34324(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34324  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 260  

Bogotá  D.  C., dieciocho (18) de agosto de  dos mil diez (2010)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora de  José  Nicolás  Hernández contra la sentencia dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá, el 25 de febrero de 2010, mediante la cual  modificó  la  proferida  por el Juzgado Diecisiete Penal Municipal con función  de  conocimiento de la misma ciudad, el 19 de noviembre de 2009, y lo condenó a  la  pena  principal  de 36 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  privativa  de  la  libertad,  como  coautor  de  la  conducta  punible  de hurto  calificado agravado.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  primera instancia de la siguiente manera:   

“Da cuenta el plenario que el 31 de agosto  de  2007, a eso de las 13:30 horas, el señor Carlos Andrés Escobar Suárez, se  desplazaba  junto  con un amigo en un bus de servicio público por la avenida 68  en  sentido sur-norte, escuchando música con los audífonos del celular, cuando  a  la  altura  del  parque Simón Bolívar, subieron al bus dos sujetos a vender  dulces  y  uno de ellos se sentó en una silla y el otro se paró al frente para  promocionar  los  dulces,  pero de un momento a otro se fue hacia la silla donde  se  encontraba  la  víctima  y  le  haló  los auriculares con la intención de  despojarlo  del  celular,  mientras  el  otro  sujeto se paró de la silla y los  empuja  hasta arrinconarlos contra la ventana, al ver que no pudo despojarlo del  celular  sacó  una  navaja  y  en  el  forcejeo  que  se presentó, lesionó al  ofendido,  cortándolo  en  el  dedo  anular  de la mano izquierda y en la parte  derecha  del  abdomen,  luego  de  lo cual los sujetos se bajaron del  bus,  emprendiendo  la huida con tan mala suerte que el aquí implicado JOSÉ NICOLÁS  HERNÁNDEZ,   fue   atropellado   por   una  buseta,  siendo  capturado  por  la  policía”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos y respecto de  José  Nicolás  Hernández  la fiscalía presentó escrito de acusación por el  delito de hurto calificado agravado.   

2.  Celebradas  las  audiencias    preparatoria    y    del   juicio  oral,       el       Juzgado       Diecisiete     Penal     Municipal  con funciones de conocimiento  de   Bogotá,  el  19  de  noviembre      de  2009,  dictó sentencia de  primera  instancia  en la que condenó a José Nicolás  Hernández  a  la  pena  principal  de  37  meses  y 15 días de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la privativa de la libertad, como coautor de la  conducta punible de hurto calificado agravado.   

Así mismo, le negó la prisión domiciliaria  y la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal      Superior      de      Bogotá,       el      25         de         febrero   de  2010,   al   desatar  el  recurso,    lo    modificó   con   los   resultados  conocidos.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica de Hernández presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

La defensora, al amparo de la causal primera  de casación, presenta un único cargo, así:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación del artículo 268 del  Código Penal.   

Anota que el artículo 29 de la Constitución  Política   consagra  que  el  debido  proceso  se  debe  aplicar  a  todas  las  actuaciones  judiciales  y  que  de  acuerdo  con  el  artículo 248 de la misma  codificación  fundamental para que un comportamiento humano sea constitutivo de  antecedente  penal  se  requiere  que  respecto  de  él  exista  una  sentencia  condenatoria.   

A continuación hace referencia al artículos  6°  tanto  de  la  Ley 599 de 2000  como de la Ley 906 de 2004 en torno al  principio  de  legalidad  y dice que el delito  objeto del presente proceso  se  cometió  el  31  de  octubre  de  2007,  motivo por el cual “las  normas  aplicables  debieron  ser  las contenidas en el Código  Penal de 2000”.   

De tal manera asevera que en este trámite se  debió  aplicar  el  contenido del artículo 268 del Código Penal, en la medida  en  que  no  ha  sido  derogada  ni  reformada porque esa norma es anterior a la  producción  del  delito,  dado  que entró en vigencia el 4 de julio del 2001 y  porque es una norma especial referida al delito de hurto.   

Acota que la rebaja de pena consagrada en el  anterior   precepto   no   es   facultativa  del  juez  sino  que  es  de  corte  imperativo.   

Sostiene que el Tribunal aceptó que el valor  de  lo  presuntamente  hurtado  no  excedía  los  sesenta  mil  pesos  y que su  apoderamiento   no   causó  grave  daño  a  la  víctima  dada  su  situación  económica.  Sin  embargo,  considera  que el juzgador no concedió la rebaja de  pena  reglada  en la anterior norma, en tanto que en contra del acusado existía  una  sentencia  condenatoria  vigente dictada el 8 de mayo de 2008 por el delito  de hurto calificado agravado.   

Luego  de  plantear  qué  se  entiende  por  antecedente  penal,  dice  que  el  delito  que  ocupa  la atención de la Corte  ocurrió  el  31  de  octubre  de  2007, pero el hecho por el cual fue condenado  Hernández  y del  cual se dedujo el antecedente penal, la sentencia es del  8 de mayo de 2008.   

De acuerdo con el fallo de la Corte adoptado  en  el  radicado No. 31063 del 8 de julio de 2009, dice que si bien se refiere a  temas  distintos,  de todas maneras tendría utilidad en este asunto en cuanto a  la    vigencia   de  la  norma  para  fijar  el  término  del  antecedente  penal.   

Arguye  que el yerro es trascendente, habida  cuenta  que  se  le impuso una pena de 36 meses de prisión cuando debió ser de  24  meses  por  razón  de la falta de aplicación del artículo 268 del Código  Penal.   

En  tales  condiciones,  solicita a la Corte  casar  parcialmente  la sentencia impugnada y, consecuentemente, rebajar la pena  de prisión impuesta a su representado.    

