34067(22-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34067  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta Nº 230  

   

Bogotá D.C., julio   veintidós de  dos mil diez.   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve la solicitud de selección  del  recurso  extraordinario  de casación interpuesto por el defensor de CÉSAR  DAVID  BEJARANO MORALES, contra la sentencia del 21 de enero de 2010 mediante la  cual  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá confirmó con  modificaciones  el  fallo  condenatorio proferido el 13 de noviembre de 2009 por  el  Juzgado  Séptimo Penal del Circuito Especializado de Bogotá, por el delito  de concierto para delinquir agravado.   

H E C H O S  

Así  fueron  relatados  en  la  sentencia de  primera instancia:   

“Según  lo informado en esta audiencia por  el  fiscal,  los  acontecimientos  investigados  tuvieron  ocurrencia  en  Monte  Líbano  (Córdoba) el pasado 27 de enero de 2009, cuando, según el Subteniente  JADER  VERGARA  LÓPEZ,   a  su  llegada  a  dicho  municipio lo abordó el  imputado   BEJARANO  MORALES,  quien  era  el  comandante  de  la Estación  de   Policía  de esa población, para solicitarle su número telefónico y  presentarle unos amigos de la región.   

Que  tres  días  después, BEJARANO MORALES  llamó  a  VERGARA  LÓPEZ para intrigarle la devolución de una motocicleta que  estaba  retenida  en  la  referida  Estación  de  Policía,  para  seguidamente  el   denunciante ser abordado sobre el mismo tema por parte de tres sujetos  que  le  adujeron  iban  de  parte  del  “patrón”,  el  Teniente  BEJARANO.   

Posteriormente, en la mañana del 22 de enero  de  2009,  VERGARA LÓPEZ  fue citado a una panadería por el acusado   BEJARANO  MORALES  a  través   de  un  mensaje   de  texto, y una vez  reunidos,   este   enteró   al  primero  que  trabaja  para  una  organización  delincuencial   denominada   “los   Paisas”,   prometiéndole  coordinar  lo  pertinente  para  que  dicha  sociedad  delictiva le pagara a VERGARA LÓPEZ una  buena  cantidad  de  dinero mensualmente, y que otro día lo volverían a llamar  para precisar detalles.   

Posteriormente,   el  subteniente  VERGARA  LÓPEZ    dio  cuenta  del  precitado  hecho  a  su  superior,  el  Coronel  SANTAMARIA,   quien  de  inmediato  coordinó  un  operativo  encaminado  a  obtener  pruebas  para  judicializar  el  caso,  proporcionándole al mencionado  informante  una  grabadora  en  la  cual  se  registraron las conversaciones del  siguiente  encuentro,  en  el  que  se  le  propuso  trabajar  para  la referida  organización   

armada  ilegal conocida como “ Las Águilas  Negras”,  que  estaban  al  servicio  de alias Don Mario.”      

ANTECEDENTES  

En  audiencia preliminar la Fiscalía General  de  la  Nación,  ante  el  Juez  31 Penal Municipal con Funciones de Control de  Garantías  de  Bogotá,  procedió  a impartir legalidad de la captura de   BEJARANO  MORALES  y a formular la imputación jurídica como presunto autor del  delito   de   concierto   para   delinquir  agravado;  imponiéndole  medida  de  aseguramiento consistente en detención domiciliaria.   

La  Fiscalía  y  la  defensa  elaboraron  un  preacuerdo   el  8  de  julio  de 2009 sobre la terminación anticipada del  proceso,  en  el  que  el imputado aceptó su responsabilidad como coautor de la  conducta  antes mencionada, a cambio de una reducción de pena del cincuenta por  ciento,  además  de  los  beneficios  a  que  pudiera acceder por colaboración  eficaz   con   la  justicia;   acuerdo  cuya  legalidad  correspondía  ser  verificada  por  el  Juez  Penal  del  Circuito con Funciones de Conocimiento de  Montería,  pero  que  por decisión de cambio de Radicación proferida por esta  Sala  mediante  auto de 14 de octubre de 2009, radicado 32608, fue remitido para  su  conocimiento  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá.   

El  acuerdo  fue  aprobado,  por  lo  que  se  condenó  a  BEJARANO  MORALES a una pena de 7 años de prisión,  multa de  3000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  periodo  igual  al  de  la pena privativa de la libertad así como a la pérdida  del   empleo  o  cargo  público  que  desempeñaba  en  la  Policía  Nacional;  negándosele   en   la  misma  providencia  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, así como también la prisión domiciliaria.   

