34549(06-10-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 34549  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 322  

          Bogotá    D.C.,   seis   (6)   de   octubre   de   dos   mil   diez  (2010)   

VISTOS  

La   apoderada   del   señor  SALVATORE    MANCUSO   D’ANGIOLELLA    interpone    recurso   de  apelación  contra  la decisión del pasado 2 de julio emitida por el Magistrado  de  Control  de Garantías de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla,  a  través  de  la  cual  denegó  la  solicitud  de “desafectación  de  la  medida  cautelar que recae sobre el bien  inmueble  denominado  El  Cortijo”, identificado con  matrícula  inmobiliaria  No.  140-18662 de la Oficina de Instrumentos Públicos  de Montería.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

El  12  de mayo de 2010 en la Secretaría del  Tribunal  de Justicia y Paz de Barranquilla, se radicó escrito mediante el cual  el    señor    SALVATORE   MANCUSO   D’ANGIOLELLA,  a  través  de  apoderada,  solicita  el  levantamiento  de  la  medida cautelar  dispuesta  sobre el inmueble “El Cortijo”,  por cuanto es de su exclusiva propiedad, según los siguientes  hechos:   

1.  Es  padre  del  postulado  Salvatore Mancuso Gómez.   

2. En la audiencia de versión libre llevada  a  cabo  el  17  de  mayo  de  2007,  Mancuso  Gómez  ofreció  reparar  a  las  víctimas con la entrega de  varios bienes inmuebles.   

3.  En  la  misma  diligencia,  el postulado  informó  al  Fiscal  Octavo  de  Justicia  y  Paz  que  a su nombre figuraba el  inmueble   denominado   “El  Cortijo”,  ubicado  en  Montería  e identificado con matricula inmobiliaria  No.  140-18662,  el  cual  no  es  de  su  propiedad  por  pertenecer a su padre  SALVATORE         MANCUSO        D’ANGIOLELLA.   

4.   Mancuso  Gómez  suministró  tal  información  con  el fin de  evitar se creyera que estaba ocultando bienes.   

5.  El  17 y 18 de julio de 2007 se realizó  audiencia  preliminar  de control de garantías en la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal  de  Barranquilla,  para  resolver  solicitud de imposición de medidas  cautelares   sobre   varios   bienes   del   postulado,   incluido  “El  Cortijo”,  petición elevada por  la fiscalía y que fue denegada.   

6. Apelada la decisión, la Sala de Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, al resolver el recurso el 23 de agosto  de  2007,  dispuso,  entre otros aspectos, la medida cautelar de suspensión del  poder  dispositivo  de  dominio  sobre  los  bienes  referidos por la Fiscalía,  incluido     “El     Cortijo”,    conforme     a     lo     previsto  en  el  artículo  15  del  Decreto  Reglamentario 4760 de  2006.   

7.   Para   sustentar   la   solicitud  de  levantamiento  de  la  medida  cautelar,  el  peticionario  aportó  el folio de  matrícula  inmobiliaria  y  fotocopia de la sentencia del Juzgado Segundo Civil  del  Circuito  de  Montería del 16 de febrero de 2010, emitida en el proceso de  prescripción    adquisitiva   de   dominio   adelantado   paralelamente   sobre  “El   Cortijo”   por  SALVATORE         MANCUSO        D’ANGIOLELLA.   

Adicionalmente,  elevó solicitud probatoria  para  incorporar  al  incidente el video de la audiencia del 17 de mayo de 2007,  cuando  Mancuso  Gómez  se  refirió   al   bien   “El  Cortijo”.   

TRÁMITE    Y    DECISIÓN   EN   PRIMERA  INSTANCIA   

          El  Magistrado de Control de Garantías de la Sala de Justicia y Paz  del  Tribunal  de  Barranquilla,  el  2  de  julio  último  realizó  audiencia  preliminar   en   la   cual:   a)  verificó  la  asistencia  de  las  partes  e  intervinientes;  b) dispuso la sustentación de la petición de levantamiento de  medida  cautelar;  c)  corrió  traslado  a  las  partes  e intervinientes de la  solicitud;  d)  resolvió  de  manera negativa la pretensión, y e) concedió el  recurso de apelación incoado por la apoderada del peticionario.   

