33913(28-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  33913   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 236.   

Bogotá  D.C.,  julio veintiocho (28) de dos  mil diez (2010).    

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisión  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del incriminado  LUIS    ÁNGEL    AGUILAR    ESCOBAR   contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de San Gil el 9 de diciembre de 2009, confirmatorio del dictado por el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Vélez el 8 de octubre anterior, mediante  el  cual  lo  condenó como autor penalmente responsable del delito de tráfico,  fabricación  y porte de armas o municiones de defensa personal, en la modalidad  de porte.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros,  fueron  declarados  por  el  ad   quem,  en  el  fallo  impugnado, de la siguiente forma:   

“Tuvieron ocurrencia en horas de la tarde  del  18  de  noviembre  de  2008  en  jurisdicción  del  municipio  de Barbosa,  concretamente      en      el      sector     conocido     como     ‘piedra     de     pato’ en la rivera del río Suárez.   En  esa  ocasión miembros de la policía de la citada localidad llevaron a cabo  un  operativo  preventivo y requisaron a diversas personas, sorprendiendo a LUIS  ÁNGEL  AGUILAR  ESCOBAR  con  un revólver marca Smith & Wesson, calibre 38  largo,  special,  número  interno  9469  y  externo  528098,  capacidad de seis  cartuchos,  respecto  del  cual  no  tenía permiso de autoridad competente para  portarlo”.   

Por  los  hechos  anteriores, la fiscalía,  durante  audiencia  preliminar  celebrada  al  día  siguiente  ante  el Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de Garantías de la misma  localidad,  formuló  imputación  en  contra  de LUIS  ÁNGEL  AGUILAR  ESCOBAR por el delito de porte ilegal  de   armas   de   fuego  de  defensa  personal,  que  no  fue  aceptada  por  el  incriminado.   

El  18  de  diciembre  ulterior,  el  ente  investigador  presentó  escrito  de  acusación en contra del mencionado por el  mismo  delito  imputado,  sancionado  “en  el Libro  Segundo,  Artículo  365  del Código Penal, modificado por el 38 de la Ley 1142  de  2007”,  cargo  posteriormente  ratificado en la  audiencia  de  formulación  de acusación realizada el 17 de abril de 2009 ante  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Vélez y en donde se procedió al  respectivo descubrimiento probatorio.   

Celebradas   las  respectivas  audiencias  preparatoria,  el  14  de  mayo siguiente, y de juicio oral, el 17 de septiembre  posterior,  durante  la  cual  se anunció el sentido condenatorio del fallo, se  fijó  fecha  para  su  lectura  el  8  de  octubre de la misma anualidad.   Llegada  la  fecha y hora programada, se dio lectura a la decisión por medio de  la  cual  se  condenó  al acusado LUIS ÁNGEL AGUILAR  ESCOBAR  a  la pena principal de cuarenta y ocho (48)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas  por  el  mismo  término,  al  encontrarlo  responsable  del  delito de tráfico, fabricación y porte de armas o municiones  de defensa personal, en la modalidad de porte.   

Así  mismo,  le  negó  el subrogado de la  condena  de  ejecución condicional y le concedió el sustitutivo de la prisión  domiciliaria.   

         Impugnada  la sentencia por la defensa, el Tribunal Superior de San  Gil  la  confirmó  el 9 de diciembre de 2009, decisión contra la cual el mismo  sujeto  procesal  interpuso  y  sustentó  recurso  extraordinario de casación,  mediante  demanda,  sobre  cuya  admisibilidad  se  ocupa  la  Sala.     

LA  DEMANDA   

         En  su  interior  se formulan dos cargos contra el fallo de segunda  instancia.   El  primero,  al  amparo  de  la  causal  segunda de casación  contenida  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004  por nulidad de la  actuación  procesal,  al  encontrar que se configuró violación del derecho de  defensa   y,  el  segundo,  con  sustento  en  la  causal  tercera  ibídem,  a  consecuencia de un error de  hecho por falso raciocinio en la apreciación probatoria.   

