34351(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34351  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta:  260       

Bogotá,  D. C, dieciocho   (18) de  agosto de dos mil diez (2010).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada por el  defensor   de   MAURICIO   WILLS   PABÓN,  contra el fallo expedido por el Tribunal  Superior            de            Ibagué1,  el    cual   confirmó    la    sentencia    adoptada    por    el   Juzgado    Penal   del   Circuito   de   Melgar,   que  lo  condenó,  a  título  de  autor,  por el punible de urbanización  ilegal,    a   la   pena  principal  de  3  años  de  prisión, entre otras sanciones.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  escritura  pública  No. 0002216 de la Notaría 39 de Bogotá, el 16 de septiembre de 1997,  inscrita  en  la  Cámara  de  Comercio  el  7 de octubre del mismo año, con el  número  00605288,  Libro IX, se constituyó la sociedad denominada “B  W  B  CONSTRUCTORA  LIMITADA”, que  nombró    como    gerente    a    Mauricio    Wills  Pabón    y    como    suplente    a    Gonzalo  Buendía  Rodríguez.     

2. En la Notaría 32  de  Bogotá, se confirió nueva escritura pública número 0000455, en la que se  cambió  únicamente  el  nombre  de  la  sociedad citada atrás por el de   “B  W  B  LIMITADA C I”,  según  lo  acreditó  el  respectivo  certificado  de Cámara de Comercio, sede  norte, el 19 de febrero de 2002.     

3.   Mediante  Resolución  480 del 22 de octubre de 1998,  se  expidió  licencia  de  construcción  y  se aprobaron planos  correspondientes  a  once  (11)  viviendas familiares en el Conjunto Cerrado Los  Buganviles,  ubicado en la jurisdicción del Municipio de Carmen de Apicalá, en  el Departamento del Tolima.   

4. La Resolución 481  del 22 de octubre de 1998, le  concedió  licencia  por  el  término  de 60 días calendario, para a partir de  esta  fecha,  vender  “once (11) lotes de terrero y  construcción  de  obra de urbanismo”. Así mismo, la  Resolución  0518  del  26 de noviembre del mismo año, amplió el término a un  año  para  la comercialización de propiedad anunciada, sin modificar el numero  de   lotes:  “once  (11)  en  total”.   

5.  Entre los años  1998    y    2002,    el  enjuiciado    MAURICIO    WILLS   PABÓN,  quien  actuaba  como  representante  legal  de  la  Firma citada,  desarrolló  un proyecto de construcción de viviendas familiares en el Conjunto  Cerrado      “Los     Buganviles”,  en  el  Municipio  de  Carmen  de  Apicalá (Tolima).     

6. El 8 de febrero de  2002,  la  Alcaldía  de  Carmen  de  Apicalá, realizó en el referido Conjunto  Buganviles, una visita, donde concluyó:   

“La  Corporación  Autónoma  regional del  Tolima  CORTOLIMA  otorgo (sic) a la sociedad BWB constructora Ltda, quien tiene  como   representante  legal  al  señor  MAURICIO  WILLS  PABON  (sic)  licencia  Ambiental  Unica  (sic) según resolución 1458 del 14 de septiembre de 1998, en  cuyo      artículo      segundo      numeral      dos     dice     ‘Sera  (sic)  responsabilidad  de  los  propietarios  del  proyecto,  la  construcción  y adecuado funcionamiento de la  planta  de  tratamiento  de  aguas residuales y el cumplimiento de las normas de  vertimiento,   de   acuerdo  a  la  legislación  ambiental  vigente’.  Al  igual en el Artículo Décimo,  numeral  uno  dice  ‘Los  interesados  deben  construir  la  planta  de  tratamiento  de  aguas residuales  consistente  en  un  sistema  anaerobico  (sic)  mejorado, antes de entregar las  primeras  viviendas  a sus propietarios’.  El  numeral uno del artículo Décimo  no    se    cumplió    por    parte    del    representante   legal   de   esta  constructora”.    

7. El 27 de marzo de  2002,  la  Alcaldía  citada,  ordenó  una  inspección  ocular al sitio de los  hechos, allí constató:   

“la construcción  total  de 39 casas aparentemente terminadas en un 95%, 4 están en construcción  en  un  avance  entre  el  30  y 70 %, frente a lo que se establece por parte de  despacho  de Planeación Municipal que lo encontrado evidentemente se contrapone  a  lo aprobado en la licencia 480 del 22 de octubre de 1998, ya que en ella solo  se  aprobó  la  construcción  de  11  casas  específicas,  y  ninguna  de las  construidas    se    ampara    por    la    mencionada   resolución”2.   

8.   Mediante  Resolución  046, la Alcaldía resolvió el recurso de apelación contra el acto  administrativo  405,  citado, en el que confirmó la sanción impuesta, luego de  subsanar  un error de transcripción “fijando que la  multa  de  doscientos  (200) salarios mínimos mensuales legales, es equivalente  en   letras   a   la   suma   de   SESENTA   Y   UN   MILLON   OCHOCIENTOS   MIL  PESOS”.    

9. El 10 de agosto de  2003,  la  Fiscalía  asignada al caso, ordenó realizar inspección judicial en  el  predio objeto de pesquisa, para lo cual se asesoró de dos peritos adscritos  al  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones de la misma institución: Mónica  Dalila  López  R.  y  Germán Torres R., (Técnico Judicial I y  Arquitecto), quienes concluyeron lo siguiente:   

“1.  A PESAR QUE  LA  LICENCIA  EXPEDIDA  PARA  VENTAS  Y CONSTRUCCIÓN ESTA (sic) SE OTORGO (sic)  SOLAMENTE  PARA  11  CASAS  EN EL CONDOMINIO LOS BUGANVILES; EN EL MOMENTO DE LA  INSPECCIÓN  SE  LOCALIZARON  42  CASAS  CONSTRUIDAS,  LO  QUE  QUIERE  DECIR SE  ENCUENTRAN      31      CASAS      CONSTRUIDAS      SIN     LICENCIA.   

2.  AL EXPEDIR LA LICENCIA AMBIENTAL DENTRO  DE  SU  CONTENIDO  EXPRESA QUE DEBE CONSTRUIRSE ANTES DE VENDER CASAS UNA PLANTA  DE  TRATAMIENTO  DE  AGUAS  RESIDUALES,  SIN  EMBARGO  VENDIERON    LOTES    SIN    ANTES   TENERSE   ESTA   RECOMENDACIÓN.   

3.  NO  SE  HA  LOCALIZADO  AL  MOMENTO  DE  LA VISITA ALGÚN TIPO DE INFRAESTRUCTURA O TRABAJOS  QUE  CONSTITUYAN  LA  RED  DE  ALCANTARILLADO SANITARIO, O RED DE ALCANTARILLADO  PLUVIAL  O DE TIPO COMBINADO; QUE CUMPLAN CON LO ESTIPULADO Y NECESARIO PARA UNA  CONSTRUCCIÓN   COMO   EL   DEL   CONJUNTO  CERRADO  LOS  BUGANVILES.   

4. CON BASE EN LO  ANTERIOR,  SE  DEDUCE  QUE  SE ADELANTÓ UN PROCESO DE CONSTRUCCION (sic) SIN UN  ESTUDIO   PREVIO   DE   FACTIBILIDAD   Y  ESTUDIOS  PRELIMINARES  TÉCNICOS  QUE  PERMITIERAN  ADELANTAR  UN  PROYECTO  DE ESA COBERTURA Y MAGNITUD SOCIAL PARA EL  MUNICIPIO  DE  CARMEN  DE  APICALÁ.  PARA ESTIMAR LA  FACTIBILIDAD  EN  ESTAS OBRAS, ES PRECISO CONTAR PARA ESTE CASO ESPECÍFICO, CON  LOS  ESTUDIOS  TÉCNICOS  Y DISEÑOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UN PROYECTO SOCIAL  DE  VIVIENDA…  CON EL CUMPLIMIENTO DE LOS REQUISITOS  MINIMOS  TANTO  TÉCNICOS  COMO  DE CONSTRUCCIÓN OFRECIDOS POR EL VENDEDOR: RED  ELÉCTRICA;  RED  DE  ALCANTARILLADO;  PLANTA  DE  TRATAMIENTO PARA AGUAS, VIAS;  ADEMÁS   DE  LOS  REQUISITOS  LEGALES  COMO  SON  LAS  LICENCIAS  DE  VENTA  DE  CONSTRUCCIÓN  Y  AMBIENTAL.  POSTERIORMENTE INCLUIR LA EVALUACIÓN ECONÓMICA Y  FINANCIERA  DEL PROYECTO. CON BASE EN ESTO SE DENOTA LA IMPROVISACIÓN, FALTA DE  PROYECCIÓN”.   

H    E    C    H   O   S   

Luis  Heverth  Mogollón Barrios,  denunció  en su condición de Alcalde del Municipio de Carmen de  Apicalá,  que  en varios certificados de libertad y tradición entregados a los  copropietarios    del    Conjunto    Buganviles,    aparece   que   “La  alcaldía municipal del Carmen de Apicalá concede permiso a  la  Soc. BMB CONSTRUCTOR LTDA, para loteo y venta de 127 unidades”,  cuestión que no es cierta, pues el permiso lo fue solamente para  la  construcción  de  11 casas, no 42; luego edificó 31 inmuebles más sin los  requisitos legales.    

María Cristina Cervantes de Vélez, Maritza  Xiomara           Vélez          Cervantes3,  Liliana  Elena  Morales  de  Martínez4   y   William  Richard          Casasbuenas          Murcia5,          también   denunciaron  a  MAURICIO  WILLS  PABÓN,    por    el    punible    de   urbanización   ilegal,  pues  el  citado  procesado  entre  los  años  1998  y  2002, signó con ellos sendas promesas de  compraventa  sobre lotes en los que se comprometió a construir viviendas de uso  familiar  y  entregarlas   con  todos  los servicios domiciliarios y demás  infraestructura requerida por las autoridades respectivas.   