La  sentencia  fue  objeto  del  recurso  de  apelación,  tanto  por  parte  de  la  Fiscalia,  la  defensa  y  el procesado,  impugnación  en  desarrollo  de  la  cual  el  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial  de  Bogotá  confirmó  la  decisión,  reduciendo  la pena de multa a  2.362,5  salarios  mínimos legales mensuales vigentes; fallo contra el que a su  vez  se  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  cuya  selección  se  resuelve por medio de este  proveído.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

La  sentencia  contra la cual se interpone el  recurso  extraordinario  de casación es la proferida el 21 de enero de 2010 por  el  Tribunal Superior de Bogotá, por medio de la cual se redujo a  2.362.5  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes la pena de multa, y se confirmó  en  los  demás  aspectos la sentencia de primera instancia, mediante la cual se  condenó  a BEJARANO MORALES a  7 años de prisión, a inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo período y a la  pérdida  del  empleo o cargo público que desempeñaba en la Policía Nacional;  a  la  vez que negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la  prisión  domiciliaria  y  redujo  a 2.362.5 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  la  penal de multa.  En los demás aspecto confirmó la sentencia  de primera instancia.   

LA DEMANDA  

En un único cargo, el libelista, amparado en  la  causal  primera  de  casación, prevista en el artículo 181.1, denuncia que  con  la  sentencia  objeto de la impugnación extraordinaria se ha producido una  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación de los  artículos  38 y 352 inciso segundo, del Código Penal, lo cual se evidenció en  cuanto  se  le  negó  al acusado BEJARANO MORALES, la prisión domiciliaria, no  obstante haber sido preacordada.   

Agrega  el  casacionista  que  el  Tribunal  desconoció  varios  precedentes  de  la  Corte  Suprema  de Justicia al negarle  efectos   jurídicos   a   un   acuerdo  posterior  al  allanamiento  a  cargos,  donde     se  pactó  expresamente  la  concesión de la prisión  domiciliaria  a  su  asistido;  no  obstante,  que  el  presupuesto objetivo del  sustituto  de  la prisión intramural  no se encuentre satisfecho, en tanto  el  delito  por  el cual se condena tiene una pena superior a los cinco años de  prisión,  tal  situación  no  es  óbice  para su concesión por cuanto hacía  parte  de  un  preacuerdo  celebrado  libremente  entre  Fiscalía y defensa, no  teniendo opción distinta el juez que aceptarlo.   

Con    dicho   fundamento  reitera  la  solicitud  de casar parcialmente la sentencia objeto de  impugnación a fin  de que se conceda a su asistido la prisión domiciliaria.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  Sala  se  dispone  a  resolver  sobre  la  selección  de  la  demanda  por  medio  de  la  cual se interpone y sustenta el  recurso  extraordinario  de  casación contra los fallos de instancia proferidos  dentro  del proceso que se adelanta contra el señor  CÉSAR DAVID BEJARANO  MORALES  por el delito de concierto para delinquir agravado.   

En el esfuerzo que constantemente hace la Sala  por  la  propedéutica  del recurso extraordinario de casación, orientado a que  su    exhaustivo    entendimiento    propicie    la   especialización   de   su  postulación,   se  encuentra  oportuno  realizar  una  aproximación  a su  alcance   ontológico,  dimensión  desde  la  cual,  aunque   resulta  una  obviedad  destacar  que  la  casación  es   un recurso extraordinario, tal  caracterización,  apoyada en las propiedades del ser y en la historia normativa  y  jurisprudencial  de  tal instituto,  permite visualizar la razón de sus  exigencias  técnicas,  las  cuales  constituyen,  a no dudarlo, garantía de la  seguridad  jurídica  y  de vigencia del derecho, tal y como fue concebida desde  sus inicios.   

El que la casación sea un recurso implica que  su   bondad  está  en  la  capacidad  que  tiene de remover una sentencia de segunda instancia de la que se  predica   su   inconstitucionalidad   o   ilegalidad,   y  que  su  verdad   metafísica,   vale   decir,  la  conformidad  del  ser con el entendimiento, suponga la contrariedad cierta de la  sentencia   cuestionada   con  el  orden  jurídico;   y,  su  unidad  metafísica,  por  tanto,  se  identifica,  en  tanto  recurso, con la lógica de su argumentación, vertida en  forma  de  denuncia,  o,  si  se  quiere,  de  formulación de cargos, contra la  sentencia  censurada,  de  la  cual, luego del respectivo debate, el Tribunal de  Casación  construye  un juicio en relación con los cargos, aceptándolos, y en  consecuencia   casando   la   sentencia,   o  desestimándolos,  con  su  efecto  confirmatorio sobre la decisión impugnada.   

