34114(17-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34114  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 190.  

Bogotá, D.C., diecisiete de junio de dos mil  diez.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000,  examina  la  Corte  la demanda de casación presentada por el defensor de MARÍA  DEL  CARMEN SALAZAR MUÑOZ, en contra de la sentencia de segundo grado proferida  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga  (Santander),  el  30  de  septiembre  de 2009, mediante la cual revocó el fallo  absolutorio   emitido   por   el   Juzgado   Segundo   Penal   del  Circuito  de  Barrancabermeja  (Santander),  el 16 de abril de 2008, para en su lugar condenar  a  la  mencionada  procesada,  como  responsable  del delito de rebelión, a las  penas   principales   de   65  meses  de  prisión  y  multa  por  el  valor  de  $10’000.000.oo, y accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo lapso.   

H    E   C   H   O  S   

En  el fallo recurrido, quedaron consignados  de la siguiente forma:   

“Refiere la actuación procesal, que en el  mes  de  marzo de 2004 se iniciaron por parte del DEPARTAMENTO ADMINISTRATIVO DE  SEGURIDAD     –DAS-  pesquisas,  a  fin de ubicar milicianos del grupo insurgente de las ‘FARC-EP’.   

Fue   así,   como   se   interceptaron  comunicaciones,  se  realizaron  seguimientos,  y  se recepcionaron versiones de  antiguos  militantes  del grupo alzado en armas, con lo cual la Fiscalía Cuarta  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Barrancabermeja  abrió  instrucción  penal contra, JENNY PAOLA HERNÁNDEZ CUBIDES, CARLOS EVER BELTRÁN  VILLARREAL  y  MARÍA  DEL  CARMEN  SALAZAR  MUÑOZ,  como presuntos autores del  delito  de  REBELIÓN,  por cuanto fueron señalados como miembros activos de la  organización insurgente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  el  fin  de  verificar  la información  suministrada  por  el  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  –DAS-,  la Fiscalía Cuarta Seccional de  Barrancabermeja  (Santander)  dispuso  la práctica de investigación previa, el  31 de marzo de 2004.   

Con  resolución del 10 de enero de 2007, la  misma  dependencia  ordenó  la  apertura de la instrucción y la vinculación y  captura  de  MARÍA  DEL  CARMEN SALAZAR MUÑOZ, Jenny Paola Hernández Cubides,  Carlos  Ever  Beltrán Villarreal, Carlos Beltrán Gutiérrez, Luz Helena Cossio  Arenas  y  Emma García Gutiérrez, todos los cuales, con excepción de Beltrán  Gutiérrez,  fueron  aprehendidos  y escuchados en diligencias de indagatoria en  diferentes momentos.   

A   los  indagados  se  les  resolvió  su  situación  jurídica,  imponiendo  el  ente instructor a todos ellos, excepto a  Cossio  Arenas,  la  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,  por  su  posible  participación  en la conducta  punible            de            rebelión1.   

El 26 de marzo de 2007 se decretó el cierre  de  la  fase  instructiva, determinación que fue parcial, como quiera que sólo  cobijó   a   los  sindicados  vinculados  personalmente,  cuyos  defensores  la  impugnaron,  propiciando  que  la  Fiscalía  la revocara parcialmente, el 16 de  abril  de  esa  anualidad,  dejándola incólume respecto de las implicadas Emma  García Gutiérrez y Luz Helena Cossio Arenas.   

Continuada  la  investigación  en contra de  MARÍA  DEL  CARMEN  SALAZAR MUÑOZ, Jenny Paola Hernández Cubides, Carlos Ever  Beltrán  Villarreal  y  Carlos  Beltrán Gutiérrez, el ente instructor dispuso  nuevamente  su clausura el 27 de abril de 2007, ordenando, en la misma ocasión,  romper la unidad procesal con relación al último de los citados.   

Luego,  el  30  de  mayo  del mismo año, la  Fiscalía   calificó   el  mérito  del  sumario,  profiriendo  resolución  de  acusación   en   contra  de  SALAZAR  MUÑOZ,  Hernández  Cubides  y  Beltrán  Villarreal,  por  el  ilícito  de rebelión, tipificado en el artículo 467 del  Código Penal.   

