34427(30-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34427  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

YESID         RAMÍREZ BASTIDAS   

Aprobado  acta No.  206   

Bogotá,  D.C., junio  treinta   (30)   de   dos   mil   diez  (2010).   

VISTOS:  

Define  la Corte  la  recusación  formulada por el doctor Miguel  Quintero  Quintero,  defensor de  los   procesados   Jesús  Helí  Sanguino  López,  José  Dionilson  Sanguino  Sánchez  y José Olivian Sanguino Ovallos,   contra   el   doctor   Juvenal  Valero  Bencardino,  Conjuez de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial   de   Cúcuta,  para  conocer  del  recurso de apelación interpuesto  contra  la  sentencia de mayo 28 de 2010 proferida  por  el  Juzgado Primero  Penal  del Circuito      Especializado     con  funciones  de  conocimiento  de  ese  distrito  judicial,  por medio de la cual,  entre  otras  determinaciones  condenó  a  los  antes  acusados  como   coautores   de   los   presuntos  delitos  de  fabricación,     tráfico     o     porte     de  estupefacientes          agravado, empleo, producción, comercialización  y  almacenamiento  de  minas antipersonal y rebelión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   Los   primeros   se  consignaron  en  el   fallo   de  primera  instancia de la siguiente manera:   

Tienen  ocurrencia  la  mañana  del  21 de  agosto  de  2009,  cuando personal militar adscrito al  Batallón  Contraguerrilla 126, Brigada 30 en desarrollo de la misión Antílope  Dos,  observó  en  una  casa ubicada en la vereda La Fortuna, jurisdicción del  Municipio  de  San  Calixto,  Norte  Santander,  dos personas que se encontraban  elaborando  minas  antipersonales,  ante  ello avanzaron hacia el inmueble desde  donde  fueron  atacados  con  arma  de  fuego,  al  ingresar  al  inmueble y sus  alrededores  se  halló a los señores José Dionilson  Sanguino   Sánchez,  Jesús  Helí  Sanguino  López,  José  Olivain  Sanguino  Ovallos,   Diomar   Ortiz   Ortiz   y   Yulid   Alira   Robles  Toro,  incautándose  18  kilos  de  cocaína  y sus derivados, 5 minas  antipersonales,  mecha lenta, cordón detonante, cable dúplex, tres granadas de  fragmentación,  una  subametralladora, un radio de comunicaciones, elementos de  campaña  y  CDS que contienen música y propaganda subversiva, siendo retenidos  y leídos los derechos del capturado.    

2- Por los anteriores episodios, el 22 de  agosto  de  2009 ante el Juzgado Segundo Penal Municipal con función de control  de  garantías  de  los Patios se llevó a cabo la audiencia de legalización de  captura,  formulación  de  imputación e imposición de medida de aseguramiento  contra los sindicados por los delitos antes mencionados.   

3.  El  9  de  octubre  siguiente la Fiscal  Primera  Especializada  de  Cúcuta  ante  el Juzgado Primero Penal del Circuito  Especializado  con  funciones de conocimiento de esa ciudad presentó escrito de  acusación  contra  los  imputados  como  presuntos  coautores de los delitos de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes, tráfico, fabricación o  porte  de armas de fuego de las fuerzas militares y explosivos y rebelión, acto  procesal  en  el  cual  el  doctor  Miguel  Quintero  Quintero,  defensor de los  procesados  Jesús  Helí Sanguino López,  José  Dionisio  Sanguino  Sánchez  y  José  Olivian  Sanguino  Ovallos,  interpuso  recurso  de  apelación  contra  la  decisión que negó la  solicitud  de  nulidad por él elevada, postura procesal que en el mismo sentido  asumió el defensor de los otros sindicados.   

4.   Enviado   el   proceso  al  Tribunal  correspondió  por  reparto  al Magistrado doctor Édgar Manuel Caicedo Barrera,  quien  mediante  auto del 22 de octubre siguiente ordenó pasarlo al despacho de  los  Magistrados  Juan  Carlos  Conde  Serrano y José Rafael Labrador Buitrago,  para  los  fines  que estimaran  pertinentes, en razón a que la Secretaria  de  esa  Corporación  le informó que tales Magistrados en reiteradas ocasiones  han  manifestado  impedimento  para  conocer de las actuaciones en las cuales es  parte el doctor Miguel Quintero Quintero.   