Por  infracción  a  la Ley 388 de 1997 y al  Decreto  1052  de  1998,  la Oficina de Planeación Municipal del lugar, ordenó  la        suspensión      preventiva      y  sellamiento  de  las  obras  iniciadas  en el Conjunto  Cerrado Los Buganviles.   

El   enjuiciado,   además,   ignoró  las  especificaciones  ambientales,  causó  daños  al ecosistema, no entregó a los  compradores    las   viviendas   con   los   respectivos   servicios   públicos  domiciliarios,  además,  los  dejó sin planta de tratamiento de aguas negras y  tampoco construyó el suministro de agua potable.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 10 de marzo de  2005,  el  Fiscal  37 de Melgar (Tolima), dictó         resolución        de  acusación  contra  MAURICIO  WILLS   PABÓN,   como   autor   de  los  delitos  de  urbanización     ilegal,    estafa    y  falsedad  material  de  particular  en  documento público.    

2.   El  24  de  noviembre  de  2005, el Fiscal  Sexto  Delegado  de  segunda  instancia,  confirmó  la  imputación  por  el primer  reato,  en  cuanto  a  la  estafa,  ordenó  la preclusión por atipicidad de la  conducta  y  declaró la prescripción de la acción penal por el injusto contra  la   fe   pública,   en  virtud  del  recurso  de  apelación  elevado  por  el  defensor.      

3. El 21 de noviembre  de  2007,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Melgar  (Tolima),                 condenó        a       MAURICIO  WILLS PABÓN, a la pena principal  de    tres    (3)   años   de   prisión,   multa   de   doscientos   (200)   smlmv  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas, por el mismo  lapso  de  la  sanción privativa de la libertad, por la consumación del delito  de  urbanización  ilegal, en  calidad  de  autor. Por otro lado, le concedió, por tres años, el sustituto de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

4. El 11 de febrero  de     2010,     El     Tribunal     Superior     de    Ibagué,    confirmó  la  decisión judicial aludida,  en  virtud de la apelación elevada por el defensor y los apoderados de la parte  civil.   

5.   La  defensa  técnica,  inconforme con el fallo referido, lo impugnó y, a su turno, mediante  la  presentación  del respectivo libelo, sustentó el recurso de casación, que  hoy examina la Corte.   

D   E   M   A   N   D  A   

Bajo  el  imperio  de  la Ley 600 de 2000, el  censor propuso tres ataques contra el fallo de segundo nivel.   

Primer cargo: nulidad.  

Indicó  que  la actuación no podía haberse  iniciado   por   caducidad   de  la  querella,  “en  atención  a  la  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que  afectaron  el debido proceso… situación esta que determinó violación de los  artículos  6 y 82 del Código Penal; y, 6,9,31,34, 35, 38 y 39 de la Ley 600 de  2000”.   

En la demostración de la censura, afirmó que  los  fallos  reconocieron  que  el punible imputado para la época de los hechos  era  querellable,  pero  no aceptaron la caducidad por cuanto los quejosos sólo  tuvieron  conocimiento  de  los  actos  ilícitos  hasta el 11 de abril de 2002,  momento  en  el  cual se decretó la suspensión provisional y sellamiento de la  construcción  y,  con  base  en el artículo 34 de la normatividad instrumental  aludida,  a  partir  de  esa  fecha  debía  correr  un  año  para presentar la  respectiva  querella,  (11  de abril de 2003) y si la denuncia fue instaurada el  14  de  febrero del último año señalado, tan solo transcurrieron 10 meses y 3  días.    

Criticó  el  libelista las razones expuestas  por   las   instancias  de  “fuerza  mayor  y  caso  fortuito”,  para  extender el tiempo de seis meses a  un   año,  por  tanto,  “se  constituye  en  grave  irregularidad   que   afectó   el   debido   proceso,  porque  definitivamente,  resulta    equivocada    la    interpretación    y  alcance  que  da el ad quem al citado artículo 34 de  la  Ley  600  de  2000…  ya  que  la norma en cita señala, que el término de  caducidad    son    seis    (6)   meses  contados a partir de la comisión de la conducta punible y que no  obstante,  cuando  el  querellante legítimo, por razones de fuerza mayor o caso  fortuito             acreditado” (Resalto de origen).   

Para    el    censor,   la   “caducidad”  de  la  querella  había  operado  en el año 1999, partiendo de la base que los  hechos  se  consumaron en 1998, como según él, lo avala el fallo del Tribunal.  Y,  si  se  acepta que los querellantes conocieron de la conducta ilícita el 11  de  abril  de  2002,  el término es de seis meses, desaparecidas las razones de  fuerza       mayor       o       caso       fortuito,       la      “caducidad”  operó  el 11 de octubre  de 2002.   

El  Juez  Colegiado se equivocó al decir que  con  posterioridad  a  la  presentación  de  la  querella, se continuó con las  infracciones,  al seguirse promoviendo la inversión en el proyecto, con base en  unas                   “fotografías”,    pero    de    ello,  “no  existe  prueba,  ni  certeza  de  que  efectivamente las fotografías en cuestión se hubieran tomado  en  tal  fecha  y  no  en  otra  anterior;  porque  las  referidas  fotografías  supuestamente  se  pudieron  haber  tomado  el 27 de marzo de 2003, pero NO obra  prueba  ni  certeza  de que el elemento, pasacalles, para supuesta promoción se  hubiera  instalado  o  empleado en esa precisa fecha marzo 27 de 2003, pues bien  pudo  haberse  instalado  o  empleado  en  el año de 1998, fecha reconocida del  proyecto;  y además no obra prueba de la idoneidad de tal elemento por si solo,  para   supuestamente   promover   la   inversión”.   

Por  lo  precedente,  el  momento  procesal  afectado  con  la  actuación  irregular,  se  identifica  con la apertura de la  investigación  previa,  “pues para ese instante ya  había  operado  la  caducidad de la querella, por lo que la presente actuación  penal  no podía iniciarse… la irregularidad que nos  ocupa,  subsistió  a  lo  largo  de  toda  la  actuación penal, viciándola de  nulidad,  pues  la  actuación penal no podía continuarse, y a esta conclusión  ha  debido  llegarse  en  cualquier  momento  de  la instrucción o de la causa,  decretando   la   Preclusión   de   la   investigación   o   la  Cesación  de  Procedimiento”.   

Así    mismo    explicó:   “la   incidencia   de   la  irregularidad  resulta  absolutamente  evidente,  clara  e  innegable, pues de no haberse presentado tal irregularidad,  la  actuación  penal  no  se  hubiera iniciado”. Por  tanto   solicitó,   “la  declaratoria  de  nulidad  de  todo  lo  actuado,  a  partir  de  la apertura de  investigación   previa,  para  en  su  lugar  decretar  la  Preclusión  de  la  investigación”.   

Segundo cargo: nulidad.  

Elevado  por  “la  comprobada  existencia  de  irregularidades sustanciales que afectaron el debido  proceso,  por  cuanto  en  el  caso que nos ocupa, la actuación penal no podía  proseguirse,  para  la  etapa  de  la  causa,  toda  vez  que  para ese momento,  ya había operado el fenómeno de prescripción de la  acción     penal”.   

En  su concepto, se violaron los preceptos 6,  82,  83,  84  y  86  del  Código  Penal  y 6, 9 , 38 y 39 de la Ley 600 de 2000  “y,  artículo  531  de  la  Ley  906  de 2004”.  Cuando  el juzgador se refirió a la prescripción de la acción penal impetrada  por  la  defensa  técnica,  concluyó  que ella no operaba en el presente caso,  porque  el canon citado del sistema acusatorio, fue declarado inexequible por la  Corte  Constitucional,  en  sentencia C-1033 de diciembre 5 de 2006, ni menos se  podría  pensar  en  una  aplicación  favorable, en el entendido que a la misma  decisión se le dio un efecto retroactivo.   

En  punto  de  la  irregularidad  propuesta,  anunció    el    actor   que   “resulta  equivocada  la interpretación y alcance que da el ad quem  a  los citados artículos 83, 86 del Código Penal y del artículo 531 de la Ley  906  de 2004”; por cuanto, como esta acreditado en el  expediente,  la  conducta  ilícita  se perpetró en el año de 1998  “y  conforme  al artículo 83 del Código Penal, el término de  prescripción  sería  de  7  años,  máximo  de  la  pena prevista tanto en el  artículo  367 A de la Ley 308 de 1996 como en el artículo 318 de la Ley 599 de  2000,  pero en virtud de lo dispuesto en el artículo  531  de  la Ley 906, dicho término de 7 años o lo que es lo mismo 84 meses, se  disminuye   en  una  cuarta  parte,  por  lo  que  en  definitiva  el  término  de prescripción de la acción sería de 63 meses o lo  que  es  lo mismo 5 años y 3 meses, que contados a partir de Noviembre de 1998,  arrojaría  como fecha de la prescripción Febrero de 2004, y como la ejecutoria  de  la  Resolución  de  acusación,  tan solo se sucedió el 24 de noviembre de  2005,  se  tiene  que  la  prescripción de la acción penal habría operado con  creses”.    

Para el defensor lo mismo ocurre si se aplican  al  caso  en  estudio,  las reglas comunes de prescripción de la acción penal,  contados  a  partir  de  noviembre  de  1998  hasta el citado mes del año 2005,  “y  como  la  prescripción  de la ejecutoria de la  Resolución  de  Acusación,  se  sucedió  el  24 de Noviembre de 2005, se debe  concluir   que   la   acción   penal   para   tal   fecha,   ya  se  encontraba  prescrita”.   