          El  Magistrado  denegó  la  pretensión  de levantamiento de medida  cautelar  por cuanto no aparece regulada en la Ley 975 de 2005 y la legislación  complementaria  contenida  en  la  Ley  906  de 2004 – artículo 96 – la posibilidad de desembargar el bien  afectado dentro del proceso cuando el peticionario es un tercero.   

De otro lado, accediendo al planteamiento de  la  Fiscalía,  ordenó  compulsar  copias para investigar la presunta comisión  del  punible  de  fraude  procesal  con  ocasión de la sentencia de pertenencia  dictada por el Juzgado Segundo Civil del Circuito de Montería.   

Por  último,  el  Magistrado  señaló  que  incorporaba  a  su decisión los argumentos esbozados por quienes se opusieron a  la petición.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Sería   del   caso  resolver  el  recurso  propuesto,  si  la  Sala  no detectara irregularidad de carácter sustancial que  impone  invalidar  lo  actuado en relación al trámite incidental propuesto por  la    apoderada    del    peticionario,    de    acuerdo    a   las   siguientes  precisiones:   

1.  El  deber  de  motivar  las  decisiones  judiciales.   

En  la  Ley  975  de  2005  existen  algunas  temáticas  sin  regulación  expresa,  razón  por  la  cual  debe  acudirse al  principio  de complementariedad consagrado en el artículo 62 de tal estatuto en  los siguientes términos:   

“Para todo lo no  dispuesto  en  la presente ley se aplicará la Ley 782 de 2002 y el Código   de   Procedimiento   Penal”  (subrayas fuera de texto).   

Por  ello,  la  Sala encuentra aplicables al  trámite  de  Justicia y Paz las reglas contenidas en el artículo 162 de la Ley  906  de  2004,  según  las  cuales  las  sentencias y  autos   deben   cumplir  los  siguientes  requisitos:  mención  de  la  autoridad  judicial  que  la  profiere;  lugar,  día  y hora;  identificación  del  número  de  radicación  de  la  actuación; fundamentación   fáctica,   probatoria   y   jurídica  con  indicación de los motivos de estimación y desestimación de  las  pruebas  válidamente  admitidas  en el juicio oral; decisión adoptada; si  hubiere  división  de criterios la expresión de los fundamentos del disenso y,  señalamiento    del    recurso    que    procede    y   la   oportunidad   para  interponerlo.   

Consecuentemente,  los operadores judiciales  ostentan  la  carga ineludible de motivar las determinaciones que profieren, por  cuanto  con  ello  se  garantiza  a  las  partes  e  intervinientes los derechos  fundamentales   al   debido   proceso   y  a  la  contradicción,  en  tanto  la  argumentación  constituye  una  barrera contra la arbitrariedad y el despotismo  de  los  funcionarios  y, de paso, se convierte en instrumento de seguridad para  quienes ejercen el derecho de impugnación de las providencias.   

          El  imperativo  de  fundamentación  no  se  satisface con la simple  mención   de   la   decisión,   pues,   además,   exige  del  funcionario  la  manifestación  clara,  expresa  y sin contradicciones de sus razones, así como  el  señalamiento  de  las  pruebas que tuvo en cuenta y el valor otorgado a las  mismas.   

Ello  no impide argumentar de manera breve y  concreta;  por  el contrario, ésta es una de las formas válidas de desarrollar  las  ideas incorporadas por los operadores judiciales a sus determinaciones. Sin  embargo,  la  brevedad  no puede confundirse con la discrecionalidad, la falta o  deficiente  motivación,  por  cuanto,  aún  de  manera  concisa, es imperativo  responder  a  las  pretensiones  de los intervinientes con argumentos que éstos  puedan comprender y, consecuentemente, controvertir.   