La  etapa  de juzgamiento fue asumida por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Barrancabermeja, dependencia que luego de  realizar    las    audiencias    públicas    de    preparación    –el  13 de agosto de 2007- y juzgamiento  –en  sesiones  del  9  de  noviembre,  5,  6 y 13 diciembre de 2007, y 14 de enero, 12 y 13 de febrero y 26  de  marzo  de  2008-,  dictó  sentencia  el 16 de abril siguiente, condenando a  Jenny  Paola  Hernández Cubides y Carlos Ever Beltrán Villarreal por el delito  contenido     en     el     pliego     acusatorio2,  en  tanto  que,  absolvió a  MARÍA DEL CARMEN SALAZAR MUÑOZ de dicho cargo.   

Apelada  dicha  decisión por los sindicados  condenados,  su  defensor  y el representante de la Fiscalía, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  (Santander)  confirmó  la  declaratoria de  responsabilidad  y  revocó  la absolución, para en su lugar condenar a SALAZAR  MUÑOZ,  como  responsable  de  la  conducta  punible  de rebelión, a las penas  principales  y  accesoria  reseñadas  en la parte inicial de este proveído; de  igual  modo,  le  negó  los  subrogados  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

En  contra  del  fallo  de segundo grado, el  defensor  de  la  procesada  SALAZAR  MUÑOZ  interpuso oportunamente el recurso  extraordinario de casación y presentó la correspondiente demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo  único:  errores  de  hecho por falso  juicio de identidad.   

Con  fundamento  en  el  numeral primero del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, el defensor acusa a la sentencia del  Tribunal   de  haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial,  por  cuanto  incurrió   en   errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  ya  que  “distorsionó    el    sentido    real    de   la  prueba”   tenida  en  cuenta  para  condenar  a  su  representada  y,  en  particular,  por  alterar  el  contenido  objetivo  de las  declaraciones   de  los  reinsertados  Juan  Fernando  Rosas  Barrera,  Giovanni  Caballas  Cardona,  Elder  Jaime Fonseca y Cristian Camilo Sánchez, las cuales,  de  acuerdo  al  breve  fragmento que trae a colación, fueron apreciadas por el  Ad    quem   para   esos  efectos.   

En  orden  a  fundamentar  su  censura,  el  casacionista  se  refiere a la naturaleza del yerro denunciado, apoyado en citas  de  la  Sala,  para insistir en que el juzgador deformó el contenido literal de  la  prueba  testimonial,  al  distorsionar su alcance, haciendo que “exprese   más   de   lo   que   realmente   dice”,    pues,    del    estudio    de   ella,   resalta,   “no  se  puede  afirmar  que  exista  capacidad demostrativa para  edificar   de   allí   responsabilidad  penal  de  la  procesada”,  siendo  claro que quien tiene una verdad, la cuenta toda desde la  primera   vez,   sin   aumentarla   ni  perfeccionarla  con  el  transcurso  del  tiempo.   

Seguidamente,   el  demandante  transcribe  algunos   apartados   del   fallo  del  Tribunal  referidos  a  la  apreciación  probatoria,  luego  de  lo  cual  concluye  que  las  declaraciones  de descargo  –rendidas  por  Luz Marina  Salazar  Muñoz, Jorge Norberto Ferreira Ballesteros, Manuel Esteban Rodríguez,  Gilmar  Ortega  de  Nazar  y  Beatriz  Cediel  Ortiz3-,  en  virtud  de la cuales se  corrobora  lo  afirmado  por la sindicada en la indagatoria en lo concerniente a  sus  actividades  familiares  y  económicas,  fueron  objeto  de  un  análisis  sesgado,  por cuanto se dedicó a ubicar sus aparentes contradicciones, a partir  de   lo   que  son  “disparidades  normales  de  un  testimonio”.   