Se    vició,   pues,   el   proceso   de  nulidad,  desde  la  mentada  resolución  de acusación. Y, en cuanto a las consecuencias del error, afirmó:  “El  hecho  de  que  se  hubiera  ignorado  y  desconocido  la  prescripción  de  la  acción  penal, se  constituye   en   grave   irregularidad  y  de  una  incidencia  absoluta,  pues  simplemente  ante  la  prescripción de la acción penal, la actuación penal no  podía  proseguirse, lo que determina que la presente  actuación  no  podía,  ni  puede  concluir  con condena alguna en contra de mi  defendido.  Entonces  la  incidencia  de  la irregularidad resulta absolutamente  evidente,  clara  e  innegable, pues de no haberse presentado tal irregularidad,  la  actuación  penal  no  se  hubiera continuado o hubiese concluido desde hace  mucho  tiempo,  con  la  preclusión  de  la  investigación  o con cesación de  procedimiento”.    

Peticionó, por tanto, casar el fallo atacado  y  se  “de  (sic)  aplicación  a  las  previsiones  pertinentes   de   los  artículos  216  y  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal”.   

Tercer cargo: vía indirecta.  

Lo   sustentó   por   falso   juicio    de    identidad,   “POR  HABERSE  INCURRIDO EN ERROR DE HECHO EN LA APRECIACIÓN”,  probatoria.   

Al efecto, relacionó los siguientes medios de  convicción:  (1) Resoluciones  481  del  22  de  octubre  de  1998  y   405  del  14 de noviembre de 2002,  expedidas  por  la  Alcaldía  Municipal  de  Carmen  de  Apicalá, (2)  Resolución  1458  de la Corporación  Autónoma   Regional   del   Tolima,   (3)  inspección ocular realizada por la citada Alcaldía, (4)  inspección judicial de la Fiscalía,  (5)    un   dictamen   y  (6)   los  testimonios  de  Cristian    Camilo    León   Quiroga   y  Miguel Ángel Mazilli Matos.   

En  el  mismo  contexto,  adicionó  varios  defectos  más, los cuales sustentó por vía de falsos  juicios  de existencia, por error de hecho,  sobre  la  prueba  documental; por ello,  mencionó:  1) la Licencia de  Urbanismo      del      Conjunto      Cerrado      Buganviles,      2)  la  Certificación  de  la  Oficina de  Planeación  Municipal,  3) el  Reglamento  de  Propiedad  Horizontal,  4)  la  Certificación  de  la  Oficina  de  Planeación, 5) la Escritura pública 478, “mediante     la     cual     se     constituye    un    silencio  administrativo”,             6) el Acuerdo entre los copropietarios del  Conjunto  Cerrado  Buganviles  y  la  Administración  Municipal  y 7)    declaración    de    Lothar       Ricardo      Erich      Michel      Cortés.     

Acto seguido, agregó, que se aplicó en forma  indebida  el  artículo  318, en total desconocimiento de los preceptos 6, 7, 9,  10,  11 del Código Penal. A su turno, se refirió a las normas de la Ley 600 de  2000,  las  que en su concepto fueron violadas: 6, 7, 9 , 20, 232, 2º, 238, 25,  262, 266, 269, 274, 275, 276 y 277.   

Afirmó,  a  renglón  seguido:  “En  la  sentencia atacada, el fallador  no  reseñó  en forma clara y precisa, los elementos de juicio que le sirvieron  de fundamento para llegar a  la   certeza  o  convicción  de  responsabilidad  de  mi  defendido”.   

Las  instancias  manifestaron  que  el  marco  normativo  estaba  dado  por  las Resoluciones 481 del 22 de octubre de 1998, la  cual  concedió  la  licencia  de  venta para 11 lotes y la 1458 del mismo año,  otorgada  por   la Corporación Autónoma Regional, Cortolima, “pero    por   otra   parte,   se   imputan   como   ‘requisitos    de    ley’  supuestamente  no  cumplidos,  una  serie  de  aspectos,  características  y  obras  ajenas  a  las resoluciones en  cuestión   y   propias   de   compromisos  contractuales  civiles,  de  alcance  particular”.   

Luego,   se   refirió  a  los  fundamentos  probatorios  esgrimidos  por las instancias sobre la responsabilidad penal de su  prohijado   y   después   centró   su   ataque   en   el   falso  juicio    de    identidad   “AL  HABERSE  SECTORIZADO,  PARCIALIZADO  Y DIVIDIDO EL HECHO QUE  REVELA     LA     PRUEBA     DOCUMENTAL,     DE     INSPECCIÓN    JUDICIAL    Y  TESTIMONIAL”.      (Mayúsculas      de      la  fuente).   

Indicó  que  la  Resolución  481, concedió  licencia  por  60  días  para la venta de 11 lotes; tal acto administrativo fue  prorrogado   por   un  año,  con  la  Resolución  518.  El  Juzgador  aseveró  “en  forma aislada”, que  al  haberse  incumplido los requisitos de ley como la licencia de construcción,  ello   iba   en   detrimento  contra  su  mandante;  sin  embargo,  “analizada  la  prueba  en  cuestión, en conjunto y como un todo  con  las  restantes  pruebas  obrantes en el proceso y  especialmente,  con  la  Certificación de fecha Marzo 1º de 2006 de la Oficina  de  Planeación  Municipal  de  Carmen  de  Apicalá,  La  Escritura Pública No  478”,    entre    otros    medios,    “se   habría   concluido,   que   la  respectiva  licencia  si  se  obtuvo  y existió, que no hubo incumplimiento del  requisito  en  cuestión,  y que cualquier incumplimiento de carácter puramente  administrativo,  fue subsanado, lo que determinó que el presunto incumplimiento  habría  desaparecido  antes  que  se vulnerara el bien jurídicamente protegido  por  la  norma,  por  lo  que  incuestionablemente  erró  el  fallador al haber  sectorizado,  parcelado  y  dividido  el  hecho  revelado en la prueba, al haber  apreciado  y  valorado solamente y de manera aislada la referida resolución No.  481   del   22  de  Octubre  de  1998  de  la  Alcaldía  del  (sic)  Carmen  de  Apicalá”.      

Lo precedente tiene sustento para el libelista  porque  durante  los  años 2000 al 2003, le fue otorgada al conjunto Buganviles  una  “licencia  verbal”,  misma  que posteriormente fue legalizada como ocurrió en muchas otras partes de  la  región,  pues durante ese tiempo, y al ser reconocido como predio urbano en  el  Municipio,  hasta el año 2003, no se expidieron licencias de construcción,  luego    todas   fueron   “verbales”,  con  el  objeto  de  “no paralizar la  construcción”;  aclaró  inclusive,  que obtuvo los  permisos       legales       “licencias      de  construcción”,  bajo  la  figura  del  “silencio  administrativo,  mecanismo legal, viable y procedente,  se repite, provisto en la Ley 388 de 1997”.   

No  se infringió la ley penal tampoco, si se  tiene  en  cuenta  el  acuerdo  suscrito  entre  los copropietarios del Conjunto  Cerrado  Buganviles  y  la  Administración  Municipal  del  Carmen de Apicalá,  “prueba  esta que revela  sin  lugar a dudas, como la Administración Municipal reconoce que al haber dado  lugar  a  la no expedición de Licencias por ausencia del E.O.T., le corresponde  facilitar  a  los  constructores,  incluido  el  Conjunto Cerrado Buganviles, la  formalización   de   las   autorizaciones  verbales,  mediante  la  expedición  posterior  de  las  respectivas licencias escritas, no  expedidas antes por ausencia del E.O.T.”.   

Los      testimonios     –añadió    el    demandante-    de  León  Quiroga  y  Ángel  Mazilli,  confirman lo sostenido  atrás,  en  el  sentido  que  “la  administración  expedía   licencia   y   autorizaciones   de   carácter  verbal”,  por  la  inexistencia  de un Esquema de Organización Territorial  (E.O.T.), pero después las legalizaron.   

En la incidencia del error, repitió de nuevo  el censor:    

“la  sesgada,  sectorizada   y   parcelada  apreciación  de  la  prueba  que  nos  ocupa,  fue  absolutamente  definitiva,  pues de no haber mediado, se habría concluido en la  sentencia,  que  la  ausencia  inicial de Licencia de Construcción, obedecía a  causa  imputable  a la administración municipal y no a mi defendido;  que  mi defendido si tramitó y obtuvo  las   licencia   echadas   de  menos,  mediante  la  obtención  de  licencia  o  autorizaciones  de carácter verbal; y, que además mi  defendido  si  obtuvo  y contaba con las Licencias en  cuestión,   mediante   la  constitución  y  protocolización  de  un  silencio  administrativo,  en  los términos y para los efectos  de  la  Ley  388  de  19977; que la prueba documental insularmente apreciada, no  puede     constituirse     en     fundamento     de    sentencia    condenatoria  alguna”.   

Igual   procedimiento  acusó  el  defensor  respecto  a  la  Resolución  405  del  14 de noviembre de 2002, expedida por la  Alcaldía  Municipal  de  Carmen  de  Apicalá,  la  Resolución  1458 del 14 de  septiembre   de   1998,   de  la  Corporación  Autónoma  Regional  del  Tolima  “Cortolima”,    la  inspección  ocular  realizada por la Alcaldía, la inspección judicial llevada  a  cabo  por  la  Fiscalía  45  Seccional,  las  atestaciones  de  Cristian    Camilo    León   Quiroga   y  Miguel  Ángel Mazilli Matos,  en  donde  manifiesta en cada apartado destinado para el análisis de los medios  citados,  que  estas pruebas fueron valoradas por el juzgador superior de manera  “aislada”,  además  el  actor,   le   imprimió,   idéntica   argumentación   a  la  atrás  expuesta:  “La   sesgada,   sectorización,   fraccionada   y  parcelada   apreciación   de   la  prueba  que  nos  ocupa,  fue  absolutamente  definitiva”,     para    demostrar    el    error  anunciado.     

