjetivos  como  por motivos subjetivos. Los primeros que nacen de la relación  que  tiene  con  las  partes del proceso, y los segundos que surgen del contacto  con  el  objeto  del  proceso.  Pero  no  cualquier  contacto  con la situación  fáctica  o  jurídica conduce a comprometer su objetividad. Una interpretación  de  esa  naturaleza  entorpecería  la  labor  de  administración de justicia y  terminaría  por  aniquilar  la intervención judicial. Es preciso constatar que  en  efecto  el  funcionario  ha prefijado conceptos en torno al fondo del asunto  que  examina  o  ha  proferido  decisiones  sustanciales  sobre el mismo, que le  impidan resolverlo o revisarlo con transparencia.   

(…)  

”La   sola  intervención  del  juez  dentro  de  otro  proceso, así verse sobre los mismos  hechos,  no  puede  comprometer  en todos los casos su imparcialidad15.   Cada  asunto  debe  analizarse  de  manera  individual y concienzuda, considerando sus  particularidades propias.”   

Y  en cuanto al precedente judicial que cita  el   actor16, también la Sala ya había aclarado lo siguiente:   

“Es equivocado  entender     ‘como  regla’    que    la  imparcialidad  del  juez  está en entredicho siempre que tramita un proceso con  múltiples  vinculados  y  en  el desarrollo del mismo unos optan por preacordar  los  términos  de la imputación y otros no. La motivación de la sentencia del  radicado  número  25407  del 21/03/2007 de ninguna manera se puede convertir en  instrumento  para  suponer causales de impedimento o de recusación donde no las  hay, ni para dilatar procesos penales injustificadamente.   

”La  regla del  pensamiento  es  la  habilitación  de los jueces de la República y consiste en  que  no  se  puede  poner  en entredicho (por sí) la  imparcialidad  del  juez  que  tramita un proceso penal con múltiples imputados  cuando  en  el  curso  de  proceso hay preacuerdos; no  siempre  que  un  juez  declara  su  validez  y  condena  en  el  trámite de un  preacuerdo  o allanamiento se afecta la imparcialidad (Suya) en relación con el  juzgamiento de los copartícipes no allanados.   

(…)  

”Es por ello por  lo  que,  cuando  el  impugnante  alega  la nulidad por esta causa no sólo debe  comprobar  objetivamente el  juzgamiento  sucesivo  de  los  partícipes,  sino  además,  deberá  demostrar  de  qué  manera  se  comprometió la garantía de la  imparcialidad   del   juez,   y   tal  circunstancia  particular     se     evidencia     ‘en   cada  caso  concreto’17. Por manera  que  el  fundamento  de  la  impugnación,  además  de  lo objetivo (prueba del  juzgamiento  sucesivo),  tiene  que  circunscribirse  a  demostrar  cuál era la  información  interiorizada  (elementos  probatorios y evidencias) que tenía el  juez  cuando  ‘llegó a la  audiencia  de  juicio  oral  y público’  que  le  permitiera  estructurar  la  responsabilidad  penal  del  procesado que no preacordó.   

”El compromiso  de   la  imparcialidad  del  juez  y  –por  consiguiente- la afectación del derecho de defensa como causa  de  nulidad  del  proceso  se  demuestra cuando el actor prueba que ‘…la  información con que contó el  funcionario  ex  ante  le  permitió  interiorizar,  preconcebir,  predefinir un  concepto  de  responsabilidad  penal  de quien, siendo partícipe de la conducta  punible    no   exteriorizó   su   culpa   de   forma   consensuada’,  es  decir, cuando el juez arriba a  la      audiencia     pública     ‘…con  referentes  probatorios  concretos  y  certeros’  que  comprometan la garantía de la  imparcialidad con la que sentenciará a los no allanados.   

” ‘…la  incompatibilidad entre las dos  funciones  de  juzgamiento  sucesivas  en  cabeza del mismo funcionario tiene su  núcleo     en    la  apreciación  de  las  pruebas  que  comprometen  la  responsabilidad  penal  tanto  de los aceptantes, como  de  quien  optó  por  someterse  al  trámite ordinario del proceso”.  (Destaca  la  Sala)’”    18.   