Es    así    que    el    principio  de  identidad  del recurso  de  casación  se  proyecta en que como medio de impugnación, por sí sólo, es  el   que   está   dirigido   exclusivamente  contra  la  decisión  de  segundo  grado,   con  el objetivo de que sea removida,  con una argumentación  cuyos     lineamientos    han    sido    construidos    por    la    experiencia  jurisprudencial    desde   la   lógica   formal,   y   con  unas  causales  taxativamente dispuestas por el legislador.   

Lo  sustancial  de  la casación –en  tanto  está  en  su  ser-  es  la  protección  del orden jurídico, de suerte que su prosperidad es manifestación  potencial  de la corrección  de  la  decisión atacada; de manera que la causa que justifica su existencia es  precisamente  la  posible  falibilidad  del  juez,  en  unos  específicos actos  vinculados  entre la relación del derecho con el caso fallado; de suerte que el  sujeto  objeto de juzgamiento en sede casacional es el fallo, el cual debe tener  la  capacidad de defenderse por sí mismo por tener vida propia, de unos ataques  elaborados   atendiendo  unos  parámetros  de  lógica  argumental  de una  magnitud     tal    que    tengan    la    potencialidad    de    producir    su  destrucción.   

Cuando  nuestro  legislador  enlistó  en  el  artículo  176  de  la  Ley  906  de  2004 los recursos ordinarios, se limitó a  mencionar  la  reposición  y  la  apelación.  Por  ello, la casación en tanto  impugnación  extraordinaria  está  impregnada  de unas formalidades que no son  propias  de  los  recursos ordinarios, básicamente porque su identidad, como ya  se  afirmó,  se incrusta en el juzgamiento del fallo y de la actividad del  juzgador,   frente   a   cargos   específicos   de  inconstitucionalidad  o  de  ilegalidad.   

No existe una tercera instancia, de manera que  la  garantía  constitucional  de la impugnación ordinaria se satisface con dos  niveles  decisionales,  en  la  necesidad  de  reconocer  estabilidad  a la  sentencia.   

La  condición  de extraordinaria se proyecta  entonces  en  el  objeto  de  impugnación,  en  su potencia metafísica, en las  causales  de  su  formulación  y  en  su desarrollo,  en el juez llamado a  resolverla, así como en las consecuencias del fallo de casación.   

Así,  la  formulación  de  la  demanda  de  casación,  en tanto adjudica unas cargas y obligaciones procesales específicas  para  el  inconforme,  debe  recorrer  unos  cauces  desbrozados  a  lo largo de  disertaciones  centenarias,  que han permitido la decantación de los errores en  que  puede  incurrir  el juez al momento de construir la sentencia, marco que se  erige  como  garantía  de  la legalidad, en la senda de la seguridad de que son  sólo  esos  los  posibles ataques que se pueden desplegar contra la providencia  censurada,    e    incluso    la    forma    en    que   debe   transcurrir   su  presentación.   

De  ahí  que  se  afirme  que  la demanda de  casación  no  puede  ser  un  escrito  de libre confección, ya que tal recurso  desde  su  textura  metafísica,  tiene  unos presupuestos, fines, propiedades y  características  que  hacen que sólo pueda ser así, so pena de convertirse en  otra cosa.   

Si  bien  es  cierto  desde los albores de la  época  posrevolucionaria  se  concibió  la casación como el medio para evitar  que  el  juez suplantara al legislador, en el afán del ciudadano  francés  por  evitar  la  arbitrariedad  sufrida  en  ausencia  del  recién  conquistado  principio  de  legalidad, con el tiempo, y a fuerza de la evolución del mundo y  de  las  instituciones políticas, la casación es en nuestra realidad jurídica  actual,  el  instituto  que tiene como tareas: lograr la efectividad del derecho  material,   reivindicar las garantías irrespetadas a los intervinientes en  el  proceso  y  en  consecuencia  reparar  los  agravios  inferidos  a éstos, y  unificar la jurisprudencia nacional.     

Se observa evidente que el legislador patrio,  consciente  de  la  condición  extraordinaria del recurso, facultara a la Corte  para  que  realizando  un  control  formal  de  la demanda, sólo admitiera para  estudio de fondo, o seleccionara, aquellas en las que:   

    

1. El  demandante  tenga  interés,  en tanto sea lesionado con el acto  ilegal o inconstitucional denunciado,     

    

1. El   casacionista  señale  con  precisión  la  causal  invocada  y  desarrolle de manera correcta los cargos; y,     

    

1. Además  de  lo  anterior,  la  Sala  advierta  fundadamente  que se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso.     

