34457(13-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34457   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 290.  

Bogotá, D.C., trece de septiembre de dos mil  diez.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de la procesada GLORIA  MARÍA  MEDINA VARGAS,  contra el fallo de segunda instancia que profiriera  el  Tribunal  Superior  de Neiva, Huila, fechado el 16 de febrero de 2010,   mediante  el cual confirmó la sentencia emitida por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito  de  esa  ciudad  el  30 de junio de 2009, condenando a su representado  legal  a   la  pena  de  48  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía de  $3.440.000,  en  calidad  de  autora  del  delito  de  interés  ilícito  en la  celebración   de   contratos.   Además,   se   impuso  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas, por lapso igual a la   sanción  privativa  de  la libertad, y se negaron a la procesada los subrogados  de   la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  prisión  domiciliaria.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de segunda  instancia, del siguiente tenor:   

“Se  originan en las pesquisas adelantadas  por  el  Jefe  de  la  División  de Investigaciones Fiscales de la Contraloría  Departamental,  autoridad que mediante auto del 21 de febrero de 2000 inició la  correspondiente  investigación  fiscal  y cuyo cierre se dispuso el 25 de julio  siguiente  a  través  de  proveído  N°  0068,  donde se ordenó investigar la  conducta  asumida  por  la  Secretaria  de Obras Públicas Departamentales de la  época,  Ing.  GLORIA  MARÍA  MEDINA  VARGAS,  al suscribir dos convenios inter  administrativos  con  el  Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para  realizar  obras  en la sede del Instituto de Capacitación Juvenil de la ciudad,  firmando  en  desarrollo  de  ese  primer  acuerdo cinco contratos y del segundo  tres,  identificados  los  primeros  con los Nros. 015, 018, 019, 020 y 021, con  afectación  al  rubro  del  presupuesto  2143  C, mientras los segundos con los  Nros.  520, 521 y 522, para cuyo efecto se creó el artículo 2142B con recursos  propios del departamento.   

Del   contrato   015,  el  objeto  era  la  “construcción  a  todo costo la estructura de cubierta en la construcción de  la  II  etapa  de  la  sede masculina del Instituto de Capacitación Juvenil”,  firmado  el  19  de  febrero de 1997 entre la Secretaria de Obras Públicas y el  Ing.  Hugo  Fernely  Díaz  Plazas  por  valor  de $ 51.461.996, el cual sufrió  modificaciones en su ejecución.   

Por  su  parte,  el  convenio  018 tuvo como  objeto  “la ejecución de obras preliminares en la construcción del Instituto  de  Capacitación  Juvenil”, llevado a cabo por el Ing. Germán Vargas Almario  por  valor  de  $  51.589.586,  suscrito  el  24  de  febrero  de  1997,  previa  invitación  a  cotizar  en  la  que  participaron  como  proponentes  el citado  profesional y Héctor Celestino Ordoñez.   

El  contrato  019  fue  celebrado  con  el  propósito  de  elaborar  a  todo  costo  la  estructura  de  la  cubierta de la  construcción   de   la   II  etapa  de  la  sede  masculina  del  Instituto  de  Capacitación  Juvenil  de  Neiva, asignado por un valor de $ 51.537.007 al Ing.  Carlos  Alberto  Chacón  Antía,  cedido  el  21 de abril de 1997 a Juan Carlos  Villany.   

Contrato   020   tuvo  como  finalidad  la  instalación  de  los  pisos  en  la  construcción  de  la  II etapa de la sede  masculina   del   Instituto   de   Capacitación  Juvenil,  adjudicado  mediante  resolución  0272  del  19  de  febrero de 1997 al Ing. William René Ariza, con  plazo  de  ejecución 90 días, que a la postre se culminó en 120 días, siendo  llamado    a    cotizar    Juan    Carlos   Villany,   por   un   monto   de   $  51.586.081.   

En cuanto al contrato 021, cuyo objeto fue la  “elaboración  de la carpintería metálica en la construcción de la II etapa  de  la  sede  masculina  del  Instituto de Capacitación Juvenil de Neiva”, se  suscribió  el  24  de  febrero de 1997 con la Ing. Elsa Liliana Ordoñez por un  valor   de   $   22.844.743,   con   un   plazo   de   ejecución  de  90  días  calendario.   

Sobre  los  contratos  a  ser ejecutados con  recursos  propios  del  departamento,  el  N°  520  que  fue  firmado  el 19 de  diciembre  de  1997,  tuvo  como  objeto  la construcción a todo costo  el  (sic)  módulo  de  la  recepción  y  módulo de alojamiento con un plazo de 90  días,  adjudicado  a  Sandra  María Bermúdez luego de participar junto con el  Ing.  Héctor  Celestino  Ordóñez,  pero finalmente cedido al Ing. Juan Carlos  Villany.   

El  contrato  de  obra  521 consistió en la  construcción  a  todo costo del módulo 04, talleres y módulo 05, depósitos y  patio  interior,  suscrito  el  19  de diciembre de 1997 con el Ing. Juan Carlos  Villany  después  de  participar  en  la convocatoria con el Ing. William René  Ariza.   

Y,  por último el contrato 0522 cuyo objeto  fue  la  construcción  del  módulo  03  comedor,  biblioteca, firmado el 19 de  diciembre  de  1997 después de participar los Ingenieros Elsa Liliana Ordóñez  y  Román  Córdoba, adjudicado a aquella y quien lo culminó el 15 de agosto de  1998.   

Con el propósito de materializar ese primer  convenio    inter    administrativo   –  a  través  de  los contratos Nros. 015, 018, 019, 020 y 021-, con  afectación  al  rubro  del  presupuesto 2143 C, se expidió la Ordenanza 006 de  1997   con  adición  presupuestal  de  $  231.503.260,  detectando  que  fueron  adjudicados  el  22  de  enero  de  la  citada anualidad pero suscritos el 24 de  febrero  siguiente  con  actas  de  iniciación  el  11  de  abril  –excepto  el  015  fue del 14 de marzo-,  culminándolos  en  los meses de agosto y septiembre del mismo año, modificados  en  sus  ítems  sin  expresar  la  justificación  respectiva, como también se  advirtió   que   repitieron   obras   ya  contratadas,  omitiendo  cumplir  los  contratistas   con   la   apertura   de  cuenta  bancaria  para  el  manejo  del  anticipo.   

