29715(30-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 29715  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.  206  

Bogotá  D. C., treinta (30) de junio de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  de  debida argumentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor   de  ERNESTO  OTERO  ARDILA,  contra la sentencia del Tribunal Superior de Distrito Judicial de  San   Gil  (Santander),  que  revocó  la  de  carácter  absolutorio  emitida en el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  esa  ciudad,  y  en  su lugar lo condenó como autor del delito de  falsedad  en  documento privado y le cesó procedimiento por el delito estafa en  modalidad de tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Según lo revela  el   proceso,   en   San  Gil  (Santander),  el  6  de  octubre de 2003, Pedro Antonio Rodríguez (de  73  años de edad), prometió en venta  a  ERNESTO  OTERO  ARDILA un  inmueble  ubicado en ese municipio, cuyo precio acordaron en veintidós millones  de         pesos        ($        22’000.000), de  los  cuales el primero recibió del segundo cinco millones de pesos ($             5’000.000)  la  misma  fecha,  en  la  cual  también  aquél  le  hizo  entrega  material  del  bien raíz a éste, quien se  comprometió  a  pagar  el  saldo  de  diecisiete millones de pesos ($            17’000.0000)  en seis meses, sin perjuicio de  hacer  abonos  o  cancelar  antes  de  ese  plazo  el total, y así anticipar la  suscripción de la respectiva escritura pública de compraventa.   

El   30  de  marzo  de  2004  OTERO  ARDILA  entregó  a  Rodríguez  un  abono   de   un  millón  de  pesos  ($  1’000.000) y en  constancia  hizo  que  el  longevo  firmara e impusiera su huella dactilar en un  recibo,  pero  además, habilidosamente y pretextando que se trataba de la copia  de  ese documento, igual proceder lo llevó a ejecutar sobre otro ejemplar en el  que   certificaba   la   entrega   de  quince  millones  de  pesos  ($            15’000.000)  al  vendedor,  el  26  de  dicho  mes.   

El  siguiente  6  de  abril, fecha en la que  vencía  el  plazo  fijado,  Rodríguez  se  presentó  en  la Notaría acordada  acompañado   de   la   religiosa   Lucila   Betancourt  Calderón  (representante  legal del Ancianato Manuel  Silva  Uribe, al que años atrás aquél había donado  la   nuda   propiedad  del  inmueble,  acto  que,  para efectos de la venta, previamente y de común acuerdo  había   sido  revocado  entre  ambas  partes),  y  al  solicitar  a  OTERO ARDILA el  saldo    de   dieciséis   millones   de   pesos   ($  16’000.000),  éste  le  pidió  al  vendedor  que lo acompañara al banco para  hacerle  la  respectiva  consignación,  pero  al  llegar  a la entidad sólo le  abonó   en   la   cuenta   un  millón  de  pesos  ($  1’000.000)  y  le dijo que debía esperarlo ahí mientras iba por el resto del  dinero,  oportunidad que aprovechó para regresar al despacho notarial y exhibir  a  la  monja  la copia de la consignación acabada realizar y el recibo obtenido  fraudulentamente,  con  el  fin  de  que  suscribiera la escritura, a lo cual no  accedió  aquélla  mientras  no  llegara  Rodríguez  a  certificar el pago del  precio,   quien  minutos  después  arribó  y  negó  la  satisfacción  de  la  deuda1.   

2.  Los anteriores  hechos  fueron  denunciados  por  Pedro  Antonio  Rodríguez,  y una vez abierta  formalmente  la  investigación,  tras  escuchar  en  indagatoria a ERNESTO  OTERO  ARDILA,  y  resolverle  de  manera  provisional  su  situación  jurídica, el instructor calificó el 25 de  abril  de  2006  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación por el  concurso  heterogéneo de conductas punibles de estafa en modalidad de tentativa  y  falsedad en documento privado, de conformidad con los artículos 246 y 289 de  la  Ley 599 de 2000, pliego de cargos que con ocasión del recurso de apelación  formulado  por el defensor del precitado, fue confirmado el 22 de septiembre del  mismo   año2.   

3.   En   forma  paralela,   el   implicado   inició  ante  la  jurisdicción  civil  contra  su  denunciante  un proceso ejecutivo por incumplimiento de la obligación de hacer,  con  base  en  los  documentos  que  acreditaban el presunto pago del precio del  inmueble  prometido  en  venta,  actuación  que  fue suspendida en espera de la  definición   con   fuerza   de   cosa  juzgada  del  litigio  penal3.   