De suerte, que en ausencia de alguno de estos  presupuestos,   la  única  opción  que  tiene  el  Tribunal  de  Casación  es  abstenerse  de  seleccionar la demanda, por medio de decisión contra la cual el  legislador  creó  el  mecanismo  de  insistencia, el que por su misma identidad  está  llamado  a  cuestionar  la  argumentación que le sirvió a  la Sala  para  considerar  insatisfecha la exigencia normativa prevista para la admisión  de la demanda.   

En  el caso concreto la Sala NO SELECCIONARÁ  la  demanda  presentada a favor de los intereses de BEJARANO MORALES, por cuanto  el  casacionista  no  sólo  carece  de interés, sino que además se abstuvo de  desarrollar correctamente el cargo.   

En relación con el interés, resulta claro,  de  acuerdo  con  lo  expresado reiterada y pacíficamente por esta Corporación  que  en  relación con sentencias proferidas en desarrollo de manifestaciones de  conformidad  con  los  cargos  imputados,  y  preacuerdos,  el  condenado  tiene  ostensiblemente     reducida     su     posibilidad     impugnatoria1:   

“1.2.1.   La   aceptación   de   los  cargos.   

Es de la esencia del proceso penal acusatorio  que  un  juez  imparcial  decida  en  un  juicio  público  con  inmediación  y  controversia  probatoria  acerca  de  la  responsabilidad  del  procesado, en el  contexto  de  un  sistema  que  da  cabida,  de  una parte, a la aplicación del  novísimo  principio de oportunidad, y de otra, a trámites que permiten decidir  anticipadamente  sobre  el  objeto  del  proceso  sin controversia probatoria ni  juicio.    

La aceptación de cargos es precisamente una  de  las  modalidades  de  terminación  abreviada del proceso, que obedece a una  política  criminal cifrada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia  mediante  el  consenso de los actores del proceso  penal,  con  miras  a  que  el  imputado  resulte beneficiado con una sustancial  rebaja  en  la  pena  que  habría  de imponérsele si el fallo se profiere como  culminación  del  juicio  oral,  de  una parte, y de otra, que el Estado ahorre  esfuerzos y recursos en su investigación y juzgamiento.   

En tal actuación y en el marco del principio  de  lealtad  que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de cargos de  un  acto  unilateral  del  procesado,  que  decide allanarse a los que le fueron  formulados  en  la  audiencia  imputación  con  el  fin  de  obtener una rebaja  significativa     en     el    quantum    de    la    pena     –como  ocurre  en este caso–,  no  hay  lugar  a  controvertir con  posterioridad  a  la  aceptación  del  allanamiento  por  parte  del  Juez,  la  lesividad  del  comportamiento,  o  a  aducir  causales  de  justificación o de  inculpabilidad.   

En  otras  palabras, luego de que el Juez de  control  de  garantías  acepta el allanamiento por encontrar que es voluntario,  libre  y  espontáneo,  no  es posible retractarse de lo que se ha admitido y el  Juez  de  conocimiento  debe  proceder  a  señalar  fecha  y  hora  para dictar  sentencia  e  individualizar  la  pena  (artículos  131  y 294 de la ley 906 de  2004).  En  consecuencia,  es  incompatible  con  el  principio de lealtad, toda  impugnación  que busque deshacer los efectos del acuerdo o la aceptación de la  responsabilidad.   

Por  lo mismo, y es una primera conclusión,  la    demandante   carece  de   interés   para   controvertir   en   sede   de  casación  (y  desde luego también en las instancias)  aspectos   relacionados   con   el   injusto   y  su  responsabilidad.   En   consecuencia,   la  Corte  se  abstendrá   de   considerar,   por   esas   razones,  el  tercer  cargo  de  la  demanda.   

Ahora  bien, si la aceptación de los cargos  corresponde  a  un  acto  libre,  voluntario  y espontáneo del imputado, que se  produce  dentro  del  respeto  a sus derechos fundamentales y que como tal suple  toda  actividad  probatoria  que  permite  concluir  más  allá  de  toda  duda  razonable  que  el procesado es responsable de la conducta, el Juez no  tiene  otra  opción  que dictar sentencia siendo fiel al marco  fáctico   y   jurídico  fijado  en  la  audiencia  de  imputación.   