3. En conclusión,  en  la  demanda  estudiada  el  actor no demostró, conforme a las exigencias de  lógica  y  argumentación,  dispuestas  en  la  ley  y en la jurisprudencia, la  ocurrencia  objetiva de vicio alguno que deje sin efecto la doble presunción de  acierto  y legalidad con la que llega ungida a esta sede la sentencia de segunda  instancia,   y   que  únicamente  puede  ser  resquebrajada  en  virtud  de  la  acreditación  de  yerros  manifiestos  y  graves, con trascendencia en la parte  dispositiva.   

Por  lo tanto, como los argumentos ofrecidos  por  censor  no  se  sujetan a los requerimientos impuestos por el artículo 183  del   Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  906  de  2004) como condiciones insoslayables en la confección  del   libelo   casacional,  la  Sala  no  admitirá  la  respectiva  demanda  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, por la  manifiesta  carencia  de fundamento del reproche, además que no observa que con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el fallo impugnado se haya configurado  violación    de   derechos   o   garantías   fundamentales   de   DIEGO  FERNANDO  ATEHORTÚA  PÉREZ,  como  para  que  sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le  asiste, a fin de asegurar su protección.   

4. Dado que respecto  de  la  decisión  de inadmisión procede el mecanismo de insistencia de acuerdo  con  lo  establecido en el artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906 de 2004,  es  necesario precisar que como allí no se regula su trámite, de tiempo atrás  la  Sala  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse para su aplicación, en los siguientes términos:   

a. La insistencia es  un  mecanismo  especial, que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la providencia mediante  la cual la Corte decide rechazar la demanda de casación.   

b. La solicitud de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus  Delegados  para  la  Casación  Penal,  ante  uno  de  los Magistrados que hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o  ante  uno  de  los Magistrados que no intervino en la discusión y no suscribió  el correspondiente auto.   

c.  Es facultativo  del  Magistrado  disidente,  del que no participó en los debates o del Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, optar por someter  el  asunto  a  consideración  de  la  Sala  o no presentarlo para su revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días, y   

d. El auto a través  del  cual no se acepta la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo que la insistencia prospere y lleve a la admisión del libelo,  o  que  sea  necesario  proveer  de  oficio  el  restablecimiento  de garantías  fundamentales de las partes o intervinientes.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  NO   ADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta   por   el   defensor  de  DIEGO  FERNANDO  ATEHORTÚA   PÉREZ,   de   acuerdo   con  lo  atrás  puntualizado.   

2.   Según  lo  dispuesto  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del recurrente  elevar   petición   de   insistencia   en  los  términos  precisados  en  esta  decisión.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Tal  axioma  está contemplado en la Ley 906 de 2004, artículo 458. Y de acuerdo con  la  misma normatividad las circunstancias enervantes son: la nulidad derivada de  la  prueba  ilícita  y  cláusula  de  exclusión (artículos 23 y 455 ib.); la  nulidad  por  incompetencia  del  juez  (artículo  456  ib);  y  la nulidad por  violación  a  garantías  fundamentales: derecho a la defensa y debido proceso,  en aspectos sustanciales (artículo 457 ib.).   

2 Ley  906, artículo 448.   

3  Ibídem, artículos 293 y 348 a 354.   

4  Ibídem, artículo 337.   

5 Auto  de 24 de noviembre de 2005, radicación Nº 24323.   

6 Cfr.  Entre  otras,  sentencias  de  18  de  noviembre  de 2008 y 18 de marzo de 2009,  radicaciones Nº 30539 y 30710, respectivamente.   

7 Cfr.  Sentencia de 4 de febrero de 2009, radicación Nº 29415.   

8  Cuaderno principal, folios 248-255.   

9 Cfr.  Sentencia de 13 de julio de 2006, radicación Nº 15843.   

10  Cuaderno principal, folios 34-36.   

11 Cf.  Auto de 29 de noviembre de 2000, radicación Nº 17843.   

12  Auto de 13 de julio de 2005. radicación Nº 23840.   

13  Auto de 7 de marzo de 2007, radicación Nº 26853.   

14  Cfr. Sentencia de 18 de junio de 2008, radicación Nº 29252.   

15 Ver  auto del 7 de marzo de 2007 (radicado 26.853).   

16 Se  refiere  a  la  sentencia  dictada  el  21  de  marzo  de  2007, radicación Nº  25407.   

17Cfr.  Auto   núm.   28648   del   8/11/2007,   28633   del  14/11/2007  y  28735  del  16/11/2007.   

18  Cfr. Sentencia de 20 de febrero de 2008, radicación Nº 28641.     

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