34081(14-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34081   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 224  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de julio de dos  mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de    casación   interpuesto   por   el     defensor     de     Paulo  César  Duque  Botero contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de Santa Marta, el  7     de  diciembre  de    2009,   mediante   la   cual   revocó       la       dictada  por el Juzgado Segundo Promiscuo  Municipal   de  Fundación  (Magdalena),         el         16         de        octubre  del  mismo  año, que  lo  condenó  a     las            penas          principales         de        32   meses  de  prisión y  multa  de  20  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes  y a la accesoria de inhabilitación   para   el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas     por     el     mismo    plazo  de  la  sanción  privativa de la  libertad,      como      autor     del  delito  de  inasistencia          alimentaria.   

H   E   C   H   O   S   

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El 18 de febrero de 2008, el Defensor de  Familia  de  Fundación  asignó  una cuota provisional de alimentos a favor del  menor  …  por  valor de $250.000 y a cargo de PAULO CÉSAR DUQUE BOTERO, quien  la ha venido cancelando de manera parcial.   

“Que   por  lo  anterior,  la  madre  y  representante  del menor … presentó querella ante la Fiscalía 9 Local por el  delito  de  inasistencia  alimentaria,  dando  inicio  a la investigación penal  correspondiente”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.   Por   los   anteriores   hechos,  el  10   de   septiembre   de   2008,   la  fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en contra de Paulo  César    Duque    Botero   por    el     delito     de     inasistencia alimentaria.   

2.           Cumplidas  las  formalidades  del  juicio,  el  titular del  Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de  Fundación     (Magdalena),     el    16        de        octubre     de     2009,  dictó  fallo de primera instancia  en         la         que        absolvió  a Paulo César Duque Botero  de  la  conducta  punible de inasistencia alimentaria atribuida en el escrito de  acusación.   

3.  Apelado  el  fallo por la fiscalía,  el  Tribunal  Superior  de  Santa    Marta,   el  7   de   diciembre         de  2009,  lo  revocó y, en su lugar,  condenó  a Paulo César  Duque    Botero    a  las   penas         principales  de  32  meses  de prisión y multa  de  20  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas por el mismo plazo de la sanción privativa de la libertad,  como autor del delito de inasistencia alimentaria.   

Contra la anterior decisión, el defensor  de    Duque    Botero  presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I S    D E  L     L I B E L O   

Al  amparo de las causales segunda y primera  de  casación presenta dos cargos contra el fallo del Tribunal, cuyos argumentos  se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Manifiesta   que  la  sentencia  impugnada  desconoció  la  estructura  del  proceso  por  afectación  sustancial  de  las  garantías de los intervinientes.   

Acota  que en esta clase de procesos se debe  demostrar  en  el juicio la capacidad económica del denunciado, aspecto que fue  desconocido por la fiscalía y el juzgador de segunda instancia.   

Asevera  que  la  querellante en virtud a un  “despecho”   personal  realizó  un  tráfico  de influencias en la población de Fundación con el fin  de  “enrostrarle” a Duque  Botero  un delito que no cometió, habida cuenta que había abonado mensualmente  la  suma  de  $150.000.00  pesos,  cifra que únicamente podía cancelar pues se  trata de un profesional que comienza su vida laboral.   

De  ahí  que  concluya que su representando  estaba  cumpliendo  con  la  obligación  contraída. Además, dice que el saldo  adeudado  no  puede  ser  objeto  de imputación de este delito, “si  no que por incumplimiento parcial la vía lógica y jurídica y  era la acción ejecutiva y no penal”.   

Después  de  insistir  en  lo anteriormente  expuesto,  expresa  que  se  está  ante una obligación de carácter civil y no  penal.   

Segundo cargo  

Y,  por  último, acusa al Tribunal de haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial por aplicación indebida del  artículo  233  de  la  Ley 599 de 2000 y falta de aplicación de los artículos  “10,  15,  27  y  de  la  norma  que  fija que para  condenar    debe   existir   el   conocimiento   más   allá   de   toda   duda  razonable”.   

Sostiene que el juzgador de segundo grado al  conocer  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  el  fallo de primera  instancia  debió  declarar  la  nulidad de lo actuado, a fin de que la víctima  tuviera   la   titularidad   y   presentara   el  correspondiente  incidente  de  reparación.   

Reitera  que el trámite que se adelantó en  contra  de  su  procurado  vulneró  los  derechos fundamentales de la libertad,  debido proceso y el derecho de defensa.   

Informa que en este asunto tampoco se tuvo en  cuenta  lo  reglado en el artículo 15 de la Ley 906 de 2004 respecto al derecho  que  tenía  su representado al ejercicio de la contradicción y de controvertir  las pruebas presentadas en su contra.   

Dice  igualmente  que  los  funcionarios que  conocieron  de  la  actuación  desconocieron lo plasmado en el artículo 27 del  Código   de   Procedimiento   Penal,  esto  es,  los  criterios  de  necesidad,  ponderación,     legalidad     y     corrección     en    el    comportamiento  funcional.   

Como  consecuencia de lo anterior, aduce que  se  dejó  de  aplicar  el artículo 381 de la Ley 906 de 2004 en torno a que se  requiere  el  conocimiento  de  más allá de toda duda razonable respecto de la  existencia  del  hecho  y  la responsabilidad del acusado para proferir fallo de  condena.   

En consecuencia, solicita a la Corte revocar  la   sentencia  impugnada   en  los  términos  planteados  en  los  cargos  anteriores.         