En el falso juicio de  existencia, se refirió a la Licencia de Urbanismo del  Conjunto  Cerrado  Los  Buganviles,  a  las  Certificaciones  de  la  Oficina de  Planeación   Municipal  de  Carmen  de  Apicalá,  suscritas  por  Andrea   del   Pilar   Suárez  (Jefe)  y  Carlos    Augusto    Giraldo    Lamprea;  a la Escritura Pública 478 “mediante  la   cual  se  constituye  un  silencio  administrativo  positivo”,  al  Reglamento  de  Propiedad  Horizontal,  al  acuerdo entre los  propietarios  del  Conjunto  y  la Administración Municipal y a la declaración  rendida    por    Lothar    Ricardo   Erich   Michel  Cortés,  de  las  cuales  adujo que fueron ignoradas,  desconocidas,  omitidas y jamás valoradas por el Tribunal, con lo cual pretende  demostrar,   la   ausencia   de   dolo   de   su  prohijado  quien  “siempre  actuó  de  frente  y de manera pública”,     más     nunca    –según  lo  afirmó  el  Juez  Colegiado-  como urbanizador ilegal o  pirata.   

Así    mismo,    adujo,    “que  la  administración  municipal  no tenía claridad sobre la  situación  fáctica,  ni  sobre la legalidad sobre la resolución sancionatoria  que  nos  ocupa”,  mucho menos valoró lo relativo a  “la   autorización  o  expedición  de  licencias  verbales,  NO SOLO A LA CONSTRUCTORA B.W.B. LTDA, SINO  A  TODO  CIUDADANO,  CONSTRUCTOR  Y  CIUDADANÍA  (sic)  EN  GENERAL”  para  después  legalizarlas  con el  E.O.T;  y  luego indicó: “mi defendido sí tramitó  y  obtuvo  las licencias echadas de menos, mediante la obtención de licencias o  autorizaciones  de  carácter  verbal;  y,  además  mi  defendido  sí obtuvo y  contaba   con   las   Licencias   en  cuestión,  mediante  la  constitución  y  protocolización  de  un  silencio  administrativo,  en los términos y para los  efectos de la Ley 388 de 1997”.    

Sostuvo,  además  que  desde  la  fecha  del  acuerdo  (19  de  diciembre  de  2003),  suscrito  entre  los copropietarios del  Conjunto       y       la      Administración      Municipal,      “la   buena   fe,   transparencia   y  publicidad  de la sociedad constructora y del proyecto… la responsabilidad del  Conjunto  Cerrado  Buganviles,  ya  no  era de la sociedad constructora, sino de  cada    copropietario”.   

Por  último,  en lo que tiene que ver con la  declaración     de    Michel    Cortés,    informó    que    “la  Administración  Municipal  del  Carmen  de  Apicalá,  para no  paralizar  por  años  la actividad fundamental de la construcción de vivienda,  opto  (sic) y dispuso la expedición de licencias verbales y temporales, ante la  ausencia del E.O.T.”.   

El  demandante,  con  base  en  lo  expuesto,  solicitó  casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  aplicar “las  previsiones  pertinentes  de los  artículos   216   y   217   del   Código  de  Procedimiento  Penal”.  (Todos  los  subrayados  fuera  de  texto).   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.  La Corte  advierte  que  el  ataque formulado  contra  la  sentencia  de  segundo nivel, no reúne los mínimos presupuestos de  coherencia  y lógica-argumentativa descritos por la jurisprudencia para admitir  la  demanda,  pues  si  bien  alegó  el  profesional  del derecho en nombre del  inculpado    MAURICIO    WILLS    PABÓN,  nulidades  y  errores de hecho, como punto de partida para lograr  la  infirmación  de la sentencia condenatoria, en el desarrollo y demostración  de  los  tres   ataques  incurrió  el  defensor  en  graves,  múltiples y  exacerbadas  falencias,  las  cuales atentan contra la filosofía que inspira el  recurso extraordinario de casación.   

2. Menos aún puede  entenderse  las  censuras  como nuevas rutas para confeccionar escritos de libre  factura  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente  a  las  conclusiones contenidas en los proveídos; tampoco  consiste  en añadir un cúmulo de ideas disgregadas y fragmentadas en el libelo  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmó el recurrente.    

3. Nulidades:  

Para  la  Sala es imprescindible, puntualizar  que  para  desarrollar  una  censura por esta vía de ataque, se hace imperioso,  entonces,  discernir  ¿cómo?,  ¿cuándo?,  ¿dónde?,  ¿de  qué  manera?  y  ¿quién?,  consumó  en  instancias una vulneración a  las      garantías  constitucionales  fundamentales puntualizadas en alguno  de  los  sentidos  expresados  por  la  ley  y  la  jurisprudencia;  además, le  corresponderá  motivar  la influencia dañina del yerro alegado en la decisión  impugnada   al  amparo  de  instrumentos  internacionales  o  normas  nacionales  potencialmente  vilipendiadas;  presupuestos  que  no se satisfacen por el sólo  hecho  de  haber  sido  insinuados  por  el jurista, como en el caso en estudio.   

Menos  aún  puede  olvidar el demandante los  principios  de las nulidades, como el de taxatividad, protección, residualidad,  finalidad  de los actos, entre otros, con el objeto de constatar la infirmación  de   la   sentencia   última,   puesto   que  si  aplica  alguno,  como  el  de  convalidación, la embestida se torna insustancial y efímera.   

El profesional del derecho debe identificar y  determinar,  conjuntamente,  la  clase  de  nulidad  (estructura  o  garantía),  descubriendo  las  normas sustanciales vulneradas, a fin de explicar por qué su  premisa   es  consecuente  con  el  acontecer  procesal.  Además  es  imperioso  argumentar  ¿cómo?,  ¿de  qué forma? y ¿cuáles? fueron las repercusiones o  el daño al interior del proceso.   

El  principio  de  prioridad, en igual forma,  debe  ser  el  norte del demandante, con el objeto de precisar cuál error tiene  mayor  entidad  o  extensión  de  lesión  en el proceso; también tendrá como  labor  pormenorizar  las normas sustanciales virtualmente vilipendiadas y, desde  luego,  mostrar  un  desarrollo  inherente  a  la  legislación base del ataque;  indicar  la  repercusión  final  y  trascendente  de  cada  nulidad propuesta y  señalar  desde qué instante procesal solicita su declaratoria, sustentando las  razones para ello.    

3.1.  Sobre los errores detectados en éstos  ataques.   

El           primer  dislate  tiene  que  ver  con  las  continúas  expresiones  subjetivas  e  hipotéticas plasmadas por el libelista,  contra  las  valoraciones  impresas  por  las  instancias. A toda costa pretende  ignorar,  por ejemplo, que el delito por el que se condenó a su prohijado es de  ejecución  permanente,  el  cual  se  consuma  con  el  último  acto;  como el  recurrente  no  entendió  tal  presupuesto  dogmático, los cargos elevados por  nulidad  (caducidad  y  prescripción  de  la acción penal) no tienen razón de  ser,  pues  parten  de  elementos  de  juicio debidamente controvertidos por los  funcionarios  judiciales,  en  los  que  pretende  demostrar  que  solamente  su  criterio  es  válido,  por  encima del plasmado en los fallos, pero sin ningún  argumento    jurídico   adicional   –ajustado  a  los  requerimientos  extraordinarios-  en  el que pueda  soportar su tesis.   

El           segundo  yerro  se  concretó  cuando  el  jurista   desatendió   el   postulado  de  unidad  de  decisiones,  bajo  cuyo  amparo  se debe cuestionar no  solo  el  fallo  de segunda instancia sino también el de primera, por conformar  los  dos,  un  bloque  de  identidad  temática  indiviso, en donde el uno es el  complemento  esencial  e  idiomático  del  otro;  exceptuando,  como  es obvio,  proveídos  contrarios  en  el  mismo  asunto;  dado  el caso, únicamente será  confrontada  la sentencia de segundo nivel. Siendo ello así, las censuras deben  tener  como  presupuesto indiscutible, el ataque de las sentencias en sus planos  inferior  y  superior,  pues  ambas  son  indisolubles  y  se  integran en forma  apodíctica,  hasta  entender  que  los  vacíos de una los compensa la otra: se  retroalimentan.  En  esas  condiciones dejar a la suerte parte de la motivación  que  no  se  encuentra en la determinación del Tribunal, por ejemplo, cuando el  Juez  la desmenuzó, estudió, puntualizó o reflexionó, significa –ni   más   ni  menos-  abandonar  el  cometido casacional y vulnerar el axioma en comento.   

Sin  que  se  entienda  como una respuesta de  fondo  sino  en  virtud  del ejercicio pedagógico que viene realizando la Sala,  como  una  garantía  más de los derechos constitucionales fundamentales de las  partes,  se  explicarán  algunos  aspectos  inherentes  al  caso en estudio, en  donde,  por  ejemplo,  el  Juez  de  Conocimiento  expuso  sobre  el  tema de la  caducidad de la querella lo siguiente:   

“Entonces  si la construcción de la obra  ‘Buganviles’  se  inició  en  1998  y  se estuvo  ejecutando  hasta  el 2002, cuando fue suspendida provisionalmente y sellada por  parte  de  la  Alcaldía  Municipal  de Carmen de Apicalá, a partir de allí se  debe  tomar  en  cuenta  el término de caducidad, o sea, cuando los promitentes  compradores  –querellantes  legítimos-  tuvieron pleno conocimiento de las irregularidades detectadas en el  conjunto  cerrado  los  “Buganviles”,  específicamente,  el  11 de abril de  2002.  Lo  anterior se sustenta en lo dispuesto en el  artículo 34 del C. de Procedimiento Penal.   

No  hay  duda  que  aunque  la  promesa  de  compraventa   entre   la   sociedad   ‘B.W.B.     Ltda.    C.I’  y  las querellantes se verificó el 22 de noviembre de 2001, aún  cuando  obraba suspensión provisional y el sellamiento de la obra, se  continuó  ejecutando,  según  se verificó la administración  municipal…  lo  cual  a  no  dudarlo  constituye fuerza mayor, dado que no les  permitía,  para  la formulación de la querella, conocer las irregularidades en  cuanto   a   la  inobservancia  de  los  requisitos  legales.  Esa  carencia  de  conocimientos  fue  la  que  hizo  que  las  querellantes  siguieran cancelando,  normalmente,  las  cuotas  de  pago  hasta  el  mes  de octubre de 2002, pues la  experiencia  enseña  que  nadie  sigue  cancelando  un  plan  de  vivienda,  en  relación     con    la    cual    se    perciben    irregularidades    en    su  construcción.   

Repítase,  el  término de caducidad de la  querella,  empezaría  a contabilizarse a partir del 11 de abril de 2002, cuando  se  decretó  la  suspensión  provisional y sellamiento de la construcción del  Conjunto  Cerrado  Los  Buganviles,  y mediante las cuales, los copropietarios y  prometientes  compradores,  verificaron  la  existencia de irregularidades en la  edificación   de  esa  obra,  hasta  el  11  de  abril  de  2003.  Por  lo  tanto,  si  la  actuación  se  inició,  en  virtud de la  querella  interpuesta  por María Cristina Cervantes de Vélez y Maritza Xiomara  Vélez  Cervantes  el  14  de  febrero  de 2003, quiere decir que apenas habían  transcurrido  diez  (10)  meses  y  tres  (3)  días  entre  el  momento  en que  conocieron  con suficiencia las irregularidades advertidas dentro del desarrollo  de   la  construcción  del  plurimencionado  conjunto  residencial   y  la  respectiva  denuncia  ante  la Fiscalía General de la Nación, por lo que, como  consecuencia,  se  declara  infundada la solicitud de la defensa , en el sentido  de   la   supuesta   existencia   de  la  caducidad  de  la  acción”.      

El memorialista desatendió lo explicado por  el  fallador de instancia e impuso su personal criterio sobre el tema, amén que  tampoco  cuestionó  las  reglas  de la experiencia aplicadas por el funcionario  judicial;  en  esas  circunstancias,  sus ataques se identifican con escritos de  libre  factura,  desde  luego,  inadmisibles  en sede extraordinaria. Más aún:  ignoró  también  lo  sostenido  por  el Tribunal en todos los puntos objeto de  rechazó  de  la  solicitud  de  caducidad, por ejemplo, cuando se plasmó en el  fallo de segundo grado:   

“Siendo el delito de urbanización ilegal  de  ejecución  permanente  y  dadas  las  particularidades  del  desarrollo del  comportamiento  criminal  se tiene que aún habiéndose comenzado a desplegar el  delito   desde   el   años   de   1998   fue  solo  comenzando  el  año  2002,  específicamente  el  11  de  abril  de 2002, cuando los querellantes legítimos  pudieron  percibir  el acontecer delictivo que se venía fraguando años atrás.  Esto  debido  a  que  en  la  referida  fecha  se  llevó a cabo la ‘SUSPENSIÓN  PREVENTIVA Y SELLAMIENTO  DE  OBRA  POR  INFRACCIÓN  A  LA  LEY  388  DE  1997,  Y  EL  DECRETO  1052  DE  1998’…  disponiéndose  por  parte  de la Oficina de Planeación del Municipio de Carmen de Apicalá que  la  obra  ‘Urbanización  Buganviles’: ‘deberá  permanecer  en  el estado en  que se encontró hasta tanto no cuente con la licencia requerida.   

Fue  a  partir de allí cuando se empezó a  descubrir  por  parte  de  los  compradores  de  los diferentes inmuebles que la  situación   jurídica  del  conjunto  residencial  era  compleja.  Es  más,  si  se  observa la foliatura, las primeras en interponer  las  querellas  fueron  las  señoras MARÍA CRISTINA CERVANTES DE VELEZ (sic) y  MARITHZA   SIOMARA   VÉLEZ  CERVANTES…  y  ésta  última  manifestó  en  la  ampliación  de la denuncia… y en su intervención en la audiencia pública…  que  solo  se  percató  que  se trataba de una urbanización sin los requisitos  legales  ‘a  finales  de  noviembre  de  2002’, por  cuanto  el  procesado  la  había  convencido que los comentarios que giraban en  torno  al  conjunto  eran  una persecución política.  (…)   

En  la  acusación  solo  mencionó  que la  conducta  desarrollada  por  el  procesado  se  enmarcaba  dentro  de los verbos  rectores                ‘adelantar’ y  ‘desarrollar’,  pero  lo cierto es que también se  promovió,  indujo,  financió y colaboró con la construcción, debido a que el  mismo  procesado  promovía  la  venta  de los inmuebles a través de diferentes  publicidad    atendiendo    personalmente    a    los    interesados    en    el  negocio.   

Así  mismo,  indujo  a  las  personas  que  compraron  solo  el lote de terreno para que construyeran sus casas en ellos sin  los requisitos legales.   

Es obvio, que como miembro de la sociedad…  financiaba  el  proyecto  y  colaboraba  con  las  acciones pertinentes que como  representante    legal    le    correspondían   para   la   construcción   del  mismo.   

Bajo  esas  circunstancias, se tiene dentro  del  proceso  unas  fotografías aportadas por uno de los sujetos procesales que  fueron  tomadas el 27 de marzo de 2003 en donde aún en esa fecha se promueve la  inversión  en ese proyecto, lo que hace pensar que la  conducta  de  URBANIZACIÓN ILEGAL en esa época todavía se estaba desplegando,  inclusive,     después    de    la    presentación    de    las    respectivas  querellas”.   

El           tercer   dislate  se  identifica  con  el  postulado  de autonomía, que  fue  vilipendiado por el recurrente, al inmiscuirse en sentidos propios de otras  causales,  como la interpretación errónea de la vía directa y mezclarla en el  mismo   texto   argumentativo   con   las   nulidades,   como   cuando  sostuvo:  “se  constituye  en grave irregularidad que afectó  el  debido  proceso,  porque  definitivamente, resulta  equivocada  la  interpretación  y alcance que da el ad quem al citado artículo  34  de la Ley 600 de 2000”.   

El           cuarto   yerro   se   identifica  con  el  desconcierto  argumentativo  con  el  que  se sustentó el ataque de nulidad por  prescripción  de  la  acción  penal.  En  este apartado se hace imprescindible  destacar  que si bien la Corte Constitucional mediante sentencia C-1033 del 5 de  diciembre  de  2006,  declaró  inexequible el precepto 531 a  partir  de  la fecha de publicación de la ley 906 de 2004 y, con tal decisión,  le    confirió    efectos   retroactivos  al  referido fallo, igualmente aclaró que éstos solamente pueden  ser    aplicables    a    los   procesos   en   donde   se   haya   concretado la prescripción o la caducidad  especiales;  sobre  el  punto  es  pertinente  recordar  el  pensamiento  de  la  judicatura constitucional:   

“4.2  Ahora  bien  frente  a  los  cargos  formulados,   que  en  lo  esencial apuntan  precisamente a que con la  reducción  de  los  términos  de  prescripción  y  caducidad  de  la  acción  penal   a  que  aluden  los incisos acusados se produjo una vulneración de  los  derechos  de  las víctimas que verían así reducidas sus posibilidades de  obtener  verdad,  justicia  y reparación la Corte reitera que el debido proceso  se  predica  no  solamente  respecto del investigado o acusado, sino también de  las  víctimas  y perjudicados con la conducta ilícita, en aras de proteger sus  derechos  fundamentales de acceso a la justicia y a la verdad y al resarcimiento  del daño ocasionado con el ilícito.   

En  esa medida, la reducción en una cuarta  parte  de los términos de prescripción y caducidad de las acciones penales que  hubiesen  tenido ocurrencia antes de la entrada en vigencia del nuevo Código de  Procedimiento  Penal  (Ley 906 de 2004) constituye un cambio intempestivo de las  reglas  de  juego  cuando  el  proceso  ya  se  ha  iniciado, disponiendo de los  derechos  de  las  víctimas  en  forma  inconsulta,  a  favor del investigado o  imputado.   

Para la Corte, ni la implantación del nuevo  sistema  penal  acusatorio,  ni  la  conveniencia  de descongestionar, depurar y  liquidar  procesos  penales  anteriores a la entrada en vigencia de ese Código,  justifica  en  manera alguna, ni sirve de sustento para clausurar la oportunidad  de  que  prosigan  esos  procesos,  en aras de garantizar de manera efectiva los  derechos   de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación.   

De  igual modo, la demora de más de cuatro  (4)  años  en el adelantamiento de las investigaciones a cargo de la Fiscalía,  tampoco  puede  justificar  la aplicación de la prescripción, en contravía de  un  real  acceso  a  la  administración  de  justicia de las víctimas de tales  ilícitos.  La  inoperancia  judicial  del Estado por la falta de investigación  oportuna  de  las  conductas punibles en perjuicio de los afectados, no sirve de  sustento  para la renuncia a la acción penal consagrada como un deber en cabeza  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación.   Tal  posibilidad sin duda no  resulta  razonable  ni  proporcionada   pues  permite  que  prescriban  delitos graves por la inercia de la Fiscalía.   

A ello debe sumarse que en relación con las  conductas  mas  graves  -respecto  de  las  cuales incluso como en el caso de la  desaparición  forzada  la acción penal es imprescriptible-  la norma  permitiría  con  el  simple  cambio de competencia que tales delitos   sean  excluidos  del listado de excepciones a la prescripción  previsto en  el artículo 531 de la Ley 906 de 2004.   

En ese orden de ideas la Corte considera que  los  cargos  de  inconstitucionalidad  formulados  por el actor en contra de los  incisos  primero  y  segundo  del  artículo  531  de  la Ley 906 de 2004 están  llamados  a  prosperar  y  en  consecuencia  dichos incisos deben ser declarados  inexequibles.   

Inexequibilidad    que    se   extiende  consecuencialmente  al  resto  de  la  disposición  legal, en la medida que los  demás  incisos  tienen  conexidad  directa  con  esos preceptos y conforman una  unidad  normativa  que  debe  ser  excluida  en  su  integridad del ordenamiento  jurídico,  por  contrariar  no solamente los principios de dignidad humana  e  igualdad,   sino  también  el  debido  proceso  de las víctimas de las  conductas  punibles  (arts. 1º, 13 y 29 C.P.) el acceso a la justicia (art. 229  C.P.)  y  la obligación de la Fiscalía General de la Nación de adelantar  la acción penal (art. 250 C.P.).   

Ahora  bien  en  aplicación  de  reiterada  jurisprudencia6  y  dado  que se trata de la regulación  de un beneficio que  es  contrario  a  la  Constitución  la  inexequibilidad así declarada  lo  será  desde  la  fecha  de  publicación  de  la  Ley 906 de 2004. Empero   es claro que los efectos retroactivos de la sentencia  se  aplicaran  es en aquellos procesos  en los que no se haya ya concretado  la    prescripción    o    caducidad    especial    cuya   inexequibilidad   se  decreta”. (Subrayado fuera de texto).   

Ahora  bien,  en  cuanto  a  la solicitud de  nulidad  por “prescripción  de  la  acción  penal” por aplicación del principio  de  favorabilidad  del  artículo  531  de  la Ley 906 de 2004, con el objeto de  reducirle  una cuarta parte al término prescriptivo de la acción penal a favor  del   inculpado   Mauricio  Wills  Pabón,  se  tiene que tal censura también adolece de los mismos defectos  arriba  señalados, como adelante se puntualizará; sin embargo, en garantía de  los  derechos  fundamentales  que  le  asisten  a  las partes, es imprescindible  aclarar,        respecto       a       la       prescripción       especial   de   la   acción   penal,  lo  siguiente:   

El  último  acto  con el que se consumó el  injusto    de    urbanización    ilegal,  fue  el  11 de abril de 2002,  día en el que la Oficina de Planeación  del   Municipio   de   Carmen  de  Apicalá,  decretó  “la suspensión preventiva y sellamiento de la obra  por  infracción  a  la  Ley  388  de 1997 y el Decreto 1052 de 1998”  y  los  querellantes  legítimos  se dieron cuenta de lo que de  verdad  estaba pasando en sus inmuebles; así mismo, el 24 de noviembre de 2005,  quedó  debidamente  ejecutoria  la  resolución  de acusación, luego entonces,  entre  una  y  otra  fecha,  transcurrieron  3  años, 7 meses y 13 días.    

Es   así   que   para   verificar  si  la  prescripción  especial se concretó antes de la declaratoria de inexequibilidad  aludida  se debe tener en cuenta, en principio, el contenido del extremo máximo  punitivo    contenido    en   el   artículo   3187   

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de  la  Ley  599  de  2000, que a la letra  enseña:   

“El  que  adelante, desarrolle, promueva,  patrocine,   induzca,   financie,   facilite,  tolere,  colabore  o  permita  la  división,  parcelación, urbanización de inmuebles, o su construcción, sin el  lleno  de  los requisitos de ley incurrirá, por esta sola conducta, en prisión  de  tres  (3) a siete (7) años y multa de hasta cincuenta mil (50.000) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.    

Cuando  se  trate  de  personas  jurídicas  incurrirán   en   las   sanciones  previstas  en  los  incisos  anteriores  sus  representantes  legales  y  los  miembros  de  la  junta  directiva cuando hayan  participado  en la decisión que traiga como consecuencia la conducta infractora  descrita”.   

Siendo  ello  así,  el  injusto  en estudio  prescribe  en  un  término de  siete (7) años, mismo que se reduciría en  una  cuarta  (1/4)  parte  en aplicación del 531 de la Ley 906 de 2004, el cual  arroja  un  resultado  de  5  años  (.25) 3 meses, por manera que este lapso no  trascurrió  en el proceso durante la fase investigativa; motivo por el cual, el  término  prescriptivo  de  la  acción  penal  contado desde el último acto de  consumación  de los hechos hasta la ejecutoria de la resolución de acusación,  jamás  se concretó y, en ese  orden  de  ideas,  no  habría lugar a declararla; se equivocó el impugnante en  sus  razonamientos,  tal y como en otros términos se lo hizo saber el Tribunal.   

El           quinto  dislate,  se  presenta  cuando  el  actor  cae  en  los  mismos  yerros descritos en la anterior nulidad elevada por  caducidad  de  la querella, al mezclarle motivaciones propias de otras causales,  como  la  interpretación  errónea,  e  intentar  alcanzar  el  éxito  de  sus  equivocadas  y muy personales motivaciones, con fechas en las que no se consumó  el  punible  objeto  de reproche penal; desconoció todo el plexo probatorio que  le  indicaba  el  día  y año (11 de abril de 2002) exactos de consumación del  ilícito  por  el  que  fue  condenado  su prohijado, y no el año de 1998, como  pretendió  cambiar  tal  presupuesto  fáctico para generar unos beneficios, no  adquiridos en el proceso, a favor de su prohijado.   

Finalmente,    el   libelista   realizó  imperceptibles  embates  contra  la  sentencia  de  segundo  nivel, olvidando su  obligada  tarea  de  sustentar las censuras de manera lógica-argumentativa como  lo  viene  divulgando  esta  Sala  desde años atrás; por ende, no por el sólo  hecho  de  denunciar una irregularidad –según  el criterio jurídico que se tenga- ella queda demostraba de  ipso  facto.  Su  deber  inexcusable siempre será, por ser rogado el recurso de  casación,   seguir  los  lineamientos  trazados  por  la  ley  y  el  constante  desarrollo  jurisprudencial,  con  el  ánimo  de exponer en forma coherente las  potenciales  vulneraciones normativas detectadas con la expedición del fallo de  segundo nivel.   

4. Falso juicio de identidad:  

El error de hecho referido, debe ser motivado  teniendo  en  cuenta, precisamente, la identidad de las  pruebas;        las       que       –por  esta  vía-  pueden  socavarse de  tres  formas distintas e incompatibles: a) por   falso   juicio   de  identidad  por  tergiversación,  al  cambiarle el juzgador el sentido literal al medio probatorio,  b)  falso juicio de identidad  por  adición, consistente en  que  se  le  añade  a  la  prueba  aspectos  fácticos no comprendidos en ella,  c)  falso juicio de identidad  por              cercenamiento,               exteriorizándose  cuando  se exime del contexto probatorio hechos o  circunstancias      esenciales     –incluidos  ,  como es obvio, objetivamente en el medio- que al haber  sido suprimidos, desquician la decisión del juzgador.   

En las tres modalidades se muda textualmente  la  prueba  para  ponerla a decir lo que ella, en su propia naturaleza no dice o  enuncia,  vicio  que conlleva a la declaratoria de una verdad fáctica diversa a  la  revelada por los juzgadores; este supuesto fue olvidado por el actor en toda  su  extensión,  pues  no se trata de extraer conjeturas con el fin de constatar  un  desatino  judicial  sino  demostrarle  a la judicatura el error en su exacta  dimensión objetiva, para luego explicitar la trascendencia.   

4.1.  Sobre  los  defectos hallados en esta censura.   

a)  El  presente  ataque  adolece de los presupuestos enunciados atrás, sin que, además, hubiese  identificado  cualquiera  de  los tres sentidos propuestos por la jurisprudencia  para  brindarle  claridad,  objetividad y coherencia a las pretensiones queridas  por  las  partes, pues los sentidos tergiversación, adición y cercenamiento de  los  diversos  medios,  se  entienden  como entidades soberanas que explican las  diversas  modalidades  en las que se puede vulnerar la ley; sin adecuar alguna o  varias  al caso en estudio, la arremetida se torna ilógica e inadmisible.    

b)  Mezcló con la  vía  seleccionada  la  falta  de  motivación  de  los  fallos,  propia  de las  nulidades, cuando afirmó:   

“En  la  sentencia  atacada, el  fallador no reseñó en forma clara y precisa, los elementos de  juicio    que    le    sirvieron   de   fundamento   para   llegar   a   la   certeza   o   convicción  de  responsabilidad   de   mi   defendido”.   

Con este proceder, violentó el postulado de  autonomía,  puesto  que  en  un mismo sentido explicativo no se pueden combinar  razonamientos  propios  de  otras causales, por cuanto la motivación deviene en  absurda,  ilógica e insustancial. En igual desafuero incurrió el censor cuando  atacó  el  juicio  de  derecho  adecuado  por  las instancias sobre la ausencia  “de requisitos legales”,  requeridos  por  el  tipo  penal  que  se  le  imputó  a su mandante, pues para  censurar  un dislate de esa naturaleza debió elegir la vía directa, con el fin  de     demostrar     en    sede    extraordinaria    que    esos    “requisitos  legales”  acoplados  por  los  juzgadores  a  los  hechos  relevantes,  no  tenían esa connotación   jurídica.   

c) Por otro lado,  fue  sustentado  el  ataque con juicios hipotéticos, subjetivos y generales, lo  cual  hace  innegable  su  inmediato  rechazo,  por  cuanto  se consolida con un  escrito  de  libre  factura, jamás de recibo en casación; como cuando sostuvo:  1)   que  el  fallador  no  analizó   la   prueba   en  conjunto,  2)   la   licencia   de   construcción   si  existió,  pero  verbal,  3)  ella  se  obtuvo,  por  “el      silencio  administrativo”,             4)   la   irregularidad   imputada  a  su  prohijado       fue       simplemente       de       carácter      “administrativa”,  motivo  suficiente  para      entender      que      se      subsanó,     entre     muchas     más  afirmaciones.      

d)  El  letrado  también  cuestionó,  por  ejemplo,  la  inspección judicial realizada por los  funcionarios  de  la  Fiscalía   Mónica  Dalila  López  Rodríguez  (ingeniera  civil)  y Germán  Torres  Ramos (arquitecto), de la  cual,   se   recuerdan   algunos  de  los  apartes  traídos  por  el  Tribunal:   

“(…)  lo  que  fue  ofrecido  fue  un  proyecto  de  vivienda nueva y con características de un PROYECTO CONDOMINIO DE  VIVIENDA,  y  en  la actualidad es un condominio sin terminar o inconcluso es de  regular y mala calidad de exigencia en su entrega y estado. (…)   

Conclusiones:  “1.  A  PESAR QUE LA LICENCIA EXPEDIDA PARA VENTA Y  CONSTRUCCIÓN  ESTA SE OTROGO (sic) SOLAMENTE PARA 11 CASAS EN EL CONDOMINIO LOS  BUGANVILES;  EN EL MOMENTO DE LA INSPECCIÓN SE LOCALIZARON 42 CASAS CONTRUIDAS,  LO    QUE    QUIERE    DECIR    SE   ENCUENTRAN   31   CASAS   CONSTRUIDAS   SIN  LICENCIA”.   

Como se puede apreciar, en la censura elevada  por  falso  juicio de identidad, jamás se cuestionó en cuál o qué sentido se  estaba  atacando  la  citada  diligencia judicial y menos aún, se constató sus  efectos  perniciosos  en  el  fallo  expedido  por el Juez colegiado; si ello es  así,  lo sustentado resulta en sede extraordinaria, anodino y precario, pues no  sólo con enunciar el cargo éste se entiende superado.   

5. Falso juicio de  existencia:   

El  error  de  hecho enunciado,  se presenta cuando los falladores omiten  apreciar  un  determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al proceso o  suponen   uno,  que  por  el  contrario,  no  fue  válidamente  incorporado  al  expediente  y,  en esas condiciones, fundamentan la decisión de responsabilidad  penal o inocencia.   

Siendo   ello   así  es  imprescindible:  (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o imaginada por los funcionarios que administran justicia,  (ii)   sopesarla   en   su  integridad,  sin fraccionarla  o  limitar su contexto hermenéutico, (iii)  sopesarla  en cuanto a su convergencia o divergencia junto con los  demás    medios   probatorios   y   (iv)  acreditar  la  trascendencia  del  daño expresando los motivos de  manera  objetiva del por qué la ausencia de valoración de ese medio de prueba,  presentada  como tal o aquella objeto de fantasía, incidieron de forma decisiva  en el sentido del fallo.   

5.1. Sobre los vicios revelados en este reparo.   

a) El profesional  del  derecho  relacionó una serie de pruebas, las que en su particular concepto  fueron   ignoradas   por   los  falladores,  como  certificaciones,  escrituras,  acuerdos,   reglamento   de   propiedad   y  una  declaración  de  Lothar  Ricardo  Erich  Michel Cortés, sin  tener  presente, las pautas señaladas; mismas que ignoró el memorialista, pues  se  desprende  de lo expuesto una nula identificación del contenido objetivo de  las  pruebas,  dejando  por  fuera  de  contexto  la  integridad material de los  referidos  medios  o mejor aún fraccionándola en su exclusivo beneficio; amén  de   no   analizarlas   según   el   sentido   del  defecto  propuesto  por  la  jurisprudencia.   

b)   Olvidó  la  vigencia  en  casación  del  postulado  de  unidad  de decisiones, explicado en  páginas  anteriores; por tal razón, dejó de analizar el fallo expedido por el  Juzgado    Penal    del    circuito    de    Melgar  (Tolima),  en  donde  se  verifica,  por  ejemplo,  la  valoración  que  se  le  imprimió  a  las  pruebas  que según el actor fueron  omitidas:   

“De  otra  parte,  habilidosamente,  en  defensa  del  procesado,  se  argumenta  que  éste  contaba  con  licencia para  construir   la   totalidad   de   las  viviendas,  de  acuerdo  al  reglamento   de   propiedad   horizontal  protocolizado  mediante  escritura  pública  No.  04501  del 23 de noviembre de  1998,  de  la  notaría  del  círculo  de Bogotá, sin embargo, el hecho que se  llevara  a  cabo  el  sometimiento  a  propiedad  horizontal de la totalidad del  proyecto,  no  implicaba,  automáticamente,  que se contara con el permiso para  agotar     la     construcción    de    la    totalidad    de    los    predios  indicados”.   

c) Otro de los medios  según   el   libelista   ignorado,   fue   la   declaración   de  Lothar   Ricardo   Erich  Michel  Cortés.  Véase que dijo la instancia sobre él:   

“Por  su  parte,  obra  declaración del  señor     Lothar     Ricardo     Erich     Michel  Cortés,  (fl.  151 y s.s. C.O. 10), en la que afirma  que  por  su  experiencia  como  concejal y exalcalde del Municipio de Carmen de  Apicalá,   conocía   que   últimamente  se  venían  otorgando  licencias  de  construcción  de  forma  verbal  y  que  todo  se  trataba  de una persecución  política en contra del procesado MAURICIO WILLS PABON (sic).   

Esas    aserciones,    se   aprehenden  inverosímiles,  además  de  interesadas, ya que en el contexto se perciben sus  lazos   de  amistad  desde  antaño con el incriminado y por cuanto que las  decisiones    administrativas    lo    afectaban    laboralmente    ‘pues en dicha administración fue que  sellaron  la  urbanización  y  las  personas  que  hacíamos  trabajos para tal  urbanización  no  pudimos  seguir  trabajando creándose con dicha decisión un  caos   de  trabajo  en  el  municipio”.    

Como la Sala puede apreciar, el testimonio de  Lothar   Ricardo   Erich  Michel  Cortés    atacado    por    falso   juicio   de  existencia  en  sentido  de  omisión  probatoria,  de  verdad  si fue sopesado por los funcionarios que administran justicia; cuestión  distinta  es  que  el  actor  desconozca  la  conclusión  a  la  que arribó la  judicatura  respecto  al  declarante,  por  tanto,  todas  sus disquisiciones se  quedan en el vacío, sin fundamento ni razón de ser.    

d)  Como se puede  apreciar  son  varios los desatinos del demandante, al presentar como argumentos  opiniones  subjetivas  y  abstractas  sin  ninguna posibilidad de transformar el  fondo  del  asunto  de acuerdo a sus pretensiones y con los cuales la censura se  muda  en  un  alegato  ligero,  general y espontáneo, de ningún recibo en sede  extraordinaria,  como  cuando sostuvo: “la buena fe,  transparencia  y  publicidad  de  la  sociedad constructora y del proyecto; como  para  la fecha del acuerdo diciembre 19 de 2003, la responsabilidad del conjunto  Cerrado  Los  Buganviles,  ya  no  era de la Sociedad Constructora, sino de cada  propietario”.     

   

Por  ello, la Sala tiene el deber jurídico  de  recordar  que  en  temas de casación ningún supuesto de hecho o de derecho  puede  ser  abordado  desconociendo  la ley y los presupuestos jurisprudenciales  que  la vienen desarrollando, pues hacerlo así desquicia el sentido, existencia  y  finalidad  del recurso extraordinario, precisamente, porque en los postulados  que   lo   rigen,  se  encuentran  los  de  claridad,  taxatividad,  coherencia,  precisión,   objetividad,   trascendencia,  entre  otros,  los  cuales,  fueron  ignorados en forma absoluta por el censor.   

Yerros comunes a todos los cargos:  

En ninguno de los ataques el libelista expuso,  como  lo  exige la jurisprudencia, las consecuencias de las violaciones a la ley  sustancial  por  él  demandadas  contra  el  fallo  del  Tribunal, solamente se  limitó  a  copiar  después  de  un  efímero  enunciado de cada medio, algunas  replicas,  pues  en  todos,  por  ejemplo,  los  falsos  juicios  de  identidad  referidos a las pruebas según  él, omitidas por la instancia superior, adujo:    

“La  sesgada,  sectorizada,  fraccionada y  parcelada   apreciación   de   la  prueba  que  nos  ocupa,  fue  absolutamente  definitiva,   pues   de   no   haber   mediado,   se  habría  concluido  en  la  sentencia”,  e  inmediatamente, le adicionó en cada  prueba  por  él  referida,  conceptos  genéricos y subjetivos, desde luego, no  aceptables  en sede extraordinaria, como cuando atacó la Resolución 405 del 14  de  noviembre  de  2002,  proferida  por  la  Alcaldía  Municipal  de Carmen de  Apicalá;  allí pretendió demostrar la trascendencia de la censura cuando dijo  a  continuación  del párrafo enunciado aquí: “que  la  administración  municipal  no tenía claridad sobre la situación fáctica,  ni  sobre  la  legalidad  de  la  resolución  sancionatoria  que nos ocupa; que  tampoco  tenía  claridad  sobre  cuales  (sic)  eran los requisitos’   presuntamente   legales   en   su  momento’  ;  y,  que  mi  defendido    efectivamente    cumplió   con   tales   requisitos”.     

Igual procedimiento utilizó el jurista en los  falsos  juicios  de  existencia,  véase qué sostuvo al respecto, teniendo como  base   el   siguiente   párrafo:  “La  ignorancia,  desconocimiento  y  omisión  de  la presencia de las pruebas que nos ocupa, fue  absolutamente   definitiva,  pues  de  haberse  considerado  y  apreciado  estas  pruebas,     se    habría    concluido,    en    la    sentencia”;   y,  en  seguida,  le adicionó en cada ataque, por ejemplo,  respecto  de  la  declaración  de  Lothar  Ricardo Erich Michel Cortés:  “la  ausencia  de  responsabilidad y  dolo  en  el  actuar  de  mi  defendido”,  porque es  inadmisible  que se hubiese estancado la construcción en la región a la espera  de  las  autorizaciones  y  expediciones  de  licencias,  por tal razón, adujo,  fueron            “verbales”.   

Con    tal  proceder   adecuó   sus  propuestas  al    sofisma   de   petición   de  principio9,    el    cual    enseña,    en   sus   diversas   manifestaciones  epistemológicas,  que  no  se  puede  dar  por probado lo que tiene que probar,  dejando  en  el  limbo  la  parte  más  fundamental  de los ataques, como es la  trascendencia.       

En efecto: el profesional del derecho ignoró  por  completo el postulado de trascendencia,  el  que  exclusivamente  trabajó  con reflexiones individuales e  hipotéticas,  con  esa  omisión  sustancial,  dejó anodina la eficacia de las  mismas.  Motivo  por el cual, el daño propuesto se muestra efímero, por cuanto  el  aludido  principio  jamás  se acredita con la repetición de los argumentos  diseñados   en   la   parte   motiva  del  libelo  y  menos  aún  –como  en  el  presente caso- dándolas  por  acreditadas o excluyéndolas en forma total o parcial de la argumentación;  la  demostración  del  yerro  evocado,  será,  pues,  el reflejo latente de la  violación  correlacionándola  en  su  esencia  con  un  precepto del Bloque de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma  llamada a regular el  caso:  nada  de lo expuesto realizó el jurista, razón por la cual, aunado a lo  fundamentado    por    la    Sala    en    esta   decisión,   se   inadmitirá  la demanda elevada a favor de  Mauricio        Wills        Pabón.    

Así   las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los   postulados   del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica” por si misma tenga como fin  enervar  los  derechos  adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales, ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presentó  una  alegación  producto  de  su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone la preceptiva consagrada en el artículo 116 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,   estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y especulaciones identifican las censuras, sin que se  hubiese  presentado  una  motivación  coherente  con  la  propuesta casacional,  circunstancia     por     la    cual,    la    Corte  inadmitirá  el  libelo presentado por el defensor   a   nombre   de   MAURICIO WILLS PABÓN.   

Con fundamento en lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada   a  nombre  de  MAURICIO  WILLS  PABÓN,  en  virtud de lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo: Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:  Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

                            

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                               AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                   

                                                                                         

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                    JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Las  sentencias  condenatorias  de  primera y segunda  instancia  fueron  proferidas el  21 de noviembre  de  2007  y 11 de febrero de  2010, respectivamente.   

2 Ver  Resolución  415  de  14  de noviembre de 2002, emanada del Despacho del Alcalde  Municipal,  donde  sancionó  a  la  sociedad B.W.B Ltda., hoy B.W.B. LTDA C.I.,  representada  por  Mauricio  Wills Pabón,   “con  multa  de  doscientos  (200)  salarios  mínimos  mensuales  leales,  equivalente  a  la  suma  de  MIL  PESOS  ($61’800.000.00)…  La  obra   construida   irregularmente   hasta  la  fecha   por  el  infractor,  permanecerá  suspendida  hasta  tanto  obtenga  la  correspondiente licencia de  construcción  ante  la  Oficina de Planeación Municipal, ordenándose de igual  manera    su    sellamiento   y   suspensión   de   los   servicios   públicos  domiciliarios”.   

3  El  14  de  febrero  de  2003,  las citadas señoras,  formularon  denuncia  penal  contra  el  procesado  Mauricio Wills Pabón; allí  expusieron  entre  otras  cosas, las siguientes: “El  día  22  de  noviembre  del  año  2.001,  las  aquí denunciantes, suscribimos  promesa  de contrato de compraventa, en calidad de prometientes compradoras, con  el  señor  MAURICIO  EILLS  PABÓN,  en su calidad de representante legal de la  sociedad  B.W.B.  LIMITADA  C.I., quien obró como prometiente vendedora, y cuyo  objeto  fue  el  derecho  de  dominio  y  la  posesión  que  posee  la sociedad  denunciada  sobre  la  CASA  COLOMBIA CIENTO OCHO (108), inmueble que hace parte  integrante   del   Conjunto   Cerrado   “Los   Buganviles”,  ubicado  en  la  jurisdicción  del  (sic)  Municipio  del  Carmen  de Apicalá… pese a que las  suscritas  habíamos  cumplido  a  cabalidad  con  las obligaciones por nosotras  pactadas  en  dicho  documento,  la  sociedad  B.W.B. LIMITADA C.I., ni siquiera  había  comenzado  con  la  construcción  de  la  casa  prometida  en venta”.   

4  El  28  de  febrero  de  2002, la citada compradora le envió una  misiva  al  representante  legal  de la constructora BWB, en donde se resalta lo  siguiente:   “Por   medio  de  la  presente  deseo  comentarle  mi  inconformidad  en  cuanto  a  la  negociación  que hemos venido  adelantando,  esto  es,  la  compraventa del inmueble ubicado en el municipio de  Carmen  de  Apicalá,  en  el  conjunto residencial Buganviles, casa 110, por lo  siguiente:  (…)  Por  otra  parte  y  en cuanto a la salubridad el conjunto no  presenta  la  construcción de la planta de tratamiento de las aguas residuales,  hecho  con  el  cual ustedes se comprometieron cuando se les otorgó la licencia  única  Ambiental  en el año 1998 y es de anotar que ese trabajo debió haberse  realizado  ‘ANES  DE  LA  ENTREGAR    LAS    PRIMERAS    VIVIENDAS    A    SUS    PROPIETARIOS’  cosa  que  a  la  fecha después de  haber  hecho  entrega  de  varios  inmuebles  iba a ser el día 21 de febrero de  2002,  igualmente  hubiera  recibido  sin que esa planta existiera, incumpliendo  ustedes  en  parte las cláusulas estipuladas en la promesa de compraventa. Así  mismo  es  de  tener  en  cuenta  la  visita  de  CORTOLIMA ordenada realizar al  conjunto  para  verificar  las  irregularidades que se vienen presentando y así  tomar  las  medidas  correctivas  del  caso,  según  la  legislación ambiental  urgente.  (…)  No es fácil para mí… me vea en la necesidad de iniciar  las  acciones  legales  pertinentes para obtener dicho reembolso… ya que desde  un  inicio  están  violando la cláusula que estipule que se entregará excento  (sic)  de vicios ocultos o rehibiditorios… esto sin contar con que podemos ser  varios los propietarios los que no estemos satisfechos”.   

5  El Juzgado Penal del Circuito de Melgar  (Tolima),  el  3  de mayo de 2006, admitió la demanda de constitución de parte  civil  presentada  por  el apoderado de Wilman Richard  Casasbuenas    Murcía;    en   ella   sostuvo   el  abogado:  “Mi  prohijado,  quien estuvo presente el  día  de  la  inspección ocular… sintiéndose engañado y estafado al ver que  sus  vivienda no estaba amparada por licencia de construcción y que el Conjunto  Los  Buganviles  no  había  cumplido  con  las  disposiciones  de  la  licencia  ambiental     otorgada     por     ‘Cortolima’  tales  como  la elaboración de la planta de tratamiento… de pozos sépticos y  demás obras de infraestructura”.   

6  “Ver entre otras las sentencias C-619/03… C -421/06”.   

7  El  Decreto  Ley  100  de  1980,  artículo  367  fue modificado parcialmente por la  Ley 308 de 1996 (agosto 5),  publicada  en  el  Diario  Oficial 42.852 del día 9 del mismo mes y año. En la  nueva  normatividad  se  tipificó  el  punible  de  urbanización ilegal, en el  precepto   367A.”El   que   adelante,  desarrolle,  promueva,  patrocine, induzca, financie, facilite, tolere, colabore o permita la  división,  parcelación,  urbanización de inmuebles, o su construcción sin el  lleno  de  los  requisitos de ley, incurrirá por este solo hecho en prisión de  tres  (3) a siete (7) años y en multa de doscientos (200) a cuatrocientos (400)  salarios mínimos legales vigentes”.   

8 Corte  Suprema   de  Justicia,  radicado  28.755  de  10 de junio de 2009: “Se trata de  una  norma  penal  mediante  la  cual  se  sanciona la comisión de una conducta  alternativa   consistente   en  adelantar,  desarrollar,  promover,  patrocinar,  inducir,  financiar,  facilitar,  tolerar,  colaborar  o  permitir la división,  parcelación,  urbanización de inmuebles, o su construcción; siempre y cuando,  con ese tipo de actuación se incumplan los requisitos de ley.   

Se  trata  entonces  de  un  tipo  penal en  blanco,  cuyo  ingrediente  normativo -“sin el lleno de los requisitos de ley”-,  requiere  integrarse  a  través  de  disposiciones legales que no se encuentran  contenidas  en  la  norma  penal;  por  tanto,  la actualización de la conducta  requiere  complementarse  con  los preceptos extra-penales encargados de regular  los  temas  de  la  división,  parcelación,  urbanización  o construcción de  inmuebles.   

Es que las normas de urbanismo se encuentran  dispersas  en  la  legislación  y en ellas se consagran los diversos requisitos  legales  que deben observarse al momento de otorgar las licencias de urbanismo o  construcción,  al  autorizar la enajenación de inmuebles destinados a vivienda  y  la  captación  de  dinero;  en  consecuencia,  para  tipificar  el  ilícito  endilgado,  es  necesario constatar cuáles eran las exigencias previstas en las  disposiciones  vigentes  al  momento  en que ocurrieron los hechos, en relación  con cada uno de dichos tópicos”.   

9  ARISTÓTELES,  “Tratado  de la Lógica” (EL ORGANÓN), Primeros Analíticos,  Editorial  Porrúa,  Número  124,  año 2004, México D.F., Pág. 191; allí el  gran  filosofo  enseña:  “Por tanto, si incurrir en  una  petición  de principio consiste en demostrar únicamente por sí misma una  cosa  que  por  sí  misma no es evidente, y si no se la demuestra, ya porque el  objeto  que ha de demostrarse y los objetos mediante los que se quiere demostrar  son  igualmente desconocidos, ya porque se atribuyen cosas idénticas a un mismo  término,  o el mismo término lo sea a cosas idénticas, siempre resulta que en  la  figura  media  y  en  la  tercera  se puede igualmente incurrir de estas dos  maneras  últimas  en  una  petición de principio”.     

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