En  ese orden, la Corporación en reiteradas  ocasiones1  ha  recordado  a  los diferentes operadores judiciales su deber de  motivar  adecuadamente  las  decisiones,  con  el  fin  de  garantizar tanto los  derechos  de  defensa  y  de  contradicción  de  las  partes,  como la adecuada  resolución  del recurso de apelación por parte del a  quem,     si     llega    a    incoarse.   

          El   desconocimiento  de  la  obligación  de  argumentar,  sea  por  ausencia  de  motivación,  fundamentación  incompleta,  ambigua  o  equívoca,  comporta  lesión  a  dichas  garantías  procesales,  lo cual, en términos del  artículo  457  de  la  Ley  906  de  2004,  configura causal de invalidez de la  actuación afectada por esa irregularidad.   

Tal consecuencia surge por cuanto el derecho  al  debido  proceso  constituye  pilar  fundamental  de  la actuación judicial,  según   lo   establece   el  artículo  29  del  ordenamiento  Superior,  y  su  incumplimiento  torna el proceso en irregular obligando al juez que advierta tal  defecto,   a  declarar  la  nulidad  en  procura  de  restablecer  los  derechos  conculcados,  tal  como  lo  ordena  esta  preceptiva  al señalar: “Es  causal de nulidad la violación del derecho de defensa y del  debido    proceso    en   aspectos   sustanciales.”   

En  ese  sentido,  la  Corporación  tiene  establecido  que  la obligación de argumentar se quebranta en cualquiera de las  siguientes hipótesis:   

“i) Porque la decisión carece totalmente  de  motivación,  al  omitirse  las  razones  de  orden fáctico y jurídico que  sustenten la decisión.   

ii) Porque la fundamentación es incompleta,  esto  es,  el  análisis  que  contiene  es deficiente, hasta el punto de que no  permite su determinación.   

iii)  Porque la argumentación que contiene  es   dilógica   o   ambivalente;  es  decir,  se  sustenta  en  argumentaciones  contradictorias  o  excluyentes, las cuales impiden conocer su verdadero sentido  y,   

iv)  Porque  la  motivación  es aparente y  sofística,   de  modo  que  socava  la  estructura  fáctica  y  jurídica  del  fallo.”2   

2.    Del    caso   concreto.   

El  examen  del  registro  de  audio  de  la  audiencia   preliminar,   en   cuyo   desarrollo  se  denegó  la  petición  de  levantamiento   de   medida   cautelar  impetrada  por  el  señor  SALVATORE    MANCUSO   D’ANGIOLELLA,  revela  a  la Sala cómo tal  determinación  carece  de  la motivación necesaria para conocer las razones de  la judicatura sobre la pretensión planteada por el incidentante.   

En  efecto,  la  decisión  proferida por el  Magistrado  de  Control  de  Garantías  del  Tribunal  de  Justicia  y  Paz  de  Barranquilla  se  caracteriza  por  el  defecto  de  motivación  referido en el  numeral  cuarto  trascrito,  consistente en fundamentación aparente, por cuanto  el  sustento  ofrecido  no  guarda  relación  directa  con  la  pretensión del  solicitante.   

          Si  bien  el  funcionario  fundó  su  negativa a levantar la medida  cautelar  en  la inexistencia de regulación de la materia en la Ley 975 de 2005  y  en  la legislación complementaria contenida en la Ley 906 de 2004, lo cierto  es  que  no  abordó  el  estudio  de  la  pretensión  planteada  por el señor  MANCUSO  D’ANGIOLELLA  ni  los  problemas jurídicos  derivados de ella.   

Eludió,  entonces,  abordar  el  fondo  del  asunto  planteado,  esto es, establecer si el peticionario ostenta el derecho de  propiedad   invocado   o   si,   como  lo  sugieren  los  sujetos  procesales  e  intervinientes, es improcedente su pretensión.   