         A  fin  de  no  incurrir  en  repeticiones  innecesarias,  la  Sala  asumirá  el  estudio  de los dos cargos en el siguiente acápite considerativo,  para  lo  cual  comenzará  por  compendiar  brevemente su planteamiento y, acto  seguido, a exponer su criterio en torno a su admisibilidad.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         1.  Primer cargo. Causal segunda, nulidad por violación del derecho  de defensa:    

         1.1. Planteamiento:   

         

         Para  el  demandante  el motivo de casación invocado se configuró  por  violación  del  derecho  de  defensa  contenido  en  el  artículo 457 del  estatuto  procesal “la cual consistió fácticamente  en  el  hecho  de  que  el  defensor  técnico  que  actuaba  en la audiencia de  sustentación  oral  del  recurso  de  apelación  en  contra  de  la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia,  omitió  alegar,  como  fundamento  de su  recurso,  varios aspectos relacionados con la defensa de su prohijado que eran y  son     fundamentales    para    los    intereses    del    mismo”.   

         En  tal  sentido,  parte  de  señalar  que  fueron dos los asuntos  centrales  planteados  por  la  defensa a lo largo del juicio oral: “la  funcionalidad  del  arma  y  su  autenticidad”,  recordando  que  el  profesional que intervino en tal actuación  procesal  fue  designado  sólo  para ella “luego no  existía  actividad  global  propia  para  analizar por fuera de esta diligencia  para  medir  su  comportamiento  frente  al proceso, lo que nos obliga a centrar  nuestra atención en dicha audiencia”.   

         A  juicio  del  censor, acorde con la naturaleza de la audiencia de  sustentación  en  segunda  instancia  del  recurso  de  apelación,  al letrado  “le  correspondía  determinar  la totalidad de las  líneas   defensivas”,   pues   carecía  de  otra  oportunidad para exponerlas en las instancias.   

         Así,  indica,  en  cuanto  a  la funcionalidad del arma se hubiera  podido  discutir  la  credibilidad  otorgada  al  dictamen rendido por el perito  Valerio  Cáceres López el  19  de  agosto de 2009, incorporado al juicio oral como evidencia No. 3, pues de  conformidad  con el artículo 420 del ordenamiento procesal, para su valoración  ha  debido  considerarse  la  claridad  y exactitud al momento de identificarla,  pues  el  experto  no se percató del grabado de su número externo, como sí lo  hicieron   otros   dos  peritos  que  realizaron  estudios  similares  sobre  el  artefacto.   

         Si  ello  se  hubiere puesto en contexto por el profesional, agrega  el  casacionista, “se generaría no sólo la duda de  si  el arma era efectivamente la misma”, sino que en  punto   de   su  funcionalidad  perderían  credibilidad  las  afirmaciones  del  mencionado  experto,  por ponerse en duda su idoneidad al rigor de las reglas de  la  sana  crítica,  en tanto de este aspecto depende si el arma que tuvo en sus  manos   para   el   examen   fue   la   misma   examinada   por  los  otros  dos  peritos.   

         También   se   pudo   discutir,   complementa  el  recurrente,  la  credibilidad   del   dictamen  de  Óscar  E.  Cepeda  Martínez,  con  sustento  en el citado artículo 420  del  estatuto procesal “porque no parece consistente  que  un  perito  afirme  en  la  audiencia  del  juicio  oral  que  el  arma  es  permanentemente  inservible  es  decir,  no  funcional  y  minutos después diga  justamente lo contrario”.   

         Más  adelante,  en  el  acápite  de  la trascendencia del reparo,  sostiene  el  censor  que  la  actitud  pasiva  de  su predecesor frente a estos  aspectos  claves  del proceso afectó los intereses de su asistido, toda vez que  en  ellos  se  basó  el  fallo  de responsabilidad proferido por el juzgador de  primer  grado al inferir que “el arma incautada a mi  cliente  era  apta  para  disparar  como  quiera  que de sus hallazgos se podía  concluir  que  la  misma  podía  percutir  así  sea  un  proyectil  de  manera  defectuosa”.   

         Por  lo  tanto,  se trataba de tópicos que le correspondía alegar  no  como  estrategia  de  defensa  sino  de  acuerdo  a lo que surgía de manera  razonable  en  el  proceso.   Además, resultaban tan evidentes que incluso  sobre  ese  aspecto  de  la  funcionalidad  del  arma  se  detuvo  el agente del  Ministerio Público durante la aludida audiencia de sustentación.   

         Termina  por  señalar que en virtud de  los  principios de trascendencia, excepcionalidad o residualidad que informan la  procedibilidad  de  las nulidades no existe mecanismo distinto a su declaratoria  para  reparar  la  denunciada  ausencia de defensa técnica, cuyos efectos deben  retrotraerse  a  partir del 20 de noviembre de 2009, fecha en la cual tuvo lugar  la  audiencia de sustentación oral del recurso de apelación, con el fin de que  sea nuevamente realizada por el Tribunal de San Gil.   