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En  el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar    los    correspondientes    cargos    y,   por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que, como lo tiene dicho la Sala, son los mismos del proceso penal,  lo  que  explica  que  las  causales  de  casación tengan un diseño dirigido a  lograr esos fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido   que  la  libelista  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la  existencia  del vicio y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

No  sobra  recordar  que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad cometidos en la  construcción  de  la  sentencia  o  en  el  trámite  judicial.  De ahí que al  casacionista  le  compete  que  postule  el  yerro  a través de las causales de  casación   contempladas   para  ese  fin,  demostrando  cómo  el  mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las  pruebas  declaradas  como  probadas en el fallo fueron  correctamente  incorporadas  y  apreciadas,  razón  por  la  cual  el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho  sin  que  tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

La labor de demostración de la trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la relación jurídico procesal o, que habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

En    lo    relativo   al   único  cargo  que  la libelista propone a  fin  de  denunciar  una infracción directa de la ley sustancial por cuanto que,  en  su  criterio,  constituye  un  desatino del juzgador el no haber aplicado la  rebaja  de  pena  reglada  en el artículo 268 del Código Penal, situación que  condujo  que  a  su  representado  no se le hubiese degradado la sanción en los  plazos  fijados  en  la  citada norma, quedó a mitad de camino, en la medida en  que  no  dio  argumentos  jurídicos  que lleve a colegir que la interpretación  dada por el Tribunal a ese precepto fue desatinada.   

En  efecto,  la  libelista  apoyada  en  una  decisión  de  la  Corte que resolvió un asunto distinto al planteado por ella,  en  tanto  en  ésta  se fijó las pautas interpretativas del artículo 68 A del  Código  Penal, sin indicar las razones jurídicas pretende que se excluya, para  aplicar  lo consagrado en el citado artículo 268 del mismo estatuto, la condena  impuesta  al  acusado  por otro despacho judicial proferida el 8 de mayo de 2008  y,  consecuentemente,  se  le  rebaje  la  pena en los términos fijados en esta  última norma por cumplirse con todos los presupuestos.   

En  consecuencia,  dado  que en la casación  impera  el  principio de limitación, según el cual, la Corte no puede entrar a  complementar    al    libelista,    se    impone    la    inadmisión    de   la  demanda.      

De  otro  lado,  el  punto  que cuestiona la  defensora  fue  tratado  ampliamente   por  el Tribunal, concluyendo que el  acusado  no se hacia acreedor a la rebaja de pena consagrada en el artículo 268  del Código Penal. Textualmente anotó la citada Corporación:   

“En  efecto, establece el artículo 268 de  la  Ley  599 de 2000, que en los delitos contra el patrimonio económico, cuando  la  conducta  se  cometa  sobre  bien  cuyo  valor sea inferior a un (1) salario  mínimo  legal  mensual  vigente,  no  se haya causado grave daño a la víctima  atendiendo  su  condición  económica,  y el procesado no registre antecedentes  penales,   la   pena   deberá   ser  disminuida  de  una  tercera  parte  a  la  mitad.   

“En  el  caso  en  cita,  no existe reparo  alguno  respecto  de  los  dos  primeros  aspectos,  en  tanto la cuantía de la  ilicitud  fue  establecida  por  la  víctima en $50.000.00 y no se causó grave  daño  a la víctima, a quien además se le indemnizó integralmente. Empero, en  cuanto  al  último  de  los  requisitos exigidos por el legislador, éste no se  cumple  a  cabalidad  toda  vez  que  en  contra  del  procesado  obra sentencia  condenatoria  vigente  proferida  el  8  de mayo de 2008 por el Juzgado 40 Penal  Municipal  con  función  de  conocimiento  por  el  delito  de HURTO CALIFICADO  AGRAVADO,  dentro  del  proceso  No. 200800366, en la que se le impuso como pena  principal  36 meses de prisión.   

“Se observa entonces, que el abogado de la  defensa  incurre  en un craso error de interpretación de las normas legales que  rigen  la materia, y de los pronunciamientos de la Corte Suprema de Justicia, al  tergiversar  los  lineamientos  jurisprudenciales plasmados por esa Corporación  en  la  sentencia  del  8  de julio de 2009, radicado No. 31063…, en la que al  analizar  la  prohibición  contenida  en  el  artículo 68 A del Código Penal,  incorporada  por  el  artículo  32  de  la Ley 1142 de 2007, se precisó que el  antecedente  que  se  pretenda  tener en cuenta para tal fin, debe ser proferido  con  posterioridad  a la entrada de vigencia de esta norma, no siendo aplicables  a  aquellos  casos  acaecidos  con  anterioridad  al  28  de  junio  de  2007 en  aplicación del principio de favorabilidad.   

“En  ningún  momento  la Corte Suprema de  Justicia  indicó  que  las sentencias proferidas con anterioridad a dicha fecha  no  fueran  antecedentes penales, lo que resaltó es que si se pretende acudir a  la  prohibición  contenida  en el artículo 68 A de la Ley 599 de 2000, se debe  verificar  que  los  fallos condenatorios tomados en consideración para tal fin  hubieren    sido    proferidos    con    posterioridad   a   la   fecha   arriba  citada.   

“Por lo tanto, se reitera, en este punto se  confirmará  la  sentencia  apelada,  en  tanto no se reúne la totalidad de los  requisitos  establecidos en el artículo 268 del Código Penal para acceder a la  rebaja de pena allí consagrada”.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  José  Nicolás  Hernández  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere  lo  decidido.  También   podrá  ser  provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo  término por alguno de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal   –siempre   que   el   recurso   no  hubiera  sido  interpuesto por   el    Procurador    Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda de casación presentada por la  defensora de  José  Nicolás  Hernández.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                         

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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