De ello se sigue una segunda conclusión: el  procesado  tiene facultad para discutir en apelación y posteriormente alegar en  casación  la  vulneración  de  sus  garantías fundamentales, el quantum de la  pena  y  los  aspectos  operacionales  de la misma, aspecto éste último que le  está  vedado  controvertir a quien precauerda con la fiscalía los términos de  su  responsabilidad  y  el quantum de la pena, siempre y cuando el Juez, como le  corresponde,  los  haya  respetado  (inciso  4  del  artículo  351  ley  906 de  2004)”   

Ahora  bien,  en  relación  con  el  cargo  formulado,  se  observa  claramente  que  lo que se discute es el alcance de una  expresión  contenida  en  el  escrito  en  que  se recoge el acuerdo, documento  según el cual:   

“Que a cambio de la aceptación de cargos y  de  la  responsabilidad  del  imputado,  además de la  colaboración  efectiva  con la justicia, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  a  través  del  Fiscal  03, Delegado ante los Jueces  Penales   del   Circuito  Especializados,  adscrito  a  la  Unidad  Nacional  de  Descongestión  y  Apoyo,  le ofrece al imputado una rebaja punitiva equivalente  al  cincuenta  por ciento (50 %) de la pena a imponer contemplada para el delito  aceptado,  que  es  el  señalado  en  el Art. 340 del C. de P.P., Inc. 2 con el  agravante  establecido  en  el Art. 342 ibídem. De la misma manera ratifica las  circunstancias  genéricas  de menor punibilidad de las que se hicieron mención  en  la  imputación y no se opone a la continuidad de  la   prisión   domiciliaria.”  (Página  35  de  la  carpeta)   

La  discusión surge entonces del alcance que  la  defensa  pretende  que  se  le  asigne  a  la  expresión  según la cual la  Fiscalía  “no  se  opone  a  la  continuidad de la  prisión domiciliaria”.   

El  casacionista  pretende  por la vía de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  la  Corte considere que en la  expresión  aludida  se  encuentra  el  compromiso del acusador en el sentido de  solicitar  la  prisión  domiciliaria,  o  de concederla como parte del acuerdo,  cuando  en  realidad  lo  que  contiene  dicha  expresión es su indiferencia en  relación   con   su  eventual  concesión  por  parte  del  juez,  la  cual  se  manifestaría  en  su no oposición, lo que, al parecer fue cumplido por el ente  acusador.   

De  ahí  que la Sala considere que, tanto el  demandante  carece  de  interés  por  no  existir  vulneración  alguna  de  la  Constitución  ni  de  la  ley  con  el  fallo  acusado,  y  que  además  no se  desarrolló  en  su contra un cargo con entidad suficiente como para comprometer  su  doble  presunción  de  acierto  y legalidad; por lo que la demanda NO SERÁ  SELECCIONADA.   

Como  quiera  que  según lo dispuesto por el  inciso  segundo  del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal, contra la  decisión  de  no  seleccionar  la  demanda procede el mecanismo de insistencia,  conviene  reiterar  el  precedente  jurisprudencial2   que   delinea  sus  ribetes  procedimentales,   ante   la  omisión  legislativa  de  la  definición  de  su  trámite:   

“a-    La  insistencia  sólo puede ser promovida por el demandante dentro de los cinco (5)  días  siguientes  a  la notificación de la providencia que inadmite la demanda  de  casación u oficiosamente provocada dentro del mismo lapso por alguno de los  Delegados   del   Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  –en       tanto       no      sean  recurrentes– el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  inadmisión.   

b-  La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en un término de quince (15) días”.   

En   mérito  de  lo  expuesto,   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal.   

RESUELVE  

1.  No  SELECCIONAR  la demanda de casación presentada contra la sentencia  del   21   de   enero   de  2010,  emitida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,   que  confirmó  con modificaciones el fallo proferido el 13  de  noviembre  de  2009 por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito Especializado  de  Bogotá,  que  condenó  a  CÉSAR  DAVID  BEJARANO MORALES por el delito de  concierto para delinquir agravado.   

2)   Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia a la luz de  lo dispuesto  en  el inciso segundo del artículo 184 del Código de  Procedimiento Penal.   

Notifíquese, cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Permiso  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO         GÓMEZ   QUINTERO                                      AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE LUIS QUINTERO  MILANÉS                                                         YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

      JULIO     ENRIQUE     SOCHA  SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                 Cita medica   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia de casación de 20 de octubre de 2005, radicado 24026.   

2 Auto  de diciembre 12 de 2005, dentro del radicado 24.322.     

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