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA   

1.  La  casación  en  esta  sistemática se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra las  sentencias  dictadas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De ahí que deba concluirse que este recurso,  concebido  como  un  control  constitucional,  es  consecuencia  natural  de  la  función  que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación,  según  así  lo  prevé  el artículo 235 de la Carta y, por ende, guardiana de  los  fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de  2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el  libelista,  además  de  contar con interés,  acredite  la  afectación  de  derechos  o  garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación  según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,  “el   recurso     extraordinario     de     casación     no   puede   ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las  causales, sino  también  desde  sus  fines, con lo cual adquiere una axiología mayor vinculada  con  los  propósitos  del proceso penal y con el modelo de Estado en el que él  se inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de la casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la  existencia  del vicio en los dos cargos formulados  contra  la  sentencia  de segunda instancia y, menos, los conectó con los fines  que  informan la casación de acuerdo con el sistema consagrado en la Ley 906 de  2004.   

Al respecto resulta oportuno recordar que el  recurso  de  casación  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de derecho o de  actividad  cometidos  en  la  construcción  de  la  sentencia  o en el trámite  judicial,  según  el  caso, motivo por el cual compete al libelista que postule  el  yerro  a  través  de  las causales contempladas para el efecto, demostrando  cómo  el mismo logra resquebrajar el fallo, al punto que se impone su casación  con  el objeto de cumplir los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906  de 2004.   

La  Sala  ha  puntualizado  que  si  bien la  acreditación  de  la  causal  segunda  de  casación  es  menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad, evidenciar que procesalmente no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las pruebas declaradas como probadas en la sentencia fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la  cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

La  labor de demostración del vicio deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó una norma que no era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  que  omitió  otra  que sí resolvía los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o,  que  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se deriva del texto de la  ley.   

En consecuencia, si la demanda de casación  no  cumple  con  los anteriores parámetros de lógica y debida fundamentación,  sin duda, la decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

En   lo   que   atañe   al   primer   cargo  que  el  actor  postula bajo la  supuesta   violación   del   debido   proceso  y  la  afectación  de las garantías de los intervinientes, basado en que la fiscalía  y  el  juzgador  de  segunda  instancia  no  demostraron  que  efectivamente  su  representado  no  podía  cumplir  con  la  cuota  alimentaria dada su capacidad  económica,  no  reúne  los  presupuestos  para su admisibilidad, por cuanto el  libelista no demostró la existencia del vicio.   

Frente  a  la  pluralidad  de argumentos que  presenta  el demandante, inicialmente podría pensarse que invoca la ausencia de  prueba  que  lleve al grado de conocimiento de más allá de toda duda razonable  para  proferir  el  correspondiente  fallo  de  mérito.  Sin  embargo, también  informa  que  el trámite penal no era el adecuado para cobrar el saldo adeudado  de  la cuota alimentaria impuesta a su representado sino que se debió ejercitar  la acción civil para estos efectos.   

Respecto  a la primera hipótesis, sin duda,  equivocó  la  vía para postular la ausencia de certeza para proferir sentencia  condenatoria,   habida  cuenta  que  lo  atinente  al  proceso  de  producción,  incorporación  y  valoración  de  la  prueba se debe denunciar a través de la  causal  tercera  de  casación,  en  la  medida  en  que se trata de un error in  iudicando  y no de actividad.   

En torno al segundo argumento consistente en  que  lo  adeudado  por  su  representado  de  las  cuotas  alimentarias  para la  manutención  de  su  hijo  se  debe  cobrar por la vía civil y no la penal, el  actor  no  da  ningún  argumento de índole jurídico que lleve a concluir a la  Corporación    la    posible    transgresión    del    postulado    del   juez  natural.   

El  discurso  argumentativo  del reproche el  demandante  lo  limita  a presentar de manera escueta las citadas hipótesis sin  que  efectivamente  demuestre  que el trámite judicial debe invalidarse, puesto  que   se   vulneró   el   debido   proceso  y  las  garantías  debidas  a  los  intervinientes.     

Y,   en  lo  que  atañe  al  segundo  cargo  que se presenta por la vía  de  causal  primera  de  casación, también carece de la debida fundamentación  que  lleve  a  colegir  la  existencia  de  la  infracción  directa  de  la ley  sustancial.   

Como una constante, el actor al interior del  mismo  cargo  postula  varios  argumentos  que  ha debido de denunciar de manera  individual y a través de diversas causales de casación.   

En  efecto,  respecto  a  que el juzgador de  segunda  instancia  debió  declarar  la invalidez de lo actuado a fin de que se  tramitara  el  incidente  de  reparación  integral,  que  a  su defendido se le  impidió  el ejercicio de derecho de contradicción en la actividad probatoria y  que  se  desconoció  lo reglado en el artículo 27 del Código de Procedimiento  Penal,  tales  argumentos  han debido de presentarse, respetando el principio de  prioridad,  bajo  la  causal  segunda de casación, en la medida que se trata de  vicios in procedendo.   

Y,  en  cuanto  a la infracción directa del  artículo  381  de la Ley 906 de 2004, tampoco presenta argumento en torno a que  el  mencionado  precepto  se  erige  en  una  norma de contenido sustancial y no  procesal.  Además,  en  el  evento  que  se esté cuestionando las conclusiones  probatorias  inferidas  por  el  Tribunal, tal tarea debió ceñirse a lo fijado  para  la  causal  tercera  de  casación,  pues ese aspecto atañe al proceso de  producción,  incorporación  y valoración de los elementos de juicio allegados  al juicio oral.   

Ante esa incertidumbre en los planteamientos  presentados  en  la  demanda  y en virtud al principio de limitación, según el  cual,  a  la  Corte  le  está vedado  suplantar al libelista, se impone la  inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de Paulo César  Duque  Botero  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su      aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de casación presentada por el defensor  de   Paulo César Duque  Botero,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

De           conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                          COMISIÓN DE SERVICIO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        AUGUSTO   J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS                       

                                                                                                                                           CITA  MÉDICA   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                             JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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