4.  La etapa de la  causa  se  inició  el  28 de septiembre de 2006 en el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  San  Gil,  en  cuyo  desarrollo el apoderado del acusado solicitó  avaluar  los  daños  y  perjuicios  ocasionados  para proceder a la reparación  integral,  petición que atendida arrojó una estimación de diecisiete millones  cuatrocientos  treinta  mil  pesos  ($  17’430.000)  según  el respectivo dictamen pericial, suma que antes de la audiencia pública  de  juzgamiento fue consignada por el enjuiciado a ordenes del despacho mediante  deposito                   judicial4.   

5. El 30 de agosto  de  2007  el  juez  de  conocimiento  puso  fin a la primera instancia, mediante  sentencia  a  través de la cual absolvió   al   acusado   por  estimar  atípicos  los  delitos  atribuidos,  advirtiendo  que  el  único  obrar penalmente relevante observado por aquél se  había  materializó al promover el proceso ejecutivo en la jurisdicción civil,  razón  por  la  que ordenó compulsar copias para que se le investigara por las  probables  conductas  punibles  de  fraude  procesal  y  falsedad  en  documento  privado,   y  dispuso  la  devolución  del  depósito  judicial  en  favor  del  enjuiciado5.   

6.  Del  expresado  fallo  apeló  el  apoderado  de  la  víctima, debidamente constituida en Parte  Civil,  y el Tribunal Superior de San Gil, el 7 de diciembre de 2007, revocó la  absolución  y  en  su lugar declaró al acusado autor penalmente responsable de  falsedad  en  documento  privado,  motivo por el que le impuso pena principal de  dieciséis   (16)  meses  de  prisión  y  la  accesoria de ley, y respecto de la estafa en grado de tentativa  declaró  extinguida  la  acción  penal  por indemnización integral y le cesó  procedimiento  al  encausado,  sentencia  de  segunda instancia contra la que el  defensor  de  éste en tiempo interpuso y sustentó el recurso extraordinario de  casación6.   

LA DEMANDA  

Al sustentar su inconformidad respecto de la  condena  por  el  delito  contra  la  fe pública, el actor expresa acudir a las  causales  primera  y  segunda  de  casación,  pues  considera  que  los  hechos  constitutivos  del  delito  de estafa y que fueron implícitamente aceptados por  su  defendido  con  la indemnización integral, no pueden confundirse con el uso  del  documento  privado  falso,  porque  ello constituiría un yerro jurídico y  fáctico,  además  que  la declaración de responsabilidad hecha en el fallo de  segundo  grado  no  guarda congruencia con el pliego de cargos, dado que en esta  decisión  se imputó una falsedad material en tanto que en la sentencia atacada  se  aduce  que  la  modalidad  en  que  incurrió  el  procesado es ideológica,  argumentos  con  base  en los cuales solicita revocar la condena y absolver a su  prohijado del correspondiente hecho punible.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Necesario  es  recordar  que,  en  cualquier  régimen, la casación  atiende   a  unos  fines  superiores  cuales  son  la  reparación   de   los   agravios   inferidos  a  las  partes  en  la  sentencia  recurrida,  la  efectividad del derecho material y de  las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  en  la actuación, y la  unificación  de  la  jurisprudencia (Ley 600 de 2000,  articulo     206;     Ley    906    de    2004,    artículo    180).   

Empero, ello de ninguna manera significa que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración, desprovisto de  todo  rigor,  y  que tenga como finalidad abrir un espacio procesal semejante al  de  las  instancias para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido  materia  de controversia, pues ha de resaltarse que mediante la proposición del  recurso  el  censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia  de  los  presupuestos  de lógica y  argumentación   inherentes   a  cada  motivo  extraordinario  de  impugnación,  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  la  decisión  atacada se ha originado el  quebranto de alguna de aquellas finalidades.   

Con evidente desconocimiento de los objetivos  fundamentales  de  la  casación  así como de las exigencias que gobiernan cada  una  de  sus  causales, en particular de las alegadas, en la demanda que concita  la  atención  de  la  Sala,  el actor pide enervar la condena sin que en verdad  logre  articular  una  propuesta seria acerca de la ocurrencia de dislate alguno  materializado en la providencia emitida por el Tribunal.   

2.  Es obligatorio  precisar  que  de conformidad con lo previsto en el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000, estatuto vigente para la época en que ocurrieron los  hechos  aquí debatidos, el recurso extraordinario de casación es viable contra  las  sentencias proferidas en segunda instancia por los tribunales superiores de  distrito  judicial y por el Tribunal Penal Militar cuando se proceda por delitos  que   tengan   señalada   pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo      exceda      de      ocho     (8)     años.   