5. En proveído del 23 de octubre de 2009,  el  doctor  Conde Serrano se declaró impedido para conocer del presente asunto,  con  base  en la casual 11 del artículo 56 de la ley 906 de 2004, por cuanto en  el  año  de  1994  fue  vinculado  a través de indagatoria cuando fungía como  Fiscal  Delegado  ante  esa  misma  Corporación  por  denuncia formulada por el  doctor  Miguel  Quintero  Quintero,  quien  actúa  como defensor dentro de este  proceso  y  desde  entonces  “históricamente me he  venido   declarando  impedido  con  este  abogado.”   

Por su parte, el doctor Labrador Buitrago se  declaró  impedido  por la causal 5° del “artículo  99  del  C.P.P”,  por  enemistad  grave para con el  doctor   Quintero  Quintero,  surgida  a  raíz  de  las  denuncias  y  escritos  difamatorios  presentados por el mencionado abogado contra los Magistrados de la  Sala Penal de entonces.   

Por lo anterior solicitaron se les acepte el  impedimento y se surta el trámite previsto en la ley 906 de 2004.   

6.  En  auto del 26 de octubre siguiente el  Magistrado  Ponente  dispuso el envío del   proceso   a   la   Corte  para  que  resolviera  los        impedimentos          planteados.   

7.  Mediante  providencia  de noviembre 11  de  ese  mismo  año esta  Corporación  declaró  infundado  el  impedimento manifestado por el Magistrado  Juan Carlos Conde Serrano  y    declaró    fundado    el    expresado    por    el   doctor   José        Rafael Labrador Buitrago.   

8.   Para   reemplazar   al   Magistrado  Labrador  Buitrago  fue  sorteado    y    posesionado   como   tal   el   Conjuez   doctor   Juvenal  Valero  Bencardino (noviembre  26   de   2009),    con   cuya   intervención   y  una  vez  escuchada  la  sustentación      del      apelante   el   7   de   diciembre   siguiente  se confirmó la providencia recurrida.   

9. En audiencia  preparatoria  llevado  a  cabo  el  22  de  enero  de  2010 la Juez a   quo  decidió  la  exclusión  de  algunos  testimonios solicitados por el doctor Miguel  Quintero  Quintero, quien  interpuso  recurso  de  apelación  contra esa determinación, auto que el 17 de  enero  siguiente  fue confirmado por el Tribunal en Sala de Decisión en la cual  intervino   el   Conjuez   doctor   Juvenal  Valero  Bencardino.   

10. En sesión de audiencia del 8 de abril  del  presente  año  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito Especializado de  Cúcuta  dio  lectura  a  las  pruebas que se harían  valer   en   el   juicio  y  fijó  fecha  para  la  realización  del  juicio  oral,  decisión recurrida por el doctor Quintero   Quintero  y  otro  de  los  defensores  quienes  pretendieron  que  se  allegara  de la Brigada 30 respuesta  sobre  la  orden  de operaciones y misión táctica relacionada con el operativo  que  permitió la captura de los procesados. El 20 de abril siguiente la Sala de  Decisión   Penal   del   Tribunal   Superior   integrada  por  los  Magistrados  Édgar  Manuel  Caicedo  Barrera  (ponente),  Juan  Carlos  Conde  Serrano  y  Juvenal Valero Bencardino,  confirmó la providencia apelada.   

11.  La  audiencia  del  juicio  oral  se  cumplió   en   sesiones   del   28,   29  de  abril  y  3 de mayo del presente  año,  fecha  esta  última  en  la  cual  se  anunció  el  sentido  del  fallo  condenatorio.  El  28  de  mayo se dictó la sentencia de primer grado contra la  cual,    entre    otros,    el    doctor   Quintero  Quintero,  defensor  de  los  procesados      Jesús     Helí     Sanguino  López,  José  Olivian  Sanguino  Ovallos  y  José  Dionilson   Sanguino   Sánchez   interpuso  el  recurso  de  apelación,  el  cual  fue  concedido ante el Tribunal en el efecto  suspensivo.   