         1.2.   Consideraciones   de   la   Corte:   

         Se  ha  sostenido  de  manera reiterada por esta Colegiatura que la  propuesta  de  nulidad,  ahora contemplada en la causal segunda de casación del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, exige un mínimo de presupuestos para que  se tenga por adecuadamente formulada.   

         Así,  es  preciso que se identifique claramente el motivo sobre el  cual  gira  la  irregularidad  advertida,  la causal de nulidad que procede como  consecuencia   de  ese  defecto,  las  normas  que  apoyan  la  pretensión,  la  trascendencia  que genera, bien en el marco de la estructura del proceso o en el  de  las  garantías  fundamentales  de  quien la invoca, y el momento procesal a  partir  del  cual  se debe invalidar la actuación, así como la indicación del  funcionario           judicial           al           cual           corresponde  rehacerla.           

         A  efectos  de su admisión, también debe aflorar que se justifica  acudir  a  este  remedio  extremo  por  cumplirse los principios que orientan su  declaratoria,   a   saber,   taxatividad,   instrumentalidad   de   las  formas,  trascendencia, protección, convalidación y residualidad.   

Por tanto, sólo en cuanto se verifique que  la  censura  reúne  los anteriores condicionamientos, se podrá concluir que se  ajusta  a  los  requisitos  previstos  en  los artículos 183 y 184 ibídem  para  entrar  a  su  estudio de  fondo.   

         Pues   bien,   luego   de   examinar   el  contenido  del  reproche  fundamentado  en  la  causal  segunda de casación por violación del derecho de  defensa,  se  verifica que no se infiere trascendencia alguna en orden a generar  la nulidad de la actuación que amerite acudir a esta solución.   

En  primer lugar, dado que en su desarrollo  el  demandante  se  limita  a  disentir de la actividad defensiva desplegada por  quien  lo  antecedió  durante  la  audiencia  de  sustentación  del recurso de  apelación  contra  el  fallo  de  primer  grado,  en  tanto no actuó según su  parecer  o  acorde  con los argumentos que, desde su perspectiva subjetiva, eran  imprescindibles    para    sacar    avante   la   situación   de   LUIS ÁNGEL AGUILAR ESCOBAR.   

Al  respecto,  ha sido enfática la Sala en  señalar  que dicho cuestionamiento a la labor de un profesional que antecede en  la  labor no ostenta la idoneidad de erigir un menoscabo del derecho de defensa,  a  no  ser  que  se  trate  del desamparo absoluto de la gestión, el cual no se  logra  verificar conforme con los argumentos expuestos,  de  cuyo  contenido  únicamente  se  infiere,  a  pesar  de  que  el  libelista  manifiesta  de  forma  insistente  que  no  incurrirá  en esa actitud, su llano  desacuerdo   con  la  estrategia  desplegada  por  quien  le  antecedió  en  la  labor.   

En  la misma dirección se ha recalcado que  la  estrategia de defensa, así la intervención se haya circunscrito a una sola  actuación  procesal  o  diligencia,   como  ocurrió  en este caso, varía  dependiendo  del  estilo  de  cada  profesional,  dado  que no existen fórmulas  uniformes   o  estereotipadas.   Simplemente,  se  reitera,  cada  defensor  diseña  la  táctica  que a su juicio resulta más adecuada y se ajusta mejor a  su  estilo  o  a  la  visión  que  tiene  del  proceso,  de  modo que la simple  disparidad  sobre ese punto no tiene la entidad de socavar el derecho de defensa  técnica.   

Tanto más lo expuesto cuando se advierte que  el  profesional  que tuvo a su cargo la defensa del procesado en la audiencia de  sustentación  oral  del  recurso  de  apelación interpuesto contra el fallo de  primer  grado  sí  se  refirió  al  punto  principal  echado  de  menos por el  casacionista,  con  lo  cual se contraría el principio de corrección material,  regente  en  sede casacional por estar vinculado con la exigencia de la adecuada  argumentación,  según  el  cual  en la fundamentación de los cargos el censor  debe  apegarse  a  la  realidad  procesal  y  no  alterarla con el propósito de  sustentar una tesis.   

En  efecto,  consultados los registros de la  actuación1  se  advierte  que  el  argumento  basilar expuesto por el defensor  giró  en torno de los inconvenientes en la individualización e identificación  del  arma  por  las  eventuales  contradicciones  en  que habrían incurrido los  peritos  al  examinarla  en cuanto a la presencia de un número externo, aspecto  que,  según  el  casacionista,  no  fue  debatido  y  que  era fundamental para  desvirtuar su funcionalidad.   

Precisamente   a    raíz   de   esa  manifestación,  la  cual,  se  insiste, prácticamente constituyó el eje de la  intervención  del  abogado,  el Tribunal se ocupó in  extenso  del tema planteado comparando el contenido de  los    tres    peritajes   practicados   al   arma2, para concluir:   

“…la  Sala  conforme  con el Ministerio  Público  no  está  de  acuerdo  en  que  no  se  haya  individualizado el arma  decomisada  o que existan dudas sobre el particular, de manera que siendo ese el  motivo  de  impugnación  el  recurso se decidirá adversamente a la pretensión  del  censor, esto es, se confirmará la sentencia”3.   

Ahora,   que  dicho  profesional  no  haya  relacionado   los   supuestos   problemas   de  identificación  del  arma  para  descalificar  la idoneidad del perito Valerio Cáceres  López,  quien  en  su  examen  no detectó su número  externo  como  sí  lo  hicieron  los  demás,  de  la  forma  como lo expone el  casacionista,  no  sólo  traslada  la  controversia  a  terrenos  de  la simple  disparidad  estratégica, del todo inviable, como ya se precisó, para sustentar  la  violación  del derecho de defensa, sino que se ofrece intrascendente, pues,  como    lo    señaló    el   ad   quem, los diferentes  peritajes  fueron  coincidentes en destacar el particular problema mecánico del  cilindro  del  revólver, el cual no fue óbice para establecer su funcionalidad  y,    por    el    contrario,    despejó    cualquier   duda   acerca   de   su  individualización.   

Así  las  cosas, como quiera que el reparo  propuesto  con sustento en la causal segunda no evidencia de manera trascendente  menoscabo  alguno  de  la  garantía  referida  por  la recurrente, razonable se  impone  colegir  que  no  satisface los presupuestos exigidos en las preceptivas  referidas    del    estatuto    procesal    penal   y,   en   esa   medida,   se  inadmitirá.           

         2.   Segundo   cargo   (subsidiario).   Causal  tercera,  violación  indirecta   de   la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  derivado  de  falso  raciocinio:    

         2.1. Planteamiento:   

Para  el casacionista, este error atribuido  al  fallo  se  verificó  “en  la valoración de la  prueba  pericial  balística  rendida  por el señor Valerio Cáceres López, al  ser  ésta  contraria  a  los  postulados  de  la  sana  crítica (violación al  principio  de  tercero excluido)”, lo cual condujo a  la  aplicación indebida del artículo 365 de la Ley 599 de 2000, modificado por  el  38  de la Ley 1142 de 2007, y a la falta de aplicación de los artículos 29  de  la  Constitución  Política, 9 y 10 de la Ley 599 de 2000 y 7 de la Ley 906  de 2004.   

El juzgador de segundo grado al incurrir en  el  yerro  referido,  expone, asumió de manera equivocada que el arma objeto de  dictamen  se  encuentra  debidamente  determinada  e individualizada o, dicho de  otro  modo,  que  “fue  la  misma  con  la  que  se  realizaron   los   demás  dictámenes  periciales  que  obran  en  el  proceso,  incluyendo,  claro  está,  aquél  cuya valoración es objeto de reproche en el  presente cargo”.   

Ello,  al  señalar  que dichos dictámenes  “más   que   contradecirse   se   complementan  y  definitivamente  llevan  a concluir que existe identidad por cuanto se consignan  sus  características, e integridad, en cuanto a que sin duda se trata del mismo  objeto material”.   

Con  la  apreciación  errada  del medio de  prueba  referido,  sostiene,  se vulneró el principio de la lógica tradicional  del  tercero  excluido,  según  el  cual “entre dos  proposiciones   que   juntas  forman  una  contradicción  no  hay  una  tercera  posibilidad,                  la                  tercera                  está  excluida”.                

En  este caso, el dictamen pericial rendido  por  Valerio Cáceres López  es  claro  en  señalar  que  el  arma objeto de estudio y del proceso no tenía  número   externo   de   serie.    Así  lo  ratificó  el  experto  en  el  interrogatorio  efectuado  en  el juicio oral luego de señalar que llegó a esa  conclusión tras inspeccionar minuciosamente el arma.   

Dos  dictámenes distintos al anterior, por  su   parte,   son   claros   en   afirmar   que   el   arma   de   fuego  objeto  de            éstos, y que se  supone  es  la  misma, “sí contiene número externo  de    serie,    no   sólo   en   una   sino   en   tres   partes”.   

En ese sentido, no es posible que una misma  arma  de  fuego  tenga  un  número  de  identificación y al mismo tiempo no lo  exhiba,  “por  lo  que  existe  una  contradicción  evidente  en el proceso cuya solución desde ya diremos que iba mucho más allá  de  sostener  que  se  trató  de  un  simple lapsus mental, descuido o falta de  instrumentación    porque   de   las   mismas   pruebas   se   desprende   otra  cosa”.   

El  juez, ante esta situación, puntualiza,  ha  debido  verificar  si  con  las reglas de la sana crítica la contradicción  mencionada  era superable o no, para después determinar si era viable dentro de  la  lógica dar una tercera solución alternativa “y  no     proponer     una     como    apresuradamente    lo    hizo”.   

En ese contexto recuerda como las pautas de  la  sana  crítica  en  relación  con  la  prueba  pericial se encuentran en el  artículo  420 de la Ley 906 de 2004 y, respecto del testimonio, en el 404 de la  misma  normatividad,  como  así  también lo ha señalado esta Sala, normas que  fueron  desconocidas  por  el juzgador cuando “ancla  deducciones  que  son  incompatibles  con  el  sano  juicio  en cuanto se tornan  contrarias   a  la  razón  y  a  lo  demostrado  en  el  proceso”.   

Así,  estima,  ha  debido  considerarse la  manera  como  el perito realizó la inspección del arma.  En este caso, el  perito    Valerio   Cáceres   López   procedió  detalladamente  y  no  de forma olvidadiza o descuidada,  aspecto  que,  sumado  a lo advertido por los demás expertos en el entendido de  que  el  número  externo  se  apreciaba  a  simple vista, pone de manifiesto la  equivocación   del   sentenciador   de   primer   grado   al  señalar  que  la  incompatibilidad  se  originó  en el hecho de que no todos los peritos observan  desde  el  mismo plano de percepción, tienen igual nivel de visión, las mismas  herramientas para observar o el mismo cuidado.   

En ese orden de cosas, precisa, el dictamen  rendido  por  el experto en mención no podía tenerse como fundamento del fallo  o  complementario  de  los  otros  dos  “porque los  errores  presentados por éste eran insalvables, luego la teoría de que fue una  falta  de  cuidado,  olvido, lapsus o ausencia de instrumentos no tenía ningún  fundamento”.   

La testificación del perito, añade, sufre  gran    desmedro   porque   existían   circunstancias   relacionadas   con   la  identificación  del  arma  sobre  las cuales no podía equivocarse, máxime si,  como   lo  precisó,  inspeccionó  el  arma  de  forma  detallada,  tenía  una  experiencia  de  15  años  y  los  demás  expertos  señalan que el número de  identificación externo era apreciable a simple vista.   

A  continuación,  aduce que la regla de la  lógica  apropiada  para  valorar  la  prueba  indicada  era  el principio de no  contradicción,  entendido  por  tal  como  que  “el  mismo  atributo  no  puede, al mismo tiempo, pertenecer y no pertenecer al mismo  sujeto y en el mismo respecto”.   

Lo  anterior,  según  dice,  porque  es un  imposible  que  se  predicara de una misma arma la existencia de un grabado o no  en  dos  dictámenes  periciales  diferentes.   Ante  esta comprobación de  premisas  contradictorias,  el  juzgador  no  podía arrojar conclusión alguna,  “lo que traducido a nuestro proceso significaba que  debía  escoger  o  desechar  como verdadero o falso (creíble o no creíble) en  términos  lógicos  uno  de  los  dos  grupos  de  peritazgos,  pero no los dos  simultánea o complementariamente”.   

En el capítulo de trascendencia, siguiendo  el  método  de  la  tratadista  española  Marina  Gascón  Abellán en su obra  “Teoría  del  racionamiento  y  la  argumentación jurídica”, y en la fase  correspondiente  al  “grado  de confirmación de la hipótesis sostenida en la  sentencia”,  en  cuanto  al  criterio  de la “calidad epistemológica de las  pruebas  que  la confirman” señala que la hipótesis del juzgador se debilita  porque  la  contradicción  advertida  no se supera simplemente afirmando que se  trató  de  un problema de percepción o de falta de medios para poder verificar  los  números  de  identificación del arma sino porque hay grupos de prueba que  se enfrentan entre sí.   

Además,   porque  el  número  de  pasos  inferenciales  que  separan  la  hipótesis consistente en que la contradicción  relacionada  con  la  identificación  del  arma incautada obedece a un descuido  “implica  un mayor número que aquella que sostiene  la  hipótesis  de  que  la contradicción antes mencionada obedece a una razón  distinta,   lo   cual   coloca   en   duda  la  identidad  e  integridad  de  la  prueba”.   

Igualmente, por el criterio subsiguiente de  “la  cantidad o variedad de pruebas o de confirmaciones de hipótesis”, pues  las  testimoniales  de Edwin David Ardila y   Willy   Savier   Rhenals  Martínez  y  la periciales de Valerio  Cáceres  López  y  Óscar  Cepeda   Martínez,   a   pesar  de  su  variedad  y  procedencia   diversa,   antes   que   confirmar  la  hipótesis  del  fallo  la  rebaten.   

También  se  cumple  el  requisito  de  no  refutación  con  el informe rendido por Robín Oviedo  Carmona, quien identificó el arma con el No. 528098,  contradiciendo   al   primer  perito  y  hallando  el  número  en  tres  partes  diferentes.   

Igual  ocurre, acota, con el presupuesto de  la  “mayor  probabilidad  que  cualquier  otra  sobre los mismos hechos”, en  tanto  se debe privilegiar la hipótesis más probable, lo cual excluye la tesis  del  juzgador  de  primer grado de que la no percepción del número se debió a  la  falta de experiencia o superficialidad, por ser meramente especulativa, como  quiera  que  no tiene soporte probatorio ni puede verificarse con una máxima de  la experiencia que la fundamente.   

De lo anterior colige que si no está claro  cuál  fue  el  arma  utilizada  para  cometer  el delito, tampoco puede existir  convencimiento  más  allá  de toda duda razonable sobre la responsabilidad del  acusado.   Ante  esa  duda,  depreca  casar  el  fallo  para,  en su lugar,  absolver a su defendido del delito imputado.   

2.2. Consideraciones de la Sala:   

Como en este reparo el libelista plantea la  causal  de  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de un error de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación  probatoria, para encarar el  análisis  acerca  de  su admisibilidad pertinente resulta evocar de forma breve  su naturaleza.   

La Corte ha precisado que esta modalidad de  error  se configura cuando en dicha labor el funcionario judicial desatiende las  reglas de la sana crítica.   

En  tal  supuesto,  el  demandante  está  compelido  (i)  a  identificar  la  prueba  sobre la cual recae el yerro; (ii) a  establecer  el  mérito  que  se  le  otorgó  al  medio  de  convicción  en la  sentencia;  (iii) debe señalar cuál es el postulado de la sana crítica que en  su  criterio  fue  vulnerado,  esto  es,  el principio lógico, la máxima de la  experiencia, o la regla científica quebrantada.   

Acto  seguido:  (iv)  debe  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  finalmente,  (v)  está en la obligación de precisar la trascendencia del error  frente  a  la  ley  sustancial,  lo cual le impone exponer los argumentos que lo  conducen  a  estimar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del  interés    que    representa    como    consecuencia    necesaria   del   error  alegado.           

         

En  el asunto que convoca la atención, si  bien  de  la  argumentación  ofrecida  se  extrae que el casacionista conoce la  naturaleza  del error postulado, al punto de que no sólo identifica el medio de  prueba  contra  el  cual  endereza la réplica (el dictamen pericial rendido por  Valerio  Cáceres  López y  su  atestación  vertida  en el juicio oral), sino que también señala la regla  de  la  sana  crítica  en su sentir desconocida (el principio de lógica formal  conocido  como tercero excluido), la forma como los juzgadores en la valoración  de  la  prueba  se  apartaron  de ella y la trascendencia del defecto valorativo  (para  lo  cual  se  basa en un trabajo desarrollado por la tratadista española  Marina  Gascón  Abella), no lo es menos que su propuesta carece de esta última  connotación.           

En  efecto,  no  se  puede  desconocer  la  propiedad  de  la censura al igual que el ingente esfuerzo desplegado en aras de  estructurar  un cuestionamiento basado en la lógica formal, pero ello no oculta  sus  deficiencias argumentativas, en especial porque ninguna trascendencia surge  del supuesto error de apreciación probatoria postulado.    

Ciertamente, a través del yerro valorativo  esbozado,  el  censor  pretende  demostrar  que  los  juzgadores  erraron en sus  conclusiones,    aparejadas    con    la    responsabilidad    de   AGUILAR        ESCOBAR,  ante  la  duda  que  surge frente a la  identidad  del  arma.   En  cuanto al sentenciador de primer nivel, afirma,  porque  atribuyó  al  hecho  de que el perito Valerio  Cáceres  López  no detectara el número externo del  arma  -que  sí  evidenciaron otros dos peritos- a una ligereza, o descuido, o a  que  no  siempre  la  percepción  de los auxiliares de la actividad judicial es  idéntica, dados los diversos medios o métodos utilizados.   

Por  su  parte,  respecto del Tribunal, al  concluir     que     realmente    no    existe    contradicción    entre    los  dictámenes         en      mención,      sino      que      son  complementarios.   

El   casacionista   afirma   que   estas  conclusiones  desconocen  el principio de la lógica formal del tercero excluido  y   que   dichos   funcionarios   han  debido,  más  bien,  aplicar  el  de  no  contradicción.   Por  tal  razón,  aflora duda sobre si el arma objeto de  estudio  por los expertos fue la misma incautada a su defendido, lo cual demanda  la  absolución  del  procesado.   Sin  embargo,  estima  la  Sala,  en  su  construcción  el  censor  va  mucho  más  allá de lo permitido por la lógica  formal atendida la naturaleza de las estructuras referidas.   

Así,  el  principio  aristotélico  del  tercero                   excluido4,    nefasto    o    excluso  (tertium   non  datur)  o  “una  tercera  cosa  no  se  da”,  según  el cual la disyunción   de   una   proposición  y  su  negación  es  siempre   verdadera,   sin  permitir  formulas  intermedias,  fue  adecuadamente  aplicado  en los razonamientos de los juzgadores, pues los juicios se construyen  sobre  categorías  específicas  y no sobre la generalidad, como lo pretende el  censor,  desbordando  los  límites del principio e incurriendo en la denominada  falacia5   de   la   generalización   a   partir   de   una   información  incompleta6.          

Ciertamente, cuando se advierte que existen  dos      premisas  con  diversos  contenidos  siendo  uno  o  alguno  de  ellos contradictorio u opuesto al contenido de la otra, es claro que  respecto   de  ese  contenido  o  contenidos  contradictorios  específicos,  en  aplicación  del  principio  lógico  esgrimido  por  el  actor,  no  es  viable  construir  afirmaciones diversas a las enfrentadas, pues una de ellas es cierta,  lo    que    sí    puede    ocurrir    con    los    aspectos    que   no   son  contradictorios.   

Un    ejemplo    ilustra    mejor   la  situación:   si  se  dice que Pedro es blanco (premisa verdadera) y que no  es  blanco  a la vez (premisa falsa), no es correcto inferir una tercera opción  como  sería  la de que Pedro es negro, en aplicación del principio del tercero  excluido.   Sin  embargo,  si  en  la  información  contenida  en  las dos  premisas  se  brindan  características  adicionales de Pedro, como que es bajo,  tal  aporte  resulta  complementario y no se puede excluir por la contradicción  inicial.  Razonar  de  modo  diverso,  esto  es, excluir la información común,  configuraría  la falacia argumentativa señalada.        

Es lo que ocurre con la argumentación del  casacionista.   Tiene   razón   cuando  advierte  que  ante  las  dos  premisas  excluyentes:  (i) el arma no presenta número de identificación externo (según  lo   afirmado   por   el   perito   Valerio  Cáceres  López)   y   (ii)   el  arma  presenta  número  de  identificación  externo  (conforme  lo  señalado  por  los otros dos expertos)  resulta  incorrecto  extraer  una  tercera  opción,  como  sería la de que los  dictámenes  son  complementarios respecto de ese aspecto, pues sólo una de las  opuestas es verdadera.   