          Con  tal  actitud  olvidó  el  magistrado cómo el rol del operador  judicial  no  se limita a aplicar la ley en los casos de fácil interpretación,  por  cuanto  en  los  eventos  de  vacío  normativo, real o aparente, con mayor  razón  debe  desplegar  una  labor  hermenéutica  encaminada a desentrañar el  sentido  de  la ley, conforme a las reglas interpretativas del sistema jurídico  nacional   cuyos   principios   y   finalidades   emergen  de  la  Constitución  Política.   

Abundando  en razones, la Sala encuentra que  el  Magistrado  de  Control  de  Garantías  adujo  tener  como  soporte  de  su  determinación  los  argumentos  expuestos  por  los  no recurrentes, expresión  ambigua  por  cuanto  fueron  5  las  partes e intervinientes que señalaron con  disímiles   razonamientos  su  inconformidad  con  la  pretensión  del  señor  MANCUSO  D’ANGIOLELLA. Entonces, no puede precisarse  cuál  de ellos hace parte de la motivación de la providencia, más si se tiene  en  cuenta  que ninguna relación guardan con los expuestos por el Magistrado en  su lacónica determinación.   

Agréguese  que  los  problemas  jurídicos  derivados  de  la  pretensión  de  levantamiento de medida cautelar obligaban a  analizar,  entre  otros,  los  siguientes  aspectos (i) posibilidad de adelantar  trámite  incidental  para  desafectación de bienes por parte de terceros; (ii)  cuál  es  el  procedimiento  a seguir y (iii), si en el caso concreto el señor  MANCUSO  D’ANGIOLELLA   ostenta  la  condición  de  tercero con mejor derecho.   

De suerte que si la Sala emprende el estudio  de  estos  tópicos,  esto es, afirmando o desvirtuando la condición de tercero  de  buena fe del peticionario respecto al predio “El  Cortijo”,  sin  que exista un pronunciamiento previo  del  Magistrado de Control de Garantías, se conculcaría, además, el principio  de    la    doble    instancia    por    inexistencia    de    argumentos    del  funcionario  a quo sobre tal  temática.   

          Lo  anterior conduce a la Corporación a declarar la invalidez de la  actuación  en  los términos atrás indicados, en lo referente, exclusivamente,  a  la decisión adoptada el día 2 de julio del corriente año por el Magistrado  de  Control  de  Garantías  de  la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del Tribunal de  Barranquilla,  para que dicho operador judicial resuelva de fondo la pretensión  del     peticionario     MANCUSO     D’ANGIOLELLA,        determinando  si  ostenta  el  derecho  invocado,  previo  recaudo y  análisis de los elementos de prueba necesarios para ello.   

3. Cuestión final  

La  decisión  adoptada por el Magistrado de  control  de  garantías  del Tribunal de Barranquilla, incorpora la tesis según  la  cual  los terceros no tienen la posibilidad de acudir en el procedimiento de  Justicia  y  Paz, por ausencia de regulación, a reclamar los derechos que creen  tener sobre los bienes afectados con medidas cautelares.   

Sin  embargo,  tal  afirmación desconoce el  mandato  contenido  en  las  siguientes  normas de la legislación de Justicia y  Paz:   

(i)  Inciso  segundo  del  parágrafo  del  artículo 54 de la Ley 975 de 2005:   

“El    gobierno    reglamentará   el  funcionamiento  de  este  Fondo  y,  en particular, lo  concerniente  a  la  reclamación  y  entrega  de bienes respecto de terceros de  buena  fe.”(negrilla fuera  de texto)   

(ii)  Artículo 16 del Decreto 4760 de 2005,  reglamentario de la Ley 975 de 2005:   

“Artículo  16.  PUBLICIDAD  SOBRE BIENES  ENTREGADOS   AL  FONDO  PARA  LA  REPARACIÓN  DE  LAS  VÍCTIMAS.  Con  el  fin  de  proteger  los  derechos de las víctimas y de los  terceros  de  buena  fe,  y  posibilitar el ejercicio  oportuno  de  sus  derechos,  la  Agencia  Presidencial para al Acción Social y  Cooperación     Internacional     –Acción  Social-  pondrá  de  manera  permanente  en  conocimiento  público  el  listado de bienes que en desarrollo de la ley 975 de 2005 le hayan  sido  entregados  para  la  reparación  de  las  víctimas  y  posibilitará su  consulta  a través de sus oficinas a nivel territorial, así como de los medios  tecnológicos  de  que  disponga.”(negrilla fuera de  texto)   