Sin  embargo,  en aquellos eventos en que el  fallo  de segundo grado no es emitido por los citados tribunales o el delito por  el  que  se  procede  consagra  una sanción privativa de la libertad inferior a  dicho  quantum,  el  inciso tercero del citado precepto faculta a esta Sala para  admitir  discrecionalmente  las demandas de casación que cumplan con los demás  requisitos,  siempre que sea necesario para el desarrollo de la jurisprudencia o  la garantía de los derechos fundamentales.   

Lo  anterior  siempre y cuando el impugnante  precise  la  razón  por la que es imprescindible el pronunciamiento de la Corte  como  criterio  de  autoridad  para  la  actualización  o  unificación  de  la  jurisprudencia,  asistiéndole  también  el  deber  de  indicar  el por qué la  decisión  solicitada  tiene  la  doble  utilidad  de  dar solución al asunto y  servir de norte en la actividad judicial.   

Así  mismo,  cuando  la  pretensión  del  recurrente  apunta  a  asegurar  una  prerrogativa  de  rango  superior,  ha  de  acreditar  tal  pretermisión e indicar las normas constitucionales que protegen  el  derecho  invocado  y  de  manera  obvia, la forma como fue desconocido en el  fallo recurrido.   

3.   Como   fácilmente   se   percibe,   en   el   asunto  estudiado  el delito de falsedad en documento privado previsto en  el  artículo  289  de la Ley 599 de 2000 establece una pena máxima de prisión  de  apenas  seis  (6) años,  monto  inferior  al  límite  establecido  en  el artículo 205 de la Ley 600 de  2000,  luego  el  recurso  extraordinario  sólo  era  posible  a  través de la  casación  excepcional, que  no fue propuesta por el demandante.   

En  efecto,  el  censor  no  invocó  en  la  interposición  ni  en  la  sustentación de este mecanismo de impugnación, que  acudía  a  aquella  modalidad,  y  en  la  respectiva demanda sus argumentos se  reducen  a la escueta afirmación de que las causales por las que ataca el fallo  son  “la  primera  y segunda de las indicadas en el  artículo  207  del  Código de Procedimiento penal”,  sin  dedicar un acápite en el que con algún rigor explique y justifique el por  qué  del  pronunciamiento  reclamado  a  la  Sala  y,  peor  aún,  sin que del  desarrollo  de  la  censura  logre  apreciarse  con claridad cuáles serían las  razones  para  acceder  a  admitir  discrecionalmente el libelo, y menos las que  respaldan   la   censura   por   uno   u   otro  de  los  motivos  de  casación  alegados.   

Conforme  lo  tiene  precisado  la  Corte de  tiempo  atrás7,  una  disertación con la que se aspire a persuadirla acerca de la  procedencia  de  la  casación  discrecional, debe estar dirigida, se reitera, a  hacerle  ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si se trata de  reclamar  la  garantía  de un derecho fundamental, al recurrente le corresponde  señalar   los   derechos   que   fueron   desconocidos,   indicar   las  normas  constitucionales  y/o  legales  que  los  protegen  y la determinación que debe  adoptarse  para  su  salvaguarda. Y si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,  debe  puntualizar  el tema jurídico que requiere definición o  precisión,  sea  porque es nuevo o porque existen posiciones opuestas que deben  ser  unificadas,  no  solo  para la acertada solución del asunto debatido, sino  frente casos futuros.   

4.  La carencia de  esa  fundamentación  es suficiente para concluir el rechazo del libelo, sin que  sobre  puntualizar  que  la  Sala  no  observa  que,  con  ocasión del trámite  procesal  o  del fallo impugnado, se haya materializado violación de derechos o  garantías      del     procesado     OTERO  ARDILA, como para que sea necesario  el  ejercicio  de  la facultad legal oficiosa que le asiste a fin de asegurar su  protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la   demanda   de   casación  presentada  en  nombre  de    ERNESTO    OTERO  ARDILA,  de  acuerdo  con  las razones plasmadas en el  presente proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cuaderno principal, folios 1-6, 16, 23-25, 43 y 50.   

2  Ídem, folios 15, 17-20, 54-59, 83-88, 125, 127-137 y 146-152.   

3  Ídem, folios 12-14 y 173.   

4  Ídem, folios 156, 160, 175, 176, 178-183, 187-189 y 192-194.   

5  Ídem, folios 223-248.   

6  Cuaderno del Tribunal, folios 3-25 y 29-33.   

7 Auto de 3 de mayo de 2007, Radicación Nº 23057.     

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