Cosa  diferente  ocurrió, agrega, en lo que  respecta  a  las  testificaciones  anteriormente  citadas,  las cuales fueron el  fundamento de la condena.   

A  continuación, el impugnante se refiere a  varios  temas,  mencionando  que  las interceptaciones telefónicas no arrojaron  resultados;  que  de  las  declaraciones  e  informes, nunca se establece a qué  estructura  en  concreto respondía la actividad como rebelde de la acusada; que  no  se  analizó  lo contenido en el informe de inteligencia del DAS; que faltó  profundizar  la  investigación  en lo atinente a las actividades económicas de  la  sindicada; y que uno de los testigos, que dijo haber desarrollado labores de  reclutamiento, manifestó no conocer a SALAZAR MUÑOZ.   

Luego,  consigna concepto doctrinal sobre la  valoración  de  la prueba testifical y se adentra en el análisis de una de las  cuatro  declaraciones  antes  citada como erradamente apreciada -la de Cristián  Camilo   Sánchez-,  para  asegurar  que  es  inverosímil,  pues,  no  describe  correctamente  a  la  procesada, como tampoco puede dar fe de que la vió en los  campamentos  de  los  grupos  guerrilleros. Además, añade, la diligencia en la  que  reconoció  a su defendida en fila de personas no tiene sentido, porque con  antelación  el  rostro  de ella había sido públicamente mostrado a través de  los medios de comunicación.   

Resaltó el recurrente, de igual manera, que  otro  hecho  trascendente  y  plenamente  demostrado en el proceso, es el estado  psicológico  de  SALAZAR  MUÑOZ,  quien sufrió una fuerte depresión debido a  calamidades  familiares;  asimismo, que varios supuestos integrantes de las FARC  declararon  aduciendo  no conocerla o describiéndola de manera diferente, y que  los  funcionarios  del  DAS  que  depusieron,  no  aportaron  pruebas  sobre  su  militancia  en ese grupo insurgente, como tampoco corroboraron los dichos de los  reinsertados.   

El error denunciado, concluye el censor, deja  sin  soporte  la  sentencia  condenatoria,  debido  a  que las pruebas restantes  “no  dan el nivel necesario de certeza para colegir  responsabilidad  penal”. Por ello, entonces, la Corte  debe   proferir   fallo   de   sustitución   en   el  que  absuelva  del  cargo  endilgado.   

Por  último,  tras  enunciar las normas que  considera   infringidas,   el   libelista  vuelve  a  criticar  la  apreciación  probatoria  que condujo a la condena de MARÍA DEL CARMEN SALAZAR MUÑOZ por los  delitos    de   “secuestro   extorsivo   agravado,  apoderamiento  y  desvío de aeronave, falsedad material en documento público y  destrucción,  supresión  y  ocultamiento  de documento público”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cargo  único:  errores  de  hecho por falso  juicio de identidad.   

Sea  lo  primero  señalar,  que la Sala, lo  anuncia  desde  ahora,  inadmitirá  la demanda formulada, porque como habrá de  verse,  no  cumple  con  los  requisitos  de  fundamentación requeridos para su  admisibilidad.   

En  efecto, de conformidad con lo normado en  el  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, disposición que regula el caso por  tratarse  de  un  proceso  tramitado  bajo  esa vigencia procesal, la demanda de  casación    deberá    contener,    entre    otros   requisitos:   “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

Focalizado,  para  lo que interesa resolver,  uno  de  los requisitos formales que debe satisfacer la demanda de casación, es  menester  que  ésta sea precisa y concisa frente a las causales invocadas y los  fundamentos,  porque  como  lo  ha  venido sosteniendo desde antaño la Sala, la  casación  no  es  un  mecanismo  de  libre configuración, desprovisto del más  elemental  rigor,  que  tenga  como  fin  abrir espacios semejantes a los de las  instancias  ya  agotadas,  prolongando  debates  que  se  dieron al fragor de la  controversia,  o  buscando  generar  tardíamente  ámbitos  de  discusión  que  debieron postularse en su debida oportunidad dentro del proceso.   