No obstante, el actor incurre en la falacia  argumentativa  de  generalizar  con  el  fin  de descartar la credibilidad de la  prueba   sin  considerar  toda  la  información  vertida  en  los  dictámenes,  emitiendo  un juicio sesgado.  Así, deliberadamente deja de lado que todos  los  dictámenes  son  coincidentes  al precisar las demás características del  arma  (diferentes  a  la presencia del número externo) y, especialmente, cuando  destacan  el  particular  o  sui generis defecto  en  el  mecanismo  que no afecta su funcionalidad, el cual  suprime  cualquier duda en punto de su individualización, permitiendo concluir,  en  contraposición  a  lo  que  él pregona, que el arma examinada por los tres  peritos es la misma.        

De  esta  forma,  resulta  intrascendente  frente  a  la  debida  identificación  del arma detenerse en la conclusión del  fallador   de   primer   nivel   cuando   señala  que  el  perito  Cáceres   López   incurrió   en  una  ligereza,  falta  de cuidado o que tuvo una percepción diversa al revisarla por  no  detectar  el  número externo que los demás peritos sí consignaron, porque  para  ese  efecto basta constatar que las demás características y, se insiste,  el  especialísimo  defecto  del  mecanismo,  fueron  advertidos  por  todos los  peritos,  lo  cual  elimina  la  posibilidad de equívoco en su identificación.   

Es  lo  que  usualmente  ocurre cuando dos  testigos  entran  en  contradicción respecto de una característica física del  autor  de un delito, no obstante coincidir en la mayor parte de ellas, al tiempo  que  destacan  de  forma  coincidente un defecto particular poco común, Vg. que  carece  de  un  brazo.   En  tal  caso  a  nadie se le ocurriría descartar  tajantemente  los  medios  de prueba por la única discrepancia encontrada entre  ellos.     

    

Tampoco  es  incidente  la conclusión del  Tribunal  en  el  sentido  de  que  los  dictámenes son complementarios, porque  claramente  se  infiere  que el sentenciador alude a las demás características  del arma y no al único aspecto en que se advierte contradicción.   

De otra parte, la argumentación presentada  por   el   libelista   es   insuficiente  y,  por  lo  tanto,  falaz7,  en  tanto  para  arribar de forma adecuada a la conclusión de que el arma incautada no fue  la  misma  examinada  por  los  expertos,  ha  debido evidenciar problemas en la  cadena  de  custodia,  temática sobre lo cual nada apuntala en su disertación.   

        Baste  lo  expuesto  para  colegir,  como  ocurrió con el anterior  reparo,   su   inadmisión,   por  la  presencia  de  las  reseñadas  falencias  argumentativas.   

En  conclusión,  la  Corte inadmitirá el  libelo  al  encontrar  que  no  satisface  los  presupuestos  estipulados en los  artículos  183  y  184  del  estatuto procesal penal y en cuanto no advierte la  necesidad  de  superarlos  en  atención  a los fines del recurso, ni de casarlo  oficiosamente por violación de las garantías procesales.   

Cuestión final:  

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación8,    como  sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un  mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –siempre  que  el  recurso   de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial–, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)            Es  potestativo  del Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)          El  auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de    LUIS   ÁNGEL   AGUILAR   ESCOBAR,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

         JOSÉ                        LEONIDAS                        BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

              IMPEDIDO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         AUGUSTO             J.            IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                     

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 C.d.  contentivo  de  la audiencia de argumentación oral celebrada el 20 de noviembre  de 2009.    

2  A  partir del folio 8 del fallo de segundo grado.     

3 Fol.  11 ibídem.   

4  En  su  “Metafísica”,  Aristóteles señala que “no  es  posible  que  se  dé algo entre los dos extremos de una  contradicción,  sino  que  es  necesario  afirmar  o  negar  una  cosa  de otra  cualquiera”.      

5 Para  Atienza,  Manuel,  “los  argumentos  falaces no son  simplemente  los  malos  argumentos, sino los argumentos que por su parecido con  los  buenos pueden confundir, engañar a los destinatarios de  los mismos e  incluso  al  que  los  emite”. Ver, en “El Derecho  como    Argumentación”.    Editorial    Ariel,    Barcelona,    2006,   pág.  107.   

6  WESTON,  Anthony, Las claves de la argumentación. Edición española a cargo de  Jorge  F.  Malem  (Universidad  Pompeau Fabra). Editorial Ariel, S.A. Barcelona.  Novena edición. 2004.          

7 Ver,  ATIENZA,  Manuel,  en  “Las Razones del Derecho, Teorías de la Argumentación  Oral”,  Centro  de  Estudios  Constitucionales,  Madrid,  1993,  pág. 118, al  comentar               la              obra              de              Stephen  Toulmin.             

8  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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