Por lo anterior, la Corte considera oportuno,  en   virtud   de  la  importancia  del  tema  y  en  cumplimiento  de  su  labor  hermenéutica,   señalar   cómo  si  bien  la  Ley  975  de  2005  no  reguló  expresamente  los  derechos  de  los  terceros  eventualmente  afectados con las  medidas  cautelares,  sí  contempló  la posibilidad de que éstos acudieran al  proceso,  de  lo  cual  surge  la necesidad de establecer bajó qué parámetros  debe surtirse su intervención.   

Ello    por    cuanto   los   principios  constitucionales  del  debido proceso y de contradicción imponen la obligación  de  escuchar  y  resolver  las  pretensiones  de quienes alegan tal condición a  través  de un trámite incidental en el que, además, se practiquen las pruebas  necesarias  para  establecer  o descartar los hechos invocados y, finalmente, se  decida la petición.   

Para determinar el procedimiento a seguir en  el   trámite   del   incidente   en   cuestión,  debe  tenerse  en  cuenta  lo  siguiente:   

(i) La Ley 975 de 2005, artículo 62, señala  que  los temas no regulados en ella se resolverán conforme a la Ley 782 de 2002  y al Código de Procedimiento Penal.   

(ii)  A  su  turno,  este  último estatuto,  trátese  de  la  Ley  600  de  2000  o la Ley 906 de 2004, remite, en virtud al  principio  de  integración, al Código de Procedimiento Civil. Así, la Ley 906  en el canon 25 prevé:   

“En materias que  no  estén  expresamente  reguladas  en  este  código  o  demás  disposiciones  complementarias,  son  aplicables  las  del Código de  Procedimiento  Civil  y  las  de  otros  ordenamientos  procesales  cuando no se  opongan  a  la  naturaleza  del  procedimiento  penal  (subrayas fuera de texto).   

          Por  su parte, el artículo 23 de la Ley 600 de 2000, de manera casi  idéntica, preceptúa:   

“En  aquéllas  materias que no se hallen  expresamente   reguladas  en  este  código  son  aplicables  las  disposiciones  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  de  otros  ordenamientos  procesales, siempre que no se opongan a la naturaleza del proceso  penal.”(subrayas fuera de  texto)   

Siendo ello así, la Sala colige cómo en el  ámbito  de  Justicia y Paz, las materias no reguladas en la Ley 975 de 2005, ni  en  la Ley 782 de 2002 o en los estatutos procesales penales, deben analizarse a  la  luz  de  las  disposiciones  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  en  lo  compatible .   

De  esta  manera,  el procedimiento a seguir  para  adelantar  el  incidente  a  instancias  de  terceras personas que invocan  poseer  mejores  derechos  sobre  los  bienes  gravados  dentro  del  proceso de  justicia  transicional,  debe  orientarse  por  los  parámetros  del Código de  Procedimiento Civil que regulan los incidentes, así:   

“Artículo   137.   Los  incidentes  se  propondrán y tramitarán así:   

1º.  El escrito deberá contener lo que se  pide,  los  hechos  en  que  se funden y la solicitud de pruebas que se pretenda  aducir, salvo que estas figuren ya en el proceso.   

Al   escrito  deberán  acompañarse  los  documentos  y  pruebas  anticipadas  que  se  pretenda  hacer  valer  y  que  se  encuentren en poder del peticionario.   

2º. Del escrito se dará traslado a la otra  parte  por  tres  días,  quien  en  la  contestación  pedirá  las pruebas que  pretenda  hacer valer y acompañará los documentos y pruebas anticipadas que se  encuentren en su poder, en caso de que no obren en el expediente.   