Debe  quedar  claro que a esta sede llega la  sentencia  prevalida  de  una  doble condición de acierto y legalidad, que para  desarticularla,  tal  como  se  expresa  en  el  único  cargo de la censura, es  necesario  que  el  censor  compruebe  la  existencia de un yerro sustancial con  virtualidad  de  socavar  la decisión ya adoptada, y que fundamente el cargo de  manera  tal  que  a  simple  vista sea perceptible el motivo por el cual resulta  inexorable la casación deprecada.   

En el presente asunto, de entrada advierte la  Sala  que  en  la sustentación del cargo, fundado en un supuesto error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  derivado de la equivocada apreciación de la  prueba  testimonial, el actor incurre en deficiencias de fundamentación que dan  al traste con su pretensión casacional.   

En  efecto, todo indica que la inconformidad  con  la  sentencia del Tribunal, remite a la discrepancia con la apreciación de  las  declaraciones  de  Juan  Fernando Rosas Barrera, Giovanni Caballas Cardona,  Elder  Jaime  Fonseca  y  Cristian Camilo Sánchez, que llevaron a determinar la  condena  de  la  procesada  MARÍA  DEL  CARMEN  SALAZAR  MUÑOZ en el delito de  rebelión,  situación  que tampoco tiene clara el defensor, puesto que extraña  e  inexplicablemente  refiere  en  su  libelo  que  la condena se dictó por las  conductas   punibles   de   “secuestro   extorsivo  agravado,  apoderamiento  y  desvío de aeronave, falsedad material en documento  público    y    destrucción,    supresión   y   ocultamiento   de   documento  público”.   

Es asi como cuestiona, por un lado, que se le  haya  dado  plena  credibilidad  a  las  testificaciones  referidas –en  especial  a  la  de Cristian Camilo  Sánchez  -, y, por otro, que las declaraciones de descargo hayan sido objeto de  un   examen   sesgado.  Ello  lo  refuerza  simplemente  afirmando  –no analizando- que las interceptaciones  telefónicas  no  arrojaron resultados; que nunca se estableció el rol concreto  que  la  acusada  realizaba  en  el  grupo rebelde, es decir, no se acreditó su  militancia;  que  no  se analizó lo contenido en el informe de inteligencia del  DAS;  que  faltó profundizar la investigación en lo atinente a las actividades  económicas   de   la  sindicada;  que  uno  de  los  testigos  que  dijo  haber  desarrollado  labores  de reclutamiento, manifestó no conocer a SALAZAR MUÑOZ;  y que no se tuvo en cuenta su estado depresivo.   

De  ser  así,  entonces,  en  el caso de la  prueba  testifical  debió  haber encausado la censura por conducto del error de  hecho  por  falso  raciocinio,  en cuyo caso era necesario explicarle a la Sala,  por  qué  considera  que  el  juzgador  se  apartó  de  las  reglas de la sana  crítica,  dado  el desconocimiento de las leyes científicas, los principios de  la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia.  Y,  en  lo concerniente a los  documentos,  certificaciones  y  otros testimonios que dice fueron ignorados, si  lo  que  alega  es  que  el  juzgador  no  los  tuvo en cuenta, debió invocar y  desarrollar  el  reparo  por  la  vía  del  error  de hecho por falso juicio de  existencia.   

Recurrir  al error de hecho por falso juicio  de  identidad obligaba un análisis diferente, en el que determinase  cuál  es  el  apartado  testifical  o  pericial  tergiversado, cercenado o adicionado por el  Tribunal,  no  limitándose  a  anteponer  sus  propias conclusiones, en típico  alegato  libre  que  pasó  por alto certificar cuál es el ostensible yerro del  Ad  quem, pues, ni siquiera  postula  adecuadamente  si este proviene de tergiversar, cercenar o adicionar el  contenido  de  la  prueba,  desde  luego,  abordando  uno  por  uno  los  medios  probatorios,  para ver de significar cuál en concreto fue el apartado agregado,  cercenado  o  tergiversado.  Ya luego de esta tarea era menester definir, con un  nuevo  análisis del acervo probatorio en su conjunto, cómo los yerros tuvieron  tal   trascendencia   que   la   decisión,   corregidos   ellos,   habría      de      mutar      favorable     para     la  acusada  MARÍA  DEL  CARMEN SALAZAR  MUÑOZ.   