En   lo   atinente   al  segundo  convenio  –  a  raíz  del  cual  se  celebraron  los contratos 520, 521 y 522-, aplicado al rubro 2142B, aprobado por  la  Ordenanza  080  de  1997  por  valor  de  $  150.000.000,  se  advirtió que  igualmente   fueron   modificados   en  sus  ítems  iniciales  sin  especificar  cantidades  y  valores,  tampoco  hubo  apertura  de  cuenta  para  manejar  los  anticipos,  detectando  que el Ing. Juan Carlos Villany realizó un convenio por  adjudicación  directa  y dos por cesión, pese a que en un de ellos había sido  invitado  un  tercer  profesional,  ascendiendo  el  total  de lo contratado a $  375.221.070,  suma  muy superior al valor de la menor cuantía estimada para ese  año  de  acuerdo  al  salario  mínimo establecido de no sobrepasar  los $  103.200.000,  toda  vez  que  a  partir  de  ese rango se requería someterlo al  proceso   legal  de  licitación  pública,  trámite  omitido  en  el  presente  evento”.     

DECURSO PROCESAL  

Acorde  con copias dispuestas expedir por la  Contraloría  General  de  la  República,  en curso de la investigación fiscal  adelantada  en  el  Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Seccional Huila,  la  Fiscalía  Once  Seccional  de  esa ciudad dispuso, el 29 de agosto de 2000,  abrir investigación previa.   

El  8  de mayo de 2001, la Fiscalía tercera  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Neiva, a la cual se había asignado el  asunto,  decretó  la apertura de formal instrucción. Allí se dispuso vincular  mediante  indagatoria  a GLORIA MARÍA MEDINA VARGAS, diligencia que se cumplió  el 5 de febrero de 2004.   

El  4  de  marzo  de 2005, la Fiscalía Doce  Seccional  de  Neiva,  resolvió  la  situación  jurídica  de  MEDINA  VARGAS,  absteniéndose  de imponer en su contra medida de aseguramiento por el delito de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos,  objeto de vinculación  penal.     

El  16  de  marzo  de  2005,  fue cerrada la  investigación.  Consecuentemente,  el  30  de  junio  de  2005, se calificó el  mérito  del  sumario  con la emisión de resolución de acusación en contra de  GLORIA  MARÍA  MEDINA  VARGAS,  en  calidad  de  autora  del delito de interés  indebido en la celebración de contratos.   

Apelada  por  la  defensa  esa decisión, la  misma  fue  confirmada  por  la  segunda  instancia  en  auto del 28 de abril de  2006.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Quinto  Penal del Circuito de Neiva, el 6 de junio de 2006.   

  El 18 de julio de 2006, tuvo lugar la  audiencia preparatoria.   

Los días 14 de enero y 7 de febrero de 2008,  se celebró la audiencia pública de juzgamiento.   

El  30  de  junio  de  2009, se profirió la  sentencia  de  primer  grado, en contra de la cual interpuso y sustentó recurso  de apelación la defensa.   

El  16  de  febrero  de  2010,  el  Tribunal  Superior  de Neiva emitió la sentencia de segundo grado en la cual se confirmó  el  fallo  de  primera  instancia.  Lo  resuelto  por  el Ad quem fue objeto del  extraordinario  recurso  de  casación interpuesto por la defensa en escrito que  ahora se analiza en su debida fundamentación.    

LA DEMANDA  

1. Cargo primero  

Con  sustento  en  la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, el demandante acusa a la  sentencia  de  segundo  grado  de violación indirecta de la ley sustancial, por  falso  juicio de existencia por suposición, en lo que atiende a la “…demostración   de  los  elementos  que  configuran  el  tipo  subjetivo (dolo e interés indebido)…”   

A efectos de desarrollar el cargo, transcribe  el  recurrente  un apartado del fallo de segundo grado en el cual se destaca que  la  acusada  obvió conformar el grupo de trabajo que establecían los convenios  firmados  por el Departamento del Huila con el Instituto Colombiano de Bienestar  Familiar,  pasando  por  alto  el  requerimiento  hecho  en  ese  sentido por la  directora de esa institución al gobernador.   

A renglón seguido expone la conclusión del  Tribunal  en  la cual significa que esa forma unilateral de realizar el convenio  es  indicativa  de un actuar consciente y voluntario encaminado a desconocer los  principios   de   transparencia,  economía  e  imparcialidad  que  regulan  los  contratos   estatales,   configurándose   así   el  dolo  consustancial  a  la  responsabilidad penal despejada.   

Estima,  el impugnante, en consecuencia, que  el  dolo  fue  despejado  por  vía indiciaria, lo que lo lleva  a realizar  algunas  precisiones en torno de la naturaleza y efectos del medio probatorio en  cuestión,  hasta  derivar en que lo atacado en el primer cargo corresponde a la  demostración del hecho indicador del indicio.   

Se   ocupa  el  demandante,  entonces,  de  demostrar  que  ese  hecho  indicador  en  el  cual  basó  su  inferencia el Ad  quem     –la  ausencia  de  concertación o conformación del grupo de trabajo a que alude una  de  las cláusulas del convenio interadministrativo suscrito por el departamento  del Huila con el ICBF-, es ajeno a la realidad.   

En primer lugar, para demostrar su aserto, el  libelista  remite  a la decisión de primera instancia, en la cual el fallador A  quo  reconoció  “…el  cabal  acatamiento  de los  acuerdos  y el deber de ejecución exclusiva que correspondía al Departamento a  través  la  (sic)  Secretaría  de Obras Públicas Departamentales, restándole  importancia  a  equipo  o  comité  alguno  que  emitiera concepto previo y cuyo  soslayo        hiciera        presumir,       voluntad       punible”.   

Ello  significa,  en  sentir del censor, que  “cuando menos” para el A  quo    la   prueba   del   hecho   indicador   “no  existía”.   

En segundo lugar, aduce el recurrente que ese  incumplimiento  en  la  conformación  de  un  equipo  de  trabajo  “jamás  fue  puesto de presente por quienes en nombre del ICBF y  conforme  lo  señalado  en  la  cláusula  decima  (sic)  quinta  de uno y otro  convenio  debían  ocuparse  de  la  supervisión  de  su  correcta ejecución e  informar,  cuando  ocurriese  evento  de  incumplimiento,  entre otras cosas por  tratarse  de  uno  de  los supuestos de terminación de los acuerdos”.   

Ello,  agrega  el  recurrente, se suma a que  para  efectuar  el  pago del convenio era necesaria la constancia del supervisor  en  la  cual  se  indicara  satisfactoria  la  ejecución  del  mismo  y  existe  certificación  de  la  Interventoría  de Convenios del ICBF, expedida el 14 de  marzo  de  1997,  en  la  cual  se  advierte  que  para  ese  momento la entidad  contratista   venía   cumpliendo   adecuadamente  con  el  objeto  contractual.   

En  tercer  lugar, sostiene el casacionista:  “existen   medios   probatorios   que   avalan  su  conformación  (del  grupo  de  trabajo  conjunto, añade la Corte) y por tanto,  desmienten    el    señalante   argumento   contra   mi   defendida”   

Para  el  efecto,  destaca que el arquitecto  Álvaro  Urrego Monroy, encargado de la interventoría de los contratos surgidos  por   ocasión  de  los  Convenios  891  y  801,  declaró  bajo  juramento  que  “…se hicieron varias reuniones inicialmente tanto  en  Obras  como  en  el  Bienestar,  con  la directora de ese entonces y con una  profesional  asesora  de  la  directora  del Bienestar, cuyo nombre no recuerdo,  fueron  tres  o  cuatro reuniones, porque ellas sabían bien en dónde se iban a  acometer  cada  uno de los contratos….”. Y después  agregó  el  mismo  declarante  que  las  varias modificaciones efectuadas a los  contratos     “fueron    consultadas    con    el  Bienestar”.   

De  ello concluye el impugnante que el hecho  indicador    tomado    en    consideración   por   el   Tribunal   –la   no   conformación   del  equipo  interdisciplinario-,  carece  de  demostración  y,  por  ende, no se soporta el  fundamento de la inferencia referida al dolo.   

Como quiera que, en sentir del demandante, el  soporte  de  la  decisión  del  Tribunal, confirmatoria de lo decidido por el A  quo,  radica  precisamente  en que el dolo surge de la forma como la Secretaría  de   Obras  Públicas  asumió  el  liderazgo  exclusivo  sobre  el  proceso  de  contratación,  determinado  que  la conclusión surge producto del falso juicio  de  existencia  por  suposición  en  que  incurrió el  Ad quem, necesaria  surge  la  absolución  de la procesada, emergiendo en este sentido su solicitud  para que la Corte case la sentencia atacada.   

2. Cargo segundo  

También  por  la vía indirecta, pero ésta  vez  advirtiendo  la  existencia de un “falso juicio  de  raciocinio”,  el  casacionista  señala  que  el  Tribunal  erró  al examinar las pruebas que presuntamente conducen a determinar  el  interés  indebido  de  su  representada  legal  en  la  suscripción de los  contratos.   

Para soportar su tesis, el recurrente remite  a  los  dos  convenios  interadministrativos  suscritos  por el departamento del  Huila  con  el ICBF, así como los diferentes contratos que de cada uno de ellos  se derivaron.   

Argumenta  el  impugnante  que cada convenio  poseía  naturaleza  propia,  al  punto  que  el segundo advirtió completamente  ejecutado y cumplido el primero.   

A  renglón  seguido,  transcribe  el censor  algunos  apartados  de  la motivación del Tribunal, en los cuales, respecto del  convenio  891,  destaca  corresponder el mismo a unas obras civiles que demandan  de  una serie sucesiva de actos de ejecución, a cuya realización no es posible  adelantar  los  consecuentes  si  antes  no  se  han realizado completamente los  antecedentes,  pese  a  lo  cual  todos  los  contratos propios de ese convenio,  excepto  uno,  se  celebraron el 24 de febrero de 1997. Además, por tratarse de  la  misma  obra  e  imputación presupuestal, debía celebrarse un solo contrato  por  la  totalidad  de ella, acorde con los parámetros de la Ley 80 de 1993, no  obstante  lo  cual se fraccionaron las obras, realizándose varios contratos que  no  superaban  el  tope permitido para la contratación directa, a fin de eludir  la licitación.   

Acerca  del  convenio  801, se transcribe lo  expresado  por el Tribunal en el sentido que al quedar inconclusa la etapa II de  la  adecuación  de  la sede masculina del Instituto de Capacitación Juvenil de  Neiva,   se   pasó  por  alto  la  realidad  del  convenio  que  adicionaba  en  $150.000.000  el  dinero  para hacer las obras necesarias, superando esa suma el  monto  de  la  contratación directa, no empece lo cual también se fraccionaron  los contratos para permitirlo.   

De  lo  anotado,  deduce  el  censor  que el  interés  indebido  en  la  celebración de los contratos, lo dedujo el Tribunal  por   vía  indiciaria,  del  hecho  que  se  fraccionaran  unos  contratos  que  implicaban ejecución sucesiva.   

En  consecuencia, ya involucrados en el tema  del  indicio, advierte que lo criticado ahora es la inferencia y por ello remite  el  yerro  del  Tribunal  a  la vulneración de los principios vinculantes de la  sana crítica.   

En   particular,   dice  que  el  Ad  quem  desconoció  una  regla  de  la  experiencia,  así  planteada:  “no  siempre que la ejecución de un objeto contractual por parte de  una  entidad  pública  se  lleva  a  cabo  de  modo fraccionado, ello traduce u  obedece   a   un   interés   indebido  por  parte  del  contratante”.   

Precisado el motivo de controversia, se ocupa  el  casacionista de determinar por qué en el caso concreto sí era necesario el  fraccionamiento  de los contratos, para lo cual parte por significar que los dos  convenios  comprendían  objetos disímiles y no se trataba ninguno de ellos, en  sentido  estricto,  de  construir  obras  nuevas,  lo  que  sí  implicaría esa  sucesión  ordenada  de  pasos  que relaciona el Tribunal, sino del “tratamiento  de  estructuras  ya  antes  hechas  y deterioradas,  aspecto  que  impedía  exigir, cuando menos desde el ámbito de la ingeniería,  estricta progresividad o preclusividad”.   

Así  mismo,  asevera  el  censor  que  la  “subdivisión”   del  objeto  de los convenios interadministrativos no operaba voluntad de la acusada,  en  cuanto  representante  del  departamento  del  Huila  para  el  efecto, sino  consecuencia  de  que  los  diseños,  planos  y  presupuesto  de  obra  venían  predeterminados  por  el  ICBF,  como  lo  sostuvo el Arquitecto Fabián Vanegas  Silva  en  su  declaración  jurada,  donde  incluso  sostiene  que  la forma de  contratación ya había sido definida por la entidad nacional.   

Como   el   impugnante   estima   que  esa  consideración  del  Tribunal resultó fundamental para definir la tipicidad del  delito  atribuido a su representada legal (cita un apartado del fallo en el cual  el  Ad  quem significa que la vulneración de los presupuestos de contratación,  obra  del  fraccionamiento  del  contrato,  representa  el  delito  de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos  cuando se trata de favorecer a un  tercero),  concluye que una vez eliminado el error, desaparece el sustento de la  condena,  dado  que  se  elimina  el ingrediente de interés indebido, necesario  para configurar la conducta punible.   

En ese sentido, depreca de la Corte casar la  sentencia,  revocando  la  condena y en su lugar absolviendo a la acusada de los  cargos formulados por la Fiscalía.   

3. Cargo tercero  

Dentro  de los mismos lineamientos del cargo  anterior,  el  recurrente  destaca cómo el Tribunal observó inusual y por ende  indicativo   del   interés   de  la  procesada  por  favorecer  a  determinados  contratistas,  el  que  después  de terminada una de las etapas, se convocara a  las mismas personas para el desarrollo del segundo convenio.   

Para el demandante esa inferencia del Ad quem  resulta  contraria  a  la  sana  crítica  y, específicamente, a la regla de la  experiencia   de  esta  manera  elaborada:  “De  un  comportamiento  permitido  por  el  ordenamiento  jurídico  no pueden deducirse  consecuencias      adversas      para      quien      lo     ejecuta”.   

Destaca el censor que ninguna norma prohíbe  llamar     de     nuevo     a     los     mismos    contratistas    –apenas  se  demanda  que sean llamados  mínimos  dos  oferentes-,  máxime  si se trata de convenios diferentes y busca  premiárseles  por haber ejecutado satisfactoriamente las obras del pasado, como  lo refirieron los expertos en la cartera de Obras Públicas.   

Algo similar debe predicarse de la cesión de  contratos,  que  también  cuestiona  el  Tribunal,  en tanto, ello es lícito y  únicamente    demanda    de    la    aprobación    previa    de   la   entidad  contratante.   

En  punto  de  trascendencia  del  yerro, el  casacionista  advera  que esas inferencias las afianzó el Tribunal “como  esenciales  del  desvío  punible  que  define  el  delito  atribuido”,  para ratificación de lo cual reproduce  un  apartado  del  fallo  en  el  que  el  Ad  quem  advierte  que  ese proceder  “resquebraja”    la  presunción de inocencia.   

Colige   el   recurrente,  por  ello,  que  “de  no  haberse incurrido en el reseñado yerro de  consideración  del  efecto  persuasivo  de los medios de convicción, jamás se  tendría   presente   la   vulneración   direccionada   de  los  principios  de  contratación  estatal,  constitutivos  del  interés indebido que tipifica como  ingrediente     especial     subjetivo    del    delito    atribuido”.   

Acorde  con  lo  resumido  en  precedencia,  solicita  el  demanadante  que  se  case  la sentencia atacada y en su lugar sea  emitida sentencia absolutoria a favor de su representada legal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        La  demanda  de  Casación,  como  ya amplia y reiteradamente lo ha  venido  significando  esta  Corporación,  no  representa  un  simple alegato de  instancia  ni  tiene  como  finalidad  ofrecer una nueva oportunidad para que se  contrapongan   los   argumentos   de   las   partes   a   efectos   de   obtener  satisfacción  a sus pretensiones.   

        Precisamente  por  su  connotación de mecanismo extraordinario, el  recurso   de   casación  implica  para  el  demandante  la  carga  procesal  de  fundamentar  adecuadamente  su postulación, dentro de  precisos    requisitos    que   obedecen   a   principios   lógicos     y     jurídicos    universales,  en el entendido que a esta  sede  arriba  el  fallo  prevalido de un doble carácter de acierto y legalidad,  solo   destronable   a   partir   de  la  definición  precisa  y  objetivamente  fundamentada,  de  que  la  sentencia  comporta un yerro de tal magnitud, que su  manifestación  en  el proceso asoma ostensible y tiene por sí misma   la   virtualidad   de   obligar  la  revocatoria    de    lo    decidido    o,   cuando   menos,   su   modificación  trascendente.   

        Conforme  las  pautas  generales  citadas,  la  corte  abordará el  examen de los tres cargos propuestos por el casacionista.   

    

1. Cargo primero     

        Cuando  el demandante postula la violación indirecta de la ley por  el  camino  del falso juicio de existencia por suposición,  debe demostrar  que  al  expediente nunca se allegó el elemento de juicio que toma en cuenta el  fallador   para   soportar   una   afirmación   interesante   al   objeto   del  proceso.   

        Empero,  si  dice  el  recurrente  que  lo sostenido por el Ad quem  respecto  a  que nunca se conformó el equipo de trabajo a que obliga una de las  cláusulas  del  convenio  suscrito  por  el departamento del Huila con el ICBF,  contradice  lo  que  sobre el particular dicen   los   medios  de  prueba  regular,  legal  y  oportunamente  allegados  al  plenario,  no  se  trata  en  estricto sentido de que el fallador  supusiese  la prueba, sino que pasó por alto, ya a través del camino del falso  juicio  de  existencia por omisión, ora dentro de los  senderos   del   falso   juicio   de   identidad  por  cercenamiento     o     tergiversación,    lo    que    efectivamente    debió  considerar.   

        En  consecuencia,  para  que  la  crítica  tenga buena fortuna, es  necesario  que  el  impugnante  haga una simple confrontación objetiva entre lo  que  dice textualmente la prueba pasada por alto  o tergiversada  y lo  que  el  Tribunal omitió o malinterpretó.   

        Y   algo   similar   intentó   hacer   el   demandante, a través de tres específicos ítems.   

        El  primero  de  ellos  advierte que el A  quo  no  tuvo  en  cuenta,  o  mejor,  para  ese fallador no fue trascendente la  conformación del equipo en la definición del interés indebido.   

        No  entiende  la  Sala  cómo  esa  postura adoptada por la primera  instancia  puede  tener  incidencia  en  el cargo propuesto por el casacionista,  pues,  sería  elemental  decirlo,  el que la primera instancia pase por alto el  tópico  o  no  lo  entienda sustancial en su particular óptica del delito y la  responsabilidad  atribuible  a  la  procesada, de ninguna manera informa que esa  cláusula   no   existiera,   ni   mucho   menos   que   de  verdad  ese  equipo  interinstitucional fuese conformado.   

        Debe  precisarse que el argumento del recurrente se sustenta en que  la  premisa  mayor  utilizada  por  el  Tribunal  para  soportar  su  inferencia  indiciaria  vertida  en  contra de la acusada, no tuvo existencia material, vale  decir,  que  no  es  cierto  que  no  se  conformase  la  comisión  o equipo en  cuestión.   

        Pero  ello,  huelga  anotar,  no se demuestra porque el fallador de  primer  grado  no  tuviese  en  cuenta  la  circunstancia  o  advirtiera  que la  encargada  de adelantar todo lo correspondiente a los convenios suscritos con el  ICBF,     fuese     la     Secretaría     de    Obras    Públicas    del   departamento.   

        Si      puntualmente      se      tiene      claro     que  una  cláusula  del  convenio exige  integrar  el  equipo  tantas veces referenciado, bien poco aporta en el cometido  de  dilucidar que efectivamente el grupo fue conformado, esa referencia a que el  A  quo  estimó depender de la administración departamental toda la ejecución,  o  que  no  le  diera  importancia  a   la cláusula, pues, es claro que la  demanda   de   casación  debe  enfilarse  contra  el  fallo  de  segundo  grado  –así,  como  en el caso  examinado,  forme  una  unidad  inescindible  con  lo expresado por el A quo, en  cuanto  confirmó  el  fallo  de  primer grado- y si se advierte algún yerro en  éste,   la   demostración   de  ninguna  manera  puede  pasar  por  la  simple  auscultación   de   que   entre   ambas   instancias   existen  diferencias  de  enfoque.    

        Algo   similar  sucede  con  el  segundo  aspecto  tomado  en  consideración  por el casacionista para fundar su tesis de  que  el  Tribunal  dejó  de  considerar  elementos  de  juicio suficientes para  verificar la existencia del supuesto equipo interdisciplinario.   

        Desde  luego,  que  esa omisión “nunca  fue    siquiera    considerada   entre   las   partes   contratantes”,  resulta  argumento  insuficiente  para  demostrar la efectiva  materialización de lo obligado por la cláusula.   

        Se   tiene   claro   que  la  cláusula  del  convenio  exigía  la  conformación  del  equipo  interdisciplinario  y  que  la  falta  de  esa labor  conjunta  fue  un  elemento  indiciario  que  tomó  en  cuenta el Tribunal para  soportar  la  acusación  en  contra de la procesada,  referida  a  adelantar motu  proprio   la  contratación,  buscando  favorecer  a  determinados contratistas.   

        A  ello no es posible oponer, cuando menos no si lo que se pretende  es  hallar  algún  tipo de vicio trascendente en el razonar del Tribunal por la  vía   de   la   omisión   en  considerar  elementos  de  juicio  válidos  que  supuestamente  demuestran  lo  contrario respecto del hecho indicador, la simple  afirmación  de  que  el  ICBF, estimó siempre cumplido a cabalidad el convenio  u  otorgó  los avales  correspondientes  para  su  efectiva culminación, pues, ello lo que reflejaría  –y  en  razón  de  lo  anotado  fue  que se adelantó la correspondiente investigación de Contraloría  en  la  entidad  estatal,  donde se compulsaron copias para que se verificara lo  correspondiente  al  departamento  del  Huila-,  es  que  el organismo del orden  nacional  no  cumplió  a  cabalidad  con  sus  obligaciones  de  supervisión y  verificación del citado convenio.   

        Por  último,  en  lo  que al primer cargo concierne, el demandante  pretende    demostrar   que,   en   efecto,   esa   conformación   del   equipo  interadministrativo  o  interdisciplinario,  sí tuvo ocurrencia en la realidad,  para  lo  cual  remite  a  lo declarado por el arquitecto Álvaro Urrego Monroy,  adscrito  a  la  Secretaría  de  Obras  Públicas  del departamento del Huila y  encargado  de la interventoría de los varios contratos surgidos con ocasión de  los  convenios  celebrados  entre  el ente departamental y el ICBF, quien   detalla   que  “se  celebraron  varias  reuniones” con la directora de ésta última  entidad,  y  después  agrega  que  las  modificaciones operadas a los contratos  durante    su    ejecución   “…siempre   fueron  consultadas con el Bienestar”.   

       Es  evidente el desacierto del recurrente, pues, basta advertir lo  que  en  su  sentido  natural  y obvio refleja lo dicho por el profesional en la  arquitectura,  para determinar que ni por asomo se compadece ello con lo exigido  por   el   literal   e)  de  la  cláusula  segunda  de  ambos  convenios,  así  redactada:   

“…conformar  un  equipo  de  trabajo,  junto  con  el ICBF y la Secretaría Departamental de Obras Públicas, encargado  de  adelantar  los  respectivos  planes de acción, procesos de licitación o de  adjudicación  directa, según el caso, establecidos  por  la  Ley  80  de  1993  y  sus  decretos reglamentarios, indispensables para  definir  los  contratistas encargados de adelantar los estudios, elaboración de  planos,  obras  civiles, interventoría y demás que se estimen pertinentes para  la ejecución del objeto contractual.”   

       Es  el  mismo  demandante, entonces, quien se encarga de confirmar  que  el  equipo en cuestión no fue conformado, cuando significa que los únicos  contactos   realizados  entre  el  departamento  del  Huila  y  el  ICBF,  para efectos de materializar lo  ordenado  por  la  cláusula,  se  limitaron  a algunas reuniones previas con la  directora   del  Instituto  Colombiano  de   Bienestar  Familiar y las  consultas  que  dice  el  arquitecto  hizo  cuando de modificar los contratos en  curso se trataba.   

       Y  esa  misma cláusula desvirtúa la afirmación, contenida en la  demanda,  referida  a  que ya de antemano el ICBF, había determinada la directa  como  forma  de  contratación,  evidente  como surge que precisamente el equipo  ordenado   integrar,   tenía   como   función   definir   los  “procesos  de  licitación  o  de  adjudicación directa, según el  caso,    establecidos    por    la    Ley    80   de   1993   y   sus   decretos  reglamentarios”.   

       En  consecuencia,  sea  porque  el  impugnante yerra al momento de  señalar  la  causal  que gobierna la controversia, porque sustenta la           crítica  en  aspectos  insustanciales,  o  cuando  menos  impertinentes  para  el  efecto,  o en  atención  a  que  se funda en elementos objetivos ajenos a lo que el expediente  enseña,  dándoles  un  valor  del que carecen, se torna imperioso inadmitir el  primero de los cargos que confeccionan su demanda.   

    

1. Cargo segundo     

Esa  que  se  señala  por  el censor vulneración de reglas de la experiencia correspondiente  a  la  inferencia  que  se  hace a partir de un hecho  conocido,    termina    enmascarando   otra  forma  de  argumentación  dirigida a evaluar las pruebas de  forma distinta a como lo hizo el Tribunal   

Al  efecto,  el  casacionista  dice  que  a  partir  de  un hecho  objetivo,  celebración  de  varios  contratos  independientes  para  efectos de  cumplir  con  los  convenios  891  y  801, el Tribunal construyó una inferencia  errada:  el  fraccionamiento encaminado a favorecer a los contratistas de manera  indebida;  con  lo cual, estima, se vulnera una regla de la experiencia referida  a  que  no  siempre  que  se  fracciona  un “objeto  contractual”    ello   traduce  un  interés  indebido.   

Empero,   la   discusión   se   torna  eminentemente  artificial  cuando  se  establece  en  los  términos  de  lo que  normalmente  sucede,  pues,  pasa  por  alto  un hecho básico que desnaturaliza  completamente la conclusión.   

Desde luego  que en la generalidad de  los  casos,  cuando lo actuado obedece a parámetros legales, es posible deducir  que    el   fraccionamiento   no   necesariamente   obedece   al   interés   de  favorecimiento.   

Pero,  si  ocurre que ese fraccionamiento  proviene    de    la    violación    de    la    ley,   la   ecuación   cambia  completamente,    pues,    ese    nuevo   elemento  desnaturaliza  la  vocación  de  generalidad  y  universalidad  que  pretendió  entronizar  el  demandante,  hasta  conducir  a  la inferencia realizada por las  instancias  respecto  del  ánimo  indebido de favorecimiento que fluye de pasar  por alto los condicionamientos de la Ley 80 de 1993.   

Así expresamente lo reseñó el A quo en  su decisión:   

“Las  pruebas  recaudadas  demuestran  contundentemente    que    con    la   suscripción   de   los   dos   convenios  interadministrativos          –el  891  en  1996  y  el adicional en 1997, mediante los cuales se  suscribieron  los  contratos 015, 018, 019, 020 y 021 suscritos el 24 de febrero  de  1997  en  razón  del primer convenio para la remodelación del Instituto de  Capacitación  Juvenil  del  ICBF,  cuyo  monto  para  este convenio ascendía a  $231.503.260   y  los  contratos  520  (sic) 521 y 522  por el segundo  convenio  –el  801- se  adicionaron  $ 150.000.000 este proyecto de remodelación del instituto donde se  encontró  que se produjo fraccionamiento de contratos teniendo en cuenta que el  monto  del  convenio  891  de  1996,  superaba ampliamente los 125 smlmvs y no  se  podía  contratar directamente, porque se trataba de la misma obra y con una  sola  imputación  presupuestal  de  ahí  que   ninguno  de  los contratos  superaba  los  $51.600.000 que era el límite para esta clase de contrataciones,  violando  así  la  ley  80  de  1993,  que  obligaba  en  este caso someterla a  licitación  pública,  mostrándose  el  interés  de  la  Secretaria  de Obras  Públicas  de  la  época, GLORIA MARÍA MEDINA VARGAS, en beneficiarse ella o a  alguno de (sic) contratistas”   

Y más adelante se agregó:  

“A  la  defensa de GLORIA MARÍA MEDINA  VARGAS  es  preciso responderle que en este proceso no se cuestiona el hecho que  la  Secretaría de Obras Públicas hubiese adelantado los convenios ni ejecutado  los  contratos,  sino los procedimientos adelantados  para  la  ejecución de tales convenios, esto es el hecho de no haber sometido a  licitación   publícale  convenio  891  mediante  el  cual  se  ejecutaron  los  contratos  015,  018,  019,  020 y 021 por contratación directa, cuando en este  evento  era obligación someterlo a obligación pública, y no es de recibo para  el  juzgado  el  argumento  esbozado  por  la  defensa  en  cuanto alude razones  técnicas  dependientes  de  las  especificaciones  contenidas  en  los estudios  previos  del  proyecto, y el hecho de unificar esos objetos no estará las (sic)  Secretaría   de   Obras  Públicas  excediendo  sus  facultades  funcionales  y  contractuales,  ni  habría  sobrepasado el objeto de los acuerdos, y no es solo  el  hecho  de  habérsele  imputado  a  la entidad ejecutora además la falta de  planificación  de  los  diseños  suministrados  por  el  ICBF, sino como ya se  anotó  el procedimiento para ejecutarlos, pues no podía la procesada contratar  directamente  tales  construcciones  teniendo  en  cuenta  que  la contratación  directa  consagrada  en el artículo 2° de la Ley 855 de 1994 es una excepción  a  la  regla  general de la licitación pública para la selección objetiva del  contratista  prescindiendo  el  ente estatal de las formalidades legales, debía  garantizar  el  cumplimiento  de  los  principios  de economía y transparencia,  aunque  la  contratación  directa  se  establezca  para  la celebración de los  contratos  estatales  de  acuerdo  a  la  cuantía,  se  le  imprima celeridad y  prontitud,  sin  que  esto  indique para la servidora pública, pretermisión de  los  trámites  y  requisitos  que  la  ley y demás  decretos    que   la  reglamenten  exigen,  conforme lo establece el artículo 24, num. 8°, de la ley  80/93  (…)  entonces  GLORIA  MARÍA  MEDINA  VARGAS debía haber extremado la  legalidad  que  obliga  la  ley y someter a licitación pública el convenio 891  por      exceder      los      125      smlmvs.”        

Nada distinto entendió el Tribunal en el  fallo de segunda instancia, cuando significó:   

“Resulta incuestionable que por tratarse  de  la  misma  obra  y  con una sola imputación presupuestal, era indispensable  ejecutar  la  albor  con  un  profesional  de  la  Ingeniería que desarrolle la  totalidad  de  la  construcción  de la II etapa de sede masculina del I.CJ., se  desvía  de  claros  parámetros  establecidos  por  la Ley 80, siendo necesario  fraccionarlo  al  punto que los contratos no superaban los $ 51.600.000, que era  el  tope  máximo  requerido para contratar directamente, desconociendo  de  esa  manera  la  realidad  de  su  objeto,  advirtiéndose el afán desmedido en  querer       favorecer      a      determinadas  personas.”   

Está claro que ambas instancias advierten  cómo  el  fraccionamiento,  en  este caso, operó ilegal, pues, por tratarse de  unidad  de  obra  y  de  presupuesto,  la  ley  80  de 1993, dado el monto de la  totalidad a realizar, obligaba realizar licitación pública.   

Cierto,  sí,  que  además  el  Tribunal  señaló  cómo  esas  obras exigían de una ejecución secuencial diferenciada,  resultándole  también  indiciario  que  todos  los  contratos se celebrasen al  mismo tiempo.   

Empero,  no radica allí el fundamento de  ilegalidad  pregonado  por  las  instancias  y por tal razón opera inconducente  todo  el  esfuerzo  encaminado a sostener la regla de la experiencia a partir de  definir  que  esas obras propias del convenio podían  ejecutarse   en   el   mismo   tiempo  -incluso  porque  la  labor  discursiva encaminada a ello abandona  los  senderos  de la causal y se adentra en el simple alegato de instancia en el  cual  el  recurrente  interpreta  a su amaño los elementos suasorios allegados,  para  contraponerlos  a  la valoración del Ad quem, sin demostrar la existencia  de  algún  tipo  de  yerro  que permita entrever que, en efecto, el Tribunal se  equivocó  cuando  entendió  que  la  construcción  o reparación reclamaba de  pasos  escalonados  o  sucesivos-,  pues, bien poco se hace para controvertir la  manifestación  toral  de  que  ese fraccionamiento viola las exigencias legales  que demandaban licitación pública.   

Porque, es necesario precisar, el hecho de  que  las  tareas  puedan  adelantarse  todas  al  mismo  tiempo,  no  justifica o explica que se  pase  por  alto  la  licitación  pública cuando la unidad de  presupuesto,  obra  y  ejecución, dado el monto de los dineros comprometidos en  ello, exige licitación pública.   

En  suma,  respecto  del segundo cargo es  necesario  señalar,  de  un lado, que la regla de la experiencia construida por  el  recurrente  no  se  aviene  con  los hechos objetivamente despejados por los  falladores,  o  siquiera  con  la  circunstancia de ilegalidad manifiesta que se  advierte del fraccionamiento de contratos.   

Y  del  otro, que al asumirse la crítica  indirecta  tratando  de  desvirtuar  las  razones  tomadas  en  cuenta  por  los  falladores  para  inferir  interés  en  el  hecho de que todos los contratos se  suscribieran  y  empezaran  a  ejecutar  al  mismo tiempo, no empece tratarse de  obras  complementarias  entre  sí,  se  desvía  el  curso  del  cargo hacia el  análisis  particular  de  las  pruebas,  sin  demostrar  cómo  esa valoración  concreta  del  Tribunal  vulneró  la  sana crítica. Es más, se pasan por alto  todas  las  consideraciones traídas a colación por el Ad quem para soportar su  tesis  de que se trata de obras sucesivas, y apenas se introducen las que estima  más     adecuadas     para     su     posición    el    recurrente.   

Al  efecto, el Tribunal, para soportar su  tesis de consecutividad, expresamente anotó:   

“La relación pormenorizada de los cinco  contratos  suscritos  por  la  procesada  MEDINA  VARGAS  con  igual  número de  profesionales   de   la   construcción,   a   efecto  de  cumplir  el  Convenio  Interadministrativo  N°  891  celebrado  con  el  ICBF,  claramente  se  advierte  que  se  trata  de  la  realización de unas obras  civiles  que  implican  una  secuencia  en  su desarrollo, pues para llegar a la  elaboración  de la cubierta de esa segunda fase de la sede masculina I.CJ., era  indispensable  adelantar  las  obras  preliminares,  lo  cual  daría  paso a la  construcción  de  la  cubierta  y  después  de  ello, al piso y enseguida a la  carpintería   metálica,   que   pese   a   requerir  la  ejecución  en  fases  consecutivas,  indicando  para  ese efecto un plazo a  cada  compromisoria,  las  partes involucradas celebraron todos los contratos el  24  de  febrero de 1997, excepto el que comprendía la estructura de la cubierta  que    tiene   como   fecha   el   19   del   mismo   mes   y   año”   

Ninguna  referencia hizo el demandante de  esta  específica  manifestación del Tribunal, en la cual delimita las  circunstancias  que  obligaban  obras sucesivas, dedicándose  mejor  a  introducir  la  particular  interpretación de otras pruebas que en su  sentir  lo  favorecen,  eso sí, obviando señalar que el ad quem las pasase por  alto,  mutase  su  contenido objetivo o errase en su valoración, con lo cual se  abstuvo  de  verificar  la  existencia de algún tipo de vicio, única manera de  derrumbar    la    más   autorizada   interpretación del fallador de segundo grado.   

Por   lo   demás,  para  finalizar  el  examen del segundo cargo,  es  claro que cuando el impugnante critica el fundamento probatorio que sustenta  la  real  necesidad de adelantar sucesivamente las obras, no se trata de atacar,  respecto  de  la  prueba  indiciaria, el método inferencial utilizado por el Ad  quem  (esto  es,  la  conclusión de indebido favorecimiento surgida de realizar  todos  los  contratos al mismo tiempo), para lo cual bastaría esa alusión a la  violación  de  las  reglas  de  la experiencia intentada, sino de justificar el  hecho indicador.   

    

1. Cargo tercero     

       Dice  el  casacionista  que  el  Tribunal, cuando advirtió que se  erige  en indicio contrario a los intereses de la procesada el hecho de llamar a  la  segunda  convocatoria, producto del segundo convenio, a los contratistas que  acudieron  a  la  primera,  viola  la  regla  de  la  experiencia atinente a que  de  un  comportamiento permitido por el ordenamiento  jurídico   no   es   posible  deducir  consecuencias  adversas  para  quien  lo  realiza.   

       Lo  primero que debe señalarse es cómo ya parece lugar común la  utilización  de  reglas  de  la  experiencia  de  la más variada estirpe, como  especie  de  comodín a la mano cuando no se tienen elementos de juicio sólidos  para sustentar una tesis o controvertir al que busca derrumbarse.   

       Y  así, por la vía de la informalidad, se construyen a la medida  supuestas  reglas  de  experiencia  que  no  pasan  de representar esa suerte de  aspiración  de  lo  que  debería  suceder  para  que salga avante la posición  interesada,  sin  preocuparse  siquiera por definir de dónde extracta su fuerza  lo  propuesto,  o  cómo  se  cubren  con  ello  las  notas  consustanciales  de  generalidad y universalidad.   

       Además,  se  trata  de convertir la presunta regla en una especie  de  acto de fe, a cuya consagración debería entenderse que basta con exponerla  para  que  automáticamente  se  entienda  desvirtuada   la  manifestación  probatoria o el análisis inferencial que la pasó por alto.   

       Se  olvida,  con  ello,  que el efecto probatorio o suasorio de la  regla  de la experiencia aparece bastante limitado, en cuanto elemento de simple  probabilidad,  pues,  para  decirlo  en  términos  llanos, lo que por lo común  sucede   no   inexorablemente   tiene   que   haberse   presentado  en  el  caso  concreto.   

       Y   entonces,    para   dejar  sin  efecto  la  regla  de  la  experiencia  en  cuestión  basta  con  demostrar,  por otros caminos, que en el  asunto    específico    examinado,    no    sucedió    lo    que    acostumbra  acontecer.   

En  la  demanda el impugnante dice que es  regla  de  la  experiencia  la referida a que un comportamiento permitido por el  ordenamiento   no   puede   generar   consecuencias   adversas   para  quien  lo  ejecuta.   

Y  se observa bastante sugestiva la   aserción,    porque,    en    principio,    evidenciaría    una    verdad   de  Perogrullo.   

Sin embargo, ya decantada en sus efectos,  la  frase  no  puede  estimarse  jamás  una  regla de la experiencia, porque no  precisa  cuáles  son  esas  consecuencias adversas o cómo pueden evaluarse las  mismas.   

En el caso concreto, si lo que se busca es  hallar  un indicio incriminatorio o despejarlo de determinado comportamiento, es  claro     que     perfectamente     el      actuar     permitido     puede     soportar     la inferencia, por la potísima razón  que  si  así  no  sucediera,  necesariamente los indicios deberían construirse  siempre  a  partir de actos ilícitos o contrarios a derecho, manifestación que  evidentemente emerge absurda.   

En  otras  palabras,  desaparecería  la  posibilidad  de  construir  inferencias  a partir de actos humanos, pues, huelga  anotar,  aspectos  tales  como  la  presencia  en  el  lugar  de  los hechos, la  motivación  o  el  actuar inusual, apenas para citar los más comunes elementos  de  base  indiciaria,  son  en  sí  mismos adecuados o lícitos, o cuando menos  neutros en sus efectos jurídicos directos.   

De  esa  manera,  ninguna  vulneración  a  los  postulados de la  sana  crítica,  y  particularmente  a  una inexistente regla de la experiencia,  surge  cuando  el  Tribunal  deduce  algún  tipo de  interés  indebido  en la acusada, producto de llamar para los contratos propios  del  segundo  convenio,  a  quienes fueron convocados en el primero y obtuvieron  varios de ellos.   

Claro que la ley permite que así se haga,  pero  en  el caso concreto, que es la medida dentro de la cual se debe verificar  la  justeza  del  indicio,  el  Tribunal  concatenó ese hecho con otros tantos,  entre  ellos  el  fraccionamiento  ilegal  de  la contratación, la celebración  inmediata  de  todos  los  contratos a pesar de tratarse de obras sucesivas y la  necesidad  que  se  tuvo  de  modificarlos en su totalidad, para derivar, de esa  suma  de  circunstancias,  el trato preferencial buscado otorgar cuando no sólo  se  les concedieron los iniciales tramos de obra, sino que ellos fueron llamados  para el segundo convenio.   

Debe decirse, además, que no es posible a  partir    de   la   simple   presentación   de   reglas   de   la   experiencia  abstractas, hacer   decaer   la   fuerza   de  un  determinado  indicio,  o  mejor,  la  inferencia  que  se  extracta  del hecho  indicante,  dado  que  en cada caso particular el indicio comporta mayor o menor  capacidad  suasoria,  las  más  de  las  veces referida a la justificación que  pueda  darse  al  actuar o circunstancia que lo genera y a la concatenación con los demás indicios.   

Porque,  precisamente  para  ello  se  ha  instituido  la  necesidad  de  examinar  la prueba en su contexto y generalidad,  obligación  que  con  mayor  acento se impone respecto de este medio lógico de  inferencia  -artículo  287  de  la  Ley  600  de  2000-, en tanto, aisladamente  mirado,  sin  precisar  el  ámbito  que  lo gobierna, desde luego que cualquier  inferencia   indiciaria   se   muestra   insuficiente   o   equívoca   en   sus  efectos.   

Así, para  ejemplificar con la forma  de  argumentar  del  recurrente,  nunca  podrá  señalarse  como  indicio el de  presencia  en  el  lugar  de los hechos o el de motivación, pues, siempre será  factible    afirmar    que   no   en   todos  los  casos,  y  ni  siquiera en la mayor parte de ellos, que una persona se encuentra  en   el   lugar   de   los   hechos    o   posee  motivos  para  delinquir,  delinque.   

Cuando  se  particulariza  el  indicio,  mirándolo  insularmente, este pierde su verdadera naturaleza demostrativa. Y es  ello  lo  que  especiosamente pretende entronizar el impugnante, como quiera que  al  momento  de  delimitar  la  trascendencia  del  supuesto  yerro,  se cita un  apartado  específico  de lo dicho por el Tribunal, pretendiendo significar así  que  el  Ad  quem  determinó  la  responsabilidad  penal  exclusivamente en esa  inferencia   particular,  pasando  por  alto  que  fueron  amplios  y  variados,  examinados  en su conjunto, los indicios que dieron lugar a la condena proferida  por las instancias.   

El  demandante,  así, ignora lo que como  postulado  general  de su demanda incorporó en ella, vale decir, que el estudio  de  la  prueba  indiciaria  y  sus  efectos  reclama  examinarlos  en  conjunto,  verificando su concordancia y gravedad.   

Incumplió  el casacionista, entonces, su  obligación  de demostrar adecuadamente la trascendencia del yerro, para lo cual  se  mostraba  indispensable  examinar  el  conjunto  de  los  medios  de  prueba  recogidos  (y  para  el tema de los indicios, la totalidad de ellos), en aras de  definir   cómo,  para  el  asunto  específico,  el  indicio   no   registra  apoyo  externo,  y  además,  la  manera  en  que  la  eliminación  del  presunto  vicio  incide  en  el  plexo  suasorio, al punto de  obligar    modificar    la    decisión    hacia    el   contenido   absolutorio  pretendido.   

Acorde con lo anotado, sea porque la regla  de  la experiencia que dice el demandante fue vulnerada por el Tribunal, no goza  de  esa condición, o en razón a que dejó a medio camino su crítica, obviando  determinar  adecuadamente  la  trascendencia  del  supuesto  yerro,  es menester  inadmitir también este tercer y último cargo.   

No  es,  igualmente, necesario que la Corte  intervenga  oficiosamente,  ya  que  la  verificación  de  lo  tramitado  y del  contenido   de  las  decisiones  de  fondo,  advierte  de  pleno  apego  por  la  legalidad,    razón   suficiente,   junto   con   los   impedimentos   argumentales  antes referenciados, para que se inadmita la demanda de casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la   procesada  GLORIA  MARÍA  MEDINA VARGAS.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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