3º.  Vencido  el término del traslado, el  juez  decretará  la práctica de las pruebas pedidas que considere necesarias y  de  las  que  ordene  de  oficio,  para  lo  cual señalará, según el caso, un  término  de  10  días  o  dentro  de  él, la fecha, la hora de la audiencia o  diligencia;   no   habiendo   pruebas  que  practicar  decidirá  el  incidente.   

4º.  Por  regla  general los incidentes no  suspenden  el  curso  del proceso, pero la sentencia no se pronunciará mientras  haya  alguno  pendiente, sin perjuicio de los que se deban resolver en ella y de  lo dispuesto en los artículos 354 y 355.   

5º. Sobre la procedencia de las apelaciones  que  se  interpongan  en  el curso de un incidente, se resolverá en el auto que  conceda  la apelación que se interponga contra el auto que decida el incidente.  Si  no se apela éste, aquéllas se tendrán por no interpuestas.”   

          Obviamente,  la  norma  trascrita  debe  aplicarse  en  los tópicos  esenciales,  mas  no en su literalidad, por cuanto el procedimiento de la Ley de  Justicia  y  Paz, se asemeja más al trámite del sistema acusatorio donde prima  la  oralidad,  razón  por la cual el trámite incidental y su resolución deben  adoptarse  en  audiencia  ante  el  juez  de control de garantías, a efectos de  materializar   los  principios  de  inmediación,  celeridad  y  concentración.   

En  este  sentido, el trámite incidental de  quienes  se  postulen  como  terceros  respecto  a  los  bienes afectados en los  procesos  de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz,  debe  iniciarse  a  instancias del  interesado,  a  quien  le corresponde formular su petición indicando los hechos  en  los  cuales  se  funda,  aportar los documentos y pruebas que pretenda hacer  valer  y  solicitar aquéllas que no se encuentren en su poder o en el proceso y  sean indispensables para resolver el asunto.   

De  la  pretensión  se dará traslado a las  partes  e  intervinientes  reconocidos  en  el diligenciamiento, quienes podrán  pedir  pruebas  exclusivamente  sobre los hechos de la petición, siempre que no  se  hallen  incorporadas  al  proceso  y  reúnan las exigencias de conducencia,  pertinencia y utilidad.   

Recaudadas  las  pruebas  decretadas o si no  existiesen  para  practicar,  el  magistrado  decidirá  el  incidente, teniendo  presente  que  los derechos a garantizar son los radicados en cabeza de terceros  de  buena fe exenta de culpa, tal como lo precisó la Corte Constitucional en la  sentencias  C-  1007  de  2002 y C- 740 de 2003 al estudiar el tema en relación  con la acción de extinción de dominio:   

“Finalmente,   en  relación  con  la protección que la parte final del artículo 3º suministra a  los  derechos  de los terceros de buena fe exentos de culpa, hay que indicar que  ella   resulta  compatible  con  la  Carta  pues  quien  ha  adquirido  un  bien  desconociendo,  pese  a  la prudencia de su obrar, su ilegítima procedencia, no  puede  ser  afectado  con  la  extinción del dominio así adquirido.  Este  tema  fue  analizado  con detenimiento en la Sentencia C-1007-02, oportunidad en  la  que  se contextualizó tanto la buena fe simple como la buena fe cualificada  y  se  le  reconocieron, a ésta última, efectos en el ámbito de la extinción  de      dominio”3   

“Entonces se concluye que, a diferencia de  la  buena  fe simple que exige sólo una conciencia recta y honesta, la buena fe  cualificada  o  creadora de derecho exige dos elementos a saber: uno subjetivo y  otro  objetivo. El primero hace referencia a la conciencia de obrar con lealtad,  y  el  segundo  exige  tener  la  seguridad  de  que el tradente es realmente el  propietario,  lo  cual  exige  averiguaciones  adicionales  que  comprueben  tal  situación.  Es  así  que,  la buena fe simple exige sólo conciencia, mientras  que   la   buena  fe  cualificada  exige  conciencia  y  certeza.”4   

          Por  último,  la  Sala  en  asunto similar referido a la Ley 906 de  2004,   ya   había   señalado  cómo  es  posible  acudir  a  las  normas  del  procedimiento  civil  a  efectos  de  tramitar dentro del sistema acusatorio las  actuaciones  incidentales  de  quienes  se postulan como terceros de buena fe en  relación a los bienes afectados con medidas cautelares.   