Cuando  no se obra dentro de los parámetros  argumentales  y  lógico-jurídicos  previstos  en cada causal de casación para  orientar  adecuadamente  la censura, el impugnante termina oponiendo su personal  criterio  sobre  el  más autorizado del juzgador, incurriendo en el desatino de  considerar   el   recurso   extraordinario   como  otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de  que  con el mismo se busca primordialmente el estudio de la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de  un debate probatorio  fenecido  mediante  el  proferimiento  de  una  sentencia  amparada,  como ya se  acotó,   con   la   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  únicamente  destronable  por  la  presencia  de  errores  predicables  del  fallador, de tal  magnitud  que  sólo  con  su  casación  pudiera restaurarse la legalidad de lo  decidido.   

En  este  orden  de  ideas,  ninguno  de los  asertos  de  la  defensora  destaca  asunto  diverso  al  simple  rechazo de las  consideraciones  que  dieron  pie  al  Tribunal para declarar la responsabilidad  penal  de  la  procesada, por manera que tampoco es viable desarrollar el ataque  bajo  la  forma  de  los  falsos  raciocinio o juicio de existencia –que  ni  siquiera  trajo a colación el  casacionista-   en  el  entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada  manera los elementos materiales probatorios, cuando es evidente que  para  la  estimación  de  tales probanzas nuestro sistema probatorio predica la  libre apreciación, dentro del contexto de la sana crítica.   

Es lo cierto, pues, que el demandante apenas  alcanza  a  mostrar  su  obvia insatisfacción con el resultado del proceso, sin  siquiera   especificar   o   transcribir   de  manera  concreta  los  medios  de  información  y  apenas  consignando breves fragmentos, totalmente amañados, de  las  consideraciones  que  le  sirvieron de apoyo al sentenciador para emitir la  condena.   

No  bastaba  con  decir,  entonces,  que  el  juzgador   “distorsionó  el  sentido  real  de  la  prueba”,  pues  así  postulada la censura, es claro  que la deja en el mero enunciado.   

Todo ello conlleva a la inadmisión del cargo  y,  en  su  conjunto,  de  la demanda presentada por el defensor de la sindicada  MARÍA DEL CARMEN SALAZAR MUÑOZ.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de la procesada MARÍA DEL  CARMEN   SALAZAR   MUÑOZ,  conforme   con   las   motivaciones   plasmadas   en   el  cuerpo  del  presente  proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase a la  oficina de origen.   

Cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                            JAVIER   DE   J.   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En  efecto,  Emma  García  Gutiérrez  fue  vinculada  el  18  de  enero  de 2007 y  asegurada  el 23 de enero siguiente; MARÍA DEL CARMEN SALAZAR MUÑOZ se oyó en  injurada  el  31  de  enero  de  ese  año y se le aplicó la detención el 2 de  febrero   posterior;  Jenny  Paola  Hernández  Cubides,  Carlos  Ever  Beltrán  Villarreal  y  Luz Helena Cossio Arenas, rindieron sus descargos el 6 de febrero  de  esa  anualidad  y  seis  días  más  tarde  se  les  definió su situación  jurídica.   

2  En  razón  de  ello, el A quo les impuso las penas principales de 6 años y 7 meses  de  prisión  y  multa  por  el  equivalente  a  107  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes,  les  aplicó la sanción accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones por ese lapso, se abstuvo de condenarlos  al   pago  de  perjuicios,  y  les  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   y   prisión  domiciliaria.   

3  Aunque  respecto del testimonio de Beatriz Cediel Ortiz aconseja el memorialista  “OJO  profundizar  en  esta  declaración”,  en  ninguna  parte de su libelo  consagra qué es lo atestado por dicha declarante.     

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