12.   El  ad  quem  fijó  el  16  de junio del año en curso para  llevar  a cabo la audiencia de sustentación de la apelación, en cuyo inicio el  doctor  Quintero Quintero  formuló     recusación     contra     el     Conjuez    doctor    Juvenal  Valero  Bencardino por cuanto  en  el  año 1985 y con posterioridad a los sucesos del “Anillo Vial”, dicho  abogado  lo  denunció  disciplinariamente  por haberle arrebatado unos poderes,  habiéndosele  iniciado  en  su  contra  una investigación disciplinaria que le  causó  perjuicios  de  carácter  material  y  moral  por  estar  ausente de su  profesión  razón  por  la  cual  le  profesa  odio  y repudio por aquel hecho.   

13.   El   conjuez  doctor  Valero    Bencardino    expresó  que  la  queja  disciplinaria  se formuló en 1985 y los  sucesos  del  “anillo vial” sucedieron en 1991. No le profesa odio y repudio  al     doctor     Quintero    Quintero,  todo  lo  contrario,  en  reciente  ocasión  le  obsequió una  jurisprudencia  con saludo cordial y respetuoso. Lo admira, respeta y siente que  es  su  amigo.  A pesar de que el defensor no precisó la causal, no admitió la  recusación  en  la  medida que en  él no existe ese elemento subjetivo de  la enemistad grave.   

14.  El  Magistrado  Ponente  dispuso  el  envío de la actuación a  la Sala para que dirima el incidente.   

CONSIDERACIONES  DE LA SALA:   

1.-   De  acuerdo  con  lo  previsto  en  los  artículos   57,  60  y  341  de  la ley 906 de 2004, esta Corporación es  competente  para  resolver  la recusación propuesta  por versar en un proceso adelantado bajo el trámite  del  sistema  penal  acusatorio  y  por  tratarse  de  la repulsión que se hace  contra      el      doctor     Juvenal     Valero  Bencardino, Conjuez que integra la Sala de Decisión  Penal    del   Tribunal   Superior   de  Cúcuta,  designado para reemplazar a un Magistrado titular cuyo  impedimento se aceptó.   

2.-  Antes  de tratar el fondo del asunto,  resulta       pertinente       precisar      que      los      Conjueces  como  Magistrados  ad  honoren que son, están llamados a  intervenir  en un determinado asunto, bien para completar una mayoría que no se  ha  podido  formar  en  la discusión de una decisión, ora para reemplazar a un  magistrado  impedido  por  causal  legal, como ocurrió en el presente caso, por  tanto,  de  acuerdo  con  lo  previsto en el artículo 61 de la ley 270 de 1996,  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia,  “Los conjueces tienen los  mismos   deberes   que   los   magistrados  y  estarán  sujetos  a  las  mismas  responsabilidades de éstos”.   

3.-  Uno  de  esos  deberes  consiste  en  declararse  impedidos para conocer de actuaciones penales cuando exista respecto  de  ellos  alguna causal, de conformidad con el artículo 57 del cpp de 2004. Y,  si    no    se   declaran   impedidos,   cualquiera   de   las   partes   podrá  recusarlos  y  el asunto se enviará a la Sala Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  para  que  decida  el  incidente de plano.   

4.-   Las  instituciones   de   los   impedimentos   y   las  recusaciones  están  fijadas  constitucional  y  legalmente  para la preservación y defensa del derecho a ser  juzgado  por  funcionarios  imparciales,  alcanzando  la  categoría  de derecho  fundamental  porque hace parte del derecho a un proceso con todas las garantías  y  previsto  así  mismo  en  el  artículo  10  de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos  como en el artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles     y    Políticos    de    New    York1.   

5.-  En  esta  materia  rige  el principio de taxatividad según el cual solo integra motivo de  excusa  o  de  recusación  aquel que de manera expresa se señala en la ley, lo  que  hace  exclusión de la analogía, además que a los jueces les está vedado  separarse  por  su  propia  voluntad  de  sus funciones jurisdiccionales y a los  sujetos  procesales  no les está permitido escoger a su arbitrio la persona del  juez,  de  manera  que las causas que dan lugar a separar del conocimiento de un  determinado  asunto  a un funcionario judicial no pueden deducirse por similitud  ni  ser  objeto  de  interpretaciones subjetivas, en tanto se trata de reglas de  garantía   de  la  independencia  judicial  y  de  vigencia  del  principio  de  imparcialidad del juez.   

6.- Este axioma  o  derecho  a  un tribunal desprevenido o   imparcial,   derivado   de  los  artículos  209  y  13  de  la  Constitución  Política  en cuanto la función pública de administrar justicia  así  lo  reclama,  lo mismo que el trato igual para todas las personas de parte  de  las  autoridades,  se  ha  concebido  como esencial del debido proceso en el  sentido  que  junto  a  dos  partes  parciales,  tiene  que  existir  un tercero  imparcial,   extraño  a  la causa y ajeno a las posiciones de intereses de  ellas  -el  juez-,  principio de alcance general puesto que tiene aplicación en  todos   los   tipos   de   procesos   y   sistemáticas   procesales2   

.  

En  correlación  con que la jurisdicción  juzga  sobre  asuntos de otros, la primera exigencia respecto del juez es la que  éste  no  puede  ser, al mismo tiempo, parte en el conflicto que se somete a su  decisión.  La  llamada  impartialidad,  el que juzga no puede ser parte, es una  exigencia  elemental  que  hace  más  a la noción de jurisdicción que a la de  proceso,  aunque  éste  implique  siempre  también la existencia de dos partes  parciales   enfrentadas   entre   sí  que  acuden  a  un  tercero  impartial, esto es, que no es parte, y  que  es  el  titular de la potestad jurisdiccional. Por lo mismo la impartialidad  es  algo  objetivo  que  atiende,  más  que  a la imparcialidad y al ánimo del juez, a la misma esencia  de  la  función  jurisdiccional, al reparto de funciones en la actuación de la  misma.  En  el  drama  que  es el proceso no se pueden representar por una misma  persona  el  papel de juez y el papel de parte. Es que si el juez fuera también  parte  no  implicaría principalmente negar la imparcialidad, sino desconocer la  esencia  misma  de  lo  que  es  la  actuación  del  derecho  objetivo  por  la  jurisdicción     en     un     caso    concreto3   

.  

7.-   Para  asegurar  ese  apotegma  con el fin que las decisiones que se adopten durante el  curso   de  los  procesos  que  conocen  respondan  a  la  independencia  de  la  administración  de justicia y el derecho fundamental de los asociados a obtener  un  fallo  proferido por un tribunal imparcial, se han instituido los mecanismos  del  impedimento  y  las  recusaciones  en  virtud  de  los  cuales el juez debe  separarse  del  conocimiento  de aquellos casos en donde por entrar en conflicto  sus  propios intereses o haber conocido en el fondo del asunto, se pierde el fin  de la recta administración de justicia.   

8.- La ley 906  de  2004  ha  establecido  causales impeditivas que se refieren con precisión a  posibles    relaciones    del    funcionario    judicial   y   el   objeto   del  proceso4  como  la  del  juez  que  cumpliendo  funciones  de  control  de  garantía  quedará  impedido  para conocer del fondo del asunto (arts. 39 y 56,  numeral  13,  ley 906 de 2004) o cuando el juez haya conocido de la solicitud de  preclusión  formulada  por  la  Fiscalía  y  la  haya  negado, caso en el cual  quedará  impedido  para  conocer del juicio (art. 56, numeral 14, y art. 335) o  la  de  los  Magistrados  para  conocer  la  acción  de  revisión cuando hayan  suscrito    la   decisión   objeto   de   la   misma   (art.   197)5.   Como  dice   Montero   Aroca,   

        Se  trata  de  una  lista  cerrada  de situaciones objetivadas que  convierten  al  operador  judicial en sospechoso, de modo que la concurrencia de  una  de  ellas  obliga  al  juez a abstenerse de conocer el asunto en aras de la  imparcialidad  que  debe  imperar  en  las decisiones de la justicia6.   

9.-  En  relación con la formulación de  la recusación, la Sala tiene precisado lo siguiente:   

(…)  la proposición de las recusaciones  debe  ceñirse  expresamente  a  las  causales  establecidas  por el legislador,  correspondiendo  al  proponente  realizar  un  examen  serio  y  objetivo de los  motivos  que  aduzca,   de  modo  tal  que  no se propicie con su solicitud  trámites  inoportunos,  dilatorios  o  que  entorpezcan  la  buena marcha de la  administración  de  justicia  cuando  se  advierte  carencia alguna de sustento  objetivo  en  su  formulación,  pues  a  su  vez, los sujetos procesales tienen  deberes  para con ella, traducidos en la lealtad procesal, el trato respetuoso y  el correcto uso de los derechos y acciones que les otorga la ley.   

La  solicitud  mediante  la cual el sujeto  procesal  pide  al  funcionario  que  se declare  impedido  debe   expresar,   entonces,  de  manera  clara  y concreta la  causal  que  se  invoca,  las  pruebas  y  los  motivos  que  aduzca para que el  funcionario se separe del conocimiento de un determinado asunto.   

Tales  exigencias  se  imponen  al  sujeto  procesal  con el propósito de que su solicitud sea seria, razonada, ponderada y  fundada  en  hechos  comprobables, para que no se desvirtúe la finalidad con la  cual     fue    concebido    dicho    instituto.7   

10.- Aun cuando  el  doctor Miguel Quintero  Quintero,  defensor  de  los procesados Jesús         Helí  Sanguino  López,  José  Dionilson  Sanguino  Sánchez  y José  Olivian       Sanguino       Ovallos   omitió señalar la causal por medio de la cual recusó al  Conjuez  de  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Cúcuta,  doctor   Juvenal  Valero Bencardino,  como  tampoco  hizo  alusión  a  la  “enemistad grave”, al  exponer    que    siente    “odio,    repudio    y   animadversión”   hacia  aquél,    podría  entenderse  que  se  trata  de  la  prevista  en  el  artículo  56  numeral  5  de    la  ley  906  de  2004,  en los siguientes términos:   

Que exista … enemistad grave entre alguna  de  las  partes,  denunciante, víctima o perjudicado y el funcionario judicial.   

11.-  Frente  a  la  causal de la enemistad  grave, la jurisprudencia de la Sala expresó:   

La  palabra  enemistad,  desde el punto de  vista  semántico,  es  la  “aversión  u  odio  entre dos o más personas”,  según la define el Diccionario de la Real Academia Española.   

Como causal de impedimento se requiere que  sea  recíproca  o,  por  lo  menos, que provenga del  juez hacia el sujeto  procesal y no a la inversa.   

Además,  debe  ser  “grave”,  lo  que  implica  que  no  es  cualquier  antipatía  o  prevención  la que configura el  motivo,  sino  que  debe  tener  una  entidad  tal  que genere en el funcionario  judicial  una  obnubilación  que  lo  lleve a perder la imparcialidad necesaria  para         decidir         correctamente.8   

Y,  posteriormente  dijo,  lo  que aquí se  reitera:   

Ahora   bien,  recuérdese   que             la             palabra            “enemistad”,      desde   el   punto   de   vista  semántico,  es  la   “aversión   u   odio   entre   dos     o     más    personas”,   según   la  define  el  Diccionario  de  la   Real  Academia Española.   

En  consecuencia,  la  enemistad  lleva  implícita  la  idea  de la reciprocidad, pues es un sentimiento que plantea una  situación  entre  dos  o  más  personas,  como  es  la  aversión  o  el odio,  implicando   que,   por   regla   general,   no   pueda   haber   enemistad  sin  correspondencia,  es  decir,  de  un sólo individuo hacia otro que ignore tales  desafectos que despierta o produce.   

En  otras  palabras,  no  es  factible el  fenómeno  de  la  enemistad  unilateral,  aun  cuando  es  posible  que  exista  diferencia,  resquemor  o  antipatía  frente  a  personas que por razón de las  labores  o  de  las  relaciones  cotidianas  originan tales actitudes, las que a  veces  son  irrespetuosas  y  ajenas  a  un comportamiento decoroso, sin que, de  todos  modos,  por  indignas que puedan ser,  merezcan ser calificadas como  de enemistad.   

Igualmente,  no  se  trata  de  cualquier  enemistad  la que constituye la causal de dicho impedimento, es decir, no es una  simple  antipatía o prevención entre el juez y el sujeto procesal, pues la ley  la      califica      de     “grave”,  lo  que  significa que debe existir el deseo incontenible de  que  el  ser  odiado  sufra  daño,  generándose en el funcionario judicial una  obnubilación   que   lo   lleva   a   perder   la   debida  imparcialidad  para  decidir.9   

12.-  Si  como  quedó  reseñado en precedencia, el doctor  Quintero     Quintero    sustentó    la  recusación contra el doctor Valero  Bencardino  en  que  de  manera  unilateral  siente  animadversión   hacia   el   Conjuez  por  haberle  formulado  hace  ya quince años una queja  disciplinaria,  sin precisar si por razón de la misma fue o no  sancionado,  la causal  planteada por el defensor no reúne los parámetros  establecidos  por  la  jurisprudencia  en  la medida  que    la    enemistad    insinuada   no    es    recíproca    entre   sus  protagonistas,  por  el  contrario,  frente  a  lo  así expresado el Magistrado  ad   honorem  puso  de  presente  que a su colega  en  el ejercicio profesional lo considera su amigo, lo admira y respeta al punto  que  en  reciente  ocasión  le  hizo un  obsequió acompañado de un saludo cordial y respetuoso.   

13. Si bien en  el  ejercicio profesional del derecho pueden surgir controversias entre colegas,  ello  en  manera  alguna  tiene  la  entidad  suficiente  como  para  generar la  enemistad  grave  en  los términos previstos por la ley y, mucho menos, que una  situación  como la expresada en este caso tenga la entidad suficiente como para  perturbar  el  ánimo  del  funcionario  judicial  y,  tampoco,    que    el    mismo    sea    inequívocamente   constitutivo  de  una grave enemistad al punto  que  se  vean  comprometidas la imparcialidad, la rectitud y la independencia de  la administración de justicia.   

14.  Es más, sorprende a la Corte que el  Conjuez     Valero  Bencardino asumió el cargo en este proceso el 26 de  noviembre  de  2009  y  el  7  de  diciembre  siguiente hizo parte de la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Cúcuta que resolvió la apelación  interpuesta  por  la  defensa  contra  el auto del 9 de octubre de ese mismo por  medio  del cual el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de esa misma  ciudad   negó   una   nulidad,   y,   posteriormente   también  participó  en  las      audiencias      de      sustentación,  discusión  y aprobación de las decisiones tomadas el 17 de enero y 20 de abril  de  2010, en las cuales se  resolvió  apelaciones  interpuestas  por  el doctor  Quintero    Quintero,  defensor   de   algunos  de  los  procesados,  quien  ningún  reparo  formuló  contra   el   doctor  Valero  Bencardino,   resultando  extraño,  por decir lo menos, que luego  de  tales  intervenciones  sobrevenga  una  recusación  apoyada en supuestos de  hecho  de  hace más de 15 años que no se han logrado superar, pero que en todo  caso  no  con  constitutivos de la causal de recusación invocada, de manera que  la misma se declarará infundada.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1.-  Declarar  infundada  la   recusación   interpuesta  por  el  defensor  de  los  procesados  Jesús Helí  Sanguino  López,  José Dionilson  Sanguino     Sánchez     y    José    Olivian    Sanguino    Ovallos,   contra  el doctor Juvenal  Valero  Bencardino, Conjuez de  la  Sala  Penal  del Magistrado del Tribunal Superior  de Cúcuta.   

2.-  Advertir  que  contra la  presente providencia no proceden recursos.   

Cópiese,  devuélvase  la  actuación al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMUS   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO                               AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                         

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                                                

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.   

    

1  María   del   Carmen   Calvo  Sánchez,  «Imparcialidad:  abstención  y recusación en la nueva Ley de  Enjuiciamiento     Civil    1/2000,    de    7    de    enero»,    Responsa    iurisperitorum   digesta,  volumen   II,   Salamanca,   Ediciones   Universidad   de  Salamanca,  2001,  p.  90.   

2  Art.  73,  Ley  94  de 1938; art. 78, Decreto 409 de  1971;   art.   103,   Decreto   050   de   1987;   art.   103,  

Decreto  2700  de  1991, modificado por el art. 15 de la Ley 81 de  1993;  art.  99,  Ley  600  de 2000; y art. 56, Ley 906 de 2004. Y, providencias,    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal, 20 de agosto de  1992,   Radicado   5044,   23   de   marzo   de   2000,   Radicado  14536,   8   de  noviembre  de  2000,  Radicado  14078,  7  de  mayo  de  2002,  Radicado 19300, 18 de febrero de 2004,  Radicado  21921,  16 de marzo de 2005, Radicado   23374, 30 de noviembre de 2006, Radicado. 26453, entre otras.   

3  “Es  evidente  que  si  un juez puede ser también  parte  en  un  proceso  que  ha  de  tramitar y decidir, aquél no actuaría con  imparcialidad,  pero  con todo lo que resultaría vulnerado, en primer lugar, no  sería  la  imparcialidad,  sino  el  requisito  de  la  jurisdicción que ha de  conocer  de  asuntos  de   otros.  Naturalmente  no  es lo mismo referir la  alinieta  a la jurisdicción, como función del Estado, que al juez, considerado  éste  como  persona,  pero también en este segundo supuesto lo que  entra  en  juego  no  es  tanto  la parcialidad como la negación de algo que hace a la  esencia  de  la   jurisdicción,  la  denominada  parcialidad. La verdadera  imparcialidad,  en  tanto  que desinterés  subjetivo, no puede simplemente  suponer  que  el  titular de la potestad jurisdiccional no puede ser parte en el  proceso  de  que  está   conociendo,  sino que implica, sobre todo, que el  juez  no  sirve  a la finalidad subjetiva de alguna de las partes en un proceso,  esto  es,  que  su  juicio  ha  de  estar  determinado  sólo  por  el  correcto  cumplimiento  de  la función que tiene encomendada, es decir, por la actuación  del  derecho objetivo en el caso concreto, sin que circunstancia alguna ajena al  ejercicio   de   esa   función   influya   en   su  decisión”.  Juan   Montero   Aroca,  Sobre   la   imparcialidad  del  juez  y  la  incompatibilidad  de  funciones  procesales, Valencia, Editorial Tirant lo  blanch,  1999,  págs.  186-188.   “Desde luego la imparcialidad no puede  asimilarse  a  neutralidad,  porque   al  contrario  de otras actividades o  disciplinas,  la del juez exige un compromiso con la verdad y la justicia, que a  la  postre  se  expresa  en  juicio  de  valor que cuestionan o controvierten la  posición  de  las partes”. José Fernando Ramírez  Gómez,    Principios  Constitucionales  del  Derecho  Procesal  colombiano,  Medellín, Señal Editora, pág. 130.   

4  Otras  causales  de  impedimento  tienen que ver con las relaciones del juez con  las   partes  del  proceso  (art.  56-1-2-3-4-5-9-10-11-15  de  la  Ley  906  de  2004).   

5  Esta  causal se refiere a la posibilidad de error judicial y a la inconveniencia  de  que  un  mismo asunto sea examinado por el juez que profirió la decisión a  revisar.   

6  Juan       Montero      Aroca,      Principios    del    proceso   penal,  Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1997, p. 88.   

7  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  auto  del 8 de noviembre  de     2005,    Radicado    24103.    .   

8  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  auto  de  octubre  12 de  2000, Radicado 17735.   

9  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  auto  mayo  30  de 2006,  Radicado 25481.     

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