“7.  Es  cierto  que  la Ley 906 del 2004  parece  que  no  estableció  con  claridad  un procedimiento a través del cual  quienes  se  consideren  terceros de buena fe puedan concurrir a hacer valer sus  derechos.  El  supuesto vacío, no obstante, no puede  servir  de  excusa  para dejar de actuar, o, lo que es  más  grave,  para  hacerlo con irrespeto total de los derechos de esos posibles  terceros  de  buena fe, en lo que constituye una perversión del debido proceso,  pues  en   este  caso,  en  últimas,  el  procedimiento  porque se optó y  decidió  comportó  una condena originada exclusivamente en una responsabilidad  objetiva.   

El artículo 25, que regula el principio de  integración,  dispone  que  cuando  existan materias que no estén expresamente  reguladas   en   el  Código  de  Procedimiento  Penal  se  debe  acudir  al  de  Procedimiento  Civil.  Y en los artículos 135 y siguientes del último estatuto  se  desarrolla  todo  lo  relacionado  con el trámite de incidentes procesales,  previstos precisamente para resolver cuestiones accesorias.   

Que  el procedimiento civil, en cuanto a su  forma,  sea  diferente del previsto en la Ley 906 del 2004, en modo alguno puede  ser  obstáculo  para  implementarlo  en  aquellos aspectos en que la última no  haya  reglado  un  asunto específico, tal como argumenta la Procuraduría, pues  cuando  el legislador procesal penal permitió la integración, en norma rectora  y  prevalente,  conocía  con  suficiencia  las  características  del  estatuto  procesal  civil,  y con conciencia de ello, ordenó la remisión.”5(Subraya fuera  de texto)   

          En  conclusión, en el marco del procedimiento de la ley de Justicia  y  Paz  también  deben  tramitarse  los  incidentes  surgidos  en virtud de las  peticiones  de  terceros  que  pregonen  derechos sobre los bienes afectados con  medidas   cautelares.   Obviamente,   los  operadores  judiciales  deberán  ser  cuidadosos  en  el  análisis  de  cada  caso,  para evitar la defraudación del  derecho de reparación efectiva y oportuna de las víctimas.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.  ABSTENERSE  de  conocer del recurso de  apelación    interpuesto    por    la   apoderada   del   señor   SALVATORE    MANCUSO   D’ANGIOLELLA.   

2.  DECLARAR  la  nulidad  de  la  actuación  a  partir de la decisión adoptada el 2 de julio de  2010   por   el   Magistrado  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  la  Jurisdicción  de  Justicia  y  Paz  de  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Barranquilla,   de   conformidad   con   las   razones  expuestas  en  la  parte  considerativa de esta providencia.   

          3.  DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen  para  que  proceda  según  los argumentos  plasmados en esta decisión.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

Notifíquese y Cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS   MARTÍNEZ                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Comisión de servicio  

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Comisión de servicio  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Cfr.  Autos  de diciembre 12 de 2005, Rad. No. 24011;  25  de  julio  de  2007, Rad. No. 26693; diciembre 5 de 2007, Rads. Nos. 28432 y  28125; febrero 9 de 2009, Rad. 30942.   

2 Cfr.  Sentencia  de  mayo  22  de  2003,  Rad. 20756 y Auto de febrero 9 de 2009, Rad.  30942.   

3  Corte Constitucional, sentencia C-740 de agosto 28 de  2003.   

4  Corte  Constitucional, sentencia C- 1007 de noviembre  18 de 2002.   

5 Cfr.  Providencia de octubre 28 de 2009, Rad. No. 32452.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *